02 May 2008

El sindicalismo hoy

Escrito por: f-j-ramirez el 02 May 2008 - URL Permanente

Ha pasado otro 1 de mayo y lo ha vuelto a hacer sin pena ni gloria. Aunque para aquellos a los que nos interesan estas cosas tan raras de trabajo, derechos, bienestar social y demás ñoñerías más bien se podría decir que ha pasado, otra vez, con pena.

Da la impresión que la clase trabajadora, ese término tan anticuado, se ha quedado sin reivindicaciones que hacer. Es como si ya se hubiera llegado a ese punto en que ya no hay qué exigir, en que todo está ya bien, en que "estamos tan a gustito" que .....

Y solo hay que darse una vuelta por cualquier centro de trabajo para comprobar cuál es la realidad. Solo hay que preguntar a cualquier joven en busca de futuro para ver donde estamos.

Han pasado un buen puñado de años de bonanza económica y la triste realidad es que, en el mejor de los casos, el futuro de nuestra juventud es una hipoteca de por vida. En eso sí hemos avanzado. Antes las hipotecas eran a 10 años, o a 15 como mucho, como lo fué la mia. Ahora son a 30 o 40 y, además, necesitan todo un sueldo para poder pagarlas (me refiero a un sueldo como el de la mayoría de ellos, los jóvenes, claro)..Un avance significativo e importante .... para los especuladores que se han hecho de oro con el beneplácito de gobiernos, ayuntamientos, banqueros, intermediarios y demás fuerzas vivas. Pero también, y esto es lo triste, con el del sindicalismo que o bien se ha dejado engañar por esa forma de manejar números tan hábil de aquellos o bien no ha sabido como enganchar a ese carro de bonanza a los trabajadores.

Habrá quién me hable de los derechos de los trabajadores. Quién me cuente que nunca estos han tenido tantos. Mentira. Los derechos se conquistan, se conquistaron, para ejercerlos, para exigirlos. Y hoy en día cualquier empresario puede pisotear cualquier derecho de un trabajador por la sencilla razón de que éste no se atreverá a denunciarlo por miedo a que lo dejen sin trabajo. Este es el quiz del asunto, el lugar por el que el sindicalismo ha perdido toda aquella fuerza, el punto por el que se desangran todos esos derechos que teóricamente se han ido alcanzando.

Cada reforma laboral acometida por los distintos gobiernos en los últimos veinte años ha supuesto, en la práctica, una disminución de los derechos de los trabajadores al socaire de abaratamiento de despidos, de empleo precario, de contratos basura, de un montón de términos que se han denunciado, sí, pero en la prensa, a veces en la calle, pero no en los despachos de esos gobiernos que han impuesto esas reformas. El sindicalismo, hipnotizado por números que parecían demostrar que el empleo crecía, se ha dejado embaucar y se ha convertido en cómplice de esta ley de la selva empresarial en que se ha convertido el trabajo, ese derecho tan pomposamente reconocido en nuestra Constitución.

Como ejemplo un botón. Nadie discutirá ese derecho tan reconocido de a igual trabajo igual salario. El hecho de que una mujer, con la misma tarea que un compañero cobre lo mismo que este es algo que tendría que estar superado hace ya tiempo. El mecanismo sería sencillo. Cuando no ocurriera denuncia al canto y cualquier juez obligaría al empresario a hacerlo. El problema sencillamente es que ....no se denuncia por miedo al despido. Así de fácil, así de cruel. Y, sin embargo, no habrá un político, cuyo partido esté en el gobierno o en la oposición, al que no se le llene la boca de "igualdad". Pues bien, así podríamos ir citando todos y cada uno de los derechos de los trabajadores con el mismo resultado de ineficacia.

No hace aún veinte años cuando los sindicatos plantaron una huelga general, en las mismas narices de un gobierno socialista, por una reforma que establecía el empleo para jóvenes en condiciones precarias. Visto desde aquí parece un chiste que en los últimos años no se haya ni pensado en tal posibilidad con la que está cayendo.

No, no es que los trabajadores no tengan ya reivindicaciones que hacer. Sencillamente se han dado cuenta de que no sirve para nada. Se sienten huérfanos de los únicos que tienen la obligación de no abandonarlos nunca. También la tienen los gobiernos, por supuesto, pero ellos prefieren pensar en la buena fe del empresario para la creación de empleo y para el respeto de los derechos de los trabajadores. Seguramente será por eso por lo que se establecen tantas ayudas económicas o fiscales para aquellos. Y la vida no cambia tanto, por mucho que los ilusos lo sueñen (en el caso de que sean ilusos y de que sueñen). Al final el capital y el trabajo siguen siendo dos fuerzas necesarias, pero una enfrente de la otra. Y cuando la una sea débil la otra la engullirá sin ningún remordimiento. Y siempre es la misma la que pierde. Para el necesario y ansiado equilibrio están los convenios y para asegurar su cumplimiento los jueces. Pero estos necesitan, entre otras cosas, disposiciones que los puedan garantizar de verdad. Y no sombras.

Ahora vienen tiempos de crisis económica. Hay quien defiende que, por muy extraño que parezca, es en las crisis económicas donde los trabajadores han avanzado en sus derechos. Parece raro que si no se han conseguido mejorar con el buen tiempo se logre en la tormenta, pero tiene también su lógica. Las condiciones laborales serán más duras, el paro será mayor, encontrar un empleo puede llegar a ser un drama y pensar en el futuro una quimera. Y cuando se ve el abismo más cerca a uno se le activan las neuronas y las ganas de luchar por la supervivencia. Es posible. Siempre es posible.

Un saludo. Paco Ramírez.

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