09 Sep 2011

CAPRICHOSOS ABURRIDOS

Escrito por: sirbosco el 09 Sep 2011 - URL Permanente

Leyó prensa amarilla, se colocó las gafas de madera y abandonó el loft en dirección al estudio. En el tranvía se hablaba de la emo con piercings en los párpados: Uno de ellos se enganchó en el fular de una señora y ambas tiraban de lado a lado para que no ocurriese el desastre que acaeció resbalando el globo ocular de la moderna por el cachemir de la señora, cual yema de huevo viscosa salpicando todo de líquido escarlata. El conductor comentaba con un viajero, penitente descalzo hasta que acabara la crisis, que a la accidentada le era aplicable El Principio de Peter: Había alcanzado su nivel de incompetencia igual que la nata sube hasta cortarse. Una sexagenaria acomodada junto a la ventana de emergencia, atacada en los medios por expresar su desprecio hacia un atleta, suspiró reflexionando: Que nadie se corta en desprestigiar a sus anchas, pero cómo en esta ocasión los insultos venían de ella que era una oboísta célebre, les era sencillo ir contra quien se expresaba cómo todos, libremente. Unos se inventaban que era lesbiana; los idólatras del deportista cuya ética era continuamente reprendida por quienes le conocían no razonaban que ella tenía motivos para decir cuanto les molestaba, y la ofendían porque igual que hacían todos ofendió al que no sólo ella insultaba; los sexistas manifestaban que se dedicara a fregar platos. En el deporte los dimes y diretes estaban a la orden del día tanto por profesionales cómo por hinchas y forofos. Ella no hizo nada extraño si no aclamar que el atleta era un sinvergüenza, cosa bien sabida. Pero los forofos radicales no perdonan y ahora tenían una conocida con la que ensañarse por decir verdades que tergiversaban en odio acérrimo, tal vez por ser mujer y comulgar con la libertad de expresión, que aunque despectiva era pura definición sobre el deportista. La oboísta consideraba al atleta un perfecto calavera porque se sabía que engañaba; abusaba; era inclemente y dañino.

En el estudio se sintió mejor. Los tranvías le parecían mercados. No entendía cómo los viajeros tenían ganas de cháchara tan temprano ni tampoco que últimamente a los snobs les diera por decir Sol esto y Sol lo otro, y ya no sabía si se referían al planeta solar o a La Puerta del Sol, en tanto que hacer meditación silabeando el om le parecía una estupidez. Para él el relax consistía en meter los pies en una zafa con agua y unos polvos mientras veía en la tele una reposición de kung-fú. Y le divertía asistir al espectáculo de una vicetiple que cantaba: Si te digo que te lo enseño es porque te lo enseño.

Montó una empresa donde los clientes acudían a contar intimidades sin ser aquello confesionario ni tampoco terapia grupal. Pedían cita, cada cual se sentaba en el lado de la mesa que le asignaban y un señor bajito iba señalando con un Parker dando la palabra:

-Mi hija y yo hemos venido porque estamos hartos de que mi suegro conviva con nosotros e intente dirigir el rumbo de nuestras vidas.

-¿Tiene algo más que decir?-Preguntaba serio el moderador y si no había algo que añadir corría el turno.

El negocio iba en auge. Un local con varias salas de reunión y en cada una moderaba un jubilado, que tras presenciar cómo contaban sus intimidades les invitaba a pasar por caja y dejaban una buena cantidad de dinero por haberse desahogado. Durante todo ese tiempo el de las gafas de madera, en su estudio, leía las fichas de los aburridos o presenciaba por un monitor lo que acaecía en cada salón. La gente vacía estaba deseosa de alquilar visitas, contar cosas a desconocidos, e incluso dejarse buena pasta en aquel lugar para decir cosas que no decían absolutamente nada aunque el cliente saliese con una sonrisa en los labios. Se ha puesto de moda y hay varias ciudades con salas donde el cliente pone cómo un trapo, por ejemplo, a un conocido y acto seguido paga los honorarios. La inspiración surgió presenciando historias de tranvía, en ascensores, en cualquier parte donde siempre alguien intenta sacar conversación no para conocer a otros si no para decir lo que nunca diría a nadie. Al menos pagando les escuchan.

Abre la puerta de su loft sonriente. Descubre que le han robado. Meses más tarde el hombre que dirige la empresa donde la gente se desahoga pasa a ser cliente y jefe, para soltar lo que lleva dentro: Que le robaron, y se caga en esos sinvergüenzas. Sus compañeros también lo hacen. Es ya alarmante. Algo que se creó con animo lucrativo ha llegado a ser medio de vida y de tranquilidad para los propios trabajadores que meses antes se reían de la clientela por su absurdo savoir faire. Ahora todos cuentan cosas: clientes y directivos del entramado. Tal vez el primer vendedor de refrescos no se planteó que también acabaría deleitándose con ellos.

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11 comentariosEscribe tu comentario

11 comentarios Escribe tu comentario

dezabaleta dijo

Interesante relato...muy bueno el concepto de negocio de escucha de problemas !

Saludos
Mark de Zabaleta

sirbosco dijo

Dezabaleta: No me extrañaría que algo similar estuviese ya inventado. Sabes que hay cosas donde la gente se deja el dinero porque son lo último descubierto. Al final esos booms pasan al olvido en algunos casos. Pero hay empresas que ofrecen servicios muy extraños ¿No te parece? Un abrazo.

jujauj dijo

creo que con tu inventiva se pueden crear empresas de lo mas interesantes...podrias acabar con el paro!!, todos empresarios. Empecemos pues, con este negocio de locutorios y con aquel de los que cagaban en publico.

vegalonso dijo

Tengo la impresión de que alguien que te lea va a poner en marcha una industria parecida a la que describes.
Porque poner a escurrir a otro, contar intimidades o sentir que alguien escucha tus buenas ideas es el anhelo del tercer milenio.
Y si además un programa de TV conecta con el lugar de cuando en cuando, el placer experimentado es inenarrable.
Va a ser un negocio redondo, así que a lo mejor debias proponerlo a los candidatos de noviembre.
Un abrazo

sirbosco dijo

Jujauj: Todo está ya inventado me creo. No he podido evitar reirme con tu simpático comentario. Sí, tiempo atrás eso escribí, un lugar donde iban a cagar jajaja. Me gusta que lo leyeras. Un abrazo.

sirbosco dijo

Vegalonso: No va conmigo eso que dices jajaja. Sabes que ya hay gente que paga incluso por ir a la tele a contar cosas. Todo está inventado me creo. En sí intenté transmitir que algunos que sacan a la luz empresas de estas posiblemente acaban siendo clientes de ellos mismos. Un fuerte abrazo.

Una buena idea, hay mucha gente que necesita sacar fuera todo aquello que le reconcome y no se atreve a decir a los cuatro vientos ¿por qué? ese no sacar fuera la ira, y demás sentimientos crean una ansiedad e incluso una insatisfacción, con que yo digo sería un negocio para plantearse. Me alegra verte Sir un besazo.

Mi querido amigo Sirbosco: Siempre, cada día, me sorprendo de la cantidad de tiempo que emplea la mayoría de la gente en hablar para no decir casi nada; a veces no me queda más remedio que escuchar conversaciones teléfonicas a voz en grito (a mi no me dejan fumar, pero todo lo demás está permitido), y siento vergüenza ajena por las chorradas que oígo. El prójimo tiene necesidad de contar su vida, más o menos distorsionada; antiguamente lo hacían en el confesionario, actualmente -los más espabilados-, en el psiquiatra.
Muy bueno el artículo, en fondo y forma.
Besos y abrazos.
Xabier.

sirbosco dijo

Cristina: Inventan cosas que en ocasiones me dejan asombrado, claro que está bien que la gente se desahogue y se encuentre mejor jjajaja. Yo también me alegro de verte Cristina. Muchos besos, cielo.

sirbosco dijo

Xavier: Pienso que no siempre es lógico contar, o hablar por hablar. Entiendo que la gente acuda a esas terapias porque les ayude a sentirse bien consigomismos, pero pretender que nuestra existencia esté en el centro del universo no lo comprendo. Tengamos en cuenta que nadie es más importante que nadie y que si todos nos dedicaramos a vocear nuestras cosas sería tan aburrido cómo esos programas donde la gente paga por que la saquen. Es bueno tener un rinconcito con secretos. Lo veo así. No es malo guardar cosas para uno mismo. Besos y abrazos amigo Xavier.

Mi querido amigo: muy interesante el relato. felicidades. Un besito

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