20 May 2011

#Acampadasol 2_Una mañana en el ojo del huracán

Escrito por: Marina Sanmartin el 20 May 2011 - URL Permanente

Simón me recoge en la Plaza de Santa Ana. Llega tarde. Mientras le esperaba delante del teatro español, con las piernas extendidas, haciendo equilibrios sobre los bolardos en una postura nada romántica, he preparado unas cuantas preguntas para los acampados en Sol. Hacia allí nos dirigimos, la mañana de primavera es espléndida y, cómo todavía es viernes, en medio de la excepcionalidad que planea sobre el centro de Madrid, aún se respira el hálito de vida cotidiana que se esfuma en los días festivos.

La puerta del Sol se ha transformado en un zoco inmenso y vivo, que cada amanecer, cuando vuelve la luz, ha crecido un poco más para sorpresa de los participantes en la revuelta. Las carpas de colores se suceden creando un juego de sombras, pasillos y pasillos de laberinto. Hay algo de apocalíptico en el paisaje: la imagen enorme de Paz Vega, cubriendo el andamio de uno de los edificios de la plaza, esta salpicada de carteles y pancartas con lemas reivindicativos. Hay mensajes en el suelo, en las camisetas de los organizadores, sobre las tapas de los contenedores y en los paneles de cristal de la entrada de la estación; deseos colectivos y deseos privados, camuflados entre las verdades universales que, por fin, se exige cumplir. Trozos de cajas de cartón sirven para indicar direcciones e identificar la función de las diferentes tiendas. Simón me lleva hasta COMUNICACIÓN y allí explicamos nuestras intenciones: encontrar una voz que canalice la abstracción de este movimiento espontáneo que se parece a una corriente imparable y completamente autónoma.

Para nuestra sorpresa, como Tono nos explicará más tarde, nadie quiere poner en primera persona lo que ha nacido como una reivindicación colectiva. Hay portavoces, sí, pero no nombres propios ni protagonistas. Todos los focos deben ser para el mensaje, la atención ha de centrarse en el fenómeno y no en quienes, hora tras hora, enfrentándose a unas dimensiones imparables, tan sorprendidos como los que asisten a lo que está ocurriendo delante de la televisión, hacen posible que la infraestructura sostenga el desafío y acoja a los cada vez más ciudadanos dispuestos a unirse de forma permanente a la protesta.

Finalmente, Tono y Pablo, ambos jóvenes e integrantes de la iniciativa Toma la plaza aceptan explicarnos cuál es la perspectiva de quienes, desde el principio, han estado en el ojo del huracán. Les propongo salir de las carpas y guarecernos en algún café cercano para hablar con más calma, alejados del gentío, heterogéneo a más no poder, y de las cámaras digitales o disparadas desde dispositivos móviles, que pululan a nuestro alrededor con el mismo frenesí con el que los japoneses fotografían La Cibeles, pero se niegan. La plaza es su sitio y no quieren abandonar ni un segundo el pie del cañón. A continuación voy a tratar de ir al grano y reflejar sus respuestas:

- ¿Nos encontramos ante un movimiento antisistema?

El NO es tajante. Nos encontramos ante un movimiento que reclama el cumplimiento de las reglas y el fin de las trampas. Tono, colaborador de la revista digital El secreto del olivo, se ríe cuando escucha a alguien calificar de obsoleta la constitución… “lo que pasa es que hace mucho tiempo que no se cumple”, y echa de menos, entre otros, el derecho a una vivienda digna. “Los que estamos aquí no estamos contra el sistema, el sistema se ha vuelto contra nosotros”.

- ¿Qué tendría que pasar el domingo para que considerarais un triunfo la acampada? ¿Un elevado índice de abstención significaría que se ha escuchado vuestro mensaje?

En absoluto. Desde Sol, se pide el ejercicio coherente del derecho al voto y, en cualquier caso, “esto acaba de empezar, no termina el domingo. Es imposible resolver en tres días lo que se ha ido fraguando durante años”. Quizás, reflexiono mientras les escucho, la fuerza de lo que está ocurriendo, su espontaneidad, es también su talón de Aquiles. “No sabemos qué pasará después del domingo”, insisten Tono y Pablo, “pero nosotros vamos a continuar, no estamos solos, otros países europeos siguen nuestra estela, desde el norte de África hemos recibido ánimos”. No existe una lista de demandas a corto plazo. Si Zapatero aceptara recibirlos en la Moncloa mañana, no tienen planeado qué pedirle, “aunque podríamos empezar por las listas electorales limpias”. Las normas de juego son iguales para todas las ideologías. Los dos insisten constantemente en que no hay ningún partido detrás del grupo, ningún “patrocinador”. “Formamos parte de un movimiento que exige el cambio social. Estamos hartos y no somos los únicos”.

A la vista está: a nuestra charla se ha unido un empresario que comparte con Tono y Pablo la visión del asunto. Simón continúa conmigo y también está Miguel, que me cuenta como el lunes por la tarde, después de pasarse por unos grandes almacenes para comprar un disco, descubrió que la manifestación del 15M se había prolongado hasta el día siguiente, preguntó a los acampados si podía ayudar y se quedó. Esa noche la policía desalojó a los que resistían, “pero nadie se marchó a su casa, buscamos refugio en la Casa Blanca, un espacio okupa, y nos dimos cuenta de que el que nos hubieran echado no nos impedía volver”.

Y volvieron.

Algunas de las voces que han colaborado en este reportaje, esta mañana en Sol

Nadie sabe por qué esto ha tardado tanto en pasar. Las lecturas de Hessel y Sampedro, de Indignaos y Reacciona, probablemente han tenido algo que ver. La misión de las redes sociales ha sido definitiva, sin ellas la repercusión no habría sido la misma y su presencia crucial nos habla también del perfil de quienes, siempre desde el anonimato, llevan las riendas de la campaña. Formar parte por unas horas de lo que está ocurriendo, compartir impresiones con aquellos que se han atrevido a salir a la calle y llamar nuestra atención, me despierta por dentro.

Un rato después de nuestra charla, delante de un vino blanco que me devuelve a mi rol de rebelde pequeñoburguesa, Simón trata de infundirme ánimos porque me ha desengañado un poco la falta de previsión de la acampada. “Todas las revoluciones empiezan en el caos y acaban organizándose”.

Pase lo que pase, en todos los sofás de este mundo, en la soledad de nuestras casas, se encuentra el germen de la rebelión.

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