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    <body>&lt;h5&gt;No ten&#237;a que haberse ido de la fiesta. Al menos no ten&#237;a que haberse ido a pi&#233;, pod&#237;a haber esperado a alguien que la acompa&#241;ara, pero a veces, las decisiones no se piensan. Cansada de ver a su marido mariposeando con una de sus amigas, y viendo que de alguna manera, era correspondido, cogi&#243; el portante y se fue. &lt;/h5&gt;

&lt;img style="width: 226px; height: 226px;" src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/f-menorca/329690_calle-del-hotel-por-la.jpeg" id="img_0" class="imgizqda"&gt;

&lt;big&gt;Ahora caminaba intentando llegar al centro, o al menos a una calle m&#225;s concurrida, con aquellos tacones imposibles y con su vestido de fiesta. Sus pasos en el pavimento, sonaban en sus o&#237;dos, como martillazos.  Es m&#225;s, le parec&#237;a que aquel sonido se iba amplificando y reverberando a lo largo de toda la calle.  A lo lejos, una d&#233;bil farola se reflejaba sobre la humedad de la noche.

Hab&#237;a intentado llamar a un taxi, pero no consegu&#237;a comunicar, y su m&#243;vil, ten&#237;a ya solo una barra en el indicador de bater&#237;a. Normalmente, lo cargaba siempre por la noche, pero aquella ma&#241;ana lo hab&#237;a encontrado, inexplicablemente desconectado.

De las casas, no sal&#237;a ni una sola luz, ni un solo sonido, ni siguiera el ladrido lejano de un perro que le indicara que estaba en una ciudad con vida.  


El sonido de unos pasos, la sobresalt&#243;.  No eran como los suyos, impacientes y agudos, sino quedos y acompasados.  Durante muchos minutos evit&#243; girarse, pensaba que si no lo ve&#237;a, a lo mejor dejaba de existir, pero se hac&#237;an cada vez m&#225;s y m&#225;s cercanos y volvi&#243; la cabeza. 
&lt;/big&gt;
&lt;img style="width: 278px; height: 169px;" src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/f-menorca/jacktheripper5.jpeg" id="img_0" class="imgdcha"&gt;

&lt;big&gt;Era un hombre alto, de espaldas anchas, con capa y sombrero de copa el que la segu&#237;a.

Aceler&#243; el paso evitando correr, no ten&#237;a que dejarse atrapar por el p&#225;nico, pero los pasos segu&#237;an acerc&#225;ndose, se o&#237;an ya a menos de dos metros de su espalda.

Sac&#243; el m&#243;vil del bolso, y marc&#243; el 061.  Cuando le contestaron, supo s&#243;lo decir su nombre, pero no donde se encontraba, intent&#243; decirle a la polic&#237;a que estaba en peligro, que alguien la segu&#237;a, en el momento en que su m&#243;vil se apag&#243;. 

Pod&#237;a haber tenido en su bolso un silbato, a un espray anti atacantes, pero no, ella era confiada y no acostumbraba a ir por la calle sola de noche.

-No tengas miedo.

La voz, hab&#237;a sonada a su espalda, era una voz dulce, de mujer, que hizo que se girara de golpe.
&lt;/big&gt;
&lt;img src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/f-menorca/gothic-hello3.gif" id="img_0" class="imgdcha" height="289" width="193"&gt;

&lt;big&gt;A su espalda, a poco m&#225;s de un metro, un ojo rojo brillaba en medio de un rostro de mujer con una cruz en los labios, debajo del mismo sobrero y la misma capa de su perseguidor,.las mismas espaldas anchas y amenazadoras se iban acercando..

 Ahog&#243; un quejido, porque esperaba ver una cara amable y amiga,, y volvi&#243; a apretar el paso.

-El bolso, por favor.   Volv&#237;a a ser la voz de mujer.

Tir&#243; el bolso al suelo, pensando que as&#237; se librar&#237;a. Por el rabillo del ojo, vio como lo recog&#237;a del suelo, pero no se par&#243;, sino que sigui&#243; andando a su espalda.

Ten&#237;a que pasar, uno de los tacones se rompi&#243;.  Intent&#243; seguir caminando, pero  era complicado tal y como estaba cojeando. Romper tambi&#233;n el otro, golpeando contra el suelo, fue tambi&#233;n imposible, hasta que al final, se quit&#243; los zapatos, y presa ya del p&#225;nico, se puso a correr.

Pronto tuvo que parar, porque le faltaba el resuello  y porque su seguidor, sin precipitarse, solo aumentado la zancada, segu&#237;a a su espalda.

El chal, por favor.

De nuevo aquella voz dulce y suave. Que le recordaba a alguien.&lt;/big&gt;

&lt;big&gt;Llevaba un vestido sin mangas y un chal encima de los hombros, y no dud&#243; en quit&#225;rselo  y dejar que cayera al suelo.

Pero el seguimiento continuaba, y ella, antes que se lo pidiera, se fue quitando el reloj, las pulseras y hasta los anillos y, a medida que los iba depositando en el suelo, el otro los iba recogiendo.

Dio un respingo y echo a correr al notar en el cuello algo met&#225;lico que la rozaba.  A la vez que corr&#237;a, notaba como su vestido se desgarraba de arriba abajo.  Deb&#237;a de haber puesto un gancho o algo parecido para producir aquel estropicio.  Con la espalda abierta, not&#243; dos veces m&#225;s el gancho en la espalda, su sujetador qued&#243; tambi&#233;n roto y maldijo el haberse puesto aquella noche un tanga, la tira posterior colgaba ya a los lados, partida por la mitad.

Segu&#237;a huyendo, con los brazos cruzados sobre el pecho, sujetando los restos de su vestido, medio andando medio corriendo, cuando a lo lejos, vislumbr&#243; la luz verde de un taxi que estaba parado en medio de la calle.

Haciendo un gran  esfuerzo, emprendi&#243; una veloz carrera, lastim&#225;ndose los pies, hasta llegar al coche. 

 Abri&#243; la puerta y entr&#243;.&lt;/big&gt;

&lt;img src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/f-menorca/taxi.jpg" id="img_0" class="imgizqda"&gt;


&lt;big&gt;  El conductor,para su sorpresa, tambi&#233;n llevaba capa y sombrero de copa, y  ni siquiera gir&#243; la cabeza.  Le pidi&#243; que la llevara a su casa, que un hombre la persegu&#237;a, pero solo obtuvo el silencio por respuesta.

Con eso, su acosador, hab&#237;a llegado a la altura del taxi, abri&#243; la puerta de delante, y se sent&#243; junto al conductor.  Este, arranc&#243; despacio el coche.

Intent&#243; salir, ya que iban muy despacio, pero las puertas estaban atrancadas, tampoco pudo bajar los cristales. Estaba atrapada, no ten&#237;a escapatoria. En la parte delantera del taxi, dos figuras iguales, con capa y sombrero de copa, segu&#237;an en silencio, impasibles. A trav&#233;s del retrovisor, dos ojos rojos se iban encendiendo y apagando


El taxi, transitaba despacio por calles apenas transitadas, las personas con las que se cruzaron, merec&#237;an tan poco confianza como sus raptores.

Hizo un poco de an&#225;lisis de la situaci&#243;n y se puso m&#225;s nerviosa todav&#237;a.  Sentada en un taxi, con dos desconocidos, con el vestido abierto por detr&#225;s, sin bolso, sin m&#243;vil, maldijo el momento en que decidi&#243; salir de la fiesta, y maldijo tambi&#233;n a su marido.

Y aquella voz femenina del hombre que la persegu&#237;a, que le recordaba a alguien que no consegu&#237;a recordar.  &#191;A la amiga que tonteaba con su esposo  quiz&#225;s?&lt;/big&gt;

&lt;big&gt;El taxi, se fue adentrando poco a poco por calles marginales, llenas de gente borracha, orinando en las aceras, y con parejas que hac&#237;an el amor en los portales.

Los cristales de atr&#225;s fueron bajando lentamente.  Sopes&#243; la posibilidad de salir por ellas, pero la descart&#243;, no era un buen sitio para huir, y tampoco estaba segura de poder salir por la ventana.

La gente miraba al interior del coche, y alguna mano, intent&#243; tocarla.  Se puso en el centro del asiento, intentando evitar aquellos brazos que entraban.  En un descuido, mientras se hac&#237;a a un lado, del otro le agarraron el vestido, y para evitar que la cogieran, tuvo que dejar que se lo llevaran.

Ahora estaba desnuda, apenas cubierta por las copas del sujetador, y un pedazo de tanga entre sus piernas, pero el coche hab&#237;a acelerado y la gente ya no met&#237;a los brazos por las ventanillas.

El taxi, lleg&#243; por fin a su destino.  Conoc&#237;a el lugar, era el cementerio.  Entr&#243; a trav&#233;s de la inmensa verja de hierro hacia el centro del recinto.&lt;/big&gt;

&lt;img style="width: 249px; height: 192px;" src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/f-menorca/Paseo-nocturno.jpeg" id="img_0" class="imgdcha"&gt;

&lt;big&gt;Una extra&#241;a luna, iluminaba el lugar, las cruces de las tumbas rend&#237;an su sombra sobre el c&#233;sped, el viento aullaba entre los mausoleos, el aire era espeso y h&#250;medo.

El taxi se par&#243; de repente, y las dos puertas traseras se abrieron como impulsadas por un resorte.  Ella dud&#243; por un momento en salir o quedarse, pero como los ocupantes del asiento delantero segu&#237;an quietos y silenciosos, decidi&#243; escapar.

Corri&#243; campo a trav&#233;s dejando que el resto de su ropa quedara en el suelo, alej&#225;ndose del veh&#237;culo, buscando esconderse entre las sombras.

Unas luces que parec&#237;an linternas empezaron a moverse a su alrededor, a la vez, rumor de voces y ladridos de perros.  Intent&#243; alejarse sorteando a sus perseguidores entre las tumbas, pero las luces aparec&#237;an por todas partes, poco a poco se sinti&#243; rodeada, los ladridos cada vez m&#225;s cercanos,  la luna, brillante antes, se iba escondiendo poco a poco detr&#225;s de unas nubes negras.

Alg&#250;n haz de luz, empez&#243; a reflejarse sobre su cuerpo.  Imposible como era ya escapar, se acurruc&#243; junto a una tumba en la que habia una estatua de un &#225;ngel y una cruz, buscando protecci&#243;n. 
&lt;/big&gt;
&lt;img style="width: 168px; height: 222px;" src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/f-menorca/3959092157_0d0035ee9b.jpeg" id="img_0" class="imgizqda"&gt;

&lt;big&gt; Estaba vencida y agotada esperando su muerte.

Tem&#237;a m&#225;s al dolor que a la muerte misma, se imagin&#243; a si misma, mientras aquellos seres, la agarraban, la golpeaban, y le arrancaban los brazos y las piernas.  Ten&#237;a la cara desencajada por el terror y ni siquiera pod&#237;a gritar ni llorar.

Una lanza le hiri&#243; levemente en el muslo y le hizo levantarse dando un respingo. Tuvo que correr porque otras lanzas la estaban acosando.

Una bengala ilumin&#243; la escena. Una mujer, desnuda, perseguida por perros, y hombres encapuchados llevando lanzas con las que la iban pinchando.

Corri&#243; como una posesa perseguida por los lanceros, hasta que tropez&#243; en  una carretilla olvidada por el jardinero, cay&#243; al suelo y qued&#243; de espaldas, exhausta y rendida, mientras un coro de capuchas se inclinaba sobre ella.
&lt;/big&gt;
&lt;img style="width: 395px; height: 252px;" src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/f-menorca/Mujerdesnudaenazul.JPG" id="img_0" class="imgcen"&gt;

&lt;big&gt;Y un grito un&#225;nime, reson&#243; y reverber&#243; en medio del silencio de la noche:

  &lt;strong&gt; &#161;Esto es Tordesillas. Viva la chica de la Vega &#161;&#161; Viva la chica de la Vega &#161;&lt;/strong&gt;

Cuando se levantaron las capuchas, pudo distinguir a su marido y a los componentes de la fiesta, todos re&#237;an y se sent&#237;an felices.  Algunos flashes iluminaron sus l&#225;grimas.

&lt;/big&gt;</body>
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    <title>Especial Todos los Santos  LA CHICA DE LA VEGA.</title>
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    <body>&lt;big&gt;Aquel d&#237;a Ceferino, estaba de mal humor, y como hacia siempre que las cosas no le iban tal y como quer&#237;a, se puso su traje de ciclista, cogi&#243; su bicicleta y se fue a pedalear.
Era una persona meticulosa, y se visti&#243; con su traje completo de ciclista, maillot amarillo con anagramas rojos de su club, culotte negro hasta media pierna, borcegu&#237;es reglamentarios, gafas de sol panor&#225;micas, y el inevitable casco tipo spiderman, que le daba un cierto aire surrealista.

&lt;img src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/f-menorca/233509_ciclista2.jpg" id="img_0" class="imgizqda"&gt;

         Le gustaba pedalear, a caballo de su bicicleta se sent&#237;a como un caballero medieval a lomos de su corcel, trotando a trav&#233;s de los tiempos en busca de aventuras y lances amorosos, su bicicleta era su fiel acompa&#241;ante que no le fallaba nunca y con la que estaba unido e identificado.

         El problema era que su imagen y prestancia, cambiaban cuando bajaba de su bicicleta. Su figura altiva y veloz, era sustituida al descabalgar por un cuerpo delgaducho y bajito con hombros anchos y culo estrecho, sostenido por unas piernas peladas y nervudas.

Al cabo de bastante tiempo de pedalear, cansado y sudoroso, baj&#243; de la bicicleta para descansar junto a un &#225;rbol muy frondoso.  Le llam&#243; la atenci&#243;n un pajarito que iba volando a su alrededor, como si quisiera llamar su atenci&#243;n.  De vez en cuando se posaba en una rama cercana y piaba constantemente.   Se levant&#243; de su asiento para acercarse al animalillo, el cual, al verle acercarse, vol&#243; a una rama un poco m&#225;s all&#225;, y sigui&#243; piando, como indic&#225;ndole que lo siguiera. As&#237; lo hizo, y durante un tiempo, de rama en rama, Ceferino  se fue adentrando en el bosque.

El pajarito le llev&#243; por fin hasta una mata muy tupida y cerrada, en la cual, hab&#237;a un peque&#241;o t&#250;nel, por el que se adentr&#243; el animal.  No dud&#243; nuestro caballero ciclista en adentrarse en la espesura   aunque tuviera que ponerse a cuatro patas. 

La pared de maleza era gruesa y desembocaba de repente en un claro totalmente cubierto por las ramas en cuyo centro hab&#237;a un enorme castillo. 

El puente levadizo estaba bajando, y los centinelas estaban tumbados en el suelo, dormidos.  Al principio pens&#243; que estaban muertos, pero no, respiraban y ten&#237;an una apariencia de paz y sosiego.

Se fue adentrando en las dependencias del castillo, y comprob&#243; que todos los moradores estaban igual que los centinelas, como si el sue&#241;o les hubiera sorprendido de repente y hab&#237;an quedado en sus sitio, inm&#243;viles,  a punto de reanudar su vida en cualquier momento.  Por las vestimentas de la gente, se dio cuenta de que eran de una &#233;poca  muy anterior a la actual, posiblemente cientos de a&#241;os, pero no se ve&#237;a polvo ni suciedad, ni se&#241;as de abandono, todo segu&#237;a pulcro y en su sitio, como en un cuadro.

&lt;img src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/f-menorca/la-bella-durmiente2.jpg" id="img_0" class="imgcen"&gt;

Poco a poco, fue revisando todas las estancias, hasta que lleg&#243; hasta el dormitorio principal, donde reposaba en el lecho una princesa hermos&#237;sima. Era blanca como la leche, y ten&#237;a el pelo como el oro, su vestido azul cubr&#237;a el cuerpo m&#225;s perfecto que se pudiera imaginar, solo en uno de sus dedos, un hilito de sangre, indicaba que se hab&#237;a herido.  En el suelo un huso, indicaba el objeto con que se hab&#237;a pinchado.

Se acerc&#243; cautelosamente hacia la princesa, y recordando un cuento que su madre le le&#237;a de peque&#241;o,  acerc&#243; sus labios a los suyos y deposit&#243; en ellos un casto beso.

&lt;img src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/f-menorca/belladurmiente1.jpg" id="img_1" class="imgcen"&gt;

De pronto, todo el castillo empez&#243; a cobrar vida , las damas de la corte, los centinelas, las criadas, los lacayos, todos despertaron de su letargo, a la vez que la princesa, se incorporaba de su lecho con una mano en la cabeza intentando salir de su largo sopor.  Se acerc&#243; el dolorido dedo a los labios, enjuagando la sangre, y abri&#243; los ojos para ver al pr&#237;ncipe que la hab&#237;a salvado.

Ceferino, que era peque&#241;ito, delgado , con su culotte,las rodillas huesudas, el casco y su maillot sudado, no deber&#237;a ser justamente lo que esperaba ver la princesa, incluso puede que lo confundiera con un escarabajo, porque dio un tremendo alarido, y se desmayo cayendo de nuevo sobre la cama.  &lt;img style="width: 250px; height: 291px;" src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/f-menorca/ciclista_prendimiento_180508_2_ok.jpg" id="img_2" class="imgdcha"&gt;

Junto a ella, como en un castillo de naipes, todos los habitantes del castillo cayeron de nuevo en un profundo sopor.

En vano intent&#243; nuestro esforzado ciclista en zarandear, mover o besar a la princesa, estaba como muerta, y  asustado, sali&#243; corriendo del castillo, saliendo del claro oculto del bosque y volvi&#243; pedaleando al galope tendido, como un poseso a su casa.

Todav&#237;a hoy duda si volver o no al claro del bosque, de momento, lo que ha hecho ha sido quitar todos los espejos de su casa, por si acaso.

Otros cuentos de cuento en:

&lt;big&gt;&lt;/big&gt;&lt;big&gt;&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/crariza" target="_blank"&gt;crariza&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/karmen-jt" target="_blank"&gt;karmen-jt&lt;/a&gt;
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&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/psiquiatradefamilia" target="_blank"&gt;psiquiatra de familia&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/elefantefor" target="_blank"&gt;elefantefor&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/escoces" target="_blank"&gt;escoces&lt;/a&gt;
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&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/janpuerta" target="_blank"&gt;jan&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/roma77amor" target="_blank"&gt;rosa&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/gmonteliu" target="_blank"&gt;Bloody&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/nacho-zaragoza" target="_blank"&gt;Nacho&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/bandama4" target="_blank"&gt;bandama4&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/crguarddon" target="_blank"&gt;carmen&lt;/a&gt;
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&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/mjvipra" target="_blank"&gt;mjvipra&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/blackdragon" target="_blank"&gt;Louis Darval&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://www.lacoctelera.com/jose-alberto" target="_blank"&gt;Jos&#233; Alberto&lt;/a&gt;&lt;/big&gt;&lt;/big&gt;</body>
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    <title>LA BELLA DURMIENTE DEL BOSQUE  (El Club de los Jueves)</title>
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    <body>&lt;big&gt;Faustino, empresario catal&#225;n del textil, estaba preocupado por su matrimonio.  Hac&#237;a d&#237;as que notaba que su rutina hab&#237;a cambiado, ya no eran una pareja que viv&#237;a juntos el d&#237;a a d&#237;a, su mujer estaba demasiado expresiva, demasiado pendiente de llevarse bien. Iba m&#225;s arreglada, m&#225;s preocupada de su f&#237;sico, de la peluquer&#237;a, del gimnasio, de la dieta.  Pero sobre todo la ve&#237;a m&#225;s alegre, m&#225;s contenta, dicharachera, simp&#225;tica, como si le sobrara energ&#237;a, vitalidad.  Como si tuviera una vida paralela a la que viv&#237;an juntos y que la hacia feliz.

&lt;img style="width: 172px; height: 201px;" src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/f-menorca/230789_Electricista.jpg" id="img_0" class="imgizqda"&gt;

Aument&#243; su confusi&#243;n al repasar las facturas de casa a fin de mes. Hab&#237;a una de reparaci&#243;n de un grifo, una de electricidad, cosa de un interruptor, una del frigor&#237;fico, y otra de la cocina.

Pod&#237;a haber sido casualidad desde luego, pero lo curioso era que el mes pasado, hab&#237;a tambi&#233;n facturas varias de reparaciones en casa, al parecer, se hab&#237;a estropeado el termo, hab&#237;an venido a reparar una gotera, y el operario de telef&#243;nica hab&#237;a dejado una cuenta de revisi&#243;n del ADSL

&lt;img style="width: 183px; height: 253px;" src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/f-menorca/pintor300.jpg" id="img_1" class="imgdcha"&gt;

Pero por otro lado, estaba contento de verla tan feliz y tan alegre, y tambi&#233;n tan vital y tan activa en la cama.  Pr&#225;cticamente cada d&#237;a le ped&#237;a guerra, y sus polvos hab&#237;an mejorado mucho, no solo en cantidad, que era evidente, sino en calidad.  De hecho, estaba un poco agotado.  A veces le dec&#237;a, que si segu&#237;a as&#237;, tendr&#237;a que buscarse un novio, y ella re&#237;a con ganas y volv&#237;a a buscarle las cosquillas.

Y &#233;l, preocupado y confuso,  pensaba y  pensaba, porque de hecho no era que su matrimonio no fuera bien, sino que iba demasiado bien, demasiado rodado, era como vivir un episodio feliz y le daba miedo que aquello no fuera sino el pre&#225;mbulo de una crisis.

En las cuentas del mes siguiente, volv&#237;a la retah&#237;la de facturas, &#233;sta vez el carpintero hab&#237;a arreglado una cerradura, el pintor hab&#237;a solucionado un problema de humedad en su dormitorio, y el ordenador hab&#237;a necesitado una puesta a punto.  

&lt;img style="width: 179px; height: 250px;" src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/f-menorca/fontanero.jpg" id="img_0" class="imgizqda"&gt;

Lo curioso del caso era que &#233;l se enteraba de las reiteradas reparaciones por las facturas, no le consultaba, ni le ped&#237;a como hac&#237;a antes que avisara al carpintero o al alba&#241;il.  Ella se encargaba de llamarlos y los trabajos se realizaban mientras &#233;l no estaba en casa.  Ni se daba cuenta del problema ni ve&#237;a la soluci&#243;n, s&#243;lo la factura inmisericorde que llegaba cada fin de mes.

Al final decidi&#243; ir a un investigador privado para que le indicara lo que ten&#237;a que hacer, hab&#237;a intentado hablar con su mujer, pero ella le dec&#237;a que la culpa era suya por ser incapaz de arreglar nada, y como era verdad, tuvo que callar.

El detective, le dijo que la &#250;nica soluci&#243;n para saber lo que pasaba en su casa era instalar un circuito de c&#225;maras y grabar lo que acontec&#237;a durante su ausencia.  El presupuesto era caro y la log&#237;stica complicada, pero accedi&#243;, le dijeron que lo pod&#237;an facturar como gastos de empresa, y esto acab&#243; de decidirlo.  La instalaci&#243;n se hac&#237;a en dos horas y se ten&#237;an que poner de acuerdo alg&#250;n d&#237;a que fueran a cenar o de compras para que que la empresa especialista instalase las c&#225;maras.

Y el fin de semana, pudo conseguir sacar a su mujer de casa durante el tiempo suficiente para que los &#8220;fontaneros&#8221; hicieran su trabajo.

&lt;img style="width: 162px; height: 222px;" src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/f-menorca/ositoespia.jpg" id="img_0" class="imgdcha"&gt;

Durante toda la semana siguiente, se fue moviendo por su casa como si estuviera en un mostrador, sabiendo que todo lo que pasaba estaba siendo grabado.  Ten&#237;a una reuni&#243;n con el detective el jueves, y le cost&#243; esperar a que llegara el d&#237;a.

Cuando lleg&#243; a las oficinas del investigador privado, le esperaban ya en la sala de proyecciones, le hab&#237;an preparado un v&#237;deo de los momentos m&#225;s interesantes de lo grabado. 

 El tr&#225;gala, dur&#243; poco m&#225;s de veinte minutos. Durante este tiempo, pudo ver c&#243;mo muchos d&#237;as, a media ma&#241;ana, entraba alg&#250;n operario en su casa, y como su esposa se lo pasaba por la piedra con una habilidad, solvencia y dedicaci&#243;n que asustar&#237;a hasta a un cura.   Vio pasar a rudos fontaneros, espigados carpinteros, encorbatados inform&#225;ticos, zafios carteros, hasta el frutero con su inmenso bigote y el botones del hotel, joven y barbilampi&#241;o, hac&#237;an preciosos trabajitos a su querida esposa.

Sali&#243; furioso de la entrevista con el v&#237;deo de las pruebas de las escenitas de cama en la cartera. 

 Cuando lleg&#243; a su casa, se puso a revolver como un poseso en su escritorio, estuvo recopilando todas las facturas que tenia de los tres &#250;ltimos meses, luego las puso por orden, las numer&#243; y las cotej&#243; con el calendario, apunt&#243; tambi&#233;n las notas del supermercado, de la fruter&#237;a, del mensajero, todo lo dej&#243; ordenado y preparado.

Estaba a punto de salir con su legajo de facturas, cuando entr&#243; su mujer.  Venia como siempre, alegre y contenta, dijo que ven&#237;a del gimnasio.

-Claro, el gimnasio, -pens&#243;-, se le hab&#237;a olvidado el gimnasio, y tambi&#233;n la esteticienne, y el masajista, y la sauna.  Pero no importaba, con lo que ten&#237;a en la cartera de momento, hab&#237;a m&#225;s que suficiente.

-Me voy querida, tengo mucho trabajo, tengo que hacer unas visitas a unos profesionales que hacen reparaciones a domicilio.

Porque &#8211;pensaba mientras bajaba la escalera- uno puede ser un cornudo, pero tonto no. Voy a conseguir que me devuelvan el dinero de todas estas reparaciones.
&lt;/big&gt;

OTRAS REPARACIONES DEL Club de los Jueves.

&lt;big&gt;&lt;/big&gt;&lt;big&gt;&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/crariza" target="_blank"&gt;crariza&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/karmen-jt" target="_blank"&gt;karmen-jt&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/un-espanol-mas" target="_blank"&gt;un-espa&#241;ol-mas&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/srcapullo" target="_blank"&gt;srcapullo&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/psiquiatradefamilia" target="_blank"&gt;psiquiatra de familia&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/elefantefor" target="_blank"&gt;elefantefor&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/escoces" target="_blank"&gt;escoces&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/sixto-l-hotmail-com" target="_blank"&gt;castor&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/janpuerta" target="_blank"&gt;jan&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/roma77amor" target="_blank"&gt;rosa&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/gmonteliu" target="_blank"&gt;Bloody&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/nacho-zaragoza" target="_blank"&gt;Nacho&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/bandama4" target="_blank"&gt;bandama4&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/crguarddon" target="_blank"&gt;carmen&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/quadrophenia" target="_blank"&gt;quadrophenia&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/mjvipra" target="_blank"&gt;mjvipra&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/blackdragon" target="_blank"&gt;Louis Darval&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://www.lacoctelera.com/jose-alberto" target="_blank"&gt;Jos&#233; Alberto&lt;/a&gt;&lt;/big&gt;</body>
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    <title>FAUSTINO EL "MANITAS"  El Club de los Jueves</title>
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    <body>&lt;em&gt; &lt;big&gt; La puerta del portal estaba entreabierta, y no me sorprend&#237;.  La luz no se encend&#237;a, y no quise o&#237;r el aviso. A veces hay que hacer caso a esos s peque&#241;os detalles, a los avisos que nos env&#237;a el subconsciente. Ten&#237;a que haber hecho lo que pensaba, salir de nuevo a la calle en vez de seguir hasta el fondo de la entrada hacia la puerta del ascensor. Algo me dec&#237;a que iba mal, pero fue m&#225;s fuerte la inercia, las ganas de llegar a casa, de acabar por fin la jornada laboral.
&lt;/big&gt;&lt;/em&gt;


&lt;big&gt;
&lt;em&gt;Estaban agazapados junto al hueco de la escalera, y cuando me quise dar cuenta, un brazo de acero me sujetaba por detr&#225;s y una mano enguantada en cuero me tapaba la boca.

Luch&#233;, mord&#237;, pate&#233;, pero eran tres, o quiz&#225; cuatro, nunca lo supe, solo recuerdo las cabezas rapadas con las crestas, los aros en las orejas, el olor a cuero.  Y luego, las manos &#225;vidas manoseando mi cuerpo, la ropa rasgada, el contacto no deseado y odiado, la penetraci&#243;n brutal, el aliento f&#233;tido.  No recuerdo ni cuando deje de luchar, ni cuando empec&#233; a llorar.  Solo el recuerdo de quedar tirada all&#237; en el suelo, dolorida de cuerpo y alma, con la verg&#252;enza inmensa de lo que hab&#237;a pasado, y el est&#250;pido temor de que alguien me viera en aquellas condiciones.

&lt;img src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/f-menorca/228333_nu.jpg" id="img_0" class="imgizqda"&gt;

A duras penas entr&#233; en el ascensor y puls&#233; el bot&#243;n del quinto.  Me cost&#243; incluso llegar a la puerta del piso.  All&#237; me qued&#233; acurrucada sin poder abrir la puerta, no sab&#237;a ni donde estaba el bolso.  All&#237; me encontr&#243; mi marido, sentada en el suelo, llorando y gimiendo.

Pienso que el segundo gran error fue no llamar a la polic&#237;a. Juan estaba anonadado, llorando conmigo, y yo s&#243;lo ten&#237;a ganas de estar sola, de intentar pensar que aquello no hab&#237;a pasado.  Ni siguiera el agua de la ducha fue b&#225;lsamo para mi esp&#237;ritu maltrecho, tenia hematomas y magulladuras, pero no solo en la piel, tambi&#233;n en el alma.

No s&#233; por qu&#233; se me ocurre escribir ahora esto, han pasado ya nueve meses, el ser que se mueve en mi vientre est&#225; a punto de querer ver la luz del sol, a veces tengo miedo de que salga de mi vientre con una cruz gamada tatuada en la cabeza. 

Cuando pas&#243; &#8220;aquello&#8221;, Juan y yo llev&#225;bamos ya nueve a&#241;os de casados y no hab&#237;amos conseguido tener hijos, ten&#237;amos cita en unos d&#237;as con un especialista.  Aquello trastoc&#243; nuestros planes, yo no s&#233; por qu&#233;, pero intu&#237;a que hab&#237;a quedado embarazada.

Durante semanas hablamos en silencio, el tema estaba presente sin mencionarlo, todas las posibilidades estaban abiertas, no era tiempo de buscar soluciones, quiz&#225; ni siquiera habr&#237;a problema.

Pero cuando tuve la segunda falta, supe que mis premoniciones se hab&#237;an cumplido, unas gotitas de orina lo confirmaron, un nuevo ser anidaba en mi seno.

De nuevo se plantearon todas las dudas, todas las posibilidades, el aborto era la opci&#243;n m&#225;s l&#243;gica, pero no era mi decisi&#243;n.

Aquella noche cuando lleg&#243; Juan yo llevaba aquel vestido negro con un escote imposible, la mesa estaba puesta, las velas encendidas, la botella de vino oreando, el salm&#243;n y el caviar primorosamente preparados.

Llev&#225;bamos muchos meses sin hacer el amor, desde el suceso de la escalera, yo estaba esquiva y temerosa, pero aquella noche nos encontramos de nuevo, abiertos con toda la confianza, entregados, sumisos, exigentes, amantes, locos  de amor y de besos.

Y all&#237;, tumbados aun sobre la alfombra, borrachos todav&#237;a de vino y de pasi&#243;n, le dije a Juan que mi hijo ser&#237;a sietemesino, que no iba a abortar, que ser&#237;a nuestro hijo, al que querr&#237;amos con locura, al que educar&#237;amos en el respeto a los dem&#225;s y a la libertad.

Noto ya las contracciones del parto, pronto saldremos hacia el hospital, pero antes tengo que terminar esta carta, quiero que alg&#250;n d&#237;a se sepa la verdad, aquella que duele pero que cicatriza heridas y pone todas las cosas en su sitio.

        Todav&#237;a tengo dudas, las tendr&#233; siempre, &#191;ser&#225; mi hijo como aquellos bestias que me violaron, o crecer&#225; sano y noble?. Pero tengo confianza en este peque&#241;o que se mueve en mi vientre, el ser&#225; mi hijo.&lt;/em&gt;&lt;/big&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;

&lt;big&gt;
Miguel no pudo sujetar por m&#225;s tiempo el papel entre sus manos, se le escurri&#243; de entre los dedos y se cay&#243; al suelo, all&#237; fue a parar tambi&#233;n &#233;l, de rodillas y llorando. 

&lt;img src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/f-menorca/skin8.jpg" id="img_0" class="imgizqda"&gt;

       Hab&#237;a encontrado la carta buscando dinero entre los cajones de la mesita de noche de su madre,hac&#237;a dos meses que se hab&#237;a ido de su casa a vivir con su pandilla del barrio, de vez en cuando cuando sab&#237;a que la casa estaba vac&#237;a, iba a comer lo que hab&#237;a en la nevera y a buscar algo de dinero.  Siempre hab&#237;a unos billetes en el caj&#243;n superior de la mesita de noche, pero aquel d&#237;a solo hab&#237;a una carta.


       Se levant&#243; y el espejo de la c&#243;moda, le devolvi&#243; su imagen, de callejero, con sus pendientes, su chaqueta de cuero, su cresta, sus mil cremalleras oxidadas.  Hubiera querido pegarse, odi&#243; su imagen y se odi&#243; a s&#237; mismo, levant&#243; su mano dirigiendo el &#237;ndice a su sien simulando pegarse un tiro.  Pens&#243; en el sufrimiento de su madre y se odi&#243; todav&#237;a m&#225;s.

       Estuvo a punto de irse, sent&#237;a la llamada de la calle, de la cerveza, de las chicas, pero no fue capaz.  Silenciosamente se quit&#243; la cazadora, despu&#233;s las botas, quedaron all&#237; en el suelo, junto con la cadena que llevaba al cuello, y los aretes.

       En el ba&#241;o hab&#237;a suficiente jab&#243;n y hojas de afeitar, ten&#237;a que intentar cambiar su aspecto antes de que llegase su madre. Ten&#237;a ganas de abrazarla, de pedirle perd&#243;n, de besarla.&lt;/big&gt;


&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;big&gt;Fin.&lt;/big&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;



&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="color: rgb(204, 0, 0);"&gt;&lt;big&gt;Pero otro final tambi&#233;n es posible, lo pod&#233;is leer en :&lt;/big&gt;&lt;/span&gt;

&lt;big&gt;&lt;a href="http://xarbet.wordpress.com/"&gt;El fruto de tu vientre.&amp;gt;
&lt;/a&gt;&lt;/big&gt;


Lista de enlaces del Club de los Jueves.




&lt;big&gt;&lt;/big&gt;&lt;big&gt;&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/crariza" target="_blank"&gt;crariza&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/karmen-jt" target="_blank"&gt;karmen-jt&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/un-espanol-mas" target="_blank"&gt;un-espa&#241;ol-mas&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/srcapullo" target="_blank"&gt;srcapullo&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/psiquiatradefamilia" target="_blank"&gt;psiquiatra de familia&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/elefantefor" target="_blank"&gt;elefantefor&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/escoces" target="_blank"&gt;escoces&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/sixto-l-hotmail-com" target="_blank"&gt;castor&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/janpuerta" target="_blank"&gt;jan&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/roma77amor" target="_blank"&gt;rosa&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/gmonteliu" target="_blank"&gt;Bloody&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/nacho-zaragoza" target="_blank"&gt;Nacho&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/bandama4" target="_blank"&gt;bandama4&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/crguarddon" target="_blank"&gt;carmen&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/quadrophenia" target="_blank"&gt;quadrophenia&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/mjvipra" target="_blank"&gt;mjvipra&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/blackdragon" target="_blank"&gt;Louis Darval&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://www.lacoctelera.com/jose-alberto" target="_blank"&gt;Jos&#233; Alberto&lt;/a&gt;&lt;/big&gt;&lt;/div&gt;</body>
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    <title>EL FRUTO DE TU VIENTRE.  (El Club de los Jueves)</title>
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         Jos&#233;, no pod&#237;a dar cr&#233;dito a lo que o&#237;a.  Mar&#237;a, su futura esposa, le acababa de comunicar que estaba embarazada.  Si le hubiesen dado un mazazo en la cabeza no habr&#237;a notado nada, era imposible, algo inaudito, no pod&#237;a ser.

Mar&#237;a, se lo hab&#237;a dicho en voz baja, comunic&#225;ndole que estaba ya de varios meses, y que su madre y las ancianas se lo hab&#237;an confirmado.

Pero se lo segu&#237;a mirando con dulzura, y con aquellos ojos claros y limpios.  &#191;Como hab&#237;a podido hacer algo as&#237;?  Y &#191;Quien hab&#237;a sido el malvado que hab&#237;a mancillado a su novia?

Cuanto m&#225;s se lo explicaba, menos lo entend&#237;a.  Ella afirmaba que no se hab&#237;a acostado con nadie, y que en un sue&#241;o hab&#237;a entendido que era Dios el que hab&#237;a fecundado su vientre.

Jos&#233; se fue a su casa a llorar, buscando el consuelo de su familia y de sus padres.

        Quer&#237;a a Mar&#237;a, la amaba apasionadamente, incluso estaba dispuesto a creerla, pero era imposible, nadie se quedaba pre&#241;ado de un esp&#237;ritu, deb&#237;a haber alguna explicaci&#243;n.

Despu&#233;s de tres d&#237;as de no salir de casa, decidi&#243; ir de nuevo a hablar con Mar&#237;a.  En su casa todos le aconsejaban que la dejara, sus amigos incluso hac&#237;an burla de su candidez.  Por la calle, la gente se lo miraba con pena y con sonrisas socarronas.

Ella segu&#237;a all&#237;, cardando lana con sus hermanas, con su misma mirada de amor y de ternura, en la que le ped&#237;a que la creyera, que no la abandonara. Jos&#233; se dejo embriagar de nuevo por el amor que sent&#237;a y le dijo que quer&#237;a estar a su lado toda la vida y que se casar&#237;an enseguida.

Tuvo que aguantar Jos&#233; toda la oposici&#243;n de su familia, especialmente su padre, que el dec&#237;an que no cometiese aquella locura, pero se mantuvo firme como una roca en su decisi&#243;n, hab&#237;a decidido creer la historia de que su futura esposa hab&#237;a sido pre&#241;ada por un esp&#237;ritu, porque era lo m&#225;s f&#225;cil para el.

Lo que no contaba es que sus amigos y compa&#241;eros aprovecharan esto para burlarse ahora abiertamente de &#233;l.  Si les hubiera dicho que hab&#237;a perdonado el desliz y que aceptaba el ni&#241;o, quiz&#225; lo hubieran respetado, pero la historia que les contaba era de risa y merec&#237;a el escarnio.

La boda fue sencilla y medio a escondidas, nada de los tres d&#237;as de fiesta que se celebraban normalmente, simplemente se casaron y se fueron a vivir juntos.

Pero su vida no fue f&#225;cil, a ella las mujeres la escup&#237;an por la calle llam&#225;ndola puta, y a el le hac&#237;an burla y se ofrec&#237;an para hacerle otro hijo a su mujer.

Y aprovechando que hab&#237;a un edicto pidiendo a todos que se empadronase en su ciudad, y pese a que el embarazo estaba bastante avanzado, decidieron ir a Bel&#233;n donde hab&#237;a nacido Jos&#233;.

Quiz&#225; aquellos tres d&#237;as de viaje sobre los mulos, fueron los mas alegres en mucho tiempo, al menos estaban solos y nadie les insultaba ni les dec&#237;a nada.  Durmieron al raso, apoyando sus cuerpos contra los mulos para entrar en calor, y pese a que Mar&#237;a se negaba a copular con &#233;l, se abrazaban muy fuerte debajo de sus mantos, y sus besos eran dulces y  se sent&#237;an felices en su amor.

Cuando llegaron a Bel&#233;n, el mes&#243;n estaba completo.  Mucha gente hab&#237;a hecho lo mismo que ellos y el pueblo rebosaba de visitantes.  Tuvieron que buscar refugio en las afueras de la ciudad, en un establo vac&#237;o, lleno de paja mugrienta y apestosa, ya que empezaban a llegar los dolores del parto.
Y all&#237;, Mar&#237;a, de diez y siete a&#241;os y Jos&#233; de veinte, pasaron la noche, entre llantos, sollozos  y dolores de parto. Nunca se hubiera imaginado Jos&#233; tener que asistir al parto del bastardo. De madrugada naci&#243; el ni&#241;o, y nuevamente fueron las mulas las que prestaron el calor para el reci&#233;n nacido.
Jos&#233; respir&#243; tranquilo cuando vio que el ni&#241;o era normal, como todos. Tem&#237;a fuera hijo de satan&#225;s y naciera con cuernos y pezu&#241;as.  Pese a todo, le dol&#237;a aquel hijo que no era suyo, al que hab&#237;a tenido que aceptar por amor a su madre y por el que tem&#237;a no sentir nunca cari&#241;o.

Los pastores de  las colinas cercanas, que hac&#237;an vigilia guardando el ganado y que durante toda la noche hab&#237;an o&#237;do los lamentos de la parturienta, bajaron a ofrecerle queso tierno y leche, y les dieron la enhorabuena y les felicitaron.

Tambi&#233;n pasaron por el establo a media ma&#241;ana unos astr&#243;nomos que  viajaban siguiendo las estrellas   Entraron a ver al ni&#241;o y  predijeron que seria el futuro rey de Israel y que salvar&#237;a a su pueblo de la esclavitud de los Romanos, ya  que la estrella estaba, en la noche que naci&#243;, en su m&#225;ximo esplendor, y le regalaron unas pepitas de oro como a los reyes y tambi&#233;n  incienso y mirra para combatir el tremendo olor de aquel establo.

Pero los pastores que hab&#237;an escuchado lo que dec&#237;an los astr&#243;nomos, lo comentaron en el pueblo, y lleg&#243; a los o&#237;dos de los romanos que temerosos de la superstici&#243;n de la gente, decidieron, ir en busca del reci&#233;n nacido, por lo que Jos&#233;, Mar&#237;a y el beb&#233;, tuvieron que seguir su camino errante a lomos de los mulos, rumbo a Egipto.

All&#237;, pensaba Jos&#233;, podr&#237;a empezar una nueva vida, nadie les conoc&#237;a, pensar&#237;an que el hijo era suyo y podr&#237;a trabajar en su oficio y amar a su querida esposa.  Estaba cansado de penurias, de burlas  y de tristeza, si alguien le hubiera dicho que lo que hab&#237;a pasado se celebrar&#237;a en todo el mundo cristiano como s&#237;mbolo de alegr&#237;a, fiesta y felicidad, no se lo hubiera cre&#237;do.

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    <nicetitle>un-bastardo-navidad-</nicetitle>
    <published-at type="datetime">2008-12-19T18:14:30Z</published-at>
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    <title>UN BASTARDO EN NAVIDAD.</title>
    <updated-at type="datetime">2009-01-23T17:30:03Z</updated-at>
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    <body>&lt;big&gt;Cuando se muri&#243; el vecino que ocupaba el primero primera, aquella puerta del rellano, situada enfrente de la suya, empez&#243; a cobrar vida.  De estar siempre cerrada, empez&#243; a tener movimiento constante.  Al parecer, el piso, lo hab&#237;a alquilado la propietaria del bar de alterne de la esquina, y lo usaban como punto de cita y de encuentro.

&lt;img src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/f-menorca/221253_mirilla.jpg" id="img_0" class="imgizqda"&gt;


El movimiento empezaba a partir de las diez de la noche, y &#233;l, se levantaba y se pon&#237;a a fisgar detr&#225;s de la mirilla de la puerta. Normalmente primero sub&#237;a ella, y a pocos pasos el cliente, llamaban a la puerta y esperaban un rato hasta que les abr&#237;an y entraban los dos.  Al cabo de unos quince minutos, se ve&#237;a la salida del cliente, con paso apresurado, y poco despu&#233;s, la prostituta, con el mismo paso tranquilo con el que hab&#237;a entrado.



Situarse detr&#225;s de la puerta al o&#237;r la puerta de la calle que se abr&#237;a, fue pronto una costumbre. Desde que se hab&#237;a muerto su madre, se encontraba muy solo y aburrido, pero no estaba obligado a usar  el aparato antimastubador. con el que habia estado durmiendo desde los doce a&#241;os. 

&lt;img src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/f-menorca/dispositivoantimasturbatorio.jpg" id="img_0" class="imgdcha"&gt;


Aquello le produc&#237;a una especial sensaci&#243;n de libertad, por eso se acostaba a a las ocho, despu&#233;s de cenar, sabiendo que tendr&#237;a un par de horas de sue&#241;o antes de empezar su jornada de vigilante mirillero.


Su madre siempre le hab&#237;a advertido de las pelanduscas que iban por ah&#237;, propagando enfermedades mortales que hac&#237;an que la carne se fuera cayendo a pedazos, y &#233;l siempre se habia sentido muy cohibido delante de las mujeres.  De hecho, prefer&#237;a mirarlas de lejos, observarlas, pensando en que quiz&#225;s alg&#250;n d&#237;a encontrar&#237;a a su compa&#241;era perfecta.



Ver subir a las chicas, con sus faldas cortas, y sus escotes generosos le produc&#237;a especial excitaci&#243;n, su mano y su imaginaci&#243;n pon&#237;an el resto, y en aquellos momentos, se admit&#237;a paja como animal de compa&#241;&#237;a.

Si alguien lo hubiera podido ver a &#233;l, tal y como  espiaba a los vecinos, habr&#237;a contemplado una escena algo pat&#233;tica.  


Estaba de pi&#233;, frente a la puerta un poco inclinado para ajustar su vista a la de la mirilla, en calzoncillos y camiseta de tirantes, con una mano apoyada en la puerta, y la otra pululando por peteneras.  Y un detalle no nimio, desde que se le hab&#237;an roto las zapatillas, cuando se levantaba de la cama, se calzaba  unas botas de piel girada, afelpadas por dentro, eran c&#243;modas y f&#225;ciles de poner con su cremallera lateral, y  su suela de goma las hac&#237;an silenciosas y discretas.



         De esta guisa estaba cuando un d&#237;a, un hecho inesperado fue a romper la rutina. 

&lt;img src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/f-menorca/221248_cas1.jpg" id="img_0" class="imgizqda"&gt;

 Un cliente, que hab&#237;a entrado hacia pocos minutos, de repente sali&#243; corriendo con la camisa desabrochada y el pantal&#243;n a medio subir, y&#233;ndose escaleras abajo. 

 Al poco tiempo sali&#243; ella.

  El la conoc&#237;a de verla subir y bajar .  Era una chica rubia, peque&#241;ita, que vest&#237;a siempre una minifalda azul y una camiseta corta que dejaba su vientre al aire.  Pero ahora salia llorosa, con un zapato puesto y el otro en la mano, y con la camiseta desgarrada a la altura del hombro descubriendo una tira de un sujetador negro. 

 Se sent&#243; en el suelo en el rellano, sin decidirse a bajar, cogi&#233;ndose las rodillas con los brazos y llorando desconsoladamente.

Clodomiro, sin pensar demasiado en lo que hacia, abri&#243; la puerta y sali&#243; a consolar a la chica.  La cogi&#243; de los brazos y la hizo levantar, ella ni opuso resistencia ni se ayud&#243; demasiado, por lo que el contacto con aquel cuerpo, lo hizo estremecer.  Nunca hab&#237;a pensado que las mujeres fueran tan blanditas y tan suaves.  Y sinti&#243;  levantarse el &#225;nimo dentro de si, y not&#243; como se elevaba el frontal de sus calzoncillos  y una eyaculaci&#243;n prematura empap&#243; la prenda.  Not&#243; de inmediato, la habitual  languidez en sus piernas que hizo dejar de sostener por un momento a la chica, la cual, crey&#233;ndose que ca&#237;a, levant&#243; la vista, y al verlo, dio un alarido tremendo y escap&#243; corriendo escaleras abajo.

En el mismo momento en que la chica escapaba, la puerta de su piso, se cerr&#243; con estr&#233;pito.
 
 El portazo lo hizo volver a la realidad.  Y &#233;sta era bien dura, estaba en calzoncillos, en el rellano de la escalera sin llave ni manera de abrir, y con un sospechoso manchur&#243;n braguetero que indicaba claramente lo que habia pasado.

Por un momento, en su mente, pasaron r&#225;pidamente todas las posibilidades.  Su primer impulso fue hacer como hab&#237;a visto en las pel&#237;culas, embestir fuerte con el hombro y derribar la puerta. Pero un solo vistazo a la puerta y a su esmirriada figura le hizo desistir.

 El viv&#237;a en el primero segunda.  Del primero primera ni hablar, a lo mejor todas las putas repetian lo del alarido.  Quedaba el segundo piso, de all&#237;  pod&#237;a intentar descolgarse por el balc&#243;n.
 
En el Segundo primera viv&#237;a un guardia civil con bigote que tenia una hija de muy buen ver, y que se lo miraba con mala cara cada vez que se cruzaba con &#233;l en la escalera. no quiso ni pensar en lo que pasar&#237;a si llamara a la puerta de esta guisa. Pero en el otro piso, viv&#237;a una anciana pacifica que quiz&#225; le ayudar&#237;a.

La anciana del segundo, le abri&#243; la puerta, y se lo mir&#243; de arriba abajo. El le explic&#243; que se le hab&#237;a cerrado la puerta y si pod&#237;a intentar acceder a su casa a trav&#233;s de su piso.  La mujer, sin despegar los labios, y sin abrir del todo la puerta, segu&#237;a mir&#225;ndoselo, como sopesando la situaci&#243;n, evaluando posibilidades.   Despu&#233;s de un rato, abri&#243; del todo la puerta y le indic&#243; con la cabeza que pasara.

Clodomiro entr&#243; r&#225;pidamente y se dirigi&#243; hacia el balc&#243;n de la sala, la que daba a la calle, all&#237;, mir&#243; hacia abajo, no lo vio muy claro, pero hab&#237;a un canal&#243;n de desag&#252;e cercano en el que pens&#243; que pod&#237;a apoyarse para descender.

No hab&#237;a tiempo para demasiadas vacilaciones, y pas&#243; por encima de la barandilla y apoyando un pi&#233; en la tuber&#237;a y cogi&#233;ndose con la mano en el pasamano, empez&#243; a descender y qued&#243; colgando sobre el balc&#243;n de abajo, y con un movimiento pendular, consigui&#243; caer dentro, no sin antes darse un golpe contra una botella de butano. 

 No recordaba haber dejado la bombona all&#237;, pero lo importante era que estaba dentro.  Solo la puerta del sal&#243;n, pero esta era doble y acristalada y con un empuj&#243;n del hombro  intent&#243; abrirla.
 
 La jodida puerta, cruji&#243;, pero no cedi&#243;, y despu&#233;s de tres intentos, decidi&#243; que tenia que romper el cristal.  Cogi&#243; para ello una maceta de geranios.

&lt;img src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/f-menorca/221265_geranis.jpg" id="img_0" class="imgdcha"&gt;
 
 No sabia de donde hab&#237;a salido aquella maceta,  pero para el caso daba lo mismo.  El cristal cedi&#243; y se hizo mil a&#241;icos.  Con el impulso, entr&#243; hasta la maceta.  Quit&#243; los cristales que hab&#237;an quedado en las juntas y entr&#243; apartando la cortina en el  piso.  Tampoco recordaba tener cortinas en la puerta del balc&#243;n, ni  tres parejas semidesnudas y una se&#241;ora gorda que se lo estuvieran  mirando con sorpresa desde el fondo de la habitaci&#243;n

Son situaciones en las que lo primero que hay que hacer es juntar las rodillas y ponerse las manos p&#250;dicamente en el regazo, poniendo cara de pena.  La estratagema surgi&#243; efecto, porque la se&#241;ora gorda, a la que evidentemente no le gustaban los hombres sin cartera, empez&#243; a insultarle y a maldecirlo, llam&#225;ndole voyeur y desgraciado, a la vez que le indicaba el camino de la puerta.  Corrido -nunca mejor dicho- y avergonzado, cruz&#243; el sal&#243;n y se encontr&#243; de nuevo,  en el rellano de la escalera.

Entonces, hizo lo que tenia que hacer, nadie le hab&#237;a ayudado, por lo que que tom&#243; la decisi&#243;n. Rompi&#243; el cristal de la cajita y pulso el bot&#243;n de alarma de incendios.

En un plis plas, hubo una autentica revolucion, ulular de sirenas, gritos, carreras, tropel  de personas bajando por la escalera, y en la acera al poco rato, un mont&#243;n de gente en ropa interior mientras los bomberos sub&#237;an al edificio.

All&#237;, junto al vecino del segundo, el guardia civil con mostachos que tambi&#233;n lucia unos calzoncillos como los suyos,  pero con el tricornio puesto, la verdad es que no hacia ning&#250;n mal papel.


Espero encontr&#233;is mas art&#237;culos en el resto de miembros del Club, pero pensad que las fiestas son las fiestas, Si no han acudido a la cita, ser&#225; por alg&#250;n buen fin.



&lt;big&gt;&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/crariza" target="_blank"&gt;crariza&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/karmen-jt" target="_blank"&gt;karmen-jt&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/un-espanol-mas" target="_blank"&gt;un-espa&#241;ol-mas&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/srcapullo" target="_blank"&gt;srcapullo&lt;/a&gt;
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&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/elefantefor" target="_blank"&gt;elefantefor&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/escoces" target="_blank"&gt;escoces&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/sixto-l-hotmail-com" target="_blank"&gt;castor&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/janpuerta" target="_blank"&gt;jan&lt;/a&gt;
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&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/quadrophenia" target="_blank"&gt;quadrophenia&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/mjvipra" target="_blank"&gt;mjvipra&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/blackdragon" target="_blank"&gt;Louis Darval&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://www.lacoctelera.com/jose-alberto" target="_blank"&gt;Jos&#233; Alberto&lt;/a&gt;&lt;/big&gt;&lt;/big&gt;</body>
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    <nicetitle>clodomiro-fernandez-el-club-los-jueves-</nicetitle>
    <published-at type="datetime">2008-12-18T09:10:06Z</published-at>
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    <title>CLODOMIRO FERNANDEZ  (El Club de los Jueves)</title>
    <updated-at type="datetime">2009-01-23T17:31:58Z</updated-at>
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    <body>&lt;big&gt;Hac&#237;a ya tres d&#237;as que hab&#237;a ingresado en aquella c&#225;rcel. Procuraba estar todo el tiempo posible en la celda que hab&#237;an habilitado para &#233;l solo, pero a veces tambi&#233;n ten&#237;a que salir al patio como los dem&#225;s, y pese a que se pon&#237;a en un rinc&#243;n, la mayor&#237;a de presos se lo miraban con inter&#233;s.  De alguna manera no era habitual ver a un juez en la c&#225;rcel.

Ferm&#237;n Cantamisas, a&#250;n no se pod&#237;a creer lo que le hab&#237;a pasado.  Su encarcelamiento era una de las injusticias mayores que se hab&#237;an hecho en el pa&#237;s.

El era una persona &#237;ntegra y de conducta intachable.  Hab&#237;a dedicado toda su vida a su trabajo y a su familia.  Largos a&#241;os de estudio y oposiciones, sin salir de fiesta, sin divertirse, quer&#237;a se Juez, y durante muchos a&#241;os, su habitaci&#243;n donde estudiaba y la iglesia donde iba a rezar eran los &#250;nicos espacios donde hab&#237;a vivido.

Recordaba su primer destino en 1987 en Chiclana, ten&#237;a por aquel entonces 29 a&#241;os. All&#237;, ya puso la primera piedra de lo que ser&#237;a su labor como juez. 

&lt;img src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/f-menorca/218352_154x114_iLyROoaftlOe_2.jpg" id="img_0" class="imgdcha"&gt;

 Aquellas dos desvergonzadas que se paseaban con los pechos al aire por la playa, se encontraron enfrente a un hombre que no se deja ofender ni amilanar, tuvieron su merecido. Pese a ser absueltas, los tres d&#237;as de c&#225;rcel no se los quit&#243; nadie.

Y es que no se puede dejar la justicia, en manos de gobiernos corruptos que permiten indecencias o que traten a los hijos como cobayas humanos.  Hay una ley de dios, eterna, inmutable, &#250;nica verdad.  Esta ley est&#225; por encima de politicastros y leguleyos.

&lt;img src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/f-menorca/217237_lesbianasycristianas.jpg" id="img_0" class="imgizqda"&gt;


Ahora, veinte a&#241;os m&#225;s tarde, ha tenido que poner de nuevo por encima de lo escrito en la ley humana, la Ley de dios, propia de los hombres &#237;ntegros.  &#191;C&#243;mo es posible que una pareja de lesbianas, decida tener un hijo, por inseminaci&#243;n artificial, y pretender mediante adopci&#243;n, que las dos sean madres de la recien nacida?  &#191;Es que nadie se da cuenta de que esta ni&#241;a ser&#225; ma&#241;ana lesbiana?




El lee la biblia cada noche, y tambi&#233;n &#8220;Camino&#8221;, libros de cabecera que le iluminan el sendero a seguir.  Estos libros le indican que est&#225; en la buena ruta, la que los hombres no pueden variar.

Pero ahora tiene miedo, algunos internos se lo miran con curiosidad, pero otros con chuler&#237;a e incluso con lascivia.  Esto no le puede estar pasando a &#233;l, un hombre hecho y derecho, de bien, de conducta intachable. Pero era el designo de su dios, tendr&#237;a que aceptar con sumisi&#243;n las pruebas que  vendr&#237;an. 

Fue denunciado por el CGPJ porque dicen que retras&#243; dos a&#241;os la adopci&#243;n de la ni&#241;a por la pareja lesbiana de su madre. Pero en el juicio se demostr&#243; que el lo que buscaba era el bien de la peque&#241;a, que no podia consentir que fuera educada por dos lagartas, que todo era una conjura por parte del lobby de gays y lesbianas para derrotarle.  Despu&#233;s de dos semanas de juicio, solo le impusieron una multa de trescientos euros.  Por bien pagados los daba por haber actuado en bien de la peque&#241;a Candela.

Pero volvi&#243; demasiado pronto a su casa aquella tarde, despu&#233;s de leer la sentencia.  Encontr&#243; la iglesia cerrada por obras.  &#191;A qui&#233;n se le ocurre cerrar una iglesia?  

&lt;img src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/f-menorca/reclinatori.jpg" id="img_0" class="imgdcha"&gt;

El ten&#237;a necesidad de rezar, de dar gracias a su dios por la sentencia tan benigna. Porque podr&#237;a volver a ser juez y velar por los desamparados. Pens&#243; en ir a su casa, all&#237;, en su habitaci&#243;n, ten&#237;a un peque&#241;o reclinatorio bajo una imagen de la virgen del la adoraci&#243;n nocturna.




Al principio no pudo entender aquel amasijo de cuerpos, era como un monstruo de dos cabezas.  Una era la de su mujer, la otra la de Ubunta, la sirvienta.  Estaban desnudas y cada una ten&#237;a la cabeza entre las piernas de la otra.

&lt;img src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/f-menorca/217234_69.jpg" id="img_1" class="imgizqda"&gt;

Tuvo que matarlas. La culpa seguro que era de la  infiel que hab&#237;a llegado de &#193;frica, pero su mujer no ten&#237;a que haber pecado con ella. Cogi&#243; un candelabro de plata, con el que purific&#243; las cabezas de las viciosas, primero la negra, despu&#233;s a su esposa.



 Estaba seguro que sus siete hijos lo entender&#237;an.
&lt;/big&gt;

&lt;big&gt;Y este es el articulo de referencia:     &lt;a href="http://www.elpais.com/articulo/sociedad/juez/le/gusta/top/less/gays/adopten/elpepisoc/20070701elpepisoc_3/Tes"&gt;UN JUEZ PECULIAR &lt;/a&gt;
&lt;/big&gt;


Y estos los enlaces a otros articulos del Club de esta semana:



&lt;big&gt;&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/crariza" target="_blank"&gt;crariza&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/karmen-jt" target="_blank"&gt;karmen-jt&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/un-espanol-mas" target="_blank"&gt;un-espa&#241;ol-mas&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/srcapullo" target="_blank"&gt;srcapullo&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/psiquiatradefamilia" target="_blank"&gt;psiquiatra de familia&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/elefantefor" target="_blank"&gt;elefantefor&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/escoces" target="_blank"&gt;escoces&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/sixto-l-hotmail-com" target="_blank"&gt;castor&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/janpuerta" target="_blank"&gt;jan&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/roma77amor" target="_blank"&gt;rosa&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/gmonteliu" target="_blank"&gt;Bloody&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/nacho-zaragoza" target="_blank"&gt;Nacho&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/bandama4" target="_blank"&gt;bandama4&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/crguarddon" target="_blank"&gt;carmen&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/quadrophenia" target="_blank"&gt;quadrophenia&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/mjvipra" target="_blank"&gt;mjvipra&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/blackdragon" target="_blank"&gt;Louis Darval&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://www.lacoctelera.com/jose-alberto" target="_blank"&gt;Jos&#233; Alberto&lt;/a&gt;&lt;/big&gt;</body>
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    <title>EL CLUB DE LOS JUECES  (El Club de los Jueves)</title>
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    <body>Nunca hubiera pensado que aquel triangulito le trajera tantos problemas.  Era un triangulo formado por dos muslos y el borde de una falda demasiado corta, y hab&#237;a aparecido en la oficina junto con la nueva secretaria.

Hab&#237;an habilitado para ella una mesa situada enfrente de la suya, y era de esas modernas con cuatro patas, toda abierta por delante y los lados, y claro, cuatro patas de la mesa, mas las dos de Irene, y las de la silla, ya era mucha extremidad suelta. Si adem&#225;s se forman de vez en cuando triangulitos, cada d&#237;a de distinto color, no podemos por menos que compadecer al pobre contable.

&lt;img src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/f-menorca/blau.jpg" id="img_0" class="imgizqda"&gt;




Eufrasio era soltero, hombre de misa dominical y de poluci&#243;n nocturna quincenal, que viv&#237;a en s&#243;rdida armon&#237;a con s&#237; mismo, en un piso de renta antigua de cuatro habitaciones. 

Hac&#237;a ya treinta a&#241;os que trabajaba en la misma oficina, y era el empleado perfecto, met&#243;dico, pulcro, trabajador, callado y concienzudo, en quien Don Carlos depositaba toda la confianza de los n&#250;meros de la empresa.  Por no haber, no hab&#237;a en su mesa ni siquiera tel&#233;fono, el se imbu&#237;a en sus papeles y en toda la jornada, ni levantaba la mirada, ni hablaba con nadie.

Pero ahora, le hab&#237;an puesto enfrente a aquella chica que se pasaba el d&#237;a riendo, comentando cosas con Victoria y con Eulalia, las otras dos chicas de su oficina, las cuales hab&#237;an pasado de sentirse contagiadas de la seriedad de Eufrasio a colaborar en el jolgorio de Irene.

Y encima, aquellas piernas largas, que se mov&#237;an al son de su risa y mostraban de vez en cuando aquel triangulito juguet&#243;n, que aparec&#237;a o se escond&#237;a en funci&#243;n de los movimientos, siempre inesperados y compulsivos de su propietaria.


Eufrasio estaba toda la jornada inquieto, no se pod&#237;a concentrar. La vista, sin darse cuenta se dirig&#237;a inexorablemente cada diez segundos hacia lo que suced&#237;a debajo de la mesa de su nueva compa&#241;era de oficina.  Incluso empez&#243; a hacer conjeturas,al principio de cada jornada,  intentando adivinar de que color seria el objeto de su mirada.

 Su trabajo empez&#243; a perder eficacia, se equivocaba a menudo, y se le acumulaban los papeles en una bandeja que antes estaba siempre vac&#237;a. Para paliar esto, tuvo que empezar a hacer horas extras, qued&#225;ndose cuando todos se iban para trabajar con la tranquilidad y sosiego recuperados.


Pero el problema, le sigui&#243; a su casa y a su vida particular, estaba nervioso, no pod&#237;a leer en tranquilidad, e incluso por la noche, recordaba a Irene, y su sexo le daba un aviso de que estaba ahi, que exist&#237;a y que no le iba a dejar conciliar f&#225;cilmente el sue&#241;o.  El nunca hab&#237;a tenido ning&#250;n tipo de experiencia sexual, siempre hab&#237;a huido del pecado de la carne, como lo explicaba el cura, y sus &#250;nicos encuentros eran aquellos sue&#241;os que le ven&#237;an de vez en cuando por la noche y que hac&#237;an que aparecieran leves manchas blancas en el pijama.

Lavaba primorosamente la prenda en el lavabo, como queriendo limpiar su culpa, y dejaba as&#237; tambi&#233;n su conciencia tranquila y reposada, intentando olvidar unos sue&#241;os que por otra parte tampoco recordaba.

Desasosiego en la oficina, en casa, en el autob&#250;s.  La vida de Eufrasio hab&#237;a entrado en una din&#225;mica que no sab&#237;a a d&#243;nde le iba a conducir.  Solo, sin amigos, sin familia pr&#243;xima, en principio lo &#250;nico que se le ocurri&#243; fu&#233; ir a pedir consejo al cura.

&lt;img src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/f-menorca/i3x.php.jpg" id="img_0" class="imgizqda"&gt;


Mos&#233;n Blanc, le escuch&#243; en silencio, y no pareci&#243; extra&#241;arse mucho.  Incluso le dio la impresi&#243;n que lo consideraba normal. Le dijo que procurase evitar la tentaci&#243;n y que limpiase su mente de cosas sucias.  Algo menos que nada, ning&#250;n otro consejo, ninguna otra soluci&#243;n.

En las pr&#243;ximas semanas, su problema no fue a menos, sino todo lo contrario, no pod&#237;a concentrarse en el trabajo, se mov&#237;a inquieto en la silla y los movimientos de su compa&#241;era lo ten&#237;an fuera de s&#237;, incluso parec&#237;a que ella se daba cuenta de lo turbado que estaba y le dirig&#237;a miradas divertidas y c&#243;mplices con las otras dos compa&#241;eras de oficina. Despu&#233;s de alguna ojeada fugaz suya, todas se pon&#237;an a re&#237;r sin venir a cuento, y &#233;l se sent&#237;a avergonzado.

Colocar un marco con la virgen del perpetuo socorro sobre la mesa, tampoco dio resultado, muslos y virgen con manto, no son una buena combinaci&#243;n y le hac&#237;an sentir peor todav&#237;a.

Otra soluci&#243;n era colocar un panel frontal en la mesa de Irene, pero: &#191;Qui&#233;n le pone el cascabel al gato?  &#191;C&#243;mo iba a justificar semejante petici&#243;n?

Pero un acontecimiento iba a cambiar para siempre su vida y solucionar de paso su problema genito-visual.

Volv&#237;a de la oficina, como siempre pensando en muslos y lencer&#237;a, y coincidi&#243; en el ascensor con la vecina del quinto, que era una viuda, entrada en carnes, es decir, bastante gorda, y a la que siempre miraba con indiferencia.  Pero aquel d&#237;a, su mirada, deb&#237;a tener alg&#250;n factor diferente, de hecho no se detuvo en su cara, sino que sigui&#243; la curva de su cuello, se par&#243; en sus pechos, descendi&#243; hasta las caderas, y algo debi&#243; notar la viuda, porque de repente, lo cogi&#243; por el cuello y lo atrajo hacia si, enterr&#225;ndole la cara entre sus senos
. 
 El ascensor se detuvo a tiempo con un traqueteo para que salieran los dos aun cogidos de la cintura y tras vencer la tozudez de la cerradura de la puerta de su casa, que se resist&#237;a la muy zorra, entraron, y all&#237; mismo, en el pasillo, sin llegar al sal&#243;n, se buscaron &#225;vidos los rincones y prominencias, perdiendo en el envite, Eufrasio la virginidad y la vecina sus urgencias.

Al d&#237;a siguiente, Eufrasio lleg&#243; tarde por primera vez a la oficina, con aire triunfante y retador, y cuando pas&#243; por delante la mesa de Elisa, le dijo en plan paternal y jocoso: 

 &#191;Y bien, de que color lleva hoy las braguitas mi ni&#241;a?

&lt;img src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/f-menorca/3.php.jpg" id="img_2" class="imgdcha"&gt;

Y se sent&#243; orondo y satisfecho en su silla.  Estaba seguro que aquel d&#237;a ning&#250;n tri&#225;ngulo le iba a entorpecer su trabajo.


Algunos triangulos m&#225;s en los blogs de mis compa&#241;eros.


&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/crariza" target="_blank"&gt;crariza&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/karmen-jt" target="_blank"&gt;karmen-jt&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/un-espanol-mas" target="_blank"&gt;un-espa&#241;ol-mas&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/srcapullo" target="_blank"&gt;srcapullo&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/psiqui" target="_blank"&gt;psiquiatra de familia&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/elefantefor" target="_blank"&gt;elefantefor&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/escoces" target="_blank"&gt;escoces&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/sixto-l-hotmail-com" target="_blank"&gt;castor&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/janpuerta" target="_blank"&gt;jan&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/roma77amor" target="_blank"&gt;rosa&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/gmonteliu" target="_blank"&gt;Bloody&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/nacho-zaragoza" target="_blank"&gt;Nacho&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/bandama4" target="_blank"&gt;bandama4&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/crguarddon" target="_blank"&gt;carmen&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/quadrophenia" target="_blank"&gt;quadrophenia&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/mjvipra" target="_blank"&gt;mjvipra&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/blackdragon" target="_blank"&gt;Louis Darval&lt;/a&gt;
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    <nicetitle>el-triangulito-el-club-los-jueves-</nicetitle>
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    <title>EL TRIANGULITO  (El Club de los Jueves)</title>
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    <body>Algunos ol&#237;an a sudor.  Otros a perfume barato, otros a lej&#237;a, a coles, a madera podrida, incluso hab&#237;a uno que ol&#237;a a muerto.

Subir en aquel ascensor, era para Eustaquio, una pesadilla.  No sab&#237;a a d&#243;nde mirar cuando lo compart&#237;a con alguien, y ten&#237;a la impresi&#243;n de que los dem&#225;s, lo observaban fijamente. Pon&#237;a la cabeza gacha y esperaba con ansia el final del trayecto. A veces, incluso ten&#237;a que soportar alg&#250;n codazo cuando alg&#250;n insensato se met&#237;a dentro a pesar de que ya eran cuatro.

Era un edificio antiguo, de los de antes, con entrada, vivienda para el portero, amplio vest&#237;bulo y vetusto ascensor con su puerta de hierro forjado y su antiguo mecanismo de contrapeso que hac&#237;a a&#241;os que sub&#237;a y bajaba con sus acostumbrados chirridos, ayes, renuncios y toses, pero que cumpl&#237;a honestamente su funci&#243;n.

&lt;img src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/f-menorca/213307_ascensorantic1.jpg" id="img_2" class="imgcen"&gt;

Hab&#237;a cuatro viviendas por planta, y con seis alturas y un &#225;tico, albergaba a veinte y seis familias de las de ahora, no de las de antes.

Era mucho para nuestro ascensor, con sus casi cinco plazas y su renqueante y lento deambular sobre sus gu&#237;as.  Por eso, se formaban a veces algunas colas y esperas para cogerlo.

Eustaquio era el propietario del quinto C.  Viudo, sin hijos, viejo, y poco sociable, era de los que odiaban mas las esperas y acog&#237;an con peor humor el tener que compartir espacio en el ascensor. 

 En todas las reuniones de vecinos, solicitaba que se habilitara otro, ya que hab&#237;a suficiente hueco de escalera para cuatro.  En todas, los vecinos votaban en contra ya que nadie quer&#237;a asumir el gasto.

Pero en la &#250;ltima reuni&#243;n, hab&#237;a conseguido que le autorizaran a poner uno exclusivo para &#233;l, ten&#237;a que asumir todos los gastos, y adem&#225;s a comprometerse que a su fallecimiento  pasara a propiedad de la comunidad.

El Banco le concedi&#243; el pr&#233;stamo,  y una vez con la autorizaci&#243;n debidamente firmada, empez&#243; los tr&#225;mites para la instalaci&#243;n de su propio ascensor.

Fue m&#225;s dif&#237;cil de lo que parec&#237;a, adem&#225;s del permiso de la comunidad, tuvo que solicitar el del ayuntamiento, y el de industria, que con sus correspondientes instancias, peritajes y demoras, prolongaron m&#225;s de lo deseable la instalaci&#243;n.

Un problema a&#241;adido, fue la exigencia  del vecino del segundo, que le hab&#237;a advertido que como le molestara lo m&#225;s m&#237;nimo el nuevo aparato lo iba a denunciar.  Era una situaci&#243;n un poco estramb&#243;tica, porque hacer m&#225;s ruido, que el propio del edificio era dif&#237;cil, pero la advertencia iba en serio y tuvo que pedir a la empresa constructora que la caja del ascensor estuviera formada por paneles ac&#250;sticos, y que su funcionamiento fuera lo m&#225;s silencioso.  Esto a&#241;adi&#243; varios miles de euros m&#225;s al proyecto.

Pero Eustaquio estaba contento, el tener un ascensor solo para &#233;l, sin tener que soportar esperas ni compa&#241;&#237;as, era un lujo inmenso.  Era como tener un cord&#243;n umbilical nuevo que le un&#237;a con la calle, a trav&#233;s del cual poder transitar a su antojo y sin dar cuenta a nadie.  A partir de ahora ya no tendr&#237;a pereza de salir a la calle.  Podr&#237;a hacerlo las veces que quisiera y con toda comodidad, y mucho m&#225;s importante, con intimidad.

Durante tres semanas, los obreros estuvieron efectuando la instalaci&#243;n.  El encargado de la empresa instaladora estaba un poco sorprendido. 
 
&#191;Solo dos puertas? 

- Si, desde luego, una abajo y otra en el quinto.

-&#191;Y no dejamos prevista ninguna m&#225;s?

-No por supuesto que no.

-&#191;Y la cerradura? &#191;Est&#225; seguro que tiene que llevar llave?

El nuevo ascensor era precioso, era de funcionamiento hidr&#225;ulico, nada de poleas, ni contrapesos, suave y silencioso.  Su aceleraci&#243;n era progresiva, y cuando llegaba a su planta,  se iba parando poco a poco hasta alcanzar el nivel adecuado, luego se abr&#237;an las correderas  y se encontraba frente a la puerta de su piso.

 En su interior no hab&#237;a querido espejo, en su lugar hab&#237;a puesto una foto ampliada que tenia de su santa esposa, y una imagen de la virgen de los dolores m&#250;ltiples para que le protegiera. 

Puso incluso una butaquita estilo Luis XVI y un cenicero de pi&#233;.  El no fumaba, por supuesto, pero el cenicero le daba al recinto un toque de transgresi&#243;n que le gustaba.  Encontr&#243; una mesita peque&#241;a que hacia juego con la butaquita, y un viejo perchero de pi&#233;.   Pens&#243; que podr&#237;a dejar la chaqueta en el ascensor, como era solo suyo&#8230;

El &#250;ltimo detalle fue cambiar el aplique de techo por una l&#225;mpara de ara&#241;a colgante.  Solo dej&#243; sin poner el hilo musical, porque la factura hab&#237;a subido mucho y lo que le pidieron por los altavoces empotrados y la consola de mandos era demasiado, pero lo dej&#243; para m&#225;s adelante. Incluso le dijeron que pod&#237;a poner un televisor de catorce pulgadas.

El viernes por la tarde estuvo la instalaci&#243;n lista, y le entregaron la combinaci&#243;n de apertura.  Al final, se hab&#237;a dejado convencer, y por mil euros m&#225;s le hab&#237;an instalado una botonera con una combinaci&#243;n num&#233;rica para entrar y salir, as&#237; no tendr&#237;a que usar llave, y podr&#237;a dar el numero en caso de tener alguna visita.

La combinaci&#243;n de f&#225;brica de la puerta eran seis ceros, y lo primero que hizo el s&#225;bado por la ma&#241;ana fue instrucciones en mano, cambiarla por el numero que hab&#237;a estado pensando durante buena parte de la noche.  Era una combinaci&#243;n entre su a&#241;o de nacimiento y el de su santa esposa.

Se hizo un lio con el teclado y despu&#233;s de dos horas, tuvo que aceptar que se hab&#237;a equivocado y que ni con los ceros ni con su n&#250;mero pod&#237;a abrir la puerta. Tard&#243; dos horas m&#225;s en poder comunicar con el instalador, y este a su vez, tard&#243; dos m&#225;s en venir a arreglar el entuerto.

Muy a su pesar, le tuvo que dar el n&#250;mero para que se lo programase, el operario le asegur&#243; que no lo apuntar&#237;a y que lo olvidar&#237;a en seguida.  Cuando se march&#243; por fin, eran ya las cuatro de la tarde, y a&#250;n no hab&#237;a comido, pese a eso, quiso hacer su viaje inaugural. 

Se puso su mejor traje, y  su perfume favorito.  Pens&#243; que ten&#237;a que empezar a ambientar el recinto, y se dirigi&#243; muy ufano a la puerta de entrada, sali&#243; al rellano, tecle&#243; la combinaci&#243;n, se abri&#243; la puerta, entr&#243; en el ascensor y puls&#243; la tecla cero.  No hab&#237;a conseguido que le pusieran solo dos botones, ten&#237;a que estar preparado para usarse en cada planta y all&#237; estaban desde el cero hasta el sexto.

El ascensor, emprendi&#243; lentamente la bajada  siseando, pero de pronto, con un chasquido se par&#243; bruscamente.  La ara&#241;a del techo, aprovech&#243; la coyuntura para desprenderse de su sujeci&#243;n y aterriz&#243; sobre la cabeza de Eustaquio que reculando se sent&#243; en el silloncito, una de cuyas patas decidi&#243; romperse, llevando la l&#225;mpara, butaca y propietario al suelo, all&#237; quedaron acompa&#241;ando a la virgen y la foto de su esposa que por su cuenta tambi&#233;n hab&#237;an decidido caerse. La mesita se hab&#237;a tumbado y el perchero, inclinado estaba apoyado en una de las paredes.

La oscuridad, apenas estaba paliada por una lucecita sobre un bot&#243;n que pon&#237;a: emergencia.

El ascensor, despu&#233;s de la brusca parada,  sigui&#243; bajando muy lentamente hasta pararse a los pocos metros. La puerta se abri&#243; autom&#225;ticamente, pero enfrente, solo un tabique cerrado sin puerta.  El mecanismo de seguridad, hab&#237;a bajado  el cub&#237;culo hasta la planta m&#225;s cercana y hab&#237;a abierto la puerta.

Levant&#225;ndose con dificultad, puls&#243; primero el bot&#243;n que pon&#237;a cero, luego el cinco, luego todos los dem&#225;s, y como el insistir pulsando tampoco produjo ning&#250;n movimiento, se decidi&#243; por el rojo, el que pon&#237;a emergencia.

Se oy&#243; entonces un leve zumbido, con leves intermitencias. Sigui&#243; sonando durante treinta minutos.

S&#225;bado por la tarde, agosto, Madrid, combinaci&#243;n fatal. 

El ascensor estaba muy bien construido, paneles ac&#250;sticos, insonorizados. -Acero galvanizado epoxi dos caras, le hab&#237;an dicho-. Protecci&#243;n contra golpes y rozaduras.  No le hab&#237;an dicho que tambi&#233;n ten&#237;a protecci&#243;n contra patadas, pero la tenia, claro que la tenia.

En vano se esforz&#243; en gritar, golpear, gemir, pulsar y pulsar los malditos botones. Todo rebotaba hacia adentro era como golpear una pared.

 En una pel&#237;cula hab&#237;a visto que los ascensores ten&#237;an una trampilla arriba en el techo, y con las tres patas de la butaquita y la ayuda del marco de la foto de su esposa que tenia la altura justa, se pudo encaramar, poniendo la mesita sobre la butaca y abrir la escotilla. Con mucho esfuerzo de brazos, pataleando y contorsion&#225;ndose, se coloc&#243; sobre el ascensor.

&lt;img src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/f-menorca/2628793932_4f1715fe14.jpg" id="img_0" class="imgcen"&gt;

La vista que tuvo una vez situado encima del techo de la cabina era para llorar.  Un enorme tubo cuadrado de paneles epoxi-dos caras-lacado blanco con espuma de poliuretano inyectado, insonorizado e ign&#237;fugo se elevaba sobre su cabeza.

&#191;Solo dos puertas?  Le hab&#237;a preguntado el encargado.

Treinta d&#237;as despu&#233;s, los operarios que hac&#237;an la revisi&#243;n de mantenimiento, encontraron un ascensor amueblado, no faltaba ni el muerto.


Puedes ascender tambien con alguno de mis compa&#241;eros.

&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/crariza" target="_blank"&gt;crariza&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/karmen-jt" target="_blank"&gt;karmen-jt&lt;/a&gt;
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&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/srcapullo" target="_blank"&gt;srcapullo&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/psiqui" target="_blank"&gt;psiquiatra de familia&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/elefantefor" target="_blank"&gt;elefantefor&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/escoces" target="_blank"&gt;escoces&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/sixto-l-hotmail-com" target="_blank"&gt;castor&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/janpuerta" target="_blank"&gt;jan&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/roma77amor" target="_blank"&gt;rosa&lt;/a&gt;
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&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/nacho-zaragoza" target="_blank"&gt;Nacho&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/bandama4" target="_blank"&gt;bandama4&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/crguarddon" target="_blank"&gt;carmen&lt;/a&gt;
&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/quadrophenia" target="_blank"&gt;quadrophenia&lt;/a&gt;
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    <title>SOLO DOS PUERTAS  El Club de los Jueves.</title>
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    <body>Era domingo por la noche, cuando Ceferino dijo a su mujer que iba a comprar tabaco.  La cosa no tendr&#237;a m&#225;s importancia, si no fuera por el hecho de que el no hab&#237;a fumado en su vida.

 Si la relaci&#243;n con su esposa hubiera sido normal, ella, se habr&#237;a extra&#241;ado y le hubiera preguntado acerca de los motivos reales de su salida, pero se limit&#243; a encogerse de hombros.

Si el fin de semana hubiera sido m&#225;s corto, quiz&#225; no habr&#237;a sentido de repente la necesidad imperiosa de irse.

Si no hubiera estado lloviendo s&#225;bado y domingo, quiz&#225; habr&#237;an salido al cine o al teatro.

Pero su relaci&#243;n matrimonial era la que era, y los fines de semana, a veces eran lluviosos, y dos d&#237;as seguidos en una casa con alguien que te ignora, pueden ser eternos.

Cerr&#243; la puerta del piso a sus espaldas, y se par&#243; un momento, disfrutando de aquella puerta cerrada que present&#237;a no iba a abrir nunca m&#225;s.  Era para &#233;l c&#243;mo estar en el umbral de otro mundo y de otra vida, como si estuviera a punto de dar el paso que le llevaba al cambio total en su devenir diario.

Baj&#243;, pelda&#241;o a pelda&#241;o la escalera, como disfrutando cada paso, ceremoniosamente, con la seguridad del que sabe que se va.

Su coche estaba aparcado en la misma calle, un poco m&#225;s arriba, debajo de una farola.  Era un Mercedes azul marino matricula de Tenerife, viejo y gastado.   Se par&#243; unos metros antes de llegar a su altura, la luz amarillenta se relejaba en el asfalto, y la soledad del domingo por la noche embargaba todo el entorno.

Los intermitentes centellearon al accionar el mando a distancia, era su saludo, su gui&#241;o, su manera de darle la bienvenida.   Abri&#243; la puerta trasera y dej&#243; la americana.  Luego abri&#243; el maletero. La sombrilla de playa, una toalla, los zapatos de deporte de su mujer, una bolsa con cremas y potingues, todo lo fue depositando con cuidado en el suelo.  Luego cerr&#243; el maletero y se situ&#243; tras el volante.

El coche inici&#243; el di&#225;logo con su ronroneo sordo y sali&#243; despacito hacia delante, dejando tras s&#237;, una sombrilla, una toalla, unas cremas, una casa, una esposa, una calle, un barrio, una ciudad.

Atraves&#243; calles vac&#237;as, solo de vez en cuando un coche se cruzaba en su camino, las farolas y los neones eran los &#250;nicos atisbos de vida, y poco a poco, los arrabales fueron anunciando la salida a la carretera.

All&#237; todo era oscuro, solo los faros del coche romp&#237;an el negro y se hund&#237;an en el futuro.  La carretera, poco a poco se fue estrechando, solo la raya amarilla que divid&#237;a los dos carriles le indicaba la direcci&#243;n a seguir.

&lt;img src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/f-menorca/210248_carretera2.jpg" id="img_0" class="imgcen"&gt;

 Unos nubarrones grises destacaban sobre el cielo negro.  Los &#225;rboles custodiaban su trayecto.

 Llegaban curvas cerradas, en cada una de las cuales vislumbraba figuras sentadas observando el camino. 

 Vio a sus amigos del colegio que le saludaban riendo.  A su primera novia, vestida de blanco.  &#191;Qu&#233; habr&#237;a sido de ella?. A sus amigos, a sus compa&#241;eros de oficina, todos miraban su paso veloz y silencioso.

Pens&#243; en sus hijos, a los que nunca ve&#237;a, en unos nietos que no le llamaban abuelo.

 Su mujer los iba a ver entre semana, mientras &#233;l estaba en la oficina, mientras hacia horas extras. 

Pens&#243; en tantas y tantas horas de trabajo, tanto pluriempleo para tenerlo todo, y que le hab&#237;a tra&#237;do al fin a no tener a nadie.

Mientras &#233;l trabajaba, su mujer viv&#237;a con sus hijos.  Y cuanto m&#225;s lo hac&#237;a, mas cosas consegu&#237;a y m&#225;s distancia entre &#233;l y su familia pon&#237;a.

El d&#237;a que naci&#243; su primer nieto, en el hospital, al intentar cogerlo de la cuna, su mujer se lo impidi&#243;.  &#161;A ver si se te va a caer&#161;- le dijo-. &#161;T&#250; no sabes de estas cosas&#161;

Y reconoci&#243; que era as&#237;, que nunca hab&#237;a cambiado un pa&#241;al, nunca acunado un beb&#233;. Que &#233;l no serv&#237;a para tener una familia, solo para trabajar por ella.

La radio del coche, se puso en marcha, sin estar seguro de haber apretado el bot&#243;n, la voz rota de Antonio Mach&#237;n, cantaba a los angelitos negros.  Por eso no los ve&#237;a, pensaba, porque no se vislumbraban con la oscuridad de la noche, quedaban difuminados como en el teatro negro, pero estaban all&#237;, &#233;l los sent&#237;a.

Los angelitos negros le comprend&#237;an, ellos se dejar&#237;an acunar y abrazar, y viv&#237;an all&#237;, en un lugar de la noche.  Y quiso alcanzarlos, y fue acelerando, acelerando, deseando tenerlos cada vez m&#225;s cerca. 

En la &#250;ltima curva, se encontr&#243;, sentada en la cuneta, a la muerte, tampoco la vio, tambi&#233;n iba totalmente vestida de negro.

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&lt;a href="http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/crariza" target="_blank"&gt;crariza&lt;/a&gt;
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    <title>RUMBO A LA NOCHE  (Club de los Jueves)</title>
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