02 Jul 2009

HISTORIAS DEL MAS ALLÁ. (El Club de los Jueves)

Escrito por: f-menorca el 02 Jul 2009 - URL Permanente

Le sorprendió oír el timbre de la puerta a aquella hora de la mañana. Solo hacía unos minutos que se había levantado y estaba recogiendo la cena del día anterior y preparando el desayuno.

Se ajustó la bata y fue a abrir la puerta. Ahogó un grito al ver al personaje que estaba en el umbral. ¿Por qué no cerró la puerta de golpe solo al verle?. Nunca lo sabría, lo cierto es que se quedó como petrificada sin decir nada e incluso se apartó para dejarle pasar.

Tenía un aspecto de pordiosero andrajoso, una chaqueta raída, una camiseta a rayas tipo marinero, una cuerda a modo de cinturón y un sombrero con las alas deshilachadas. Pero lo que realmente llamaba la atención era aquella cuenca del ojo vacía que aparecía como un gran agujero negro en la cara, la nariz carcomida y los labios finos y muy prietos, formando una raya horizontal sobre el mentón.

Una de las mangas de la chaqueta, colgaba flácida, sin brazo que la sustentase, y en los pies, sólo un zapato, un palo hacía las veces del otro y ayudaba a la sustentación.

Una mano, media nariz, un ojo, un pié… Miró y comprobó que también le faltaba una oreja. El sujeto, se dirigió decidido hacia la cocina y se sentó en una esquina sin proferir palabra y sin dejar de mirarla fijamente.

-¡Mamá he tenido una pesadilla¡.

Era su hija de cinco años que bajaba en pijama y lloriqueando. La cogió en brazos, para consolarla, comprobando aliviada que no se había dado cuenta de la presencia del intruso.

Su marido bajó con prisas y a medio vestir. Hizo un pequeño gesto de contrariedad, cuando vio que el café no estaba preparado, pero se abstuvo de cualquier comentario y empezó a buscar la cafetera.

Como siempre hizo mil preguntas pidiendo donde estaba el café o el azúcar o el pan, hasta que ella le dijo, como hacia habitualmente, que se sentara que ya lo preparaba ella. Era más fácil que ir indicándole lo que tenía que hacer.

Tampoco pregunto que hacía aquel individuo en su casa. ¿Seria que solo lo podía ver ella? ¿Era un fantasma lo que había entrado por la puerta.

Envió a su hija a vestirse, y se puso a preparar el desayuno. De vez en cuando miraba de reojo al visitante, comprobando que seguía allí, impávido y silencioso.

Después del desayuno, subió a vestirse, le daba un poco de reparo dejar a aquel hombre allí, sentado en su esquina, pero no sabia que hacer.

Era una sensación extraña, le daba reparo desnudarse, sentía la presencia del extraño, incluso, cuando salió de la ducha, temió encontrárselo ahí, en su baño, pero no, todo estaba en orden.

Ayudó a peinarse a su hija, y salió con ella camino del colegio sin echar la vista atrás.

En la oficina, estuvo como ida, con la mente puesta en su casa y en lo que estaría haciendo el "medio todo" que la había invadido. Terminaba a las tres, su marido y su hija no llegaban hasta las cinco, y estuvo tentada de ir a comer a un restaurante para hacer tiempo, pero resolvió sus dudas, se armó de valor y se fue a su casa.

Abrió la puerta, y todo estaba en silencio. En la cocina no había nadie. Subió las escaleras para ir a cambiarse, y en su habitación, se los encontró a los dos.

El extraño personaje que había entrado por la mañana en su casa estaba sentado en su cama, jugando a las cartas con su madre. Los dos estaban desnudos. El que su madre hubiera muerto hacía más de diez años, no era lo más sorprendente de la situación. Lo que más llamaba la atención era que al fantasma, ahora si que podía llamarlo así, le faltaba también medio cuerpo, y a través de las aberturas se le veía el corazón colgando y sujeto con imperdibles, y el estómago y las tripas recogidas con cartón y esparadrapo.

No pudo evitar una arcada y se metió en el baño a vomitar. Cuando salió después de enjuagarse la boca y lavarse los dientes, no había nadie en su habitación, pero sobre la cama seguían los naipes desparramados.

Supo en aquel momento con precisión milimétrica lo que tenia que hacer.

Se desnudó, esta vez sin pudor alguno, se recogió el pelo en un moño, y se sentó en la cama adoptando la postura del loto, cogió las cartas y empezó a barajarlas.

Empezó el juego. Echaba las cartas y una mano invisible, las recogía y las ponía frente a si en abanico jugando a la vez una de nueva.

Estuvieron así, durante horas, ella, una tras otra iba ganando todas las partidas. Pese a eso, sufría, sabia que solo perdiendo una ya no podría desprenderse de los fantasmas.

Notaba la presencia invisible de su madre, que como siempre, jugaba a favor del otro. Un cierto olor a azufre empezaba a notarse en el ambiente, el sudor, un sudor negro como el café, le bajaba de la frente en gruesas gotas que le iban cayendo sobre los pechos.

Invocó mentalmente a todos los orishas conocidos, llamó a Oxú, a Omarán a Pernifás, cada carta era un nuevo envite, cada jugada un reto. Se sentía húmeda, como si todos los poros de su cuerpo estuvieran rezumando, incluso las lágrimas aparecieron, pero no eran de miedo, eran de furia, de desafío.

El silencio espectral que había estado flotando en el ambiente durante toda la partida, fue roto por el saludo infantil de su hija que llegaba con su padre del colegio.

Aquel grito claro, fuerte, cristalino y feliz, rompió el hechizo, y desapareció el olor a azufre, los naipes se esfumaron como por encanto y ella se sintió aliviada, segura de haber ganado.

Apenas tuvo tiempo de ponerse debajo de la ducha antes que subiera su hija, allí, su cuerpo marcado con grandes regueros negros, recobró su color, y por el desagüe de la ducha, se fue diluyendo el maleficio.

Había ido al más allá y había regresado victoriosa. Antes de ponerse el albornoz e ir a abrazar a su hija, tuvo un último recuerdo para Oxú, Omarán, Pernifás, sus amigos, los orishas.

Otras historias del "más allá" en:

crariza;

psiquiatra de familia;

Bloody;

quadrophenia

27 Jun 2009

UNA PIZZA DE RECORD

Escrito por: f-menorca el 27 Jun 2009 - URL Permanente

¿Alguien sabe como funciona esto de los Guinnes? Ya sabéis que no son ganas de protagonismo, pero de vez en cuando uno piensa que lo que le pasa no le puede pasar a nadie más, y quiere su momentito de gloria.

Resulta que ayer fue, ¡Por fin viernes¡. Yo los días de la semana los he rebautizado, y al “Jo lunes”, le sigue el “Ya es Martes”, y a continuación viene el “Aún es Miércoles” el “Uff Jueves” y el ya citado”Por fin Viernes”.

Pues bien, cuando llega este día, y tienes el fin de semana por delante, en ocasiones, bajamos Cristina y yo a Cales Fons. La idea es dar un paseo, y medio cenar en algún sitio.

Muchas veces terminamos en la pizzería. Una botella de vino y dos pizzas, sin postre ni primeros, y un rato de charla frente al mar. Es suficiente para ahuyentar fantasmas, para reírnos un poco de nosotros mismos y poder disfrutar de lo sencillo. Yo siempre digo que de las cosas fáciles hay que hacer muchas. Cenas sofisticadas y complicadas, y eventos multitudinarios, solo son precisos de vez en cuando.

Y cuando vamos a la pizzería, siempre pedimos lo mismo, ella una pizza vegetal y yo una “Diábolo”. La vegetal con muchas pasas y la otra muy picante.

Y es que yo, os tengo que confesar que soy un vicioso del picante. Si algún día consigo viajar allende los mares e ir a visitar a mi familia en México o Uruguay, una de las asignaturas que no me voy a perder va a ser la gastronómica y especialmente las carnes y los picantes.

Y en el asunto de los picantes, ya acumulo más de una anécdota, una, en un restaurante indio, en el que pedí la salsa más picante, y mientas comía, los camareros me observaban desde la barra con cara de sorpresa, y hasta que no vieron que me sacaba el pañuelo para enjuagarme las lágrimas, no se retiraron satisfechos.

Pues esta vez, comiendo la mencionada pizza, me encontré con una guindilla en la boca, y me la tragué acompañada de un sorbito de vino, no iba a sacármela de la boca. Vino una segunda y ya tuve más problemas, la lengua empezaba a estropajearse y el vino ya menguaba en la copa.

La tercera la dejé en el plato, porque me las vi venir, y empecé a ser selectivo con los bocados. Antes de engullir, mirar. Así, poco a poco fui separando los trozos de pizza antes de comerlos y buscando y apartando las guindillas.

No teníamos prisa, la noche era apacible, el mar ronroneaba a nuestro lado, y en la mesa de al lado, una chica con la cabeza rapada, una camiseta blanca y un pañuelo de seda en el cuello, cenaba sonriente con sus amigos. Era preciosa, me costaba no mirar, o mirar sin ser indiscreto y sin ofender. La cabeza afeitada, podría ser un efecto de algún tratamiento químico, o simplemente estético, pero su imagen era impactante. Sus ojos negros resaltaban enormes en aquel óvalo perfecto. Me gusta la belleza. Me hubiera gustado levantarme y decirle que estaba preciosa, pero en estos casos los malentendidos están al cabo de la calle y es mejor ser discreto. Ella por otro lado, de la manera que se movía y hablaba ya sabía que era y estaba guapa.

Bocado a bocado, y separando guindillas, se acabó la pizza. Contadas una a una, habían quedado en el plato veinte y ocho. Mas las dos que me había comido, hacían un total de treinta.

¿Es o no es digno de un récord? ¿Quién de vosotros puede presumir de haberse encontrado treinta guindillas en el plato?

El final, os lo podéis imaginar, aviso al camarero para que viniera el dueño, el cual no podía dar crédito a lo que veía en el plato.

El cocinar picante es un arte, tiene que ser lo suficiente suave para que se note poco en boca y suficiente potente para dejar su rastro poderoso en el paladar. Como todas las especias, su desmesura ofende y su justo poder acompaña.

No se que bicho le debió picar al cocinero de marras para echar un puñado de guindillas en la masa. Al parecer, el camarero le había puesto en la comanda XXXXL y al pobrecito, no se le ocurrió nada más que intentar escarmentar al osado. ¿Quieres picante? ¡¡Pues toma¡¡

El propietario estaba, o aparentaba estar, bastante compungido y creo que me entendió perfectamente cuando, en un intento de ser didáctico, le explique la diferencia entre un guiso y una cochinada.

La pizza, por supuesto, no me la cobraron y como yo me lo tomé desde un principio con deportividad, todo quedó en una anécdota, la única duda que me queda es lo que tengo que hacer la próxima vez que vuelva, creo que voy a pedir una “Margarita”, con poco queso y sin tomate, por supuesto, no sea que se me indigeste.

25 Jun 2009

CRONICA DE UNA INFAMIA. (El Club de los Jueves)

Escrito por: f-menorca el 25 Jun 2009 - URL Permanente

Su afeitado diario era como una pequeña ceremonia. De pié en el gran espejo que había entre las dos butacas de la barbería, con el letrero de la puerta indicando aun que estaba cerrado, se enjabonaba suave y pausadamente, para reblandecer aquella piel seca y dura.

Luego, cogía su navaja preferida, una “Filarmónica” de doble temple, con cachas de nácar, y surcaba sus mejillas con la maña y destreza que le habían proporcionado tantos años de oficio.

Mientras se afeitaba, se observaba . Pensaba en los años transcurridos, en su futuro sin mujer ni hijos, en su soledad y en su tormentoso deseo sexual que le tenía aprisionado en sus garras.

Cada vez que en un periódico veía la palabra “pederasta”, su corazón se le encogía, su mente se ofuscaba y como una nube oscura se ponía frente a sus ojos. El no era, no quería ser uno de esos seres abyectos despreciados por la sociedad que abusaban de los niños. Era y quería ser una persona honesta, pero su instinto sexual le decía otra cosa.

Quería sin querer y deseaba sin desear y se odiaba a si mismo y odiaba su soledad y su marginación.

Recordaba frente al espejo, su niñez feliz y desenfadada hasta que se cruzó en su camino aquel tío suyo, recogido en su casa por su padre, y que pagó la hospitalidad que se le ofreció, abusando sexualmente durante mucho tiempo de él.

No fue capaz nunca ni de contárselo a sus padres ni de negarse a sus requerimientos, y su infantil alegría se convirtió en triste soledad y en timidez. Ni siquiera cuando su tío se fue de su casa, siguiendo su devenir de bohemio, pudo sentirse liberado.

Pronto sustituyó a su padre en la barbería, sabiendo que este seria su sitio y su vocación. Nunca se le conocieron novias ni aventuras sexuales con nadie. Escondía su sexualidad porque se sentía mancillado y diferente

Sufría por su terrible atracción sexual hacia los niños. Miraba sin mirar y sin permitir que vieran que miraba, a los chicos jóvenes, admiraba sus músculos ,sus caras lampiñas y su cutis limpio. Muy dentro de si, soñaba con aquellas pieles tersas y suaves. Por eso, rasuraba con cautela y cuidado las barbas de sus clientes para conseguir sacar de ellas el fondo límpido de su piel.

Pero nunca se hubiera atrevido a acercarse a ningún niño o jovenzuelo, recordaba demasíado sus sufrimientos. Cuando venían a que les cortase el pelo, procuraba por todos los medios evitar el contacto físico, intentaba ser respetuoso hasta con sus pensamientos, concentrándose en su trabajo y suspirando por que el próximo cliente fuera un labrador duro y rudo con barba de una semana.

Se le nubló la vista el día que le comentaron que habían detenido al cura por haber abusado de un niño. La noticia le sumió en la mas absoluta oscuridad, tanto que dejó al clientes que estaba atendiendo con la cara medio enjabonada, adujó un mareo, y se retiró a su casa.

En el pequeño piso que había sobre la barbería, se escondió la cara entre las manos y lloró. Lo hizo de rabia, de dolor y de indignación. Conocía al niño que había sido objeto de los abusos. Era la imagen de su deseo y de su frustración. También la de su honradez, ya que pese a sus tendencias, siempre se había mantenido alejado de aquel ser puro y dulce.

El que aquel curo gordo y grasiento, con la cara fofa, se hubiera atrevido a mancillar al pequeño, le hizo sentirse tremendamente airado.

Unos golpes en la puerta le hicieron volver a la realidad, era el municipal que le pedía que fuera al calabozo a afeitar al cura que tenían que trasladarlo a Madrid.

Cogió sus bártulos, evito coger la “filarmónica", y en su lugar, puso en el capazo la "centenera" y se dirigió al cuartelillo de la guardia civil.

Sentado, serio, sin decir nada, el cura, estaba sentado con una toalla encima de los hombros para que no se le mojase la sotana.

La brocha empezó a moverse, había una toalla blanca, una sotana negra, una espuma blanca, una indignación negra. Sinfonía en blanco y negro. La navaja era el arco del violín que daba paso a las trompetas y los tambores.

La hoja de la navaja se fue deslizando por aquellas mejillas blancas, nunca había sentido tanto asco al pinzarle la piel con los dedos para poder afeitarlo, su contacto le repelía, como si tocase algo viscoso y fétido.

Y cuando dejó el mentón, superó la inmensa papada y llegó al cuello, entonces se juntó el blanco y el negro, dio paso al rojo y le llegó la más completa oscuridad al infame.

En la pared de la barbería, un calendario indicaba el santoral del día. Era San Martín.

Otros relatos sobre la oscuridad en:

crariza;

psiquiatra de familia;

Bloody;

quadrophenia

24 Jun 2009

HAZAÑERÍA

Escrito por: f-menorca el 24 Jun 2009 - URL Permanente

Si tuviera que resumir en pocas palabras lo que significa la palabra Hazañería, diría que es la arrogancia ridícula y jactanciosa, que se atribuyen las personas que presumen de ser mas de lo que son y que se esfuerzan en mantener este equivoco sobre su persona, además, encuentran en esta presunción motivo de satisfacción. No pretenden ser, les es suficiente con aparentar.

Confieso que no conocía esta palabra, que me induce a reflexión, y que además ha tenido un efecto doble ya que me ha llevado hasta Baltasar Gracián, hasta hoy, confieso, un gran desconocido para mí.

De su obra “El Discreto”, el Realce 20 es justamente una sátira contra la hazañería. Él mejor que nadie lo define. Os dejo con Gracián.

El Discreto:Realce 20
Contra la hazañería
Sátira

¡Oh, gran maestro aquel que comenzaba a enseñar desenseñando! Su primera lección era de ignorar, que no importa menos que el saber. Encargaba, pues, Antístenes a sus tirones desaprender siniestros para mejor después aprender aciertos.[1]
Grande asunto es el conseguir singulares prendas, pero mayor es el huir vulgares defectos, porque uno solo basta a eclipsarlas todas, y todas juntas no bastan a desmentirlo solo. Por una pequeña travesura de una facción fue condenado todo un rostro a no parecer, y toda la belleza de las demás no es bastante a absolverle de feo.

Los defectos, que por descarados son más conocidos, fácilmente los declina cualquier medianamente discreto, pero hay algunos tan disimulados, por revestidos de capa de perfección, que pretenden pasar plaza de realces, especialmente cuando se ven autorizados.

Uno de estos es la hazañería, que aspira, no a excelencia comoquiera,[2] sino de las muy plausibles, y halla favor para ello en grandes personajes, injiriéndose, ya en las armas, ya en las letras, hasta en la misma virtud; y aun se roza con casi héroes, pero verdaderamente no lo son, pues con poco se llenan la boca y el estómago, no acostumbrado a grandes bocados de la fortuna.[3]

Hacen muy del hacendado los que menos tienen, porque andan a caza de ocasiones y las exageran; ya que las cosas valen menos que nada, ellos las encarecen. Todo lo hacen misterio con ponderación, y de cualquier poquedad hacen asombro. Todas sus cosas son las primeras del mundo y todas sus acciones, hazañas; su vida toda es portentos, y sus sucesos, milagros de la fortuna y asuntos de la fama. No hay cosa en ellos ordinaria; todas son singularidades del valor, del saber y de la dicha. Camaleones del aplauso, dando a todos hartazgos de risa.

Fue necio siempre todo desvanecimiento, mas la jactancia es intolerable. Los varones cuerdos aspiran antes a ser grandes que a parecerlo. Estos se contentan con sola la apariencia, y así en ellos no es argumento de sublimidad el querer parecer, antes bien, de una verdadera poquedad, que cualquiera cosa les pareció mucho.

Nace la hazañería de una desvanecida poquedad y de una abatida hinchazón, que no todos los ridículos andantes salieron de La Mancha, antes entraron en la de su descrédito.[4] Parecen increíbles tales hombres, pero los hay de verdad, y tantos, que tropezamos con ellos y les oímos cada día sus ridículas proezas, aunque más la quisiéramos huir; porque si fue enfadosa siempre la soberbia, aquí reída, y por donde buscan los más la estimación topan con el desprecio; cuando se presumen admirados, se hallan reídos de todos.

No nace de alteza de ánimo, sino de vileza de corazón, pues no aspiran a la verdadera honra, sino a la aparente; no a las verdaderas hazañas, sino a la hazañería. De esta suerte hay algunos que no son soldados, pero lo desean ser, y lo afectan y lo procuran parecer. Buscan las ocasiones, y cualquiera niñería que se les ofrezca la celebran; y meten más máquina en una antojada aventura que el belicoso y afortunado Marqués de Torrecusa en un romper las trincheras de Fuenterrabía, en un socorrer a Perpiñán y desbaratar campalmente tantas veces los bravos y numerosos ejércitos de Francia.[5]

Muéstranse otros muy ministros, afectando celo y ocupación, grandes hombres de hacer siempre negocio del no negocio.[6] No hay chico pleito para ellos; de las motas levantan polvaredas, y de pocas cosas mucho ruido; véndense muy ocupados, hambreando reposo y tiempo. Hablan de misterio: en cada ademán o gesto encierran una profundidad entre exclamaciones y reticencias, de suerte que llevan más máquina que el artificio de Juanelo, de igual ruido y poco provecho.[7]

Andan otros mendigando hazañas, hormiguillas del honor; que con un solo grano, que a veces, más será paja, van más afanados y satisfechos que las valientes pías que tiran el plaustro de Ceres, el carro del lucimiento;[8] y es muy de gallinas cacarear todo un día y al cabo poner un huevo. Andan de parto, soberbios e hinchados montes, y abortan después un ridículo ratón.[9]
Gran diferencia hay de los hazañosos a los hazañeros, y aun oposición, porque aquellos,

cuanto mayor es su eminencia, la afectan menos; conténtanse con el hacer y dejan para otros el decir, que, cuando no, las mismas cosas hablan harto. Que si un César se comentó a sí mismo, excedió su modestia a su valor; no fue afectar[10] la alabanza, sino la verdad.[11] Aquellos dan las hazañas, estos las venden y aun las encarecen, inventando trazas para ostentarlas. Un acierto mecánico, después de mil yerros civiles[12] y aun criminales, lo blasonan, lo pregonan, y, no hallando hartas plumas en las de la fama, alquilan plumas de oro, para que escriban lodo, con asco de la cordura.

Pero que estos desvanecidos hagan hazañería de su nada, excusa tienen en su pasión, que al fin ella y su necedad, todo se cae en casa;[13] pero que un gran necio de estos haga tantos y mayores, dándoles a beber hasta hartar con sus disparates, y que estos idólatras de ignorancia veneren sus desatinos, es una inexcusable vulgarísima poquedad. No digo ya de los que, políticos, violentados de la dependencia, no les entra de los dientes adentro la ignorancia, así como les sale de solos los dientes afuera la afectada alabanza, porque estos son lisonjeros de malicia, y como no procede de engaño, quedan absueltos de ignorancia, condenados a adulación. Pero que haya necios en causa y provecho de otro, es caerse la necedad en casa propia y la vanidad en la ajena.

No fueron triunfos los de Domiciano, sino hazañerías;[14] de lo que no hicieran reparo un César, un Augusto, hacían aplauso Calígula y Nerón; triunfaban tal vez por haber muerto un jabalí, que no era triunfo, sino porquería.[15]
Las plumas de la fama no son de oro, porque no se alquilan; pero resuenan más que la sonora plata. No tienen precio, pero le dan a los méritos de aplausos.
________________________________________
Notas del editor:
1. ↑ Antístenes de Atenas (449-399 a. C.) fundó una escuela cínica que enseñaba a sus discípulos o tirones (tirón: Aprendiz, novicio. DRAE) que la ciencia más importente era la de «desaprender el mal».
2. ↑ comoquiera: De cualquier manera. (DRAE)
3. ↑ «Estómago para grandes bocados de la fortuna» es el título del aforismo 102 del Oráculo, y aparece en los Detti memorabili de Giovanni Botero atribuido a Felipe II. El dicho explica la necesidad de tener capacidad para asimilar grandes golpes de suerte o de adversidades.
4. ↑ Se trata de una clara alusión al Quijote, y muestra la lectura que Gracián hacía de la obra más difundida de Cervantes. Para el bilbilitano, que todo lo interpreta en clave de filosofía moral, don Quijote era personificación de la fanfarronería o «hazañería» ridícula, lo que le manchaba (usando el doble sentido de su región de origen) con un común descrédito.
5. ↑ Carlo Andrea Caracciolo, marqués de Torrecusa (1590-1663) fue general en la Guerra de Cataluña. Venció a las tropas francesas en 1638 en Fuenterrabía y en 1639 en Perpiñán. En 1641 fue derrotado en Barcelona, donde murió.
6. ↑ Compárese con el Oráculo, 121: «No hacer negocio del no negocio. Así como algunos todo lo hacen cuento, así otros todo negocio: siempre hablan de importancia, todo lo toman de veras, reduciéndolo a pendencia y a misterio.»
7. ↑ «El artificio de Juanelo» era un sistema diseñado en 1565 por el ingeniero Juan Juanelo Turriano para subir el agua del Tajo a Toledo, que consistía en una noria con dos mil cántaros.
8. ↑ El plaustro o carro de Ceres, diosa de la agricultura, era tirado por dragones y serpientes (y no «pías», es decir no «de piel manchada», pues este adjetivo se aplicaba a caballos y yeguas con ese pelaje, aunque también Gracián juega con la dilogía del simbolismo poco piadoso de la serpiente).
9. ↑ Según la fábula de Fedro (III, LIX), un monte estaba de parto y daba grandes gritos, creando expectación, pero solo dio a luz un ridículo ratoncillo.
10. ↑ Aquí, «procurar, buscar».
11. ↑ Alude a las obras de Julio César, donde relata sus batallas contra Pompeyo, sin exagerar sus hazañas.
12. ↑ mecánico: Dicho de un acto: Automático, hecho sin reflexión. Que exige más habilidad manual que intelectual. Bajo e indecoroso.(DRAE). civil: Grosero, ruin, mezquino, vil. (DRAE).
13. ↑ Rehace Gracián el dicho «todo se queda en casa».
14. ↑ Puesto que Domiciano fue a una guerra que estaba a punto de acabar, como refiere Suetonio.
15. ↑ Juega con el sentido de la raíz «puerco», es decir cerdo, como el jabalí, llamado también «cerdo salvaje».

18 Jun 2009

EL CALDERO NEGRO. (El Club de los Jueves)

Escrito por: f-menorca el 18 Jun 2009 - URL Permanente

El Airbus A330-200, que realizaba el vuelo AF 447 Rio de Janeiro-Paris, había cerrado ya las puertas, El comandante, iba repasando el checklist, y el piloto respondía lacónicamente segun el manual:

Parking Brake---SET
Throttle-------------IDLE
Elevator Trim ----SET for takeoff
Flaps---------------- Pos. 2
Spoilers------------RETRACTED

Era la rutina previa al despegue de aquel vuelo que debía llevarles a París, con los tanques llenos de combustible y con doscientos veinte y ocho pasajeros a bordo. Nada presagiaba la tragedia que se iba a producir.

Héctor era uno de los mas fuertes y mejor entrenados marines de la Tierra. El golpear a un oficial superior, no suele estar bien visto, aunque sea para evitar una masacre de inocentes, enviarle a base en Marte, fue un castigo , pero eso le permitió desde la sala de vigilancia de la UAC, ver vídeos restringidos y material ultra secreto de las instalaciones de desechos radiactivos en las lunas de Marte, Phobos y Deimos.

Flight Instruments-------------CHECK
Engine Instruments-----------CHECK
Takeoff Data (V1, VR, V2---CHECK
Nav Equipment------------------CHECK
Landing Lights-------------------ON

El repaso de la lista era tedioso, pero en viajes largos en los que la mayor parte del trabajo era del piloto automático, asumían con profesionalidad la comprobación de todos los sistemas del avión.

La mas problemática de las actividades en la UAC era la teletransportación interdimensional, pero hasta ahora solo había funcionando entre Phobos y Deimos.
Habian teletransportado con éxito plantas y animales vivos, y objetos simples, pero faltaba la prueba final, enviar seres humanos.

Taxi Lights / Runway Turnoff Lights--OFF
Strobe Light-----------------------------------ON
Pitot Heat--------------------------------------ON
De-Ice------------------------------------------ AS REQUIRED
Transponder-----------------------------------ON

A tope de capacidad, y con las bodegas a rebosar, el comandante estaba a punto para el despegue. Los datos en su poder, indicaban que pesaba exactamente doscientas veinte toneladas entre acero, combustible,equipaje y personas. A veces se estremecía al pensar que fueran capaces de trasportar tantas toneladas a través del océano.

Sentado en la fila cuatro entre sus padres, Héctor,estaba compungido. Los primeros envíos de humanos habían fracasado, al entrar por el portal, o simplemente desaparecían sin dejar rastro o regresaban muertos con extrañas marcas en el cuerpo como rozaduras o mordeduras. Algunos aparecían descuartizados o llegaban enteros, pero completamente idos, al borde de una esquizofrenia psicótica.

Los pilotos, después de alcanzar el nivel de vuelo, pusieron el avión en manos de la computadora de a bordo, pero había algo que al parecer interfería con los mandos, como si el piloto automático tuviera problemas para asumir el control del aparato, como si alguien mas también quisiera asumir el mando.

Necesitaba urgentemente subir de nivel, para disponer de más armas y mas medios para enviar a Deimos, en caso contrario, se podría producir una catástrofe.

Llevaban ya varias horas de vuelo, cuando el radar meteorológico les indicó que se acercaban a una tormenta. No había manera de rodearla, tenían que atravesarla, nada a lo que no estuvieran acostumbrados, pero desde que habían despegado, notaban como si los sensores y mandos de a bordo estuvieran perezosos, tardaban unos segundos en ir indicando los cambios de altitud, presión y temperatura, e incluso a veces se ponían a destellar como si les quisieran advertir de algún peligro.

Un día, recibió un mensaje estremecedor desde la luna Phobos: “¡Requerimos de soporte militar inmediato! ¡Algo terrible y monstruoso está saliendo por los portales! ¡Los sistemas no responden! ¡Los sistemas computarizados se han vuelto locos.

La tormenta era mas fuerte de lo esperado, el avión se estremecía al contacto con tanta turbulencia y aparato eléctrico. Las sondas de velocidad daban datos erráticos, a veces indicaban mucho mas de los 1000 kilómetros por hora de crucero, a veces, bajaba por debajo de los 800,con lo que el avión se podría desplomar. Si por el contrario atravesaban la tormenta a una velocidad superior, el avión, obligado a aguantar presiones inmensas se podría desintegrar.

Poco después, se oyó un tremendo estruendo que hizo estremecerse la superficie de Marte. Se habían desencadenado fallos eléctricos en la UAC, después de unos minutos el sistema de emergencia se activó iluminando un poco las instalaciones, pero aún dejándolas en una penumbra escalofriante.

Había que desconectar el piloto automático, el avión estaba dando bandazos debido a las ordenes contradictorias que recibía. El comandante con la cara crispada, intentaba, asido a los mandos dominar el aparato, su instinto le decía que debía aumentar la velocidad. Eso, aumentar la velocidad y rezar.

Héctor, nunca habia estado tan excitado, seguía aferrado a los mandos de la videoconsola. Había descubierto que Deimos simplemente se había desvanecido del espacio sin dejar ningún rastro. Desde ese momento, había intentado establecer conexión con alguna de las lunas, sin éxito. Como último recurso y ya que Deimos aparentemente no existía, decidió rescatar a la gente de Phobos antes de que también desapareciera o sucediera algo peor.-

El avión crujía cada vez mas, los pilotos no se atrevían ni a mirarse, se había oscurecido el altímetro y el horizonte artificial daba vueltas alocadamente. Estaban huyendo hacia adelante, sin saber cual era realmente la diferencia de presiones entre el interior y el exterior.

El el momento en que Deimos se desintegraba, Héctor no supo si era real o ficción, pero la cabina se abrió como un melón, solo vió de pronto, oscuridad, mucha oscuridad.

Otros relatos sobre un accidente de aviacion el el Atlántico.

get="_blank">crariza;

psiquiatra de familia;

Bloody;

quadrophenia

Feliz Cumple Patita

Escrito por: f-menorca el 18 Jun 2009 - URL Permanente

El otro dia, fui a buscar una:


Y me acerqué a ella, la abracé, y le pedí al oido que felicitara de mi parte a patita de goma por su cumpleaños. Le dije que hablara son sus hermanas todas las piedras ancestrales de Menorca, y que enviaran a mi amiga su fuerza y su energia.

Y ellas me respondieron que le dijera a patita que siempre hay nuevos caminos

Y que hay puertas a través de las cuales se ve la luz.

Patita, que seas muy feliz y seas capaz de seguir trasmitiendo alegría y vitalidad a todos los que te rodean.

11 Jun 2009

APRENDIENDO A VIVIR (El Club de los Jueves)

Escrito por: f-menorca el 11 Jun 2009 - URL Permanente

Rafael, llegó a su casa, y se sorprendió al ver que aquel día, su madre estaba contenta. No era lo habitual, normalmente estaba nerviosa, enfadada, a punto de explotar por cualquier cosa, y el, al verla así, se preguntaba qué era lo que había hecho mal, en que había fallado.

Recordaba aquel día con claridad, era mediodía, y los rayos de sol se colaban a través de las contraventanas entreabiertas produciendo dibujos de luz en el tresillo de hierro con cojines de cuadros amarillos y negros. Ella estaba barriendo y sonriendo.

Rafael, procuraba hacer las cosas bien y ayudar en casa y hacer los recados con rapidez, pero a veces, demasiadas veces, estallaba la crisis. Su madre se enfadaba y empezaban las broncas, los gritos y las recriminaciones. Era como una espiral, empezaba con quejas y poco a poco iba subiendo de tono, subiendo, subiendo, hasta que el chaval se enfadaba, porque no podía aguantar tanta presión, y contestaba mal, decía cosas que no debía y acababa llorando debajo de la cama.

Allí, entre sollozos, se imaginaba que se escapaba de su casa, y su mente urdía autenticas aventuras de un niño de nueve años que era capaz por sí solo de triunfar como inventor, futbolista, héroe o bandido.

Deseaba cambiar su vida, huir de aquel entorno familiar que le oprimía. En sus sueños, no solo había deseo de triunfar, sino también de venganza. Le seducía la idea de que sus padres se sintieran culpables de su huida.

Dos lecturas eran sus preferidas, una se llamaba “Mecánica popular”, y la otra “Selecciones del Reader’s Digest”. Dos versiones de una misma cosa, la simplificación de las ideas y de la mecánica. Ambas ocupaban muchas horas de lectura y relectura. La revista Selecciones, era su preferida, empezaba siempre por los artículos más interesantes, y luego, poco a poco se los leía todos, algunos incluso varias veces.

Un día, un artículo llamó su atención. Hablaba de un hombre que viajando en un tren, había encontrado un libro que un pasajero se había dejado olvidado en el asiento. Lo cogió por curiosidad, y empezó a leerlo.

El libro explicaba cómo se podía conseguir una memoria prodigiosa con la cual se podía triunfar en la vida y ser mentalmente privilegiado. Adjuntaba una dirección de una editorial en Estados Unidos a la cual se podían dirigir para conseguir gratuitamente el libro mágico.

Rafael estuvo pensando durante muchos días en aquel libro y en el método “Aubanel” que anunciaba. La idea de escribir solicitando el libro era muy tentadora, pero el trabajo de hacerlo sin que se enterasen sus padres, le hacía dudar.

¿Por qué, no era capaz de contar a sus padres que quería este libro y que le ayudasen a pedirlo?. Esta era una pregunta a la que no tuvo que contestar, porque nunca se la planteó.
Los problemas de los mayores eran tantos y tan importantes, que solo faltaría que les añadiesen los de un niño. Había que ser cauto, cualquier cosa podría generar una bronca.

Por lo tanto, se tuvo que armar de valor y con algunas sisas en los cambios de las compras que hacía, compró un sobre y un sello y escribió y envió la carta solicitando el ansiado libro.

Durante los días siguientes, toda su imaginación se volcó en pensar en todo lo bueno y fantástico que le pasaría una vez aplicado el método para conseguir una mente superdotada.
Seria no solo admirado, sino también respetado por su familia y por sus amigos. Ya no tendría que aguantar más broncas. Aquel libro iba a cambiar su vida, habría un antes y un después, el futuro era esperanzador.

Un mes después, empezó a perder la esperanza de recibir noticias de su petición, y cuando pasados dos meses más ya se había olvidado del tema, se encontró con que el cartero trajo un sobre con un librito dentro.

Ni siquiera esperó a subir a su casa, allí mismo, en el portal de su casa, donde pasaba tantos ratos, rasgó el sobre y empezó a leer el libro que podía cambiar su futuro y su vida.

La lectura apenas duró media hora. Lo que había imaginado como un método revolucionario y fantástico, no eran sino palabras hermosas, recomendaciones muy atinadas y una invitación a suscribirse a un curso de ayuda para aumentar la capacidad mental.

Su decepción fue tremenda. Lo que había imaginado como una panacea, como algo fantástico y determinante, no era más que un artilugio comercial para vender un curso de autoayuda.

Su libro milagroso había fallado, tendría que seguir batallando día a día con lo que había.

“Mecánica popular”, la revista que intentaba convencer que todo el mundo era capaz de realizar cualquier reparación solo siguiendo unas sencillas instrucciones, fue también poco a poco revelando que no todo es tan fácil, y que en la práctica no servía para nada.

Fueron dos libros que prometían cambios rotundos, capacidades nuevas, atajos maravillosos.
El olvidarse de ellos, fue quizá lo que cambió la vida de Rafael.

Recuperarse de un entorno familiar en el que por un lado lo alababan por su ayuda en casa y por su rapidez y solvencia en cumplir todos los encargos, y por otro lo constreñían con su autoritarismo, su intransigencia y con los agobiantes “problemas de los mayores”, le ocuparía más años, pero él, en aquellos tiempos, aún no lo sabía.

Esta semana el reto era describir un hecho que nos iba a cambiar la vida. Esta es mi aportación, Otras visiones los encontrareis en los blogs de otros miembros del Club.

get="_blank">crariza;

psiquiatra de familia;

Bloody;

quadrophenia

04 Jun 2009

Duelen al salir. (El Club de los Jueves)

Escrito por: f-menorca el 04 Jun 2009 - URL Permanente

Eudaldo, no recordaba el momento exacto en el qué se dio cuenta de que su mujer le engañaba, pero de repente lo supo. Fue como una revelación, un instante en el que todo se junta y de repente ves con claridad lo que hasta ahora era algo oculto.

El primer sentido que le indicó que había algo extraño, fue el olfato. Habitualmente, llegaba a las ocho de la tarde a su casa después del trabajo, y un día, cuando subió a cambiarse a su habitación, se dio cuenta que el cuarto de baño, olía a jabón, a suavizante, a humedad. Fue solo un flash, una impresión que pasó por su consciente sin dejar huella, pero que dejó una marca ahí detrás, en el bebedero de las ideas.

Su subconsciente había tomado nota de que su mujer se duchaba cada día por la mañana, y alguna vez también por la noche, pero a media tarde era algo extraño, ilógico.

La vista fue la que puso el segundo dato, hay miradas que buscan y otras que buscan ver si te miran. Hay ojos huidizos y parpados que ponen pantallas. Y él, notó que la mirada de su mujer no era siempre directa, a veces la desviaba, como si tuviera algo que esconder.

Y la casualidad también juega. Tropezar con el cubo de la ropa sucia, y al recogerlo, ver aquel tanga rojo que le había regalado hace un año, puesto para lavar, no es algo que pueda extrañar a nadie, salvo que se lo hayas visto poner por la mañana.

Y recordando, los olores del cuarto de baño y las miradas furtivas, empezó a ligar cabos y a vigilar.

También se dio cuenta de otras cosas que hasta ahora le habían pasado desapercibidas, su mujer había pasado de desnudarse de una manera desinhibida y hasta provocativa cuando se iban a la cama, a hacerlo de una manera recatada y púdica, girándose al quitarse el sujetador y sentándose en la cama para ponerse los pantalones del pijama.

Era un cambio de actitud, un alejamiento, ocultar otra vez la mirada y el cuerpo.

Los siguientes días fueron de recelo y observación. Por sistema, cuando llegaba, tocaba las toallas, revisaba el cubo de la ropa sucia e incluso los cajones de la ropa interior.

Cada vez había más evidencias, y el día en que más, el jueves. Ella libraba por la tarde ese día, con lo que todo encajaba.

Y un día, jueves por la tarde, se decidió a ir a su casa un par de horas antes que de costumbre.

Abrió la puerta del piso como un ladrón, despacito, sin hacer ruido, vio que no había nadie en el pasillo ni en la salita, y, procurando pisar quedo, fue entrando. Nadie en la cocina, ni en el salón, y de la puerta del dormitorio, pese a estar cerrada, se oían unos ruidos.

Se le nubló la vista, porque hasta el último momento había albergado la esperanza de que no fueran ciertas sus sospechas, pero los ruidos eran los de dos personas follando. El rencor fue subiendo poco a poco por su pecho, le hizo un nudo en el pecho, quiso llorar y solo pudo ahogar un gemido.

Cogió de la cocina el cuchillo grande, el de la carne, y empuñándolo con decisión, abrió la puerta del dormitorio.

Su mujer y su amante, pillados en plena faena, soltaron un grito al verle aparecer con el arma y la cara desencajada. Sus rostros, que hacía unos segundos reflejaban placer, habían cambiado y ahora mostraban miedo.

Eudaldo, después de la impetuosa entrada, se quedó parado, petrificado. Sus ojos no daban crédito a lo que veía. Todos sus esquemas se derrumbaron de repente, empezó a comprender demasiadas cosas. Después de un segundo eterno parado mirándolos, se olvido que tenía un cuchillo en la mano, olvidó su venganza, y salió de la habitación balbuciendo un: ¡Perdón¡ .y cerrando la puerta tras de si.

Fuera de control, buscó un sitio del piso para esconderse, pero sesenta metros no dan para mucho, por lo que cogió la americana y las llaves y salió. En el ascensor se dio cuenta de que aun llevaba el cuchillo en la mano, por lo que lo escondió entre la chaqueta, y lo dejó en el paragüero de la entrada antes de salir a a la calle.

Estuvo andando sin rumbo durante mucho tiempo, hasta que encontró un bar de esos en los que los clientes en vez de estar erguidos en los taburetes de la barra, están inclinados sobre ella, apoyando los codos y adorando su copa.

Ocupó uno de los asientos vacíos, y pidió una cerveza. No se atrevió a pedir un whisky doble que era lo que le apetecía, para disimular un poco, porque la camarera ya le había echado un par de miradas compasivas. Por un momento pensó que ella ya sabía que era un cornudo.

A la tercera cerveza, su pensamiento empezó a encauzar la situación, y a la quinta, su plan parecía bueno. Hicieron falta todavía tres mas y algunas visitas al cuarto de baño, para tomar una decisión.

Eran ya más de las ocho, hora de regresar a casa. Lo hizo despacito, pero bastante seguro de la decisión tomada. El trayecto andando le ayudó a despejarse un poco y coger un poco de aire para afrontar el regreso después de su huida.

Entró decidido en su casa.

¡ Hola cariño ¡ ¿Cómo estás?

Dio un beso en la mejilla a su mujer que ponía cara de circunstancias, y se sentó en su butaca frente al televisor.

¿Me traes una cerveza? Hoy he tenido un día terrible en la Emisora

Y su mujer, le trajo también unas aceitunas y le dijo que le prepararía un filete para cenar.

Había sido más fácil de lo que pensaba, pensó, había cumplido la primera parte de su plan.

Más difícil seria la segunda parte, pero tenia todavía tres días para pensar hasta el domingo, que habia que ir a misa.

Suponía que también seria capaz de hablar con naturalidad al cura, y escuchar su hermoso y divino sermón, sin pensar en aquella sotana tirada en el suelo junto a la cama, como un enorme gato negro acechando. Al fin y al cabo él era el que había conseguido que le contratasen en la Emisora del Episcopado, y de él dependían su continuidad y sus posibilidades de ascenso en su trabajo.

Y es que los cuernos duelen al salir, pero a veces ayudan a vivir.

bject>

Esta semana el tema era "Cambio de opinión", yo sumo mi granito de arena en un tema harto manido. Como siempre, los trabajos de fotos o buscar música idónea para el relato son mérito de Cristina.

Otros cambios en:

crariza;

psiquiatra de familia;

Bloody;

quadrophenia

28 May 2009

Desatascando tuberias. (El Club de los Jueves)

Escrito por: f-menorca el 28 May 2009 - URL Permanente

María del Pilar de los Acebos Martínez Pardiez, quería ser una señora. Lo había deseado siempre desde que era una niña e incluso después, cuando paso a ser “señorita”. Por eso, cuando a los diez y seis años le presentaron a su novio, se sintió feliz de dar un paso más hasta conseguir el estatus anhelado.

El novio la dejó un poco perpleja. Ella esperaba a un joven apuesto y varonil, y lo que le endosaron no era realmente lo que esperaba. Alonso López Trigo-Higueruela, era un joven-viejo de treinta años, algo, desgarbado, con la mandíbula un poco torcida y con un ojo que miraba al Ebro y el otro al Pisuerga, con la nariz rumbo a Bilbao, naturalmente.

Eso fue un problema al principio, porque el susodicho, nunca miraba de frente, siempre tenía que inclinar la cara para poder centrar la vista con uno de sus fanales. Pero claro, su rancia y regia familia, su poderío social y económico, eran factores de peso que no permitían dudas ni vacilaciones.

Vivieron un insípido noviazgo, sentados en la salita de recibir, hablando de naderías bajo la mirada atenta de su madre y de su abuela.


A los dos años, recién cumplidos diez y ocho, se casaron. Fue una ceremonia por todo lo alto con la asistencia de la flor y nata de la sociedad, en la que María del Pilar, era no solo la protagonista, la estrella y el centro de toda la atención, sino que era y se sentía ya una autentica “señora”. El novio, de frac y chistera, estaba también como un pincel, incluso la pajarita, un poco torcida, hacia juego con su vista descentrada.

La luna de miel, en un exclusivo balneario de Baden-Baden, no fue lo que ella había soñado. La primera noche, cuando llegaron, estaban al parecer muy cansados, y pasó su primera noche sola en su habitación. Se suponía que “las señoras”, no tenían prisa para según qué cosas.

El segundo día, empezó con unos púdicos baños termales, y una comida romántica en el jardín. Después, un lánguido paseo por el jardín, con las manos entrelazadas y mirándose a los ojos. Para que no se enfadase, ella alternaba la mirada entre uno y otro, no fuera a empezar su matrimonio con mal pié. Luego, se dirigieron poco a poco hasta su habitación.

Su marido en ropa interior no mejoraba nada, sus brazos y piernas eran tan delgados, que las perneras de los calzoncillos le venían anchas y hasta un huevo coronaba por el hueco.

Su primer acto sexual, fue un magreo compulsivo y una penetración que más parecía una punción que otra cosa. Su recién estrenado marido, tenía un miembro largo y estrecho que se curvaba en su empeño por entrar y que salía enseguida después de toser dos veces. Además, embestía mirando de lado como para apuntar mejor, y eso no ayudaba demasiado. Si el sexo era eso, no se había perdido demasiada cosa.

Con todo, su sueño estaba realizado, era la señora de López Trigo-Higueruela, y paseaba su palmito con mucha dignidad por el club de tenis, las fiestas de sociedad, y los múltiples eventos que se organizaban entre la gente de su clase y prosapia.

Pero claro, como era una señora, se reunía con otras, las cuales en sus tertulias, comentaban, con demasiada frecuencia batallitas de cama en la que los maridos, no siempre quedaban muy favorecidos. Ella no entendía nada, pero poco a poco sin preguntar mucho se fue enterando de algunas cosas, entre ellas que había una cosa que se llamaba desatascar tuberías que no tenía nada que ver con la fontanería.

Y como la señora estaba de muy buen ver, y su cara debía mostrar cierto desasosiego, no faltaban pretendientes que le hicieran alguna que otra propuesta que ella naturalmente rechazaba con indignación.

Pero las cosas son como son, y en una de las fiestas campestres que organizaban a menudo, un día en el que había bebido un poco más de la cuenta, después de comer, salió a dar un paseo por el bosque, y cuando se recostó debajo de una higuera para reposar un poco, se encontró con uno de los palafreneros que al verla tan lánguida, se acercó, y sin mediar muchas palabras, la sofaldó, desembragó y entró a matar con convicción y empuje.

María del Pilar señora de López y Trigo-Higueruela, no opuso mucha resistencia, dejó que los vapores del alcohol decidieran por ella. En el fondo, también estaba un poco deseosa de conocer otras suertes de varas que no fueran las de su marido, pero claro, esperaba el larguirucho y conocido estoque, y tuvo un sobresalto al darse cuenta que aquello no era una punción, sino que aquello llenaba todos los rincones, que llegaba a sitios que no habían sido frecuentados y que provocaba unas sensaciones que nunca había conocido. Las oleadas de placer iban poco a poco sucediéndose y subían hasta muy arriba de su vientre.

El orgasmo llegó sin avisar, o quizá sí que estuviera avisando hacía rato, pero como no le conocía, tuvo que dejar que derribase la puerta. La explosión, fué tremenda, llegó acompañada de un castillo de fuegos artificiales, que llenó su cuerpo de luz, sonido y color. Las pudorosas hojas de la higuera cubrieron y amortiguaron los bramidos de los amantes.

Ahíta y exhausta y con los ojos que aún le hacían chiribitas, no pudo menos que sonreír, pensando que sí, que había tenido algo atorado y que por fin, alguien había limpiado de telarañas todos sus recovecos.

El tema de esta semana iba de atascos, pero teniamos libertad para elegir el tipo, otros atascos en las páginas de:

crariza;

psiquiatra de familia;

Bloody;

quadrophenia

21 May 2009

El Laberinto de Segistierra

Escrito por: f-menorca el 21 May 2009 - URL Permanente

Segistierra era el príncipe heredero del país. Era hermoso, alto y apuesto y vivía su fugaz primavera en el palacio de su anciano padre. Su vida libertina y disipada se desarrollaba rodeado de sus amigos, cortesanos y parientes que vivían de su generosidad y estaban abocados a procurar que el príncipe no se aburriese y tuviera siempre actividades placenteras a su alcance.

En los inmensos jardines de palacio se desarrollaban toda clase de juegos, torneos, competiciones y eventos para cubrir con solvencia las horas del día.

Con todo, el tedio a veces aparecía tímido, acosando a los palaciegos con su atisbo de soledad y amenazando con hacerles pensar y reflexionar.

Tan pronto aparecía, era convenientemente expulsado, para que no pudiera contaminar aquellas mentes que se sentían en la obligación de estar perennemente el alegre actividad y divertimiento.

Un día apareció en palacio un anciano barbiblanco y barbiluengo que se ofreció a enseñarles diversiones nuevas para alegrar el transcurrir de las horas.

Aceptada la sugerencia con alborozo dadas las perspectivas de conocer algo nuevo, se dio al recién llegado mando y dinero para sus labores.

Liberto, el anciano, se puso manos a la obra, y en uno de los extremos de los jardines, construyó un laberinto. Les explicó que el juego consistía en ser capaces de encontrar la salida entre los pasillos del entramado construido con cipreses.

Durante muchos días estuvieron Segistierra y sus amigos jugando en la construcción . Los recovecos del recinto, permitían además más de un encuentro amoroso, y el príncipe, además, resaltaba sobre todos en su habilidad para encontrar el primero la salida. Las burlas y befas sobre los que daban vueltas y más vueltas y que incluso se asustaban y pedían a gritos ayuda, aumentaban el placer del juego.

El tiempo empezó a hacer aburrida la nueva actividad, y el príncipe se quejó de la monotonía de los cipreses y pidió a Liberto un nuevo proyecto. Este se puso manos a la obra y construyó un nuevo laberinto, el cual esta vez estaba formado por tupidos rosales, frondosas matas de margaritas, exuberantes geranios y multitud de flores que daban al recinto un colorido y unos aromas florales que henchían los pechos y espoloneaban los sentidos de los seres que se adentraban en el.

Pero ni siquiera las flores fueron capaces de vencer el paso del tiempo y las mentes de los cortesanos hasta se hartaban de la belleza y sus sentidos se saciaban pronto incluso de los mas excelsos aromas.

La tercera propuesta de Liberto fue un laberinto de hielo. De los más lejanos rincones al norte y al sur del reino, se trajeron enormes bloques de hielo que se fueron alineando para formar el nuevo entramado para los juegos de los jóvenes cachorros del reino. La novedad fue acogida con enorme alborozo. Permitía el hielo que todos sacaran del armario sus mejores abrigos de piel, que el clima benigno del país no aconsejaba. Se estrenaron hermosos armiños, pieles lustrosas de nutria, visones o leopardo, en una mezcla multicolor frente a los impávidos bloques de hielo que pasaban del blanco al azulado engañando a la vista y formando ilusiones ópticas.

Algunos accidentes por resbalones, y la incomodidad de los ropajes llevaron de nuevo a buscar el cambio.

El anciano sabio constructor de laberintos, estaba esta vez remiso a un nuevo proyecto. Decía que se habían agotado las propuestas festivas, solo quedaban las trascendentes y aducía que no veía a los participantes preparados para experiencias más profundas.

El príncipe no quiso escuchar las razones de Liberto y exigió a éste que se pusiera manos a la obra.

Esta vez, los trabajos duraron las de lo acostumbrado y todos estaban impacientes, sin atreverse a mirar por encima de los muros que ocultaban los trabajos del nuevo laberinto.

Cuando por fin pudieron estrenarlo, su sorpresa fue mayúscula cuando en la entrada, vieron que había unos escalones. Ilusionados por la novedad, fueron bajando y moviéndose en aquel laberinto cuyas bifurcaciones iban descendiendo cada vez más. De vez en cuando algún tramo subía tres peldaños, y nuevamente siete y ocho hacia abajo en busca de alguna salida.

El enorme recinto era circular, y estaba hecho de piedra. Altos muros marcaban las sendas y los jóvenes, poco a poco se fueron desperdigando en abanico de forma perimetral.

Hubo un momento en que se dieron cuenta que ya no veían la luz del sol, solo un pequeño orificio en lo alto, sobre el inmenso cono que formaba el recinto, daba un poco de claridad. Las paredes aparecían inclinadas y las nuevas aberturas se abrían en la roca en una sucesión de cuevas y túneles que se iban adentrando cada vez más en la tierra.

Algunos estaban ya asustados, pero el miedo a las burlas y el ridículo les hizo seguir adelante en busca de la salida. Pasaron todavía muchas horas subiendo y bajando escalones, adentrándose cada vez mas en la tierra, en busca de la sorpresa final en forma de cielo abierto y aire puro, pero los vericuetos eran cada vez más angostos.

Segistierra empezaba a enfurecerse, normalmente era el primero siempre en salir. Su sentido de la orientación, era innato en él, nunca perdía el norte, siempre sabia donde dirigirse en busca de una salida, pero esta vez, veía que se alejaba cada vez más del centro del laberinto intuía que cada vez se adentraba mas en la profundidades de la tierra. Al fin,después de muchas horas de intentarlo, tuvo que reconocer que tenía que empezar a desandar lo andado.

Sus compañeros hacia ya mucho tiempo que estaban retrocediendo, intentando escalar lo que tan alegremente había estado bajando. Poco a poco se fueron reagrupando y cansados y agotados llegaron de nuevo al sitio de donde habían salido.

El ultimo en aparecer por la puerta fue el príncipe, salía con la espada desenvainada y con la mirada furibunda buscando al constructor del laberinto.

Lo vio como siempre, sentado en uno de los bancos de piedra. Se dirigió hacia el blandiendo la espada dispuesto a matarlo, pero a medida que se iba acercando, notaba como su furor iba desapareciendo. El anciano le miraba con cara serena sin decir nada. Cuando estuvo a unos pocos pasos, bajo la espada, y se sentó a su lado.

Permanecieron unos minutos en silencio.

-¿Por qué me dijiste que este laberinto no era festivo sino trascendente?

El anciano le miró sin responderle.

-¿Es el laberinto una representación de la vida de una persona?

De nuevo no hubo respuesta.

-¿Se puede encontrar una salida al sol y a la luz mientras vas bajando escaleras hacia la oscuridad y las profundidades de la tierra?

Y el anciano Liberto, le miró con una gran sonrisa, se levantó, le dio un abrazo y se fue por el mismo camino por el que había llegado unos años antes.

Un tema laberintico para este jueves, con la alegría de Juan que se ha aportado un relato. Estos son los que intentaran que os perdáis por sus recintos.

crariza;

psiquiatra de familia;

Bloody;

quadrophenia

un-español-mas

Sobre este blog

Avatar de f-menorca

X A R B E T

Blog de diálogo para los que osen opinar.

ver perfil »

MAHONESA o MAONESA (NO maYonesa)

Codolades

    Blogs amics

    Ídolos

    • horasur
    • lola-gj47
    • jordigrau
    • afuegolento.com
    • Beutxi
    • Cordura
    • elena
    • xavier
    • Rosa Niña Guerrera
    • llatzaret
    • Sergio Reinaldo Fernández
    • gillhooley

    Suscríbete

    Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):