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30 Jul 2011

Morir en nombre del honor familiar - Inocentes víctimas de su propia sangre

Escrito por: foro-juidico el 30 Jul 2011 - URL Permanente



Miles de mujeres en Europa son sometidas e incluso mueren en nombre del honor familiar.

Todos los años, miles de mujeres de toda Europa son sometidas a un matrimonio forzado, sufren violencia e incluso algunas llegan a morir en nombre del honor familiar.

6 de febrero de 2011, Oberlandgarten (Berlín). Una multitud silenciosa, cargada con ramos de flores se reúne alrededor de una placa conmemorativa, en una parada de ómnibus, en el distrito de Tempelhof de la capital alemana, como han hecho durante los últimos seis años. Fue aquí, el 7 de febrero de 2005, donde una madre de 23 años, Hatun Sürücü, fue tiroteada en esta avenida de bananos deshojados y anodinos bloques de departamentos.

La placa conmemorativa está inscrita a la memoria de Hatun Sürücü y de “las otras víctimas de la violencia de esta ciudad”. El asesinato de Hatun no fue un crimen común: fue un asesinato por cuestiones de honor.

Los asesinatos y la violencia en nombre del honor en los que las chicas (y ocasionalmente los chicos) son “castigados” por actuar en contra de la familia y las tradiciones culturales y tribales, en particular en contra del matrimonio forzoso, es un problema grave en Alemania. La canciller Angela Merkel declaró el pasado año que el intento del país por construir una sociedad multicultural integrada había sido un “fracaso completo”.

Alemania no es el único país que está luchando con este problema. Durante la última década, una práctica que siempre fue tabú por siniestra, se ha revelado como endémica en muchos países europeos que tienen grandes comunidades de inmigrantes como Francia, Italia, Dinamarca, Bélgica, Holanda y el Reino Unido. En 2009, un comité de influencia del Consejo de Europa informó que “durante los últimos 20 años, los crímenes en nombre del honor se han vuelto cada vez más comunes en Europa”. Las cifras exactas son difíciles de determinar porque muchas muertes en Europa hasta hace poco se han considerado erróneamente suicidios o asesinatos convencionales. Algunos expertos hablan de un número global de asesinatos por honor que asciende a 100.000 casos.

Lo que nos produce más impresión de los asesinatos por honor es que son tan premeditados como los homicidios. “No se pueden explicar como un trágico crimen pasional”, afirma el abogado británico Nazir Afzal, especialista en casos de crímenes en nombre del honor.

“La realidad es que la familia completa, madres y hermanas incluidas, se sientan alrededor de una mesa y deciden con calma que una hija o una mujer merece un castigo o la muerte. Se preparan todos los detalles: se identifica al asesino, dónde y cómo va a ser asesinada y cómo se desharán del cadáver”.

Volviendo a 2005, Hatun Sürücü, de 23 años, pensó que por fin estaba libre. En 1999 había huido de un matrimonio de abusos con un primo suyo mucho mayor que ella en Estambul —con el que tuvo un hijo, Çan—que le fue impuesto por su familia cuando tenía 16 años. De vuelta a Berlín, se mudó a un centro de madres solteras y más tarde se mudó a su propio departamento, muy cerca del lugar en el que murió, donde criaba a su hijo.

De pelo azabache, bonita y con una atractiva sonrisa, Hatun estaba a punto de finalizar su formación como electricista. Rechazaba el chador y ahora podía ponerse la ropa que quisiera llevar, ir a bailar y al cine: las cosas que las mujeres europeas dan por sentado pero que para su familia devota y tradicional kurda suní traspasaban todos los límites.

Hatun tenía ocho hermanos, todos nacidos en Alemania menos dos. Sus padres habían llegado del este de Anatolia (Turquía) a principios de los setenta, cuando su padre, Keram, consiguió un puesto de trabajo como jardinero al obtener el permiso de trabajo.

Educó a sus hijos para que fueran estrictamente religiosos, así que la comunicación con Hatun se cortó por completo cuando esta optó por un estilo de vida occidental. Pero ella sentía que estaba más cerca de reconciliarse con su familia. Le acababa de dar a su madre una banqueta de madera que había hecho en el colegio.

Así que cuando su hermano de 18 años, Ayhan, fue a verla a su casa, se alegró. Hablaron en la pequeña cocina y a Ayhan le gustó ver que Hatun tuviera una alfombra para la oración. Entonces, le pidió que lo acompañara hasta la parada del ómnibus de Oberlandgarten.

Por el camino, Hatun se compró un café. Entonces, de pronto, Ayhan le pidió que “renunciara a sus pecados” y dejara su estilo de vida si quería reconciliarse con su familia. Al haber abandonado a su marido, tener novios y no llevar la ropa tradicional, Hatun había “manchado el honor de la familia”, que se encarnaba especialmente en la integridad sexual de las mujeres.

“Saldré con quien me guste”, insistió. Cuando Hatun se negó a oír sus peticiones, Ayhan tranquilamente sacó una pistola de 7,65 mm y le disparó tres tiros en la cara. Hatun cayó muerta en la vereda.

Cuando llegaron los servicios de urgencia y la policía, el café que llevaba se había mezclado con la sangre. Un paquete de cigarrillos franceses que sobresalían del bolsillo superior de su campera de pana llevaba el eslogan “Liberté toujours”.

Dos días después de matar a Hatun, el 9 de febrero de 2005, Ayhan Sürücü estaba en una de las muchas confiterías turcas de aroma dulce de Kreuzberg. A este distrito lo llaman la “pequeña Estambul ” porque un tercio de la población es de origen turco. Su familia vivía en un departamento de cuatro habitaciones y rezaba cinco veces por día.

Ayhan estaba de buen humor mientras le contaba a su novia de 18 años, Melek, que había tenido que matar a su hermana Hatun porque despreciaba su deshonrosa forma de vida. “Con la muerte de mi hermana —le dijo a Melek—, he dormido mejor que en varios años”.

La muerte de Hatun conmovió a Alemania, aunque no a todos. Poco después, en el patio de un colegio, no lejos de donde murió Hatun, los chicos de secundaria de la comunidad de inmigrantes aplaudieron la muerte de Hatun. “Se lo merecía —dijo uno— por vivir como una alemana”.

Ayhan ha cumplido la mitad de la condena de 9 años en una prisión juvenil; pero dos de sus hermanos fueron absueltos de conspiración de asesinato. Abandonaron el tribunal haciendo la “V” de la victoria y anunciaron que celebrarían una fiesta. En 2007, cuando el Tribunal Superior de Alemania dio el fallo absolutorio, los dos hermanos estaban en Turquía.

La muerte de Hatun Sürücü es como un faro que recuerda un vil crimen. “La violencia diaria contra las mujeres es un tema grave y no hay suficiente protección para ellas”, afirma Gülsen Celebi, un abogado de 38 años de Düsseldorf, de origen kurdo, que defiende a las víctimas de los crímenes por honor.

Una de sus clientas, que huyó de un matrimonio obligado violento y que luchó por la custodia de sus tres hijos, fue asesinada por su ex marido turco tras una vista en el tribunal de Mönchengladbach, a pesar de que estaba sometido a una prohibición de acercamiento y pesaba sobre él una orden de detención. Mató también a su hija de 18 años cuando esta llamó a la policía. “Desde su punto de vista —afirma Celebi—, tanto su mujer como su hija lo habían deshonrado: su mujer porque se había divorciado de él y la hija porque se había revelado contra su despotismo”.

“La violencia por causa del honor puede ser anterior al Islam, como lo es la mutilación genital”, afirma la antigua miembro del Parlamento holandés, Ayaan Hirsi Ali, nacida en Somalia. Pero como muchos de los casos se dan entre las comunidades inmigrantes turcas, kurdas, paquistaníes o de Bangladesh, cree que el asesinato por honor es un problema predominantemente islámico.

En 2006, Hirsi Ali fue nombrada Europea del Año por Reader’s Digest por su lucha a favor de las mujeres oprimidas en su país de adopción, tras haber huido de un matrimonio obligado. Reconoce que “los asesinatos por honor ocurren también entre los cristianos coptos, los gitanos, los sijes y los hindúes”. Pero denuncia que la violencia es una parte integral de la disciplina social islámica.

Hirsi Ali argumenta: “Como mujer musulmana, simplemente salir a la calle sin tu hermano o tu padre puede dar lugar a un asesinato”. Por ser muy directa y resuelta, Hirsi Ali viaja con guardaespaldas desde que recibió amenazas de muerte.

Los crímenes por honor no tienen nada que ver con la religión, insiste Sibylle Schreiber, experto en crímenes por honor del respetado grupo alemán “Tierra de Mujeres”, que lleva 30 años ayudando a mujeres. “El noventa por ciento de las chicas que piden ayuda nunca mencionan la religión como un problema, y ninguna religión impone el crimen por cuestiones de honor”.

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