17 Jun 2008
Miradas que atan
Euclides Cruz Soler, profesor de filosofía y literatura del bachillerato, jocosamente hacia referencia en clase, a un cuento que si mal no recuerdo, dice así: había una mujer con un pelo rubio hermosísimo… lastimosamente, era un solo pelo. Ahora en la adultez, con un poco más de conocimientos, lo catalogo como uno de los mejores cuentos cortos de los que tenga memoria.
El pasado domingo lo recordé con ocasión de un regalo que recibí. En una foto de la mujer que me corta la respiración con su presencia y alienta mis días con su amor, descubrí una belleza insospechada, resguardada en su mirada. No es casual que un hombre se detenga a fijarse que toda mujer tiene un algo que la hace más bella que las demás, y sólo lo descubrimos si apaleamos a la capacidad de sumergirnos en los mundos que se esconden detrás de los muros de la realidad.
Esos ojos de sakurita son penetrantes, hablan por ella, expresan sentimientos, miran fijamente con seriedad romántica; las cejas totalmente naturales, exóticas en un mundo dominado por las depilaciones, se arquean con perfección de física ondulatoria, paralelamente a la forma del contorno ocular, demostrando una vez más la perfección matemática presente en la creación para embellecerla; sus pupilas triangulan afinadamente con el arco central de sus sensuales labios, surcando una línea imaginaria por la risueña formación interior de los pómulos carnosos. Los suaves rizos que nacen en la frente para esconderse el final de las cejas, perdidas en el reviro que hacia atrás toman los rizos, y el pelo que cae desde atrás de sus orejas, yéndose hacia delante para cubrirle el cuello siempre intrigante y terminar donde inicia el fantástico mundo de sus senos, acompañan armónicamente el encanto de su mirada. En ella todo es adonis, es exquisitez, la seriedad y la naturalidad siempre serán símbolos de nobleza. Hasta en los momentos de enojo, un hado de belleza hace que uno no evite apreciarla con detenimiento. Sorteo su mirada, intento apartarme de su vista, pero su poder me persigue, cual Gioconda que vigila la sala del Louvre donde es imponente, me acosa, me invita a quererla, a no apartarme de sus pupilas que parecen aclararme que no hay forma de evitar a mi linda chica.
Me pregunto, que pensaba en el momento en que el clic del celular con que tomó la foto, se accionó. Ahora lo se, me lo ha contado, me siento orgulloso. Su mirada, detenida mientras exista la imagen, me pone nervioso, me sumerge en ella. Sus ojos son un rincón del alma que se escapó para demostrarme que ocupo un espacio en su vida. Si sus ojos dicen la verdad, ella es mi ángel de la guarda, mi dulce compañía, la luz de su belleza me ilumina con su amor, y ahora me persigue con sus penetrantes pupilas desde la pantalla del teléfono, en la adicción a hablar cientos de minutos al día por ese aparato, para vigilarme y estar al tanto de todo lo que pasa a mi alrededor cuando residimos apartados.
Sus ojos, entienden al igual que yo, que una mujer como ella no es para mostrar en los cócteles, ni para lucir por las avenidas, no es un trofeo que se instala en el estudio, ni es para enmarcar en programas virtuales donde la gente chismosea, como fececaca o hi5, ella, apartada de convencionalismos es para resguardar en la privacidad del corazón, donde todo se hace como se hace la luz dentro del ojo, secretamente, en la pureza del silencio, o la privacidad en la que el escritor se encuentra frente a la hoja en blanco, de la misma forma en que Leonardo Da Vinci mantuvo a su Mona Liza, guardada secretamente hasta el final de sus días. Su mirada es inagotable, su mirada me hace olvidar que afuera hay un mundo por descubrir, haciendo preferible habitar en ese mundo al que abre las puertas cafes de su vista para llevarme a vivir con ella. Ahí esta esa foto, con ella hablando de su corazón al mió, seria, alardeando con sus poderes, sometiéndome en los sentimientos que nos unen, incitándome al encuentro con su cuerpo que deseo.
Viéndola, en la seriedad del frió conservatismo en que fue educada, con la mirada limpia de la juventud, detenida en esa instante de domingo pálido, el tiempo se hace lento, y no es para menos, estábamos juntos detrás de nuestras labranzas, donde la foto se eterniza como quisiera que fueran los sentimientos que nos abrazan. Como en “El silencio de las Sirenas” de kafka, donde cuenta el autor que las sirenas tienen un arma más terrible que el canto: su silencio. Mi chica tiene en su mirada un silencio que como Ulises, yo se escuchar para enamorarme de ella.
Hoy puedo contar que hay en mi vida una niña hermosísima, que todos los días encuentra una forma de hacerse inevitable en mí, mostrándome miles de formas de amor, contrario a lo que ocurría con la mujer del cuento del profesor Euclides, quien guardaba su belleza en un cabello, en el que nacía y moría todo su encanto. En ella, en mi chica Lilipu, el mínimo gesto cobra sentida para construir el amor, como ahora lo hace con la mirada penetrante en la que nunca me posé a dejarme hipnotizar, que ahora se escuchar, como Ulises al canto silencioso de las sirenas, en el silencio puro del amor.
Sobre este blog
Eyaculación mental en 80 giros...
FABIO PARRAGachetá, 1981. Abogado de profesión, lector por pasión, aprendiz de escritor por complicidad con el blog, en algún momento columnista de El Tiempo y Semana.com entre otros medios. Interesado en formas de subsistir feliz, en la edificación mis sueños, en descubrir lo fantástico en lo cotidiano, en opinar y llevar una existencia productiva. Mido 1.69, peso 62 kilos.
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2 comentarios · Escribe aquí tu comentario
linda dijo
Jamás leí la descripción de una mirada en tanto detalle y tanta belleza, como en tus líneas.
Deseo que esa mirada siempre perdure de esa forma tan bella en tu corazón.
Gracias por compartir
Jorge dijo
Estoy de acuerdo con Linda, de esa forma quiero que sientas cada una de las lineas que escribes, que si escribes de dolor te sumerjas en el personaje, que si estas amando, en tu mente construyas orgasmos. Ingresa a la mente de cada personaje y construyelo, sin miedos, sin penas.
Saludes a Paloma, tendre que conocerle pronto para no qudarme imaginando a tu musa. Que afortunada es. Venga un abrazo amigo.
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