09 Jul 2012
Delenda est Monarchia
"El Estado tradicional, es decir, la Monarquía, se ha ido formando un surtido de ideas sobre el modo de ser de los españoles. Piensa, por ejemplo, que moralmente pertenecen a la familia de los óvidos, que en política son gente mansurrona y lanar, que lo aguantan y lo sufren todo sin rechistar, que no tienen sentido de los deberes civiles, que son informales, que a las cuestiones de derecho y, en general, públicas, presentan una epidermis córnea. Como mi única misión en esta vida es decir lo que creo verdad, -y, por supuesto, desdecirme tan pronto como alguien me demuestre que padecía equivocación-, no puedo ocultar que esas ideas sociológicas sobre el español tenidas por su Estado son, en dosis considerable, ciertas. Bien está, pues, que la Monarquía piense eso, que lo sepa y cuente con ello; pero es intolerable que se prevalga de ello. Cuanta mayor verdad sean, razón de más para que la Monarquía, responsable ante el Altísimo de nuestros últimos destinos históricos, se hubiese extenuado, hora por hora, en corregir tales defectos, excitando la vitalidad política persiguiendo cuanto fomentase su modorra moral y su propensión lanuda. No obstante, ha hecho todo lo contrario. Desde Sagunto, la Monarquía no ha hecho más que especular sobre los vicios españoles, y su política ha consistido en aprovecharlos para su exclusiva comodidad. La frase que en los edificios del Estado español se ha repetido más veces es ésta: "¡En España no pasa nada!" La cosa es repugnante, repugnante como para vomitar entera la historia española de los últimos sesenta años; pero nadie honradamente podrá negar que la frecuencia de esta frase es un hecho. (...)
(...) Y como es irremediablemente un error, somos nosotros, y no el Régimen mismo; nosotros gente de la calle, de tres al cuarto y nada revolucionarios, quienes tenemos que decir a nuestros conciudadanos: ¡Españoles, vuestro Estado no existe! ¡Reconstruidlo!"
Este párrafo fue publicado en el diario El Sol el 15 de noviembre de 1930. Su autor, Ortega y Gasset. El título, "El error Berenguer".
Su validez y su actualidad... TODA
08 Jul 2012
Teoría y Práctica del Colectivismo Oligárquico, de Emmanuel Goldstein
"Doblepensar significa el poder, la facultad de sostener dos opiniones contradictorias simultáneamente, dos creencias contrarias albergadas a la vez en la mente. El intelectual del Partido sabe en qué dirección han de ser alterados sus recuerdos; por tanto, sabe que está trucando la realidad; pero al mismo tiempo se satisface a sí mismo por medio del ejercicio del doblepensar en el sentido de que la realidad no queda violada. Este proceso ha de ser consciente, pues, si no, no se verificaría con la suficiente precisión, pero también tiene que ser inconsciente para que no deje un sentimiento de falsedad y, por tanto, de culpabilidad. El doblepensar está arraigado en el corazón mismo del Ingsoc, ya que el acto esencial del Partido es el empleo del engaño consciente, conservando a la vez la firmeza de propósito que caracteriza a la auténtica honradez. Decir mentiras a la vez que se cree sinceramente en ellas, olvidar todo hecho que no convenga recordar, y luego, cuando vuelva a ser necesario, sacarlo del olvido sólo por el tiempo que convenga, negar la existencia de la realidad objetiva sin dejar por un momento de saber que existe esa realidad que se niega... todo esto es indispensable. Incluso para usar la palabra doblepensares preciso emplear el doblepensar. Porque para usar la palabra se admite que se están haciendo trampas con la realidad. Mediante un nuevo acto de doblepensar se borra este conocimiento; y así indefinidamente, manteniéndose la mentira siempre unos pasos delante de la verdad. En definitiva, gracias al doblepensar ha sido capaz el Partido -y seguirá siéndolo durante miles de años- de parar el curso de la Historia".
Sé que puede parecer extraido del programa de la FAES, pero lo escribió Orwell (1984). ¿Supera la realidad a la ficción o es a la inversa?
25 Mar 2012
¿Hasta cuándo vamos a esperar?
24 Mar 2012
Informativos Deformativos
Sobre la reforma laboral de Rajoy y los Campos de Concentración (2ª parte)
Pero detrás de todo esto no puede haber más que una intención oculta. Ustedes saben que privando a la masa trabajadora de medios decentes de vida y de supervivencia, privándola de una educación de calidad, atiborrándola de televisión basura para anular el pensamiento crítico, fomentando la obligación de comprar, consumir, satisfacer sus impuestos, pagar, generar en fin la dependencia física y psíquica de su sistema; incluso, rizando el rizo, extendiendo el temor a ser excluido, hacer sentir a los (por el momento) privilegiados que su suerte puede acabar, que pueden perder su estatus (miedo por su salud, su jubilación, su futuro). Así, crean más rebaño, más gregarismo.
Un caldo de cultivo propicio donde, en el momento más preciso, eclosione con más fuerza y virulencia un fascismo de nuevo cuño. Formado y nutrido por amantes de sensaciones totalitarias de todo tipo. Este debe ser su objetivo, señores del PP. Un ejército de descerebrados que actúen bajo el mandato del capital, del que ustedes no son sino meras marionetas abducidas y convencidas. De ahí a elegir y señalar como objetivo a todo aquello que les pueda resultar molesto por obstaculizar sus fines (homosexuales, intelectuales, disidentes, revolucionarios,...) y volver a crear un 10 de noviembre de 1938, un amanecer negro tras una nueva "Kristallnacht", sólo hay un paso. Y ustedes están corriendo hacia él. Decidida. Ciega. Locamente.
Yo termino aquí. Dejo paso (sin su permiso) a Javier Marías. Hasta la próxima, que será muy pronto...
"[Mariano Rajoy] siempre me ha parecido un cabeza hueca. Un hombre sin ideas y desde luego sin ímpetu, sin capacidad para entusiasmar a la gente, ni siquiera para crearle ilusión y esperanza. Esto no quita para que, consciente de sus limitaciones, pueda poseer cierta astucia. La astucia clásica de las personas sin ideas consiste en hacerse la esfinge: permanecen calladas mientras los demás parlotean, se muestran enigmáticas e inescrutables, consiguen que los otros se mantengan a la expectativa de sus escasos pronunciamientos, a los que se acaba por dar valor sólo por eso, por su escasez. Siento decirlo -y con ello no insinúo en modo alguno que la política de Rajoy vaya a tener nada que ver con la de un dictador-, pero la actitud que hasta ahora está adoptando me recuerda, de lo que yo he conocido, más a la de Franco que a la de ningún otro gobernante posterior. Los jóvenes lo ignoran y los maduros lo van olvidando, pero aquel aciago individuo era así: hermético, imperturbable, cazurro, frío, taimado. Sólo hablaba en discursos memorizados, rutinarios, hueros. Lanzaba a sus ministros por delante, los hacía quemarse, los nombraba o destituía sin dignarse comunicárselo. Y, por supuesto, jamás se rebajaba a dar explicaciones a nadie, y menos que a nadie a la prensa y a los ciudadanos, que eran meros sojuzgados. Rajoy -quién si no- ha tomado ya unas cuantas medidas duras y ha incumplido no pocas de las promesas de su larguísima campaña electoral. Él, sin embargo, anda desaparecido, no ha dicho "esta boca es mía" y se lo ha dejado todo a sus subordinados, como si nada fuera con él..."
21 Mar 2012
Sobre la reforma laboral de Rajoy y los Campos de Concentración (1ª parte)
Es habitual que toda política proponga un "arte" de someter al individuo y degradarlo hasta convertirlo en sujeto haciéndole perder su naturaleza, su fuerza y su potencia. Es necesario destruir al individuo, reciclarlo, integrarlo en una comunidad. Así, reducido a la mínima expresión, la comunidad aparece ante él como salvadora, como dadora de sentido. Por tanto, entra en ella el sujeto contrayendo una deuda desde el inicio de su relación. Perverso inicio. Aquello que te reduce hasta casi la destrucción te da lo que previamente te ha quitado a cambio de tu entrega total. Así, la sociedad que ha usurpado tu individualidad la hace suya. Lo mismo hace con las individualidades de todos los demás. Y con la suma de todas genera una unidad que reivindica constantemente. De esta forma, los que conseguimos despertar del sueño hipnótico en el que estamos sumidos y reclamamos nuestra individualidad, los que pedimos a la sociedad que nos la devuelva, nos convertimos en enemigos a batir, pues atentamos contra la unidad sacrosanta del grupo.
A lo largo de la Historia todas las políticas han perseguido este mismo fin: convertir al individuo en un sujeto. Hacerle valer casi cero. Reducirle. Una vez conseguido, hay que crear paradigmas. Héroes. Figuras emblemáticas que resuman y representen los universales que hacen diferente el corpus social que habitan de los otros corpus que los rodean. Figuras que otorgan el elemento diferencial. Mitologías que dan lustre a la sociedad y que alumbran auxiliares a su servicio, en forma de Sacerdotes, Ministros, Militantes, Directores, Empresarios,...
División artificial en clases una vez conseguida la uniformidad. Triunfo de la ideología de la división que supone y presagia la ausencia de unidad y homogeneidad en la especie humana. De ahí la creación de barreras infranqueables de entrada y de salida entre clases. Sumisión a tu categoría para toda la eternidad. Proletario o capitalista. Y en medio, algo con que graduar la jerarquía: homosexual, masón, laico, opositor, resistente, comunista, libertario,...
Y luego están los vigilantes, la jerarquía intermedia entre la masa y la élite. Como modo único de relación entre ellos, el sometimiento, la sumisión, Darwin. El más fuerte somete al débil. El más astuto, el más bribón, el más hipócrita, pone al otro de rodillas. A sus pies.
Para conseguir estos fines, señores dirigentes de la cosa laboral de este gobierno del PP, el mejor medio (la historia dice lo contrario, pero ustedes, analfabetos proteicos, van a repetir los errores) es envilecer, humillar, transformar, marcar y producir una diferencia, animalizar. Y encuentro poca diferencia entre el escenario que su nueva ley crea y un campo de concentración (entiendo, actualmente, como tal, cualquier espacio consagrado al dolor: fábricas, empresas y otros lugares organizados y gestionados por el capitalismo).
Si el campo de concentración es la expresión máxima de lo político legitimando la sumisión de una categoría de hombres a otra, es decir, de la creación de nuevos señores y nuevos esclavos, con su nuevo reglamento laboral, señores del PP, marionetas del capital, ustedes han dado carta de libertad a la nueva generación de campos de concentración.
A partir de ayer pobres, parados y proletarios nos asemejamos más y más al deportado en la privación, la miseria y la ausencia de futuro. Estamos condenados a la repetición sin fin de las pautas que marcan el empleo del tiempo durante toda la jornada: levantarse, trabajar, sufrir, padecer, someterse a los ritmos y las cadencias impuestos por otros, comidas miserables, salud precaria, esperanzas prohibidas.
Los derechos, para los señores. Los deberes, para los esclavos. Inimaginable la posibilidad de invertir los papeles o de reducir la condena. Pero yo quiero advertirles, queridos y rancios próceres. Quiero avisarles... un derecho natural nominalista y libertario, hedonista, afirma la posibilidad para todo individuo de hacer todo lo necesario para vivir y, consecuentemente, para sobrevivir cuando estos dos objetivos le son denegados por la sociedad. Es la sociedad por tanto la responsable de evitar que, en virtud de ese principio, un individuo cualquiera se vea arrastrado a buscar soluciones extremas. (continuará)
10 Ene 2010
Lord Byron
George Gordon Byron, más tarde sexto lord de ese nombre, nació el 22 de enero de 1788. Su infancia está sacudida por extrañas tensiones. Huérfano de un padre a quien apenas conoce, vive una existencia sobria –casi pobre- con una madre recatada, parca y demasiado vulgar para un hijo que se sabe poco a poco diferente. Presencia los plebeyos desafueros eróticos de su criada y, además, el niño Byron cojea. Un pie ligeramente deforme, defecto de parto, se cree, por excesivo pudor de la madre; Byron intentará superar siempre –él que creyó en ideales helénicos de Adonis y Ares- aquella mácula, aquel pie que se arrastra.
En 1798, hereda el título de Lord (a la muerte de su viejo abuelo) y va a tomar posesión del hogar solariego de Newstead Abbey. Aquel antiguo convento medieval ha sido –sabe ya- el salón aúreo de los Byron. Marco de aristócratas derrochadores, amantes de la pendencia y del fasto. Pero él lleva ya tras de sí –y no estoy invocando como panacea al psicoanálisis- la infancia dura y la madre impropia. Caso semejante al de Baudelaire, quizás al de Rimbaud o al de Verlaine con su esposa.
En 1801, Byron ingresa en Harrow. Participa en las peleas escolares y pretende arrogarse el papel del héroe solitario que sale en defensa (seguro de perder) de un muchachito al que los demás pegan. Causas perdidas y afán de ser mirado son –sabemos- actitudes de Dandy. Uno de los semas de este mito que empieza...
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08 Ene 2010
Beau Satán
Se tiene la tentación, al pensar en William Beckford, de agregar de inmediato un sobrenombre: El afortunado. Y ello, no por lo que se creería a simple vista (porque fue inmensamente rico y noble, y supo gastar esa riqueza), sino porque pudo y quiso construir su vida como una extraña novela gótica, en la que el protagonista fuese una sugeridora encarnación de El Maligno al modo romántico: primero le plus beaux des anges, y, al final, un melancólico y viejo caballero que distrae su añoranza sin nombre galopando por los húmedos bosques de Inglaterra…
Conociendo lo que Beckford fue (es decir, no sólo al escritor raro, sino también al raro personaje), se tiene la sensación embriagadora que siempre produce palpar individualidad, tocar a un ser que quiso ser él por encima de tabúes y circunstancias. Tal vez no otra cosa sea –después de tantas exégesis- el superhombre nietzscheano; sencillamente un hombre, o sea, un ser individual. Y así, el dandismo de Beckford nos alcanza más, porque no se limita, como el de Brummell –tan admirable, por otro lado-, a la rigurosa puesta en práctica de una teoría, sino que es la realización de una personalidad y de una cosmovisión una y diversa. Ya que Beckford es, a la par, el vividor y el desterrado, aparente y extraña contradicción que, como veremos, se resuelve unitariamente en quien la acepta, y se acepta en ella...
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06 Ene 2010
Seductor, Actor

El Littré francés define “al seductor” como “aquél que seduce, que hace que el otro caiga en error o en falta”, como el corruptor. Para acabar confesando que “el espíritu seductor no es otro que el demonio. La seducción es diabólica. Entonces, ¿por qué esas evocaciones divinas? Es que el demonio es engañador, va “divinamente” disfrazado. Y, por si fuera poco, los disfraces del demonio son infinitos, y su actuación magistral. Si la seducción no es definible no es tanto por su carácter casi sagrado, por sus orígenes bíblicos, como por no ser visible. El seductor siempre está disfrazado, siempre está cambiando de máscara. Podemos hacer el retrato de un libertino del siglo XVIII. Pero, ¿cómo hacer el retrato de un seductor? El seductor es, pues, hábil, falso, mentiroso, y la seducción conlleva el movimiento ondulante de la serpiente (dejemos la parálisis extática para la seducción como resultado de la acción del seductor, es decir, para los efectos en el seducido), supone una...
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05 Ene 2010
Seductio



Mucho se ha dicho de la seducción. Desde el mito de Don Juan hasta las aproximaciones conceptuales del filósofo francés posmoderno Jean Baudrillard, todas las definiciones, todas las explicaciones han venido en ayuda del curioso de la seducción. Y, sin embargo, seguimos sin saber muy bien qué es la seducción, qué es un seductor (¿no es un machista lleno de cadenas de oro y con la camisa medio desabrochada?) y, lo que es más grave, si estamos viviendo una bonita historia de amor o, al contrario, estamos cayendo en las redes de un pérfido seductor. En el fondo, esa mala imagen del seductor es pura envidia. A todos nos encantaría ser seductores, sentirnos irresistibles, tener ese encanto que sólo los grandes magos de la seducción poseen. Pero no sabemos cómo, ni siquiera sabemos si eso es bueno o malo. Y lo peor es que los diccionarios, en este caso, no ayudan nada, o muy poco. Hasta su origen latino parece fruto de un mestizaje semántico. Encontramos el término subduco: “Hacer subir, arrastrar hacia arriba, retirar, sustraer, llevarse secretamente, desaparecer, hacer desaparecer.” Una parte de seducir quiere decir ya movimiento, movimiento ascendente, ascensional, divino; pero también secreto, secuestro, furtividad. Y también seduco: “llevar aparte, apartar, llamar a uno para hablarle confidencialmente” y seductio: “acción de llevar aparte, separación, éxtasis”. Parálisis extática, divina; pero también apartar, alejar, desviar del camino recto. Seducir es para la Real Academia “embargar o cautivar el ánimo”; como sinónimos de seductor tenemos: “cautivador, cautivante, engañador, sugestionador, engatusador, hechicero”. Activo y pasivo (habíamos visto movimiento y parálisis), seduce como sujeto de deseo, cautivador, o seduce como objeto de deseo, cautivante; contrario a la libertad, mentiroso pero mágico.
Entre lo divino y lo diabólico, ¿dónde está la seducción?... (sigue en El Dandy.net , pinchando aquí )
Sobre este blog
El Dandy
egomezdeleonVivimos tiempos difíciles: el reino de la tristeza, de la uniformidad, de la lobreguez y de la fealdad. Estamos a comienzos de la primera mitad del siglo XXI; los entusiasmos y decepciones de los últimos decenios del siglo pasado son sustituidos por un periodo de ideales modestos pero eficientes, en el que dominan las sólidas virtudes burguesas y un capitalismo aparentemente triunfante. El Dandy, frente a la opresión del mercado y pensamiento único, la ampliación de las metrópolis transitadas por multitudes inmensas y anónimas, el surgimiento de nuevas clases entre cuyas necesidades urgentes no se encuentra sin duda la estética, ofendido por la forma de las nuevas máquinas que exhiben la pura funcionalidad de los nuevos materiales, siente amenazados sus propios ideales, considera enemigas las ideas pseudo-democráticas que se van abriendo paso gradualmente y decide ser "diferente".
Desde estas líneas propugno una auténtica religión estética y, bajo la vieja pero no caduca consigna del arte por el arte, demostraré la idea de que la belleza es un valor superior que hay que materializar a toda costa. Hay que vivir la vida como una obra de arte. No ser un artista ni un filósofo que reflexiona sobre la belleza y el arte.
Manifestar el amor a la belleza y a la excepcionalidad en los hábitos y en el vestir. Una elegancia que se identifica con la simplicidad (llevada hasta la extravagancia), unida al gusto por la frase desconcertante y el gesto provocador. Ejemplo sublime de hastío aristocrático y de desprecio por la opinión común, se cuenta que en cierta ocasión lord Brummel cabalgaba con su mayordomo por una colina y, viendo desde lo alto dos lagos, preguntó a su sirviente: "¿Cuál de los dos prefiero?"
Para un mayor acercamiento a mi mundo, recomiendo visitar www.eldandy.net
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