22 Jul 2007

ALCOHOLISMO Y LITERATURA

Escrito por: Estrella Cardona Gamio el 22 Jul 2007 - URL Permanente

Últimamente, los medios de comunicación, vienen divulgando una campaña destinada a alertar sobre los peligros del alcohol. En ella se reconoce ya que el alcohol es una droga dura, que no se trata de un vicio vergonzante sino una enfermedad y muy grave.

Si tenemos presente que el alcohólico nace y no se hace, es decir, que la persona lo lleva dentro, que es una enfermedad, que es genético y por ello hereditario –esto, refrendado por las estadísticas, que luego han venido a apoyar investigaciones médicas–, lo más importante es no llevar a nadie, a temprana edad, a su descubrimiento, o sea que no es recomendable iniciar a los niños en su consumo, inducidos por el erróneo pensamiento de que: "el vino da sangre, el vino da fuerza, el vino abre el apetito", e incluso, "el vino ayuda a hacer la digestión".

A nadie le agrada el que le señalen como alcohólico ni en el seno familiar es plato favorito tener algún pariente directo que lo sea, pero fingir y encubrir, o decirse a uno mismo "que no pasa nada, que sólo son unos vinos que han caído mal", es la táctica del avestruz.

Existen tres clases de personas bebedoras de alcohol: el bebedor social, que no es alcohólico, pues se toma unas copas pero no reincide en su abuso, el bebedor fuerte, que no es alcohólico pero que puede ingerir grandes cantidades de alcohol y que en cuanto su salud se resiente y con ello su entorno, se detiene, y el bebedor compulsivo, el auténtico alcohólico, que apenas prueba el alcohol sigue bebiendo a todas horas porque le es imposible dejarlo.

Es inexacta la afirmación de que a un alcohólico le empuja a la bebida cualquier problema, ya que para el alcohólico tanto disgustos como alegrías le inducen a beber; son su justificación a la bebida.

Se dice que Edgar Allan Poe se dio a ella después de la muerte de su esposa Virginia, pero eso no es cierto; él ya era genéticamente alcohólico y los sufrimientos vividos no fueron sino la excusa oficial para justificar una enfermedad que entonces no recibía este nombre, y aun hoy en muchos casos, tampoco.

Tenemos también al jovencísimo poeta Rimbaud que solamente tuvo cuatro años de actividad poética, desde los catorce hasta los diez y ocho, regados por el alcohol al que añadió otras substancias en compañía de Verlaine.

A Fernando Pessoa, cuyo final fue muy similar al de Poe: cirrosis, delirium tremens y muerte.

A la novelista alcohólica Carson McCullers.

A Ernest Hemmingway y su reconocida dependencia alcohólica.

A Dashiell Hammett, uno de los "padres" de la novela negra norteamericana.

A James Ellroy, a quien la literatura salvó de morir por causa del alcoholismo heredado de su padre. También en su caso, en apariencia, el desencadenante fue el salvaje asesinato de su madre que le ha traumatizado para siempre desde la infancia.

Y aunque cronológicamente no le pertenezca el último lugar de esta breve lista, R.L. Stevenson fue un gran bebedor, hasta el punto que minutos antes de caer fulminado por el ataque de apoplejía que le condujo a la tumba, llevaba una botella de vino en su mano.

Precisamente es Stevenson a quien debemos una descripción en primera persona de lo que puede ser el alcoholismo ya que en su novela, "El extraño caso del Doctor Jekyll y Mister Hyde" el más célebre estudio literario de un desdoblamiento de personalidad física y mental que refleja magistralmente la transformación absoluta a la que fuerza el alcohol, nos describe como las buenas personas se llegan a convertir en monstruos reales tanto para los demás como para ellos mismos, ya que si en el alcohólico en activo su único amor es la botella, su única razón de ser y de vivir, ni padres, ni hermanos, ni esposas, ni maridos, ni hijos, para el doctor Jekyll la pócima milagrera se convierte en su exclusiva pasión hasta que, ya definitivamente Hyde, un breve instante de lucidez le hace acabar con su propia existencia, lleno de horror ante el engendro en el que ha degenerado.

Si releemos atentamente esta novela corta de Stevenson, descubriremos en boca del doctor Jekyll, los eternos razonamientos de cualquier alcohólico:

"Para tranquilizarte, te diré una cosa: puedo deshacerme de mister Hyde en el momento que lo desee. Te doy mi palabra al respecto y te lo agradezco nuevamente."

(Y en su descripción de los efectos de la pócima)

"Fui presa de los más terribles tormentos: un crujir de huesos, una náusea mortal y un horror del espíritu que no podría ser superado ni en la misma hora del nacimiento o de la muerte. Esta agonía pronto empezó a pasar, y, como quien sale de una grave enfermedad, me fui recobrando. Había algo nuevo en mis sensaciones, algo indescriptiblemente nuevo y, a causa de esta misma novedad, increíblemente dulce. Me sentía más joven, más ligero, más feliz en lo físico; interiormente, tenía conciencia de una fuerte temeridad, en mi imaginación se atropellaban desordenadas imágenes sensuales, los lazos del deber se aflojaban y experimentaba un desconocido, pero no inocente, sentimiento de libertad en el alma."

Por último transcribo este fragmento, singularmente revelador, en la obra de Stevenson:

"No creo que cuando un alcohólico razona consigo mismo acerca de su vida tenga conciencia de los peligros a los que se expone su embrutecedora insensibilidad física."

Todo esto nos lleva a una reflexión, ya que hablamos de literatura, y es que el alcohol no es, entre otras muchas cosas, fuente que inspire, ni nunca lo ha sido y creerlo constituye un grave error puesto que induce a muchos escritores noveles a confundir los términos suponiendo que cuanto más borracho se esté mucho mejor se escribirá, leyenda que hay que erradicar; el alcohol destruye el cerebro a menos que se pare a tiempo; todos estos escritores mencionados no fueron geniales por causa del alcohol sino a pesar de él ya que habrían sido muchísimo mejores sin semejante dependencia, empezando por sus propias vidas que no hubieran conocido el infierno.

ALCOHOLISMO Y LITERATURA Copyright 2007 Estrella Cardona Gamio

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15 Jul 2007

Ave, AVE... ¿Continúo?

Escrito por: Estrella Cardona Gamio el 15 Jul 2007 - URL Permanente

Hoy en día los antiguos dioses han sido substituidos por los modernos, hay muchos y tienen diversos nombres, todos muy conocidos, nombres que van al grano, prácticos, que carecen de la poesía y el misterio que caracterizó a los antiguos, claro que son otros tiempos, por supuesto, y si no, fijaos en el detalle de que cuando se avista una nueva estrella, o algún planeta despistado en cualquier sistema solar descubierto para asombro de propios y extraños, porque existen otros sistemas solares aparte del nuestro ¿eh?, pues se los bautiza con unas cuantas letras y varios números como si se tratara de un recluso, nada de buscar en mitologías, que eso está pasado de moda.

La lista de los nombres en nuestro moderno Olimpo es muy extensa pero nos vamos a centrar sólo en uno por el momento, el que estos días, o estas horas, se halla en el primer plano del top ten barcelonés. El dios en cuestión se llama Velocidad, ¿a que ya empezáis a comprender de qué va la cosa?

El dios Velocidad es alguien a quien hay que tener muy en cuenta y al que yo no vacilaría en llamar "el Jefazo" porque está metido por todas partes, sus acólitos son el reloj y la impaciencia y bien que cumplen con su trabajo de una manera impecable ya que nunca descansan porque hay que pensar que el día en que el reloj se pare o la impaciencia reviente... ¿Qué será del mundo, de la vida tal y como ahora la conocemos?; supongo que a su lado la extinción de los dinosaurios quedará reducida una simple anécdota de Café.

Pero ya hablando en serio, ¿os habéis dado cuenta de lo terrible que sería no poder llegar antes de haber salido?, me estoy refiriendo al AVE, naturalmente, máximo representante del dios Velocidad en estos días. No sé cuanto se tarda de Barcelona a París en AVE, ni sé, en mi ignorancia de persona que no viaja más que con el pensamiento y a veces un poco a pie o en ferrocarriles comarcales, si aparte de usuarios llevará el AVE transporte de otra clase que se pueda distribuir en mercados o tiendas, pero si el caso se diera, ¿es tan importante una hora, o dos, de adelanto, para llegar los primeros? En la antigüedad no disponían de las modernas tecnologías y la existencia continuó a pesar de esa omisión, lo prueba el que aquí estemos.

A este paso el dios Velocidad se va a comer nuestras vidas; el afán competitivo que rige a la especie humana va a empujarnos a todos hasta el punto de que lo único que queramos sea llegar siempre los primeros, no importa a dónde ni el motivo ya que lo que nos arrastrará es el participar ciegamente... para no arribar a ningún sitio que valga la pena, porque lo haremos tan agotados que no se podrá disfrutar de aquello que creíamos se iba a obtener y el estrés acabará del todo con nosotros.

Qué pronto se han olvidado las épocas felices de los grandes viajeros, cuando se iba a caballo o en tartana gozando del paisaje, de los pueblos, conociendo otras gentes y otras culturas, entonces se escribían libros de viajes memorables que han llegado hasta nuestros días haciéndonos revivir tiempos pasados de una manera agradable y la lentitud no era obstáculo para el disfrute, la emoción o el interés; no se parecían en nada a los viajes turísticos actuales en los que en un día has visto tantas lugares y gentes, que luego, al recordar ya no sabes ni quién es quién ni si este monumento pertenece a una ciudad o a otra, más o menos "si hoy es miércoles esto es Bélgica".

Los dibujos completaban los textos de aquellos viajeros o lo hacían las primeras fotografías, por lo de que una imagen vale más que mil palabras.

Afortunadamente, hoy en día también se hacen fotos y es una buena manera de que el recuerdo quede fijado para siempre, sí, para siempre, así en el futuro podremos ver, o recrear la vista en monumentos que ya no existan y no porque el transcurso de los siglos los haya convertido en polvo, sino debido al paso del dios Velocidad transformado en AVE.

Como adivinaréis me estoy refiriendo concretamente a la Sagrada Familia y al tránsito del AVE cerca de ella. Yo vivo en Sant Cugat del Vallès, y aquí tenemos un Monasterio que hace poco cumplió mil años, pues bien, en cinco décadas, el tráfico de los coches junto a él lo ha deteriorado más que los mil años transcurridos, tanto, que han tenido que desviar la ruta de los vehículos.

El ejemplo es una pequeña muestra en nada comparable a lo que pueda suceder cuando el AVE pase como una exhalación por debajo de la maravillosa obra de Gaudí, única en el mundo no hay que olvidarlo, ¿llegaremos quizá al triste desenlace que se deriva cuando el protagonista de la primera versión cinematográfica de "El planeta de los simios" descubre lo que no se esperaba?

Porque aquí entra otro dios moderno en escena, y es un dios poderoso que cuenta con muchos devotos: Espectacularidad; poco importa lo que se destroce o desaparezca siempre que constituya un gran espectáculo, la mayoría de las veces rentable.

Ave, AVE... ¿Continúo? Copyright 2007 Estrella Cardona Gamio

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12 Jul 2007

LA TRADUCTORA DE SALAMMBÓ

Escrito por: Estrella Cardona Gamio el 12 Jul 2007 - URL Permanente

Yo tengo un libro que es una joya, sí, tal como suena, una de esas joyas polvorientas en el sentido literal de la palabra porque el polvo se incrustó hace tiempo en sus cubiertas, viejas portada y contraportada azules de esquinas raídas, sus páginas amarillean y abundan en ellas las pequeñas manchas de humedad color ferruginoso. Si abres el libro y las hueles no te saluda ese frío olor a tinta y papel modernos tan impersonal, sino otro muy diferente, y también muy antiecológico, por qué negarlo, de bosques que se fueron para no volver, es un aroma mágico que te hace soñar y al mismo tiempo es causa de que te remuerda la conciencia.

El libro, en concreto Salammbó de Gustavo Flaubert, se publico en París, traducido al castellano para la Casa Editorial Garnier Hermanos, sita en el núm. 6 de la rue des Saints-Pères, supongo que en el año 1895 o 1896, en todo caso siempre a finales del siglo XIX, siendo su traductora la señora María Genoveva Laude de Dutremblay, exclusiva protagonista de esta historia, en la que todos los nombres propios en francés se versionaron al castellano y así los he respetado.

María Genoveva falleció tras una súbita y rápida enfermedad el 8 de septiembre de 1894, a los dos años de haberse casado con el joven doctor Dutremblay, y como nació el 9 de octubre de 1869, podemos comprobar que murió en plena juventud, ahora bien el motivo por el cual hoy la traigo aquí, es porque en ella concurren unas circunstancias por completo inusuales para su época.

María era una señorita de familia pequeño burguesa a quien, llevada de sus tendencias literarias, le dio por estudiar idiomas, y los estudió en casa por medio de institutrices como entonces se estilaba. Así aprendió el inglés, el italiano, el alemán y finalmente el castellano, este último concretamente porque se hizo amiga de una muchacha argentina, Emilia Girondo, y para sorprenderla lo aprendió, luego, y en el último año de su vida, se dedicó a traducir Salammbó de Flaubert, y supongo que de haber vivido se hubiese dedicado al oficio de traductora, no porque lo necesitase económicamente sino por placer, o mejor dicho como reivindicación, pues sin ser feminista no me cabe duda de que María hubiese llegado a convertirse en una de las pioneras de ese movimiento ya que todo en ella parecía apuntar en tal dirección, pero no pudo al morir prematuramente; quizá hubiera llegado a ser una gran escritora, le gustaba la literatura y poseía sensibilidad y cultura, quizá al estallar la Gran Guerra Europea hubiese trabajando como enfermera ayudante de su marido, bien en el frente bien en la retaguardia, quizá... ¿Quién puede saber lo que habría llegado a hacer María de haber tenido toda una vida a su disposición? Posiblemente hoy se la mencionaría como una de las primeras mujeres traductoras ejemplo de tenacidad y decisión, y tal vez por eso mismo su vida personal pudo haber conocido cambios importantes, ¿una separación civilizada o sea, cada uno por su lado pero discretamente, un divorcio, una existencia distinta, rompedora..., escandalosa a lo George Sand?... No lo podremos saber nunca, y así María Genoveva Laude de Dutremblay, no pasará de ser otra cosa que una promesa truncada, como tantos que se han ido en plena juventud dejándonos la incógnita de un futuro que jamás vivieron.

Y para más inri, su lugar en el mundillo literario es sumamente minúsculo, una novela de Flaubert traducida al castellano que, además, se da la circunstancia curiosa que escribiese con muchas prisas como si intuyera que sus días se acababan; en realidad fue su primera y única obra, y como toda obra en papel impreso, le ha sobrevivido aunque de una manera tan anónima como lo fue su propia existencia, sin embargo ahí está, en mi librería e imagino que en algunas otras a cuyos dueños les dé, igual que a mí, por conservar libros antiguos y raros con alguna particularidad especial.

Lo único que no deja de llamarme la atención en toda esta historia, es que María eligiese una novela tan salvaje como Salammbó, escrito así el nombre en su traducción tal cual lo pusiera originalmente su autor, una obra de sexo y violencia en la que la brutalidad y la barbarie se retratan casi con voluptuosidad, y no acabo de entender el por qué de semejante elección que me hace pensar muchas más cosas de lo que sería aconsejable simplemente por respeto a la desaparecida, a quien su marido describía con estas palabras en su dedicatoria del libro a la Reina Regente de España María Cristina: El recuerdo de la más buena de las esposas...

Y a su vez J. Roy, profesor de la Escuela de Cartas y Estudios Superiores, en su introducción a la novela:

Honor grande prometía ser para las letras la joven y ya distinguida autora de la presente traducción. Pero enfermedad tan implacable como imprevista arrebató cuantas risueñas esperanzas hiciera concebir a los que hablando de ellas, encuentran perpetuo consuelo y de continuo tejen con su cariño corona de eternos recuerdos.

Añadiendo más adelante:

A la traducción de esta novela consagró el año que debía ser el último de su vida. Como si tuviera presentimiento de su brevedad, puso en esta tarea su vigor, su corazón, su espíritu todo, sacrificando distracciones y placeres (...) Invisible para los indiferentes y entregada por entero a sus deberes y a sus sueños de gloria, cifrados en este trabajo, con el cual quería extender la fama de su nombre.

Muy triste, ¿no?

Sin embargo recordemos una cosa: en su corta existencia María reivindicó con su esfuerzo y dedicación, a través de la novela traducida, los derechos de la mujer -derechos que un siglo antes ya tuvieron en Olympe de Gouges y Mary Wollstonecraft a sus primeras representantes-, de esa mujer que después ha podido estudiar en las universidades labrándose un porvenir independiente, o que al menos en muchos casos lo intenta, por ello, y como homenaje a su empeño en una época entonces crucial para nosotras, quiero cerrar el presente artículo con varios fragmentos de su Salammbó, respetando una acentuación y alguna que otra palabra ya caídas en desuso:

CAP. I
EL FESTÍN
En Megara, barrio de Cartago, y en los jardines de Hamilcar desarróllase la escena.
Los soldados, que habían servido bajo sus órdenes en Sicilia, celebran en gran festín el aniversario de la batalla de Erice, dándoles la ausencia de su dueño absoluta libertad para entregarse á la comida y á la bebida, como lo hacían en gran número.

CAP.VI
HANNON
Apenas si los soldados, en el desorden de lo imprevisto, tenían armas. El terror los paralizó y quedaron indecisos. Ya desde lo alto de las torres les lanzaban dardos, flechas, faláricas, pedazos de plomo; cuando algunos, para subir, se agarraban a las franjas de los caparazones, les cortaban las manos y caían de espaldas sobre los levantados aceros. Las picas demasiado débiles se rompían; los elefantes pasaban entre las falanges como jabalíes entre matorrales: arrancaron las estacas del campamento con sus trompas, lo atravesaron de un extremo á otro, derribando las tiendas con los pechos, y los enemigos huyeron, escondiéndose en las colinas, que cercaban el valle por donde los Cartagineses habían venido.

CAP. XI
EN LA TIENDA
Salammbó quieta, con la cabeza baja y las manos cruzadas, lo contemplaba. En la cabecera del lecho, sobre una mesa de ciprés, había un puñal, y ante la luciente hoja sintió un deseo sanguinario. Los lamentos, que se oían a lo lejos en la sombra, la invitaban como un coro de Genios; se aproximo, asió el hierro por el mango; pero, al roce del vestido, Matho entreabrió los ojos, acercó los labios a la mano de Salammbó y el puñal cayó.

La traductora de SALAMMBÓ Copyright 2007 Estrella Cardona Gamio

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Sobre este blog

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Estrella Cardona Gamio, escritora

Soy Licenciada en Bellas Artes y autora de novelas, relatos y cuentos infantiles, también he sido miembro de la Asociación Española de Periodistas y Corresponsales, y he colaborado en prensa muchos años con artículos temáticos y relatos cortos. Asimismo he colaborado en radio con programas temáticos propios. Mi primera novela fue auto publicada en papel, hace años, El otro jardín. En 2006 publiqué en el mes de marzo, un libro de relatos, La dependienta con una editorial madrileña, coedición. En 1999, mi hermana María Concepción montó el sello editorial C. CARDONA GAMIO EDICIONES (que comenzó on line en noviembre de ese mismo año). A partir de 2006 hemos ido publicando en papel, impresión bajo demanda, el manual Taller libre de literatura, en 2007 Adriel B. -la novela de una alcohólica-, La trampa de ser mujer -manual para recobrar la autoestima perdida-. En 2008, El abrigo de Clark Gable y otros relatos y, el infantil, El abuelo que no sabía explicar cuentos. A finales de 2009 una novela de humor, La canción de la manzana, con prólogo de Mikel Urmeneta. En diciembre 2011, La otra vida de T. Loure. Desde el 28 de abril del 2012 estamos en Amazon Kindle ampliando horizontes.

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