09 Oct 2008
- LIX -
La avaricia y la lujuria. Auguste Rodin. Don Leovigildo, ya mayor, todavía fuerte aunque un poco gordo y orgulloso de conservar a su edad todo su pelo, se encontraba en su cubículo como todos los viernes desde hacía incontables años, pero esta vez y contra su costumbre no había dormido muy bien. No, no se aburría de esa rutina porque desde hacía décadas buscaba la chispa que se escondía tras las repetidas palabras que oía cada siete días: ese matiz de la voz que hablaba de orgullo, vergüenza, decisión, duda, ignorancia, timidez o confusión. Siete categorías que tenía apuntadas en unos cuadernos que conservaba en su cuarto, que actualizaba cada sábado con las experiencias del viernes y que le servían para hablar sobre lo divino y lo humano en las tertulias de los jueves. El caso es que ese viernes Don Leovigildo, un poco soñoliento, ya llevaba escuchado cómo un joven tímido se masturbaba cada vez que volvía a casa de estar con su novia, cómo una chica dubitativa sentía una afición por la comida que no podía controlar, cómo una señora orgullosa deseaba la muerte de su tía para heredar su piso, cómo un hombre un tanto bruto se negaba a hacer las tareas que su casa le requería para no caérsele encima, cómo un padre confundido por la adolescencia de su hijo cada día tenía más ganas de darle un tortazo, cómo una anciana describía a media voz los aberrantes sentimientos que le producía comprobar cada día lo hermosas que tenía sus macetas la vecina mientras a ella no dejaban de ponérsele siempre mustias. Y acababa de comenzar a escuchar el que prometía ser un aburrido discurso de una mujer muy arreglada cuando sintió una tremenda náusea seguida de un mareo incontrolable. Bajó la cabeza y vio una sustancia densa, negra, que se iba extendíendo a sus pies y que parecía elevarlo poco a poco mientras cambiaba de color hasta ponerse al rojo vivo. Preocupado, levantó la mirada y pudo ver que se encontraba en lo alto de un monte rodeado de enormes figuras a las que reconoció de inmediato y que le hicieron sentir, como jirones de luz asomándose entre las cortinas de su temor, joven de nuevo, como cuando las virtudes y tareas del héroe pesaban más en su corazón que la culpa y el arrepentimiento del pecado. Sus fieras miradas y sus fuertes manos parecían acusarle de la marcha del mundo, de la inútil culpabilidad de los humanos. Entre todas ellas reconoció claramente a Teseo y Hércules, a Odiseo y Aquiles, a Gilgamesh e incluso al Rey Mono. Su fuerte y serena presencia le obligó a mirar hacia abajo. Vislumbró entonces el mundo entero a sus pies pero con una visión diferente, una visión que le proporcionaba todos sus detalles. Era un mundo muy parecido al que conocía aunque con sutiles diferencias que lo hacían más amable y vivible: era una tierra un poco más verde, había más cantidad de bosques y animales y las aguas parecían más limpias; las ciudades eran más pequeñas y los rascacielos no eran tan altos ni los basureros tan amplios, los barrios que les proporcionaban sus límites eran menos miserables; se notaba por las calles y los caminos del mundo que la hipocresía tenía menos peso del que él conocía bien. Incluso pudo ver que en algunos sitios había pequeñas guerras, muy localizadas y bastante más incruentas que las que él había conocido a lo largo de su vida. Además había algo que le llamó poderosamente la atención: en todos los lugares donde él sabía que había una iglesia, en su barrio, en los antiguos centros de las ciudades, incluso en el pueblo en que había nacido, se levantaba ahora una construcción muy diferente que sólo recordaba a las que él conocía por su campanario; en su interior se reunían jóvenes y viejos, mujeres, hombres y niños unidos por rituales desconocidos para debatir cómo solventar los grandes y pequeños problemas de la vida. Mientras se apoderaba de él la sensación de que empezaba a comprender, las figuras que lo rodeaban le devolvieron al mundo cargado con el peso del número que había provocado esta visión(1). - Padre, padre. ¿Me va a poner tres rosarios de penitencia como la semana pasada? - No, hija –contestó Don Leovigildo a la mujer arreglada mientras intentaba hacer la señal de la cruz sin conseguirlo– me vas a hacer los resúmenes de tres diálogos de Platón y me los traes la semana que viene. (1): el número con el que tuvo que cargar Don Leovigildo era el 666.666.666.666.666.666, representaba el orden numérico que ocupaba el pecado confeso, entre todos los habidos hasta ese momento, que estaba relatando la mujer en el momento de la visión. Este relato forma parte del “club de los jueves”, los demás amigos participantes son: Crguarddon, Crariza, Un español más, Sr. Capullo, Janpuerta, Reichel, Escoces, karmen-jt, Cástor Olcoz, Rosamajicor, f-menorca, Bloody, Blackdragon., Bandama4 y Psiquiatradefamilia. Os invito a que los visiteis. El tema es pecados capitales.
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19 comentarios · Escribe aquí tu comentario
Bloody dijo
Creo que voy a venir a pedirte consejo la próxima vez que tengamos que ponerle un castigo a Paula...
Me ha gustado un montón!
Besos.
lola75 dijo
la hipocresia que hay detrás de los llamados "pecados" y el afan de búsqueda de fórmulas inveósímiles para amortiguar las propias conciencias...
cuando se entra aquí, a mi siempre me viene la palabra genialidad a la mente...Eres increible amigo Alfonso...!!cuanto sabes..!!
un beso
isaperezdelpulgar dijo
Para mí ha sido un final con sorpresa, no me esperaba al cura dentro del "cubículo- confesionario".
Me ha divertido...............
Un beso
Juanjo Albors, arquitecto de cabecera dijo
Mientras leía tu escrito he tenido una visión que iba haciéndose más real por momentos: Don Leovigildo, arropado por una manta que le acompañaba y le calentaba sus últimos días, había llegado a ese cielo imaginario con el que seguro aspiraba llegar.
Tras el final, he descubierto que la narración de los pecados puede conseguir lo que la música holofónica.
Lástima que ese estado ya no podrá ser disfrutado por tu protagonista pues semejantes penitencias alejarán definitivamente de su cubículo a personas que se regodean en la culpabilidad, es decir a todos los confesantes.
karmen-jt dijo
Como siempre que nos deleitas con relatos largos, éste es una maravila. Me ha encantado tu cura atormentado, y la original penitencia que impone a la señora. Un saludo.
Cástor Olcoz dijo
No comprendo -nunca lo había pensado antes de
proponérsenos como tema de relato los pecados
capitales-, por qué razón la lista oficial sólo incluye
siete. Creo que falta uno esencial: la mentira; en
todos sus grados y formas. Ni siquiera la clientela
de Don Leovigildo parece dar importancia a ese
pecado provincial,
Milano dijo
Si lo miramos un momento, Alfonso, el que inventó la confesión con un clérigo, y obligó al pesonal a confesar sus secretos a cambio de la salvación eterna, es un campeón. ¡Menuda herramienta de poder y sumisión han usado desde entonces! ES INAUDITO. ¿Cómo es posible que no se les caiga la cara de vergüenza?
Buen relato, Alfonso. Yo alucino con vuestra imaginación.
Psiqui dijo
Don Leovigildo peca de ingenuidad!!!
Pero ese no es un pecado capital, ni siquiera venial...
Ni provincial...
Ni de pueblo...
aldea...
clan...
...
Declarado Demente dijo
He leído varias veces tu relato ... en diferentes momentos.. y siento mucho decirte que no me gusta. Quizá no debería decirtelo.. pero bueno, tampoco se deben hacer comentarios de incienso..
No creo que un relato deba ser explicado en una nota a pie de página ( o como se llame la llamada esa en una página web)... No entiendo la visión de Leovigildo.. Pero bueno... Una vez que le de a "Enviar" .. Sé que pensaré que no era necesario hacer este comentario. Un saludo, DD
f-menorca dijo
Alfonso, lo leido necesita consultar con la almohada, mañana te comento.
crguarddon dijo
A mi me parece un relato muy trabajado, ingenioso e imaginativo, impecable en la forma y con una penitencia sorprendente, muy tuya. El contenido choca un poco, pero es un sueño, y los sueños, sueños son. Un beso.
Daniel MacGill dijo
Tomaaaaaaaaaaaaaa!!!! Si don Leovigildo hubiese tenido algo de ritmo, se hubiese marcado un breakdance dentro del confesionario al terminar. Claro que si todos los católicos del mundo tuviesen que leer filosofía... igual más de uno acababa en el paro, no???
Interesantísimo personaje, Alfonso. Deberías prodigarte más en el relato... por nuestro bien (es que el egoísmo no es un pecado capital, o al menos no todavía...). Un abrazo.
crguarddon dijo
¡¡¡Muchísimas felicidades Alfonso!!! Siento llegar 23' minutos tarde, recordaba tu cumpleaños porque el día 11, o sea ya, es el cumpleaños de mi hijo. Ojalá hayas tenido un bonito día.
Muchos besos, tantos como años hayas cumplido.
lola75 dijo
alfonso, !!!!!!!!!!, FELIZ CUMPLEAÑOS!!!!!!!!, ..me voy a pelear con Carmen por no avisar...bueno , .con retraso...también sirve...
besos amigos..y que vengan muchos más...
El año que viene seguro que nos acordamos ...pues tendremos que recordar el atraco a la libertad de expresión en la comunidad...
Ilona Gogh dijo
Amigo Alfonso.......
¡Muchos besos Elefante!
¡Felíz Aniversario......que cumplas muchos más!
Ahora con mcho egoismo te diré, que de esa manera podremos seguir disfrutando
de tus post..., lo mismo acá que en tus fotografías
En cuanto a tu relato, me ha gustado mucho. Creo que "penitencias " así serían mucho más
instructivas que absolver las culpas con tres rosarios!
Don Leovigildo tuvo un sueño en medio del aburrimiento de escuchar tantas veces confesando
las mismas culpas una y otra vez...sin cambios sustanciales! Un sueño que podría ser sueño
de más de uno...
Abrazos y Felíz Finde!
Declarado Demente dijo
Feliz Cumpleaños!! Saludos
Rosa Niña Guerrera dijo
Aunque de madrugada para ti y ya fuera de tiempo, el sentimiento de amistad y buenos deseos no llegan tarde, pues bien sabes cuanto te aprecio. Salud y larga vida querido Alfonso, y que te sigas viendo tan guapo como... en esa pintura que ya aguarda por ti, o que te entregaré en mano propia llegado el momento.
Te mando 15 besos en una tarta envinada con frutas secas, cubierta con chocolate y 15 aforismos de los que aquí más han gustado.
Te quiero amigo, felicidad para ti y los tuyos.
Con gran cariño de tu amiga:
Rosa Matilde.
P.d. Gracias por este relato que nos has dejado de obsequio. Me gusto!!!
un-espanol-mas dijo
Lo primero, se te da muy bien el relato en estas dimensiones, me uno a Danny. Buen protagonista y buena vision en esta historia y hasta documentada... Lo segundo, Felicidades, me uno al resto. Un abrazo compañero...
helena dijo
Felicidades Alfonso, por el cumpleaños y por el relato.
Excepcional como siempre e invitando a reflexionar.
Un beso.
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