26 Jun 2008

Posible nota del Editor

Escrito por: luis-miguel-rabanal el 26 Jun 2008 - URL Permanente

Dadas las características técnicas de los manuscritos que en su momento nos fueron presentados: enmiendas y tachones en cada carilla, manchas de embutido y demás sustancias peligrosas, caligrafía difícilmente inteligible en unas cuantas tonalidades y tamaños, o lo que es lo mismo, un enredo fascinante, hemos acordado en aras de una más amplia comprensión de los textos obrar por nuestra cuenta en no contadas ocasiones tal como a renglón seguido se especifica.

- Por aproximación calculada, canjear las palabras y frases retorcidas de la totalidad del documento por algunas que deducimos similares.
- Eliminación de toda clase de jergas prostibularias que atiborran y saturan el original, igual que se desechan las descripciones notablemente obscenas y determinados hábitos sexuales de J.L.C. y de sus íntimos.
- Mención extraordinaria merece la legión de iniciales que pulula por la obra. Aspiramos con ello a ocultar la identidad de las personas distinguidas que, vivas aún, pudieran sentirse molestas al verse reflejadas. También la de las poblaciones que mantienen procesos abiertos contra elementos perdularios que aquí se relacionan...

El resultado ha de ser no tanto un sacrificio a la literalidad textual cuanto una más accesible proximidad a la literatura. Eso que designamos, a veces con desdén, literatura, sin mayores derroteros.

En lo concerniente al título, para concluir, exponer que una vez consultada la terna de candidatos, "El torpe, la madame, el onanista", "Seminarios" y "Elogio del proxeneta", se decidió por sorteo simple entre los miembros del equipo la utilización editorial de este último. Misterios, como se ve, los justos.

23 Jun 2008

A manera de prólogo fallido

Escrito por: luis-miguel-rabanal el 23 Jun 2008 - URL Permanente

Poco antes del fallecimiento de J.L.C., reconocida personalidad y merodeador en las múltiples actividades de la noche, se me hizo entrega por parte de una buena amiga de varios cuadernos negros con anotaciones, acaso demasiado parciales y emotivas, merecedoras de algo más hermoso y digno que su permanencia insalvable en la caja de cartón de la sala de estar donde este ser, nada convencional, por cierto, se dejaba consumir la vida en los años terminales de su enfermedad.

Su escritura se reveló desde un principio curiosa y discordante, es decir, no apostaba precisamente por un J. reservado, distanciado con los hechos y las emociones hasta el punto de esbozar en un papel la demasía de su adversidad, los vaivenes de su profesión así como los de ese amor inaudito que le calientan tan bien la boca... como a cualquier muchacho.

Pero no, no es un muchacho quien escribe estos cuadernos, al menos no es su edad ni su experiencia la de un muchacho encantador que desgrana líneas como si se tratase de un canto esclerotizado, necio. En las siguientes páginas un individuo, ya fatalmente aniquilado, se cuenta a sí mismo trozos desperdigados de memoria, una memoria intratable y mortecina que nos saca de quicio sacudiéndonos débil, despaciosamente.

A saber... Qué hace J.L.C., tan dado a convenir meretricios y refriegas, costes y cancelaciones desveladas, envuelto en su sufrida manta de Astorga, de condenado y viejo; qué pintan sus nostalgias y su insomnio turbio enmudeciéndonos al alimón con frases tiernas, irónicas, ásperas...

Yo creo en la sobriedad taciturna de este hombre y creo entender ahora muchísimas más cosas. Cosas, muy probablemente, que sin figurar en guión alguno, de improviso, como siempre acaece, las leemos con riesgo y tanta desproporción que hasta nos parecen mentira. Siquiera dos o tres gotas de mentira.

Horacio Estanislao Cluck
En la finca "Las Meanas", Verano de 1997 - Verano de 2008

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19 Jun 2008

25 de abril

Escrito por: luis-miguel-rabanal el 19 Jun 2008 - URL Permanente

Mañana estrenaré cuaderno porque transcribo las líneas finales, las que me ocasionan más quebranto abdominal. Cada uno que completo me provee de un tedio escrupuloso que rechazo. Es la vida que transcurre y culmina con atributos de vergüenza, labios amoratados y murga para la capitulación. A la memoria le sucederá el Sanatorio donde embeberse de presencias, sobre una nota en blanco se trocarán pronto en amago de ignominia. En una palabra, eclecticismo. Pero mientras se proclama y no se proclama el corolario, testimoniar que hoy vuelve la lluvia a concretar la perspectiva que me sobrevive, y la tos ferina, otro desaire personal con mi desánimo, y hay niños en el pasaje comercial que sollozan como una expiación que ya no sirve. Reaparecen la lluvia y la oscuridad a inundar las secreciones de mis ojos y presiento más mañanas y más noches de indeterminación: el pajarraco apenas ya si habla, es más que creíble que a causa del desprendimiento de retina o por fimosis, las cocotas prolongan su letargo a solas con sus orgasmos preteridos. Y yo, yo estoy magníficamente huérfano... Qué descorazonador es todo.

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15 Jun 2008

24 de abril

Escrito por: luis-miguel-rabanal el 15 Jun 2008 - URL Permanente

Espléndida la mañana, espléndido mi humor, espléndidos los ojos que me atisban cuando asiento los capítulos de precios sin la tortura de las onerosas fechas precedentes. Presuntuoso comprobar cómo, por desgracia, de la más horripilante negrura se deriva una fluorescencia que llamaríamos interminable por lo abstrusa y bien venida, o por lo borde, y cómo a traición nos sobrecoge blandamente el cerebelo. Dormí ceñido al vientre liso de Belar y por casualidad me encuentro con un ser privilegiado que no soy yo. O que sí soy yo, depende; quizá la polinización que me genera una alergia irrisoria y me ataca como a una becaria de Campo Nubes con la que me codeo, ese algodón que flota sin piedad ante el mirador y, al desbandarse, me obsequia horas, acaso todo un día, de plenitud, de desahogo. Belarmina trepó a mi mesa, me liberó de la boina y a horcajadas de mi cuello se le escapó musitar abuelito dime tú y chúpate eso. Como broche, me lavó en silencio entre los muslos, me mordió los labios, me la meneó con la exasperación de un demonio inconmovible y arrasado, pobló mi noche de esperanza en la Humanidad mediante argucias exquisitas. Reposamos como dos novios resentidos y gentiles. Ahora le agradezco desde aquí mi salvación y me confundo con los ruidos de la calle, tan distintos a los pestañeos silenciosos de la Sal, y me escondo releyendo esta voluminosa monografía dedicada al Bakunin presenil en la que me topo con soflamas en el margen que olvidé. A ver si así tiene sentido alimentar la vida, pegar saltos en la planta baja con las nenas al anochecer y detallarle al desamor que ese cuerpo que no nos relega a pesar del maltrato del dolor y de la angustia es acomodaticio...

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S.M. me llama por el walki. El pretexto, requerirme más perseverancia en el negocio ya que no ignora que los plazos últimos han concurrido erróneos, rezagados como tranvías en desuso sobre la vía muerta. Me conmina a cumplir con la responsabilidad juramentada de prodigar placer a los asiduos aun hallándome a la sazón gravísimo. Que no se me inmiscuya. Y que se instale en los tocadores del Averno, su club de segunda categoría o de tercera, a meterse con Marcia y Rodrigo, sus bellas guardaespaldas. No obstante, para esta noche se nos ha oficiado la visita de supervisión a nuestro gran burdel del señor Ministro sin Cartera. Charlotte deambula atareadísima permutando las alfombras iraníes, vaciando de colillas los ceniceros e introduciendo en la maquinita expendedora condones de frutas, de pinchos, de colores. Un personaje tarambana y depravado. Y sus propinas, por lo que ellas divulgan por la tarde, la mar de envidiadas. Se intuye la noche amable, jodedora...

12 Jun 2008

23 de abril

Escrito por: luis-miguel-rabanal el 12 Jun 2008 - URL Permanente

No soy capaz de acostumbrarme a aguantar acostado sabiendo como sé que la rúa está apacible y que la gente sospecha, por las pintas, que el perfume agobiante del calor será definitivo. Aunque establezca ordenar en perfecto estado de revista las cosas en mi mente, por escasos intervalos que asigne para pretender finiquitar este cuaderno, yo no me postraré lo mismo que un cadáver reciente en su esquina de detritus. Superado el miércoles, es como si tuviera contados los minutos para abandonar el paquebote. Para colmo el páncreas y la gota, sendos hervideros de aguijones, y Laura que insiste en sonsacarme por qué no se le empina a D. si ella lo prepara bien y se limita a ejercitar con él satisfacciones antiestéticas que con anterioridad sí que resultaban. Complejo reflexionar así, incómodo descuartizar el recuerdo con los párpados cerrados y sin la dosis palpándome los bronquios para socorrerme en lo de retocar iconografías, entresacar nombres propios del baúl o cruzar los dedos si, irrevocablemente, se nos ha ido a pique la ganancia. Alguna vez la derrota no tendría que ver con el cinismo, sino con la sinceridad inconsolable puesto que en la boutique del pan se nos machucó Betty con jarrones y desmayos. ¿Embarazada de Cluck? Sobre el alféizar emplazan coronas de azaleas y es la señal: se inclinan a sugerirme de esta guisa que me queda poco poco poco.

08 Jun 2008

22 de abril

Escrito por: luis-miguel-rabanal el 08 Jun 2008 - URL Permanente

A las diez y diez se me aparece de nuevo, con violenta pérdida de sangre por el recto, la Guaxa. ¿Qué le debo comunicar en tan propicia coyuntura? ¿Exponerle que es temprano aún y que allá penas la tristeza? ¿Explicarme con eficacia y hartarme de su enojo? ¿Calmante Vitaminado y limonada para dos? ¿Rascarme la masa testicular en su presencia y acompañarla amigablemente al ascensor, porque qué menos?

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Las chiquitas, desasosegadas, van y vienen por la Casa cansadas de soportar mis estertores. Eso es lo que las ingenuas creen. Acuden de lejos con compresas seminuevas, con toallas impregnadas de agua de colonia, con tambores y bandurrias de difunto; me traen grabados de fulanas selectas que por la gracia y la mediación de San Gervasio recuperaron en un periquete su inteligencia y su trémula virtud. No te harán daño, me contestan. No niego haber visto a Obdulina, infausta y perspicaz, insinuárseme con el vibrador de Laura en ristre desde la puerta corredera como sucediese en aquel Hotel Quijote, tan céntrico, tan pulcro, donde me recibió meado hasta las cejas... Qué se pensarán las infelices.

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Se declara mi cuerpo dominado por los hongos sin haber contribuido yo a las hostilidades. Picores por arriba y por abajo, llagas inútilmente secas vueltas a abrir como en un demenciado tiovivo, rozaduras en la ingle que me desapaciguan por la noche y me sumen en un conciliábulo de interjecciones sensibleras. Mi cuerpo podre solicita recambios. Inminentes. ¿Bastará con expresarlo sobre el papel y que el dislate se recree en el ámbito de la enfermedad y cese el tormento lo suficiente como para enterarme del brío con que Virginia se remueve en su colchón de agua con L.I. montado sobre ella, tan huidizo...? Una fantasía que incorporaba experimentales posturas amatorias: mujeres de pie que entreabren su vagina para que los pájaros aniden allí como en su casa, hombres sin piernas afanados en besar el sexo entornado, oloroso, de una liebre velada e inasible, excombatientes con labios purulentos de tanto mordisquear los pezones de la niña pelirroja que se oferta en la plaza del Espolón a cambio de cigarrillos mentolados, maestras de tai chi con divertículos en plena asana de la cobra. Por lo demás, exánime, voy a dejarme de gansadas y a ponerme de un momento a otro a devolver en el bañal.

05 Jun 2008

19 de abril

Escrito por: luis-miguel-rabanal el 05 Jun 2008 - URL Permanente

Sábado sin trascendencia, sin demasiados quehaceres, como no fuera evocar los sábados en que no eran frívolos ni la prosperidad ni el estar despiertos. Con tal de poder plantarme a esa hora de sol y enredaderas en un banco del Parque desde el que se perfila la sombra del hombre de provecta edad sentado y tosiendo como yo su malandanza, a esa hora en que salen muchachas del portal cargando con puñados de certezas y sonrisas, juegos de azar con traza de pecado y discos repetidos de Supertramp, pretendientes crecidísimos y amigas de una frescura impracticable... Pero no, no hay calles que recorrer desde este lado del olvido. Y entonces me apetece morirme y me tomo las cápsulas marrones, las que queman el estómago, y difundo gritos de salvaje y se me adormece la concupiscencia sin palabras. Será de noche cuando me atreva a subir al cuarto de Laura a depositar bajo su colcha de virgen insensible alguna ponzoña inofensiva que estalle en su garganta para exhortarla a soñar conmigo. O tal vez no, tal vez sea preferible conversar en serio con Virginia e intentar correrme cuanto antes después de noches de disfunción erótica y de caos. No es falacia que el anhelo, ese tren granate que a diario cruza ante mi puerta ya vacío, me confunde los nervios y me estraga la paciencia. Sin embargo me concentro en Dulce y en su entrega, en su ardor pegado con pesadumbre al deterioro bajo las sábanas estampadas que compartíamos en V. Ella discutía sin perder de vista en mis ojos el horizonte ambulante de mi niñez, me besaba compulsivamente la boca con la que maldije a los energúmenos de la patrulla militar, borrachos como cubas, con aquel brigada a la cabeza surgido de un volcán de porquería encargado de mostrarnos el tapial donde se le abatió sin contemplaciones. (Marcelo. Siempre los muertos picando con su manita descarnada al cristal de mi ventana). Que sí, que me amaba con cuerpo de mujer joven pero asimismo primitiva, poderosa como los turbones de marzo, asumiendo su singular descenso a los infiernos porque me adentraba en ella a raudales, como si fuera el fin. Y no faltó nada para serlo. Para que el corazón, que guarnece y desguarnece el desvarío en mi memoria de viejo gilipollas, se parase.

01 Jun 2008

17 de abril

Escrito por: luis-miguel-rabanal el 01 Jun 2008 - URL Permanente

Recuerda haber tomado un día en sus brazos al bebé de cuatro o cinco meses. Desde aquella ya no quiere hablar ni ver nada con su empresa de transportes en cisterna ni con sus frecuentes odios ni tampoco con el brillo recurrente y enigmático del tiempo. Recuerda exclusivamente la textura de su piel, su olor a nata fresca y a membrillos, su balbuceo perplejo como las abstracciones más graves. Desde aquella, ya digo, desde que no está, a nadie reconoce, a nadie le aplica un nombre imprescindible o melancólico, a nadie le transmite su trocito puro de la más pura de las ortodoxias. La astenia, la tribulación cotidiana del tipo de barriga prominente que se conformará hoy con llorar sobre mi hombro.

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Alguien se compromete a disimular sus habilidades en un Dietario cuyas hojas se le escatiman de sol a sol por arte de birlibirloque. Tal cual. La templanza es un lugar común y causa hipo imaginarse a las putillas ocupándose porque uno, en cueros todavía, derrocha soledad frente a su proceder de cretino y ni siquiera repara en la botella oscura y medio llena sobre el tapete rojo de las flores. La destrucción se le aferra al cuello herido de tantas y tan antiguas dentelladas y la noche, ese pistolero empujado a desenfundar su 45 que alborota porque en breve se va a arrepentir y ni caso al muy zafio, nos vuelve majaretas. Alguien pensará en su regreso a R. o, si no, en agonizar con zapatillas en la Habitación de los Extraños, la más seca y soleada, para librarse de las fuerzas que flaquean entre alardes de pundonor y con pitidos. Yo simplemente anoto en esta página imposible que todo se ha agotado, que el pasadizo se alarga sin aprietos ya que la vida nos modela a su imagen y la perversidad dura más si hay tiritonas y delirios y taxis asaltados en las aceras del Pez y aprendices de amante que instruyen a los desertores, si no les pellizcan sus venas, a escondidas. Eso era hermoso: ver cómo se desmorona el equilibrio mentiroso del dolor en la figura atada de Charlotte en tanto D. le azota tercamente ese glúteo arisco y navegable.

29 May 2008

15 de abril

Escrito por: luis-miguel-rabanal el 29 May 2008 - URL Permanente

No es igual morirse de asco que tener que levantarse, por mera obligación, para contemplar la insolente cara de las prójimas que tan simpáticas resultan al pegarnos con el palo. La hermana Beatriz, que se dirige a nosotros con afecto, se salva de la estupidez del grupo. Estamos hartos de ensuciar la ropa de noche con esperma de vejestorio, así como de que nos revisen con desfachatez el forro de los bolsillos por si ahí ocultamos las monedas hurtadas del tesoro. Porque recaudan sus buenos dividendos, no recuerdo bien la cantidad que nos sustraen de la cartilla. ¿Quién guardará a las guardesas, Juvenal, cuando no cante el cuco? Me acaba de ocurrir un accidente leve en la mano y no cesa de ................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................. ............ dudo que a M. se le arregle presentarse de estampida la próxima semana. Quizá me beneficie porque, como repiten hasta la saciedad los agoreros, sería más que interesante un reposo apretujado. Al paso que voy, siempre según ellos, cuando llegue, directamente encontrará mortajas sobre las butacas ociosas del Salón de Incurables. Y mancuernas.

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Bar-Elemig no lo conoció pero se habría ganado la ovación el encuentro en un bar de madrugada de los suyos, en Armunia, con Horacio. Tan templado uno y apabullante y ensordecedor aquel, uno con sus vasos de vodka manándole de las pupilas y él recitando poemas al fugaz y transitivo amor de Betty con aprensión, cautela. Y la farra consiguiente. El que copio, firmado durante un respiro de la amañada partida de ajedrez de los domingos, es su legado irrebatible y se intitula "Ofrenda a B.":

La luna se acerca a ver tu rostro enrojecido

por el deseo que grita elementos de un desastre

anunciado con júbilo, sí, pero sin pausas

verás cómo el amor se asemeja a esas aves

que esquivan el invierno y se esconden

en las gotas de la hierba para sentirse solas,

así en tu vulva coexisten la profusión y la lluvia

que en mi mano resbala paulatina si beso

en el centro de tu vida mi vida que has borrado.

26 May 2008

13 de abril

Escrito por: luis-miguel-rabanal el 26 May 2008 - URL Permanente

Una bruma atroz y atípica nos fuerza a no hacernos a la mar. Lo cual conlleva permanecer tumbados en nuestros lechos respectivos porque las señoras, con las neblinas y la intemperancia, se preocupan de ellas mismas con redoblado énfasis. Se miran las unas a las otras, se yerguen hasta las axilas su atavío de abadesas y vitorean al Altísimo, se impregnan la palma de sus manos de saliva, de mantequilla de la Central y de leches de varón para acariciarse con arrebatos de furia desalmada orificios y canales, se besan con la solicitud de las muchachas extraviadas en el bosque que han encontrado su flor y, al declinar la tarde, a su lobo y señor dispuesto a serenarlas con lindezas, se embrutecen literalmente con Calisay y vinos consagrados, menstrúan en la calle y, si nos pudiésemos asomar y distinguir el espectáculo, las veríamos gozar porque presagian sus adornos que descargará la lluvia, pródiga y meliflua... Por megafonía retumba y retumba La Traviata.

Sobre este blog

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Elogio del Proxeneta

Este que lo es nació en Riello (León) en 1957. Es poeta o algo parecido. Y tetrapléjico. Y también apóstata. Y republicano. Vamos, lo que se dice una alhaja.

Parodia y homenaje, melancolía y verdadero dolor, son algunos de los elementos que urden las diversas tramas de este, siquiera un poco, peculiar diario.

"...en uno de los últimos años de nuestra perra vida."

OSTAP TOLSTOI MELCÓN


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