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    <body>&lt;IMG class=imgcen id=img_0 src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/fotoarte/compensaci&#243;n.jpg"&gt; &lt;FONT color=#009900&gt; &lt;DIV style="TEXT-ALIGN: right"&gt;&lt;FONT color=#009900&gt; &lt;DIV style="TEXT-ALIGN: right"&gt;&lt;FONT color=#009900&gt;"compensaci&#243;n". 1999
&lt;/FONT&gt;&lt;/DIV&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/DIV&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;FONT color=#ffffcc&gt;&lt;SPAN style="COLOR: #333333"&gt;&lt;EM&gt;&lt;FONT color=#ffff99&gt;Los que van m&#225;s adentro de la
superficie, h&#225;cenlo as&#237; a cuenta
y riesgo suyos.
Los que leen el s&#237;mbolo, h&#225;cenlo
as&#237; a cuenta y riesgo suyos.
Oscar Wilde.
&lt;/FONT&gt;&lt;/EM&gt;&lt;/SPAN&gt;
&lt;/FONT&gt;&lt;SPAN style="COLOR: #333333"&gt;&lt;STRONG&gt;&lt;FONT color=#ffffcc&gt;La idea de enfrentarnos a una obra de arte como si nos asom&#225;ramos a una ventana no ha perdido vigencia. Esta contin&#250;a siendo una de las m&#225;s v&#225;lidas y socorridas maneras de enfrentar la comunicaci&#243;n est&#233;tica: apelar a esa disposici&#243;n voyeurista a invadir espacios ajenos, a descubrir intimidades, a "adentrarnos" como prest&#225;ndonos a un juego pre-sexual.
De hecho, el mayor placer que suele experimentar el espectador com&#250;n es quiz&#225;s no tanto verificar bellas apariencias, como creer que venci&#243; los umbrales trazados por su interlocutor desde el arte. En cambio, el placer de un artista muchas veces radica no tanto en las trampas que urde auxili&#225;ndose del cr&#237;ptico mensaje de una imagen, sino en creer que nos ha enga&#241;ado. Artista y espectador se prestan entonces a una suerte de escarceo er&#243;tico, a un suave forcejeo por traspasar l&#237;mites.
Todos hemos experimentado alguna vez esa perversa curiosidad que despierta un rostro o, al menos, lo que ese rostro puede ocultar. Ante un retrato, por ejemplo, el p&#250;blico prefiere ignorar obvias revelaciones, dej&#225;ndose arrastrar por aspectos m&#225;s subjetivos que un ojo desinteresado o escrupuloso pasar&#237;a inadvertidos. Poco importa el dato expl&#237;cito, si logramos hallar el orificio por el cual podamos oportunamente fisgonear tanto el alma del retratado, como los m&#225;s &#237;ntimos pensamientos y pasiones del artista.
Un retrato es superficie y s&#237;mbolo, pero tambi&#233;n puede constituir una soluci&#243;n ideol&#243;gica para la construcci&#243;n de identidades y, por tanto, un ardid para elaborar sutiles disfraces. Precisamente &#233;stos son algunos de los elementos de los cuales se vale Deborah para armar una est&#233;tica del camuflaje. Solo que en el caso de esta artista los recursos para el enga&#241;o nacen de una ininterrumpida serie de inversiones de las convenciones comunicativas. Podr&#237;a afirmarse que Deborah simplemente le ofrece al p&#250;blico lo que &#233;ste siempre ha buscado; esa es su mejor trampa.
Deborah se exhibe deliberadamente; se coloca bajo la lupa del espectador, desafi&#225;ndole, provoc&#225;ndole a invadir sus secretos, dej&#225;ndole adivinar. A la tentaci&#243;n le sigue la duda. Y a la duda, la contenci&#243;n y el suspenso. El drama se acent&#250;a con los silencios y lo no dicho se convierte en algo tan importante como lo ya nombrado.
El autorretrato le permite a la artista personalizar a&#250;n m&#225;s este peculiar di&#225;logo. Pero para un p&#250;blico no avisado, enfrentar los autorretratos de Deborah es como "llegar y encontrar la mesa servida" y reconocer luego los confusos efectos de un espejismo. Sucede que en sus "ciberpinturas" se tocan los m&#225;s tradicionales conceptos y g&#233;neros del arte y las m&#225;s sofisticadas herramientas con que dispone la alta tecnolog&#237;a; sin embargo, todo en ellas apunta hacia los m&#225;s falsos &#225;ngulos de esos extremos. La l&#243;gica tensi&#243;n entre ambos resulta aqu&#237; un eficaz ingrediente del mensaje destinado a enfatizar la mentira como se&#241;uelo.
Para ella el "autorretrato" es parad&#243;jicamente un veh&#237;culo para engatusar al p&#250;blico en un juego de ilusiones, y no el inocente "desnudo" de su alma. Si algo hay de autobiogr&#225;fico en los autorretratos de Deborah es la m&#225;scara; no debe olvidarse que esta artista debe su formaci&#243;n en buena medida al mundo del teatro, medio en el que se ha desenvuelto durante varios a&#241;os. Sin embargo, su &#243;ptica sobre el drama se amplifica en su universo de referencias. La vida social es un conjunto de sobreentendidos, de los cuales Deborah hace un uso t&#225;ctico. Los artilugios esgrimidos por las conveniencias &#233;ticas e ideol&#243;gicas, por la masificaci&#243;n de la cultura, por la teatralizaci&#243;n del poder o por la despersonalizada perfecci&#243;n de productos provenientes de los avances de la inform&#225;tica, y hasta las normas convencionalismos sedimentados por la historia del arte, forman parte en su obra de una complicada madeja de significados que confluyen en un territorio com&#250;n: la ritualidad.
La supuesta veracidad atribuida al aspecto documental de la fotograf&#237;a es puesta en crisis una y otra vez por esta artista. El af&#225;n por "penetrar" a Deborah me lanz&#243; a buscar m&#225;s informaci&#243;n sobre su m&#233;todo de trabajo y pude ver las fotos que, despu&#233;s de scaneadas, le sirven de punto de partida a sus Deformaciones. Son comunes "Fotograf&#237;as de Estudio", que parecen tomadas para halagar la vanidad de un sensual rostro femenino. El documento inicial desaparece excluido por un desfile de rostros in&#233;ditos, cada uno de ellos un nuevo testimonio, cada uno una nueva y vers&#225;til Deborah. En un inicio me dej&#233; atrapar pensando que se trataba de una labor de a&#241;adidos. S&#243;lo despu&#233;s de observar y comparar detenidamente un grupo de obras, comprend&#237; que para producir sus autorretratos la artista va quit&#225;ndose la piel, desvisti&#233;ndose de armon&#237;as. Guiada por un impulso que tiene tanto de arqueol&#243;gico como de freudiano, Deborah va explorando sus m&#225;s rec&#243;nditas fantas&#237;as personales, excavando en su mundo interior, reubicando los fragmentos sueltos de diferentes momentos de su identidad. Puede presentarse a medias entre el delirio y la perplejidad, portando un grotesco y enf&#225;tico maquillaje que se confunde con desgarraduras, denunciando la impostura de una personalidad provisional y sustituible; o convertir en rid&#237;cula caricatura una goyesca pose de maja; o, bajo el t&#237;tulo Eros, hacer coincidir en el mismo lecho a dos Deborahs casi id&#233;nticas, que se acarician con lascivia y muestran con desparpajo su extenuado goce, convencidas de la presencia de una mirada intrusa.
Los m&#233;todos de seducci&#243;n de Deborah son dis&#237;miles. Hasta en el modo en que hace evidentes algunas huellas del proceso o en que convierte la situaci&#243;n creativa en asunto de algunos de sus trabajos, el espectador virtualmente se interpone en la ruta de Deborah, sustituyendo simb&#243;licamente sus fuentes de energ&#237;a. En una de las obras de esta serie un plug el&#233;ctrico, probablemente el de su ordenador, se alimenta de la artista. Pero la imagen puede ser vista igualmente de la siguiente manera: Deborah respira a trav&#233;s de esa conexi&#243;n. Una tercera opci&#243;n parece completar el ciclo: el p&#250;blico alimenta a Deborah. Tal parece que la artista se empe&#241;ara en reafirmar que las cosas no han cambiado tanto; la relaci&#243;n entre el creador y el espectador se expresa como el nexo entre un fisg&#243;n y un fisgoneado, pero ambos sitios son intercambiables. Ser&#237;a in&#250;til aproximarse con la ingenua esperanza de que conservaremos nuestro rol y nuestro lugar.
Deborah se coloca ante sus propios l&#237;mites, se asoma a su propia ventana. Algunos podr&#237;an llegar a afirmar que Deborah va en busca de sus propios demonios deconstruyendo su identidad y que nos arrastra en esa perversa trayectoria invit&#225;ndonos a recomponer su retrato. Yo preferir&#237;a decir que s&#243;lo exhibe sus m&#225;scaras --las m&#225;scaras que todos llevamos dentro--, como si la verdadera Deborah &#250;nicamente existiera en virtud de sus disfraces. Y &#233;ste es probablemente uno de los m&#225;s atractivos enfoques de la obra de la artista: la verdad es tan leve como la imagen en la pantalla del ordenador, inesperadamente modificada por el inquieto movimiento de un Mouse.

&lt;/FONT&gt;&lt;/STRONG&gt;&lt;EM&gt;&lt;FONT color=#ffcc00&gt;Eugenio Vald&#233;s Figueroa.
La Habana, 1999.&lt;/FONT&gt;&lt;/EM&gt;&lt;/SPAN&gt;

&lt;SPAN style="COLOR: #333333"&gt;&lt;EM&gt;&lt;/EM&gt;&lt;/SPAN&gt;
&lt;FONT color=#33cc00&gt;art.publicado en la revista de arte cubano, "La Gaceta de Cuba", N&#186;6 a&#241;o 2001
&lt;/FONT&gt;&lt;FONT color=#33cc00&gt;&lt;FONT color=#009900&gt;&lt;EM&gt;&lt;A href="http://www.soycubano.com/libros/nro_search1.asp?codigo=0864-1706"&gt;http://www.soycubano.com/libros/nro_search1.asp?codigo=0864-1706&lt;/A&gt;&lt;/EM&gt;

&lt;/FONT&gt;
&lt;/FONT&gt;&lt;A href="http://www.casamerica.es/es/otras-miradas/impacto-visual/arte-digital-en-cuba?referer=/es/otras-miradas/impacto-visual"&gt;&lt;FONT color=#006600&gt;http://www.casamerica.es/es/otras-miradas/impacto-visual/arte-digital-en-cuba?referer=/es/otras-miradas/impacto-visual&lt;/FONT&gt;&lt;/A&gt;

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Esta artista cubana, con carreras paralelas en Espa&#241;a y &lt;?xml:namespace prefix = st1 ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:smarttags" /&gt;&lt;st1:PersonName w:st="on" ProductID="la Isla"&gt;la Isla&lt;/st1:PersonName&gt;, ahora presente nuevamente en &lt;st1:PersonName w:st="on" ProductID="la Fototeca"&gt;la Fototeca&lt;/st1:PersonName&gt; de Cuba con sus sue&#241;os digitales, se ha elegido para s&#237; como figura central de sus im&#225;genes y a la vez ha optado por herramientas discursivas de enormes posibilidades creativas. Uno y otros caminos resultan indivisibles, porque de lo que se trata es de entablar un desaf&#237;o con la noci&#243;n que en estos d&#237;as se tiene de la realidad virtual.La aventura pl&#225;stica que es posible confrontar hasta la primera semana de septiembre no cae en saco roto. El arte digital vive un momento de auge entre nosotros y, lo m&#225;s importante, no se cultiva, como podr&#237;a pensarse, para estar al d&#237;a en la relaci&#243;n entre arte y tecnolog&#237;a de punta, sino como una facilidad instrumental para ampliar el diapas&#243;n expresivo. Ello se hace evidente tanto en la obra de adelantados como Fr&#233;mez y Luis Miguel Vald&#233;s como en la de los nuevos valores auspiciados por el Centro Pablo de &lt;st1:PersonName w:st="on" ProductID="la Torriente Brau.Las"&gt;la Torriente Brau.Las&lt;/st1:PersonName&gt; aproximaciones de D&#233;borah Nofret a estas t&#233;cnicas se nos revelan entre las m&#225;s audaces e incitadoras de la reflexi&#243;n. Su noci&#243;n de la "virtualidad" est&#225; concebida como un muy serio cuestionamiento de discursos donde los usos pol&#237;ticos, sociales y culturales del t&#233;rmino se han banalizado prematuramente. Cuando ella comenz&#243; a emplear como herramienta la infograf&#237;a, parec&#237;a participar de la moda. Pero un repaso detenido de aquellas y estas obras nos devuelve una imagen comprometida con un debate axiol&#243;gico que tiene que ver con el valor del arte como autorreflexi&#243;n y del mito del artista como punto de partida de su obra.Ella lo ha conseguido mediante un planteo sumamente raigal en la individualizaci&#243;n ic&#243;nica de su propia imagen. Su cuerpo no pretende m&#225;s que representar su cuerpo, m&#225;s all&#225; de las envolturas pixeladas y los grafismos inform&#225;ticos. Pero al mismo tiempo lo niega, le resta importancia: lo trasciende en otra dimensi&#243;n perturbadoramente dise&#241;ada. Es como si la "virtualidad" impl&#237;cita en la manipulaci&#243;n digital, se desmitificara.De manera que podemos entender esta propuesta como una operaci&#243;n que legitima un soporte y al mismo tiempo cuestiona una sintaxis. Ese h&#225;lito provocador define a D&#233;borah Nofret en una posici&#243;n privilegiada dentro del arte digital cubano. &lt;?xml:namespace prefix = o ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:office" /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;&lt;/H3&gt; &lt;P style="mso-outline-level: 4"&gt;&lt;SPAN style="COLOR: #ff9900; mso-bidi-font-weight: bold"&gt;&lt;FONT face="Times New Roman"&gt;Virginia Alberdi&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt"&gt;
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&lt;/FONT&gt;&lt;/STRONG&gt;&lt;SPAN style="COLOR: #ff0000"&gt;&lt;STRONG&gt;&lt;FONT color=#ffff33&gt;Interacciones y reclamos en la obra de Deborah Nofret.
&lt;/FONT&gt;&lt;/STRONG&gt;&lt;/SPAN&gt;
&lt;FONT color=#ffffcc&gt;Llega un momento en el que no podemos (enmascarar, atenuar) controlar el dolor, "la certeza, ya casi irrepresentable e indecible, de que se est&#225;, pero que ese estar es un estadio de arrojo permanente, una cuesti&#243;n de incertidumbre, de angustia y desasosiego". Todo comienza a dolerte: "El sentimiento de culpa, el remordimiento, todo comienza a apoderarse de ti, sientes una tremenda explosi&#243;n interior y todo, absolutamente todo comienza a dolerte". Se hace, necesario, entonces, trasmitir, expresar ese dolor, en una suerte de "exorcismo" liberador. La angustia aflora, irrumpe en un estallido, una explosi&#243;n que rompe, atraviesa y fragmenta. Las sensaciones se agolpan, los recuerdos, las dudas, la desolaci&#243;n, de un modo en el que se vehicula tambi&#233;n la "apertura hacia la libertad entendida como conformaci&#243;n de viabilidad".
En Fuera de m&#237;, la angustia "latente", el dolor "contenido" (de trabajos anteriores), estallan violenta, avasalladoramente. El propio v&#237;deo es como una pregunta, un cuestionamiento incesante, formando parte de ese proceso de b&#250;squeda, de indagaciones constantes, inherente al individuo, esa necesidad (obligada, imperiosa) de buscar otro(s) caminos. El ahogo, la incertidumbre es agon&#237;a "existencial" y "creativa", intento de romper con nuestros propios l&#237;mites, una especie de duelo, de insatisfacci&#243;n, de reclamo arremete con fuerza contra la imagen, impactan en la retina, hieren y se adentran de modo directo, desconcertante. Deborah Nofret ya no puede volver atr&#225;s (rompe sus propias ataduras) y deja que sus manos, su rostro expresen libremente, protagoniza esa fuga abismal ("locura de lo propio"), abierta e irremediable, transgrede todos los espacios y todos los tiempos, viaja hacia el &#250;ltimo camuflaje posible. Los pensamientos se agolpan, ideas, recuerdos y presentimientos se dan cita en este espacio, que deviene un singular desaf&#237;o, un reto no s&#243;lo hacia el mundo (hacia el poder y lo establecido c&#243;mo &#243;rdenes inamovibles), sino hacia el interior del sujeto, los propios dilemas y contradicciones de la subjetividad.
Intensas modulaciones de su imagen, del rostro, la mirada, brazos y manos que se agitan palpando los espacios, deshaciendo contornos en dibujos que conforman un paisaje ag&#243;nico, vertiginoso, en continuo movimiento, se enfrentan a la irrupci&#243;n de im&#225;genes est&#225;ticas, "n&#237;tidas", como expresi&#243;n de esas contradicciones del "yo", de esas complejas oscilaciones "entre lo interno y lo externo sin que sea enseguida posible alcanzar un punto de equilibrio. Una doble mirada como ha sugerido Derrida, divergente, estr&#225;bica: Un juego incesante de aqu&#237; y all&#225; tal como Freud intuy&#243; primero. Dentro de nosotros y fuera de nosotros, presencia y ausencia: paradoja de una intermitencia a salvaguardar". Obsesivas apariciones que se oponen y complementan, que interact&#250;an, otorgando nuevas fuerzas al discurso, abriendo necesarios intersticios de comunicaci&#243;n, como parte de este juego de transformaciones caracter&#237;stico de su obra, que va, del expresionismo altisonante a un estado de calma alucinada, de fluidez hedonista.
Deborah pareciera alertarnos sobre la necesidad de "estar en vilo, de aceptar este riesgo para evitar el peligro de quedar encerrados en nuestro interior o de quedar extra&#241;ados, tapiados en el exterior de nosotros mismos, en frente de una misma prisi&#243;n. Testigo de los l&#237;mites entre el "yo" y el mundo (de la fragilidad de nuestros l&#237;mites), de la distinci&#243;n espacial entre lo interior y lo exterior, entre lo psicol&#243;gico y lo antropol&#243;gico, entre el sujeto y la sociedad, experimenta la milagrosa experiencia de ser mediador de fuerzas apenas vislumbradas, ajenas a la voluntad de todos los planes, como parte de sensaciones a&#250;n desconocidas, de evoluciones por siempre impredecibles. El discurso cobra nuevas dimensiones, como si quisiera afianzar el hilo de una incertidumbre primera, ese umbral de indeterminaci&#243;n al que hay que volver, como si quisiera empezar una y otra vez desde cero, partiendo, al mismo tiempo, de aspectos reflejados en etapas anteriores: el complejo dise&#241;o de las identidades, las relaciones de "otredad"; el trabajo con t&#233;rminos "prestados", esos trozos inconexos de vida imbricados en el gran mosaico de la existencia cotidiana; posturas cr&#237;ticas frente a la incomunicaci&#243;n en una sociedad tecnol&#243;gica, hipercomunicada o reflexiones de orden antropol&#243;gico, social y pol&#237;tico.
El rostro, la mirada, expresiones y gestos se dirigen directamente a cada uno de nosotros. Desesperaci&#243;n, asfixia frente al mundo, frente al "otro", frente a los l&#237;mites (propios y ajenos). Un llamado, enf&#225;tico y urgente, intenso y ahogado en gritos y frases que no escuchamos: Un "ruidoso silencio" que posibilita la inclusi&#243;n de reclamos, m&#250;ltiples, infinitos, que ampl&#237;a los m&#225;rgenes de ese desacomodo psicol&#243;gico (que distingue al cuerpo posmoderno) y que implica la invocaci&#243;n de todas aquellas experiencias, recuerdos, pensamientos que hab&#237;an permanecido ocultos tras las trincheras de la normalidad. De este modo, se abre una posibilidad, que parte de asumir el propio sentimiento de incapacidad, de agotamiento, insensibilidad y esterilidad en los tiempos que vivimos y desde ah&#237; promover un llamado, una voluntad de acci&#243;n, un intento por abrirse al mundo o al menos denunciar esta "normalidad" hecha de barreras, ante la que quiz&#225;s podr&#237;amos apostar contra nosotros mismos, abrirnos paso a la locura y arriesgar: "En este ejercicio que es finalmente una pendiente, el "yo" no puede si no retraerse o debilitarse. Locura es esa p&#233;rdida de s&#237; por abrirse al mundo. &#191;Pero hay otro camino para hacerlo?".
La artista parte de su imagen, al tiempo que se desprende de ella, pierde la propia identidad, para conservar ese "nomadismo perpetuo", como expresi&#243;n de la "escena siempre provisional y transitoria, que refleja nuestro tiempo sin clausura, sin identidad fija, errante, sin rostro". Trasvestirse, multiplicarse, desdoblarse, desnudarse, ocultarse&#8230; La disoluci&#243;n del cuerpo y sus mutaciones deviene interface de conexiones diversas, m&#250;ltiples. El rostro y el cuerpo como centro, lugar donde acontecen procesos, intercambios, manipulaci&#243;n de referentes o conjunto de reclamos con respecto al mundo que nos rodea. Como tema y significante, como envoltura de la conciencia, como desarrollo de la identidad (testigo, de los l&#237;mites entre el "yo" y el mundo). El cuerpo entendido como un site, un lugar nada neutral, ni pasivo, sino m&#225;s bien obsesivo en el que convergen y se proyectan a la vez discursos cr&#237;ticos y pr&#225;cticas art&#237;sticas que nos llevan a hablar de la experiencia individual pero tambi&#233;n de un cuerpo social, de un cuerpo rasgado y exhibido como un espect&#225;culo, de un cuerpo pol&#237;tico, abierto a la esfera p&#250;blica de la experiencia.
Ya en momentos anteriores, su rostro, su cuerpo (o alg&#250;n otro fragmento de su anatom&#237;a) hab&#237;an servido de materia prima: "reproduci&#233;ndose en m&#250;ltiples representaciones manipuladas, integr&#225;ndose a un profuso entretejido de texturas, diluido en infinitas mediatizaciones de la m&#225;gica pantalla" (Ciberidentidades, 2000); "rastreando historias perdidas entre pueblos, atrapada en la arqueolog&#237;a de su esp&#237;ritu m&#225;s all&#225; de las acostumbradas expresiones de transculturaci&#243;n afro-antillana" (2002); insistentemente tatuados con c&#243;digos de barras, mensajes de texto, tel&#233;fonos fantasm&#225;ticos profundamente implicada en esa imagen procesual desde una apelaci&#243;n a los rituales (Preferencias Prestadas,(2000-2002); o entregado al rejuego iconogr&#225;fico basado en la historia del arte (Penitencias, 2003) y a la imborrable secuencia de artistas mujeres representando el cuerpo femenino.
La artista se crea a s&#237; misma, incesantemente, en ese proceso de indagaciones m&#250;ltiples que comienzan, por cuestionarse a s&#237; misma. Como en las fotograf&#237;as de Cindy Sherman), utiliza el arte, no para revelar el verdadero "yo", sino para evidenciar como es una construcci&#243;n compleja, imaginaria y ambigua: "agon&#237;a del yo", reconstrucci&#243;n de la identidad (de los roles y estereotipos femeninos) y su plasmaci&#243;n en el caos: "Un yo que ha estallado en diez mil pedazos y jam&#225;s se podr&#225; volver a reconstruir de un modo coherente". De ah&#237; este devenir continuo del cuerpo, del rostro de contornos fragmentados, de superficies y perfiles quebrados, que desaparece, absorbido diseminado, extraviado..., frente a su imagen "n&#237;tida", hedonista, "atrapada" en texturas, telas y ropajes, entresijos sem&#225;nticos y un conjunto de s&#237;mbolos, luces y sombras, el blanco y el negro. Composiciones donde diversos encuadres, la figura y actitudes de la artista se repiten, insistentes, componiendo una extraordinaria variaci&#243;n de collages (mezcla de figuraciones y abstracciones recreaciones "post-pict&#243;ricas"), repeticiones de im&#225;genes o fragmentos, dentro de "este repertorio crecido con tradiciones pl&#225;sticas recientes -del arte &#243;ptico a la imaginer&#237;a psicod&#233;lica- en una suerte de zona cultural "retro" y "post".

El retoque digital y la manipulaci&#243;n infogr&#225;fica, m&#225;ximos exponentes de esta representaci&#243;n modificada del cuerpo, erosionan cualquier atisbo de certeza y verdad, bajo esta imagen del cuerpo que ahora ya no se refleja ni reproduce, sino que por el contrario se desvirt&#250;a. El primer plano, el desenfoque, m&#233;todos que implican en s&#237; mismos una suerte de transformaci&#243;n en la representaci&#243;n, logran abrir la intensidad de una l&#237;nea de fuga, de retorno a lo desconocido, liberando a la vida (y la creaci&#243;n) de las coagulaciones que la cercan: "En esa senda el artista evoca siempre la polvareda y el estruendo del combate, de alguien que se aventura fuera de lo reconocible y seguro. Se trata de una violencia que se ejerce, para empezar, sobre s&#237; mismo, sometiendo la propia identidad a un rodeo salvaje para, desde el desierto, realizar una y otra vez la escandalosa elecci&#243;n de una existencia singular que carece de equivalencia".

El rostro, cabellera, manos (esposadas, recubiertas, extendidas), se convierten en manchas, formas, trazos que afianzan y transgreden los l&#237;mites, bajo "esa extraordinaria locura generalizada, en la cual la frontera entre lo interno y lo externo es un viejo muro que el tiempo no envejece, sino que m&#225;s bien parece robustecer". Como acertadamente se&#241;ala Pier Aldo Rovati: "La discreta locura que necesitamos es, por tanto la que nos permite ver (m&#225;s que sentir) este muro, y quiz&#225; llamarlo con su propio nombre. Y luego atrevernos a dar un paso fuera de la norma". Mensaje de liberaci&#243;n necesaria, de espacio para el ser y la forma, de irreverencia para la conducta y disfrute de los sentidos, la obra de Deborah Nofret, persiste en esa actitud "desobediente", en ese proceso de indagaciones, de cuestionamiento incesante, que lleva a "poner en entredicho la realidad", que permite a la vida de cada uno de nosotros abrirse hacia algo.

&lt;/FONT&gt;&lt;FONT color=#ffcc66&gt;Wendy Navarro Fern&#225;ndez.
Barcelona, Junio 2005&lt;/FONT&gt;&lt;/DIV&gt;&lt;FONT color=#ffcc66&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/DIV&gt;&lt;FONT color=#ffcc66&gt;&lt;/FONT&gt; 
&lt;FONT color=#009900&gt;&lt;STRONG&gt;&lt;FONT face=Arial&gt;&lt;SMALL&gt;

&lt;FONT color=#009900&gt;&lt;STRONG&gt;&lt;FONT face=Arial&gt;Publicado en el cat&#225;logo "&lt;/FONT&gt;&lt;/STRONG&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;FONT color=#009900&gt;&lt;STRONG&gt;&lt;FONT face=Arial&gt;Posthumous Choreographies &amp;amp; Other Optical Labyrinths"&lt;/FONT&gt;&lt;/STRONG&gt;&lt;/FONT&gt;

&lt;FONT color=#009900&gt;exposici&#243;n realizada en la galeria White Box NY. 2005&lt;/FONT&gt;&lt;/SMALL&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/STRONG&gt;&lt;/FONT&gt;

 &lt;FONT color=#009900&gt;&lt;STRONG&gt;&lt;FONT face=Arial&gt;&lt;SMALL&gt;&lt;FONT color=#009900&gt;comisariada por Fernando Castro Fl&#243;rez



&lt;/FONT&gt;&lt;/SMALL&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/STRONG&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;FONT color=#ffcc66&gt;




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