28 Jul 2014

Lo real de nuestra inteligencia enjambre.

Escrito por: franciscosanz el 28 Jul 2014 - URL Permanente

Se nos dijo que el pulular de los hikikomoris en la red no iba a traducirse en ningún enjambre, que la brecha entre el mundo virtual y el real era una brecha real. Que la sociedad del cansancio y la transparencia no podía desembocar en nada. “Podemos” es la excepción. La prueba de que esa hipótesis es falsa. Si en las próximas elecciones el deseo de los indignados se traduce en un partido de gobierno eso será la revolución, con independencia de que puedan hacer lo que dicen que harán si mandan, que eso es otra cosa.
Nos hemos cansado de leer y escribir acerca de lo que está mal, de proponer alternativas, de leer nuestras propias paridas. Ahora se trata de darse cuenta de que los del mundo real han entrado también en el mundo del otro lado del espejo para hacernos la guerra. De que el frente se ha desplazado, de que se nos han colado dentro de la red y de la cabeza. Que el secreto de la deformación por los media, de la explotación capitalista sin dominación es que te conviertas en tu propio editor, en tu propio explotador.
Borges una vez nos contó un cuento: Érase una vez un tiempo en el que el mundo de los espejos y el de los hombres no estaban aislados entre si. Eran, además, muy diferentes: ni los seres, ni las formas , ni los colores coincidían. Los dos reinos, el de los espejos y el de los seres humanos, vivían en paz, Se entraba y se salía de los espejos. Una noche, la gente de los espejos invadió la tierra. Su fuerza era grande, pero después de sangrientas batallas, las artes mágicas del Emperador Amarillo prevalecieron. Rechazó a los invasores, los aprisionó en los espejos y les impuso la tarea de repetir, como en una especie de sueño, todas las acciones de los hombres. Les privó de su fuerza y de su figura y los redujo a simples reflejos serviles. Un día, sin embargo se liberarán de este letargo mágico... Las formas comenzarán a despertarse. Diferirán poco a poco de nosotros, nos imitarán cada vez menos. Romperán las barreras de cristal y esta vez no serán vencidas.
Antes de que el entramado de silicio en el que estamos nos hubiera hallado por fin un nosotros, hubiera dado realidad a nuestro enjambre digital, Andy Lewis había publicado Get back to me soonest, un cuento en el que asistimos a las consecuencias depresivas de la exageración del narcisismo de los hombres que han dejado de trabajar porque la automatización ha conseguido que las máquinas hagan todo el trabajo que hacían antes los hombres.
Para salvar la situación se hacen transparentes los muros de las fábricas para que los hombres puedan, viendo lo bien que hacen las cosas satisfacer su curiosidad. Durante un tiempo funciona, pero finalmente los hombres se cansan del espectáculo y empiezan a sabotearlas. Entonces en protagonista del cuento crea y realiza su proyecto. Las gentes pueden volver a trabajar, a preocuparse por el dinero y vuelven a estar ocupados y satisfechos y la depresión cesa. En realidad hacen muy mal las cosas, y son los robots los que los que cargan con el trabajo extra de desmontar lo que han hecho de manera cada vez más chapucera y presentarlo como bien hecho, como hecho a mano.
Y así hay dos producciones: Una abierta y económicamente inútil, y otra secreta, la real. Durante un tiempo nadie sospecha acerca de la verdadera situación de las cosas. Todos creen que simplemente ha crecido el número de ramas de la producción que emplean seres humanos. De hecho el número de este tipo de trabajos, incluidos los intelectuales se reduce de día en día. Al final el propio autor del gran proyecto empieza a dudar de si su trabajo tiene alguna utilidad real o si alguien, o más exactamente algo, está doblándole, haciendo su trabajo por él.
Es un tema que se ha repetido en ciencia ficción. El que podamos hacer lo que queremos tiene un problema: Muchos de nosotros lo que queremos es destruirnos. Supongo que nuestros dobles monstruosos es mejor que sigan al otro lado del espejo, o que lo real de nuestra inteligencia enjambre vele por nosotros, nos ponga a salvo de nuestros deseos de romperlo todo, de acabar con nosotros, de hacerlo antes con los demás, como esos asesinos que matan a su pareja o a su familia antes de fracasar en su intento de suicidio.

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El summun del amor corrompido.

Escrito por: franciscosanz el 28 Jul 2014 - URL Permanente

Nos dicen que es por el austericidio por lo que nos empiezan a ir mejor las cosas. La segunda parte del mensaje es que los sacrificios de los españoles son los que han hecho posible la buena marcha de los negocios. Que el desorden que pretendemos imponer los protestones hace imposible el aumento de la población activa. Sólo hace falta que volvamos aquello de Goethe de que la injusticia es mejor que el desorden.
Barenboim se atreve a decir que a palestinos e israelíes les falta compasión para entenderse. Se atreve incluso, ya que habla en primera persona como israelí y palestino, a citar Schopenhauer, “no hay nada que nos devuelva a la senda de la justicia con tanta rapidez como la imagen mental de las dificultades, la aflicción y los lamentos del perdedor”. La verdad es que lo que no es amado es, en la práctica, tratado con injusticia. Y la verdad es que esos tíos no se quieren. Ojalá no nos pase a nosotros. Hubo un tiempo que entre nosotros tampoco nos queríamos. Luego vino la guerra civil. Un nuevo desorden amoroso. El plus de injusticia contra la que advertía aquel alemán.
Unos y otros se pelean por un terreno. Es una conflicto de vecindad. Las expresiones “vecino” y “enemigo” fueron originariamente casi sinónimas. En ningún lugar del mundo eso sigue siendo verdad como en Palestina. Lo que resiste la universalidad es la condición inhumana del vecino. Es por esta razón que encontrarse en la posición de querido es tan violenta, incluso traumática; ser amado hace que sientas directamente la brecha que existe entre el ser que creo ser y esa indeterminada y fantasmal “X” que hace que el otro te quiera. Hemos de convertirnos, decía Nietzsche, en buenos vecinos de las cosas más cercanas. La más difícil de las administraciones, la de la distancia.
No sé si la universalidad que pretende la globalización es buena. Creo que fue Montaigne el que dijo que había encontrado a lo largo de sus viajes españoles, gitanos, italianos, ingleses… pero nunca un hombre. Diógenes decía ir con una lámpara por las calles durante el día y la noche para ver si encontraba uno. Supongo que ser a la vez israelí y palestino es más difícil que nunca viendo cómo se lo están pasando los palestinos. Que hoy no somos hombres, somos palestinos. No es posible ser un hombre mientras el vecino siga tan jodido. O pretenda seguir jodiendo. Nos volvemos apaches, enemigos.
¿Cuál es la dimensión óptima de una mente, de una persona? ¿Para llegar a ser y mantenerse siendo qué? ¿Para formarse y defenderse cuál es la de una familia, comunidad de vecinos, barrio, ciudad o nación? Aristóteles decía que un estado grande y poblado era casi imposible que estuviera regido por buenas leyes. Que en una gran república el bien colectivo se sacrifica por mil consideraciones, se subordina a muchas excepciones y es vulnerable a los caprichos individuales; en una pequeña república hay un sentido más fuerte del bien colectivo, se es más consciente de él, está más cerca de cada ciudadano. El grado de unión de las pequeñas repúblicas dicta su supervivencia a las grandes de fuera. Pero si la unión es estrecha se convierte de hecho en una grande. Despotismo desde dentro o peligro por ser invadido por los de fuera. Elige.
Israelíes y palestinos deberían celebrar sus diferencias, no intentar reducirlas. Una de las formas del amor corrompido es el amor identitario. El amor a más de lo mismo, a la familia, vecindad, raza o nación. Gente encantada de haberse conocido, mafiosos, corporativistas, patriotas o gente de tu propio partido o religión... Deberían saber de la aventura, crecimiento, descubrimiento de Whitman enamorándose de lo extranjero, del extranjero. O de Zarathustra predicando no el amor al prójimo sino a lo lejano, al lejano.
El summun del amor corrompido, el amor a lo mismo, a más de lo mismo, a hacer lo mismo, a ser el mismo. Una vez un amigo me dijo que las buenas vallas hacen buenos vecinos. Ahora somos vecinos. No hemos puesto vallas entre nosotros, seguimos sin parecernos en nada, podemos acercarnos mucho el uno al otro sin pasarnos a su bando. Las vallas duelen, duelen los malos vecinos, duelen las guerras: “Esta es ¡oh monjes! la noble verdad del dolor: el nacimiento es dolor, la enfermedad es dolor, la vejez es dolor, la separación de lo amado es dolor, la unión con lo no amado es dolor”.

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Un nosotros de consideración.

Escrito por: franciscosanz el 28 Jul 2014 - URL Permanente

La columna vertebral de nuestra sociedad es su suciedad, nuestro mundo desemboca en el contenedor de basuras. La tormenta perfecta es una tormenta de mierda. Shitstorm que consigue hacer realidad aquella broma de los primeros tiempos de los ordenadores. “Da basura y te la devolverán más pura”. La cuestión no es seguir navegando en la tormenta sino no hundirse con ella. La cuestión es si las olas de información e indignación no acaban hundiéndonos en el anonimato, son capaces de transformar nuestro enfado en ira, de generar nosotros. Un nosotros de consideración.
La cuestión nosotros es el único problema, el resultado de todos los problemas del mundo y la captación de este problema propio y nuestro en todo, la apertura absolutamente necesaria de las puertas que permiten el regreso a casa es el principio fundamental de la filosofía utópica. La cuestión nosotros es un asunto sentimental, no un asunto racional. Hasta que no dejemos de ser analfabetos emocionales, ser racionales puede no ser razonable. La razón es una linda muchachita de servir a la espera de que se le diga lo que tiene que hacer. En política cada vez resulta más importante saber cómo te sientes que qué piensas. Supongo que sentirse asqueado no ayuda a pensar bien.
¿Que transformaciones sociales y personales hacen posible que las personas aceptemos una concepción del universo que no sólo es emocionalmente decepcionante, sino que además contradice nuestros propios sentidos? La ecuación empleo, trabajo estable, integración ha dejado su lugar al retardo indefinido del paso a la edad adulta, educación permanente e inmadurez social y emocional. Se nos quiere antes hijos nuestros que padres de otro. La vida perdurable. Los vendedores nos han enseñado que necesitamos vendernos cosas como si fuéramos seres racionales. Los clientes necesitan una excusa racional para justificar sus decisiones emocionales, por lo tanto el vendedor nos ayuda a incluir siempre una. Si aquello a lo que propiamente habría que reaccionar se torna desmesurado, también nuestra capacidad de sentir desfallece.
Nos convertimos en “analfabetos emocionales” que enfrentados a “textos demasiado grandes” son ya incapaces de reconocer que lo que tienen ante sí son textos. Seis millones de muertos de hambre no es para nosotros más que un simple número, mientras que la evocación del asesinato de cientos de personas en un accidente aéreo o un raid imperialista ya empieza a causar alguna resonancia en nosotros, y el suicidio de un pariente nos llena de horror. El enfado, la indignación no nos sacan del anonimato, no consiguen que seamos nosotros, hace falta una cierta cólera para recuperar los nombre y dos apellidos de nuestra ciudadanía. La intensidad importa.
Aunque el espanto una, el espanto no basta. Es más, impide que cuaje la masa, seguimos siendo una papilla en la medida en la que seguimos asqueados, en la que seguimos horrorizados. “Estar hiperalerta, guardar la distancia y mantener una frialdad emocional” es lo que parece apoderarse de los supervivientes de hechos espantosos. Eso ayuda a hacer pequeña la familia, a pensar en nosotros en pequeño. “No nos une el amor, sino el espanto, será por eso por lo que te quiero tanto”.
Las respuestas emocionales se dan a tres niveles diferentes. Según la Teoría de las tres respuestas no sólo es que se den a nivel fisiológico, conductal y cognitivo sino que además los niveles interactúan. Así a veces estamos tristes porque lloramos, sentimos enojo porque golpeamos y miedo porque temblamos.
El horror, el asco, el espanto nos arrojan en la estupidez emocional, en la indefensión que que se produce cuando los acontecimientos son como la shitstorm incontrolables e impredecibles. Los indefensos no somos capaces de incorporar nuevos datos a nuestras conductas, fracasaremos incluso ante situaciones conocidas. Adictos a fallos motivacionales, no iniciamos respuestas. A déficits cognitivos y emocionales no aprendemos trucos nuevos y vamos de la indefensión a la indignación como el que va desde la depresión a la ansiedad. Luchando siempre contra la mierda de los media. Aun sabiendo que el que lucha contra la mierda, gane o pierda, sale enmerdado.

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22 Jul 2014

El sentimiento oceánico.

Escrito por: franciscosanz el 22 Jul 2014 - URL Permanente

Decía Nerval: “Llegando a la plaza de la Concordia, mi aspiración era destruirme”. En la voluntad de desaparecer está la explicación de más de un acto de valentía, de generosidad. Una vez alcanzados ciertos niveles de autoestima lo único que cabe hacer es destruirse. A Freud le costó tanto entender la voluntad de muerte como el sentimiento oceánico por un motivo claro: hasta que no se hizo mayor no los sintió.

“Salida a caballo a orillas del mar, al galope. A menudo quisiera zambullirme en el mar para estar en medio de una cosa inmensa. Necesidad de perderse en algo infinito, de unirse a la inmensidad de la vida y con toda probabilidad todavía más a la inmensidad de la muerte. El sentimiento oceánico”.

Con todo rigor el amor intelectual de Dios no es más que la alegría salida del conocimiento adecuado y totalizador del Ser: no hay ningún misterio ni misticismo en todo eso, sino la afirmación de una nueva relación con el mundo (afirmativa y alegre), efectuada por la mediación de una fuerza intuitiva reflexiva y totalizadora del conocimiento. Las cosas buenas de la vida o son disfrutadas en plan oceánico o son menos disfrutadas.

Adoremos practicando la presencia o practicando la unión a las cosas que nos sobrepasan, el tiempo se remansa. La corriente fluye con más calma; las orillas se alejan. Antes de dejar de prestar atención a la música cuando la cabezada va a iniciarse y comienza el letargo, la conciencia va a la deriva como una barca sobre un lago cuya costa ya ni se columbra. El tiempo se vuelve ilimitado, oceánico. La regresión nos devuelve al estado intrauterino.

La angustia ante la catástrofe cuando lleguen las primeras contracciones cederá en segundos al gozo ante ella. La bajada por el canal del parto desemboca en el sentimiento volcánico del poeta llegando por fin a la plaza de la Concordia, puede entonces empezar a vivir mejor, a destruirse. Porque “aquí para vivir en santa calma o sobra la materia o sobra el alma”.

Lo mejor y más alto que puede conseguir un hombre debe conseguirlo mediante un delito. El demonio de la insumisión que acecha en nuestro espíritu inquieto puede conducirnos a autolesionarnos o a autodestruirnos. Es como si la concatenación de hechos fuera tan inexorable como ese divertido desafío psicológico que pide: no piense en un elefante rosa en medio de un desierto azul. La prohibición crea un vacío en el que nuestra libertad de decisión parece ser absorbida por una potente ley natural. Sólo una contraatracción puede salvarnos del instinto de rebeldía.

La nuestra es finalmente la risa de la destrucción, la risa de los revolucionarios a las puertas de la Bastilla, que se sentían tan fuertes que querían ser dulces. Es la risa que acompaña a los que batallan contra el mal. Es la alegría por destruir algo que hace daño a un amigo, nada que ver con la schadenfreude, el regocijo derivado de la falta de fortuna de otros. La destrucción de lo que causa daño es secundaria al aumento de poder y alegría que causa removerlo.

La extirpación en nosotros de nuestro apego a nuestra identidad y, en general, de nuestra esclavitud será dolorosa, pero no nos impedirá reírnos. En las batallas por venir contra las instrucciones que corrompen lo común, tales como la familia, la corporación y la nación vamos a tener que llorar muchas veces, pero eso no nos impedirá tampoco reírnos. Y en los esfuerzos contra la explotación capitalista, y sus defensores institucionales tanto como contra cualquier destructor de lo común a través del control público o privado tenemos por delante el trabajo de enterrarlos entre carcajadas.

Si te pretendes poeta, revolucionario o (no)muerto ya puedes estar preparado. Has de pensar fríamente lo que te ocurre: o estás muerto o a punto de morir, y eso no va a ser lo peor. Lo peor va a ser que todas las personas que conoces (y las que no) querrán matarte, destruirte, quemarte y mutilarte, porque eres feo, apestoso, babeas y das asco. Bueno, estos apelativos no distan mucho de cómo eras antes, por lo que te van a tratar igual. Así que sí, estar (no)muerto no es muy distinto de cuando estabas vivo, porque te seguirán jodiendo en el curro, en tu casa, en la calle, o incluso en el metro. O lo harás tú por ellos.

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21 Jul 2014

Cuando llegan las sociedades de riesgo.

Escrito por: franciscosanz el 21 Jul 2014 - URL Permanente

No estar de acuerdo con la democracia en democracias, o con el derecho a decidir en Cataluña recuerda cómo era hablar mal de Franco cuando Franco o de Dios cuando Dios. Sobre todo si no creías en ellos, en su bondad, y eras de los que estabas entre personas que no pensaban como tú. A unos se les quemaba, fusilaba, encerraba o expatriaba, hoy como ayer a los disidentes de uno y otro pelaje se nos margina. Camus fue marginado por creer que Stalin se estaba pasando, no sólo por ser un rompepelotas. Sartre que no le puso tantos huevos a lo de la resistencia, no dijo de lo malo que era Stalin más que cuando ya estaba al totalitarismo soviético viéndosele el plumero.

¿Es preferible una verdad desmoralizadora que una falsedad unificadora? Sartre fue vilipendiado por haber confesado en sus últimos días que siempre había sabido de la existencia del Gulag pero que no había dicho nada para no desmoralizar a la clase obrera. Sin embargo, ¿es la verdad siempre el valor más elevado y, los que insisten que así es, qué precio están dispuestos a pagar por ella? La unidad nacional no es poca cosa. Es difícil de alcanzar y fácil de perder. Sólo el que no haya nunca conocido la guerra civil puede creer que la paz y la justicia son siempre compatibles. Lo mismo puede afirmarse de la verdad y la paz.

Siempre hay gente que espera revolver las aguas del río para pescar algo. Puedes no querer lo mismo, pero como no odies lo mismo te la has ganado. Decía Pier Paolo que “el hombre medio pide todavía, como en la noche de los milenios, el “chivo expiatorio”; es decir, siente la necesidad del linchamiento. Las víctimas que linchar siguen buscándose regularmente entre los “diferentes”: estamos aún, con otras palabras, en plena civilización himmleriana. Los Lager, los campos de exterminio, aguardan”.

En la dinámica de su evolución, las sociedades protosocialistas siguen unidas por el ideal de igualdad. La situación es diferente cuando llegan las sociedades de riesgo. Su contraproyecto normativo, que es su fundamento y motor, es la noción de seguridad.

Mientras que la utopía de la igualdad tiene gran cantidad de objetivos de transformaciones sociales de contenido positivo, la utopía de la seguridad sigue siendo regularmente negativa y defensiva: en el fondo ya no se trata de alcanzar algo “bueno” sino simplemente de impedir que se produzca lo peor. El sueño de la sociedad igualitaria es el siguiente: todos quieren y deben tener su parte del pastel. El objetivo de la sociedad de riesgo es diferente: todos deben librarse de lo que es tóxico.

Según una antigua costumbre japonesa para cruzar el mar solían los japoneses llevar un santo: "Cuando atraviesan el mar para llegar a China eligen a un hombre que no se corta el pelo, no se despioja, mantiene su ropa llena de suciedad, no come carne y no yace con mujeres... Si el viaje termina con buena fortuna todos se prodigan con él otorgándole esclavos y tesoros. Si alguien enferma u ocurre algún incidente lo matan inmediatamente, diciendo que no había respetado los tabúes con dedicación”. Es héroe o chivo expiatorio según la empresa. Pharmakós o phármakon, habrá fiesta catártica o comunidad de linchadores. Pero la cohesión del grupo no se verá comprometida.

Por su presencia, por su necesidad la multitud deviene muchedumbre. En las muchedumbres lo heterogéneo se rinde a lo homogéneo y prevalecen las cualidades inconscientes. Las muchedumbres son fundamentalmente irracionales, vulnerables a las influencias externas, y tienden a seguir natural y necesariamente a un líder que las dirige o un chivo que repartirse. Así se mantienen unidas: por medio del contagio y la repetición.

Más que el líder o el ejemplo, para ser precisos podríamos decir que la emoción primordial de las muchedumbres es el pánico. El Dios Pan, de cuyo nombre deriva esa palabra conduce a las masas y las enloquece: las turbas linchan a personas inocentes, los mercados se colapsan, las monedas se hunden, se desencadenan las guerras. La opinión pública sería uniformizadora y, según eso peligrosa. Porque tiende a homogeneizar la masa y es susceptible de manipulación. Al mercado le es mucho mejor enfrentarse a una muchedumbre que a una multitud. A través de muchos mecanismos intenta propiciarla.

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20 Jul 2014

Selecciona, optimiza y compensa.

Escrito por: franciscosanz el 20 Jul 2014 - URL Permanente

Roma no se enorgullecía de las canas de sus senadores, nosotros estamos encantados de lo mayores que pueden llegar a ser nuestros mayores. El envejecimiento del organismo está caracterizado por la explotación parasitaria de los elementos "nobles", es decir especializados del cuerpo humano, por el tejido conjuntivo y los fagocitos, es decir las células "bárbaras", las menos especializadas, las más elementales, luego las más "vivaces". Esta verdadera revuelta de la plebe fagocítica y conjuntiva contra las células "refinadas" lleva a la decadencia y a la muerte.

¿La revolución? Las células inmortales, las células cancerosas. Su no sacarse de en medio mediante la apoptosis acabará con el organismo entero y de paso con ellas. La misión del envejecimiento es proteger a los organismos complejos de una muerte temprana por cáncer. O por lo menos hacer más lenta una marcha que, si no, conduciría a la clínica oncológica a un individuo sino apto para la reproducción apto al menos para ayudar a los que lo están haciendo.

Sería bueno tomar de los griegos su juicio de la vejez: Detestaban el envejecimiento más que la muerte y preferían morir cuando sentían que empezaban a devenir razonables, y se volvían tan viejos como para haber perdido toda esperanza y toda paciencia. Ahora que tenemos prótesis de ojos, de oídos, de huesos, de dientes, de pene y pronto de cabeza, podremos por fin renovar nuestras esperanza y paciencia y envejecer con dignidad.

A medida que realmente he ido envejeciendo, he visto que algo fascinante empieza a suceder. Sucede que se empieza a recordar muy vívidamente las primeras cosas de la vida, pero con facilidad se olvidan cosas que sucedieron ayer, porque de algún modo ya no son importantes. “La emoción del recuerdo fue quemando/ su errante corazón,/ y al encontrarse solo, ya en el alba,/ se durmió, envejecido y misterioso”.

Selección, optimización y compensación, son claves para envejecer bien: Mediante la selección se eligen las actividades y capacidades más preservadas e importantes (centrarse en los mejores amigos y reducir los contactos humanos superficiales). Con la optimización se aprovechan al máximo las reservas y se enriquece lo que se posee (incrementar frecuencia con que hacemos las cosas que se nos dan mejor). La compensación se utiliza cuando las estrategias anteriores no bastan (elaboramos recuerdos, hacemos trampas, etc)

Rubinstein, el pianista que seguía tocando a una edad en la que sus colegas lo habían dejado, había reducido su repertorio a las obras que mejor conocía (selección). Además practicaba con más frecuencia que en sus años jóvenes (optimización). Finalmente utilizaba estrategias como interpretar de forma más lenta los fragmentos próximos a los rápidos para que estos, por contraste, se percibieran ejecutados más rápidamente de lo que en realidad lo eran (compensación). Las mejores cosas, del mejor modo y como sea.

Solamente soy un caparazón, los espejos, lo que me queda de juicio me lo recuerdan, el caparazón que mi hijos y nietos han dejado atrás. La verdad es que desde un punto de vista evolutivo no importa lo que nos pase a los viejos. En el Viejo Mundo a los más viejos se les reconocía como capaces de gobernar porque eran incapaces de cambiar de opinión; de la pesadez de la edad pende originariamente el peso del mundo. Sólo la Modernidad deshizo los paréntesis gerontocráticos en torno a los invernaderos culturales y se lanzó a la aventura del rejuvenecimiento de la civilización casi sin reservas, incluyendo el nivel de las normativas y lógicas. Había algo bueno tardar en cambiar. En la tiranía de la costumbre.

Una vez que la nueva manera de pensar ha sido establecida, los viejos problemas se desvanecen, de hecho se vuelven difíciles de recapturar. Pues van con nuestra manera de expresarnos y, si nos vestimos con una nueva forma de expresión, los viejos problemas son descartados junto con los viejos ropajes. En eso de que cuando hemos dejado de criar tengamos que dedicarnos a ayudar a nuestros mayores hay algo que no acaba de cuadrar. Es algo así como el remordimiento, quam canis reversits ad suum vomitum, como un perro royendo una piedra, una simpleza. Hazte rico antes de envejecer, quédate sin padres y guárdate de tus hijos. Selecciona, optimiza y compensa. Muere pronto.

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19 Jul 2014

¿Y lo de la lucha de clases?

Escrito por: franciscosanz el 19 Jul 2014 - URL Permanente

La cuestión no es el derecho a decidir: la libertad; sino el derecho a repartir: que los obreros sigan produciendo excedente cambiable, es decir evitar que se pongan a vivir filosóficamente. Creemos que es precisamente una consecuencia de la libertad el poder parar un poco, pero también podríamos considerar el parar un poco como el primer requisito de la libertad, sin excedente cambiable hay menos plusvalía, es poco más difícil decidir por nosotros. Con el derecho a la pereza se ejerce también el derecho a decidir. Bartleby el escribiente, I would prefer not to, preferiría no hacerlo. Salida hacia Ítaca.

Predicar la austeridad a los pobres es una burla sangrienta, predicar a la pequeña burguesía que deje de hacerle la pelota a la grande trabajando y consumiendo tanto como puede es pedir a la clase media que no sea tonta, que se defienda. ¿Y si el secreto industrial de la “sociedad” actual consistiera en la actualización permanente de fantasías de penuria para la “amplia clase media”? ¿Y si la represión decisiva de nuestra época se refiriera en verdad al propio bienestar, eso que se supone que debe garantizar el Estado?

El capitalismo no puede reproducirse por sí mismo. Necesita del Estado haciendo primero de alcahueta y después de mamporrero, para poder mantener su ciclo social de reproducción. Cuando la clase media consumista empieza a no hacer los deberes se convierte en un lujo que el capitalismo ya no puede permitirse. Cuando esta clase media rehusa la caridad a nivel personal y nos recuerda que es el Estado quién tiene que ocuparse de los miserables, está pensando en ella misma.

Ser bueno conforme al criterio popular es bastante fácil. Simplemente se requiere una cierta dosis de pavor sórdido, cierta ausencia de reflexión imaginativa y una cierta pasión rastrera por la respetabilidad de la clase media. Hay muchos hombres buenos, hombres de orden que quisieran que los obreros fueran capaces de controlarse, hombres de la revolución que pretenden que sean conscientes de sus derechos, hombres del progreso que quisieran que se pusieran a acabar con los fosos que separan las clases sociales, e incluso hombres de la industria que quisieran que aprendieran a trabajar mejor para producir mejor, para ser más competitivos en el mercado internacional. ¿Quién custodiará a estos custodios? Los custodios mismos.

Ayer nos desayunamos con lo malos que son los moros, esta mañana con lo malos que son los rusos. Vuelve el antagonismo, vuelve el americano a contarnos que el acercarse a Rusia o a los árabes se paga. Volvemos al espectáculo para seguir olvidando donde está el frente. Las luchas por la religión, la lengua, la raza o el género no son lo mismo que la lucha de clases. Las primeras esperan llegar a una coexistencia pacífica de gente que habla otra lengua, tiene otro Dios, otra moral, otra etnia, otro sexo. La lucha de clases exagera el antagonismo. No pretende convertir los antagonismos en diferencias sino las diferencias en antagonismos. Las diferencias no son entre Europa y América, sino entre Europa y Rusia o Musulmania. Así que los antagonismos también.

La colaboración de clases que llevó a los obreros europeos de los comienzos del siglo pasado a una guerra caliente según fronteras estatales, les ha ganado después de 1945 para una guerra sorda contra la madre tierra, los parias de piel oscura y los seres humanos del futuro. Con la globalización no han cambiado las cosas. Se está empezando a hacer demasiado tarde para que el freno de la revolución pueda parar el maldito track-track de los derroches de sufrimiento, mal gobierno y peor administración de cada día.

En 1927, cuando la lucha de clases y el nacionalismo estaban alcanzando su apogeo en Europa, Benda denunció a los intelectuales porque traicionaron su compromiso con la verdad desinteresada para sucumbir a las pasiones del nacionalismo. La traición de los intelectuales contemporáneos es distinta. Abandonan todo compromiso con su nación y sus conciudadanos, y abundan en la superioridad moral de identificarse con la humanidad en su conjunto. Hablan de lo malos que son los rusos o los musulmanes. ¿Y lo de la lucha de clases? Eso se sale de marco, se sale de muestreo. No sé por qué vienes ahora con esas.

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18 Jul 2014

Música para nuestros pies.

Escrito por: franciscosanz el 18 Jul 2014 - URL Permanente

El verdadero mundo es música. La música es lo monstruoso, informe, estremecedor. Sin la música la vida sería un error. Mantener la palabra dada es una ceremonia. Obrar sin esfuerzo ni violencia es música. La música cohabita en el cerebro con el mito, los cineastas lo saben. También lo saben los que pueden, los que tienen el poder. Los usos de la música por parte del poder: Repetición para hacer callar y representación para hacer creer.

Los mejores oradores cuando hablan y los mejores caminantes cuando caminan hacen música. El discurso político tradicional cuando se pone sensible a su flanco verde, predica eso de ”hemos de hacer compatible el crecimiento con la justicia social y con la protección del medio ambiente”, hace simplemente música celestial.

Apocalípticos y catastrofistas sabemos que cuando la música para de sonar, cuando los jóvenes dejan de moverse como si bailaran está cantando el cisne. Las lamentaciones de Jeremías se colman de una actualidad poco común. “Nuestra heredad ha pasado a extranjeros, nuestras casas a extraños. Nuestros padres pecaron y ya no existen, más nosotros hemos cargado con sus iniquidades. Esclavos señorean en nosotros sin que haya quién nos libre de su mano. Los ancianos han dejado de acudir a la puerta; los jóvenes, de hacer música con sus instrumentos de cuerda”.

Las cosas han cambiado desde que hemos dejado de prestarnos a las cosas que nos mandan por nuestro bien. La cuestión es qué música va a sonar ahora, qué armonía vamos a conseguir con los cambios que supone una izquierda plural. El conflicto entre la necesidad de resistirse y la necesidad de adaptarse es un modelo que se repite a todas las escalas, desde la política con viejas y nuevas ideas en el electorado, o la cocina con la necesidad de conciliar la neofobia y la neofilia, hasta la música con la de armonizar la repetición y la diferencia. Oír: percibir por el oído. Escuchar: aplicar el oído para oír.

Nietzsche como buen utopista pretendía música para nuestros pies. Es algo así como pedir filosofía para nuestra política. Obras para nuestras palabras. La música que está tocando Podemos es algo así como una invitación a la danza. Alguien se acerca a nuestra silla y nos pregunta si queremos bailar. A algunos no es que no nos guste esa música, nos levantamos porque nos guste bailar. Por decirlo como el viejo de la cabeza de pólvora: Todavía ahora, después de una simpática conversación con hombres totalmente extraños, mi filosofía entera se tambalea. ¡Me parece tan necio querer tener razón al precio del amor!

La música nos saca de casa, acaba con la precisión del pensar, con la precisión del lugar. Convierte el espacio en espacio tiempo ¿Dónde estamos cuando estamos en lo inmenso? ¿Dónde estamos entonces cuando escuchamos música? La especificación de lugar sigue siendo vaga; sólo es seguro que durante la audiencia musical no se puede estar nunca del todo en el mundo. Porque, en este sentido música, escuchar, siempre quiere decir, o bien adelantarse hacia el mundo, o bien huir del mundo. Se quiera o no, la experiencia del acto de escuchar se basa en una dialéctica de previsión y sorpresa, de espera y respuesta.

La música suele elevar el alma por encima de sí misma, consigue que viaje por encima de sí misma en una región donde, libre de toda ansiedad, alcance el puro sentimiento de sí misma. Cuando la música ya no se escucha, cuando nos limitamos a oírla, cuando se convierte en música de fondo, es que estamos entrando en el supermercado. La producción de leche de las vacas que oyen música sinfónica aumenta en un 7,5% . Maldito Mozart.

Nada puede salvar a la música culta del triste destino de ponerse al servicio del poder o de de difuminarse en praxis oscurantista y patrañera salvo el instinto de ponerla en cortocircuito con la política desde abajo. Debe volver a ser idea que deviene y no consigna que se vacía en el tiempo. No hay otra manera de salvar el espacio utópico que a ella efectivamente le compete y que el sentido común intuye: su tendencia objetiva a no dejarse resolver en la inmediatez del momento del consumo y aludir a un pasado tan enigmático como preciado pretende que sea su futuro. Pero quien escucha adecuadamente oye el cesar. Toda música verdadera es "un canto de cisne".

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17 Jul 2014

El desasimiento de las cosas.

Escrito por: franciscosanz el 17 Jul 2014 - URL Permanente

La ausencia de lo posible significa que o todo se ha hecho necesario o todo se ha hecho cotidiano. La cotidianidad, la trivialidad no conocen lo posible. La cotidianidad sólo admite lo probable, en el cual sólo subsisten algunas migajas de posibilidad. La cotidianidad cree haber capturado lo posible entre sus redes, o cree haberlo encerrado en el manicomio de la probable. Lo pasea en la jaula de lo probable, lo exhibe e imagina poder disponer de la enorme potencia de lo posible. ¿Qué significa “perder el mundo”? Nada más que perder el sentido de lo posible.

Dios existe significa todo es posible. ¿Cuándo empezamos a creer que no lo era? Dicho de otro modo ¿Es necesario que Dios exista para que todo sea posible? Otro mundo es posible decimos, podemos decimos. ¿A partir de qué momento el anticlímax del fracaso revolucionario llegó para quedarse? De insistir en lo mal que está todo a concebir otro orden de cosas como posible hay un paso que no acabamos de dar.

Los motivos para que se conciba otro estado de cosas en que a todo el mundo le iría mejor no son la dureza de una situación ni los sufrimientos que ella impone; por el contrario, sólo desde el día en que puede ser concebido otro estado de cosas una nueva luz ilumina nuestras penurias y sufrimientos y decidimos salimos de verdad a la calle.

Una vez admitido que todo no es posible nos centramos en que todo sea negociable, en que todo sea tolerable. Nos hacemos con “deseos inmunitarios”, con un tendencia a preservarse de cualquier exposición a la alteridad. La inmunización consiste en reconfigurar el mundo o un mundo ambiente, es decir, reducir la inquietud ligada a lo posible llevándola al orden de lo previsible. Al afirmar que todo es negociable lo que se está pregonando es que todo es tolerable, que todo hay que sacrificarlo al consenso general, hasta el acuerdo consigo mismo. Un consenso, claro está, que no va más allá de un manso consentir.

La tolerancia de amplias tragaderas se delata en su llamativa ausencia de indignación moral. Ha desaparecido la capacidad de detección de injurias contra la dignidad humana, porque aquella condescendencia las vuelve de hecho invisibles; justo tolera indignarse contra las mayores atrocidades que le presentan los media delante los ojos con una vaga sensación de irrealidad en lo posible de la respuesta.

En la sociedad moderna hemos aprendido a establecer vínculos de rechazo con las autoridades. Estos vínculos nos permiten depender de aquellos a los que tememos, o utilizar lo real para imaginar lo ideal. Lo malo es que estos vínculos también permiten a las autoridades utilizarnos a nosotros: pueden ejercer un control de un tipo muy básico sobre quienes parecen estarse rebelando. Es intolerable que a fuerza de rebelarse se termine siendo una pieza del sistema, el que hace el papel de malo, de respondón, el farsante en suma, que sirve para consolidad aquello que dice rechazar.

Esos vínculos se pueden formar al menos de tres maneras: La primera se refiere al temor a la fuerza de la autoridad, es una especie de dependencia desobediente. La segunda consiste en establecer una imagen positiva e ideal de la autoridad a partir de lo negativo que existe. Y la tercera se basa en una fantasía acerca de la desaparición de la autoridad.

Las utopías negras como las de Orwell, Huxley, Stalin y compañía no acaban de ceder el paso a las blancas como las de Fourier, Gandhi o Whitman. Decimos “otro mundo es posible” o “podemos” y dudamos un momento en decir cuál o qué. Y en el momento en que empezamos a pensar en poner puntos suspensivos… otros lo hacen por nosotros.

Dios, lo posible y los objetos técnicos suscitan de nosotros una actitud parecida. Los dejamos dentro de nuestro mundo cotidiano y a la vez los dejamos fuera, los dejamos descansar en sí como cosas que no son algo en absoluto, sino que permanecen referidas a algo superior. Quisiera caracterizar esta actitud de simultáneo sí y no al mundo religioso, posible o técnico con una palabra antigua: el desasimiento de las cosas. Gelassenheit. Practicándola nos olvidamos de otorgar a lo cotidiano la dignidad de lo desconocido. Y de paso posibilidad a lo desconocido.

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16 Jul 2014

Objetos intencionales.

Escrito por: franciscosanz el 16 Jul 2014 - URL Permanente

Hacer predicciones ayuda a encontrar sentido, a mantener creencias. Para entender nada como atribuir objetivos. El autocumplimiento de predicciones como las de que cada vez hay más suicidas o más enfermos, está claro para todos. Atribuimos creencias a los seres humanos, a las bestias e incluso a las máquinas, a los automatismos. Desde la cisterna del water al termostato hasta los robots parece que un Dios que viene de fuera fuera el encargado de hacerlas funcionar, como a la vida. Deus ex machina. Hay en las cosas divinas una transparencia tan grande que uno resbala hacia el fondo iluminado del reír a partir incluso de las intenciones opacas.

¿Qué creencias podemos atribuir a un termostato? Atribuir creencias ayuda a entender, atribuir objetivos a hacer predicciones. El termostato actúa como si tuviera tres creencias: “Hace demasiado frío”, “Hace demasiado calor”, “La temperatura es la adecuada”. Y también un objetivo: “La temperatura debe ser la adecuada”.

Una estrategia intencional (el pueblo catalán desea la independencia) nos proporciona una mayor capacidad de predicción sobre su comportamiento de la que ya teníamos con la actitud de diseño. En personas, animales, ordenadores… y pueblos puede obtenerse por la estrategia intencional un poder predictivo que no podemos obtener por ningún otro método.

No es que atribuyamos (o debamos atribuir) creencias y deseos sólo a aquellas cosas en las que encontramos representaciones internas, sino más bien que, cuando descubrimos algún objeto para el que funciona la estrategia intencional, nos esforzamos en interpretar algunos de sus estados o procesos internos como representaciones internas. Lo que hace que algún rasgo interno de una cosa sea una representación solamente puede ser su papel en la regulación del comportamiento de un sistema intencional.

La estrategia de diseño de colectivos confía mucho en la imitación, en el contagio, en la mímesis. Este nombre provoca asociaciones que son intencionales: introyección afectiva e imitación. Aquella relación entre personas en la que el autoextrañamiento por el que uno se identifica con el modelo de otro, acomodándose suavemente a él, no exige el abandono de la propia identidad, sino que permite que coexistan la dependencia y la autonomía. Entre las representaciones subjetivas y el en sí de las cosas se da un tercero, a saber, los "objetos intencionales. Las neuronas espejo, al activar determinados patrones neuronales, parecen desempeñar un papel importante en la comunicación emocional porque se activan las mismas redes neuronales cuando veo miedo que cuando veo que otra persona lo siente. Por los efectos de esas neuronas y de eso patrones activados la mente representa las intenciones de los demás.

Los vagos somos expertos en atribuir intenciones a cosas sobre las que no podemos hacer nada, somos especialistas en acrasia y autoengaño. La acrasia y el autoengaño no son similares en estructura; la acrasia tiene típicamente esta forma: Es mejor hacer A pero estoy, voluntaria e intencionalmente haciendo B. No hay ningún absurdo o inconsistencia, hay un conflicto entre deseos inconsistentes. El autoengaño tiene típicamente esta forma: Consciente: creo que no P. Inconsciente: tengo conciencia abrumadora de que P y quiero ardientemente creer que no P.

La mayor parte de nuestras intenciones no son previas, sino simultáneas a nuestras acciones. No todo lo que hacemos lo hacemos intencionalmente, ni todo lo que hacemos lo hacemos de un modo premeditado. Existe la intención-en-la-acción. ¿No es el caso que en realidad uno va cargándose de razón en el transcurso del tiempo, encontrando motivos cada vez más depurados para perseverar en su decisión inicial?

El cyborg en el que nos estamos convirtiendo es la mitad del camino, con nuestras prótesis y programas casi pensantes volvemos al origen. Descendemos de robots, de objetos intencionales, estamos compuestos de robots, y toda la intencionalidad de que disfrutamos deriva de la intencionalidad de estos millones de sistemas intencionales elementales. Estaría bueno que ese Dios que se ha muerto siguiera vivo dentro de nosotros.

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