06 Feb 2008
Dandi pobre, pobre Dandi

Si podemos resumir el dandismo a la consigna de "hacer de la propia vida una obra de arte", podemos intuir un rápido bosquejo de la figura de Modigliani. Dandismo tomado como un conjunto de ideales y principios estéticos aplicables en todas las áreas de la vida incluyendo, por descontado, la apariencia personal. Dandismo aplicado también, en un artista como él, al Arte y a su manera de vivirlo.
Modigliani como dandi artista y artista dandi se inventó a sí mismo, tanto en el plano físico como en el plano espiritual. Despreció las costumbres y los gustos burgueses, mostrándose como un escéptico moral, aficionado a las drogas como procuradoras de un estado en esencia transitorio y forzosamente reversible que le obligaba a comenzar siempre de nuevo. Vivió su dandismo como un culto de sí mismo, de su integridad como artista y de su arte. Un culto que pudo sobrevivir a la búsqueda de la felicidad y pudo sobrevivir a todo lo que se suele calificar como ilusiones.
Modigliani fue un tipo controvertidamente elegante que utilizaba esa elegancia como arma arrojadiza contra el establishment feo, tan bruto y anodino en aquella época como lo es en la nuestra. Se vestía con arte extraño para lucir su disidencia como Wilde lucía una blanca orquídea en el ojal: para arrojarle al vulgo un desafío, como un guante de fina gamuza con tonos mostaza. Su famosa bufanda roja era dandística. Sus ajadas ropas, también. Como sus vicios y dependencias. Porque Modigliani hizo de la mezcla una manera de vida. Dandi pobre, pobre Dandi, fiel a sí mismo, entremezcló todo a sabiendas porque pronto aprendió que su vida y su arte estaban tan entreverados que sólo mezclándolos podría ver la luz.
Enfermo de pleuritis desde muy niño, encontró en el Arte una salida a su estado de "eterna languidez", ese spleen que siempre le acompañaría. Las recaídas le llevan a encontrarse con el gran arte italiano cuando inicia un viaje rumbo al Sur en busca de climas más favorables. Florencia, Venecia... y su deseo de convertirse en escultor. París, la bohemia donde cae en las redes del hachís, de las que nunca llegará a librarse. Montmartre y sus primeras esculturas. Sus trajes de terciopelo, sus camisas de cretona, su sombrero de ala ancha y su bufanda roja... Dandi. Dandi porque se mantuvo al margen de corrientes, fuera de movimientos organizados. Influído por Cezanne, por Toulouse-Lautrec, por Gauguin y por la época azul de Picasso.
Y Brancusi. El loco rumano que le anima a sumergirse de nuevo en su pasión escultórica.
Aromas de africanidad, de estatuaria egipcia, de arcaísmo griego. Pero sus pulmones no aceptan el enrarecido aire que llena su taller. Viaja a Italia de nuevo, gracias a la intercesión de sus amigos que quieren hacerle volver a su ambiente familiar con la esperanza de frenarle en su caída al abismo. Livorno. Un taller en el que seguir esculpiendo, en el que seguir sacando de la piedra sus gritos ocultos. Livorno. La incomprensión de sus amigos, de sus paisanos. Las críticas. Livorno. El gesto más dandístico que jamás haya habido. Modigliani entregando a las aguas del Canal de los Holandeses su legado escultórico. Ahogando su producción escultórica. La última.
Y vuelta a la pintura con fuerzas renovadas. Con más clarividencia, con más síntesis. Exposiciones individuales. Altercados con la policía, que tilda de inmoral sus famosos desnudos y clausura la galería de arte. La fama que le proporciona la controversia generada le ayuda a vender obras y a consumir más drogas y alcohol. En ese momento conoce a Jeanne. En ese momento la enfermedad se ceba con él. Consumido, se recluye con Jeanne durante una semana en su estudio. No comen. No se cuida. No pide ayuda a nadie ni deja que Jeanne la pida. En enero de 1920 muere en un hospital de París. Jeanne, embarazada de nueve meses, se tira por la ventana de su piso dos días más tarde.
Los dos, juntos, reposan en el cementerio del Père Lachaise, en el Boulevard de Menilmontant de París. Allí pasea a medianoche con Oscar Wilde, Fréderic Chopin, Marcel Proust, Moliere, María Callas.... Allí, en sus noches de juerga, Amedeo, Modi, Dedo, les cuenta a los demás cómo era el París bohemio de inicios del novecientos. Cómo él, prototipo del Dandi, amante de la vida bella, supo revelar en su plasticidad su perfil de hombre culto, su sabiduría técnica, su adhesión íntima y sentimental al mundo y a la pintura. El, el artista maldito que penetró en el corazón mismo de la sociedad, que reverenció el cuerpo femenino como depositario de la estética y que experimentó su erotismo a través de las manifestaciones impúdicas de su imaginación.
Allí, entre las lápidas y los monumentos funerarios, les dirá cómo se reía de sus colegas artistas, cómo bromeaba con Brancusi y los otros cuando les veía regresar de sus trabajos inmundos mientras él, hambriento, componía un gesto inimitable de dignidad y de rechazo absoluto a la sola posibilidad de imaginarse haciendo otra cosa que no fuera su arte. Les contará cómo, en el gesto más dandístico que nadie imaginarse pueda, llegó a negarse a vender sus cuadros a unos snobs que se interesaron por ellos cuando descubrió que su gusto e interés era superficial y aparente. Que no entendían su obra. Que estaban allí por el escándalo que produjo el cierre de la galería en la que exponían, entre otros cuadros, sus desnudos. Que echó a patadas a los compradores a pesar de que, con los beneficios de la venta, podría haber comido caliente.
Valor aristocrático lo llama Vicente Molina Foix. Gesto de dandi lo llamo yo. Porque el dandi tiene la aristocracia del carácter, no la de la sangre ni la del dinero, que no vale nada.
Termino con la frase de Picasso, por lo que vale y por lo que representa:
"El único en París que sabe vestir es Modigliani"
¿Existe un elogio mayor para un dandi?
Sobre este blog
El Dandy
egomezdeleonVivimos tiempos difíciles: el reino de la tristeza, de la uniformidad, de la lobreguez y de la fealdad. Estamos a comienzos de la primera mitad del siglo XXI; los entusiasmos y decepciones de los últimos decenios del siglo pasado son sustituidos por un periodo de ideales modestos pero eficientes, en el que dominan las sólidas virtudes burguesas y un capitalismo aparentemente triunfante. El Dandy, frente a la opresión del mercado y pensamiento único, la ampliación de las metrópolis transitadas por multitudes inmensas y anónimas, el surgimiento de nuevas clases entre cuyas necesidades urgentes no se encuentra sin duda la estética, ofendido por la forma de las nuevas máquinas que exhiben la pura funcionalidad de los nuevos materiales, siente amenazados sus propios ideales, considera enemigas las ideas pseudo-democráticas que se van abriendo paso gradualmente y decide ser "diferente".
Desde estas líneas propugno una auténtica religión estética y, bajo la vieja pero no caduca consigna del arte por el arte, demostraré la idea de que la belleza es un valor superior que hay que materializar a toda costa. Hay que vivir la vida como una obra de arte. No ser un artista ni un filósofo que reflexiona sobre la belleza y el arte.
Manifestar el amor a la belleza y a la excepcionalidad en los hábitos y en el vestir. Una elegancia que se identifica con la simplicidad (llevada hasta la extravagancia), unida al gusto por la frase desconcertante y el gesto provocador. Ejemplo sublime de hastío aristocrático y de desprecio por la opinión común, se cuenta que en cierta ocasión lord Brummel cabalgaba con su mayordomo por una colina y, viendo desde lo alto dos lagos, preguntó a su sirviente: "¿Cuál de los dos prefiero?"
Para un mayor acercamiento a mi mundo, recomiendo visitar www.eldandy.net
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5 comentarios · Escribe aquí tu comentario
George-George dijo
¡¡¡Una autentica maravilla!!!
Claro, respetuoso, inteligente.
¡ Enhorabuena Señor Gómez!
Ha sido un autentico placer viajar a través de palabras tan inteligentemente unidas.
Me atrevo a pedirle que, por favor “Dandy”, no deje de regalar a este pequeño/grande grupo de “fans” tan deliciosos relatos.
todoynada dijo
El unico en España que sabe vestir es el Señor Gómez !! te he elogiado bastante, dandy?.
Por lo menos este último escrito se ha hecho mas ameno a la hora de leerlo, ha dejado a un lado la pomposidad y la cursilería.
George!!! deduzco por tus palabras que te ha encantado !!!!! estás exhultante !!! me alegro por tí george, y por el Señor Gómez que parece que se ha esmerado con este último escrito, aunque haya utilizado sus fuentes de información, no se nota tanto como en el Código Secreto que eran puras definiciones de diccionario, biblioteca e internet. Aunque en este escrito haya utilizado las mismas fuentes de información (eso es fundamental a la hora de escribir algo que el Señor Gómez debe de saber a la perfección, debería saber todo acerca del Dandysmo), la comprensión en la lectura, la manera de escribir ha sido mas amena, más esquematica y mas razonada, lo reconozco, no me ha disgustado en absoluto.
Lo has leido Señor Gómez? me ha parecido correcto.
Pelham dijo
Estimado Sr. Gómez de León,
Me atrevo a escribirle tras haber asistido al lamentable cruce de ataques e insultos de que ha sido objeto por parte de algunas personas que, camufladas tras anónimos o nombres ridículos, no han sabido entender las misteriosas joyas que se encuentran diseminadas por su blog, del que soy incondicional seguidor.
Me presento como Pelham y usted sabrá seguramente por qué. No quiero entretenerle mucho pero me pregunto si tendría usted a bien atender una petición que hace tiempo quiero lanzarle y que no me atrevía hasta la fecha. Quisiera que usted me aconsejara sobre algunos aspectos concretos relativos a la creación de un dandy (¿o dandi?, usted lo escribe de ambas maneras y no estoy seguro de cuál es la correcta). Tengo una inclinación natural a la belleza y a la elegancia. Admiro desde pequeño a la gente que se distingue por su gracia y manera de estar. Incluso he intentado imitar algunos modelos (David Niven, Cary Grant, Fred Astaire,...), pero creo que me falta algo. Y tras leer y releer su blog, al que llegué por recomendación de un amigo, creo que de su mano podría aprender los aspectos externos e internos de un verdadero dandy. Creo tener por nacimiento las condiciones naturales necesarias, pero no sé cómo llegar a considerarme como tal.
En esta primera misiva (y le aseguro que habrá muchas más) me gustaría que me aconsejase sobre alguna manera sencilla de empezar un distanciamiento de lo que usted llama el "vulgo profanador". Sé que el dinero no importa o no debe importar. Empecemos por lo menos aparente.
Ayúdeme, sr. Gómez de León. Quiero aprender. Quiero saber.
todoynada dijo
Dios mio, lo que tienen que leer mis ojos.
Otro mas, un alfeñique en manos de un mentiroso prepotente.
Cuantos mas habrá?
Ha hablado el vulgo profanador que se camufla en anónimos ridículos. Y si os tengo delante en la misma cara os lo digo.
George-George dijo
Mi caro "todoynada".
Porque insistes en llamar mentiroso al Señor Gómez?
¿Acaso él te ha mentido alguna vez?
¿No te das cuenta que en el mundo actual poder compartir tanto conocimiento y elegancia es un verdadero privilegio?
Tu vida debe ser muy monótona y gris, y por esta razón estás insistentemente vomitando (perdóname el termo), amargura.
Beba un poco de la elegancia presente en los escritos del Señor Gómez.
¿No te das cuenta que casi la puede tocar?
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