10 Jun 2009
El alma del sexo
Nuestra sexualidad en estos tiempos está en crisis, aunque los indicadores externos gozan de buena salud. Libros, manuales, vídeos, debates televisivos dejan la sexualidad tan al descubierto que parece pecado mantenerla en la misma intimidad en la que nació. Una vez hemos reivindicado el cuerpo como nuestro y la sexualidad una libertad inalienable del individuo, nos hemos alejado del fantasma opresor del pasado pero hemos sucumbido, complacientemente, a los estragos del mercado. Desde las consultas sexológicas a la enumeración de las patologías sexuales. Desde las encuestas picantes y simplonas a los fenómenos sociales de liberación-represión hemos ido comprobando el triste perfil de nuestra sexualidad que va como en un claroscuro de la erotización a la desgana, de la abulia a la compulsión.
El mercado, ávido, ha querido llenar ese vacío y esa desorientación, y ha hecho una apología del sexo. Por un lado, ha marcado, como única vía, una línea recta y ascendente, imagen prepotente del orgasmo masculino, como si fuera también la línea ascendente de beneficios de una empresa modelo o la marcha de un tren imparable. Por otro, ha quitado lastre emocional a la sexualidad volviéndola extremadamente ligera como un refresco con burbujas. La supuesta sexualidad masculina se ha trivializado o se ha plegado a la idea de rendimiento, de efectividad de la misma a la que se está acostumbrado en una sociedad industrial. Se debe ser en la cama un superhombre capaz de infligir varios orgasmos a la partenaire; como en las imágenes de las películas comerciales se ha de penetrar raudo y con la mandíbula prieta golpear la pelvis, sin parar, hasta que estalle el orgasmo femenino. Un orgasmo y una sexualidad femenina que no se ha tenido tiempo de descubrir ni menos de saborear.
Detrás de esta imagen de la sexualidad del hombre estereotipada hay un vacío de ser. Una carencia en el sentir que se camufla en una pose de fuerza, conquista y falsa seguridad. Al otro lado de esta pretensión masculina aparece irremediablemente el fracaso; fracaso de no ser un superhombre, fracaso en la competencia con otros en apéndices, músculos y resultados, y la caída en picado en la precocidad o la insensibilización. También la jactancia es una forma más de escapismo.
La mujer también ha entrado de lleno en el mercantilismo, bien porque ha sido una forma más de seducir al poder, bien porque es otra forma de capear las desigualdades sociales entre los sexos. Más sensible a su interioridad, ésta sufre la misma incomunicación, a veces negando en la frigidez, otras cómplice del mismo juego.
La sexualidad ha perdido perspectiva paradójicamente cuando tanto y tanto se ha dicho sobre ella. Cuanta más normativa, cuantos más manuales de cómo hacer feliz en la cama a un hombre o a una mujer, más lejos de la propia sexualidad, más lejos del propio instinto espontáneo.
Hay tanto miedo a no ser normal, a no dar la talla, a ser tachada de estrecha o de casquivana, a ser considerado machista o marica que nos sentimos encorsetados justo en un acto, el sexual, donde la prerrogativa es la de ser como tú eres.
Buscar el centro desde la sexualidad es converger, deseo y amor, instinto y fusión, necesariamente cuerpo y alma. La sexualidad está dentro de la cabeza, es impulsada como un barco por las entrañas y toma su curso en el pecho, pero nunca está en el sexo. La sexualidad es la salsa de la vida y no requiere más normas de las que le dicta su corazón.
Vivir la sexualidad es claramente tocar el núcleo de lo que uno es, y es, en las mejores condiciones, el gran trampolín donde uno salta por encima de su pequeño o gran ego y se encuentra con la inmensidad. Una inmensidad que dura unos segundos pero que simultáneamente es eterna, teñida con el rostro del amado o amada y que sobreviene de la mano del amor.
Tal vez por eso en tantas tribus y en grandes tradiciones el sexo ha sido sagrado. No sólo por el aspecto reproductivo de éste, clave de la supervivencia de un grupo, sino también porque el espíritu se manifestaba mágicamente en la especie de danza imantada que suelen hacer los amantes.
Puedes leer más en: http://www.tantrasivaita.com/ind.php?op=alquimia&id=El-alma-del-sexo
12 May 2008
Arqueología de la sexualidad
Tiempos lejanos, tiempos llenos de sombras, tiempos donde se han hecho muchos esfuerzos por sepultarlos, desterrarlos, exorcizarlos... ¡Qué ridiculez es esa que defienden algunos diciendo que Dios creó el mundo en el 4000 a.C.! Como dijo un emperador japonés a finales del siglo XIX cuando impidió que el "8º de caballería" se adueñara de Japón y le llevara sus magníficas costumbres puritanas, aunque asesinó con sus esplendidas metralletas, última generación, a todo Samurai. -El rencor del "8º de caballería", les llevó a dejar caer 50 años más tarde 2 bombas atómicas. ¿Armas de destrucción masiva?...- El emperador dijo: "debemos abrirnos hacia el futuro, debemos crecer y evolucionar, pero no podemos olvidar quienes somos y de donde venimos, pues perderíamos nuestra identidad." Efectivamente, y no sólo nuestra identidad sino que además causaremos muchas patologías por esa obsesión que tenemos con la sexualidad: "o bien la reprimimos considerándola sucia, de malaeducación o vulgar, o bien, nos entregaremos a ella sin ningún tipo de control, seguridad o consciencia, consiguiendo esclavizarnos más aún." Violencia, posesividad, incosnciencia, esclavitud... El homínido de la actualidad está más que perdido. La ciencia y la tecnología han evolucionado pero no podemos decir lo mismo de nosotros, aún somos homínidos, pues el sexo es un grave problema sin resolver.
La sexualidad sagrada estuvo presente en la mayoría de las antiguas civilizaciones, y también en la del Indo, en la que esta práctica se asoció con la veneración a la Gran Diosa. Diversas excavaciones arqueológicas han hallado numerosas figuras de terracota de mujeres desnudas, consideradas representaciones de la Gran Diosa. Alguna de estas estatuillas tienen tocados muy elaborados y se supone que se utilizaban como objetos de culto en santuarios domésticos.
En las excavaciones realizadas en las ciudades de Mohenjo Daro y Harappa se encontraron miles de moldes de sellos de esteatita. Uno de ellos representa la sorprendente imagen invertida de una mujer que da a luz una planta, un motivo de fertilidad que se asocia con la Gran Diosa de la era Neolítica. Otro de los sellos muestra una figura femenina de largos cabellos, parada entre dos ramas de una planta muy estilizada, con otra figura arrodillada delante de ella. Ambas lucen cuernos, y sugieren una dimensión divina o sagrada.
El texto Devi-Mahatmya, Gloria de la Diosa, que es una de las partes del Markandeya-Purana del siglo IV de nuestra era, incluye un versículo en el que la Diosa sostiene al mundo con plantas que mantienen la vida, que crecen de su cuerpo. Es muy probable que una de las divinidades hindúes, la Diosa Annapurna, Totalidad de Alimento, derive directamente de la Diosa Madre del Valle del Indo.
Los hallazgos arqueológicos de Harappa incluyen también muchos objetos de forma cónica, que se consideran representaciones del falo (linga). Asimismo, piedras con formas de anillo parecen representar el órgano femenino (yoni). Estos hallazgos permiten establecer una notable continuidad del motivo linga-yoni en la civilización hindú, y su invariable simbolismo sexual y de fertilidad que se remonta al periodo Neolítico.
Existen numerosas conexiones entre el hinduismo y la cultura tribal de los invasores de las estepas rusas, quienes eran portadores de un importante compendio de conocimientos, plasmado en las escrituras sánscritas más antiguas: los cuatro Vedas. Recordemos que antes de esto, la tradición Tántrica escribía en una lengua de la rama dravídica, que nada tiene que ver con las lenguas indoarias, cuyo representante más importante es el sánscrito, de la cual deriva el latín, el griego, las lenguas germánicas y eslavas. Un representante actual de esa gran familia de lenguas dravídicas lo encontramos en el tamil, lengua que en la actualidad se habla en la provincia del sur de India, Tamil Nadu.
Mientras que el hinduismo más corriente y difundido muestra una clara tendencia hacia el puritanismo y el ascetismo propias del jainismo y budismo, que rechaza el gozo vital. La cultura de las tribus prevédicas de antes del 1.500 a.C. exaltaba la vida y mostraba una actitud positiva y favorable al sexo. Este puritanismo que influenció al hinduismo se reforzó con las invasiones del catolicismo, el islamismo y finalmente con el anglicanismo y puritanismo victoriano traído con los británicos. Y recordemos que siempre que se reprime alguna cosa, siempre que hay puritanismo, después a "escondidas", se hacen las mayores barbaridades provocadas por mentes ignorantes y calenturientas. Y la soberbia surge cuando ya no es a escondidas sino en nombre de Dios, más bien su dios, es decir, su ego. Recordemos las mentes sucias y calenturientas de la Santánica Inquisición.
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06 May 2008
El amor tántrico puede sanar
Cercana está la iluminación para aquel Yogui Tántrico, -y si no es yogui no puede ser tántrico- que sabe y siente que dar es lo mismo que recibir. Aquel que controlando sus instintos sabe complacer a su amado/a. Aquel que sabe esforzarse sin esforzarse. Aquel que sabe fusionarse con lo más profundo del estremecimiento, la ambrosía...
Después de haberse sumergido ambos en un delicioso, aromático y afrodisíaco baño, se dirigen cogidos de la mano a la perfumada estancia. Ella está desnuda, su amado ha realzado su belleza colocando collares en tobillos y cintura; ha pintado su cuerpo, besado sus pies y honrado a su amada, como si de una Diosa se tratase.
En el centro del mandala, el círculo cósmico, con un triángulo de poder en medio de la luz de las velas, del incienso y demás esencias, su piel brilla iluminada por el amor que refleja el fulgor de mil estrellas. Ella es la Sakti, la maga, la diosa que encarna el poder de la luna y el esplendor fecundo de la naturaleza. Su amado, su adorador, su Siva, se acerca, le ofrece una copa de vino pintándole una media luna o un punto rojo pasión en la frente y coloca la mano en su corazón, mientras ella hace lo mismo, para abrir sus chakras cordiales y estimular el poder del amor en cada uno de ellos. Siva lleva un pedacito de carne a la deliciosa boca de su Sakti. Sakti lleva un pedacito de pescado a la boca de su Siva. Mutuamente se dan al disfrute de otros manjares afrodisíacos que van avivando poco a poco su pasión.
Sentados con piernas cruzadas uno frente al otro, se miran a los ojos. Se miran hasta lo más profundo, hasta descubrir el brillo del alma enamorada en el fondo de su ser. Sakti dirige su mano izquierda al corazón de Siva, su amado hace lo mismo. Sus manos derechas permanecen unidas formando así un maravilloso círculo de amor. Creando un puente energético entre sus mutuos corazones. Un puente de luz que enlaza sus almas a través de las manos, de la mirada directa y profunda de sus ojos. Sienten los latidos de su corazón y su respiración y van poco a poco armonizándose, uniéndose, fusionándose hasta ser un único latido palpitando para ambos, una sola respiración vivificando sus cuerpos. Una misma alma sintiendo lo mismo en cuerpos diferentes.
Se regocijan en el amor que reciben y en el amor que dan. En el amor que les llega formando un circuito de energía que recorre sus cuerpos. Se deleitan en el mutuo embeleso que va impreganando de amor, ternura, de sensualidad cada una de sus células, como un dulce y húmedo perfume. Cuando Sakti está preparada se sienta encima de Siva abrazándolo con piernas y brazos, juntando ambas frentes, fusionándose, siendo UNO en el hondo estremecimiento del abrazo cósmico, tántrico. Comienza el beso suave, profundo, sin que el tiempo y el espacio importen, sin que nada importe. Unos mismos labios y dos lenguas entrelazadas, acariciándose amorosamente, sin prisas, sin pensar, fluyendo hacia la vacuidad. Siva hará brotar con cada una de sus delicadas caricias un río de estrellas ardientes en cada poro desnudo del cuerpo de su amada.
Van a hacer el amor, sublime, sensualmente. Sakti introduce suavemente, muy despacio, el lingam, el tallo de jade de su amado, en su sagrado templo de jade, su yoni. Sakti se abandonará a esa marea cósmica que va iluminando todo su cuerpo, dejará que oleadas de gozo vayan empapando todo su ser. Él sentirá la excitación de ella con la misma delicia de quienes se calientan en una hoguera en las frías mañanas de invierno. El calor de ella será su calor, el gozo de ella será su gozo. Siva nunca buscará su propio placer. El orgasmo de ella no es el final sino el principio de la celebración, el comienzo de la verdadera ambrosía. Sakti, aunque abandonada a la marea de sensaciones, hará todo lo posible por transmitir lo que siente a su amado. Son ahora una única alma, un cuerpo fusionado donde los egos han desaparecido por completo. Donde cada uno se esfuerza por buscar el placer, el disfrute y, sobretodo, el crecimiento del otro.

El orgasmo es sólo el principio. Permaneced unidos y meditad, relajaos al máximo, disfrutad de él y prolongadlo. Liberaos de todo lo que pesa, soltad!. Daos por completo, id más allá. Buscad, explorad, experimentad al otro, ahora sois un único cuerpo, fundíos en el otro. Olvidad vuestro ego y creced. Olvidad quién domina a quien, olvidad toda lucha de poder. Entregados al estremecimiento del absoluto silencio, no penséis nada, ¡sentid!. Que no se apague la llama del amor en nada más que un simple desahogo sexual. No os conforméis con cosas primitivas, evolucionad y tened la valentía de atravesar el placer sin miedo a nada...
Ella es la maga que encarna los poderes del universo, él ha sabido respetarlos. El temblor cósmico que experimenta el cuerpo de su amada es su propio temblor, y el mar de sensaciones que le ha inundado por completo, se desborda impetuoso para inundarlo también a él. Un caudal de energía manando de ella provoca el "abandonarse" de él, que fluye con su amada, mientras ella lo conduce hasta el sagrado misterio de un orgasmo primordial, donde descubren que no son hombre y mujer, sino puro amor cósmico lleno de la luz y el gozo con que fue creado el universo...
Han hecho el amor siguiendo el ritual mágico de los antiguos tántricos, más allá del placer que nunca termina, encontrando así su auténtica identidad universal. Esa es la verdadera luz que ahora los ilumina, el verdadero gozo que permanecerá en ellos días y días...
Recuerda siempre:
- Dar es lo mismo que recibir, por tanto, da a tu pareja aquello que te gustaría recibir. Complácela si deseas ser complacido.
- Si tienes prisa por llegar al final te perderás la gloria del principio y el estremecimiento del durante acabará pronto. Es absurdo querer terminar cuando hay placer, tener prisa cuando se está disfrutando.
- El sexo libre y el amor libre son cosas completamente diferentes. El sexo libre tiene miedo del amor y del enamorarse, reprime el amor. Al persistir el miedo, se crean dependencias afectivas que luego son rotas violentamente, con mucho rencor y sin perdón, cuando la relación termina. El amor libre es consciente, puro, sin dependencias, sin condicionamientos ni apegos; cuando termina la relación, el amor continúa. El amor libre es sólo para los que buscan la consciencia, la elevación, la luz, el conocimiento, la libertad. Es para los valientes.
- Si el amor es verdadero, nunca te hará sufrir. Sólo sufrirás si te enamoras de tu ego posesivo que cree ser dueño de algo que no le pertenece. Las personas no somos objetos a poseer. Tú no perteneces a nadie más que a Dios, yo no pertenezco a nadie más que a Dios. Cuando aprendes a amar sin posesión, ese día creces y te liberas del sufrimiento causado por una pérdida que sólo es real en tu orgullo. Es humanamente comprensible que cuando se está enamorado, si tu pareja se marcha, duela. ¡Pero recuerda!, tú no eres su dueño y no puedes retenerla. Si de verdad te amara nunca te abandonaría, y si te abandona, es porque no te ama realmente. Entonces, ¡evoluciona!, ¿para qué quieres a alguien que no te ama a tu lado?.
- A veces la relación termina, la lección aprendida, el Karma cumplido, la pareja debe disolverse pero ahí quedará para siempre algo muy bonito que jamás será borrado, ni tan siquiera el ego podrá poseerlo ni borrarlo. El Karma será tu bendición, recíbelo, fusiónate y queda ahí para siempre en un estremecimiento perpetuo. Cercana está la iluminación. ¡Vuela!
Para saber más...
- Valerie Brooks. Tantra para mujeres. Editorial Obelisco.
- Margot Anand. La senda del éxtasis. Editorial Martinez Roca.
- Osho. El libro del sexo. Ed. Planeta-Agostini
- Osho. Tantra, espiritualidad y sexo. Ed. Arkano Books.
- DVD: El amor es éxtasis.

