30
Oct
2009
ESCUCHAR ENTREVISTAS DEL PROGRAMA
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30
Oct
2009
30
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2009
30
Oct
2009
25
Mar
2009
UNA TARDE EN LA RADIO
Son mejores que el vino tus amores,
es mejor el olor de tus perfumes.
Tu nombre es como un bálsamo fragante,
y de ti se enamoran las doncellas.
He copiado aquí estos cantos del Rey Salomón, porque quiero que me quede en la memoria, el sabor y el olor del programa de hoy.
Si digo que ha sido un programa especial, estaré repitiéndome, pero es que lo ha sido realmente. Una mujer nos ha traído hasta el bosque de las palabras, una construcción, una estatua hecha con libros. Mi programa se hace con libros, pero nunca imaginé que también se podían construir formas, con sus dimensiones distribuidas en el espacio. Los libros, de esta manera, ocupan también el aire y no solamente son sus palabras las que nos hacen imaginar, sino que su forma externa, su olor su color, nos pueden hacer sentir, vibrar.
Insisto en la idea de Pessoa de que la vida no basta. No es suficiente. Con la vida no hay ni para empezar y necesitamos de nuestra imaginación, para llenar el vacío de nuestras ilusiones.
Otra mujer nos ha traído hoy al programa la literatura convertida en música. Quizás sea la música, más antigua que las palabras. Es posible que los seres humanos, anduviésemos canturreando antes de hablar. La música es vieja, es antigua, está en nuestro cerebro, y además hace vibrar el aire, lo transforma, lo moviliza a nuestro alrededor. Una mujer que canta poesías. Nos ha hablado de Lorca, de música.
Y una mujer más nos ha puesto los pelos de punta con su voz, hablándonos de la muerte. La muerte; esa pesadilla, ese desconocimiento absoluto, ese vacío infinito que nos espera, hoy tenía, en el bosque de las palabras, voz de mujer. La voz de una mujer que dice que no le gusta su voz, pero que nos hace temblar, después de cerrar los ojos para escucharla.
Y ha tenido que se un hombre, el que nos ha puesto las cosas en su sitio, y nos ha dado el toque mágico y carnal. El toque de la voluptuosidad que todos encerramos en nuestros cuerpos. Un hombre ha venido a recordarnos que, aunque la muerte nos esté esperando; que aunque todos seamos ríos que van a dar a la mar, podemos, mientras tanto, disfrutar de la vida y de nuestro cuerpo momentáneamente. Podemos imaginar que somos felices, por un instante. Un instante maravilloso, eso si.
Y mientras tanto, Diana, encerrada en la pecera de la radio y yo, mirándonos alucinados, hemos asistido mudos, con los ojos muy abiertos, a todo este espectáculo de creatividad e inteligencia. Hemos asistido a un espectáculo que, desde que comenzó, sabíamos que iba a ser irrepetible. Nunca más viviremos nada igual.
Gracias Maribel por cantar cuando parece que nadie canta ya,, gracias Alicia por hacer con los libros cosas inimaginables, gracias José Miguel por tu voz con los pies en la tierra, gracias Rosalía por tu maravillosa crónica desde Ohio, gracias Amparo por no creer en tu voz y hacernos soñar con ella.
Si me quedan por vivir muchas tardes de radio como la de hoy, no quiero saberlo. Quiero vivirlas.
FRANCISCO LEGAZ
06
Feb
2009
EL BOSQUE DE LAS PALABRAS
Os recomiendo entrar en el blog del programa de radio, dedicado al mundo de la literatura: "El bosque de las palabras". http://palabrasenelbosque.blogspot.com/
En el encontraréis, artículos y sobre todo entrevistas en audio, así como pesías recitadas, por importantes poetas.
Muchas gracias.
Francisco Legaz
02
Abr
2008
MICROCUENTOS
MICRO RELATOS, MICROCUENTOS, Y OTRAS MENUDENCIAS
A Monterroso le dieron el príncipe de Asturias. Y además es el autor de el cuento más breve de la historia de la literatura. Dice así:
«Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí»
Max Aub, escribió otro micro relato que para mi es aún mejor incluido en su libro “Crímenes ejemplares”. Dice así: «Lo maté porque era de Vinaroz»
Pero en esto de los microcuentos, ya hay material para hacer enciclopedias. La verdad es que me parecen geniales, y algunos son realmente evocadores de miles de cosas. Ahí van algunos ejemplos:
«La mujer que amé se ha convertido en fantasma. Yo soy el lugar de sus apariciones».
«Dos caballeros comparten el vagón de un ferrocarril. Yo no creo en fantasmas, dice uno de ellos. ¿De veras?, responde el otro. Y desaparece».
«Dejó de fumar, pero reincidió porque le seguían los ceniceros hambrientos». Este es de Gómez de la Serna.
«Todas las mañanas llego a la oficina, me siento, enciendo la lámpara, abro el portafolios y antes de empezar la tarea diaria, escribo una línea en la larga carta donde, desde hace seis años, explico minuciosamente las razones de mi suicidio». Y este es de Luis Mateo Diez
Este está escrito por el padre de la Wikipedia Jimmy Wales: “Sí, tú puedes editar esta biografía”
Este me gustaría, por la edad coincidente, haberlo escrito yo: “Cincuenta años, existencia de Dios improbable”
Y Por fin yo le doy el premio máximo a este: “no es como lo había imaginado”. Me encanta.
Para terminar, y especialmente dedicado a Astrofísicos, ahí va este de Monterroso. No es un micro relato, pero casi. Es muy bueno, y os recomiendo que perdáis los escasos cinco minutos que se tarda en leer:
El eclipse
Cuando fray Bartolomé Arrazola se sintió perdido aceptó que ya nada podría salvarlo. La selva poderosa de Guatemala lo había apresado, implacable y definitiva. Ante su ignorancia topográfica se sentó con tranquilidad a esperar la muerte. Quiso morir allí, sin ninguna esperanza, aislado, con el pensamiento fijo en la España distante, particularmente en el convento de los Abrojos, donde Carlos Quinto condescendiera una vez a bajar de su eminencia para decirle que confiaba en el celo religioso de su labor redentora.
Al despertar se encontró rodeado por un grupo de indígenas de rostro impasible que se disponían a sacrificarlo ante un altar, un altar que a Bartolomé le pareció como el lecho en que descansaría, al fin, de sus temores, de su destino, de sí mismo.
Tres años en el país le habían conferido un mediano dominio de las lenguas nativas. Intentó algo. Dijo algunas palabras que fueron comprendidas.
Entonces floreció en él una idea que tuvo por digna de su talento y de su cultura universal y de su arduo conocimiento de Aristóteles. Recordó que para ese día se esperaba un eclipse total de sol. Y dispuso, en lo más íntimo, valerse de aquel conocimiento para engañar a sus opresores y salvar la vida.
-Si me matáis -les dijo- puedo hacer que el sol se oscurezca en su altura.
Los indígenas lo miraron fijamente y Bartolomé sorprendió la incredulidad en sus ojos. Vio que se produjo un pequeño consejo, y esperó confiado, no sin cierto desdén.
Dos horas después el corazón de fray Bartolomé Arrazola chorreaba su sangre vehemente sobre la piedra de los sacrificios (brillante bajo la opaca luz de un sol eclipsado), mientras uno de los indígenas recitaba sin ninguna inflexión de voz, sin prisa, una por una, las infinitas fechas en que se producirían eclipses solares y lunares, que los astrónomos de la comunidad maya habían previsto y anotado en sus códices sin la valiosa ayuda de Aristóteles.
01
Abr
2008
AMOR POR LA LITERATURA
HAY QUE ESTAR MUY LOCO O MUY LOCA PARA AMAR ASÍ A LA LITERATURA. ELLA QUEDÓ DE ESTA FORMA.
01
Abr
2008
UN LONGO VIAJE . http://franciscolegaz.blogspot.com/
http://franciscolegaz.blogspot.com/
Un longo viaje....
Me gusta mucho viajar. Tanto es así que muchas veces he dicho que me gasto todo lo que gano en viajes.. y en cierto modo es verdad. Por eso decidimos, hace unos años, comprarnos una caravana. Primero fue una de segunda mano pequeñita, para probar y como nos gustó tanto, al final nos compramos una nueva más grande. De esta forma, antes en tienda de campaña y ahora en caravana con cama de matrimonio de uno cincuenta... nos recorremos todos los veranos Europa. El país que más nos gusta es Francia. Yo digo que Francia es el paraíso de las vacaciones, por el clima y por la calidad de sus alojamientos. En concreto los campings franceses son el no va más del lujo y la dignidad. Están llenos de gentes de todos los países y según pasan los años, nos encontramos cada vez más a personas de países más lejanos, pero lo que nunca falla es el lago y los patitos. Este año, por ejemplo, hemos visto a muchas personas de países como Hungría, Eslovaquia, Suecia, Dinamarca, Grecia, etc. Esos si que hacen kilómetros, pero se ve que esto de viajar es como un gusanillo que te come por dentro. El primer día pusimos el despertador a las cinco de la mañana, pero algo falló, porque nos despertamos a las diez tan tranquilos. Así es que salimos de viaje desde Madrid y pasamos la primera noche cerca de la frontera, en un pueblo que se llama L´Escala en Gerona. El personal que te atiende es Holandés, porque resulta que curiosamente ese camping está lleno de Holandeses mayoritariamente. No tengo ni idea de porque. Esa primera tarde, allí por fin instalados, saqué mi primer libro para el viaje y me puse a leer un ratito, no mucho. Se trata de un libro de antropología de Julio Caro Baroja, sobrino de Don Pío; un señor estupendo, al que da gusto leer, por su cultura y sus buenas maneras literarias. Recuerdo que hace muchos años, me compré otro libro de él llamado “FISIOGNÓMICA”. Se trataba de un curioso estudio sobre la relación que se estableció en el siglo XIX entre el aspecto físico y los rasgos del rostro en concreto, y el carácter psicológico del portador. Por esta pseudociencia, se llegó a condenar en los tribunales a algunas personas, por su cara de asesino por ejemplo. Julio Caro Baroja es Antropólogo y además de los buenos, según yo lo veo. Leí unas veinte páginas y cansado del viaje lo dejé con la página doblada en su extremo, que es como marco yo por donde voy. Nos fuimos a pasear por la playa en la que había algunos surfistas de los que van con una cometa cabalgando sobre las olas. Pienso que me gustaría tener menos años para probarlo.
Al día siguiente viajamos hasta San Remo. El camping está junto a la ciudad que no es muy grande. Desde la autopista hay que bajar una endiablada cuesta llena de curvas, propia de la geografía de la zona, y mientras la bajo lentamente, pienso en el festival de música. Al día siguiente habrá que subirla con la caravana. El camping está, como casi todos, en un lugar muy bonito, junto a la playa. Lo primero que me llama la atención de Italia, son las playas amuebladas. Nos quejamos en España, pero allí parece aún peor. En San Remo, para bañarte, tienes que tomarte algo en el chiringuito que tiene la concesión. En fin. Pusimos la caravana, justo al lado de unas rocas en las que rompían las olas, de forma, que de vez en cuando te salpicaba el agua del mar. ¿Se puede pedir más? La peguita fue que el coche, se me llenó de salitre durante la noche, y al día siguiente hubo que lavarlo. Me pasé un par de horas con Caro Baroja mientras me iba salpicando el mar. Apunté varias frases en mi libreta, que luego recuperaré en mis escritos, como por ejemplo una que me gusta mucho: “la clave del método es la persona”. El año pasado me leí “conversaciones en Itzea” también de este autor, escrito en conjunto con otros. Cuando me cansé, leí algo del librito que me tocó en nuestro último encuentro. Es de Stevenson y ese si que tiene enjundia literaria. Por cierto que este hombre, comenzó estudios de ingeniería naútica. Nada más propio que leerle mientras te salpican las olas. Hace años me leí uno de sus libros de viajes: “Viajes en burro por las Cevanness” o algo así... que me encantó. Recuerdo una frase que apunté que decía: “yo no viajo por ir a alguna parte sino por ir”, es decir que en esto, Stevenson y yo somos de la misma cofradía. La idea de viajar por el viaje en si, es muy recurrente. Por ejemplo, le preguntaron a Borges “¿qué opina vd. de los viajes espaciales?” y él contestó: “Mire señorita, cualquier viaje es espacial”. Y así ando yo moviéndome por el espacio. En este camping de San Remo, resultó que había unas piscinas con dos enormes toboganes de agua con curvas, y esto retrasó nuestro viaje por un día más, ya que nos acompaña Francisco que tiene nueve años y una extraña afición a dejarse caer por estas húmedas rampas, por lo que decidimos quedarnos un día más allí. Y por fin nos lanzamos por la rampa de la carretera hacia Venecia. Cruzamos ciudades que suenan a fábricas de automóviles o a quesos y al fin, cuando caía la tarde, aterrizamos en las proximidades de aquella ciudad misteriosa. Acampamos en un bonito y enorme camping que está justo enfrente de Venecia, en el Lido, al lado de Punta Sabioni, que es en donde se toman los barcos o la “nave” como dicen ellos, que cruzan a Venecia, cosa que hicimos al día siguiente. Durante todo el viaje de ese día, me dio por escuchar a Franco Battiato en el coche, que para mi es un equipo de música con ruedas. Tengo muchos discos de este autor y sus letras me parecen increíblemente reveladoras.. “e ti vengo a cercare con l´escussa de do verte e parlare, porque e bisogno de la tua presenza, pero capire meio la mia essenza”... que me perdone Italia, porque en este caso la ortografía es de puro oído, pero creo que se entiende lo que quiere decir. Para cruzar Francia, siempre nos ponemos a Moustaki.
En Venecia se puede escuchar perfectamente el tango que dice que veinte años no es nada. Venecia no cambia nunca. Estuve en otras ocasiones hace más de veinte años y todo sigue igual. El gran canal, las góndolas, los puentes como el de Rialto o el de la Academia, los museos y los edificios, el café Florian en la plaza de San Marcos, las palomas. Y así un larguísimo etc. Porque Venecia es una ciudad llena de miles de detalles, que permanecen en el tiempo. Me molestaban los turistas con sus cámaras digitales, captándolo todo. Yo mismo era uno más de ellos, aunque al menos yo no entro nunca en los museos. Me causan cierto rechazo. No soporto las colas enormes por las calles de Venecia por ejemplo. Todo el mundo en pantalón corto, esperando su turno para la visita apresurada por las salas. Todos buscando padecer el famoso síndrome de Stendhal, que consiste en sufrir vértigo, confusión y alucinaciones, como le pasó al escritor, al enfrentarse a una sobredosis de belleza. Cuanto darían muchos por vomitar mareados en un callejón. Pero la realidad es que nadie se impresiona por nada. A lo más que aspiramos es a bebernos botellitas de plástico llenas de agua y a que nos duelan las piernas. Mi aportación a la ausencia de originalidad turística, consiste en comprar versiones del Quijote de los países a los que voy. No tenía el de Italia, así es que decidimos comprar el Quijote en Italiano en Venecia, porque nos pareció un buen lugar para ello. Y así lo hicimos. Entramos en la librería Mondadori y la librera que nos atendió, una guapa chica, no dudó ni un instante. Nos acompañó a la segunda planta, y nos dio a elegir dos versiones. Elegimos la más económica, ya que nos pareció suficiente. También me compré una bonita libreta, tamaño cuartilla, de color negro, de las que siempre utilizo para anotar lo que se me va ocurriendo o voy encontrando por ahí. En la misma puerta de la librería, me senté en un escalón de piedra, y escribí en la primera página del Quijote en Italiano, los datos de la librería, y la fecha en la que lo compré. Lo hago siempre así. Le explico a Francisco lo del Síndrome de Stendhal. Lo entiende perfectamente porque él también lo sufre cuando ve a su madre, Y yo cuando les veo a los dos. Todos sufrimos de esos vértigos.
Por fin nos decidimos a abandonar Venecia, y nos ponemos manos a la obra con nuestro viaje de regreso. La Ilíada y la Odisea. También le explico esto a Francisco, y como pinchamos en dos ocasiones, una con el coche, y otra la caravana, llega a la conclusión de que los Dioses no quieren que regresemos. Menos mal que llevamos con nosotros a nuestra Penélope, con lo que no tiene que molestarse en tejer y destejer como tonta. A nosotros, estando juntos, los dioses nos dan igual. No llevamos rueda de repuesto de la caravana, con lo que nos exponemos a pinchar de nuevo, sin poderlo solucionar. Estamos expuestos a tantas cosas, que es mejor no pensarlo. Cruzamos Italia en un día, y ya de nuevo en Francia, caemos rendidos en una bonita ciudad cerca de Mónaco. Como son las cinco de la tarde, decidimos pasear por la playa, para que el aire y las olas nos sacudan los kilómetros de encima. En Francia las playas no están amuebladas. Parecen salvajes y de hecho, la mayoría lo son, con lo que la sensación de estar en medio de la naturaleza allí es mayor que en otros lugares. Los franceses nos saludan con su bon jour que dura todo el día. Dejan el bon soir para la soiree. Parecen muy educados y siempre amables. Me gusta la gente educada y sonriente. No me gustan los malhumorados o los dolidos. Miro a Francisco, que viaja en el asiento de atrás, y siempre me sonríe. Hace bien si quiere gustarme.
Queremos pasar dos o tres días en Francia, en un lugar que nosotros llamamos “la Manga”. Cerca de una bonita ciudad llamada Sete, que tiene un puente giratorio, que gira sobre si mismo para que pasen bonitos y altos barcos, está nuestra manga. Es estrecha y larga como la Española, pero no hay ni un solo edificio. Una inmensa playa de veinte kilómetros es lo único que te encuentras por allí. Por la noche en el camping, en mitad de esa manga desierta y solitaria, hacen una especie de fiesta. Actúa un fakir que habla en Francés. Traga fuego, se tumba en una cama de clavos de punta y hace cosas para lesionarse sin llegar nunca a conseguirlo. Francisco se tiene que tapar los ojos con las manos para no ver el horror, pero se deja los dedos entreabiertos por si acaso puede soportarlo. Estamos tan cerca del escenario, que cuando se pone a escupir fuego, nos tiene que pedir que nos apartemos, para que no nos salpique la gasolina que arroja por la boca. Cuando yo era pequeño actuaba en el circo que ponían todos los veranos junto a mi casa, un fakir que se llamaba “Dajatorta”. Cuando me hice mayor, me di cuenta de que dicho al revés, su nombre era Tortajada. Perdí la ilusión para siempre. Francisco me ha dicho que lo mejor del viaje ha sido el fakir. Yo le he dicho que los papas somos un poco fakires todos.
He terminado los tres libros que llevaba para el viaje. El de Stevenson, el de Vargas Llosa y el de Caro Baroja. Tengo mucho que aprender. Hoy estoy trabajando.
FRANCISCO LEGAZ NIETO
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