30 Dic 2011

No quiero que Urdangarín vaya a la carcel.

Escrito por: j-turu el 30 Dic 2011 - URL Permanente

No quiero que Iñaki Urdangarín vaya a la cárcel. Ya ven.

Yo lo que quiero es que no vuelva.

Y que se lleve a toda su familia política consigo. A Washington. O a donde les plazca. En fin, ya se comprenderá, por lo que digo, que soy republicano hasta la médula. Antimonárquico, es lo lógico. Y es que, yo, a los monarquicanos, no he conseguido entenderlos jamás. Definitivamente, son seres contranatura.

Se puede ser optimista a la fuerza, por ejemplo. Y es que sin algo de optimismo –y de locura- es difícil tirar adelante con esta vida sometida al capricho de dioses que no comprendemos, como el azar. Pero ser monárquico ¡por Dios!, vaya necedad. Vale, me diréis, hay algo de locura, de sinrazón, en ir de monárquico por la vida. Y es cierto.

Pero esos monárquicos anclados en la sinrazón, que los son por admiración al mito, al Rey Arturo y a otros, son monárquicos románticos, y esos son pocos y, además , no son monarquicanos.

La clase monarquicana, lo es, dice, por sentido práctico. En nuestro caso se trataba de que asumíamos el chantaje del antiguo régimen franquista, asumiendo un símbolo de la defensa de los privilegios de la casta dominante durante dicho régimen. La mayor de las corrupciones, la que acepta el chantaje y tiende la mano para recuperar la prenda secuestrada: la Libertad. Pero a la Libertad no se la puede recuperar con cadenas nuevas, que son las viejas remozadas.

Cuando la izquierda domada nos vendió la necesidad de tragar con la Monarquía, nos la hizo gorda. Pero ¿era “la” Izquierda? No, fueron unos cuantos políticos que esperaban el cargo y la prebenda, que jugaron al cálculo con nuestra libertad y con nuestra dignidad. Se vendieron o venían comprados (véase don Felipe y don Alfonso, o aquel Tarradellas en busca de su honorabilidad, incluso el republicano Barrera y el comunista Carrillo, aunque, estos dos últimos, vaya usted a saber qué esperaban obtener de la monarquía), alguno habría, también, de buena fe, supongo.

La institución monárquica es, por definición, para siempre. Sólo una revolución puede terminar con ella. A los reyes no se les vota para botarlos, se les hecha a patadas. Aunque parezca que hay algún antecedente en el que se los botó por votación, lo cierto es que tuvieron que salir con el real rabo entre las piernas ante la amenaza de que los botaran si no dejaban votar. Luego vino lo de la guerra, y el dictador que se plantó 40 años en la salsa tiránica y nombró a Juan Carlos sucesor y rey.

Así que lo de los monarquicanos, ya veis, es de diván psicoanálitico o de juzgado de guardia. Le guardan la palabra al dictador muerto, aceptan al que garantiza los privilegios de quienes le sostuvieron 40 años, y a cambio de que les dejen votar, a quien botan de verdad es a doña Libertad. Vendida esta parte del gobierno, sólo quedaba repartirse el botín entre los del diván del psicólogo y los herederos del sátrapa. Monarquicanos y monárquicos unidos: PSOE y PP y sus correlatos en las autonomías, principalmente la derecha nacionalista. Es esto, me gusta recordar que el periódico que sostiene y apoya a los nacionalistas catalanes de CIU, pertenece a un conde, el de Godó, y es monárquico hasta el tuétano.

Pero no hay que desesperar, ni resignarse a pertenecer a un país que cometió la ridiculez de restaurar un régimen anacrónico de gobierno en pleno siglo XX. Algunos monárquicos –de los de índole romántica, principalmente- nos recuerdan otras monarquías existentes en Europa, generalmente la inglesa, como excusa o razón de la existencia de la nuestra. Los ingleses, hay que recordarlo, han “gozado” de sus reyes sin interrupción y, además, a la Queen no la nombró un dictador amigo de Hitler y de Musolini, para más señas. Lo del juanca, es lo que es, no valen comparaciones. En todo caso, que otros cometan una estupidez, y que sean más de uno, no justifica que queramos entrar en el club de los estúpidos. Pero decía que no hay que desesperar: en este país hay mucho más republicano del que se ve. De ahí el pánico del Rey con lo de Urdangarín, metiéndose en declaraciones autoexculpatorias que lo único que muestran es que, cuando mandaron al yernísimo de excursión a Washington, ya sabían de qué iba el tema, y que , posiblemente, estuviesen en el ajo los intereses reales. Como cuando lo de KIO, o lo de Elf y demás asuntos que han hecho de nuestro rey uno de los hombres más ricos del mundo (1.700 millones de euros le calcula Forbes). ¡Cómo se le ocurre al buen hombre salirnos con la “transparencia” de que gana trescientos mil euritos al año!, ¿no ve que se le ve el plumero? Veamos, es fácil, lleva treinta y cuatro años de rey, entonces ha cobrado en total durante este período 122 millones de euros (suponiendo que le congelaron el salario el primer día en esos 300.000€). Si ha ahorrado 1.700 millones, entonces ¿cómo ha ganado los 1.578 millones de euros restantes? Y dice que todos hemos de ser iguales ante la ley y ante Hacienda ¡vaya cinismo! Lo de Urdangarín es pecata minuta al lado de esos 1.578.000.000 € que no ha justificado a Hacienda el señor Juan Carlos de Borbón. Comisiones, favores, prebendas… ese es el origen de su fortuna. ¿Qué cuanto son 1.578 millones de euros? Calculen ustedes: el gobierno recién estrenado de Rajoy acaba de aprobar que suban las pensiones este año: el coste 900 millones. El doloroso ajuste de las cuentas públicas para este 2012, según el mismo Rajoy, será de 16.000 millones –pues, el rey, goza de un 10% de ahorrillos respecto a la cantidad del ajuste-. Fomento reducirá las obras públicas –mandando al paro a miles de trabajadores y al cierre a muchas empresas- por valor de 1.600 millones, los ahorrillos injustificados de Juan Carlos… Pongo estas cifras de ejemplo para aquellos que van predicando que nuestra monarquía nos sale barata. ¡Y un huevo!

Por eso, porque ya no estamos para revoluciones que son muy destrozonas y lo dejan todo perdido de sangre, yo no quiero que Urdangarín vaya a la cárcel. Quiero que se lleve a su suegro a pasear por Washington definitivamente. Y si devuelve algo de lo que nos ha esquilmado este sucesor de Franco, mejor que mejor. Pero el sólo hecho de perderlo de vista y de ahorrarnos su esperpéntica imagen la víspera de Navidad en la caja tonta, resultaría impagable.

Esos republicanos, que den un paso al frente.

Feliz 2 012.

Compartir

  • Eskup
  • Tuenti
  • Meneame
  • Bitacoras
  • iGoogle
  • My Yahoo
  • My Live

04 Dic 2011

La Tertulia

Escrito por: j-turu el 04 Dic 2011 - URL Permanente

La tertulia

Severo Diletante se levantó de la tertulia con un sabor amargo en la boca. “No tenemos remedio”.

Prefirió bajar por las escaleras, necesitaba moverse. La parte inferior de las paredes mostraba signos de humedad junto a los escalones. Sucias pinceladas de color gris. Esta suciedad, al menos, era evidente. La de los tertulianos se emboscaba en discursos impecables sobre la libertad, la justicia, la igualdad. Suciedad, todo suciedad.

Afuera, atestada de seres humanos y sol, la avenida aguardaba. Entre los edificios del Paseig de Gracia, corrían carriles abarrotados de automóviles. Taxis amarillos y negros, camionetas grafiadas con logos de carpinterías, de talleres, de fontaneros y de más. Los autobuses, ciclópeas orugas rodantes, exhibían los rostros de los pasajeros que asomaban tras las ventanas, como pinturas en marcos móviles. El azul del cielo, frio, invernal, avivaba los contrastes del mediodía en la ciudad. “No, no tenemos remedio”, y se ajustó las solapas del abrigo alrededor del cuello. A su edad, una gripe mal curada podía ser el pasaje al otro barrio. Decidió pasear hasta el puerto, quería ver el mar.

Las cámaras iban de un tertuliano a otro, dando preferencia a Moderador. “¿Moderador? ¡Vaya estupidez! ¿Quién le habría puesto ese nombre ridículo? Además, ¿qué había que moderar?” A esos memos habría que impedirles la palabra. Estaban moderados de nacimiento. No tenía razón para quejarse; cuando le llamaron sabía perfectamente que sería comparsa de una representación; que se sentaría a jugar con la baraja trucada. “Severo -había dicho la voz de Lia en el teléfono- tengo la oportunidad de que participes en una tertulia de esas de la tele” y añadió que la había llamado personalmente Moderador, el de La tertulia mañanera, para que le invitara en su nombre a participar este viernes. Lia estaba exultante, al fin alguien relevante se acordaba de Severo. Y de ella, por supuesto: ¡vaya honor más grande que Moderador, ni más ni menos que Moderador, le hubiese pedido a ella un favor! Puñetera gracia le hacía a Severo participar en una de esas farsas, la verdad. En fin, sentía desde siempre una imperiosa debilidad por Lia. Era incapaz de decepcionar su incurable entusiasmo. Era el contrapeso –uno de ellos- a su ingénito pesimismo antropológico. “Por supuesto, querida Lia, iré” No podía decepcionarla. La mañana siguiente tomó el autobús que va de la Gran Montaña Nevada a la Ciudad Condal.

Atravesó la Plaza Catalunya lo más rápido que pudo. Nunca le gustó esa plaza presidida por el feo edificio del El Corte Inglés. Entre otras, habría que buscar en tales yerros urbanísticos la causa de su aversión a las grandes urbes. Severo se reconocía en las calles de Barcelona, sentía sus raíces hundidas en el asfalto y en las baldosas de las aceras. Amaba y odiaba al mismo tiempo esta ciudad. Amaba los quioscos de las Ramblas, verdaderos laberintos de revistas, diarios y libros, pinacotecas de portadas de vivos colores que le gritaban ¡cómprame, cómprame! Odiaba los edificios de hierro y cristal, el paso decidido de ejecutivos y vendedores, el porte marcial de la policía municipal. Y los mendigos, tantos, tan diversos. Pensó en el pobre que tenían en su pueblo, Don Faustino, al que todos conocían. Unas monedas para vino: “ya se sabe, Don Severo, al pobre Faustino Dios no le ha dado el don del trabajo, sólo el de beber y pedir” Las gentes del pueblo, por lo general, dejan unos céntimos en el vaso de plástico de Don Fautino. Es su pobre.

Compartir

  • Eskup
  • Tuenti
  • Meneame
  • Bitacoras
  • iGoogle
  • My Yahoo
  • My Live

14 Nov 2011

Franco masón y Trichet comunista

Escrito por: j-turu el 14 Nov 2011 - URL Permanente

Franco masón y Trichet comunista.

¿Crisis? No, no es el título de una pieza de un grupo de rock sinfónico. Pero la verdad es que ya nadie tiene claro qué coño es lo que ocurre. La palabra “crisis” parece que ya no basta, a estas alturas del partido, para definir lo que nos está pasando. Hay que adjetivarla. Lo hizo Trichet, digno jubilado ya, cuando habló de la “crisis sistémica” ¡Guau! ¡Sistémica, ni más, ni menos! Cual marxista predicando, del capitalismo, que es un sistema que entra en crisis periódica y necesariamente (eso es “sistémico”, digo). Trichet, menciona a Marx implícitamente ¿lo hace queriendo? ¿Lo sabe? Claro que lo sabe. Entonces: ¿el jubilado Sr. Trichet es comunista? ¡Dios, eso no cabe en cabeza alguna! ¿Se imaginan una célula revolucionaria, con el ex director del Banco Europeo al frente, conspirando, sabedores de los secretos planes que urden la Merkel y el Sarkocy contra la clase trabajadora de los países periféricos? No, eso no cabe en cabeza alguna, ¿no creen?

Cuentan que cuando el general Franco presidía el Consejo de Ministros, en una sala próxima se reunía, en secreto, una logia masónica. No recuerdo la primera vez que oí o leí sobre esta anécdota, leyenda o hablilla; aunque estoy seguro que fue en más de una ocasión y por más de un conducto. Las contradicciones en el carácter de los grandes hombres de la Historia han suscitado siempre una morbosa atención. Es conocida la inquina pública que profesaba el Generalísimo hacía la masonería. Para él, tras los males de la patria, había que buscar la larga mano de una presunta conjura judeo-masónica marxista e internacional; por no hablar de los voraces separatistas, demoledores de la Patria. Sin embargo, entre quienes contaban esta anécdota de los masones reunidos en la Moncloa, los había que lo hacían torciendo la sonrisa con mordaz escepticismo, cuyo significado no era que no creyeran ciertos esos hechos, sino, todo lo contrario: en lo que no creían, era en la sinceridad del General; pensaban, estos de la sonrisa inclinada, precisamente, que el General era también masón. Vaya por Dios.

Cuando recuerdo aquellas sonrisas incisivas, que hacían de Franco un masón, pienso que quienes se pretendían, así, críticos del dictador, en el fondo, eran quienes más lo admiraban. Le creían capaz de ser algo y su contrario al mismo tiempo. Imaginaban que una gran inteligencia y una habilidad extraordinaria cohabitaban el coco del déspota, y le suponían capaz de manipular los destinos de la patria con pérfida, oscura, pericia. A mí, me cuesta creer en tal inteligencia. Personalmente, pienso que no se precisa tanta fineza para ser un tirano. No dudo que fuese capaz de escoger bien a sus colaboradores, tanto como de infundir terror a sus enemigos. Supongo que sus ministros también le temerían. Ninguno se le rebeló jamás, que yo recuerde. Ni Fraga Iribarne.

Me preguntaréis a qué viene ahora especular sobre tales fantasías. Posiblemente, ni Trichet es comunista ni Franco fue masón (al menos, no durante mucho rato…) Pero eso me hace pensar, por mera asociación de ideas, en lo poco que sabemos de lo que ocurre en las altas esferas, aquellas donde radica el verdadero poder para decidir sobre nuestro futuro. Vale que, posiblemente, nadie, ni siquiera en esas altísimas esferas del poder, tenga la capacidad de determinar el futuro. Al menos, no absolutamente Son hombres poderosos, con recursos ingentes, supongo, pero no son dioses… aún. Para ellos, los mejores cerebros, las instituciones más prestigiosas, los bancos, los ministerios, la ciencia y la técnica toda, los periódicos conservadores y los progresistas, las radios y televisiones, trabajan y están a su servicio. Pueden comprarlo todo.

¿Existen esos hombres? Casi todas las personas que conozco creen que sí. Muchos que lo dudaban, han abandonado su escepticismo con la crisis. No podemos asumir la responsabilidad de nuestra desdicha. No. Necesitamos que los culpables de nuestro infortunio sean otros, y la fe en los Superpoderosos nos los proporciona. Esto no es ninguna novedad. Al pueblo –y a más de un catedrático- le encanta pensar que esos superpoderosos existen y están dotados de una especie de superpoderes, como los de los héroes de los cómics americanos, tipo Superman o La Patrulla X; bueno, mejor como los malos de esos mismos comics: Lex Luthor o el malvado Magneto. A Trichet le pones una capa negra y se parece algo a Magneto; el dimitido Berlusconi comparte un aire con el malvado e histriónico Lex Luthor… ¿Magneto es comunista? Quizás, porque, al final de la historieta, siempre pierde. Así, ya tenemos esos culpables que lo manejan todo y que ahora han decidido condenarnos a la miseria, recortarnos el sueldo, la sanidad y la escuela: son Magneto y Lex Luthor. Alguno más habrá; disfrazado, capaz de perseguir masones al mismo tiempo que se reúne en secreto con ellos. Porque no lo dudéis, el verdadero superpoder es el de ser una cosa y su contraria al mismo tiempo. Como los políticos: defender los derechos de los ciudadanos al mismo tiempo que les recortan las prestaciones y los derechos. Alguno habrá de honrado, no lo dudo; pero ese no tiene superpoderes. No es un personaje interesante y nadie le dedicaría una triste viñeta en página impar de un mal comic, siquiera. Por eso no les votaremos estas próximas elecciones. Si a Rajoy le quitas la barba quizás se parezca al monstruo del Dr. Frankenstein: tierno y aterrador a un tiempo. Lo uno y lo contrario, otra vez, sobre los mismos zapatos. Empieza a parecerme superpoderoso.

Ya, ya sé que muchos me dirán que los verdaderos supermalvados no son estos políticos, como Berlusconi, Rajoy o Zapatero, sino que son personajes desconocidos, oscuros, que se reúnen en medio de las mayores medidas de seguridad en algún hotel de Sitges y deciden nuestro futuro tirando de los hilos que mueven a nuestros políticos cual marionetas.

Cada cual elige a sus malvados favoritos. Yo me quedo con Magneto, Lex Luthor y Frankenstein.

Que voten ustedes con gusto, el próximo domingo.

Compartir

  • Eskup
  • Tuenti
  • Meneame
  • Bitacoras
  • iGoogle
  • My Yahoo
  • My Live

31 Oct 2011

Parte meteorológico: llueven cinco millones de parados

Escrito por: j-turu el 31 Oct 2011 - URL Permanente

Parte meteorológico: llueven cinco millones de parados

Se levanta la mañana con nubarrones cargados de lluvia y sombríos de la EPA. Llueven cinco millones de parados, que no es poco. El café con leche está igual de bueno que todos los días. ¿Nos llegara mañana para café? Depende, si se pone a llover, lo hará sobre mojado, y seguiremos viendo los nubarrones tras los cristales, aunque sin café. Seguiremos viendo llover algo más tristes. La EPA, como la lluvia, empieza a tener algo de melancólico, parecen lejanos los días soleados, y el alma se sume en la resignación y el recuerdo. Estos nubarrones nos hacen subsidiarios de aquella sentencia que decía que todo tiempo pasado fue mejor. Porque aquí ya no sabemos qué pensar, vamos de la sequía a la lluvia arrastrando la misma melancolía. No tenemos remedio.

Puede empeorar el tiempo, que la ventisca venga a soplar furiosa, a levantar las tejas de las casas de los desahuciados, y la tormenta inunde los campos sin esperanza de fruto, yermos de trabajo. Sé que me pongo trágico, y no quiero. Todavía puede lucir el Sol, me digo. Con poca fe, es cierto, pero me obligo a repetir: saldrá el Sol, saldrá el Sol. Por Antequera o, como decía el chistoso vulgar: por ande quiera. En definitiva, salga por donde salga, será bien venido. Y Granada en el oeste de Antequera, ¡salga el Sol por donde quiera! Curiosa la anécdota.

El Sol de la recuperación económica ¿es la liberalización del mercado de trabajo? Se lo leo a la Rahola, con pinzas como leo todo lo que sale de la pluma de tan insigne cacatúa, (perdón, perdón). Con lo bien que hacía lo de escribir novelas ¿para qué se habrá metido a opinadora y tertuliana? Igual se le terminó la inspiración. Además, en estos tristes tiempos, gritar y desmelenarse da una pasta una vez has alcanzado el umbral de la estulticia televisiva y el famoseo. Yo, cuando me reencarne, quiero ser la Rahola. O mi perro; vive mejor y no necesita desgañitarse: le doy de comer igual.

Se abre el cielo, un retal azul asoma en el gris pardo de esta mañana otoñal. Cinco millones de parados; otros veintidós millones, siguen trabajando. Acojonaos (perdón), con la corbata apretándoles la nuez, por que han visto las barbas del vecino rapar, aunque trabajara en la banca, y al funcionario le han bajado el sueldo, el autónomo que ya no tiene para la gasofa del BMW, que se le muere de sed en el garaje. Y es que, nadie cree ya en retales azules ni en brotes verdes. El acojono (perdón) está en la orden del día, y todos los días un poquito más.

Lejos resuena la tormenta, en los Pirineos. Y más allá de los Pirineos. Soplan vientos huracanados entre Francia y Gran Bretaña. ¡Vaya tiempo el de esta semana! Deberíamos mandarles a la Rahola predicando liberalismo. Siempre me he preguntado qué carajo hacen los ingleses en esta Unión Europea (lo de “unión” se entiende como una ironía, claro). Porque, con estos hijos de la Gran Bretaña, la desunión europea está garantizada. Me pregunto si no nos hubiera ido mejor con Rusia; al menos, los rusos, tienen petróleo y gas en abundancia. Su democracia no es muy homologable, es cierto; pero es que las nuestras, últimamente, también enseñan la raja del bul. Los políticos haciendo la guerra por su lado, la economía por otro (como si la política no fuera con ella) y la Rahola gritándoles a todos, desmelenándose el flequillo. A los alemanes no les hace repajolera gracia todo esto, les toca poner la pasta. Mientras, Berlusconi amenaza con hacer saltar el Euro. Es un farol, no engaña a nadie. ¡Cómo se le ha agriado la leche a este señor! Será que lo tienen abandonado sus chicholinas, o como se llamen. Y es que cuando uno se ha aficionado a la carne tierna… ¡que le den Vaca vieja! Berlusconi no puede con la Merkel, es sabido. Con perdón (espero que no se me entienda mal, il Cavaliere me confunde)

Bah, las nubes se han cerrado sobre la pincelada azul. No esperaba otra cosa; en estos tiempos ¿quién espera nada? Una llovizna cansada cae sobre la tierra sedienta. Cinco millones de desesperanzados y un rumor de tormenta, aún.

*

Compartir

  • Eskup
  • Tuenti
  • Meneame
  • Bitacoras
  • iGoogle
  • My Yahoo
  • My Live

22 Oct 2011

Cosas de Gusanos.

Escrito por: j-turu el 22 Oct 2011 - URL Permanente

No voy a hablar, esta semana, del fin de la actividad armada de ETA ni de la ejecución inducida de Gadafi. Hablaré del campo. Un campo que se nos muere de sed este otoño huérfano de lluvias. Qué se le va a hacer, llueve cuando quiere llover. A la lluvia le importan un carajo los hombres; menos aún, los hombres campesinos. Ellos miran al cielo con resignación e ira. Contradictorios, como buenos cristianos. Dios lo hizo todo, todo lo creo el buen Dios, incluso el mal. Según el cura, eso se llama libre albedrío. Entonces ¿por qué razón no se cumplen todos los deseos de los buenos campesinos? Pues, porque al libre albedrío, querido Joaquín, no le sumó la omnipotencia; esa, la guardó para Sí mismo. Así se lo explicó el cura a mi vecino, el campesino Joaquín, un día que acudió a su consejo atribulado por la injusticia del mundo. Joaquín se levanta por las mañanas para encontrarme en la era mientras paseo a Goldo. Nos saludamos con parquedad y comentamos el estado del tiempo, mirando al cielo; él, buscando alguna nube, al norte, que presagie agua; yo, mirando también al cielo y al Norte, admirado de la belleza impresionante de las altas cumbres, que empiezan ahora a blanquearse. No consigue aburrirme el paisaje, aunque pasen los años. ¿Lo ve Joaquín como yo, el paisaje? No sé; a mí, el libre albedrío, me parece una entelequia, una lluvia imaginaria que no acaba de satisfacer nunca la sed del mis campos. Claro que yo no poseo campo alguno, sólo ideas un tanto gastadas.

Si a un hombre se le deja en manos de asesinos, lo normal es que lo maten. No hace falta darles orden alguna. Las ruedas del tractor, altas como un hombre, dentadas con grandes mandíbulas de goma, aplastan las cabezas de los gusanos que se alimentan bajo la tierra. Las ruedas del tractor, como todo el mundo sabe, no tienen conciencia. Parece que Dios tampoco tiene, ni llueve cuando lo necesitamos, ni los gusanos merecen su atención, como si no fueran criaturas suyas. Dios hizo el mundo para pasearse con un gran tractor, nosotros somos sus gusanos. Dios y la OTAN, tractores y misiles, para ellos somos todos gusanos. Pero no venía hoy a hablar de Gadafi. En Somalia los gusanos se mueren de hambre, no tienen siquiera tractores. Mañana anuncian lluvias, le digo a Joaquín para animarlo. Me refiero a lo que ha dicho el hombre de tiempo en la TV. Si Dios quiere, me responde. Parece que lo que quiere Dios es que salgan los tractores a trabajar. Hoy les tocará a los de los campesinos. Dios aprieta pero no ahoga, dicen; depende de a quién, parece.

El tractor de la ETA se ha quedado sin gasóleo, varado en el campo sin límites de la Historia. A quienes vivimos en la Historia, nos atropellan tractores desmemoriados. Más allá de la era, en el valle, los chopos se incendian de otoño. Amarillo, naranja, rojo. Me aferro a mi pequeña historia, mis recuerdos, la biografía que nunca escribiré por que soy un gran desmemoriado. En la cabeza de este gusano caben pocos recuerdos. O muchos, pero sin importancia. Cuando sea borrado de la faz de la Tierra, ¿cuánto durará mi silueta en el recuerdo de quienes me conocieron? Un soplo. Pero el gran tractor no se detendrá, seguirá aplastado cabezas de gusanos, labrando los eriales para los desventurados gusanos del mañana. Tierra de secano, almendros y olivos. También da alegrías, claro. No todo van a ser penas; Él aprieta pero no ahoga. Según a quien ¿verdad? Siento la tentación de levantar la mirada al cielo, con la resignación de Joaquín. Envido su fe, lo reconozco. Aunque quizás exagero las ventajas de ser un buen católico, practicante, al que el cura convence con el libre albedrío y apacigua el alma con el sermón de los domingos. ¡Cuánto le gustaría a este gusano vivir pletórico de fe cristiana, mientras espera la llegada del tractor! Pero, ya se sabe, la fe es un milagro. Eso dicen.

Ya veis, la ejecución de Gadafi o el cese del fuego de ETA, parecen poca cosa en este mundo de tractores y sequía. Mañana puede llover, dice Joaquín. La fe mueve montañas. Cosas de gusanos.

Compartir

  • Eskup
  • Tuenti
  • Meneame
  • Bitacoras
  • iGoogle
  • My Yahoo
  • My Live

18 Oct 2011

Uno por Mil. ese es el precio.

Escrito por: j-turu el 18 Oct 2011 - URL Permanente

¡Mil por uno!

Dicen que la paciencia es la madre de la ciencia… Los pueblos oprimidos de la Primavera Árabe, terminarán poseyendo de una gran ciencia, al paso que van. Porque lo que se ve venir es que, la democracia que demandan, sólo vendrá si pasa por el tamiz de por los intereses occidentales. Dicho de otra forma: sólo se les permitirá celebrar elecciones cuando el resultado esté garantizado. Esa es la causa de la tibieza de las potencias occidentales con el gobierno de los generales egipcios que han sustituido a los Mubarak en la satrapía. Esa es la causa de la tibieza con los represores estados argelino y marroquí. Esa es la causa de la energía gastada en Libia, donde la escasez de oposición al régimen de Gadafi se ha suplido con decenas de miles de misiles y se ha reconocido un “gobierno de transición” que ningún libio ha votado, impuesto por la fuerzas de la OTAN.

A la paciencia de haber soportado a esos tiranos, impuestos y sostenidos por las potencias occidentales, se le sumará la de aguantar procesos amañados que impongan gobiernos títeres pseudo democráticos. Lo cierto es que occidente desprecia lo árabe y lo musulmán, y confunde intencionadamente ambos conceptos según su conveniencia.

¿Cuál es la medida de occidente en cuanto al valor de lo árabe? Es una buena pregunta, ¿verdad? Pues, ya me han facilitado la respuesta a esa cuestión: mil palestinos valen un preso judío. ¡1.000 a 1! Así, 1.500 Millones de musulmanes vienen a valer lo que valen unos cuantos marines muertos. ¿A cuánto iraquíes, afganos, somalís, libios muertos les a costado cada muerto de la OTAN? Bueno en libia, no. Allí, como sólo se bombardea y el trabajo sucio se les ha dejado a los mercenarios armados por la OTAN, ni un occidental ha caído. La vieja Europa aprende de los “fracasos” del guerrero americano: que se maten ellos, nosotros ponemos las armas. Experiencia y memoria de la descolonización, se llama eso. Lo importante, al fin, es mantener el dominio cuando esto termine. Cambiarlo todo para que nada cambie.

¡Uno a Mil! Cuánta paciencia, sí, ver caer a mil de los tuyos, uno tras otro, por uno de los suyos. Aunque, el mayor ejercicio de paciencia consistirá en aguantar los argumentos de las potencias por convencerte de que los tuyos son, precisamente, aquellos que te bombardean y que los muertos no son tus hermanos, cuñados, nietos, mujeres, madres de tu propia raza, de tu país; porque morir bajo fuego americano o de la OTAN hace que tus hermanos, mujeres y amigos dejen de ser tuyos. Como si la muerte los hubiese convertido en anónimos expatriados.

¡Uno por Mil! Cuánta paciencia, Señor. Me pregunto cuanta vergüenza se esconde tras la cesión magnánima del judío que ha negociado esa cifra. Una machada en los titulares de los periódicos de Israel: hemos canjeado uno de los nuestros por mil de los suyos, queriendo subrayar la diferencia entre el valor de la vida de un judío y un árabe. ¡Uno de los nuestros vale por mil de los suyos! Podemos seguir matando a mil de ellos cada vez que caiga uno de los nuestros. Y Occidente aplaude o mira hacía otra parte.

¡Uno por Mil! No está mal, pensará algún despistado viendo en el canje una inexistente generosidad judía; donde lo único que hay es desprecio y, quizás, el proyecto de la masacre la semana que viene, o el mes que viene. Morirán cien, o mil, en los asesinatos selectivos, en los bombardeos sobre Palestina, sobre Gaza o Cisjordania, mientras se intensifica la construcción de asentamientos en tierras ajenas, y en los retretes de Tel Aviv se usan las resoluciones de la ONU para limpiarse el bul. Por mucho menos, la que le liaron al laico Saddam. Para eso está el Consejo de Seguridad tutelado por quienes detentan el veto: para pasarse las resoluciones por donde más les plazca, según a quien se refieran en cada caso.

¡Cuánta ciencia estarán acumulando los pacientes árabes y musulmanes!

Me pregunto dónde habrá ido a parar la que acumuló con tanto sacrificio el pueblo judío. Porque la única ciencia de la que hacen uso abundante es la ciencia militar, con la que parecen devolver en carnes palestinas los sufrimientos del pasado. Uno a mil, y los egipcios, los yemenís, los argelinos, los árabes, los marroquís, kuwaitís, los omaníes, los somalíes esperando una democracia que no llegará hasta que la podamos imponer desde Europa y Estados Unidos, a nuestro gusto y conveniencia.

Me había propuesto escribir algo que nos hiciese sonreír este lunes otoñal. Alguna cosa jocosa sobre los indignados bien alimentados de la Plaza del Sol o de Wall Street; pero me he encontrado con la noticia de las próximas elecciones en Túnez. ¡Que Alá les pille confesados como los islamistas las ganen! Que se lo pregunten a los argelinos. Quiero pensar que los especialistas en marketing político occidentales llevan trabajando a fondo desde hace meses para que salga quién debe salir, elegido democráticamente. Y nada, que me he indignado yo solito pensando en cuánta hipocresía hay en todo esto y cuánto desprecio por la vida ajena encierra ese UNOxMIL.

Compartir

  • Eskup
  • Tuenti
  • Meneame
  • Bitacoras
  • iGoogle
  • My Yahoo
  • My Live

08 Oct 2011

De una ciudad mártir y cómo la tiene Trichet.

Escrito por: j-turu el 08 Oct 2011 - URL Permanente

Miscelánea de la semana. Arrasamos –no nosotros, nuestros aviones y misiles- Sirte. Monsieur Trichet, erre que erre, no baja los tipos de interés, ¡cómo aguanta el tipo este hombre! Ciudades mártires – como Bagdad, como, Fallujah, Basora, o aquel Beirut o, antes, Guernica- laceradas con fósforo abrasador, muerte llovida del cielo- hoy le toca a Sirte, y hay europeos que aplauden, y hay europeos que miran a otra parte. Y Trichet, venga que venga y, como lo jubilan, se va más chulo que una gamba y nos deja la revisión de la hipoteca hecha unos zorros (palabra que, referida a una hipoteca, no implica nada punible). Obama nos riñe ¡manda huevos! El presidente del país inventor de aquellos bonos basura que invadieron el mundo financiero pudriéndolo, igual que sus flotas de portaviones y destructores pudren los océanos todos, pretende dar lecciones a la vieja Europa, afrodita melancólica y hedonista, de cómo dirigir la res pública. Este sí que es un zorro. ¿Punible?: si alguien se atreve… Los indignados asoman por las calles de USA y la pasma les arrea de verdad. Ye es que la pasma democrática -ya se sabe que los USA son el paraíso de la democracia- reprime que se las pela. Y es que a quienes se han forrado hundiéndonos en la miseria hay que protegerlos. Aquí, como allí, esos pájaros se van cobrando jubilaciones de diez millones de euros. Mil Seiscientos Sesenta y Tres Millones de aquellas pesetas que, algunos, ya echan de menos. Apocalípticos que son. ¡Ay, Europa, cuánto nos costará tu parto! Que naciste sacando primero los pies, y aún tienes la cabeza dentro del útero nadando en la placenta micro cefálica de tus naciones. Pies de dinero sin cabeza (¡eso, eso! me jalea Obama cuando digo estas cosas) Aquí nadie sabe nada, en cuanto a responsabilidades, digo. Y Egipto con la democracia detenida, no sean que los Hermanos Musulmanes ganen unas elecciones. Vaya lío, sólo queremos democracia si ganan los nuestros, ¡faltaría más! Conocí a un anarquista que leía periódicos: se partía el pecho. Y Obama, negro domado, es lo mejor que les puede pasar a los ciudadanos de los USA; que como venga la sustituta de la Pallin, Dios les coja confesados (de Dios saben mucho estos del Tea Party y los del Partido Popular) A nosotros, se nos desbordan los desahucios, el paro, la indigencia y la falta de inteligencia para hacer lo que los ciudadanos imaginarios de Saramago: votar el 93% en blanco las próximas elecciones; hoy, la lucidez escasea. Lo que ocurre es que viene el PP con la pena perpetua bajo el brazo, cortando cabezas de profesores interinos sin repuesto, apagando neones en los hospitales, devolviendo al armario a maricas y lesbianas, proponiendo abortos en Londres como cuando el Generalísimo, metiendo en el gobierno a la Banca, al Opus, y la Gürtel, recuperaremos el BOOM inmobiliario y, si no, otro BOOM cualquiera. Ahora que, lo que hace BOOOOM de verdad, son los misiles de la OTAN sobre Sirte. Y los milicos egipcios tutelando la transición hasta que sólo pueda gobernar otro títere de Occidente, elecciones amañadas mediante. Acá, todos esperando la jubilación definitiva de Trichet y que venga ya el italiano Draghi a recortar los tipos, o lo que sea que consiga que algo se mueva; porque nuestra economía anda sin viento en las velas y nos arrastramos como gusanos por los barrizales de la recesión. Obama tiene razón cuando dice que hay que poner en marcha la máquina de hacer billetes, eso sí. La contención de la inflación, llevada al extremo trichétido, es como que te dejen sin respirar para ahorrar aire: al final te mueres y ya no necesitas el aire ¿verdad, Sr. Trichet? La mejor noticia de la semana: perdemos población. Ni nacen niños, ni viene inmigración: se va. A este barco ya no quiere subir nadie, y se apea el que puede. Me parece bien, si nos organizamos tocamos a más, al menos en cuanto se refiere a aire, espacio y comida. La economía basada en el crecimiento ilimitado es una barbaridad que nos lleva al abismo (ecológico y espiritual), sólo beneficia a los adoradores del dólar y del beneficio empresarial. Esos que se van a la chita callando con diez millones de indemnización en la cartera. A Obama –aunque no lo diga- esos tipos no le caen del todo mal, es una secuela de esa degeneración neuronal llamada veneración por el liderazgo. Y, a mí, los líderes, no me caen bien, qué le voy a hacer. Entre otras cosas por su grotesca falta de sentido del ridículo, sobre todo, cuando afirman de sí mismos “es que yo soy un líder”, a lo que acostumbran a añadir el adjetivo “nato”. Son como aquél que presume de tenerla más larga. Si al menos les pudiésemos pedir que se bajen los pantalones para comprobarlo. Porque eso del liderazgo tiene mucho que ver con la bragueta, no lo dudéis. ¿Qué cómo la tiene Trichet? Depende de la inflación.

Buen fin de semana.

Compartir

  • Eskup
  • Tuenti
  • Meneame
  • Bitacoras
  • iGoogle
  • My Yahoo
  • My Live

01 Oct 2011

Homicidio en la Iglesia

Escrito por: j-turu el 01 Oct 2011 - URL Permanente

Esta semana ha conmovido los telediarios un suceso especialmente terrible por el lugar donde ha ocurrido, una Iglesia, y la inocencia de sus víctimas, que no conocían a su verdugo. Un hombre, sin aparente motivo, entra en una Iglesia momentos antes de que se inicie el Oficio y descerraja un tiro en la cabeza de una mujer embarazada, luego dispara a su madre hiriéndola gravemente y después se arrodilla de espaldas al altar y se quita la vida disparándose en la boca. Estoy convencido de que muchos somos quienes nos hemos preguntado qué cabe en la cabeza de tan monstruoso ser. Lo que sigue es una hipótesis, sólo una hipótesis: que nadie vea en ella una justificación del homicidio cometido. No pretende serlo. Pero no me he resistido a imaginarme dentro de la mente del enajenado. Imaginar el discurso que le llevaba por la calle con una pistola en la mano, con el destino marcado, y la muerte en sus pasos. Toda enajenación, pienso, no es más que un discurso perverso, que puede no distanciarse de la realidad; simplemente, puede que la sopese exageradamente, o se coloque en una perspectiva demencial sobre ella. Éste u otro discurso, claro.

Deja, no me persigas más. Pronto estaré contigo, Diablo mío. No estoy lejos de la Iglesia. No, no me persigas, ya vengo. Cometeré el acto perfecto para ser tuyo para siempre. Reniego del Cielo, de los ángeles, del Dios que permite que tú, diabólico Señor, existas. Iré contigo cumpliendo Su designio, no podría ser de otra forma. A tú pesar, lo sé. Pero, piensa, si tú eres, ciertamente, el Segundo, eres el más perfecto, pues estás libre de toda responsabilidad. Sobre él cae toda la sangre, todo el horror y el dolor que nos acompaña por los siglos de los siglos.

Tus pesadillas hace tiempo que me persiguen, incluso en la vigilia. Terror puro, sí. Es tu elemento preferido, el horror que entrevera lo cotidiano, que pasa desapercibido al común de los mortales, pues andan tan metidos en los asuntos de su mezquina supervivencia, sus pequeños anhelos, su avaricia diaria, sus pequeñas perversiones; y su amor, oh su amor, siempre tan egoísta.

Pero tus pesadillas ¡oh, Señor! Ya no habitan sólo en mis sueños. Me persiguen, asoman en las conversaciones de los oficinistas que desayunan en el bar de las mañanas, en los periódicos y en el plasma de los televisores. Pesadillas de hambre, de guerra y odio. Alucinaciones de campos miserables en medio de los desiertos, donde multitudes agonizan de sed, de miseria, de soledad. Niños despellejados, transformados en un odre de dolor y vacio, madres exhaustas, hombres acabados. ¡Qué gran lienzo ha pintado Dios, verdad! Qué pequeño será, a su lado, mi pequeño acto de terror.

Pero tus pesadillas ¡oh, Señor!, son mi sombra ya, de la que no puedo zafarme por mucho que me esconda en la oscuridad, pues ellas son siempre más sombrías. Asoman las miradas asesinas, la sonrisa perfecta del genocida en las tribunas respetables de los Parlamentos, en las Naciones Unidas, de quienes que callan por que se benefician, y elaboran discursos de bellos acordes que ocultan su perversa avaricia. Cuentan por millones sus víctimas, las llaman daños colaterales y luego entran en las Iglesias, y se confiesan mientras cuentan billetes con la mano oculta en el bolsillo; y son absueltos, mientras el sacerdote cuenta billetes con la mano oculta bajo la sotana.

Pero tus pesadillas ¡oh, Señor! ¡Qué obra perfecta! No hay Ópera mejor orquestada, con sus barítonos devastadores, su coro de aduladores y la perfecta caterva de diablejos encarnizados, que azuzan en todo el Orbe al pecado a hombres, mujeres, niños y ancianos.

Ellos irán a Ti sin quererlo. Yo voy libremente. Cometeré el pecado perfecto en la casa de Tu enemigo.

Ahí está esa Iglesia. Tengo la pistola a punto. Verteré sangre quizás inocente mientras adora al enemigo.

Luego me quitaré la vida de espaldas a Él y a su altar de oro y plata.

Recíbeme en tus ardientes brazos,

diabólico Señor

Compartir

  • Eskup
  • Tuenti
  • Meneame
  • Bitacoras
  • iGoogle
  • My Yahoo
  • My Live

25 Sep 2011

Cuando terminó la Crisis.

Escrito por: j-turu el 25 Sep 2011 - URL Permanente

¡Vaya tormenta la de anoche!, pensó don Julián. En la ventana que había frente a su escritorio, plomo y perla, un cielo nutrido de nubes, cubría el paisaje de lomas y bosques -unos, altos cajigales; otros, más chatos, poblados de carrascas- que se extendía hasta las cumbres, remotas y grises, recortadas en el horizonte de cirros albos y fríos, más lejanos todavía. Nubes altas, pues.

Ahora, reinaba el silencio; aunque, en su cabeza, retumbaban aún los ecos de los truenos que habían enmudecido al amanecer.

Un nuevo día, un día como todos. Don Julián sabía que ya no se movería de allí hasta que terminasen sus días. Tanto le daban cubiertos por un manto de nubes, que radiantes y soleados. No le producía la menor tristeza, ya había corrido lo suyo en su juventud. La jubilación le venía bien, y la disfrutaba, en la medida que se puede disfrutar del retiro, desde hacía bastantes años. Con la tormenta de esta noche, cumplió noventa años: a las cuatro y quince de la madrugada, del año del Señor Mil Novecientos Cincuenta y Seis, nació don Julián. Habían venido a celebrado rayos y truenos y, ahora, amanecido ya el día gris y callado, esperaba que viniera a hacerlo alguien. Una ilusión vana, nadie le había felicitado su aniversario en los últimos seis años. El último en hacerlo yacía en el cementerio, desde entonces. Los años se habían llevado, uno tras otro, a los viejos amigos. Se repitió en voz alta lo de “viejos” amigos, sonrió con cierta melancolía. Sabía que esperaría durante todo el día, que nadie se acordaría de felicitarle.

“Hay que escribir el número de cada año con mayúsculas” murmuró para sí, mientras vertía el café en la taza. Recién hecho, pero daba igual, lo bebió rápido. Con los años, la sensibilidad iba mermando. Subió las escaleras que llevaban a la habitación que hacía de estudio. Tenía prisa por ponerse a escribir. “Cada año es único, su número es su nombre propio” Recordó sus estrenados noventa años. No había tiempo que perder. Debía terminar el relato que andaba escribiendo desde hacía más de diez años. Se trataba de una breve historia que transcurría en los primeros tiempos del cataclismo económico que devastó el antiguo régimen liberal capitalista. Concretamente, en el cuarto año de lo que al principio se denominó simplemente “crisis”. Había llovido mucho desde entonces. Lo suficiente como para considerar que se empeñaba en un relato de los que llaman históricos. Como todos los días, antes de pulsar la primera tecla, se dispuso a leer el último párrafo del día anterior.


“ Bajó por las calles de Barcelona, casi despobladas aquel lunes, hasta el inicio del Arco del Triunfo . No le cabía en la cabeza que, en tan poco tiempo, todo hubiera empeorado tanto. Se paró frente a un mendigo y dejó caer unas monedas en una lata de sardinas. El tipo murmuró un turbio agradecimiento sin levantar la cabeza. Se paró frente a otro mendigo, y frente a otro, y otro más. Sombreros desfigurados, cartones, más latas, cazoletas, objetos mendicantes que alguna vez sirvieron para algo útil, para hacer la vida mejor a los hombres y que, ahora, componían el desfile luctuoso de la indigencia. No, no le cabía en la cabeza. Llevaba sin ir a la ciudad desde antes del inicio de esa crisis financiera que parecía no tener fin. ¿Dónde había ido a parar aquel dinero que hacía escasos cuatro años circulaba con prodigalidad insensata? Los bienes que antes compraba la gente en abundancia, ¿dónde estaban ahora? ¿Quién se lo había llevado todo, el dinero, los bienes, el trabajo?

“No, las cosas no se disuelven en la nada, el dinero tampoco” se decía mientras comprobaba que no le quedaba una sola moneda en el bolsillo. El último mendigo masculló un insulto a sus espaldas. Seguramente, mientras él se tentaba el fondo de los bolsillos, el pedigüeño se había hecho la ilusión de recibir unos céntimos. José pensó que, si estuviese en el lugar del mendicante, hubiera soltado un exabrupto aún peor. Decidió seguir por el centro de la avenida, lejos de los portales infestados de indigentes. Al fin y al cabo, había venido a la ciudad a defenderse de una injusta acusación. Y no era responsabilidad suya que la sociedad se enfangase en la miseria. No, las clases medias no eran las responsables de aquella tempestad que vomitaba millares de familias, naufragadas en el vacilante mar de la crisis económica, sobre las arenas yermas de la pobreza y la desesperanza. Este pensamiento le siguió mientras sus pasos le acercaban al Palacio de Justicia.

- Su carnet de identidad.

El agente tomó el documento, miró la foto de José, luego miro su cara; volvió a mirar la foto y volvió a escudriñar su rostro. Las cejas casi se tocaban bajo la gorra del policía.

- Es que la foto tiene ya cuatro años, entonces me afeitaba más a menudo- se excusó, como si fuera suya la culpa de que la foto de su DNI se le pareciera tan poco. Las fotos de sus documentos de identidad nunca se le habían parecido demasiado; a casi todo el mundo que conocía le pasaba algo parecido. Pero aquel par de cejas inquisidoras le inquietaban, sentía aversión por los uniformes. Un temor ancestral, quizás….

Recitó el número del DNI y, cuando le preguntó por su nombre, contestó “José Turu Rosell”, sin estar seguro ya de no equivocarse. No leía su carnet de identidad hacía años; seguramente, ni siquiera lo leyó el día que fue a recogerlo a la comisaría. ¿Y si, por accidente, le habían dado el carnet de otra persona?

- Pase usted, Sr. Turu- dijo el de las cejas, abriendo la barrera, cuando ya le temblaban las piernas como flanes, amenazando con dejarle caer sobre el pavimento gris del vestíbulo del Palacio de Justicia, como un vulgar y fláccido monigote de trapo”


Don Julián dejó la hoja sobre la mesa. El paisaje, más allá de la ventana, seguía tan agrisado como antes, quizás más. Los personajes de sus relatos se le iban siempre por lo tremendo. La misma ficción resultaba una exageración de la realidad, e intentaba, una y otra vez, corregir el rumbo, aunque apenas podía evitar que sus frases enfilasen la derrota que conduce a los arrecifes del exceso. Cuando decidió escribir este relato o novela, o lo que fuese, decidió darse tanta licencia en cuanto al estilo, como poca en cuanto a los hechos que iba a narrar. Inventó al protagonista, ese José Turu un tanto pusilánime, acobardado ante el caos que empezaba a adueñarse del mundo en los tiempos anteriores a la regeneración primitivista, para que los lectores pudiesen ver, a través de sus ojos, cómo fueron aquellos tiempos. Lectores más que improbables, puesto que el destino de sus legajos, guardados en el cajón de su escritorio de madera, sería arder en el hogar de algún vecino que habría de hallarle cadáver, algún día del impreciso futuro. Darían un razonable calor, útil, al menos, para ese vecino todavía imaginario. Por poco tiempo ya, se dijo. Don Julián, aunque tendía a fantasear cuando escribía, era un hombre realista. Noventa son muchos años, ¿verdad?

Releyó, una vez más con disgusto, aquel último párrafo escrito la víspera. Definitivamente se precipitaba en la exageración más pueril. No habían sucedido así las cosas. En el cuarto año de la depresión, los mendigos todavía no llenaban las calles de Barcelona. No, al menos, en esa medida. Sólo se había alcanzado la escasa cifra de cinco millones de parados, quienes, en una buena proporción, recibían una exigua paga alimenticia que contenía, aún, las revueltas que habrían de venir más tarde a subvertir el mundo occidental y arrastrarían, con él, al resto de los países “civilizados”; sobre todo los asiáticos, África apenas lo notó: simplemente siguió ahogándose en su miseria endémica, hasta hoy en día.

Rompió aquellos folios y los dejó caer en la papelera de bronce que tenía junto al escritorio. Cada vez había que vaciarla con mayor frecuencia. Definitivamente, no estuvo inspirado al describir la llegada del personaje al Palacio de Justicia, ni el previo recorrido por la ciudad. Había que empezar de nuevo.

Pulsó un tecla, y luego otra.


“Bajo un cielo puro y azul, el paseo del Arco de Triunfo lucía radiante aquella mañana de otoño. José Turu dejaba que sus pasos se deslizasen indolentes por la pendiente de la avenida dirección al Palacio de Justicia. Un mendigo se acercó haciendo sonar unas monedas en una cazoleta metálica. Aceleró el paso, no pensaba darle nada. Siempre pensó, de quienes mendigaban, que eran unos vagos que no querían trabajar. Cinco millones de parados en el país, cierto; pero eso no implicaba cinco millones de mendigos. La gente tiene más dignidad, se dijo. Pero el mendigo insistía, obstaculizaba el paso y agitaba furiosamente la cazoleta, blandiéndola como una guadaña o, peor, como si de un obscuro artefacto explosivo se tratara. Al fin, sacó José una moneda del bolsillo y, haciendo como que iba a ponerla el recipiente, la dejó caer ex profeso al suelo. Aceleró el paso mientras el mendigo se arrastraba tras la moneda que rodaba cuesta abajo por la acera de la avenida del Arco del Triufo.

Mientras el policía judicial comprobaba su DNI, José Turu repasaba mentalmente su defensa. Había sido citado para declarar como testigo en un caso de agresión. Aunque temía terminar como imputado en los delitos que se habrían de juzgar cuando terminase la fase de instrucción. Todo tenía relación con la paliza que había recibido el subdirector de la agencia bancaria que había frente a su oficina. Una señora, ya entrada en años y en kilos, se abalanzó sobre él atizándole con la bolsa de la compra. José terció en el altercado con la intención de proteger al susodicho subdirector, cosa que consiguió cuando finalmente se hizo con la bolsa de la señora, que estaba llena de potes de garbanzos y latas de tomate frito. El subdirector sangraba por donde había recibido los contundentes bolsazos. Lo jodido, era que el tipo, en lugar de agradecerle su intervención salvadora, le acusó colaborar en la agresión de la que había sido objeto. Cuando llegó la pareja de los mossos de escuadra, José Turu sostenía aún la bolsa de los garbanzos y el tomate frito en sus manos. La mujer se portó con toda honestidad, narrando los hechos tal como habían ocurrido y asumiendo la total autoría de los bolsazos: “más que le habría dado a este timador, si no interviene este señor” afirmó señalándole. Eso debería bastar para exculparle, pero en este país la justicia ya se sabe de qué pié cojea, siempre a favor de la banca y del poderoso. Y el jodido subdirector, un tipo mezquino y seboso, quiso aprovechar la ocasión para cobrarse venganza por un trance ocurrido hacía un par de años, que arruinó las aspiraciones de ascenso del rencoroso bancario, cuyas corruptelas quedaron al descubierto a causa de unos comentarios que había realizado de José Turu sobre su inmoral proceder. “Tengo la conciencia tranquila” se dijo mientras ascendía por la escalinata del Palacio de Justicia.

Antes de entrar en las dependencias donde debían tomarle declaración, se dijo que, allí, la conciencia, posiblemente, no le iba a servir de nada. Y por alguna asociación de esas que la mente hace como por azar, recordó al mendigo de la cazoleta arrastrándose tras la moneda. Cerró los ojos e intentó recordar su rostro, entonces le vio como un monstruoso hombre con dos caras, una era la del subdirector; la otra, era la suya propia. Ambas se gritaban reclamando la propiedad de la escurridiza moneda que seguía rodando y rodando al son de una música de feria.

- Señor, le toca.

Despertó sobresaltado. Una administrativa del juzgado le sacudía el hombro. Se había quedado dormido mientras esperaba en la antesala de…”


Dejó de escribir don Julián. Esta vez el folio fue directo a la papelera. Definitivamente, aquel personaje daba bandazos como un balandro en medio de un huracán. Aunque, bien mirado ¿no fue como un huracán lo que sucedió en aquellos tiempos? Un huracán que arrasó con casi todo. Un desasosiego, una frustración venidos del pasado le habían dominado por un instante. Recuperó la arrugada hoja de la papelera, releyó. El manido recurso a lo onírico no quitaba que lo que había descrito se acercase bastante a lo que realmente acaeció. La sociedad y los bancos, como el hombre de dos rostros del sueño de José Turu, terminaron gritándose groseramente: enfrentados, aunque componían, sin querer reconocerlo, las dos caras del mismo problema. Una sociedad educada en el consumo compulsivo, dependiente del dinero como un heroinómano de su droga. En el centro, la avaricia de unos bancos mezquinos y poderosos que, mientras se predicaban servidores públicos, torcían las voluntades de políticos, sindicatos y periodistas en beneficio propio, pretendiendo ocultar el inmenso agujero al que les habían abocado sus propios excesos. Todo estalló poco tiempo después, cuando la miseria llenó realmente las calles de tantos mendigos que alcanzó la masa crítica una ira devastadora. Cientos de miles, millones quizá, se alzaron como una única voz. No estaba claro cuál fue la gota que desbordó el vaso de la paciencia y del miedo, cual fue la chispa que prendió en aquellas masas desecadas de toda ilusión. El incendio no tardó, entonces, en arrasarlo todo. La muchedumbre se lanzó a las calles de todas las ciudades, como un río de furia desbordada. Primero, saquearon los bancos, mientras los pocos policías que quedaban huían o se pasaban al bando amotinado. No se salvaron siquiera los grandes bancos centrales. La gente apilaba los billetes en las esquinas y les prendían fuego junto con los muebles saqueados en las propias agencias bancarias. Esa fue la que luego se llamaría La Semana de las Hogueras de Billetes; luego, le seguirían la Semana de las Hogueras de las Acciones, la de los Periódicos y las Televisiones, la de las Multinacionales y las Petroleras, y, así, muchas semanas más se ganaron un nombre propio. No sólo ardieron en las piras de la ira objetos, también seres humanos. Salir a la calle con corbata y traje, con pinta de ejecutivo, se volvió peligroso. Los ejércitos no intervinieron. Llevaban meses sin cobrar su paga, y muchos militares habían visto cómo familiares y amigos caían en aquella turbia miseria que parecía contaminarlo todo y a todos, sin remedio. Terminaron por disolverse en la sociedad civil, casi todos. Otros, se constituyeron en bandas criminales dedicadas al saqueo de bienes y al secuestro de mujeres. Duraron poco, las masas les persiguieron y pusieron cerco allí donde los hallaban. El pueblo no temía nada, no le arredraban bombas ni fusiles, pues nada tenía que perder y la vida había perdido gran parte del valor que se le había dado en otros tiempos. La ira les hizo temerarios.

La sociedad de la información, como venía llamándose desde finales del siglo XX, se extinguió rápidamente al hundirse el sistema económico que sostenía a las grandes corporaciones de la comunicación. Los satélites dejaron de recibir y, por consiguiente, de emitir, señales de ningún tipo. Las pantallas de los televisores se llenaron de nieve perpetua, las emisoras de radio enmudecieron, la prensa se convirtió en un recuerdo. Quedaban, sí, las bibliotecas y las radios particulares, aquellas que antes se habían denominado radioaficionadas. Esas radios, precisamente, se convirtieron en la única red de comunicación que todavía funcionaba útilmente en las cuestiones cotidianas del intercambio. El trueque se acabó imponiéndose como la fórmula común de obtener bienes. El dinero fue maldecido en las enseñanzas que impartían los maestros en las escuelas de los pueblos y las muy despobladas ciudades. Tanto que, cuando aparecía alguien a quien se le ocurría usar algún objeto que realizase las funciones del dinero para “facilitar” los trueques, terminaba colgado de un árbol o desterrado en algún remoto desierto. Las nuevas generaciones eran muy sensibles a este tipo de aberraciones. La acumulación de bienes se había convertido en el mayor de los delitos, y el dinero era el primer paso hacia esa acumulación. En eso habíase llegado a un acuerdo universal: ¿dinero?, ¡nunca más!

Él mismo era un ejemplo de la nueva sociedad. Aunque un tanto peculiar. Conseguía comida, papel y tinta de un extraño a quien dejaba sus escritos en el poyo de su casa, una noche a la semana. La primera vez fue por azar. Era sábado y había estado repasando lo que había escrito a lo largo del día. La primavera estaba avanzada y el sol se ponía ya tarde; aprovechando el buen tiempo, salió a leer afuera, sentado en el poyo de piedra que se arrimaba a la pared de su casa, junto al portalón que accedía al patio. Cuando llegó la hora de la cena, entró en casa, mas olvidó los papeles sobre la piedra. Para su asombro, al día siguiente, una caja con hortalizas y algo de bacalao en salazón ocupaban el lugar de las cuartillas. Tuvo que reescribirlas, claro; pero decidió intentarlo de nuevo. Los seis primeros días fracasó, pero, al séptimo, un sábado de nuevo, encontró un nuevo alijo de alimentos, esta vez acompañados de papel y un cartucho de tinta. Ninguna nota, ningún mensaje del misterioso lector. Supuso que se trataba de alguien que, tras leer su primer escrito, había decidido seguir leyendo lo que él escribía. Don Julián no necesitaba otra cosa para vivir y abandonó los ocasionales trabajos que venía realizando para algunos vecinos, por los que percibía los escasos bienes que precisaba su manutención. De esta guisa, habían transcurrido los últimos años. En el fondo, nunca había considerado su afición a escribir como un trabajo, así que se consideraba las aportaciones del misterioso lector de los sábados como una jubilación.

Noventa años. No podía quejarse, había sido un privilegiado espectador de cruciales hechos de la historia de la humanidad. Ahora, lo único que deseaba era terminar con la historia de ese José Turu para su lector de los sábados; su único y, posiblemente, definitivo lector. En el fondo, que sus escritos fueran leídos más o menos, cuando él hubiera muerto, no tenía demasiada importancia, no valían más que unas pocas hortalizas. Pero eran una manera de mantener el diálogo interior, lo único que le quedaba junto con sus meditaciones.

Miró por la ventana, parecía que despejaba. Quizás esta noche, se dijo, venga estrellada.

Le gustaba contemplar los cielos estrellados. Sobre todo, aquella pequeña luz que brillaba entre ellas y que don Julián distinguía bien: el reflejo solar de la vieja Estación Espacial Internacional, convertida ya en una pequeña luna inerte. Le gustaba imaginar el silencio que velaría los incorruptos cadáveres de los astronautas, a quienes nadie fue a rescatar.

Ni siquiera les llevarían unas cajas de hortalizas, reflexionó Don Julián, mientras un sopor mortal invadía lentamente sus miembros. Un último pensamiento cruzó su mente “¿qué será de mi José Turu?”.

Y durmiose para siempre el anciano escribidor.





Compartir

  • Eskup
  • Tuenti
  • Meneame
  • Bitacoras
  • iGoogle
  • My Yahoo
  • My Live

18 Sep 2011

Acertijo de la culona...

Escrito por: j-turu el 18 Sep 2011 - URL Permanente

Café con leche y galletita de la mañana del domingo. Casi no puedo creer lo que leo en la versión digital del periódico. Casi... Dice que Berlusconi ha llamado a Agela Merkel “culona mantecosa infollabe”. Lo leo dos o tres veces, no porque me parezcan increíbles esas palabras: viniendo de quien vienen, me las creo.

La frasecita parece ser que proviene de una grabación policial realizada en el marco de la investigación de un delito de extorsión en el que el presidente Silvio anda embrollado… ¿cómo víctima?

Aunque, la verdad, creo que, si les pincharan el teléfono, escucharíamos barbaridades parecidas en boca de la muchos de nuestros políticos; y de los ajenos, también. Es el lenguaje coloquial, claro. Aunque la perla atribuida al condottiere es de las que hacen época. No sólo evidencia un machismo grosero; todavía es mayor la frustración que subyace en ellas. Berlusconi, en el fondo, se siente impotente frente a la Merkel. Italia frente a Alemania, un pedigüeño católico en la puerta de una iglesia protestante: sale un señora luciendo las joyas de una economía sólida, basada en el trabajo y el ahorro, y, en lugar de depositar unas monedas en el gorro que le tiende el mendigo italiano, pasa de largo murmurando algo sobre la vagancia y la pobreza.

“Caridad, caridad” gime el miserable. La señora, que anda por la mitad de las escaleras, que bajan de la Iglesia a la calle, se detiene. Posiblemente esté calibrando que, si retrocede y pone unas monedas en el gorro cochambroso, el vago, la cigarra impenitente, molestará menos, permanecerá mendigado en la puerta del templo y no se overá de allí, y quizás le encuentre alguna ocupación en el futuro que sea de provecho. Al fin y al cabo, la Señora, pertenece a una tradicional familia capaz de sacarle provecho a casi todo. Así, que, tras pensárselo, decide volver sobre sus pasos y depositar la limosna requerida por el quejumbroso mendigo.

Pero el mendigo, despechado al verla pasar de largo, murmura las fatídicas palabras convencido de que ella ya no puede oírle. Se equivoca.

La Señora sabe que la indigencia lleva a la grosería más soez, pero lo que acaba de escuchar bate los records de vulgaridad que hasta la fecha conocía. Porque la lindeza que el menesteroso le ha dedicado es difícil de tragar, la ha llamado, ni más ni menos, “culona mantecosa infollable” El resultado es que detiene el paso que había iniciado hacia el mendicante gorro, y se pone a pensar…

¿Qué decisión creéis que tomará, finalmente, la Señora?

A- Decidirá que con esta gente no se puede hacer nada, y se largará de allí dejando al menesteroso italiano sin limosna que llevarse a la boca.

B- Asumirá que la naturaleza humana de los italianos llamados Silvio es como es; y que, al fin y al cabo, hay que procurar que no abandonen su lugar a la puerta de la Iglesia hasta que sepa qué hacer con él. Volverá sobre sus pasos y depositará unas monedas en el gorro.

C- Acudirá a un dietista, a un centro de estética y se comprará el Kamasutra. Por supuesto, olvidará dar limosna al mendigo malhablado.

¿Qué creéis que hará?

(El Severo Diletante, aterrorizado ante la perspectiva de que la Merkel nos meta en el mismo saco a los españolitos con los súbditos del Silvio, agradecerá que le saquéis de dudas para poder recuperar, así, el sueño)

Compartir

  • Eskup
  • Tuenti
  • Meneame
  • Bitacoras
  • iGoogle
  • My Yahoo
  • My Live

Sobre este blog

Avatar de j-turu

El Severo Diletante

ver perfil

Amigos

Fans

Ídolos

Suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):