09 Jul 2012

Delenda est Monarchia

Escrito por: egomezdeleon el 09 Jul 2012 - URL Permanente

"El Estado tradicional, es decir, la Monarquía, se ha ido formando un surtido de ideas sobre el modo de ser de los españoles. Piensa, por ejemplo, que moralmente pertenecen a la familia de los óvidos, que en política son gente mansurrona y lanar, que lo aguantan y lo sufren todo sin rechistar, que no tienen sentido de los deberes civiles, que son informales, que a las cuestiones de derecho y, en general, públicas, presentan una epidermis córnea. Como mi única misión en esta vida es decir lo que creo verdad, -y, por supuesto, desdecirme tan pronto como alguien me demuestre que padecía equivocación-, no puedo ocultar que esas ideas sociológicas sobre el español tenidas por su Estado son, en dosis considerable, ciertas. Bien está, pues, que la Monarquía piense eso, que lo sepa y cuente con ello; pero es intolerable que se prevalga de ello. Cuanta mayor verdad sean, razón de más para que la Monarquía, responsable ante el Altísimo de nuestros últimos destinos históricos, se hubiese extenuado, hora por hora, en corregir tales defectos, excitando la vitalidad política persiguiendo cuanto fomentase su modorra moral y su propensión lanuda. No obstante, ha hecho todo lo contrario. Desde Sagunto, la Monarquía no ha hecho más que especular sobre los vicios españoles, y su política ha consistido en aprovecharlos para su exclusiva comodidad. La frase que en los edificios del Estado español se ha repetido más veces es ésta: "¡En España no pasa nada!" La cosa es repugnante, repugnante como para vomitar entera la historia española de los últimos sesenta años; pero nadie honradamente podrá negar que la frecuencia de esta frase es un hecho. (...)


(...) Y como es irremediablemente un error, somos nosotros, y no el Régimen mismo; nosotros gente de la calle, de tres al cuarto y nada revolucionarios, quienes tenemos que decir a nuestros conciudadanos: ¡Españoles, vuestro Estado no existe! ¡Reconstruidlo!"


Este párrafo fue publicado en el diario El Sol el 15 de noviembre de 1930. Su autor, Ortega y Gasset. El título, "El error Berenguer".

Su validez y su actualidad... TODA

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08 Jul 2012

Teoría y Práctica del Colectivismo Oligárquico, de Emmanuel Goldstein

Escrito por: egomezdeleon el 08 Jul 2012 - URL Permanente

"Doblepensar significa el poder, la facultad de sostener dos opiniones contradictorias simultáneamente, dos creencias contrarias albergadas a la vez en la mente. El intelectual del Partido sabe en qué dirección han de ser alterados sus recuerdos; por tanto, sabe que está trucando la realidad; pero al mismo tiempo se satisface a sí mismo por medio del ejercicio del doblepensar en el sentido de que la realidad no queda violada. Este proceso ha de ser consciente, pues, si no, no se verificaría con la suficiente precisión, pero también tiene que ser inconsciente para que no deje un sentimiento de falsedad y, por tanto, de culpabilidad. El doblepensar está arraigado en el corazón mismo del Ingsoc, ya que el acto esencial del Partido es el empleo del engaño consciente, conservando a la vez la firmeza de propósito que caracteriza a la auténtica honradez. Decir mentiras a la vez que se cree sinceramente en ellas, olvidar todo hecho que no convenga recordar, y luego, cuando vuelva a ser necesario, sacarlo del olvido sólo por el tiempo que convenga, negar la existencia de la realidad objetiva sin dejar por un momento de saber que existe esa realidad que se niega... todo esto es indispensable. Incluso para usar la palabra doblepensares preciso emplear el doblepensar. Porque para usar la palabra se admite que se están haciendo trampas con la realidad. Mediante un nuevo acto de doblepensar se borra este conocimiento; y así indefinidamente, manteniéndose la mentira siempre unos pasos delante de la verdad. En definitiva, gracias al doblepensar ha sido capaz el Partido -y seguirá siéndolo durante miles de años- de parar el curso de la Historia".

Sé que puede parecer extraido del programa de la FAES, pero lo escribió Orwell (1984). ¿Supera la realidad a la ficción o es a la inversa?

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25 Mar 2012

¿Hasta cuándo vamos a esperar?

Escrito por: egomezdeleon el 25 Mar 2012 - URL Permanente

El trabajador de esta época sufre por Platón. A causa de él. Y por el cristianismo, que bebe en sus fuentes. Con esos mimbres, el Capitalismo supo extraer el corpus ¿moral? suficiente para canibalizar como lo está haciendo la carne del proletario. Del currito. Nuestra carne, vamos.
Podríamos definir el propósito del Capitalismo, del Neoliberalismo, el dios Jano de dos caras, derecha y socialdemocracia, como el de la reducción a la mínima expresión de las necesidades del trabajador (y diciendo necesidades puedo decir derechos); la supresión máxima de sus placeres y/o pasiones y la condena a ser una máquina de carne y hueso que produzca sin tregua.
Todo ello, y no hay crítica sin autocrítica, no podría haber cristalizado en nuestro momento actual sin la abnegada colaboración de las clases trabajadoras que, engañadas por el espejismo del “estado del bienestar” proclamado de forma taimada y defendido por la socialdemocracia colaboracionista que tanto y a tantos moderados simpatizantes de izquierda ha engañado, creyeron en él y contribuyeron a la locura en que estamos ahora inmersos. La aparente pasividad del liberalismo económico en los últimos veinte años (derrotado, que no vencido) que significó la arrolladora implantación de regímenes socialdemócratas nació la locura de las clases trabajadoras, que aprendieron a amar el trabajo hasta agotarse en él, en pos de unas promesas de “bienestar” que no eran sino una trampa (la “sociedad del espectáculo” de Debord).
Y aquí estamos. Rodeados de complacidos votantes mayoritarios de la derecha, que buscan en el veneno el remedio contra el envenenamiento, haciendo fuerte al sistema que ha hecho del trabajo la causa de todas las degeneraciones intelectuales y orgánicas que sufrimos en la actualidad. Trabajadores votantes en la actualidad de la derecha más reaccionaria y revanchista, que siguen traicionando sus instintos e ignorando su misión histórica, cambiando su voto y pervirtiéndose así por el dogma del trabajo. El que tienen. El que han perdido. El que están buscando. El que no llega. Sin darse cuenta de que todas las miserias individuales y colectivas que estamos sufriendo proceden de la pasión que muestran por el trabajo.
Irónica contradicción. Apasionados por lo que más frena las pasiones más nobles del hombre. Haciendo bueno a Napoleón cuando decía aquello de que “cuanto más trabaje mi pueblo, menos vicios habrá”. Trabajamos para que aumente la miseria y la dependencia del trabajo. Convertimos la miseria en el dios absoluto, en la ley máxima. Esa miseria que es sinónimo de hambre, hambre que deviene en presión pacífica, silenciosa, incesante y que termina siendo la motivación más limpia, natural y lógica para entregarnos con la cabeza gacha y vencidos al trabajo, a la fábrica, al taller. Estrategia triunfadora del Capitalismo, del Neoliberalismo, de los Mercados: teniendo al hambre como aliado, se evitan tener que promulgar antipopulares leyes que generarían penas. Penas que desembocarían en violencia. Y hay que evitar el ruido. Podría despertarles por la noche, mientras duermen en sus mullidos colchones, con sus pijamas de diseño, al lado de sus mujeres de diseño, en sus urbanizaciones de lujo.
Y así, se trabaja sin cesar. Se trabaja para aumentar la riqueza social (dicen los que confunden las grandes palabras con sus particulares prebendas y sus muy secretas cuentas bancarias en el extranjero) aumentando las miserias individuales. Se trabaja sin cesar para aumentar la pobreza; de esa manera nos dan más razones para seguir trabajando; de tal forma que en nuestro haber sólo vemos incrementarse la miseria y el endeudamiento.
Gran jugada del Mercado. Sus gurús, sus economistas, sus intelectuales (si en la derecha puede encontrarse tal adjetivo, que yo cambiaría por tácticos o estrategas) han conseguido que los currantes se hayan entregado en cuerpo y alma al vicio del trabajo. Se inventaron los mandos intermedios y las escalas, y les hicieron creerse la fábula de la lechera. Nos han conducido repetida y sistemáticamente a crisis industriales y financieras que han convulsionado (repetida y sistemáticamente) el organismo social. Han, hemos, producido. Producimos en tal exceso que ya hace tiempo los excedentes eran difíciles de colocar: no había tantos compradores. Eso provocaba cierres de empresas, que excretaban heces (parados), que pasaban hambre. Sorprendentemente, ese exceso de trabajo que causaba la miseria del trabajador, se imponía durante los ciclos de (supuesta) prosperidad.
Y los trabajadores, de nuevo equivocados, en vez de aprovechar estos momentos de crisis para forzar una distribución general de los productos y servicios que hemos fabricado, buscando un merecido disfrute general, nos limitamos a llamar, tímidos y desesperanzados, a las puertas de los despachos de recursos “humanos” pidiendo (con las orejas muy gachas) una oportunidad al patrón. Vendemos nuestra fuerza de trabajo (sin límite de horas o días) por la tercera parte del precio que cuando teníamos un mendrugo de pan que llevarnos a la boca. Y los patronos, complacidos, misericordiosos, buenos como son, se aprovechan de la situación tan arduamente planificada por ellos mismos y, tras conseguir ayudas económicas de gobiernos y banca (con la promesa de fomentar empleo) se aprovechan del desempleo para fabricar más barato.
Y estas crisis que siguen forzosamente a los períodos de bonanza, además de traer un desempleo forzoso y una miseria sin salida, acarrean también la bancarrota económica, progresista y moral de todos los países. La Derecha, el Mercado, es inteligente. Ya no se viste de azul. Ya no se distingue. El microfascismo es la clave. Se imbrica en todos los intersticios de la vida. Está al acecho. Y en cuanto ve la ocasión, ataca. Y no le importa perder aparentemente terreno (las conquistas sociales del proletariado); no le importa tardar (pueden transcurrir décadas en la sombra); en cuanto tienen la oportunidad (o la fabrican, como en esta crisis), recuperan el terreno perdido transmitiendo consignas revanchistas a los gobiernos títeres que ellos mismos van paulatinamente aupando en cada país. ¿Les hemos tenido engañados y despistados pensando que ganaban terreno –leyes para regular la interrupción del embarazo, leyes para regular el matrimonio del mismo género, leyes para mejorar la asistencia sanitaria universal, el acceso a la educación, etc. –?, déjales. En cuanto se sientan seguros, lo cambiamos todo. Es sólo esperar. Las mayorías absolutas sirven para eso.
Y tenemos que pararlo. Debemos tomar, los trabajadores, conciencia de nuestra fuerza. Es preciso que dejemos de lado los prejuicios platónicos de la moral cristiana, económica y librepensadora. Retornemos a nuestro estado natural. Liberemos nuestros instintos. La moral que nos han inculcado es perversa. El trabajo desenfrenado es una plaga. La más terrible con la que se puede haber castigado a la humanidad. Existen medios y fórmulas para reducir las jornadas laborales. Para dar el tiempo libre necesario a los ciudadanos para experimentar los placeres del ocio. Los placeres beneficiosos para nosotros como organismo que derivarán en un corpus social placentero.
Y para no caer en el ludismo, debemos abandonar esos prejuicios. De ellos se deriva la identificación de la máquina como enemiga. Ese error en el que intencionadamente nos hicieron caer creando en nosotros una pasión tan ciega, perversa y homicida por el trabajo que creímos vencer si competíamos contra ellas. Por ese error, nos hicimos sus esclavos y las transformamos en los peores instrumentos de esclavitud para los hombres libres. Emprendimos una ciega y loca carrera para competir contra ellas. Teníamos que superarlas. Teníamos que producir más. Y conseguimos empobrecernos más. El error fue persistir en el error a medida que ellas se perfeccionaban.
Su perfección contribuía a destruir el trabajo humano de forma rápida y precisa. Nuestro error fue no tomar provecho de ello prolongando nuestro descanso en la misma medida que ellas aprendían a hacer (mucho mejor) nuestro trabajo. Todo lo contrario, redoblamos (al mismo precio) nuestro esfuerzo por querer competir contra ellas.
Aún así, para no dejar resquicio posible de salvación al trabajador, el Mercado tomó la decisión de alienar a los trabajadores en aquella situación en la que, liberados de la opresión del entorno laboral, creían estar libres; creían ser dueños de sí mismos. Y con la habilidad que le caracteriza, el Capital creó un nuevo modo de alienación de los trabajadores fuera del tiempo de trabajo, colonizando el tiempo de ocio. El objetivo: expropiar el tiempo total de vida del trabajador, puesto que el ocio puede generar también plusvalías valiosísimas al Mercado, convirtiéndoles en masa de consumidores pasivos y satisfechos (espectadores, diría de nuevo Debord, que asisten a su propia enajenación sin oponer resistencia alguna). Por tanto, se crea una industria de entretenimiento para rentabilizar (con altísimo aprovechamiento) el poco ocio de que puede disponer un trabajador. Resultado: productos de “cultura-basura” que son percibidos (a través de un potente aparato publicitario) como absolutamente necesarios para ser reconocido como un “ser humano competente” con una riqueza aparente (proliferación de iGadgets) en el corazón más profundo de la verdadera miseria de la vida cotidiana.
Salgamos de ese círculo. Reclamemos el derecho a vivir. Rechacemos los mecanismos que nos seducen para “pasar el rato” (un pasar el rato alienante que nos impide vivir) y no para ser nosotros mismos. Para aprendernos. Para sabernos. Para conocer a nuestros familiares y amigos. Para adquirir conocimiento y pensamiento crítico.
Estoy hablando de una nueva revolución. Una nueva revolución de los trabajadores. Propugno el control de mi propia vida. Lucho contra la cotidianidad. Pero de esa revolución hablaremos en otra entrega.

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24 Mar 2012

Informativos Deformativos

Escrito por: egomezdeleon el 24 Mar 2012 - URL Permanente

No voy a hablar de la telebasura. Ni de la televisión en general. De esta televisión que, lejos de la ya muy antigua de los años anteriores a la era digital, que pretendía fijar los gustos de la audiencia, se propone hoy en día explotar y halagar los gustos del respetable para ganar en la carrera de los índices de audiencia, ofreciendo al consumidor productos bastos, sin refinar (grandes hermanos, periodismo rosa, amarillismo, etc.) para satisfacer una creciente necesidad de voyeurismo. No me gustaba aquella (por impositiva) ni esta (por populista y demagógica). Lo que quiero es denunciar el estado de los informativos de la televisión. Y no sólo de la española.
Los informativos de televisión tienen la capacidad (envidiada por la prensa escrita) de convocar a una misma hora a miles, millones de personas. Una convocatoria que reúne a personas de muy distinta índole y extracción social. Ante un consumidor así, y ante la presión del “share”, los productores de esos espacios y toda la cadena de valor de esa empresa (reporteros, locutores,…) deben observar ciertas precauciones: selección de noticias del gusto del consumidor (por no hablar del gusto de los anunciantes, patrocinadores, subvencionadores y dueños) y la utilización de un lenguaje neutro, homogéneo y homegeneizador, y sin asperezas. La aritmética es simple: cuanto más amplio el público (el target), más simplón, plano y pueril el mensaje. No pueden perder clientes, ergo hay que evitar disensiones y escándalos evitando problemas.
De estas precauciones, estos resultados: telediarios que dejan complacidos a todos los clientes de forma sorprendente (tanto a intelectuales, políticos, burgueses, comerciantes, braceros del campo, sacerdotes,…) porque confirman cosas ya sabidas y porque dejan sin mácula las estructuras mentales de todos los espectadores.
Como además la “cosa sensacionalista” ha ganado terreno, la información seria ha claudicado y cedido terreno a deportes y sucesos, que se han impuesto en todos los canales y medios de comunicación, empujados por las demandas del público traducidas en cuotas de audiencia.
Por este fenómeno, el tratamiento de las noticias y la elección de lo que es noticiable está impregnado del sensacionalismo que antes estaba reservado a periódicos amarillos. Vemos así cómo se prima en portada un resultado deportivo antes que una hambruna en tal o cual país de Africa; se da relevancia a la visita de un jefe de estado antes que al análisis de la situación que provoca esa visita (en su país de procedencia o en el anfitrión); asistimos en tiempo real a pavorosas escenas de catástrofes naturales, de accidentes cada vez más sanguinolentamente explícitos, de atracos…, en definitiva, de todo lo que suscita instintos de curiosidad, voyeurísticos, y que no requieren del público competencia alguna.
Los sucesos (o el tratamiento de noticias importantes con ese sesgo) campan por sus fueros y por los fueros ajenos porque despolitizan. Lo reducen todo al cotilleo. Fijan y mantienen la atención del respetable en lo que está vacío de consecuencias políticas (incluso se llega a dramatizar cosas absurdas) para provocar “lecciones pertinentes” en “problemas sociales”. Y esta búsqueda de la vis sensacionalista lleva a la elección de sucesos que, demagógicamente, suscitan el mayor interés social (el secuestro de los niños de Córdoba, el affaire Duque de Palma, los casos de corrupción de la clase política, acciones de argelinos en la muy plural Francia, matanzas en Siria,…) y la mayor indignación popular, provocando movilizaciones sentimentales y caritativas, o puramente agresivas y cercanas al linchamiento simbólico (grupos estigmatizados) que terminan movilizando al pueblo en uno u otro sentido y elevando la intención de voto y la popularidad de candidatos en la cuerda floja (caso Sarkozy).
En un entorno periodístico o informativo determinado por el terror a ser aburrido (que viene a ser perder cuota de pantalla o índice de audiencia), hay que interesar (divirtiendo) a cualquier precio. Y siendo como es la política un tema aburrido o espinoso si se toca en profundidad y con respeto, siendo por tanto como es un espectáculo (término debordiano) poco estimulante –reconozcamos que cada vez menos estimulante, gracias a la paupérrima capacitación de nuestros representantes-, los esfuerzos de los dirigentes televisivos (y su cadena de valor, repito) se encaminan a hacer de ello un espectáculo refrescante. Sustituyen entonces la información inteligente por la diversión (cada vez más programas de debate, cada vez más tertulias, la TDT party, etc.) con individuos (dicen que periodistas) dispuestos a todo, a hablar de todo y con todos.
Todo ello deviene en un espectáculo de simplificación aberrante y demagógica utilizado para proyectar las propias inclinaciones políticas de los medios y sus periodistas, lo que da paso al consabido combate (en lugar de privilegiar el debate), a la polémica (en lugar de a la dialéctica), al enfrentamiento personal (en lugar del enfrentamiento de argumentos).
Resultado final: el consumidor, el espectador, tiene un conocimiento de la política y su mundo confinado a informaciones más próximas al cotilleo más procaz, a la intimidad (cada vez más obscena y sospechosa) del periodista con sus fuentes de información y a las confidencias, que a un verdadero trabajo de investigación periodística objetiva.
Asistimos diariamente a un juego cuyos artífices están más preocupados por el juego y por los jugadores que por lo que está en juego. Más interesados en la forma que en el contenido. Mezclemos esto con la competencia (entre cadenas de TV y medios escritos y hablados), la obsesión por la primicia o exclusiva y el efecto “copia” (todos los telediarios cuentan lo mismo; algunos, audaces, cambian el orden de lo que cuentan) y tenemos el resultado: descrédito de la política, en el mejor de los casos, y una despolitización global en el peor de ellos.
Es aterrador. Pasan de un tsunami al último desfile de Armani, del hambre en Darfur a las polémicas declaraciones del Mourinho de turno, de la matanza de Siria a las estupendas tapas de Logroño, en una constante reducción al absurdo de lo que el instante permite ver al consumidor. Todo queda reducido al instante, a la actualidad. Las noticias vuelan separadas de sus antecedentes y de sus consecuentes generando en el receptor una absoluta falta de interés gracias al efecto de “imperceptibilidad” que deviene en una escandalosa amnesia estructural (o ausencia de esfuerzo para diferenciar lo importante de lo nuevo en un entorno instantáneo y discontínuo).
La falta de tiempo del receptor, la falta de conocimiento, la ausencia de documentación, la inexistencia de pensamiento crítico, genera una transmisión de acontecimientos de forma opaca para él. Se genera un espacio en el que la ausencia del sentido histórico desemboca en unos telediarios caóticos, sucesión de historias absurdas e inconexas que acaban pareciéndose entre sí (se acaba teniendo la misma sensación de indignación por los muertos de Siria que por el arresto publicitario de Clooney o la desgracia de una top model expulsada de su agencia por dos centímetros de más en su cintura), acontecimientos que surgen sin explicación y desaparecen de la misma forma sin que lleguemos a saber si se han solucionado. Libres (¿intencionadamente?) de carga política, generan tan sólo un pequeño (muy breve) interés humanitario.
Por tanto, el poco preparado espectador (la inmensa mayoría) termina teniendo una percepción del mundo como una absurda e inmensa sucesión de desastres respecto a los cuales no entiende nada y acerca de los cuales no cabe hacer nada. Ergo el mundo es un entorno de amenazas incomprensible y preocupante ante el cual lo mejor que se puede hacer es retirarse y protegerse. Resultado: miedo. Conclusión: manipulación.
Si además nos sueltan unas gotas de desprecio racista, contribuirán al aumento de los terrores xenófobos (Francia, recientemente). O si refuerzan sabiamente la idea de que la violencia y la delincuencia son imparables (movimiento 15M, o movimiento Okupa, o…) nos provocarán la ansiedad y la fobia necesarias para temer por nuestra seguridad, lo que nos llevará a apoyar el mantenimiento del orden establecido, delegando absolutamente el juego político en los políticos profesionales. Además, cuanto más neoliberales y más feroces en sus formas externas sean nuestros representantes políticos, más confianza en recibir la seguridad prometida en sus hueras campañas electorales. De ahí el enorme empuje de la derecha más rancia y conservadora y su consiguiente éxito mundial.
El punto máximo de elasticidad de esta situación es desconocido. ¿Hasta cuándo permitiremos ser manipulados? ¿Cuándo dejaremos de ser rebaño? Ataquémosles donde más les duele. Exijamos informativos formativos e inteligentes. No les regalemos índices de audiencia hasta que recuperen su verdadera filosofía y ejerzan su auténtico cometido.
Existen otras vías para informarse.

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Sobre la reforma laboral de Rajoy y los Campos de Concentración (2ª parte)

Escrito por: egomezdeleon el 24 Mar 2012 - URL Permanente

Pero detrás de todo esto no puede haber más que una intención oculta. Ustedes saben que privando a la masa trabajadora de medios decentes de vida y de supervivencia, privándola de una educación de calidad, atiborrándola de televisión basura para anular el pensamiento crítico, fomentando la obligación de comprar, consumir, satisfacer sus impuestos, pagar, generar en fin la dependencia física y psíquica de su sistema; incluso, rizando el rizo, extendiendo el temor a ser excluido, hacer sentir a los (por el momento) privilegiados que su suerte puede acabar, que pueden perder su estatus (miedo por su salud, su jubilación, su futuro). Así, crean más rebaño, más gregarismo.

Un caldo de cultivo propicio donde, en el momento más preciso, eclosione con más fuerza y virulencia un fascismo de nuevo cuño. Formado y nutrido por amantes de sensaciones totalitarias de todo tipo. Este debe ser su objetivo, señores del PP. Un ejército de descerebrados que actúen bajo el mandato del capital, del que ustedes no son sino meras marionetas abducidas y convencidas. De ahí a elegir y señalar como objetivo a todo aquello que les pueda resultar molesto por obstaculizar sus fines (homosexuales, intelectuales, disidentes, revolucionarios,...) y volver a crear un 10 de noviembre de 1938, un amanecer negro tras una nueva "Kristallnacht", sólo hay un paso. Y ustedes están corriendo hacia él. Decidida. Ciega. Locamente.


Yo termino aquí. Dejo paso (sin su permiso) a Javier Marías. Hasta la próxima, que será muy pronto...
"[Mariano Rajoy] siempre me ha parecido un cabeza hueca. Un hombre sin ideas y desde luego sin ímpetu, sin capacidad para entusiasmar a la gente, ni siquiera para crearle ilusión y esperanza. Esto no quita para que, consciente de sus limitaciones, pueda poseer cierta astucia. La astucia clásica de las personas sin ideas consiste en hacerse la esfinge: permanecen calladas mientras los demás parlotean, se muestran enigmáticas e inescrutables, consiguen que los otros se mantengan a la expectativa de sus escasos pronunciamientos, a los que se acaba por dar valor sólo por eso, por su escasez. Siento decirlo -y con ello no insinúo en modo alguno que la política de Rajoy vaya a tener nada que ver con la de un dictador-, pero la actitud que hasta ahora está adoptando me recuerda, de lo que yo he conocido, más a la de Franco que a la de ningún otro gobernante posterior. Los jóvenes lo ignoran y los maduros lo van olvidando, pero aquel aciago individuo era así: hermético, imperturbable, cazurro, frío, taimado. Sólo hablaba en discursos memorizados, rutinarios, hueros. Lanzaba a sus ministros por delante, los hacía quemarse, los nombraba o destituía sin dignarse comunicárselo. Y, por supuesto, jamás se rebajaba a dar explicaciones a nadie, y menos que a nadie a la prensa y a los ciudadanos, que eran meros sojuzgados. Rajoy -quién si no- ha tomado ya unas cuantas medidas duras y ha incumplido no pocas de las promesas de su larguísima campaña electoral. Él, sin embargo, anda desaparecido, no ha dicho "esta boca es mía" y se lo ha dejado todo a sus subordinados, como si nada fuera con él..."

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21 Mar 2012

Sobre la reforma laboral de Rajoy y los Campos de Concentración (1ª parte)

Escrito por: egomezdeleon el 21 Mar 2012 - URL Permanente

Es habitual que toda política proponga un "arte" de someter al individuo y degradarlo hasta convertirlo en sujeto haciéndole perder su naturaleza, su fuerza y su potencia. Es necesario destruir al individuo, reciclarlo, integrarlo en una comunidad. Así, reducido a la mínima expresión, la comunidad aparece ante él como salvadora, como dadora de sentido. Por tanto, entra en ella el sujeto contrayendo una deuda desde el inicio de su relación. Perverso inicio. Aquello que te reduce hasta casi la destrucción te da lo que previamente te ha quitado a cambio de tu entrega total. Así, la sociedad que ha usurpado tu individualidad la hace suya. Lo mismo hace con las individualidades de todos los demás. Y con la suma de todas genera una unidad que reivindica constantemente. De esta forma, los que conseguimos despertar del sueño hipnótico en el que estamos sumidos y reclamamos nuestra individualidad, los que pedimos a la sociedad que nos la devuelva, nos convertimos en enemigos a batir, pues atentamos contra la unidad sacrosanta del grupo.

A lo largo de la Historia todas las políticas han perseguido este mismo fin: convertir al individuo en un sujeto. Hacerle valer casi cero. Reducirle. Una vez conseguido, hay que crear paradigmas. Héroes. Figuras emblemáticas que resuman y representen los universales que hacen diferente el corpus social que habitan de los otros corpus que los rodean. Figuras que otorgan el elemento diferencial. Mitologías que dan lustre a la sociedad y que alumbran auxiliares a su servicio, en forma de Sacerdotes, Ministros, Militantes, Directores, Empresarios,...

División artificial en clases una vez conseguida la uniformidad. Triunfo de la ideología de la división que supone y presagia la ausencia de unidad y homogeneidad en la especie humana. De ahí la creación de barreras infranqueables de entrada y de salida entre clases. Sumisión a tu categoría para toda la eternidad. Proletario o capitalista. Y en medio, algo con que graduar la jerarquía: homosexual, masón, laico, opositor, resistente, comunista, libertario,...

Y luego están los vigilantes, la jerarquía intermedia entre la masa y la élite. Como modo único de relación entre ellos, el sometimiento, la sumisión, Darwin. El más fuerte somete al débil. El más astuto, el más bribón, el más hipócrita, pone al otro de rodillas. A sus pies.

Para conseguir estos fines, señores dirigentes de la cosa laboral de este gobierno del PP, el mejor medio (la historia dice lo contrario, pero ustedes, analfabetos proteicos, van a repetir los errores) es envilecer, humillar, transformar, marcar y producir una diferencia, animalizar. Y encuentro poca diferencia entre el escenario que su nueva ley crea y un campo de concentración (entiendo, actualmente, como tal, cualquier espacio consagrado al dolor: fábricas, empresas y otros lugares organizados y gestionados por el capitalismo).

Si el campo de concentración es la expresión máxima de lo político legitimando la sumisión de una categoría de hombres a otra, es decir, de la creación de nuevos señores y nuevos esclavos, con su nuevo reglamento laboral, señores del PP, marionetas del capital, ustedes han dado carta de libertad a la nueva generación de campos de concentración.

A partir de ayer pobres, parados y proletarios nos asemejamos más y más al deportado en la privación, la miseria y la ausencia de futuro. Estamos condenados a la repetición sin fin de las pautas que marcan el empleo del tiempo durante toda la jornada: levantarse, trabajar, sufrir, padecer, someterse a los ritmos y las cadencias impuestos por otros, comidas miserables, salud precaria, esperanzas prohibidas.

Los derechos, para los señores. Los deberes, para los esclavos. Inimaginable la posibilidad de invertir los papeles o de reducir la condena. Pero yo quiero advertirles, queridos y rancios próceres. Quiero avisarles... un derecho natural nominalista y libertario, hedonista, afirma la posibilidad para todo individuo de hacer todo lo necesario para vivir y, consecuentemente, para sobrevivir cuando estos dos objetivos le son denegados por la sociedad. Es la sociedad por tanto la responsable de evitar que, en virtud de ese principio, un individuo cualquiera se vea arrastrado a buscar soluciones extremas. (continuará)

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10 Ene 2010

Lord Byron

Escrito por: egomezdeleon el 10 Ene 2010 - URL Permanente

George Gordon Byron, más tarde sexto lord de ese nombre, nació el 22 de enero de 1788. Su infancia está sacudida por extrañas tensiones. Huérfano de un padre a quien apenas conoce, vive una existencia sobria –casi pobre- con una madre recatada, parca y demasiado vulgar para un hijo que se sabe poco a poco diferente. Presencia los plebeyos desafueros eróticos de su criada y, además, el niño Byron cojea. Un pie ligeramente deforme, defecto de parto, se cree, por excesivo pudor de la madre; Byron intentará superar siempre –él que creyó en ideales helénicos de Adonis y Ares- aquella mácula, aquel pie que se arrastra.
En 1798, hereda el título de Lord (a la muerte de su viejo abuelo) y va a tomar posesión del hogar solariego de Newstead Abbey. Aquel antiguo convento medieval ha sido –sabe ya- el salón aúreo de los Byron. Marco de aristócratas derrochadores, amantes de la pendencia y del fasto. Pero él lleva ya tras de sí –y no estoy invocando como panacea al psicoanálisis- la infancia dura y la madre impropia. Caso semejante al de Baudelaire, quizás al de Rimbaud o al de Verlaine con su esposa.

En 1801, Byron ingresa en Harrow. Participa en las peleas escolares y pretende arrogarse el papel del héroe solitario que sale en defensa (seguro de perder) de un muchachito al que los demás pegan. Causas perdidas y afán de ser mirado son –sabemos- actitudes de Dandy. Uno de los semas de este mito que empieza...

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08 Ene 2010

Beau Satán

Escrito por: egomezdeleon el 08 Ene 2010 - URL Permanente

Se tiene la tentación, al pensar en William Beckford, de agregar de inmediato un sobrenombre: El afortunado. Y ello, no por lo que se creería a simple vista (porque fue inmensamente rico y noble, y supo gastar esa riqueza), sino porque pudo y quiso construir su vida como una extraña novela gótica, en la que el protagonista fuese una sugeridora encarnación de El Maligno al modo romántico: primero le plus beaux des anges, y, al final, un melancólico y viejo caballero que distrae su añoranza sin nombre galopando por los húmedos bosques de Inglaterra…
Conociendo lo que Beckford fue (es decir, no sólo al escritor raro, sino también al raro personaje), se tiene la sensación embriagadora que siempre produce palpar individualidad, tocar a un ser que quiso ser él por encima de tabúes y circunstancias. Tal vez no otra cosa sea –después de tantas exégesis- el superhombre nietzscheano; sencillamente un hombre, o sea, un ser individual.
Y así, el dandismo de Beckford nos alcanza más, porque no se limita, como el de Brummell –tan admirable, por otro lado-, a la rigurosa puesta en práctica de una teoría, sino que es la realización de una personalidad y de una cosmovisión una y diversa. Ya que Beckford es, a la par, el vividor y el desterrado, aparente y extraña contradicción que, como veremos, se resuelve unitariamente en quien la acepta, y se acepta en ella...

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06 Ene 2010

Seductor, Actor

Escrito por: egomezdeleon el 06 Ene 2010 - URL Permanente

El Littré francés define “al seductor” como “aquél que seduce, que hace que el otro caiga en error o en falta”, como el corruptor. Para acabar confesando que “el espíritu seductor no es otro que el demonio. La seducción es diabólica. Entonces, ¿por qué esas evocaciones divinas? Es que el demonio es engañador, va “divinamente” disfrazado. Y, por si fuera poco, los disfraces del demonio son infinitos, y su actuación magistral. Si la seducción no es definible no es tanto por su carácter casi sagrado, por sus orígenes bíblicos, como por no ser visible. El seductor siempre está disfrazado, siempre está cambiando de máscara. Podemos hacer el retrato de un libertino del siglo XVIII. Pero, ¿cómo hacer el retrato de un seductor? El seductor es, pues, hábil, falso, mentiroso, y la seducción conlleva el movimiento ondulante de la serpiente (dejemos la parálisis extática para la seducción como resultado de la acción del seductor, es decir, para los efectos en el seducido), supone una...

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05 Ene 2010

Seductio

Escrito por: egomezdeleon el 05 Ene 2010 - URL Permanente

Mucho se ha dicho de la seducción. Desde el mito de Don Juan hasta las aproximaciones conceptuales del filósofo francés posmoderno Jean Baudrillard, todas las definiciones, todas las explicaciones han venido en ayuda del curioso de la seducción. Y, sin embargo, seguimos sin saber muy bien qué es la seducción, qué es un seductor (¿no es un machista lleno de cadenas de oro y con la camisa medio desabrochada?) y, lo que es más grave, si estamos viviendo una bonita historia de amor o, al contrario, estamos cayendo en las redes de un pérfido seductor. En el fondo, esa mala imagen del seductor es pura envidia. A todos nos encantaría ser seductores, sentirnos irresistibles, tener ese encanto que sólo los grandes magos de la seducción poseen. Pero no sabemos cómo, ni siquiera sabemos si eso es bueno o malo. Y lo peor es que los diccionarios, en este caso, no ayudan nada, o muy poco. Hasta su origen latino parece fruto de un mestizaje semántico. Encontramos el término subduco: “Hacer subir, arrastrar hacia arriba, retirar, sustraer, llevarse secretamente, desaparecer, hacer desaparecer.” Una parte de seducir quiere decir ya movimiento, movimiento ascendente, ascensional, divino; pero también secreto, secuestro, furtividad. Y también seduco: “llevar aparte, apartar, llamar a uno para hablarle confidencialmente” y seductio: “acción de llevar aparte, separación, éxtasis”. Parálisis extática, divina; pero también apartar, alejar, desviar del camino recto. Seducir es para la Real Academia “embargar o cautivar el ánimo”; como sinónimos de seductor tenemos: “cautivador, cautivante, engañador, sugestionador, engatusador, hechicero”. Activo y pasivo (habíamos visto movimiento y parálisis), seduce como sujeto de deseo, cautivador, o seduce como objeto de deseo, cautivante; contrario a la libertad, mentiroso pero mágico.

Entre lo divino y lo diabólico, ¿dónde está la seducción?... (sigue en El Dandy.net , pinchando aquí )

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El Dandy

Vivimos tiempos difíciles: el reino de la tristeza, de la uniformidad, de la lobreguez y de la fealdad. Estamos a comienzos de la primera mitad del siglo XXI; los entusiasmos y decepciones de los últimos decenios del siglo pasado son sustituidos por un periodo de ideales modestos pero eficientes, en el que dominan las sólidas virtudes burguesas y un capitalismo aparentemente triunfante. El Dandy, frente a la opresión del mercado y pensamiento único, la ampliación de las metrópolis transitadas por multitudes inmensas y anónimas, el surgimiento de nuevas clases entre cuyas necesidades urgentes no se encuentra sin duda la estética, ofendido por la forma de las nuevas máquinas que exhiben la pura funcionalidad de los nuevos materiales, siente amenazados sus propios ideales, considera enemigas las ideas pseudo-democráticas que se van abriendo paso gradualmente y decide ser "diferente".

Desde estas líneas propugno una auténtica religión estética y, bajo la vieja pero no caduca consigna del arte por el arte, demostraré la idea de que la belleza es un valor superior que hay que materializar a toda costa. Hay que vivir la vida como una obra de arte. No ser un artista ni un filósofo que reflexiona sobre la belleza y el arte.

Manifestar el amor a la belleza y a la excepcionalidad en los hábitos y en el vestir. Una elegancia que se identifica con la simplicidad (llevada hasta la extravagancia), unida al gusto por la frase desconcertante y el gesto provocador. Ejemplo sublime de hastío aristocrático y de desprecio por la opinión común, se cuenta que en cierta ocasión lord Brummel cabalgaba con su mayordomo por una colina y, viendo desde lo alto dos lagos, preguntó a su sirviente: "¿Cuál de los dos prefiero?"

Para un mayor acercamiento a mi mundo, recomiendo visitar www.eldandy.net

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