08 Oct 2008
Un país que pelea por las monedas
Lunes por la mañana. La gallega tenía que acudir a una cita importantísima e ineludible, a las 10. Se prepara, se viste para la ocasión y sale disparada a la parada de autobús. Ups, no lleva monedas.
Resulta que el viaje en los autobuses urbanos, los colectivos, se pagan con monedas, sólo con monedas ¿Y? Pues que aunque parezca difícil de explicar, en este país no se pelean por los billetes grandes sino por las moneditas. Al principio uno sólo nota cierta reticencia de los kiosqueros a calcular el cambio. ¿Le doy un caramelo por los veinte centavos? Al cabo de unos cuantos forcejeos, uno empieza a ver que en todas partes hay carteles del tipo "No hay cambio", "Colabore con monedas” u otras variantes de lo mismo. En los kioscos, en las taquillas del metro, en los locutorios…
La gallega se dirige al kiosco más cercano a comprar tabaco para que le den cambio. No tenemos cambio, señorita. Ups, de nuevo. Otro kiosco. Llevate los cigarrillos y luego me pagás. Por las dudas, la gallega agarra los cigarrillos, se enciende uno y medita. Pasan los minutos.
Hay muchas teorías. Están los que dicen que es la empresa recaudadora de las máquinas expendedoras de los autobuses, que acaparan y después las revenden al 110 o 120 por ciento de su valor. Otros rumorean que son los chinos, que se las guardan y las refunden porque vale más el metal que la moneda.
Entra en un supermercado y busca algo que cueste lo que sea con algo. Le perdonan el algo, sigue sin monedas pero al menos deshizo el hermoso billete de 100 pesos. Pasan los minutos. Tercer kiosco. Un alfajor, por favor. Tres cincuenta. Uy, ¿no tenés otra cosa? Tomá, te doy dos por 5.
Para hacer frente a esta lucha diaria hay que desarrollar un montón de destrezas. Hay que calcular muy bien lo que se compra para que no te devuelvan billetes de dos. Hay que estar siempre preparado para la mentira. Aunque la vendedora sea una ancianita entrañable, no hay que caer en la trampa. Ella también quiere quedarse con tus monedas.
Por fin, a las 10 menos un minuto, con un paquete de cigarrillos, un agua saborizada y dos alfajores, la gallega le paga al taxista con 20 pesos y éste le devuelve un billete de 5, otro de 2 y una moneda de peso. La broma le ha salido exactamente por 20 pesos más 4 que le debe al segundo kiosquero, 24 en total, pero llega justo a tiempo a la cita importantísima e ineludible y tiene una monedita para el bus de vuelta.


