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28 Ago 2009

Escrito por susanapdp

28 Ago 2009 - Enlace

En busca del ocio perdido

No sé si se han fijado alguna vez en que justo debajo de la pantalla de su televisor hay un botón. Está al lado de una lucecita verde. Es el botón de apagado de la electricidad. Se tienen que levantar y pulsarlo con el dedo. No vale con el mando. Ahora ya lo saben. Si su pantalla es plana o ultraplana, lo mismo está en otro sitio, pero, por lo general, se encuentra donde les digo. Pulsarlo de vez en cuando tiene al menos dos ventajas. La primera es que les abre a un mundo de actividades a las que dedicar sus ratos de ocio, escogidas por ustedes, más allá de lo que les ofrezcan otros a través de la socorrida caja negra. La segunda es que ayuda a reducir el consumo de electricidad, con lo que, de paso, le puede venir bien, a su conciencia, que, en tiempos prolongados de ocio, suele dar más la lata. Pero esto último lo pueden (y deberían) hacer todo el año cuando no usen el aparato. Es la primera ventaja la que me ocupa.

Dicen los especialistas en ocio, -esto es, los sociólogos y psicólogos que han estudiado cuestiones como el uso del tiempo libre y la ansiedad que provoca a algunos mayores y niños no tener nada que hacer- que se ha convertido en un espacio tan ocupado como el laboral , incluso en el caso de los pequeños a los que ya se les llena la vida durante el curso escolar de numerosas actividades fuera de la escuela. El exceso de trabajo es el culpable de este modelo de vida absurdo en el que, entre otras consecuencias negativas, se vive básicamente para el trabajo y poco para uno mismo y se enseña a los niños (que aprenden sobre todo con el ejemplo) a hacer lo mismo. Unas veces precisamente porque no se tiene tiempo para ello y otras porque no se sabe cómo, no se les acostumbra a idear sus propios entretenimientos. Seguro que esto ocurre en muchos casos porque los mayores que les rodean tampoco lo hacen. Cabe entonces preguntarse qué sentido tiene pasarse la vida moviéndose, sin pararse nunca a pensar. Cargada de tareas laborales y de ese exceso de actividades de ocio programadas. ¿Acaso es esto aprovechar el ocio? ¿No se estará más bien perdiendo?

Para algunas personas, ese planteamiento tiene sentido ya por el simple hecho de poder contar sus grandes viajes a los colegas; para otros, es una distinción de clase social, les hace sentir más importantes. Pero los expertos sugieren (y seguro que no tienen más que mirar a su alrededor con detenimiento para comprobarlo) que este exceso de actividades esconde a menudo simplemente miedo. Por ejemplo, a pensar (y ya ni que decir, a hablar) en lo que no se quiere pensar. Contaba hace unos días una psicóloga que, al plantear este mismo tema, una alumna de un curso de verano, le replicó: “Es que no quiero pensar, a esta edad ya no tengo nada en lo que pensar, prefiero dejarme llevar”. Dejarse llevar es una opción, desde luego, a cualquier edad. Hay tantas situaciones particulares como personas.

Pero, a pesar del miedo, se gana más tiempo parándose a pensar que haciendo sin pensar. El ocio puede usarse para ganar tiempo. Muchas personas se sienten insatisfechas cuando vuelven de vacaciones, dicen esos expertos a los que me refería antes, aparte evidentemente de por el hecho mismo de que se acaben y tener que volver a la rutina, porque no les ha servido para avanzar en nada. Les ha entretenido. Les puede haber encantado e ilustrado, seguro, ver, por ejemplo, la ciudad maya de Tulum, pero cuando vuelven a casa tienen el mismo sentimiento de insatisfacción que cuando se fueron. La razón es que no han dejado ni una pequeña parte de sus días libres sin una ocupación organizada. Libres, ¿para qué?, se preguntará más de uno.

Para reflexionar, crear, idear... Resulta difícil de creer que a nadie se le ocurra una buena idea (bien sea para aplicarla al terreno personal, como un cambio de hábitos, de casa o de gustos, al laboral o a nada) mientras espera en una cola para coger el ferry que le va a llevar a la octava isla griega o a la séptima ciudad del Europa del Este programada en su tour. Nadie dice que no se pueda disfrutar de la puesta de sol en Oia (Santorini) o en el embarcadero de Tibau do Sul (Brasil), pero siempre hay una vuelta a casa. Y si sólo se hace eso, poco se avanza, se mejora o se desarrolla uno. Desconectar viajando o haciendo mil cosas es, por lo general, incompatible con estar conectado con el resto de las cosas que pasan en tu vida. De hecho, la idea en esos casos suele ser no acordarse de ellas.

En cambio, muchas veces la inversión de ocio más gratificante y mejor aprovechada es la que se dedica a uno mismo. Incitar a hacerlo a un niño acostumbrado a que el entretenimiento le llegue planificado puede parecer duro al principio, pero se adaptan mejor de lo que parece. Piensen que, de esas elecciones hechas en la infancia para llenar el tiempo libre, puede salir un gran pintor, escritor o músico. No sería el primero. Pueden descubrir el principio de una vocación que difícilmente averiguarán en el trayecto en autobús entre la clase extraescolar de yudo y la de refuerzo de inglés.

Los que hemos tenido la amenaza del aburrimiento pendiendo sobre nuestras cabezas en interminables veranos infantiles en una casa del pueblo, en otra perdida en el campo o en una playa semidesierta no sabíamos entonces que nuestra dedicación voluntaria de horas y horas a la escritura, al dibujo, a tontear con un teclado... se estaba convirtiendo en una afición y en un aprendizaje. Que esas habilidades nos podían servir para desarrollar otras cuestiones (la música, por ejemplo, para las matemáticas, y la lectura, para escribir y expresarnos mejor o para desarrollar ideas) y que incluso con el tiempo, algunas de esas elecciones infantiles que inicialmente, como decía antes, perseguían ganar la batalla al aburrimiento acabarían convirtiéndose en una profesión.

Hagan la prueba. Métanse este otoño o invierno una semana (con o sin hijos) en una casa apartada en una sierra o en una playa cualquiera sin televisión ni internet. Quizá pinten, quizá escriban o lean, o hagan un repaso de la música country (por decir una) que les gustó una vez. Quizá incluso empiecen a tocarla o quizá se pongan a pintar. Escribir y pintar sacan fuera de uno muchos demonios. O ángeles, a quien los tenga. Leer llena la mente e incluso la vida de historias reales o imaginadas y también promueve la aparición de ideas. Las actividades en las que se realiza una actividad creativa, de forma activa no pasiva, pueden dar satisfacciones que sí que no tienen precio ni comparación. También están las pasivas, como ir a un concierto o escuchar música. Es verdad que eso también puede considerarse ocio bien aprovechado. En especial, las improvisadas.

Se me ocurre poner como ejemplo de todo esto a los siete guitarristas a los que vi actuar por casualidad hace unos días en un local de Madrid, el Honky Tonk. Un lunes, de agosto además, con la ciudad medio vacía parecía difícil encontrar algo interesante que hacer a media noche, después del cierre del periódico. Pero no fue así. Un grupo de colegas que tocan la guitarra en diversos grupos (Los Secretos, Greenwich Village…) han decidido dedicar su tiempo de ocio (algunos lunes por la noche que no trabajan), según me contaron, a tocar juntos por gusto. El portero y uno de los encargados del local nos convencieron de que merecía la pena oírles. Se hacen llamar Ensayonara (los ensayos, quedó claro, no son su prioridad) y dieron un concierto informal, haciendo versiones de conocidas canciones de country y rock pero que, a pesar del relax y la diversión que impregnaban el escenario (o precisamente por ellos), sonaban realmente bien (con permiso de los expertos). Al final se subió Juanma del Olmo, ex cantante y guitarrista de Los Elegantes, que había ido a escucharles. Y la estética resultó fabulosa: desde el banco izquierdo se veían los siete mástiles inclinados en fila (cuatro guitarras, un bajo, una mandolina y un dobro). Todo un cuadro. Ocio bien aprovechado, por ellos y por los que caímos por allí. Nosotros repetiremos, por tanto. Es sólo una idea.

23 comentarios Escribe tu comentario

jhon-doe dijo

Agradable post, lleno de buena lectura, un saludo.

28 Agosto 2009, 08:16

Pau Llanes

Pau Llanes dijo

Hace unos días comentaba en otro blog acerca de la condición del hombre posmoderno… Leyendo su magnífico artículo me vienen a la mente aquellas reflexiones y las rescato en parte para ofrecerlas de nuevo a usted y a sus lectores inaugurando así mis aportaciones en este blog. Espero disculpen esta “re-citación” que seguramente no será la última. Gracias por sus pensamientos y su escritura. Es de lo mejor que he leído en la blogosfera últimamente. Ojalá no echen a perder este espacio esas “sectas” que proliferan por la blogosfera y arruinan cualquier lugar de encuentro con sus trivialidades e insultos… Estas son mis reflexiones…

El sujeto de la comunidad posmoderna basa su relación con el otro como si fuera su propia imagen en el espejo, lo que podría denominarse una “solidaridad narcisista”, necesitada de mutuos y sucesivos controles de las apariencias. El sujeto posmoderno no necesita distinguir entre el amor, su imagen, y el amor del otro. Este narcisismo, o “yuppi love”, contamina cualquier tipo de relación afectiva y social, las banaliza perversamente. La destrucción de las relaciones sociales, especialmente las afectivas, se constituye en la principal condición que favorece la extensión de un individualismo a ultranza, los excesos de su presunta autosuficiencia. La comunidad posmoderna se reproduce a sí misma sin resistencia interna, en una especie de colectiva soledad de soledades individuales; una sociedad insolidaria, patológicamente ensimismada, aquejada de un autismo cada vez más profundo, que paulatinamente se va convirtiendo en una especie de almacén de almas deprimidas, de gente que se obliga a destruir los lazos afectivos que le une a los otros en la creencia falsa e inducida de que así podrá resistir y sobrevivir la catástrofe del global capitalismo en este tránsito más allá de la historia.

Creo que esta situación de precariedad social, desprovista “casi” de relaciones o interacciones sociales de verdadera importancia, responde a las exigencias de la globalización económica y mercantil, así como a las necesidades especulativas y de concentración mediática que las representan y difunden visualmente. No se favorece la espontaneidad del acto inconsciente ni se defienden los valores de la conciencia colectiva, el sentido común, –lo que a medio plazo volvería a revelarse como peligroso y desestabilizador– ni se posibilita el diálogo social ni el consenso, sino que se induce a la incomunicación, a la repetición automática de hábitos y señales de superficial identidad, a la clonación de gestos sociales que se intercambian y consumen independientemente de las posibles respuestas de los demás con los que cohabitamos y soportamos funcionalmente.

Por supuesto que esta común coexistencia y convivencia de intereses particulares no se fundamenta ya, como en el pasado, en conceptos de carácter simbólico, a los que se opone la situación posmoderna. La cultura posmoderna es en si misma un antisímbolo, la negación del arquetipo, aunque los reproduzca masivamente en sus industrias, trafique con ellos y los difunda repetidamente por sus privilegiados canales mediáticos. Tampoco la existencia de una sociedad posmoderna pretendidamente global y trasnacional está fundada en símbolos universales. Más bien, su perversión le lleva a la construcción de pretendidas interpretaciones colectivas (mal llamadas universales) y a la planificación de estrategias narrativas con las que promover una aparente unificación de significados, de justificaciones, que simplemente han de ser asumidos sin discusión ni crítica: lo políticamente correcto, por ejemplo… La comunidad posmoderna no puede perder el tiempo en debates ni en negociaciones (estériles), dicen...

Saludos y enhorabuena otra vez por su espacio y sus palabras…

Pau

29 Agosto 2009, 05:42

JAVIER

JAVIER dijo

Sin tanto nivel, que casi me siento acomplejado por el señor Pau Llanes, que tan bien se expresa, diré que estoy de acuerdo con él, y por supuesto, con el artículo de Susana Pérez de Pablos y que me ha gustado mucho el enfoque que le ha dado. No sé si Susana se ha pasado el verano encerrada en una casa de pueblo, pero lo cierto es que, quizá sin ser consciente del todo, se ha convertido sobre la marcha en ejemplo de lo que predica. Leyendo el artículo he sentido emanando de él la preciosa pulsión de la creatividad, un deseo de construcción alternativa, y una alegría bonita, como si estuviera subida al tren de la inspiración, chutada con algún tipo de droga natural, segregada por sus propias ganas de vivir de un modo distinto a lo que se nos vende en los escaparates. La felicito, Susana, por tan buen rollo, y tomo nota de sus recomendaciones. No siempre los reportajes o los artículos, con promover ideas y cambios, invitan con tanta rotundidad a emprender nuevas rutas vitales. Como aporte personal, le contaré una anécdota que gustaba de narrar mi padre (q.e.p.d.). Decía que unas navidades, después de abrir los regalos de Reyes, mis hermanos y yo acabamos confeccionando un carro y unos tambores aprovechando los cartones y las cintas de embalar de los juguetes. Los improvisados instrumentos nos dieron para toda la tarde, y los juguetes de verdad quedaron arrumbados en el salón, completamente olvidados. Semejante anécdota resultó, sin comerlo ni beberlo, la plasmación del más evidente desprecio hacia todo lo que representa la previsible e insípida sociedad de consumo, y lo que es más divertido: promovida desde la más pura ingenuidad infantil. Y es que lo que uno inventa y construye, lo que uno crea con sus manos aplicando la propia inteligencia, produce un placer eufórico y una emoción vivificante que no se compra en las tiendas... Un saludo. Javier.

29 Agosto 2009, 11:01

urcon_2@hotmail.com

urcon_2@hotmail.com dijo


Es la condición del primer mundo, el ocio es una variable económica capital, de su consumo "adecuado" dependen miles de puestos de trabajo, sagrados rendimientos de escala, cruciales valores añadidos....
Yo a menudo, soluciono el hastío que me produce mi propia esencia, esquivando el ocio y trabajando. Vade Retro Satanás¡¡

29 Agosto 2009, 15:46

Belén Mntez. Oliete

Belén Mntez. Oliete dijo

No comprendo que el exceso de trabajo se vincule a una clase social a la que entiendo que dirige el artículo. Bien a los privilegiados que hayan recalado físicamente en algunos de los links que propone; bien a todos aquellos que tratan de imitarlos.
Ninguno puede alegar exceso de trabajo al hecho de tener todo su tiempo ocupado. De hecho, el exceso de trabajo se relaciona con horarios malpagados de hasta 10 y 11 horas diarias.
Ocurre, en españa, que el fantasma del paro se esconda en clases extralaborales, rindiéndose a la evidencia en la propia infancia. Lo cual -coincido con usted- en que resulta lamentable asustar a los niños.
Por lo demás, quienes se aburren tienen un problema que frecuentemente, se relaciona con su propia ignorancia en asuntos concernientes a los otros. Esto es: sus vecinos, su propia comunidad, su ciudad, país, paises vecinos, paises del continente, y los de otros. También se hace extensible a cuantos ordenamientos se han sistematizado en materias: Historia, Literatura, Matemáticas, Astronomía, Religión, Política, Economía, etc.

Continúo pensando que su blog ganaría en lectores si en lugar de a la inversa, las letras fuesen negras sobre fondo blanco.
No obstante, sepa que los lectores hacemos gustosamente el esfuerzo.

29 Agosto 2009, 20:19

cinta

cinta dijo

Por eso, entre otras razones, encuentro un contrasentido la propuesta de elevar el horario laboral a sesenta y cinco horas semanales. Me parece un retroceso carente de lógica en una sociedad cada vez más tecnificada en la que las tareas cunden cada vez más, y en la que se está empezando a conciliar trabajo y vida familiar. Además, la oferta de ocio es cada vez mayor y se está fomentanso la creatividad desde edades más tempranas, y la creatividad va bastante más allá de la capacidad para idear estrategias con las que elevar la cota de producción. Aunque algunos quieran hacer del trabajo su modus operandi, lo cual es del todo respetable, no hay que olvidar que el trabajo no es más que un medio, una especie de herramienta que nos permite mantenernos y desarrollarnos como seres humanos.

30 Agosto 2009, 10:21

Anónimo

Anónimo dijo

El ocio bien llevado es una fábrica de creadores. No hay arte sin ocio, ni descubrimientos bajo una luna llena. Los más grandes inventores, artistas, científicos y estilistas del mundo han buscado un lugar bajo una colina, el mar o una silla para imaginar todo lo que el planeta ostenta en el mundo de hoy. A los niños hay que fomentarles el ocio, aunque sea en un espacio limitado de su casa, para abrir su imaginación con cosas simples, lúdicas o un lápiz y papel. Me gustó mucho tu artículo, felicitaciones y que tengas una buena semana. Carolina

30 Agosto 2009, 15:27

Pau Llanes

Pau Llanes dijo

Gracias JAVIER por sus referencias a mi texto y a los demás contertulios por sus aportaciones. De todos aprendo y con sus textos amplío mis puntos de vista…

Quisiera aportar otras reflexiones sobre el tema que nos propone Susana P D P: el turismo en el tiempo de ocio vacacional…

Ahora todo el mundo es creyente de las bondades terapéuticas de ir a cualquier parte lejos de nuestros orígenes y madrigueras cotidianas. Parece que el placer sólo es posible fuera y lejos (de nosotros mismos). ¿Buscamos paz, relajación, tranquilidad, “dolce far niente”, o todo lo contrario: excitación, insomnio, cansancio, hipermovilidad? Confieso que me resultan más complejas y paradójicas estas cosas del ocio —en especial ese híbrido peligroso, lobo con piel de cordero, que llaman “turismo cultural”. ¿Por qué, para qué, se mueve tanto la gente, tanta gente? Deben ser cosas del marketing y la nueva economía, seguramente… Qué decir del negocio del ocio —vaya travesura lingüística tan provechosa y terrible. Ya nadie se cree que la palabra negocio procede etimológicamente de “nec-ocio”, la negación del ocio, del tiempo libre… ¡Pero si no hay mayor negocio que el del ocio!

El turismo masivo es un espectáculo patético de canibalismo cultural y material, de consumo excesivo de adrenalina y compulsiva búsqueda de sensaciones, un derroche extraordinario de energías por casi nada y en una fracción de tiempo insignificante… El viajero romántico buscaba siempre lo lejano, desconocido, original; aspiraba a bañarse en las aguas puras de la memoria, a alimentarse de tradiciones y tesoros guardados celosamente, incontaminados. Los turistas de hoy son otra cosa. Se alimentan exclusivamente de ese “fast food” cultural que indiferenciadamente les ofrecen las guías y los catálogos turísticos más comunes. Les encanta ese “potaje” pseudo cultural preparado y listo para ser consumido sobre la marcha —seguramente su estómago, sus entrañas, no soportarían algo diferente, más puro; esas ridículas comedias nuestras tan picantes, por ejemplo, o el sabor acre del vómito de nuestras tragedias familiares… Y es que son como yonquies habituados a dosis cada vez más adulteradas, cortadas con sacarina, con estricnina efervescente, supercherías… Los turistas por definición consumen cosas que son lejana y vagamente originales.

Gracias por su atención…

Pau

30 Agosto 2009, 19:28

Carla Vidal

Carla Vidal dijo

Muy acertado el comentario. Nos acercamos a esas peligrosas fechas en las que terminamos ocupando nuestro ocio con las colecciones de dedades del mundo o construyendo una réplica del Titanic. Os propongo utilizar esta vuelta de vacaciones para retomar aquellas actividades que realmente nos gustan, y estrujarnos un poquito la cabeza para sacar tiempo eliminando, al menos parte, de aquellas otras actividades que no nos gustan. Y esto se puede enfocar en distintos aspectos de nuestra vida. ¿Que tal empezar por el sexo?

Carla
www.lasbolaschinas.com

31 Agosto 2009, 11:40

Belén Mtnez. Oliete

Belén Mtnez. Oliete dijo

Me ha gustado el discurso de Hiroshi Tasaka en cuanto al cambio de cultura en la empresa.
Muy buenos profesionales de este País, vinculados al trabajo creativo, ya dirigían "ecosistemas" laborales.
El planteamiento en ese aspecto me ha parecido perfecto.
El nuevo capitalismo hace tiempo que se había gestado pero se continuó empresarialmente sin quererlo ver. Para ello, hace falta educación también por parte del estudiante o del trabajador. Suele ser recíproco.

01 Septiembre 2009, 20:08

Lina Lavalle dijo

Excelente tu blog. Me encanta! Segure leyendote, hay mucho que aprender. Gracias!

01 Septiembre 2009, 20:18

Eduard

Eduard dijo

Gracias por compartir esto, vuelvo de vacaciones con ganas de cambios.

02 Septiembre 2009, 10:44

frantic

frantic dijo

Casi todas las personas que acaban enterándose de que no tengo televisor me miran raro. Casualmente son las mismas que me dicen que no entienden como tengo tiempo de escribir, de leer una media de ochenta libros al año, de mantenerme informada de los asuntos que me interesan y de llevar una vida bastante más relajada que la suya

Cusioso, ¿verdad?.

07 Septiembre 2009, 08:00

Jorge

Jorge dijo

Muy interesante el artículo del ocio, lo comparto al 99,999999999% ...
"hay que pensar más y ver menos"...

Saludos.

JORGE - www.testdeactualidad.com

10 Septiembre 2009, 11:59

Francisco Pérez Andrés

Francisco Pérez Andrés dijo

Magnífico texto: algunos daríamos casi lo que fuera por poder aburrirnos a nuestro gusto. De hecho, en ocasiones lo logramos, aunque sólo sea un ratito.
Por cierto, ¿no hay ningún responsable de este blog que se haya dado cuenta de lo incómodo que resulta leer sobre fondo negro?

10 Septiembre 2009, 17:52

José Miguel

José Miguel dijo

Estoy completamente de acuerdo con tu artículo. Gracias.

12 Septiembre 2009, 10:02

Josu

Josu dijo

Este es un video interesantísimo y muy didactico que nos explica por qué jugar (que es eso que se hace por el sólo placer de hacerlo, sin buscar ningún otro objetivo), es tan importante en la vida de los seres humanos, y por qué la privación del mismo en la infancia, tiene nefastas consecuencias en la edad adulta
Así que juguemos más y trabajemos menos.

23 Septiembre 2009, 11:34

Francisco J. Muñoz

Francisco J. Muñoz dijo

c-m paton ha escrito un comentario corto pero muy bueno. Ella ha sido la única en puntualizar que ocio no es hacer nada como creen tantos que caen en los errados significados que sociólogos y psicólogos del montón dan al vocablo ocio. No hay arte sin ocio, dice con razón c-m paton, algo que sabían muy bien los antiguos puesto que en tiempos lejanos, los del Antiguo Régimen, la sociedad estaba formada por una minoría, la case ociosa, sujeta a un estatuto que les marcaba unas tareas y les prohibía otras, y la mayoría, la clase negociosa, igualmente sometida a un estatuto que les exigía hacer justo las tareas que no podían hacer las ociosas. Se habló por ello que el ocio acarreaba dignidad y el negocio indignidad. Pero nada más ajeno al ocio que esa simplificación que llaman tiempo libre y con la que tantos lo confunden.

24 Septiembre 2009, 16:40

Maria Rosa

Maria Rosa dijo

Bonita reflexión.
Larga pesada como los ratos que todos hemos pasado hasta que se enciende otra lucecita que te cambia la vida. Se llama tiempo.
Recomiendo pasear por tu barrio y mucho más lejos en tu tiempo libre. Ir al teatro, mucho teatro y conciertos en ciudades pequeñas...la calidad es superior, vás porque quieres y no hay otra cosa.
Pasear por el campo con un bocadillo es gratis, por la ciudad tambien.
Saludos

26 Octubre 2009, 18:27

Benito

Benito dijo

Recuerdo haber leído en algún libro de algún escritor de principios del siglo XX que la Humanidad avanzaba hacia una sociedad en la que las máquinas sustituirían el trabajo y el esfuerzo de los hombres (y las mujeres, por supuesto), con lo cual éstos podrían al fin dedicarse a tares más "elevadas" como la creación artística y la filosofía. La Historia del siglo XX parece que ha demostrado todo lo contrario. Sí acertó este desconocido autor en algo: que las máquinas ayudan e incluso sustituyen a las tareas del Ser Humano.
Pero el problema que nos encontraríamos en una sociedad ideal donde pudiésemos dedicarnos a esas tareas elevadas sería doble: primero, que la mayor parte de los individuos no sabrían qué hacer con todo ese tiempo libre; segundo, que el Estado tendría que mantener a todos esos ociosos que en teoría no producen nada, y por tanto, quedan fuera del Sistema tal y como lo entendemos hoy en día: produces, ganas dinero, mantienes al Sistema con tus impuestos, consumes para mantener a otros que producen para ganar dinero y mantener al Sistema con sus impuestos y poder consumir para... Curiosa paradoja que cuanto más parece avanzar la Ciencia y la Tecnología y más juguetes e información pone en nuestras manos, más vacíos nos vamos quedando por dentro, perdiendo la curiosidad, la capacidad para escuchar nuestros pensamientos, para crear otros nuevos, en fin, para estar solos con nuestra soledad y ser nosotros mismos.

bbuide arroba yahoo.es

07 Noviembre 2009, 13:37

Tamara

Tamara dijo

Me ha encantado tu texto, creo que traduce tal cual la realidad de nuestros días. También me parece un excelente blog, la educación necesita de estos apoyos. Gracias.

11 Noviembre 2009, 12:38

Abogado Málaga

Abogado Málaga dijo

Genial el post. Además me encanta tu blog. Un saludo y sigue así.

21 Abril 2010, 17:31

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susanapdp

Un espacio para intentar demostrar que los temas sociales, como la educación, la `school´ en el sentido amplio y universal de la palabra, sí es `cool´ y que otros temas sociales, como la inmigración también lo son. Opinaremos sin tapujos ni titubeos. Un blog para hablar de política social, para analizarla y demostrar que la política nos afecta a todos y sí puede ser atractiva. Abierto a curiosidades y frivolidades. Pero, sobre todo, abierto a todos. Con cabida de la literatura, el cine, la música… del arte. Sin aceptar descalificaciones. Nos ponemos el casco azul. Con él observaremos y contaremos. Con datos y con opiniones.
(Autor de las fotos de Susana: Gorka Lejarcegi)

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La autora


Ha sido Jefa de Sección de Sociedad y responsable de Educación de EL PAÍS desde 2000 a 2010. Actualmente lo es en la sección de Política Nacional del mismo diario y se ocupa de los temas de Inmigración. Ha ganado el premio Esteban S. Barcia de Periodismo Educativo de la Fundación de la Universidad Complutense y el Premio de Periodismo 2009 de la Fundación Conocimiento y Desarrollo. Ha publicado "El papel de los padres en el éxito escolar de los hijos" (Editorial Aguilar), prepara "La educación de los hijos contada con sencillez" para la editorial Maeva y un libro de cocina para jóvenes, "Recetas que se salen".

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