26 Jul 2012

Frío...

Escrito por: Judas el Viejo el 26 Jul 2012 - URL Permanente

Entré en esa celda como un hombre cuerdo seguro de la justicia de mi causa, por muy incapaz que sigua considerándome de describir esa causa; pero después de dos meses entre cucarachas sin nada que ver excepto cuatro paredes y una enigmática mancha de hollín, nada que oler excepto el hedor de mi propio cuerpo, nadie a quién hablar excepto un fantasma en sueños que parece tener los labios sellados, me siento mucho menos seguro de mí mismo. A veces, el anhelo de tocar y ser tocado por otro cuerpo humano se apodera de mí con tal fuerza que empiezo a gemir; ¡cómo ansiaba el único y breve contacto que podía tener con el niño cada mañana y cada tarde! Reposar en los brazos de una mujer en una cama de verdad, comer buenos alimentos, pasear a la luz del sol -¡cuánto más importantes parecen estas cosas que el derecho a decidir sin consejo de la policía quiénes deben ser mis amigos y quiénes mis enemigos! ¿Cómo puedo tener razón cuando no existe un alma en este pueblo que apruebe mí descabellada aventura con la muchacha bárbara o que no se volviera contra mí si mis protegidos bárbaros mataran a algunos de nuestros jóvenes? ¿Y de qué sirve sufrir a manos de los hombres de azul si no estoy firmemente convencido de tener razón? Daría lo mismo que les contara la verdad cuando me interrogaran, que referiría todas y cada una de las palabras que pronuncié en mi encuentro con los bárbaros, daría lo mismo incluso que estuvieran tentados de creerme, seguirían adelante con su cruel cometido, ya que para ellos es artículo de fe que toda la verdad sólo se revela en el último momento de la tortura. Estoy tratando de escapar del dolor y la muerte. Pero no he planeado mi fuga. Si me escondiera en los cañaverales moriría de hambre en menos de una semana, o me ahuyentarían con fuego. Si he de ser sincero, sólo estoy buscando el bienestar, huyendo en pos de una cama blanda y los únicos brazos amistosos de los que no he prescindido…

Podría recostarme en este antiguo poste con sus tallas desgastadas de delfines y olas y abrasarme al sol, secarme al viento y finalmente helarme con la escarcha, sin que me encontraran, hasta que en alguna era remota de paz los niños del oasis regresaran al lugar de sus juegos y hallaran el esqueleto, desenterrado por el viento, de un antiguo habitante del desierto vestido con harapos irreconocibles.

¿Cómo podemos ganar esta guerra ficticia? ¿De qué sirven las operaciones militares aprendidas en los libros, las redadas y las incursiones de castigo en el corazón del territorio enemigo, cuando podemos ser desangrados hasta la muerte en nuestra propia casa?

J.M. Coetzee


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1 comentario · Escribe aquí tu comentario

Anónimo

Anónimo dijo

Y en plena ola de calor; estoy ardiendo y siento frio “friooó”

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Hay gente que si y gente que no… al camello y a mí nos gusta la buena gente, nada mas…

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