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17 Sep 2008

Ivette Durán Calderón - Un Juez Perspicaz

Escrito por: foro-juidico el 17 Sep 2008 - URL Permanente

UN JUEZ PERSPICAZ

Ivette Durán Calderón

A fines de 1600, don José Marcellano de Anderas, natural de Viscaya, ejercía el cargo de Alcalde ordinario de la cuidad de La Paz, Bolivia; dicha posición muy ambicionada, tenía una gran responsabilidad y significación social; abarcando inclusive la administración de Justicia en lo Civil y Penal, así como de cualquier delito de orden público: teniendo a su mando a los funcionarios llamados Alguaciles o Cañaris.

Famoso por su rectitud a toda prueba, a pesar de la astucia de los contrincantes. Cuando de aplicar justicia se trataba, se mostraba implacable y duro inclusive con los propios peninsulares y amigos, quienes valga la oportunidad de comentar, casi siempre se hallaba en pendencia. Don José Marcellano de Anderas, infundía muchísimo respeto, siempre serio, impenetrable; concedía una oportunidad a todos, tenía mucha paciencia para escuchar a los humildes (cosa rara para la época), esforzándose por comprender sus problemas y sus fallos eran categóricos, generalmente justos.

Aquellas tarde la Sala del Ayuntamiento estaba repleta. Uno de los litigantes era Pablo “el gallego” , hablador y bullicioso, regordete y bajito, una incipiente calva y un vientre prominente acusaban sus años y su vida cómoda; poseía además de un comercio, una pequeña hacienda cercana a la cuidad, donde criaba ganado vacuno y porcino; demás esta decir que era peleador, tacaño de nacimiento y tenía enemigos a granel.

El denunciante de mediana estatura, delgado, bigote ralo, ojos negros y profundos; emprendedor y ambicioso,- había caído en la trampa del “gallego”-

Abierta la Sesión, la palabra la tenía el provinciano don Plácido López, quien avanzaba tímidamente, un sudor frío le recorría todo el cuerpo, sombrero en mano, apretujándolo y dándole vueltas, empezó: Señor… digo Excelentísimo señor Alcalde…mi deseo es explicarle el motivo de este infeliz momento en el que me hallo metido. Tosió y prosiguió…Este “chancho gallego” me ha vendiu un pradillo de raza por el que le pagué contante y sonante.

Un momento señor mío… ¡un momento!, no se acepta en esta Corte, insultos, motes ni malas dicciones menos dicterios…¿entendido?...prosiga

Y…bueno, como le iba diciendo, le pagué y ahora pretende decir, que no le pagué…y, Señor, digo Honorable señor no me parece grosería tratar de “chancho” a semejante pillo que trató de…

¡ALTO, si continua usted así y no hace caso a mis amonestaciones me veré obligado a ...

Pido disculpas a su Merced. Lo cierto es que le pague todito, ni siquiera quiso rebajarme y el chancho digo el “gallego”, dijo que me lo entregaba en su chacarilla en Chijini sobre la calle de las Carretas, junto a mi gente a las siete de la noche, fuíme a recoger la bestia y solamente me dejaron entrar a mi solito, busque a mi “padrillo” y éste estaba al fondo, cuando ya le ponía el lazo de tiro, es cuando el chancho…el galle…digo Don Pablo, muy suelto de cuerpo, me empujó y me dijo: ¡Hey! Chulo… aquí las cosas al contao, diciendo eso gritó a sus mozos, quienes aparecieron y me rodearon. Prosiguiendo ¡pagad su importe! Y os lo lleváis. Yo díjele; ¡Pero Don Pablo!, esta mañana en la Feria, se lo pagué toditito al contao…

Entonces el chancho caballero, gallego…dijo: ¿Qué? …¡Mentís, no me habéis dado ni un solo maravedí por él, y ahora su Merced, respetuosamente pido que me dé mi padrillo o me devuelva mi plata. Por Dios ¡Cómo ha de hacerme pagar dos veces! ¡púchale!.

El Alcalde muy gravemente inquirió ¿tenéis testigos?

¡¡¡TESTIGOS!!...¡NO! ¡Ay! Por Dios, Jesús María. ¿Hacen Falta testigos? No tengo testigos.

Quien juzgaba, inquirió con serenidad a Don Pablo diciéndole: Usía, ¿Habéis recibido el dinero?

Juráis decir la verdad; el gallego extendiendo la mano, y besando la cruz dijo: Vuestra merced, juro; es una falsedad, “ no recibí ni un solo céntimo”; este es un falsario, un ladino, un atrevido, exijo se lo juzgue en su categoría.

Don Plácido López ya no estaba tan plácido ni tan seguro, se levantó a increpar al gallego, los Cañaris lo contuvieron.

Entonces, Don José Marcellano de Anderas, haciendo y rompiendo toda regla, dijo: “Señores la causa esta abierta, siento que Don Plácido no podrá recobrar el semental, pero por lo menos necesita recuperar algo de su capital, Para volver a Provincia. En vista de ser un caso harto curioso, no contemplado en el Código de su majestad, propongo a la Sala hacer una colecta para compensarlo. La encabezaré yo mismo, con estos diez. Seguro estoy que hay entre los presentes algunos que deseáis imitarme…A ver Don Pablo… ¿No creo que Usía se atrevería a negarme un óbolo?

Señor Magistrado, replicó sonriente (viendo la cusa ganada a su favor), no deseo quedarme atrás de su Merced, aunque es tozudo el gañán, pues aquí van otros diez… Fue a ponerlas sobre la mesa de escribanía e inmediatamente el Señor Alcalde Ordinario y Juez de la causa, tomó las monedas en su mano examinándolas muy despacio, luego mirando fijamente al “gallego” le dijo:¡¡Pero cómo os atrevéis a exhibir moneda falsa ante un Tribunal de Justicia!!...

¡Vamos, vamos! Bien sabéis que esto es contra la ley y tiene ¡pena de muerte! ¡Confiese su origen! Esta vez Don Pablo el gallego dejó su sonrisa burlona, pálido y muy sinceramente, luego de vacilar, viendo que los Cañaris se le abalanzaban dijo: Quien ha de confesaros todos esos delitos, es este gañán, ¡ pues estas son las monedas con que me pagó!...

¡Ajá!... ¿Entonces confesáis que os pagó?...Pues entregadle ya mismo la bestia y Usía, tenéis arresto por falso testimonio.

¿Y las monedas…?

¡Ah!... ¡Las monedas!... os advertí que este era un caso muy especial, no contemplado en el Código, pero yo tenía un pálpito. Las MONEDAS son verdaderas y se quedarán como MULTA.

Archivo de la familia Losa Balsa

05 Sep 2008

Ivette Duran Calderón - Curioso dilema zoológico-jurídico - "El ratón ante la justicia"

Escrito por: foro-juidico el 05 Sep 2008 - URL Permanente

El sagacísimo Sevach plantea un curioso dilema zoológico-jurídico:

Recientemente ha sido noticia en un Juzgado mercantil americano, en Atlanta, la habilidad del Juez para detectar en los expedientes de su despacho la presencia de huellas, mordisqueos y excrementos de un mapache, tomando medidas contundentes al respecto. El mismo caso en España nunca se plantearía. ¿Cree usted que un juez español podría detectar la presencia de un mapache ( o un castizo roedor) en los autos judiciales y tomar medidas para su captura?

El propio Sevach ofrece hasta trece ingeniosas respuestas. Allá va mi aportación, lo más realista posible dada la situación de la Justicia española.

El juez llama al ratón a declarar como imputado por un delito contra la administración de justicia. El roedor se muda de ratonera y el juzgado le cita vía exhorto a través del juzgado decano de su localidad. De éste pasa a un Juzgado de Instrucción, donde el asunto cae en la abarrotada mesa de un funcionario interino que, cuando va a tramitar el exhorto, cae enfermo y causa baja.

Justo cuando va a ser sustituido, meses después, regresa el funcionario titular y se encuentra con centenares de exhortos sin cumplimentar sobre su mesa. Por fin comparece el ratón ante el juzgado pero, cuando va a iniciarse la declaración, el fiscal se ausenta para atender asuntos más urgentes (una estafa inmobiliaria entre hormigas), y se suspende el acto.

Semanas después se intenta de nuevo, comparece el roedor pero hete aquí que el exhorto viene redactado en una lengua cooficial en el juzgado exhortante pero no oficial en el juzgado exhortado, de modo que ante la falta de traductores se decide devolver el exhorto y solicitar que se envíe de nuevo en la lengua común.

Tras diversas peripecias procesales, el ratón por fin declara y el asunto pasa a otro tribunal, en este caso al Juzgado de lo Penal, que señala juicio para vaios meses después. La vista se suspende en varias ocasiones por incomparecencia de testigos y citaciones mal realizadas.

El juez dicta sentencia, considerando probados los hechos pero absolviendo finalmente al ratón por prescripción del delito dado el tiempo transcurrido. El fiscal recurre, los autos se elevan a la Audiencia Provincial, que revoca la sentencia y dicta otra condenatoria. El abogado del ratón recurre al Tribunal Supremo y posteriormente al Tribunal Constitucional, y finalmente el ratón es condenado a una pena de prisión. Toda vez que el reo ya está plenamente reinsertado en la sociedad ratonil, su abogado pide el indulto, que llega tiempo después cuando su cliente ya ha fallecido, exhausto tras catorce años de pleiteo.

Dicen que al pronunciar sus últimas palabras nuestro atribulado roedor emuló al coronel Kurtz: “El horror, el horror…”

-Javier Muñoz -

Quizás la historia continua: El ratón desorientado acude por la demora en la justicia...al Tribunal Europeo de Derechos Humanos, pero como un ratón no es un ser humano, su demanda es inadmitida. Sin embargo, gracias a la Plataforma de la Dignidad del Simio, el Ratón y la Mantis Religiosa, y a la valiosísima recomendación del erudito de prestigio universal, Sr.Pérez (ratoncito pérez, por mas señas), se consigue aprobar un Protocolo por el Consejo de Europa para admitir las demandas de los ratones. De la alegría, el ratón fallece de infarto, y prosiguen su demanda sus herederos que, como es sabido, son legión...Así que ahora está estudiando el Parlamento Europeo hacer un llamamiento a un flautista del Reino de Hamelín.....
- Zebach-

05 Sep 2008

Ivette Duran Calderón - Curioso dilema zoológico-jurídico - "El ratón ante la justicia"

Escrito por: foro-juidico el 05 Sep 2008 - URL Permanente

El sagacísimo Sevach plantea un curioso dilema zoológico-jurídico:

Recientemente ha sido noticia en un Juzgado mercantil americano, en Atlanta, la habilidad del Juez para detectar en los expedientes de su despacho la presencia de huellas, mordisqueos y excrementos de un mapache, tomando medidas contundentes al respecto. El mismo caso en España nunca se plantearía. ¿Cree usted que un juez español podría detectar la presencia de un mapache ( o un castizo roedor) en los autos judiciales y tomar medidas para su captura?

El propio Sevach ofrece hasta trece ingeniosas respuestas. Allá va mi aportación, lo más realista posible dada la situación de la Justicia española.

El juez llama al ratón a declarar como imputado por un delito contra la administración de justicia. El roedor se muda de ratonera y el juzgado le cita vía exhorto a través del juzgado decano de su localidad. De éste pasa a un Juzgado de Instrucción, donde el asunto cae en la abarrotada mesa de un funcionario interino que, cuando va a tramitar el exhorto, cae enfermo y causa baja.

Justo cuando va a ser sustituido, meses después, regresa el funcionario titular y se encuentra con centenares de exhortos sin cumplimentar sobre su mesa. Por fin comparece el ratón ante el juzgado pero, cuando va a iniciarse la declaración, el fiscal se ausenta para atender asuntos más urgentes (una estafa inmobiliaria entre hormigas), y se suspende el acto.

Semanas después se intenta de nuevo, comparece el roedor pero hete aquí que el exhorto viene redactado en una lengua cooficial en el juzgado exhortante pero no oficial en el juzgado exhortado, de modo que ante la falta de traductores se decide devolver el exhorto y solicitar que se envíe de nuevo en la lengua común.

Tras diversas peripecias procesales, el ratón por fin declara y el asunto pasa a otro tribunal, en este caso al Juzgado de lo Penal, que señala juicio para vaios meses después. La vista se suspende en varias ocasiones por incomparecencia de testigos y citaciones mal realizadas.

El juez dicta sentencia, considerando probados los hechos pero absolviendo finalmente al ratón por prescripción del delito dado el tiempo transcurrido. El fiscal recurre, los autos se elevan a la Audiencia Provincial, que revoca la sentencia y dicta otra condenatoria. El abogado del ratón recurre al Tribunal Supremo y posteriormente al Tribunal Constitucional, y finalmente el ratón es condenado a una pena de prisión. Toda vez que el reo ya está plenamente reinsertado en la sociedad ratonil, su abogado pide el indulto, que llega tiempo después cuando su cliente ya ha fallecido, exhausto tras catorce años de pleiteo.

Dicen que al pronunciar sus últimas palabras nuestro atribulado roedor emuló al coronel Kurtz: “El horror, el horror…”

-Javier Muñoz -

Quizás la historia continua: El ratón desorientado acude por la demora en la justicia...al Tribunal Europeo de Derechos Humanos, pero como un ratón no es un ser humano, su demanda es inadmitida. Sin embargo, gracias a la Plataforma de la Dignidad del Simio, el Ratón y la Mantis Religiosa, y a la valiosísima recomendación del erudito de prestigio universal, Sr.Pérez (ratoncito pérez, por mas señas), se consigue aprobar un Protocolo por el Consejo de Europa para admitir las demandas de los ratones. De la alegría, el ratón fallece de infarto, y prosiguen su demanda sus herederos que, como es sabido, son legión...Así que ahora está estudiando el Parlamento Europeo hacer un llamamiento a un flautista del Reino de Hamelín.....
- Zebach-

23 Ago 2008

UN JUEZ PERSPICAZ

Escrito por: foro-juidico el 23 Ago 2008 - URL Permanente

Ivette Durán Calderón

A fines de 1600, don José Marcellano de Anderas, natural de Vizcaya, ejercía el cargo de Alcalde ordinario de la cuidad de La Paz, Bolivia; dicha posición muy ambicionada, tenía una gran responsabilidad y significación social; abarcando inclusive la administración de Justicia en lo Civil y Penal, así como de cualquier delito de orden público: teniendo a su mando a los funcionarios llamados Alguaciles o Cañaris.

Famoso por su rectitud a toda prueba, a pesar de la astucia de los contrincantes. Cuando de aplicar justicia se trataba, se mostraba implacable y duro inclusive con los propios peninsulares y amigos, quienes valga la oportunidad de comentar, casi siempre se hallaba en pendencia. Don José Marcellano de Anderas, infundía muchísimo respeto, siempre serio, impenetrable; concedía una oportunidad a todos, tenía mucha paciencia para escuchar a los humildes (cosa rara para la época), esforzándose por comprender sus problemas y sus fallos eran categóricos, generalmente justos.

Aquella tarde la Sala del Ayuntamiento estaba repleta. Uno de los litigantes era Pablo “el gallego” , hablador y bullicioso, regordete y bajito, una incipiente calva y un vientre prominente acusaban sus años y su vida cómoda; poseía además de un comercio, una pequeña hacienda cercana a la cuidad, donde criaba ganado vacuno y porcino; demás esta decir que era peleador, tacaño de nacimiento y tenía enemigos a granel.

El denunciante de mediana estatura, delgado, bigote ralo, ojos negros y profundos; emprendedor y ambicioso,- había caído en la trampa del “gallego”-

Abierta la Sesión, la palabra la tenía el provinciano don Plácido López, quien avanzaba tímidamente, un sudor frío le recorría todo el cuerpo, sombrero en mano, apretujándolo y dándole vueltas, empezó: Señor… digo Excelentísimo señor Alcalde…mi deseo es explicarle el motivo de este infeliz momento en el que me hallo metido. Tosió y prosiguió…Este “chancho gallego” me ha vendido un pradillo de raza por el que le pagué contante y sonante.

Un momento señor mío… ¡un momento!, no se acepta en esta Corte, insultos, motes ni malas dicciones menos dicterios…¿entendido?...prosiga

Y…bueno, como le iba diciendo, le pagué y ahora pretende decir, que no le pagué…y, Señor, digo Honorable señor no me parece grosería tratar de “chancho” a semejante pillo que trató de…

¡ALTO, si continua usted así y no hace caso a mis amonestaciones me veré obligado a ...

Pido disculpas a su Merced. Lo cierto es que le pague todito, ni siquiera quiso rebajarme y el chancho digo el “gallego”, dijo que me lo entregaba en su chacarilla en Chijini sobre la calle de las Carretas, junto a mi gente a las siete de la noche, fuíme a recoger la bestia y solamente me dejaron entrar a mi solito, busque a mi “padrillo” y éste estaba al fondo, cuando ya le ponía el lazo de tiro, es cuando el chancho…el galle…digo Don Pablo, muy suelto de cuerpo, me empujó y me dijo: ¡Hey! Chulo… aquí las cosas al contao, diciendo eso gritó a sus mozos, quienes aparecieron y me rodearon. Prosiguiendo ¡pagad su importe! Y os lo lleváis. Yo díjele; ¡Pero Don Pablo!, esta mañana en la Feria, se lo pagué toditito al contao…

Entonces el chancho caballero, gallego…dijo: ¿Qué? …¡Mentís, no me habéis dado ni un solo maravedí por él, y ahora su Merced, respetuosamente pido que me dé mi padrillo o me devuelva mi plata. Por Dios ¡Cómo ha de hacerme pagar dos veces! ¡púchale!.

El Alcalde muy gravemente inquirió ¿tenéis testigos?

¡¡¡TESTIGOS!!...¡NO! ¡Ay! Por Dios, Jesús María. ¿Hacen Falta testigos? No tengo testigos.

Quien juzgaba, inquirió con serenidad a Don Pablo diciéndole: Usía, ¿Habéis recibido el dinero?

Juráis decir la verdad; el gallego extendiendo la mano, y besando la cruz dijo: Vuestra merced, juro; es una falsedad, “no recibí ni un solo céntimo”; este es un falsario, un ladino, un atrevido, exijo se lo juzgue en su categoría.

Don Plácido López ya no estaba tan plácido ni tan seguro, se levantó a increpar al gallego, los Cañaris lo contuvieron.

Entonces, Don José Marcellano de Anderas, haciendo y rompiendo toda regla, dijo: “Señores la causa esta abierta, siento que Don Plácido no podrá recobrar el semental, pero por lo menos necesita recuperar algo de su capital, Para volver a Provincia. En vista de ser un caso harto curioso, no contemplado en el Código de su majestad, propongo a la Sala hacer una colecta para compensarlo. La encabezaré yo mismo, con estos diez. Seguro estoy que hay entre los presentes algunos que deseáis imitarme…A ver Don Pablo… ¿No creo que Usía se atrevería a negarme un óbolo?

Señor Magistrado, replicó sonriente (viendo la cusa ganada a su favor), no deseo quedarme atrás de su Merced, aunque es tozudo el gañán, pues aquí van otros diez… Fue a ponerlas sobre la mesa de escribanía e inmediatamente el Señor Alcalde Ordinario y Juez de la causa, tomó las monedas en su mano examinándolas muy despacio, luego mirando fijamente al “gallego” le dijo:¡Pero cómo os atrevéis a exhibir moneda falsa ante un Tribunal de Justicia!...

¡Vamos, vamos! Bien sabéis que esto es contra la ley y tiene ¡pena de muerte! ¡Confiese su origen! Esta vez Don Pablo el gallego dejó su sonrisa burlona, pálido y muy sinceramente, luego de vacilar, viendo que los Cañaris se le abalanzaban dijo: Quien ha de confesaros todos esos delitos, es este gañán, ¡pues estas son las monedas con que me pagó!...

¡Ajá!... ¿Entonces confesáis que os pagó?...Pues entregadle ya mismo la bestia y Usía, tenéis arresto por falso testimonio.

¿Y las monedas…?

¡Ah!... ¡Las monedas!... os advertí que este era un caso muy especial, no contemplado en el Código, pero yo tenía un pálpito. Las MONEDAS son verdaderas y se quedarán como MULTA.

Archivo de la familia Losa Balsa

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