No es una novela policíaca…
“No es una novela policíaca. No estás intrigado hasta el final sobre quién es el malo”. En efecto, el libro que se acaba de publicar sobre cómo se hizo la Ley Orgánica de Educación no se parece nada a una novela de intriga. De hecho, no es mala idea empezar a leerlo por el final. La última parte tiene más morbo porque está escrita cuando su autor, Alejandro Tiana, empieza a hablar ya desde fuera del cargo que ocupaba cuando se hizo la ley, el de secretario general de Educación. Esto significa que es, básicamente, el que sacó adelante el texto.
El pasado martes estaba todo el mundo del ámbito educativo (como repetían los presentes) en el acto de presentación del libro. Todo el mundo de la izquierda, añadiría yo. Pero es verdad que había desde gentes del partido socialista, como la diputada Cándida Martínez, el diputado de Madrid Adolfo Navarro o el que fue subsecretario de Educación cuando se hizo esta ley, Fernando Gurrea, hasta responsables de sindicatos, de las asociaciones de padres laicas, del Ministerio de Educación, de editoriales… Para ser de esos libros educativos que no pueden estar más lejanos de ser una novela policíaca (y no por eso pueden resultar menos interesantes para muchos) había “una representación nutrida y significativa del sistema educativo español”, como dijo el propio Tiana al principio de su intervención.
La cita sobre la novela policíaca es de Álvaro Marchesi, uno de los popes de la educación española, y referencia para muchos, le pese a quien le pese. Marche (que tiene un cierto aire de marqués, como dijo una vez el que fue ministro de Educación con UCD Juan Antonio Ortega y Díaz-Ambrona: "Le pegaría más llamarse marchese", marqués, en italiano, por el porte y las maneras) se mostró escéptico con la idea de conseguir pactos sociales y políticos en temas educativos. Marchesi está ahora alejado de la política ministerial, empeñado en dar un impulso a la educación en todo el mundo hispano como responsable de la Organización de Estados Iberoamericanos. Lejos de intentar crear polémica, el marqués lo mencionó de pasada. Pero es una reflexión a considerar viniendo de él y teniendo en cuenta que es lo primero (y único, de momento) que ha dicho que va a promover el nuevo ministro de Educación Ángel Gabilondo y que además es lo primero también que Zapatero dijo sobre educación en el pasado Debate sobre el Estado de la Nación.
Marchesi habla con conocimiento. Él ya intentó un pacto hace unos cuantos años en la Fundación Encuentro. Y entonces las cosas no estaban tan mal. Con la oposición, me refiero. Logró sentar a la mesa a representantes de los colegios católicos a las asociaciones más laicas para buscar un acuerdo que diera estabilidad al sistema educativo y, aún así, al final no se logró ejecutar nada.
La cuestión es que las ideologías están metidas hasta las mismas entrañas de la educación. El marqués lo explicó así: “En el terreno de la educación, no da igual que gobiernen unos que otros. No es lo mismo poner el énfasis en la escuela pública que no hacerlo. Las diferencias están presentes y esto afecta a la propia actividad de los gestores”. No es por desanimar a nadie. De hecho, acabo mencionando una especie de llamamiento, al que me sumo, que hizo el catedrático Manuel de Puelles a que se acabe ya el “masoquismo colectivo” en España con el tema de la educación. Con eso de lo mal que estamos y tal. Aunque, con mala puntería, en mi opinión, algunos echan buena parte de la culpa de ello a los medios de comunicación en general (criticando nuestra manera de trabajar sin conocerla más que por algún detalle y muy, pero que muy por encima en el mejor de los casos) en lugar de a la oposición, a ellos mismos o a sus equipos y a tantos opresores (porque no apoyar es a veces oprimir, dejar que se muera sola) de la educación pública o de lo que no les interese a sus partidos. Pero esto de echar la culpa a la prensa es un clásico y merece un tema aparte. Habrá otras ocasiones, seguro. “Ni masoquismo colectivo ni autocomplacencia”. Así zanjó el autor el tema de la situación de la educación. Veremos si es verdad. Las dos cosas.

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