17 Ago 2009

Holanda no tiene mar

Escrito por: Marina Sanmartin el 17 Ago 2009 - URL Permanente

Vamos siempre al mismo restaurante chino. El sábado por la noche, cuando B hace su aparición, llevamos unos minutos esperándole. Sentada de cara a la puerta, me encanta verlo llegar, todo glamour, sonriente y con la extraña placidez de un aristócrata de la Rioja, que lo tiene todo bajo control. Lleva una camisa a cuadros rosas y azules, un pantalón ancho y negro; y las Converse color berenjena que una vez le regalaron por su cumpleaños... se nota que está leyendo sobre Coolhuntig . Eso pienso mientras nos besa. Acaba de volver de sus vacaciones. Me doy cuenta de que le he echado mucho de menos.

Repasamos un menú que nos sabemos de memoria mientras que, con poquito disimulo, I y yo miramos al camarero chino... ¡Madre mía! ¡Qué guapo es! Tomo nota mental de un posible relato en el que una pirada como yo, adicta a los tallarines con gambas, tiene un lío con un camarero como ese, pierde un ojo jugando con los palillos y se arruina de tanto ir a comprar comida para llevar... lo peor es que me temo que realmente lo escribiré. La protagonista terminará vendiendo cupones en Shanghai . Voy de capa caída, esa es la verdad.

Hace calor en Madrid y la gente ha desaparecido. El asfalto suda, lo siento pegajoso bajo mis pies. La brisa de las primeras horas de la madrugada está cargada de grados centígrados. Nos asfixia, pero como cuatro pirados sin miedo a lo desconocido nos adentramos por la calle Fuencarral, ahora cerrada a los coches, repasando las melodías de los musicales del siglo que se fue: El mago de Oz , Cabaret , Sonrisas y lágrimas , Hello Dolly ... parecemos una promoción de triunfitos rescatada de Atapuerca; una promoción de triunfitos del Neolítico dando saltitos por una ciudad desierta.

Cuando por fin llegamos al Manuela, encontrar mesa nos resulta muy fácil. Pedimos una copa y jugamos al Trivial. V y B hacen pareja; yo juego con I. Nuestra victoria aplastante provoca el desespero de V, que es probablemente el ser humano más culto del planeta y no comprende cómo ha podido fallar esta pregunta tan sencilla: ¿Con qué monarca se autorizó por primera vez la celebración de la Feria de Abril?

Ganar me sienta bien. Estar con mis amigos me sienta bien. Con ellos, adquiere cierto halo de irrealidad todo lo que me atormenta. Compruebo que todavía soy capaz de reírme de mí misma, que si sigue habiendo noches iguales a esta, en las que la polémica gire en torno a si Holanda tiene o no tiene mar, sobreviviré.

Me encanta esa canción: I will survive.

¡Ah! Y desde el sábado Holanda no tiene mar. Eso seguro.

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4 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Noah dijo

No he podido evitar quedar prendadito de tu post, además de hacerme sonreír me ha dejado con cierto sabor a optimismo.
Los amigos, a veces ellos ni se dan cuenta, pero nos ayudan solo con saber que están ahí.
Por cierto, no dejes de escribir la historia con el camarero chino, no me la pierdo.
Un beso.

V

V dijo

Aquí estoy, por no faltar, por seguir y, sobre todo, por La Fallera Cósmica.
Los que nos conozcáis sabréis quién soy. Si ella está, yo voy después, es un hecho. Igualmente, todos podremos constatar que Holanda, una de las provincias que conforman el Reino de los Países Bajos, sí tiene costa y no está en Europa del Este. No obstante, quiero tanto a I y a B que ese hecho ya me da igual, y si ellos quieren que deje de tener costa, hágase.
Amén

Marina Sanmartin dijo

¡¡Felipe IV!! Estás aquí. Con tu presencia se ha hecho la luz en este blog. Sólo faltabas tú, hablando de la costa holandesa, para que mi felicidad en esta noche calurosa fuera completa.

¿P?

¿P? dijo

Y aquí estoy yo pequeña...no podía faltar a esta cita...a ésta si que no!!!
cuando nos vemos??

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Las palabras que pronunciamos no siempre suenan como creemos. Es posible que haya tantos idiomas como hombres, tantas gramáticas como centímetros de piel. ¿Y si las claves para llegar hasta nosotros se hubieran perdido en el momento en que nos hicieron daño por primera vez? Quizás entonces, en un intento por permanecer a salvo, permitimos que cayeran al abismo a la velocidad con que perdimos la inocencia. Es así como nos protegimos, pero también como nos quedamos solos.

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