19 Jun 2013
Existe un efecto perdedor.
Separarse, pero sin rencor. Porque de otro modo te conviertes en un perdedor. ¿Quién no entendió las cosas, quién empezó la bronca? ¿Quién se volverá por fin razonable? El perdedor. Si se enfrenta a machos que han perdido la primera pelea a machos sin experiencia se constata un efecto perdedor, es decir, un significativo porcentaje de ellos vuelve a perder. Decimos que existe un efecto perdedor.
Sin embargo los que ganaron la primera pelea no ganan más que los que no tiene experiencia. No hay efecto ganador en ninguna especie de las observadas. Si hubiera efecto ganador los pacificadores proliferarían, porque a todos nos conviene detener una pelea si el ganador obtiene con ella ventajas en un posible conflicto contra nosotros. Pero antes de dejar entrar a la razón dejamos que los que se pelean peleen, y es porque hay un efecto perdedor, sabemos que caso de problemas con el que pierde tendremos ventajas.
¿Qué es un imperio, sobre todo, sino un sistema de integración de los perdedores? El objetivo de la educación entendida como un juego: aprender a ser el perdedor. “En la mesa y en el juego, se conoce al caballero”, me decían de niño cuando ponía los codos sobre la mesa o ensuciaba el borde del vaso al beber, recordándome qué mal llevaba lo de perder en el juego que fuera.
A los que nos salimos del juego nos perseguirá siempre la idea de haber perdido. Tenemos que recordarnos constantemente que en su momento hicimos bien saliendo del juego. Kafka caracterizó sus escritos como "un abandono de la fila de los asesinos" y como "una observación de los hechos" desde aquel lugar donde vuelve a ser posible "vacilar ante el nacimiento".
De hecho los ganadores no quieren que se les prive de su prestigio ni los perdedores de sus tormentos. Y el perdedor es el primero en pensar en el fondo de sí mismo que su fracaso no es otra cosa que justicia. El perdedor tiene mucho más fácil saber quién es que el ganador, del mismo modo que es más fácil reconocerse en el que sufre que en el que goza. Y lo tiene más fácil porque desde la derrota, desde el fracaso en mucho más fácil perderse. Y es necesario perderse a si mismo durante algún tiempo si se quiere aprender algo de las cosas que nosotros no somos.
Dios existe no sólo para dar sentido a nuestro agradecimiento sino también en la necesidad de tener Algo en lo que perderse. Freud, que pensaba que poder pasarse de Él era una prueba de salud, confesó no haber sentido nunca el sentimiento oceánico, no haber sido nunca tan viejo como para necesitarlo. “Salida a caballo a orillas del mar, al galope. A menudo quisiera zambullirme en el mar para estar en medio de una cosa inmensa. Necesidad de perderse en algo infinito, de unirse a la inmensidad de la vida y con toda probabilidad todavía más a la inmensidad de la muerte. El sentimiento oceánico”.
Proyecto atribuyéndoselo a ése que vive ahí, ignoro en que piso, porque le he visto bajar por unas escaleras y adentrarse valientemente en la multitud y perderse. Sin embargo para los hombres que atravesaban los desiertos en caravanas el peor de los peligros era perderse, "ser apartado del camino por demonios". Esta es la razón por la que los grupos de viajeros hacen lo posible por mantenerse muy juntos. Antes de acostarse ponen un cartel que indica en qué dirección han de viajar. Y al cuello de sus animales ajustan pequeños cencerros para que su sonido les impida apartarse del camino.
El discurso filosófico siempre se pierde en cierto momento: él no es acaso mas que una una inexorable manera de perder y de perderse. Con su análisis sutil de la cadena causal que conduce a fijaciones generadoras de dolor, el budismo intenta emancipar, al menos a una minoría de seres humanos, de la arena del deseo y del resentimiento de ser inevitablemente un perdedor. Gracias pude darle en su momento a Nietzsche que me hizo ver en el budismo la fórmula más refinada de higiene afectiva, la mejor manera de abominar el resentimiento, aplicar el décimo mandamiento, el mandamiento budista: “No desearás la casa de tu prójimo. No desearás la mujer de tu prójimo, su esclavo o su esclava, su buey o su asno, nada de lo que pertenezca a tu prójimo”. Ni siquiera su buena suerte.
18 Jun 2013
El sistema está entrando en sucesión.
Las cosas no están tan mal, pero están yendo a peor. Me dice un amigo que piensa en cómo transmitir a sus hijos, en cómo evitar que sus hijos se desclasen como se están desclasando. Le digo que el Govern acaba de subir el impuesto de transmisiones del 8 al 10%, que hoy el problema es un poco menos importante. Piensa en sus hijos, no se ríe.
El sistema está entrando en sucesión. A partir de un determinado momento la comunidad procura ganar y gana información del ambiente, solamente para utilizar esta información acumulada para bloquear cualquier nueva asimilación de información. Este proceso es la sucesión. Uno deja de poder adaptarse y tiene que incrementar la tasa de reproducción, ser sucedido. La estrategia de la “K” es sucedida por la de la “r”.
La sucesión consiste en la sustitución de un estado de un sistema por lo que se puede considerar otro estado -u otro sistema- y en este proceso, la tendencia es siempre a una disminución de la energía necesaria para sostener una masa unidad del sistema, o un aumento de la masa que se puede sostener con un flujo dado de energía. Podría formularse una declaración sinónima, diciendo que se trata de minimizar el intercambio de energía necesario para mantener un cierto grado de control sobre el futuro. Dicho de otra manera, y sólo por liar la troca: puede también interpretarse la sucesión como la realización de la tendencia a disminuir la producción de entropía por unidad de información.
Una burocracia se genera para que forme un sistema relativamente constante de transmisión de información, con entradas y salidas, pero nunca pasa mucho tiempo sin que se transforme en un sistema que parece que no tiene otro sentido que el de la preservación propia. Todo ecosistema tiende a invertir o consumir su exceso, entrando al hacerlo en un proceso llamado sucesión. Para poder mantener al sistema con más salidas apreciables, para poderlo explotar, hay que zarandearlo constantemente e impedir que aumente su organización que se adapte mejor a lo que hay; los que viven del campo lo saben.
Yo vivo en el campo. Los campos se cuidan por sus propietarios pensando más en los hijos que ninguna otra empresa. En mi entorno con lo de cada vez más hijos únicos in vitro, la institución del hereu ya no va a ser necesaria. Ahora no hará falta cuidar las campos porque con estas condiciones el hijo único no se va a prestar a sucedernos.
La tendencia a la complicación es tan general, que gran parte del trabajo (escardar etc.) y de los recursos (plaguicidas) invertidos en las explotaciones agrícolas son componentes de una lucha para entorpecer la sucesión y evitar en general que el ecosistema se cierre sobre si mismo, sin dar excedentes. La explotación humana impide que la sucesión ecológica continúe y esta oposición, que no admite conciliación y que se extiende a todos los ecosistemas que están más o menos bajo control humano, es uno de los escollos más formidables en la formulación de cualquier política razonable de conservación.
Cuando llega el buen tiempo las capas altas de los lagos se calientan la termoclina se define mejor, disminuye el flujo de arriba abajo, aumenta el sedimento y el lago se vuelve oligotrófico, transparente el agua. El paso de la eutrofia a la oligotrofia lleva a un retardo en la velocidad de reciclado y un aumento de la diversidad biológica, características que, notoriamente se intensifican yendo del lago eutrófico al oligotrófico y no al revés.
Cuando lo que llega es el frío es al revés, se enfría el agua de la superficie y cae removiéndolo todo: la eutrofización y en general cualquier tensión sobre un ecosistema tiene consecuencias inmediatas. Primera: una aceleración de la mayoría de los procesos bioquímicos y, segunda: la separación o expulsión de una parte de los elementos en giro junto a las mismas fronteras del ecosistema. Un "estrés" en el sistema circulatorio de nuestro cuerpo no es tan diferente, porque puede ir seguido del depósito de una parte de los materiales circulantes en las paredes de los vasos. Cosa que nos termina matando, haciendo que tengamos que ser sucedidos. El dinero que se está quedando en el fondo de los cajones y en los bancos que no se arriesgan a dar crédito, el que está siendo depositado “fuera” está acabando con este sistema. ¿Del que va a suceder a este?: ni idea.
La falta de una especie superior.
¿Y si nos hubiéramos cansado demasiado pronto de buscar alternativas a la democracia, de practicarlas? ¿Y si no se tratara de conseguir lo que quiere la mayoría para todos sino sino de lo que quieren los mejores para todos? ¿Y si tuviéramos que volver al punto de parida del nihilismo?: la falta de una especie superior. Nada se expía más duramente que la propia modestia.
Pobre del lector que no cultive su megalomanía, que la vea menguar sin reaccionar. Pronto se dará cuenta que uno no se vuelve normal impunemente. El que se conforma con lo que entiende, con el que es la mayoría de las veces en lugar de pretender siempre comprender o ser como el mejor, tendrá que pagar por esa pérdida. Perder de vista la excelencia es como quedarse sin Dios, no vas a estar a la altura y no te vas a enterar. Y por supuesto no es gratis.
No es que me hayas dejado, es que te has ido de un sueño en el que yo me he quedado, dice el poeta. Si la mayoría de votantes son los que van a dictar el contenido de los programas políticos del mismo modo como los espectadores dictan los de la tele de las cadenas que se hacen con los mejores índices de audiencia, entonces puedo declarar, cínicamente, que menos mal que en realidad nuestro sistema de democracia nada. O acaso al votar nos transfiguramos y somos mejores que al darle al mando a distancia, cosa que con la crisis hacemos más que antes.
Al mejor padre no se le ve, al Mejor Hermano tampoco, no hay dictador benévolo que nos ponga a salvo de guerras e injusticias, no puedo olvidar la cantinela de los catastrofistas: una alternativa que posiblemente no se le ofrezca al hombre por mucho tiempo: o bien el individuo, enfrentado a la necesidad asume los sacrificios materiales y simbólicos que son inevitables, o bien el cambio será obra de las dictaduras, las cuales dictarán leyes draconianas (de nuevo por el bien de la humanidad) que harán cumplir con los medios que tengan a su alcance. Y por supuesto sin que nos demos cuenta la mayoría de la gente.
En cuanto se habla de especie superior piensa uno en Nietzsche y el el uso que hicieron de él los nazis. En cómo el pueblo más culto del mundo albergaba una mayoría capaz de desear a Hitler. De mirar hacia otro lado con Auschwitz. Con el progreso de la instrucción primaria llega a la democracia; con el de la educación secundaria y superior llega la puesta en cuestión de la democracia. ¡Ay, quién nos narrará la historia completa de los narcóticos! Es punto menos que la historia de la "formación", de la que se suele llamar formación superior. ¡El más viejo parásito del mundo, el mundo superior!
Lo de la especie superior me cuesta tanto tragármelo como lo de los dragones. Recuerdo a uno mis maestros, el gran Cerebrón Eutadrata, quien durante más de cuarenta y siete años había enseñado en la Escuela Superior de Neántica la Teoría General de Dragones. Como sabemos, los dragones no existen. Esta constatación simplista es tal vez suficiente para una mentalidad simplista, pero no lo es para la ciencia. La Escuela Superior de Neántica no se ocupa de lo que existe; la banalidad de la existencia ha sido probada hace demasiados años para que valiera la pena dedicarle una palabra más. Así pues el genial Cerebrón atacó el problema con métodos exactos, descubriendo tres clases de dragones: los iguales a cero, los imaginarios y los negativos.
Bien puede que no exista la especie superior, pero hay personas excelentes, he conocido a muchas. Son una especie de profesionales de la vida. Ser profesional, hacer profesión de algo, significaba aspirar a la excelencia, a la areté. Las profesiones exigían antes del sujeto la perfección física y moral. Hoy parece haber desaparecido la responsabilidad moral, al tiempo que se hipertrofia la responsabilidad jurídica, cosa que conlleva una desmoralización de las profesiones y una creencia, por otra parte errónea, de que es suficiente con el cumplimiento de los mínimos legales pactados por la sociedad, con la consiguiente pérdida de la aspiración a la excelencia.
Hoy los profesionales de la política aspiran a hacerse con la mayoría de votos, para ello no hace falta ser superior más que interpretando lo que quiere la mayoría, maldita sea.
17 Jun 2013
La realización de la juventud.
Se han acabado las clases. ¿Es la revolución? No, han llegado las vacaciones. Podemos volver a jugar a eso de realizarse a sí mismo, a ser asociales. La tendencia antisocial del individualismo se manifiesta en el deseo de prolongar la vacación de ruido todo el año. Por el contrario, la tendencia totalitaria de los grupos nunca se expresa tan característicamente como en momentos en los que se obliga a participar en el canto a individuos reacios.
“Las vacaciones son un conjunto de ocupaciones a las que puede entregarse un individuo para descansar, divertirse o desarrollar su personalidad, después de haberse librado de sus obligaciones profesionales, familiares o sociales”. Al menos según la Unesco en 1957. Pero en realidad uno se va de vacaciones a su juventud.
La juventud es en el macrotiempo lo que las vacaciones en el mesotiempo o el sueño en el microtiempo. Durante la vigilia sólo algunos circuitos neuronales trabajan -aquellos que están capturados por el principio de la realidad- durante el sueño pueden funcionar todos los circuitos neuronales, evitando su anquilosamiento. Las vacaciones son un paréntesis en el trabajo, la juventud un paréntesis entre el ocio y el trabajo. El ponerse a dormir y a soñar es poner entre paréntesis a la realidad.
De la vacación de los grandes valores, nace el valor de las grandes vacaciones. Los desiertos curadores, los caminos metamorfoseadores desaparecen. Se vacían los monasterios, los viejos no se van a Jerusalén, a nadie le iluminan camino de Damasco. Los turistas ocupan el lugar de los monjes en los centros de vacaciones, en los que los entretenedores ejercen de maestros espirituales. Cuando uno deja por fin su trabajo se da cuenta cuánto tenía de terapia. Lo que significaría estar parado. Pudrirse en lugar de madurar.
¿Irnos de viaje? Uno sólo va de viaje para volver a casa, para volver a su juventud. Los estudiosos cuando estamos de vacaciones solemos volver a los clásicos. Si el saber se acumula con el tiempo, entonces con respecto a un punto inicial de fecha muy remota, Platón sólo puede juzgarse como una criatura y nosotros hemos de ser considerados como los viejos ancianos. Porque Platón y Aristóteles retozaron durante la juventud del mundo, y únicamente pueden representar la adolescencia presuntuosa del saber, mientras que nosotros, los modernos, acarreamos el peso acumulado de su saber juvenil más todo lo que desde entonces se le ha añadido. La paradoja de Bacon se expresa diciendo: Antiquitas saeculi, juventus mundi. Los buenos días del pasado fueron la juventud del mundo. Nosotros para sentirnos jóvenes nos vamos de vacaciones.
Los revolucionarios, cuando nos vamos de vacaciones nos quedamos dos veces sin clases: El mismo Ernesto Che Guevara observó un día, en la facultad de arquitectura, con la poca ortodoxia marxista que lo caracterizó los últimos años: “había olvidado yo que hay algo más importante que la clase social a la que pertenece el individuo: la juventud, la frescura de ideales, la cultura que en el momento en que se sale de la adolescencia se pone al servicio de los ideales más puros”.
Para los viejos las vacaciones consisten en volver a sentirse joven más que para nadie. Para algunos de nosotros la única recomendación que puedo hacer es la de buscar alguien joven para la cama porque a estas alturas la juventud sólo puede llegarnos por contagio. No viendo cosas. No exagerando la curiosidad, al menos entendida como una forma degradada y perversa del amor al saber. Una pasión epistémica en definitiva. Una parodia plebeya del bíos theortikós, de la vida contemplativa consagrada al conocimiento puro.
Hasta el comienzo de la Edad Moderna, la expresión vita activa jamás perdió su connotación negativa, de “in-quietud”, “nec-otium”, “a-scholia”. Otra cosa era la vita contemplativa, el placer y la libertad de la contemplación, de la ensoñación de la theoria.
volvemos con ella durante las vacaciones a repasar las tres condiciones que caracterizan la realización de la juventud: una identidad ligada a cierta aptitud, una sexualidad vinculada a cierto tipo de intimidad, y la anticipación de hacerse responsable en un plazo no demasiado largo (desempeñando cualquier función) ante la siguiente generación.
16 Jun 2013
¿Qué significan los ideales ascéticos?
¿Qué significan los ideales ascéticos? ¿A qué viene eso de negarse el placer? ¿Es posible que a base de seguir jugando a esforzarse, a hacerse daño para nada uno acabe pidiendo austeridad? Todos esos “dominantes” entregados la ampliación de estudios, training, fitness, deporte, dietética, autodiseño, terapia, meditación... ¿qué de extraño tiene que nos pidan austeridad, incluso ascetismo a nosotros?, ¿que nos exijan que estemos dispuestos no sólo a rechazar nuestros placeres, nuestra pereza, nuestra indiferencia, sino incluso a no tener consideración por nuestros derechos?
Por qué razón se ha denominado libertad a la apatheia de los estoicos o al despojamiento de los ascetas cristianos, cuando en realidad se trata de un acto de autoconstricción. Berlin se pregunta por qué motivo la autonegación ascética, que puede ser una fuente de integridad, serenidad o fuerza espiritual ha sido descrita como un aumento de libertad: “La doctrina que sostiene que tengo que enseñarme a mí mismo a no desear lo que no puedo tener y que un deseo eliminado o refrenado con éxito es tan bueno como un deseo satisfecho es una doctrina sublime; pero a mí me parece, sin temor a errar que es una forma de la doctrina que enseña la fábula de la zorra y las uvas...” Una variante más de la apología de aquel esclavo que se manumitió a sí mismo, según cuenta una venerable historia egipcia, gracias a años de brega en el arduo mundo real.
Ya Marx advierte de que por esos tesoros no utilizados más que abstractamente somos poseídos por el capital. Que “su verdadero ideal es el avaro ascético, pero usurero, y el esclavo ascético, pero productor... Cuanto menos comes, bebes, compras libros; cuanto menos vas al teatro, al baile, al cabaret; cuanto menos piensas, amas, haces teoría... cuanto menos gastas tanto más ahorras, tanto más aumentas tu tesoro”.
Ya nos contó aquel que buscaba la Genealogía de la Moral, sus orígenes, la diferencia entre la búsqueda del placer, del más allá de la salud de los sanos mediante mediante buenas ascesis, y la que se realiza por parte de los enfermos, que como a los que están enfermos no les sirven para nada, sólo pueden pensar en vengarse imponiendo a todos ascesis terribles: El hombre del resentimiento.
Se ha dicho que hemos sustituido la religión por la ciencia, que en lugar de buscar la salvación buscamos la salud. Que se pretende que la ciencia sea tan apropiada para perfeccionar la coerción interpersonal como lo fue la religión. Con el uso de la ciencia para imponer un ascetismo personal damos a la ciencia un uso religioso. Si el Estado pretende imponer la austeridad por nuestro bien no dudará en utilizar las ciencias sociales. Opio para el pueblo por otros medios.
¿Existe pesimismo en el poder? ¿Una intelectual inclinación a la austeridad, al horror, al mal? ¿Una profundidad en las tendencias antimorales? ¿Un apetito hacia lo espantoso como enemigo digno? En la vida de hoy, el mundo sólo pertenece a los estúpidos, a los insensibles y a los agitados. El derecho a vivir y a triunfar se conquista hoy casi por los mismos caminos por los que se conquista el internamiento en un manicomio: la incapacidad de pensar, la amoralidad y la hiperexcitación.
Los llamamientos a una "vida sencilla", a la ascesis, realizados sin desafiar la producción y las relaciones sociales capitalistas, significan potencialmente salarios más bajos, conformarse con menos, una mayor explotación laboral y una mengua de lo común, acelerando de este modo tanto la acumulación capitalista, la degradación ecológica como la injusticia en el mundo..
Los políticos y los vendedores han obligado a la filosofía a quedarse en casa. Pero están usando una educación superior de la que han desaparecido las humanidades, como si fuera una religión. Nos inundan de números, nos los tiran a la cabeza, y nos dicen que si no los entendemos que no nos preocupemos, que doctores tiene la Iglesia o el Partido. En todo caso ¡haber puesto menos pegas a que te sodomizaran los examinadores! entonces los entenderías y no harías mala leche ni estarías tan resentido.
15 Jun 2013
Los niveles de invasión.
De ciertas ecuaciones hay que despejar al observador. Conviene, porque no sólo no puede saber la solución, sino que ni la naturaleza puede. Y no estoy pensando en los dados con los que a Dios según Einstein no le gustaba jugar, es decir en lo cuántico de la ecuación, sino en el quedarse encantado filosofando de cada uno cuando eso le pasa, y a veces a uno eso le pasa. Es como cuando a veces nos quedamos todos callados un buen rato sin saber por qué, y alguien dice: ha pasado un ángel. Ensimismados nos quedamos.
Sin esa epojé, sin esa reducción fenomenológica no sólo seguimos sin entender nada sino que nuestra capacidad de predicción, de hacer promesas, de conectarnos con lo que nos sobrepasa, se queda en nada. Cuando uno se siente un rompepelotas, y por lo visto un 20%, porcentaje similar al de los poseedores de un cerebro de adicto, lo somos en potencia entonces prefiere comprender a vivir y queda autorizado a llevar una vida de mierda pensando que se está pegando la gran vida.
Esa iluminación a algunos les vino una sola vez en la vida, como a Saulo en el camino de Damasco o como a aquel al que por fin le es dado salir de la caverna y ver algo más que sombras. Ahora con tanta luminaria de poco consumo lo de ver a Dios cuando se va la luz o algo más que sombras es más difícil que nunca. Decía Plotino: “Son los dioses los que tienen que venir a mí; no yo quien tiene que ir a ellos”. Seguramente Plotino, un místico de los primeros tiempos del cristianismo, hubiera detestado cómo llegan los dioses de la publicidad y de la información hasta cada celda individual, cómo el ruido informático o las luces de la calle que entran por todas las ventanas.
Y es que si pensamos en la invasión por niveles la primera que se hace es al que está encantado pensando. La buena mujer que fue cómplice y testigo de cómo mi primer hijo aprendió a leer me contó que en esa época una vez le sorprendió en el patio del colegio distraído-concentrado en no hacer nada y le preguntó: ¿Qué haces aquí? No me moleste señorita, -por lo visto le dijo- ¡no ve que estoy pensando! Estaba despejando una ecuación, había salido de escena, sin duda. A cierta edad uno aún no ha olvidado su ángel bueno.
Los niveles de la invasión: El distraer a alguien que está ensimismado. Te habías quedado encantado, le dices, pasando por alto que quizás estaba por fin de buen rollo consigo mismo. Odioso en Oriente. El molestar a alguien que está haciendo cualquier otra cosa. Teléfono móvil. El acabar con su soledad, su aislamiento, haciéndole compañía sin que te lo haya pedido. El acabar con su anonimato, pronunciando, por ejemplo, su nombre en voz alta. La publicación de sus datos privados: teléfono, correo, dirección, lugar de trabajo... La difusión de falsedades, de una imagen inventada de alguien. El hacerse pasar por él, el hablar en su nombre. Supongo que las demás ya son de tipo corporal.
Estas últimas son vitales cuando uno tiene hambre, está enfermo o quiere reproducirse: Vulnerando sanamus. Hiriendo curamos dicen los cirujanos, nos dejamos invadir por lo que comemos, por el médico o por el varón esperando de ello más vida, cura o hijos. Pensar, crear, resistir, decía Deleuze. Para los que fueron invadidos la resistencia tiene un segundo sentido. Uno no puede salir de la ecuación mientras ellos sigan aquí. Hasta que no se se larguen uno tampoco puede hacerlo, y a veces hace falta librarse de uno, doy fe.
Estoy en la montaña, subiendo a por la paz de la cumbre, buscando mirar a lo lejos, dándole vueltas a lo de los invasores, y ahora que no tengo que trabajar pienso una vez más en las invasiones bárbaras a mi clase social. Me quedo encantado pensando que una extraña pasión invade a las clases obreras de los países en que reina la civilización capitalista; una pasión que en la sociedad moderna tiene por consecuencia las miserias individuales y sociales que desde hace dos siglos torturan a la triste humanidad. Esa pasión es el amor al trabajo, el furibundo frenesí del trabajo; que lleva hasta el agotamiento a las fuerzas vitales del individuo y de su progenitura. En vez de reaccionar contra esa aberración mental, los maestros, los economistas y los moralistas han sacrosantificado el trabajo. Hombres ciegos y de limitada inteligencia han querido ser más sabios que su Dios; seres débiles y detestables han pretendido rehabilitar lo que su Dios ha maldecido.
14 Jun 2013
A Messi, a su padre y a sus asesores les han pillado.
A Messi, a su padre y a sus asesores les han pillado. Les han pillado haciendo trampas en un juego que también era el suyo juego. Ademáns haciendolas mal, sin gracia. Para un jugador es un desastre. Para los que esconden en el pecho un corazón venerador también. La capacidad de veneración es un carácter discriminador, que traza fronteras en la naturaleza humana. Frente a cualquier grandeza se despierta en algunos individuos un sentido de reconocimiento, de disponibilidad a recibir y agradecimiento por lo recibido. Quien no posee esta naturaleza rechaza instintivamente todo lo grande, lo aleja de sí, intenta averiguar sus puntos débiles.
Nunca nos cansaremos de procurarnos alegría y una de las maneras de hacerlo es aprender a reír, al menos de uno mismo. Y por supuesto de todo tipo de hombre superior. Y no confundir "reír" con "burlarse". Eso no quiere decir que no haya que burlarse a veces, pero sólo en los momentos en que para nada sentimos necesidad de alegría, ni siquiera ganas de reír. Hay momentos en los que es más interesante comprender que vivir, en los que salir del medio de la ecuación es lo que permite seguir alegrándose con la vida, en los que amar la verdad y la belleza significa "marcharse a desiertos sin dioses y hacer pedazos el corazón venerador".
Allí ante todo uno aspira que se le deje en paz con la “actualidad”. Uno aspira a estar libre de noticias, allí se procura cualquier cosa que sea silenciosa, fría, noble, todo lo que está pasado y lejano, todo lo que tiene una cierta alcurnia, en fin todo lo que por su aspecto no obliga al alma a defenderse y a cerrarse, todo de lo que se puede hablar sin hablar fuerte.
¿Qué es lo que ha seducido tu alma hasta ahora? ¿Qué es lo que la ha seducido y la ha hecho feliz a la vez? Haz que ante tus ojos desfile la serie de objetos que tu veneras, y tal vez te revelen una ley fundamental de tu ser. Compara estos objetos entre si, y ve como forman la escalera que te ha servido hasta el presente, para trepar hasta ti mismo; porque tu verdadera esencia no está oculta en tu profundidad, sino que está a una altura inconmensurable. ¿Profundidad? Es muy fácil ser profundo, basta dejarse invadir por las propias taras.
La admiración por el héroe, el culto al genio es una supervivencia de la veneración a los dioses y a los príncipes. Pero no es fácil pasarse sin personajes como Messi. Sin la figura del ganador, del número uno. Uno a veces tiene que optar entre suprimir a los personajes dignos de venerar o bien os suprimírse a uno mismo. El último término sería el nihilismo; pero el primero, no sería igualmente ¿el nihilismo? Ése es un punto de interrogación.
Muchos nos perdemos en el desierto, porque el desierto crece, y ¡ay! no hemos podido evitar albergar dentro de nosotros desiertos. Demasiados han vuelto del desierto con ánimo de someterse a dioses peores que los que le expulsaron del paraíso. Nos perdimos intentando llegar al punto en el que no veneramos ya nada, en el que a nada tratamos como a una cuasi divinidad, en el que tratamos a todo -nuestro lenguaje, nuestra conciencia, nuestra comunidad -como producto del tiempo y del azar. Alcanzar este punto sería, en palabras de Freud: “tratar al azar como digno de determinar nuestro destino.
Acabamos venerándonos a nosotros mismos, urdiendo historias individuales -informes de casos, por así decirlo- de nuestro éxito para crearnos a nosotros mismos, de nuestra capacidad para liberarnos de nuestro caso individual. Nos condenamos a nosotros mismos por no lograr liberarnos de ese pasado y no por lograr vivir de conformidad con pautas universales. Va a ser penoso ver bajar a Messi de los altares. Algunos bajarán con él.
En el 726, León el Isaurio emitió un edicto prohibiendo a sus fieles súbditos la veneración de los iconos o imágenes santas, hasta entonces tenidas por vehículos de salvación. La iconoclastia fue en su momento la revolución. Era el propio principio de representación lo que estaba en juego. Venerar al gran futbolista, al gran político, al gran pensador es como venerar al santo, a la mercancía o al mismo Estado: continuar con el fetichismo. Algo parecido a ponerse venerar una alcantarilla, cuya necesidad es también es considerable.
13 Jun 2013
El bipartidismo rampante.
¿Qué pensar de que los dos partidos de gobierno se presenten unidos ante Europa? Pues que estamos mal, que ellos están mal o que estamos mal todos. ¿Qué vamos a pensar si no? ¿Y de lo de unificar protocolos ante la cantada rebaja de las pensiones? Pues más de lo mismo. La unión hace la fuerza. Supongo que no estamos tan mal como para pactar una nueva constitución o que de una nueva constitución no ven ganancia alguna ni para ellos ni para la nación. En este orden.
También los que son partidarios de la independencia de Cataluña unifican criterios. Porque tienen mucho que ganar ellos o porque creen que los catalanes vamos a salir ganando. Y, por qué no, todas las anteriores. La unión hace la fuerza. Menos mal que no se unen también las autonomías españolas y las naciones europeas lo suficiente como para unificar criterios, no debemos estar tan mal o no ven la ganancia en hacerlo.
¿Es preferible una verdad desmoralizadora que una falsedad unificadora? Sartre fue vilipendiado por haber confesado en sus últimos días que siempre había sabido de la existencia del Gulag pero que no había dicho nada para no desmoralizar a la clase obrera. Sin embargo, ¿es la verdad siempre el valor más elevado y, a los que insisten que así es, qué precio están dispuestos a pagar por ella? La unidad nacional no es poca cosa. Es difícil de alcanzar y fácil de perder. Sólo el que no haya nunca conocido la guerra civil puede creer que la paz y la justicia son siempre compatibles. Lo mismo puede afirmarse de la verdad y la paz dentro del monopolio de la política que ejerce el Estado Absolutista.
Dentro de cada uno existe también la posibilidad de practicar una unificación. De hecho los términos de personalidad múltiple están siendo substituidos por los de yo fracturado en psiquiatría. Como si no se tratara de unir personajes distintos sino de recordar que “antes” fuimos uno. Alicia se da cuenta de que antes de caer en el pozo era otra, así que para ella sus aventuras empiezan en el País de las Maravillas. Pero eso a nosotros no nos pasa aunque estemos creyendo poder empezarlas cada día no estamos en ese país.
No tiene ningún sentido hablar de mi yo de ayer o de mañana. Cada persona tiene una historia de experiencias pasadas que es la memoria, que unifica con respecto a su cuerpo, y que vincula a sus actuales experiencias y proyectos, construyendo la representación mental que manifestará por medio del término “yo”. Y consecuentemente podemos entender la conciencia del yo como el acceso a, y el uso de, esta representación mental que cada personaje tiene de sí mismo, y que incluye los recuerdos del pasado y sus proyectos de futuro. Recuerdos y proyectos son estados mentales actuales de cada persona, la conciencia del yo sigue siendo darse cuenta de algo actual, tanto como la conciencia de estar alegre, tener dolor o pensar en algo.
Los catastrofistas dicen que se suicida más gente. No es verdad. La sociología arranca con el estupor de Durkheim perfectamente plasmado en su libro “El suicidio” al constatar la inercia de los grandes números. Al comprobar cómo se suicida casi siempre el mismo número de personas. Como si el Estado mismo se comportara como alguien sometido a un Yo, a la tiranía de una costumbre. La estadística, como muestra la etimología, está asociada a la construcción del Estado, su unificación y administración. Orientada simultáneamente hacia el conocimiento y hacia la acción, hacia la descripción y hacia la prescripción. Depende de convenciones y al tiempo refleja una realidad, a pesar de que estas dos afirmaciones sean incompatibles.
La fragmentación política es frecuentemente la amiga, y no la enemiga, del avance social y económico, pues pone un alto “tanto al poder como a la autoridad”. La gran batalla de la humanidad a lo largo de diez mil años ha sido la batalla contra el monopolio. A los grandes unificadores han seguido estancamiento, desórdenes y pobreza. Cuando no directamente guerra. Tanto en la Dinastía Ming en la China bajo Yong-Le como en el Imperio Romano en tiempos de Diocleciano. Las grandes unificaciones de hoy son la dinastía del Mercado Global o el Imperio a secas, el nuestro país: el bipartidismo rampante.
12 Jun 2013
La ambición de personas perturbadas.
Me han dicho que el camino desde el humanismo hasta el bestialismo pasa por el nacionalismo. No lo sé, pero prefiero pensar que es muy humano pretender cambiar de ideas para cambiar las cosas, que si llamamos humanismo al querer cambiar el sistema ideológico procurando respetar las instituciones, entonces podríamos llamar reformismo al cambiar la institución sin tocar el sistema ideológico. La acción revolucionaria podría entenderse entonces como una conmoción simultánea de la conciencia y de la institución.
El médico ve al hombre en su plena debilidad, el jurisconsulto en su maldad, el teólogo en su estupidez. El pretender pasar sin Autoridad, sin siquiera el recuerdo de las maneras religiosas de imponerla nos etiqueta de pardillos. Es decir mientras no se cambie de manera de pensar, de sentir, de valorar... ¿cambiar de manera de hacer siendo los mismos? ¡Anda ya!
Multiplicar las reformas es cambiar para ser más de lo mismo. La manera más fácil reformar a una persona es aburrirle de tal forma que le haga perder cualquier interés por la vida. Nada puede retardar tanto la revolución como la reforma. La indignación de la clase burguesa por sus injusticias pretende fecundar al pueblo con soflamas revolucionarias. Pero pretender además que haga la revolución por ella: ¡eso es pasarse tres pueblos!
No sé hasta qué punto la reforma protestante está unida al espíritu del capitalismo. En su momento llamó la atención que la reforma protestante empezara con Enrique VIII aboliendo los monasterios y que luego pretendiera que la cristiandad entera fuese un monasterio y cada cristiano su propio monje. Entonces a Moro le dio por escribir su Utopía. Y muchos sin saber cómo decirlo pensaron ya en la revolución.
Pero poco después, y ya en el continente Calvino vino a decir que la prueba del amor de Dios por alguien es que le fueran bien los negocios, que si trabajas sin vocación para obtener riquezas, tu repugnancia al trabajo en sí debe ser considerada como síntoma de una ausencia de gracia. Por haber acertado al aplicarse a su trabajo Dios recompensa a los elegidos volviéndoles atentos y diligentes en sus tareas.
La fe en la predestinación no condena a los elegidos al fatalismo. Los elegidos son por naturaleza refractarios al fatalismo, es precisamente por su rechazo al fatalismo por lo que se prueban a sí mismos la bondad de su elección. Una misma causa, el decreto divino, causa mi elección y el hecho que me comporte como un elegido. Si no me comportara como un elegido, es que el decreto divino no me habría sido favorable y entonces me condenaría.
Lo mejor de cada uno sólo puede realizarse mediante actividades peligrosas, no arriesgarse es tan malo para la vida de una persona, como para una sociedad. ¿Por qué hemos de tolerar una dieta de venenos flojos, un hogar con insípidos alrededores, un círculo de relaciones que no son por completo nuestras enemigas, el ruido de motores sólo con la suficiente disminución para impedirnos la locura? ¿Quién puede querer vivir en un mundo de reformistas, en un mundo que únicamente no es del todo fatal?
Si la sociedad está en peligro no es debido a la agresividad humana sino a la represión de la agresividad de los individuos. El hombre que tiene miedo sin que haya peligro inventa el peligro que sea para justificar su miedo. Ante lo que queda por hacer a muchos nos invade la sospecha de que no nos rodea simplemente el terror organizado, el miedo abyecto a carecer de la clase a la que pertenecemos de nacimiento, sino un enemigo mucho más peligroso: la estupidez. De repente parece que todo lo que estamos haciendo o no haciendo no solamente parece mezquino y cruel, sino también profunda y desesperadamente equivocado y estúpido.
No sólo ha habido estupidez e ignorancia, lo que verdaderamente nos ha jodido ha sido la ambición de personas perturbadas. ¿Podemos entender el capitalismo sin ella? La pretensión de avanzar hacia un mundo social y económicamente más equilibrado y justo sin cuestionar las actuales tendencias expansivas de los activos financieros, los agregados monetarios y la mercantilización de la vida en general es clave para entender como hay tantos creen que basta acumular reformas para conseguir acercarnos a ese mundo.
11 Jun 2013
Los grandes chivatos.
Las cosas hay que hablarlas, se nos dice. Hay que dialogar, escuchar lo que tenga que decir todo el mundo se insiste. Bien, ahora se escucha más de la cuenta, pero desde luego no sólo por aquellos a los que creemos dirigirnos. Nos hemos pasado, y aunque no se trata de buscar culpables porque como dijo el poeta es castigar tierra sorda, en una sociedad saturada de relaciones interpersonales y de comunicación personal e íntima, con exceso de "ruido de alma", se ha fomentado y legitimado la idea de que hablar de lo más privado ayuda a la salud del alma.
Cuando no se puede mover el dinero se mueven los datos, para ver si se consigue así hacer que se mueva el dinero. Es la cultura, ¿saben? “Cuando te quedas sin nada, si siquiera con dinero, la cultura es lo primero”. Las técnicas de ventas se escapan de las tiendas y escaparates e irrumpen en nuestra vida privada, es la deformación continuada, formas mucho más potentes de manipulación se convierten en moneda de cambio.
Son los persuasores ocultos, informadores que se hacen pasar por amigos, que creemos que son “de los nuestros” y se aprovechan de nuestros mejores instintos. Entretanto los líderes sociales, cívicos y religiosos se aprestan a usar técnicas de espionaje con el fin de saber qué “necesitamos”. Debido a esta intersección, es difícil distinguir la camaradería de la coerción. La seguridad de la privacidad. Los vendedores fingen se nuestros amigos y nuestros amigos se comportan como vendedores. Ponemos en duda hasta la bondad de los maestros cuando como Sócrates preguntamos: el que enseña, ¿persuade o no de lo que enseña? Por si las “flais”, al moralista: puñalada.
Uno pasa de tener la culpa de no saberse la lección a tener el peso de la deuda que contrajo por ser de los últimos de la clase y del peso de la deuda a la culpa de tener el representante que se merece casi sin darse cuenta. El hombre endeudado, aquel trabajador precario que queda preso del crédito casi de por vida, reducido a una suerte de servidumbre por deudas es sucedido por el hombre mediatizado, que reemplaza a la vieja noción de alienación para dar cuenta del sometimiento a los dispositivos de comunicación, que esconden la inteligencia humana, la verdad común de la comunicación, bajo formas nuevas de control. Al tiempo que se convierte en un hombre asegurado, aquel obsesionado por la seguridad de su propiedad, por el riesgo de su vida, por el miedo a la pobreza. Finalmente, llegamos al punto de partida, al hombre representado, que podemos decir que es el núcleo del problema de la emancipación.
Snowden, Manning, Assange... los grandes chivatos de hoy son los desertores de la guerra de información que se está librando. Habría que destruir todos estos historias ridículas de “muertos por la patria" y alabar a los desertores. La resistencia nace en la deserción. No se hace historia con los desertores. Se les hace bullying. El que dice que esto es la guerra va a ser acusado de traidor, de desertor. El que no está conmigo está contra mí decía Pompeyo; dicen que César decía: el que no está contra mí está conmigo, pero lo decía para ir ocupándose de sus enemigos por turnos.
Sólo una decisión mística permite a los izquierdistas de salón y talón saber que todavía son de izquierdas. Cuando el enemigo contra el que te rebelas se desperfila el efecto “en-contra” tiene que satisfacerse a sí mismo... this being against becomes the essential key to every active position in the world, dicen Negri y Hardt en su Empire. Los against.men ahora deberían desertar del sistema, pero en un mundo sin alrededores no hay donde retirarse, la deserción no conduce a ninguna parte, desertion does not have a place...
Son como ciertos acontecimientos: no tienen, no han tenido, no van a tener “lugar”. Los dromomaníacos (Virilio) son los vagabundos, los desertores, son los que padecen “ manía deambulatoria” son todos esos errantes que intentan ocultarse de la vigilancia manicomial. Los del “vive deprisa y muere joven”. Para Jünger el paso del anarquismo a la anarquía: el anarquista luchaba para derrocar el poder, el anarca se emboscaba para que no le pillaran y hacía por que reventara solo. Pero para eso hay que moverse, no hay que dejar que, como a estos heroicos chivatos de hoy te acaben pillando en el lugar del suceso.
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