14 Jul 2012
El Estado de Excepción.
Cuando el suelo arde bajo nuestros pies salimos pitando de casa, no preguntamos el tiempo que hace fuera. Hubo que salir de Alemania Nazi, los que se quedaron lo pasaron fatal. También hubo quien huyó de Franco. Los que lucharon contra los nazis desde fuera de Alemania pudieron hacer más que los que desde fuera de España lucharon contra Franco. Pero ¡a qué precio! Algunos jóvenes se van de España, hasta los hay que se van de Europa. ¿Tan caliente está ya el suelo bajo nuestros pies como para no preguntar por el tiempo que hace fuera?
Cataluña fuera de España es una fantasía. España fuera del euro otra. ¿Por qué? Porque no nos van a dejar. Así que por qué no buscamos otras para resistir. El que te obliga a hacer lo que debes hacer deja en el aire qué pasaría si no lo hicieras. Eso es lo primero que hay que averiguar, tanto en el uso de la desobediencia civil como en el de la violencia: qué harán los del otro lado. Porque en el otro lado hay alguien. No se puede pensar que el otro va a mover pieza pensando en lo mejor para nosotros.
Aumentar el desorden, darle una patada al motor clavado de la democracia para ver si así acierta a cambiar de constitución, no de partido en el poder, algo en lo que cabe pensar cuando soñamos en desobedecer. Dice Rawls que la desobediencia civil es un acto público, no violento, consciente y político, que es contrario a la ley y que normalmente se hace con el objetivo de lograr un cambio en la ley o en la política del gobierno.
Antes de embarcarse en un acto de desobediencia civil debemos, según M.L. King: Informarnos de los hechos, la injusticia de los hechos que nos llevan a esta acción, contrastarlos adecuadamente, considerar cómo pueden cambiar por lo que vamos a hacer. Negociar a muerte apurando todas les medidas legales a nuestro alcance. Examinarnos para precisar si somos lo bastante fuertes para aguantar lo que se nos viene encima, por ejemplo una violencia a la que no podremos responder, una prisión que no debe quebrantarnos. Y finalmente: Hacerlo, y mantenernos firmes en ello, sin dar marcha atrás.
Sin embargo al tomar parte de actos de desobediencia civil, no renuncia uno indefinidamente a la idea de resistencia violenta; pues si repetidamente se hacen oídos sordos a la apelación contra la injusticia, entonces la mayoría ha declarado su intención de invitar a la sumisión o a la resistencia, y es concebible que esta última pueda estar justificada incluso en un régimen democrático.
No se nos exige que aceptemos el quebrantamiento de libertades fundamentales por mayorías democráticas que se han mostrado ciegas a los principios de justicia en los que descansa la justificación de la constitución. Hacer lo que dicta la ley o la costumbre o lo que uno cree que es justo, eso es clave. No hay nadie que no tenga el derecho de desobedecer.
Gobernar consiste en declarar el Estado de Excepción. Es en lo que estamos este verano. Y todos dicen que no ven su final. Pero un estado de excepción permanente y generalizado quita a la excepción su estado excepcional y lo convierte en otra cosa: ”¿Cómo afirma un hombre su poder sobre otro, Winston?” Winston reflexionó. “Haciéndole sufrir” dijo. “Exacto, haciéndole sufrir. Con la obediencia no basta”. (De 1984). Ante el Estado de Excepción la desobediencia civil parece obligada.
Sólo el niño o el esclavo obedecen; el ciudadano decide libremente si una ley merece o no su apoyo... Obedecer la ley es necesariamente apoyar al gobierno y ayudarle a permanecer en en poder. Al obedecer las leyes de la Alemania Nazi, los ciudadanos comunes que acataban las leyes ayudaron a mantener el aparato totalitario del terror. Este gobierno, al amparo de esta constitución, intenta sujetarnos la manos para que los bancos europeos puedan beneficiársenos. Si con una renta per capita mucho menor no podemos mantener un nivel de ejemplaridad universalizable, al mundo ya no le quedará más modelo en el que mirarse que Cuba. Los europeos ricos de los países pobres de Europa están sacando su dinero de los bancos. Las ratas huyen, el modelo se hunde, hay que salir de este mal hacer las cosas cagando leches. El tiempo que hace fuera da igual.
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helenacomite dijo
"Antes de embarcarse en un acto de desobediencia civil debemos, según M.L. King: Informarnos de los hechos, la injusticia de los hechos que nos llevan a esta acción, contrastarlos adecuadamente, considerar cómo pueden cambiar por lo que vamos a hacer. Negociar a muerte apurando todas les medidas legales a nuestro alcance. Examinarnos para precisar si somos lo bastante fuertes para aguantar lo que se nos viene encima, por ejemplo una violencia a la que no podremos responder, una prisión que no debe quebrantarnos. Y finalmente: Hacerlo, y mantenernos firmes en ello, sin dar marcha atrás".....
efectivamente, a mi me da miedo lo que se nos viene encima si desobedecemos...
un magnífico post....
estado de excepción
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