29 Jul 2008

EL ÚLTIMO HOMBRE

Escrito por: Estrella Cardona Gamio el 29 Jul 2008 - URL Permanente

Estoy leyendo una novela de Mary Shelley, la autora de Frankenstein, se titula El último hombre y es una curiosa novela cuya acción se sitúa en el año 2073 y sigue hasta el final de este siglo nuestro, lo extraño del caso, ¿o tratándose de Mary Shelley no deberíamos sorprendernos?, es que habla del fin del mundo, de nuestro mundo cuyo prólogo se inicia con una guerra en Turquía, y luego por la peste que se extiende por todo el planeta.

En este futuro tan poco halagüeño no deja de hacernos sonreír la candidez con la que describe la tecnología de la época al mencionar los viajes en globo como el máximo adelanto moderno, pero eso no tiene nada que ver con el macabro paralelismo de situar el apocalipsis con los últimos años del siglo en el que estamos viviendo, y del que se valen en la publicidad de esta novela gótica que hace unos meses acaba de ser publicada en castellano por primera vez en nuestro país y por cierto muy bien traducida; se la llama incluso profética, tal vez porque no deja de ser un pronóstico agorero de nuestro propio futuro... si recordamos que también su autora convirtió a Frankenstein en una novela de anticipación.

Para muestras ahora, en el momento presente que vivimos: fugas radioactivas en Francia, fugas radioactivas en España, lo de Chernobil que continúa vigente bajo tierra, y en Suiza un acelerador de partículas nombre dado a esa cosa que custodiada "en máxima seguridad" permite que los científicos jueguen a ser dioses pese a la amenaza latente de un inesperado fallo que puede, aunque ellos aseguren que no, lograr la desintegración del universo entero, y el universo es bastante grande, o sea que... Eso por no hablar ya de los conocidos viejos males, guerras, terrorismo, terremotos, tsunamis, contaminación variada, plagas infecciosas, y el fantasma de ese asteroide que aseguran los expertos chocará contra la Tierra en un plazo cada vez más corto si antes no se le desintegra vía misil. ¡Alegre panorama en verdad!

Al lado de esta realidad nada novelesca, El último hombre es casi un cuento infantil y Mary Shelley una ingenua soñadora de catástrofes, pero, ¿por qué situó ese fin del mundo cuando acabe el presente siglo?

En la novela, a medida que las gentes van muriendo de la peste, al principio en extremo oriente, Europa lo contempla con indiferencia, y también Norteamérica, piensan que con ellos no va la cosa, que a ellos no les llegará, y les importa muy poco lo que les pase a los otros, hasta que, progresivamente, la epidemia se acerca paso a paso, primero en carencias en los mercados que empiezan a recortar un status de vida cómoda y regalada, para después no comerciar los unos con los otros de país a país porque no hay nada que se preste al intercambio, luego, con los primeros enfermos que habían desafiado la epidemia con una lógica muy del mundo civilizado ("a nosotros no nos puede pasar eso") y para complicarlo más todavía, los políticos y sus discursos, el fanatismo desatado, la superstición, el caos en suma, y la muerte que inexorable va segando vidas humanas hasta que sólo queda un último hombre vivo que es, precisamente, el narrador de la novela.

(Y cuya presencia creó escuela ya que después infinitos han sido los "últimos hombres" en la novelística, sobre todo cuando el cine los ha popularizado.)

¡Pobre Mary Shelley, que inocente era cuando escribió El último hombre!, porque la realidad siempre ha superado a la fantasía.

No hace muchos días la prensa mencionaba que, los expertos en el tema, ya no dudan de que en Marte hay agua, que la hubo, y mucha, en tiempos idos, y que, gran asombro de los sabios, todo parece indicar que hace miles, ¿cientos de miles?, mejor millones de años, hubo vegetación y vida en Marte...

¿Por qué no?, tal vez cuando el hombre llegue por fin a ese planeta, descubra en el subsuelo incluso ruinas de un lejano y civilizado esplendor, tan "civilizado" que acabó con la vida en su superficie como nosotros estamos a punto de hacer con el nuestro, ahora que los glaciares comienzan también a fundirse a destiempo y los osos polares emigran para ser recibidos a tiros apenas pisan el engañoso refugio de tierra firme.

Pero, ¿qué podemos hacer, lamentarnos como El último hombre mientras evocamos con añoranza los días lejanos? Él perdió la esperanza, nosotros no debemos hacerlo y eso que la tarea de sencilla no tiene nada.

EL ÚLTIMO HOMBRE Copyright 2008 Estrella Cardona Gamio

30 Jun 2008

NO DEBE ABUSARSE DE LOS CLÁSICOS

Escrito por: Estrella Cardona Gamio el 30 Jun 2008 - URL Permanente

No, no es recomendable abusar de los clásicos si eres aprendiz de escritor.

Ya sé que esto puede sonar a herejía en más de algún escandalizado oído, pero lo que digo es cierto; tomar a los clásicos como referencia para escribir en pleno siglo XXI, también desde mediados del XX, es un error y de los graves, porque aquellos caballeros -las damas estaban prácticamente proscritas a pesar de que las ilustres excepciones hayan existido-, escribían al estilo de su tiempo y aunque muchos argumentos tengan plena vigencia, porque son eternos, la forma de exponerlo, el lenguaje en primer término, las costumbres de la época en segundo, están ya caducados.

Imaginemos sino una conversación entre malhechores de ahora, utilizando el lenguaje shakesperiano, o los diálogos en el metro cuando la gente asalta el vagón en plan de lucha libre, o a dos enamorados actuales dialogando como Romeo y Julieta en una disco... Eso por no hablar de los tratamientos a lo Siglo de Oro español, ir al mercado empleando el "vuesa merced" cuando las parroquianas se matarían antes de permitir que alguien se les colase en la tanda.

¿Qué exagero?... No lo creo. Yo he leído, y vosotros también, autores españoles de hoy en día, que persisten aferrados a un lenguaje del 1500/1600, cuando no, modernos ellos, decimonónico. Bien que no empleen el "vuesa merced" los primeros, pero poco falta, y los segundos se arropan con autores españoles a caballo entre el IX y principios del XX, lo que da como resultado una especie de engendro para los tiempos actuales, engendro que huele a naftalina y que en más de una ocasión ha fastidiado un excelente texto al convertirlo en algo encorsetado, pomposo y grandilocuente.

Los clásicos están bien en sus respectivas épocas, pero si cogemos a don Juan Tenorio y lo ponemos en bañador en una playa de moda, resultaría francamente cómico escucharle declamar su “Inés del alma mía”, y no pero casi, yo he podido leer algo parecido en novelas publicadas en nuestro país hace quince años, y esos autores no eran conscientes de lo que estaban haciendo, suponían que los clásicos lo absolvían todo... u otorgaban pedigrí aristocrático de persona super culta.

Por ejemplo, yo he descubierto hace muy poco, la literatura de Emilia Pardo Bazán (por supuesto que mucho antes ya sabía que existía pero no había tenido ocasión de leerla) y me he quedado fascinada, aunque reconozco que el lenguaje es de otra época, lo que no es ningún demérito para doña Emilia porque ella estaba en la suya y hablaba, y escribía, según se estilaba, lo que no se estila es ahora copiarlo.

Claro que la culpa de esas calcas no la tienen muchos escritores, noveles y no tanto, sino la absurda creencia de que hay que imitar a los clásicos porque eso es lo correcto si se pretende ser un buen novelista. Semejante fijación, idea preconcebida, es inadmisible si lo que se pretende es ser un autor de nuestros días; el Quijote ya se escribió una vez y Cervantes ya no está.

Para muestra un botón de estudio aunque la literatura del ejemplo no sea ni española ni inglesa: fijémonos en Las afinidades electivas de Goethe, novela moderna e innovadora en su momento, pero actualmente, y con todos mis respetos para su autor, algo que no descubre nada en absoluto, ya que la situación que describe, hombre casado que se enamora de jovencita encantadora amiga de la familia, es tan antigua como la relación entre hombres y mujeres, o sea que no veo que descubriese gran cosa con esta novela... si la leo como ciudadana del presente siglo, aunque también me vale el pasado. Cuando se publicó, sin embargo, fue todo un éxito y me parece lógico pues era revolucionaria, pero querer reactualizar ese éxito hoy en día, no; cada tiempo tiene su modo de considerar las situaciones, sobre todo cuando son tan arquetípicas.

Otra obra digna de mención es Los bandidos de Schiller; nunca he leído una obra más cómica que ese truculento drama en el que al final muere hasta el apuntador, como mandan los cánones por otra parte; si se analiza fríamente, las situaciones se encuentran forzadas, y no sólo la maldad llevada más allá de todo límite hasta parecer grotesca, sino que los buenos sentimientos se trasforman en incoherentes y el amor acaba también de mala manera de una forma muy poco consecuente, es decir, otra vez forzada porque en las tragedias todo concluye siempre así. En su época, no obstante, constituyó todo un éxito y grande, tanto que le valió el exilio a su autor y la etiqueta de dramaturgo subversivo. En nuestros tiempos, para decir lo mismo se necesita otro enfoque, otro lenguaje y otras costumbres.

Lo que quiero decir, pues, es que no hay que obcecarse con las luces de antaño, deslumbrarse sería la palabra adecuada, vivir en nuestro siglo y ahondar en él, que tiene su propio lenguaje, no anclarse en el pasado que pasado está con sus éxitos y sus logros de otros días, magníficos en su momento y entonces dignos de alabanza, alabanzas que no pretendemos mermarles ahora pero que hemos de situar en el marco en el que fueron escritas. Los bandidos fue políticamente incorrecta en el siglo XVIII, Las afinidades electivas considerada una novela que marcaba, o abría una nueva época, un precedente novelístico, pero, ¿vamos a imitarlas por ello?

Seamos nosotros, buenos o malos escritores, pero nosotros, investiguemos por nuestra cuenta e intentemos abrir caminos nuevos, acordes con el instante personal y social en el que nos desenvolvamos, que posiblemente dentro de cien años ya no sea el mismo. Respetemos la antigüedad, que es un grado importante, pero no pretendamos peinar canas a los quince años.

Hay que leer mucho y hay que aprender a leer, y, sobre todo, a tener un juicio crítico objetivo y ser plenamente conscientes de que hoy no es anteayer.

A mí me gusta mucho La Iliada pero jamás la tomaré como referente en lenguaje para escribir una novela bélica.

NO DEBE ABUSARSE DE LOS CLÁSICOS Copyright 2008 Estrella Cardona Gamio

28 Abr 2008

ROSA MONTERO

Escrito por: Estrella Cardona Gamio el 28 Abr 2008 - URL Permanente

Recomiendo la lectura del artículo de Rosa Montero aparecido en El País este sábado 26 de abril en el suplemento Babelia núm. 857. Lo podéis encontrar en la página 21, se titula Escribir es resistir, y nunca tan poco ha expresado tanto de una manera concisa y completa para describir ese drama nuestro de cada día que representa para un escritor la resistencia, el aguante, si lo que se quiere es llegar a ser algo en el mundo editorial, no digo literario porque se sobreentiende perfectamente.

En uno de mis anteriores artículos aquí en La Comunidad, El síndrome de Caperucita Roja, creo haber mencionado el tema editoriales y cómo es de difícil el que hagan caso de los noveles, pero yo me quedé en la puerta mientras que Rosa Montero explica más cosas, y con una encomiable sinceridad pone al descubierto otras que a todos nos interesan. No voy a desvelar su artículo palabra por palabra porque merece que cada lector lo descubra por sí mismo y sepa apreciarlo, palabra por palabra, en lo mucho que vale y más viniendo de una persona de su experiencia en el mundillo. Sólo diré que tiene toda la razón en lo que cuenta y lo único que voy a hacer es aprovechar un comentario suyo acerca del final de las novelas desechadas, se deduce libros de autores desconocidos por no leídos, y que acaban convertidos "en pulpa de papel un mes más tarde".

O sea, que a los libros que no rinden dividendos a las editoriales, éstas los condenan inmisericordes a la destrucción y prefieren reducirlos a pulpa de papel antes que entregarlos a las bibliotecas públicas o repartirlos en centros como hogares de ancianos, u otros similares en donde se precisa de la lectura para entretener un ocio impuesto por la edad, la enfermedad, o las circunstancias.

Una de las cosas más tristes que existen en este mundo, y en verdad que hay muchas que lo son, es ver destruir un libro. ¿Os acordáis de Fahrenheit 451, la temperatura a la que arde el papel?... Dejando atrás la espectacularidad del fuego no olvidemos la soterrada, y por ello menos teatral, de la destrucción anónima y rutinaria del papel impreso, mejor dicho, de las novelas impresas que un día salieran de las editoriales, nuevas y relucientes, llenas de la ilusión de quienes las escribieron, para ser primero mal puestas en las librerías, no es autor conocido y no merece estar en el escaparate, y luego silenciadas por los libreros que ni siquiera se ocupan de promocionarlas en razón directa a que son un producto a la venta, ya que más bien da la sensación de que sean para ellos un engorro y no otra cosa.

Luego vienen los festejos literarios anuales, por ejemplo el Día del Libro, y ves como la gente se agolpa pidiendo los best sellers de moda e ignoran olímpicamente libros verdaderamente buenos pero que al no disponer de publicidad asegurada por sus editoriales, y es algo que nunca entenderé si ellas, siendo importantes o sea, con dinero, se decidieron a publicarlos, naufragan de forma miserable en una playa desierta.

Los libros no se venden solos, necesitan que los lectores se enteren de su presencia, y no basta con el boca-oreja, pues si al libro lo recluyen en la invisibilidad no se venderá jamás como el utópico "buen paño en el arca".

Ya sé que puede argüírseme que se compran, indiscutiblemente; hay gentes que sólo compran libros el 23 de abril y se las dan de lectores, que son masa resulta evidente, pero no otra cosa.

ROSA MONTERO Copyright 2008 Estrella Cardona Gamio

24 Mar 2008

DOS HISTORIAS MUY TRISTES

Escrito por: Estrella Cardona Gamio el 24 Mar 2008 - URL Permanente

La humanidad se divide en dos grandes bloques, uno que lo tiene todo y otro que de todo carece, para más inri el que carece de todo es siempre el que mayor extensión ocupa y los países que lo contienen, salvo raras excepciones, suelen ser los más ricos de la Tierra en recursos naturales o estratégicos, de ahí, paradójicamente, su pobreza y por ende la misérrima vida de sus ciudadanos, mal llamados nativos o indígenas por la de connotaciones peyorativas que las palabras encierran desde que el poderoso hombre civilizado decidió honrarles con su protección llevándoles el progreso.

Recordemos que en tiempos bíblicos Adán y Eva fueron castigados por probar el fruto del árbol prohibido, no podían ser superiores a su Creador, que los constructores de la Torre de Babel lo fueron a su vez por un pecado de prepotencia, y yo me pregunto, ¿cuál es el castigo que se merece nuestra sociedad hedonista, dominada por el egoísmo y la mala educación a cuyo lado el affaire de la manzana y el de la torre son verdaderamente juegos de niños? Muy lejanos permanecen aquellos tiempos quizá porque entonces el planeta era demasiado joven y no había elementos de comparación.

Todo esto viene a propósito de dos historias muy tristes que dan nombre al presente artículo, la primera se podría titular: "Moriré, pero mi memoria sobrevivirá", como así se llama el último libro del escritor sueco Henning Mankell, que saldrá al mercado el próximo mes de abril y cuyo origen fue un hecho que conmovió al escritor, hombre comprometido con su época, y no de boquilla sino de palabra y obras.

Todos sabemos que Henning Mankell es el padre de Kurt Wallander, un comisario de policía sueco tan lleno de defectos como cualquiera de nosotros, pero dotado de una gran humanidad que le ha hecho trascender de su papel de ente de ficción hasta concederle una categoría “viva” que pocos personajes imaginarios llegan a alcanzar, y los que la alcanzan, dejan su huella. Wallander le ha dado fama internacional a Mankell y esta fama le ha otorgado el poder de llegar a todos nosotros con sus aldabonazos sobre nuestras conciencias; sus otros libros, los no policíacos si excluimos El cerebro de Kennedy, sus obras de teatro, nos hacen ver lo que verdaderamente existe en esa parte del mundo que ocupan los nativos, los indígenas, y sus problemas: explotación, miseria y sida.

Moriré, pero mi memoria sobrevivirá, nació después de un encuentro muy especial que impactó al novelista de una manera indeleble. Una niñita de tres años se le acercó un día muy interesada en enseñarle un papel doblado que llevaba en la mano, el escritor lo cogió y al abrirlo vio en su interior una pequeña mariposa, entonces la niña le dijo: a mi mamá le gustaban las mariposas.

Su madre, africana, había muerto de sida cuando la niña era aún más pequeña y ella apenas la recordaba, entre sus pocos recuerdos aquel "a mi madre le gustaban las mariposas", sólo eso.

Una niña de tres años hablando como una mucho más mayor, con una madurez de la que nuestros hijos de esa misma edad carecen, ¿no da que pensar?

Recuerdo haber visto hace años, en un documental, a una criaturita que acarreaba cuidadosamente una especie de jarra con agua para llevarla a su casa, y me impresionó que renunciando a pataletas, fuese llevando el agua reconcentrada en su tarea, muy seria y consciente de lo importante de su labor. Naturalmente esto sucedía en un país de los mal llamados subdesarrollados, en los nuestros, los niños/as de esa edad se tiran por los suelos si no se les compra el último juguete que sale por la tele o la golosina que ven en la tienda de chuches.

La otra historia triste tiene que ver con la infancia que trabaja en los vertederos recogiendo entre la porquería lo poco que de útil se puede encontrar allí, para venderlo.

Ahora que tantos nuevos pecados se están catalogando, ¿no sería conveniente añadir a la lista, el de los niños/niñas que trabajan en condiciones dignas de la mayor de las censuras, por no hablar ya de los niños/niñas que sufren otra clase de abusos que también deberían catalogarse como pecado?

Pobres niños adultos a la fuerza, privados de su infancia, sin futuro, porque la mayoría de ellos suele morir a temprana edad, niños sucios, con eccemas, plagados de enfermedades, niños tristes y que, sin embargo llegan a sonreír inocentemente ante el más mínimo motivo de felicidad: por ejemplo, saltar sobre un sillón desvencijado o abrazar a un perro tan sucio y paria como ellos, que, a su vez, se siente el rey del mundo simplemente porque hay alguien que le quiere y se lo demuestra, nada de cachorro regalado en Navidad para ser abandonado en vacaciones.

DOS HISTORIAS MUY TRISTES Copyright 2008 Estrella Cardona Gamio

26 Feb 2008

L. CARROLL Y SU PEQUEÑA ALICIA

Escrito por: Estrella Cardona Gamio el 26 Feb 2008 - URL Permanente

Un gran amor prohibido e inconfesable fue el de Lewis Carroll versus Alicia Liddell, su pequeña musa inspiradora de tres a cuatro años, la edad que ella contaba cuando él la conoció.

Que Lewis Carroll tuviese tendencias pedófilas ya no es ningún secreto, ni tampoco un rumor calumnioso. Las tenía pese a esa cortina de silenció que su fama como escritor, matemático y persona respetable, ha echado ocultando la parte más oscura de su existencia, y si no remitámonos tan sólo a los hechos que por sí mismos son bastante explícitos.

A Lewis Carroll, seudónimo del diacono Charles Lutwidge Dodgson hijo de un puritano pastor protestante, y el primogénito de once hermanos, ocho niñas y dos chicos, le gustaba mucho, de mayor, hacer fotografías, más que gustarle le apasionaba, y de ello dio sobrada muestra con su extensa colección de retratos, efectuados a niñas muy pequeñas, entre las que se contaban las hijitas de algunos amigos, o bien colegas. Con el permiso de los padres, se las llevaba a merendar a su casa, les contaba cuentos y después procedía a retratarlas disfrazándolas -es célebre su retrato de Alicia vestida de mendiga andrajosa-, de variadas formas, en paños menores también y en discutibles actitudes lánguidas por no decir sensuales, algo que desde luego no se correspondía con una conducta muy normal que digamos, a la que hemos de agregar sus abrazos y sus besos apasionados, comentados en la edad adulta por algunas de sus niñas cuando éstas crecieron. Pero todavía hay más, llegó a encargar a una tal miss Thomson, pintora, una colección de retratos en los cuales las modelos tenían doce años y él mismo dibujó y fotografió a niñas desnudas.

Lo significativo del caso, es que dejó ordenado en su testamento, que, tanto fotos como cuadros de desnudos infantiles, fueran destruidos, y así debió ser ya que de ellos no se ha encontrado ningún rastro.

Pero volviendo a la relación por demás extraña que unió a Lewis Carroll y a Alicia Liddell, diré que en efecto, hubo amor de él a ella aunque no a la inversa. Se ignora a que extremos pudo haber llegado porque como es lógico ninguno de los interesados habló jamás de la cuestión, así como tampoco sus parientes por razones obvias, por otra parte, ¿llegaron a enterarse alguna vez de la sordidez que encerraba aquella amistad o prefirieron mirar en otra dirección?; maravilla que en la puritana Inglaterra de la época, nadie se diera cuenta de nada. Sólo las caritas de sus retratadas dejan traslucir unos bastidores muy poco claros.

Cuando Alicia Liddell creció rompióse el hechizo para Carroll que en cuanto sus niñas dejaban de serlo, ya no le interesaban, pero el recuerdo de lo que pudo pasar entre ambos se hace patente en la triste mirada de la Alicia adulta y en el hecho de que rechazara las visitas de un Lewis Carroll maduro o no contestara a determinadas cartas suyas; si únicamente fue una amistad inocente lo que los unió, ¿por qué rechazar la compañía de un antiguo amigo que, además la había convertido en protagonista de un cuento inmortal?

Nunca se ha mencionado que Lewis Carroll tuviera relaciones amorosas con alguna mujer aunque mantuviese trato social con ellas ya que tenía muy buenas amigas, entre ellas a las famosas actrices Ellen y Kate Terry, y así el misterio continúa, y, para incrementarlo, ese inexplicable odio que la madre de Alicia experimentaba hacia el escritor, cuando siempre, en apariencia, se había portado muy bien tanto con la niña como con sus hermanas, siendo esta animadversión la que obligó a Alicia a quemar sus cartas en la adolescencia; las que se conservan son las que ella recibió de Carroll ya casada.

Sin embargo hay otro "pero" más que agregar, un diario personal de Lewis Carroll que sus herederos conservan celosamente y que nunca ha sido publicado completo sino fragmentado y aún de manera escasa.

Con todo lo que antecede, el retrato robot de Lewis Carroll, nos desconcierta porque no es agradable admitir que el autor de Alicia en el país de las maravillas, un cuento que obtuvo éxito desde el principio de su aparición, tuviera a lo largo de su vida a un centenar de niñitas por amigas y que cuando salía de viaje, o simplemente de paseo, llevase consigo un maletín lleno de juguetes que le servían para establecer el acercamiento con las criaturas a las que deslumbraba con sus historias y juegos, teniendo bien presente que siempre eran niñas ya que no podía ver a los chiquillos.

¿Se debe este extravío a que fue educado por un padre muy puritano, a qué vivió una infancia aislada en el hogar familiar, una vicaría, sin más compañía que la de sus diez hermanos? –se cuenta que cuando pasaba un carro por el camino resultaba todo un acontecimiento pues su casa natal estaba alejada dos kilómetros de la aldea más próxima y diez de la ciudad de Warrington-. ¿Qué traumas infantiles llenaron su niñez?, y no me estoy refiriendo a que era tartamudo y zurdo como todos sus hermanos, quienes, por cierto, exceptuando a dos, ninguno contrajo matrimonio, ¿qué improntas pudieron marcarle para siempre en una atmósfera enrarecida llena de temor al pecado y, por tanto, a una sexualidad natural?, ¿aprendió a amar a las niñas a través del recuerdo de sus hermanas? -a las cuales escenificaba obritas teatrales y juegos de prestidigitación-, es decir, ¿quiso resucitar un inocente, acogedor y perdido mundo, buscando niñitas que las substituyeran, sin tener en cuenta que hacía años que él dejara de ser también un crío? Me temo que nunca lo sabremos, aunque ello nos fuerce a comparar esa infancia con la de los pequeños Brontë, tan aislados como Lewis Carroll, y que, sin embargo, al crecer lucharon siempre por realizarse en una existencia normal, lamentablemente truncada de manera prematura.

L. CARROLL Y SU PEQUEÑA ALICIA Copyright 2008 Estrella Cardona Gamio

06 Feb 2008

¿NO TE GUSTA AGATHA CHRISTIE?

Escrito por: Estrella Cardona Gamio el 06 Feb 2008 - URL Permanente

Según parece, salvo mejor información, la primera novela policíaca, Caleb Williams, fue inglesa y la escribió William Godwin, progenitor de Mary Shelley -"madre" de Frankenstein, y marido de Maria Wollstonecraft autora de Vindicación feminista.

Después siguió la racha jalonada de ilustres nombres como, por ejemplo, Wilkie Collins –La piedra lunar, La dama de blanco-, también Edgar Allan Poe, fuente de inspiración para Arthur Conan Doyle, y este mismo, creador del inmortal Sherlock Holmes.

No podemos decir que actualmente Caleb Williams sea precisamente un libro muy popular, mas si al parecer fue el origen, bien venido sea ya que detrás de él siguieron todos los demás. A Wilkie Collins lo estamos descubriendo aquí y ahora gracias a las traducciones que empiezan a llegarnos, por lo que respecta a Poe, ni que decir tiene que hoy en día no es precisamente un desconocido para nadie así como tampoco su famosísima novela Los crímenes de la calle Morgue, en cuanto a Conan Doyle... ¿O mejor sería decir Sherlock Holmes?, tal vez, porque para muchos está más vivo que su autor.

Es curioso que con Arthur Conan Doyle, como escritor policíaco, nadie se meta y sus novelas sean alabadas hasta convertirse en poco menos que objetos de culto –no tengo nada en contra, que conste-, mientras que su criatura detectivesca, siempre escoltada por el inefable doctor Watson, renazca en numerosas secuelas -yo misma he escrito una El caso de las hadas y Sherlock Holmes-, invariablemente muy bien acogidas por el público, sin embargo, una gran dama del crimen, autora de innumerables novelas de género negro, como Agatha Christie, a cada año que pasa acumula más críticas sobre su obra, ¿por qué?

Se afirma que es reiterativa, que repite escenario y lista de personajes una y otra vez, mansión, invitados de fin de semana, asesinato, o viaje en el que concurren un montón de personas y que luego acaba con una muerte y posterior investigación, etc., etc. ¿Y esto es un delito?

Si nos ponemos a analizar la obra de muchos, o todos, los escritores de ese género, cada uno posee su propia fórmula y la repite sin manías, Henning Mankell con su comisario Wallander, Donna Leon con el paternal Guido Brunetti, el mismo Conan Doyle con Sherlock Holmes, un detective que es modelo de costumbres que han hecho escuela, sobre todo sus singulares métodos deductivos, su impertinente, y en bastantes ocasiones mal educada prepotencia... Y no continúo ya que la lista es interminable.

Otro detalle a tener en cuenta en esta subterránea batalla, es que Hércules Poirot, el pequeño, delgado y calvo, detective belga creado por Agatha Christie, atildado y gentleman, casi pasa desapercibido ahora en la galería de "héroes" de ficción detectivesca, otra vez ¿por qué?

Hércules Poirot no ha tenido la suerte de su colega Holmes, ya que ni el físico le han respetado en películas y telefilms en los que ha hecho acto de presencia, para botón de muestra Peter Ustinov, orondo y paternal personaje que nada tiene que ver con el frágil detective belga, aunque todo ello no sea el motivo de este artículo, si bien es oportuno recordarlo.

Con Miss Marple pasa lo mismo, anecdótica e ingeniosa, no ha tenido mayor suerte en ese Olimpo policíaco que parece ser coto de unos pocos escogidos según los gustos modernos en género negro; hay incluso escritores famosos que, inspirándose en ella descaradamente, se atreven a sacarle mil y un defectos a Agatha Christie, sin tener en cuenta, cegados de sangre y vísceras sanguinolentas que es lo que hoy en día priva, la magnífica escuela que ofreció a sus múltiples herederos, y no lo digo por llevar la contraria; sus novelas policíacas, no centradas en un héroe icono sino con varios, son un auténtico ejercicio mental para quienes las leen, mucho mejores que todos esos de nuevo cuño que ahora se anuncian para ejercitar el cerebro.

En sus argumentos importa poco en realidad el muerto y los detalles escabrosos respecto al modo y manera escénico, vuelvo a repetir, sangre y vísceras, con que se nos presente, lo que atrae de sus novelas es ese fascinante y sutil juego deductivo que como el hilo de Ariadna nos conduce a través del laberinto por caminos equivocados para llevarte finalmente a la salida. Una construcción muy bien lograda, en la cual las piezas se ensamblan perfectamente en el desenlace, rara habilidad que no todos, y muy famosos novelistas de tema policíaco, saben llevar a cabo con igual maestría porque muchos hay que después de acumular misterio tras misterio, finalizan bruscamente decepcionando al lector.

A este respecto se ha dicho que la escritora inglesa, conscientemente o no, ha empleado una especie de fórmula matemática subliminal que hace que los lectores se "enganchen" al texto a través de palabras y frases que, conectadas, aparentemente no tienen ninguna relación.

(Y yo me permito agregar, para que sea más fácil la comprensión, que estas palabras o frases podrían ser comparados con links que amplían y unen).

El estudio se llevó a cabo hace más de un año por acreditados lingüistas británicos, que descubrieron en el método de trabajo de la autora técnicas de hipnoterapeutas y psicólogos, haciendo también hincapié en que el lenguaje sencillo, sin complicaciones, de Agatha Christie era otro de sus logros para atraer al lector.

Con todo lo expuesto no voy a incurrir en el mismo fallo del común denominador de los detractores de la señora Christie, entre los que no me cuento, y decir que otros escritores puedan utilizarlos o emplear métodos distintos, mas al parecer hay algo que los separa diferenciándolos y esa es la marca personal, e intransferible, de Agatha Christie.

Además, y ya para concluir, añadiré, por si sirve de algo, que esta pionera en el género negro, publicó a lo largo de su vida unas 100 novelas que traducidas a multitud de idiomas y siendo reeditadas de continuo, han reportado la nada despreciable cantidad de 2000 millones de libros.

¿Qué eso no significa nada si nos ponemos en plan desmitificador?

La reprobable costumbre de criticar porque sí, porque hace progre, porque te confiere la fuerza de la masa y ello te otorga identidad, es detestable; quien afirme que Agatha Christie es una mala, torpe, o anticuada, escritora de novelas policíacas, que la supere... si es capaz.

¿NO TE GUSTA AGATHA CHRISTIE? Copyright 2008 Estrella Cardona Gamio

31 Ene 2008

LAS MODAS EN LITERATURA

Escrito por: Estrella Cardona Gamio el 31 Ene 2008 - URL Permanente

Una de las cosas que menos me han gustado siempre son las modas en literatura; un novelista escribe sobre un tema determinado, tiene éxito y a continuación "florecen" sus imitadores. Una nueva moda ha sido creada y todas las editoriales no ven más allá puesto que el asunto da dinero.

Ahora bien, para que el primero marcase el camino posiblemente hubo que luchar contra la incomprensión, y la indiferencia hasta que tuvo lugar un raro milagro, como en el caso de J.K. Rowling, cuyo famoso Harry Potter fue aceptado cuando, casualmente, la hijita del editor hojeó el original, lo leyó sin dejarlo hasta el desenlace exigiendo luego imperiosa: ¡Quiero más!

Parece mentira, ¿no?, pues es verdad, o al menos como tal se rumorea.

Ken Follet dijo no hace mucho que cuando escribió el borrador de 40 páginas de su celebérrima Los pilares de la tierra, y se lo entregó a los editores para su aprobación, el argumento no fue muy bien recibido porque un tema semejante resultaba "poco comercial" y temían que no fuese rentable, con esto está dicho todo; si un escritor de su fama y super ventas veíase rechazado por el consejo directivo de la editorial, constituyó un verdadero milagro el que finalmente permitiesen que lo escribiera.

Ya es la segunda vez que menciono la palabra milagro, pero es que en el mundillo editor más de una vez ha de ser aplicada casi como un conjuro porque es más difícil publicar un libro que en la antigüedad ir a luchar contra el mítico dragón, y no bromeo.

Cuando una novela que se atreve a plantear ideas nuevas, o enfoques distintos, se abre paso a través de la jungla editorial, lo lamentable es que no se tome ese ejemplo para posteriores apariciones de nuevos valores, es decir, de escritores con ideas que no huelan a naftalina, que no se desarrollen encasillados ya y no por voluntad propia precisamente; el novelista que escribe de cara a la galería, y me estoy refiriendo ahora al que desea agradar sea a editoriales o un hipotético público, lo tiene claro a menos que escriba por encargo, circunstancia que en los casos de principiantes desde luego no se da.

Nada hay más aniquilador que seguir una moda, que si bien de momento y auspiciada por la editorial, pueda ser rentable aprovechando el tirón ajeno -no a la larga sino a la muy corta, es decir, despachados varios miles de ejemplares-, se revele inoperante a efectos de continuidad, y no cito nombres que cualquiera puede deducir si va siguiendo la marea de best seller, entre comillas, que siguen a los auténticos y de cuya fama se nutren para subsistir bien que efímeramente.

Si seguimos el rastro de las modas no tenemos que irnos muy lejos para encontrar su desarrollo a partir de un libro, digamos El código da Vinci, por ejemplo; denostado, criticado por tirios y troyanos (no estoy hablando de virus electrónicos), no ha habido libro más copiado, en el descubrimiento de mezclar intrigas codificadas con temas religiosos, como el que ha ido brotando a su paso, otra moda sumamente rentable para las editoriales que siempre apuestan por el ganador, y, si en medio de esta exultación jubilosa, alguna inocente criatura presenta su librito con un argumento nuevo que no se lleve, es prontamente anatemizada y olvidada, hasta que alguien inteligente la descubra y tenga el suficiente valor para como imponer su publicación.

Existe un libro que se titula La colina de Watership, escrita hace muchos años por Richard Adams, y al que nadie, en su momento hizo demasiado caso a nivel multitudinario. Se trata de un cuento infantil de grueso volumen que lo mismo puede leer un niño que un adulto, y aun me atrevería a afirmar que es lectura más apropiada para un adulto por lo que cuenta entre líneas, además se halla muy bien escrito ya que ha sido pensado y eso se nota. Pues bien, un libro que podríamos denominar perfecto por su argumento y estructuración no es conocido como se merece, tal vez le haga falta una película, que habría de ser forzosamente de dibujos animados –los protagonistas son conejos-, para llegar a todos los públicos viendo obtenida una bien ganada consagración.

Hoy en día, desde el éxito de Harry Potter, todo se ha ido en buscar libros de los que salgan películas para no perder el mercado y así surgieron El león, la bruja y el armario, de las Crónicas de Narnia, cuyo autor es C.S. Lewis. -y ahora se ha desempolvado Luces del norte, perteneciente a la trilogía La materia oscura de Philip Pullman, llevada a la pantalla como La brújula dorada-, y Túneles, lo ultimísimo en cuestión de best sellers infantiles/juveniles, pero, dejando a Túneles aparte por lo muy reciente de su nacimiento, ¿acaso el gran público se acordaba de las Crónicas de Narnia?, supongo que sólo en Inglaterra y porque su autor era inglés, y otro tanto pasaba con Luces del norte.

¿Cuánto tardarán en "descubrir" a E. A. Wyke-Smith, autor del muy delicioso cuento El maravilloso país de los Snergs, y fallecido en 1935, que escribió una fascinante obra infantil que daría mucho juego en el cine?

No es que sean santo de mi devoción las adaptaciones de obras literarias llevadas a la pantalla, porque la mayoría de las veces no están bien hechas, pero adoptando mentalidad comercial seria interesante que se apostase por La colina de Watership y El maravilloso país de los Snergs, simplemente para combatir el mal gusto imperante en muchos films dedicados a la infancia, colores oscuros, figuras inexpresivas, robotizadas, y argumentos por entero carentes de imaginación que sólo se sustentan en onomatopeyas y muecas pretendidamente cómicas.

Es una lástima que los editores no se arriesguen más a menudo en bien de la literatura en general y no de las modas en particular, porque estas resultan alienantes y empobrecedoras ya que los libros no son top models que hayan de desfilar por la pasarela, son otra cosa aunque haya mucha gente que aún lo ignore.

LAS MODAS EN LITERATURA Copyright 2008 Estrella Cardona Gamio

19 Ene 2008

EXPERIMENTOS LITERARIOS

Escrito por: Estrella Cardona Gamio el 19 Ene 2008 - URL Permanente

En un artículo precedente, Dime lo que lees y te diré como eres, en este mismo blog de La Comunidad, hablaba yo de los experimentos literarios que, a mi modo de ver no son más que eso; conocen su momento de gloria, o más bien dicho, de curiosidad colectiva, tienen imitadores y luego pasan a convertirse en respetados dinosaurios que se miran con curiosidad un instante para después archivarse en la memoria.

Esto viene a colación de una moda que comienza a crecer, mejor dicho, a establecerse con ímpetu, en Internet: la de escritores sin filiación conocida que se esconden tras un seudónimo, seudónimo o tapadera, que les permite desarrollar una curiosa labor en anónima comandita. Dejando aparte que esto suele hacerse con el "negro" en literatura, colectivos sin nombre, o individuos en solitario, que escriben para otros desarrollando sus argumentos, algo así como las "madres de alquiler", el auge del nuevo colectivo anónimo que va creando a su aire una novela, si es con barbas san Antón y si no la Purísima Concepción, no me parece correcto; yo he leído algunos de estos experimentos y sinceramente me han decepcionado porque los argumentos así tratados parecen laberintos de incoherencias que al final, como es lógico, no llevan a ningún sitio. Otra cosa puede ser una novela escrita a dos manos, teniendo bien clara la idea de la historia que se quiere relatar -hay muchos e ilustres casos en literatura de grandes novelas así compuestas-, mas, obras en las que brille por su ausencia la imaginación y cuya línea argumental parece un delirio surrealista supongo que está bien como jueguecito tipo ouija en una aburrida tarde de invierno, pero nada más: esos culebrones absurdos –ahora no confundir con las telenovelas-, solo revelan una gran crisis imaginativa, o, lo que es todavía peor, ir al dictado de unos tiempos que culturalmente hablando dejan mucho que desear si la moderna creación literaria va a sustentarse o en culebrones anónimos o en una flagrante pobreza de lenguaje, píldoras aptas sólo para ser leídas en móviles como ya está sucediendo en otros países exportadores de una literatura de consumo popular y que no es más que paja.

Si éste es el futuro que le aguarda a la novelística en general, ya podemos echarnos a llorar, porque su globalización no significará en modo alguno un adelanto sino todo lo contrario; las prisas exageradas que dominan nuestra época, consumo enloquecido, usar y tirar, llenan también de basura a Internet, basura literaria en el presente caso, que no va a aprovecharle a nadie sino que educará en el culto a lo mal escrito y a los argumentos sin sentido, eso por no hablar ya de que muchos autores escribiendo una historia, es la pérdida total del individualismo y del trabajo personal, una masificación sin identidad que recuerda el Mundo feliz de Huxley: demasiados iguales y sin nombre propio, el perfecto desconocido múltiple clon de una misma fuente.

Y no se me compare semejante movida con la antigua tradición oral del legendario narrador de cuentos, no se me diga que Homero tal vez no existió y por tanto La Iliada y la Odisea son recopilaciones de muchos autores desconocidos, no se me hable de cantares y gestas, de bardos anónimos, no se me diga que las obras de Shakespeare no las escribió Shakespeare sino otro colectivo anónimo, porque no lo admito, y no lo admito por una razón muy sencilla: aquella gente, quién fuese, sabía escribir, tenía sensibilidad, y, con nombre o sin él, su herencia ha perdurado hasta nuestros días y perdurará mientras haya una humanidad lectora, además, dato muy importante, nunca escribieron, cantaron o recitaron, unidos por un lazo de alegre masificación, y, aunque ignoremos muchos nombres propios, no podemos negar que quienes lo hicieron tenían individualidad y talento. ¿Qué hubo gente que rescribió viejos argumentos?, sí, es cierto, pero no me estoy refiriendo a ellos sino a los autores primigenios que los concibieron.

Tal vez esta moda dure cierto tiempo, esperemos que no demasiado largo, y que si algo queda de ella sea un recuerdo perplejo y en ocasiones divertido, como el de aquel que contempla el dibujo de un niño muy pequeño.

EXPERIMENTOS LITERARIOS Copyright 2008 Estrella Cardona Gamio

25 Dic 2007

A CHRISTMAS CAROL -CUENTO DE NAVIDAD-

Escrito por: Estrella Cardona Gamio el 25 Dic 2007 - URL Permanente

La primera vez que leí Cuento de Navidad de Charles Dickens fue precisamente en esas fechas, cuando yo era adolescente, antes, cosa extraña, no había tenido ocasión, y entonces tampoco fue lo que diríamos una lectura muy ortodoxa, porque lo leí convertido en cómic, eso sí, un cómic muy fiel al original que aparecía en una revista como suplemento-regalo navideño. Los dibujos eran magníficos y la historia, ¿qué os voy a decir que nos sepáis ya?; a mí me impresionó y mucho, pero continué sin leer el original, no por ningún tabú en concreto sino, así de sencillo, porque el libro no cayó en mis manos.

Años después, el cine me trajo de nuevo la historia protagonizada por Albert Finney, un estupendamente odioso Ebenezer Scrooge, y la magia del relato se hizo presente otra vez... hasta que, por fin, con toda una vida de retraso, pude leerlo.

Charles Dickens escribió Cuento de Navidad en 1843, entonces se denominó –y este es su verdadero titulo-, A Christmas Carol, Canción de Navidad, traducido aquí por Cuento de Navidad que es como se le conoce, y lo escribió por encargo prácticamente; se necesitaba un cuento de Navidad, y constituyó todo un éxito, luego vendrían más, pero ninguno alcanzaría el mismo impacto, ni siquiera El grillo del hogar, que, después del que nos ocupa, tiene mucha nombradía.

El acierto del Cuento de Navidad se basa en que la fábula recurre a los fantasmas –de hecho Dickens lo subtituló Cuento navideño de fantasmas-, y a esos tres famosos Espectros, el de las Navidades Pasadas, el de las Navidades Presentes y el de las Navidades Futuras, que consiguen atemorizar al viejo avaro de Ebenezer Scrooge aunque también le ofrezcan una oportunidad de arrepentimiento por ser Navidad, y el egoísta Scrooge se redime, pero no sólo por Navidad sino para siempre.

(Se convirtió en tan buen amigo, tan buen señor, tan buen hombre, que fue el mejor del que se había sabido en toda aquella buena y vieja ciudad o en cualquier otra buena y vieja ciudad, pueblo o barrio de este bueno y viejo mundo.)

Es decir, la moraleja se halla en que cualquier persona no debe hacer "limpia" por esas fiestas y luego continuar igual que siempre; la "limpia" ha de permanecer, no se trata de dar una limosna para acallar nuestra conciencia. Scrooge cambia para siempre y es así como debe ser, de ahí la lección que se desprende de este cuento victoriano, por otra parte el hábil cuadro de unos estratos de la sociedad no muy piadosos e incluso oportunistas –las mujerucas y el de la funeraria que llevan a mal vender el menguado botín robado a un muerto.

Según sus biógrafos, Charles Dickens amaba la Navidad y disfrutaba en ella, como un chiquillo más entre sus hijos; lección a aplicarse todos aquellos que por pose progre, por sistema o empujados a ello por quién sabe que inconfesados traumas infantiles, proclaman a los cuatro vientos su odio o desapego hacia esta fiesta plenamente invernal y cuya antigüedad se remonta a los tiempos paganos, o sea a las legendarias saturnales, porque Dickens, mejor que los eternos descontentos, supo de lo que es una Navidad, muchas Navidades, sin magia y con hambre, frío y desolación; prácticamente careció de una infancia feliz y desde temprana edad supo lo que era la vida en su faceta menos amable, pero no por eso se convirtió en un resentido ni en un cascarrabias Scrooge –cuando le asistía todo el derecho de serlo-, y supo conservar la ilusión, y, sobre todo, transmitirla para que cada año, a finales de diciembre, pueda haber personas de buena voluntad en este mundo nuestro, que leyendo su Canción de Navidad, lleguen a captar el verdadero espíritu que encierra la historia, es decir, ese mensaje de esperanza que decide apostar por el lado positivo de la existencia.

¡Qué se pueda decir esto igualmente de nosotros, de todos nosotros! Y también, en palabras del pequeño Tim, ¡que Dios nos bendiga a todos y a cada uno!

A CHRISTMAS CAROL -CUENTO DE NAVIDAD- Copyright 2007 Estrella Cardona Gamio

14 Dic 2007

UNA CURIOSA HISTORIA

Escrito por: Estrella Cardona Gamio el 14 Dic 2007 - URL Permanente

Sí, una historia de las que ya no se estilan actualmente y que puedo contar porque yo soy una de las protagonistas, la segunda lo es mi primera novela El otro jardín escrita hace muchos años y auto publicada también mucho tiempo después -ahora fuera de catálogo-, y a mí me quedan unos pocos ejemplares que amarillean y cuya cubierta plastificada se suelta por varios sitios. El tercer protagonista de la historia es un lector, el perfecto lector desconocido del que el autor nada sabe hasta que un día aparece en tu vida, en este caso, mandan los tiempos, vía e-mail.

Hace poco más o menos dos meses recibí por correo electrónico una inesperada petición, el Lector Desconocido acababa de dar señales de vida: hacía 25 años, cuando él tenía 18, visitando la sección de librería de unos grandes almacenes, vio el lomo de un libro sobresaliendo tímidamente entre otros muchos, le llamó la atención y lo sacó, ojeó la cubierta, le gustó, leyó la contraportada y aquella novela atrajo su interés, obviamente fue adquirida, y aquí viene la otra parte de la historia que conforma esta anécdota.

Veinticinco años más tarde, el Lector Desconocido se cambia de piso y en la mudanza, mi libro El otro jardín, se pierde. Él lo había conservado en su biblioteca durante todo ese tiempo, lo que ya es significativo de cara a un escritor, y al comprobar su falta, buscó en Internet hasta dar con la autora poniéndose en contacto conmigo para solicitarme se la enviase –y hemos de tener bien presente que nunca he colgado en mi página web la novela en cuestión.

Lo increíble de esta pequeña historia, que en sí misma parece un relato de ficción, es la fidelidad del lector a la obra a través, y a pesar, de los años transcurridos, fidelidad que le empuja a su búsqueda por la red hasta encontrar una referencia que le conduce a quien la escribiera, entonces el Lector Desconocido deja de serlo y los dos extremos coinciden.

Por supuesto le he enviado El otro jardín, que pese a su título no se trata de una novelita juvenil, ni de un cuento de hadas, sino de una novela que pudiéramos denominar psicológica y apta sólo para mayores.

Esto ha sido todo, un lector contento de volver a recuperar la novela perdida y una autora maravillada de que incluso hoy en día puedan tener lugar historias semejantes.

UNA CURIOSA HISTORIA Copyright 2007 Estrella Cardona Gamio

Sobre este blog

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Estrella Cardona Gamio, escritora

Soy Licenciada en Bellas Artes y autora de novelas, relatos y cuentos infantiles, también he sido miembro de la Asociación Española de Periodistas y Corresponsales, y he colaborado en prensa muchos años con artículos temáticos y relatos cortos. Mi primera novela publicada en papel fue, hace años, El otro jardín. En 2006 publiqué un libro de relatos, La dependienta, y el manual Taller libre de literatura -respuestas a preguntas de escritores noveles-, en 2007 Adriel B. -la novela de una alcohólica- y La trampa de ser mujer -manual para recobrar la autoestima perdida-. Asimismo he colaborado en radio con programas temáticos propios.

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