25 Ene 2008
Trabajadores IV


EL ALFAR DE LLAMAS DEL MOURO
El exponente más claro de la difícil tarea de descubrir la evolución de la alfarería en Asturias quizá lo constituya el centro cerámico de Llamas del Mouro (Cangas del Narcea).
Llamas del Mouro llamó la atención desde el primer momento por su extensa colección de piezas de muy buen acabado y realizados en un brillantísimo, por bruñido, color negro. Ello, unido a un cierto aislamiento, debido a su difícil comunicación, hicieron a algunos autores considerarla como descendiente directa de la cerámica romana que se encontró en sus proximidades. Hoy en día esta asimilación no parece ser tan exacta, o por lo menos faltan datos sobre los cuales afirmar dicha teoría. Sí, en cambio, parece estar cada vez más clara cierta vinculación con la cerámica avilesina de Miranda. Falta determinar en qué momento y en qué términos se produce el contacto de alfareros y formas, o el momento de la invasión de un lugar por los alfareros de otro.
En cualquier caso, Llamas del Mouro, lugar de la parroquia de San Martín de la Sierra y situado a 17 km de la capital del concejo, Cangas del Narcea, ha mantenido encendidos hasta nuestros días sus hornos, procurándonos con ello el placer de disfrutar de las piezas que fueron tradicionales en Asturias durante muchos años.
La cerámica negra tiene un área restringida de actuación en la Península, concentrándose actualmente en Cataluña, Asturias y norte de Portugal, aunque antiguamente se extendía a Galicia y a una zona más amplia del noroeste peninsular, llegando incluso a Soria. Parece ser que entra en la península de mano de las invasiones centroeuropeas que resumen los celtas, y sus mayores defensores las encontraban más parecidas a las piezas de hierro, con lo cual la mercancía se revalorizaba. Otras dos ventajas parecen ser también las responsables de su preferencia. En primer lugar, el agua y los alimentos se conservan mejor debido a ser sus paredes asépticas por el carbono allí depositado en la cocción. En segundo lugar, una mayor resistencia a los golpes, por lo que su vida es más larga.
Una familia, al igual que en Faro, es hoy la mantenedora de esta tradición: Jesús Rodríguez Garrido, hoy retirado, y sus dos hijos: Manuel y Marcelino, que prosiguen la labor.
En 1985 Llamas del Mouro contaba con 92 habitantes, la mayoría descendientes o familiares de los alfareros que trabajaron antaño. En la zona El Jardín tuvieron hornos el padre y el abuelo de Jesús Rodríguez (fallecido) y en otras zonas y barrios existieron también hornos de los que quedan abundantes muestras, aunque hoy inactivos. Hoy en día Manuel y Marcelino sacan el barro del Reguerón, lugar que dista un kilómetro del alfar. Utilizan dos tipos de barro, el claro y el colorao para obtener la mezcla óptima que dé buen resultado al moldear y cocer. El claro se pone a remojo en una masera y a él se une una cuarta parte del rojo, una vez pulverizado y limpio de impurezas, esto es, peñerado. Una vez juntos, se amasan y con la mezcla resultante se realizan las pellas.
El bruñido se realiza una vez que la pieza está ligeramente endurecida con un guijarro romo, piedra de mar, y se dibujan con él los motivos decorativos, generalmente a base de líneas que, una vez cocidas, resultan de un brillo espectacular. En ocasiones llevan también decoración a base de incisiones con motivos muy sencillos punteados y rasgados.
Piezas tradicionales de este alfar son: la aceitera, parecida a la jarra, pero con el pico más pronunciado y la boca y el cuello estrechos; el barreño, especie de fuente con dos asas junto al borde; el barreñón, grande, para hacer el samartín [matanza del cerdo]. La pieza quizá más llamativa, el barril, llamada también tonel, penada, barrilete o xarro, es ovalada, con dos asas verticales y boca alta con criba. Es la que más trabajo ocasiona, al tener que llevarla cuatro veces al virador para hacer las dos panzas, encolar y pulir. Se ha hecho representativa del alfar, sin olvidar por ello el peculiar botixo de pixulín, el botijo de pitorro faliforme. El cavero, jarra para vino de boca ancha y la cazuela con dos asas; las concas y escudillas de diversos tamaños. La feridera, especie de olla para hacer mantequilla; ollas, porrones, que son botijos grandes, pucheros; las queseras, especie de macetas llenas de agujeros para dejar salir el suero; la tarreña, cazuela alta y de base estrecha para guardar la mantequilla cocida, y las xarras y xarrinas, para el agua y la miel. Además, realizan otras piezas de nueva creación que el tiempo irá seleccionando.
Como el horno propiedad de Jesús era de grandes dimensiones, procedieron a la construcción de otro más pequeño, con lo cual se facilita el trabajo de cocción. Una vez que están enfornados los cacharros se cubrirán con trozos de vasijas y encima de todo los tapines (trozos de tierra con hierba), con la lana (la hierba) hacia afuera. A medida que se va realizando la cocción hay que ir reponiendo los tapines consumidos; es lo que se llama tabasar el horno. El negro se consigue al provocar una atmósfera reductora: se llena el fogón o caldera de uces hasta que salga el fuego por el único agujero que ha quedado en lo más alto del horno. Una vez conseguido esto, se tapa también este agujero en la boca del horno para que no «respire». Después de cierto tiempo se procederá a ver el resultado de la cocción.
Las piezas de Llamas del Mouro, protegidas por la Ley de Patrimonio español de 1985, se hallan registradas: el cuño que firma las piezas de Manuel Rodríguez es «JR» (Jesús Rodríguez).
En Llamas, en definitiva, perdura, no exenta de dificultades, una muestra de artesanía tradicional asturiana. La continuidad de esta tradición parece asegurada. La nueva generación aprende deprisa y está preparada para tomar el relevo.
Fuente: Cerámica negra de Llamas del Mouro, textos de Esperanza Ibáñez, edit. Consejería de Economía del Principado de Asturias.

Cerámica de Faro. (Oviedo).
La cerámica es uno de los exponentes culturales más representativos de los pueblos. Asturias, a pesar de haber elaborado muchos utensilios de madera, ha tenido una gran tradición alfarera. En los últimos años del siglo XIX y principios del XX, las nuevas industrias provocaron una crisis que la llevaron al borde de la extinción. Sólo dos alfares han mantenido encendidos sus hornos y con ellos gran parte de la tradición alfarera ha logrado sobrevivir: Llamas del Mouro y Faro.
El pueblo de Faro es un importante centro alfarero situado en la parroquia ovetense de Limanes, a 4 km de la ciudad de Oviedo, capital del Principado. Se encuentra a 300-500 m de altitud, sobre el monte La Grandota (posible fortificación medieval, 505 m).
El terreno sobre el cual se ubica Faro está construido por arcillas del Cretácico y el Terciario, muy valiosas para esta industria artesanal.
Se ha confirmado arqueológicamente la producción alfarera en este pueblo al menos desde el siglo XI, gracias a la excavación llevada a cabo por Suárez Saro a finales de los ochenta.
Se han encontrado alrededor de 9.000 fragmentos en el cantero del Cantu'l Rei, y en cada desmonte del terreno, bien para la ampliación de la carretera, bien para la construcción de algún edificio, salen a la luz numerosos fragmentos de cerámica, tanto medieval como moderna, e incluso hornos.
En la diplomática medieval asturiana se menciona numerosas veces a Faro. En el siglo XII encontramos estas palabras: iuxta Ovetum, in villa pernominta Faro.
La primera referencia a la industria alfarera de Faro data de comienzos del siglo XVI (1519). En un legajo con papeles de cuentas —Archivo Capitular de Oviedo— se lee: Iten mas, se cargan que debe Juan de Estebano de Faro un cuartaron de teja, que son doscientas e çincuenta tejas sobre las cuales esta dexcomulgado.
El catastro del Marqués de la Ensenada da noticia de 72 alfareros, lo que nos hace ver la importancia de Faro en esta industria y su productividad.
Faro es un centro productor de cerámica en Asturias cuya actividad está constatada desde la Edad Media. Pero lo verdaderamente excepcional es su persistencia a lo largo del tiempo, consiguiendo sobrevivir a las fábricas de cerámica que se han ido instalando en Asturias desde el siglo XVIII y mantener sus productos tradicionales. No ha variado las formas ni los métodos de producción, respetando siempre las tradiciones, incluso en momentos de auténtica dificultad.
En el siglo XVIII comienza un fenómeno importante para la industria alfarera: la dispersión de la cerámica de Faro. Los alfareros empiezan a dispersarse hacia el Oriente de Asturias en busca de nuevos mercados. Se han fundado alfarerías en Pola de Siero, Ceceda, Piloña, Cangas de Onís, Ovio (Nueva de Llanes), La Franca (Ribadesella). En Cangas de Onís es donde el asentamiento tuvo más fuerza. Otras localidades donde se asentaron alfareros procedentes de Faro son Villaviciosa y Tapia de Casariego.
El tipo de rueda que se utilizaba en Faro hasta el siglo XX era la baja o de mano, hasta que José Vega, Lito, introduce el torno de pie. Con este avance se consigue un aumento de producción.
El horno usado es el «horno de descubierto». Consta de dos partes: la cámara de cocción, donde se apilan las piezas, y una caldera en la cual se introduce el combustible, en este caso el rozu.
Una vez lleno el horno con piezas de cerámica, se recubre la parte superior con tapines, trozos de tierra con prado verde. Se coloca la tierra hacia el interior y se aprovechan los trozos de tejas rotas para formar lo que va a ser la chimenea.
Un dato sobre la importancia de Faro es la existencia de mercados en los que se distribuía combustible para abastecer a todos los alfareros, en los cuales se vendían varios provenientes de los montes del Naranco.
Una característica de los hornos de Faro es que son siempre oxidantes, y alcanzan temperaturas de 1.100 grados en el caso de la cerámica negra.
En Faro se producen dos tipos de cerámica. Una de barro color pardo oscuro, a veces casi negra, con aspecto metálico. Este color se obtiene con una mezcla de tres barros y la alta temperatura del horno. Las piezas que se producen son para el uso doméstico, es decir, contenedores de líquidos y alimentos: el barbón, la penada, la jarra de sidra, la quesera... Otras piezas se realizan para cocinar alimentos, por ejemplo, la cazuela, con diversos tamaños y una o dos asas.
El otro tipo de cerámica es la esmaltada en blanco y con decoraciones en verde, amarillo, marrón y azul. Los motivos decorativos que se realizan son geométricos y naturalistas (vegetales y animales, destacando la páxara, que es la representación de un ave que se ha comido a un pez). Las formas que se trabajan son platos, escudielles, botijo xarru, el gallu y la gallina, botíes, bacenilla.
Hoy en día esta tradición se conserva gracias al empeño de José Vega Gutiérrez, Selito, hijo de Lito, y sus sobrinos Nacho y Vanesa Artime Vega. Desde Faro, y para mantener esta tradición, se están trabajando líneas de productos enfocados a la construcción (cenefas, revestimientos interiores y exteriores), además de programas de formación para dar a conocer las técnicas de alfarería tradicionales.

La cultura peruana, como la cultura de muchos países americanos, es una mezcla de formas nativas y europeas. La razón es porque Perú fue colonizado por exploradores europeos en el, siglo XVI, que trajeron con ellos sus propias formas artísticas y que más tarde fueron apropiadas por las poblaciones indígenas, mezclándolas con sus propias formas artísticas.
Antes que los europeos llegaran, los Incas reinaban en las tierras de Perú. Los Incas dominaron en toda su plenitud muchas formas artísticas. En efecto, fueron tan singulares que muchas de sus expresiones culturales fueron incluso más desarrolladas y estilizadas que la propia cultura europea de su época. Una de esas formas fue la cerámica.
La cerámica es el arte de modelar arcilla en formas y volúmenes distintos, dejándolo secar y endurecer. La cerámica ha sido usada incluso para crear esculturas. También ha sido usada para crear objetos utilitarios como platos, vasos y vasijas. El arte de la cerámica en Perú estuvo sumamente desarrollado, incluso antes del dominio inca.
La cultura Moche desarrolló por ejemplo la técnica y el uso de la prensa para moldear. Se trata de una técnica sumamente avanzada para su época que permite volcar en un molde la arcilla húmeda. Los Moches usaron cerámica dura -más consistente aún que la propia arcilla- para sus moldes. ¿Por qué los ceramistas usaban moldes? Por dos razones: el uso de esos moldes permitía que el proceso de producción cerámico fuese más rápido. No era necesario tener muchas habilidades para volcar arcilla en un molde preconcebido. En segundo lugar, dada su rapidez, la producción de cerámica podía incrementarse sustancialmente, en lugar de hacerla a mano.
Los artesanos contemporáneos del Cuzco actual, son representantes de dos tradiciones de alta calida, la incaica y la colonial. El estilo imperial incaico se caracteriza por la cualidad de sus acabados, la simplicidad y nobleza de sus formas, así como la sobriedad en la decoración, atributos que son imitados hasta hoy por los artesanos. La cerámica de Chulucanas, la cerámica shipiba, la cerámica de los pueblos andinos actuales, son la expresión más acabada del esplendor alcanzado en esa época, y que se extiende sin duda hasta nuestros días.
Sobre este blog
El Blog de J.L.Cuendia
guendyMi nombre es José Luis Cuendia, vivo en Asturias a las afueras de la ciudad de Oviedo.
Mis amigos me llaman Guendy, que es como firmo las fotografías, no soy un fotógrafo profesional, qué más quisiera yo, mi afición viene desde la edad de 14 años en que mis padres en aquel lejano verano estando de vacaciones en Asturias, ya que por aquel entonces yo me encontraba internado en un colegio de P.P Dominicos en Valladolid, me regalaron un pequeño laboratorio fotográfico, así que con una vieja cámara herencia de mi bisabuelo, empecé a disparar fotos y aún no he parado. Por este orden me considero un amante de: la fotografía, el cine, la literatura y la gastronomía, si dejar de lado mi afición por la cerámica, así que cada vez que viajo vengo cargado de platos, jarras, ánforas, etc., ahora menos ya que no hay espacio en casa para colocar tanta “metralla” como diría mi madre.
Así que poco a poco iré poniendo algunas de las fotos que he ido realizando, agradeceré vuestra visita, que dejéis comentarios es lo de menos, no diré que vuestra opinión no me interesa sería una estupidez por mi parte, pero no me gusta el halago fácil, me interesa la crítica pues de ella podemos aprender todos. A veces las fotos no son testigos ni testimonios de nada, los que las miramos les ponemos el significado. La interpretación de la realidad depende del prisma desde el que sea enfocada.
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16 comentarios · Escribe aquí tu comentario
jan puerta dijo
Tres momentos únicos e irrepetibles, apreciado José Luís.
La sencillez del alfarero peruano, la sobriedad del ceramista de Faro, y la tradición de Llamas del Mouro.
Un fuerte abrazo amigo
la-montsehv dijo
La belleza ancestral de los trabajadores, que con sus manos...son capaces de crear...¡ ¡Que no se pierda núnca¡¡¡Besos
elefanteblancoster dijo
Estos tres momentos y lugares de esa actividad humana me han llegado muy dentro. Cuando era niño me parecía que moldear cacaharros de cerámica era algo mágico. pero que era una magia posible.
Gracias y un abrazo.
José Ignacio Izquierdo Gallardo dijo
Estupenda serie. Recoge muy bien los tres instantes irrepetibles. Tres técnicas. Original
treze dijo
muy buenas fotos y buena explicacion, el alfarero, no creo que se pueda aprender esa manera de crear y ese tacto, tiene que tenerlo la persona en su interior, saludos
lola-gj47 dijo
Invitación a café en la Galería de Fotográfos de la Comunidad"...ya está abierta...te espero en la puerta..
Lara dijo
Parece fácil pero te pones en el torno y se te viene a bajo todo el barro. Es un trabajo verdaderamente artistico las fotos dan fe de ello.
Un beso.
igoarinon dijo
Estando en Lima visite una galeria privada de ceramica precolombina que me dejo con la boca abierta, que variedad de formas y colores: toda la sociedad de su tiempo alli reflejada!
Urbies dijo
Felicidades por estas galerias de trabajadores me han gustado todas y en especial las de la mina y el mar.
Un abrazo
Amanda dijo
Muy buenas Guendy
isadora dijo
Siempre he tenido cierta curiosidad por saber que se siente al modelar con tus propias manos y dar forma a algo que puede terminar siendo "arte". Lo más cerca que he estado de ello es cuando de niña jugaba con la plastilina.
Gracias por todo Guendy, un beso.
blasftome dijo
Las fotografías estupendas, y los comentarios nos dan un amplio "pie de foto" explicativo sobre lo que significa cada una de ellas. Perfecto.
Muchas, muchas esculturas moches vi, hace unos meses, durante mi periplo por Perú.
Gracias por recordármelo.
Laviana dijo
Hola José Luis, no conocía estas fotos tuyas y me parecen de mucha calidad, he visto las de trabajadores, tengo que volver a entrar con tiempo para verlas todas.
Un abrazo
lola-gj47 dijo
!!!Cuantos ecuerdos Guendy !!!...yo estuve 4 años viviendo en Nijar ..hay muchas alfarerías ....y una familia amiga tenía una ...he visto muchas veces todo el proceso ...y yo misma hhacía figuras muy sencillitas ..jarrones ...y luego ..me dejaban pintar ...
Me emociono ...!porque hace ya tantos años ...creo que 37 ....
Las dos imágenes podrían haber sido tomadas allí ...que más da la cara ...me maravillan ..son emotivas, impresionantes...maravillosas ...
besos
La Bombilla Fotógrafa dijo
Ahora es casi imposible ganarse la vida con la alfarería, por lo menos en Madrid, yo conozco a un grupo que han tenido que montar un taller entre cuatro y no han podido abandonar sus trabajos, por su pasión, porque no habrían podido vivir de ello. Es una lástima.
Maria dijo
Soy estudiante y asisto a clases de ceramica he visto el enlace en el otro blog.
Me ha encantado la información y las fotos.
Un saludo
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