29 Mar 2008
La esperanza enferma
La entrada de la mujer de la limpieza interrupió la enésima cabezadita que intentaba desde que la habitación se quedaba en la semioscuridad demasiado pronto. Una mirada a él, otra al suero al que estaba encadenado y una más a la vecina que al mismo tiempo abría los ojos.
Qué tal. Cómo ha pasado la noche. La misma pregunta durante todos los dias de más y la misma sensación de enorme cansancio al incorporarse de aquel sillón convertido en su nido. Y tanto dia por delante...
Mientras la trabajadora hacía sus labores una salida al pasillo, largo, silencioso, casi desolado, y un vistazo por la ventana a través del cristal que era más un muro insalvable, solo para observar por unos instantes un paisaje ya anodino. Y vuelta a la habitación para comenzar una liturgia tantas veces repetida. Allí seguía él, claro, semidormido, debilitado, tan frágil que el rincón de ternura de su cariño la hacía ponerse manos a la tarea de dedicarle toda su atención. Un beso en la mejilla, una caricia por la frente, un como estás susurrante con apenas la respuesta de una mirada, su aseo cuidadoso, el desayuno que siempre terminaba con el anda un poco más, el permiso de la vecina para bajar a la cafetería, que no se me olvide la botella de agua, la espera al médico, tal vez hoy nos dé alguna luz, la manivela, el sillón, el suero se está acabando, las palabras entrecortadas, la comida, anda un poco más, de nuevo el permiso, la tele casi sin voz, el pasillo con demasiada, anda duérmete un ratillo, la sonrisa por los hijos que van, está mejor?, y tu como vas?, las mentirijillas, el pasillo, la merienda, la libertad de un cafelillo, la manivela, el suero que se acaba, las frases de ánimo a él, otra caricia por la frente, la cena, otro anda un poco más, otro permiso, ya es de noche... Ay! el agua.
No siente dolor, ni cansancio, solo añora. Y espera. Y de repente se asusta porque no encuentra su esperanza. Cierra los ojos con suavidad y se la busca por dentro, siempre mira hacia dentro cuando se le pierde algo. Pero no. Lleva unos dias, demasiados dias, en que no termina de dar con ella y se siente vacía, sola, inútil. Abre los ojos para mirarlo, ya duerme, voy a bajarle un poco la cama. Y al acercarse la ve allí, justo a su lado, también tendida, también dormida. Y sonríe, a los dos. No se le había perdido, se va curando al mismo tiempo que él. Pronto estaremos en casa, susurra mientras pasa la mano por su frente. Y vuelve al nido, la primera cabezadita.
A QUIENES, EN CUALQUIER HOSPITAL, CUIDAN DE UN SER QUERIDO, PERDIENDO Y ENCONTRANDO ESPERANZAS.
Un beso. Paco Ramírez.


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