23 Abr 2014

Acheronta movebo.

Escrito por: franciscosanz el 23 Abr 2014 - URL Permanente

Un presidente pide a otro más imaginación. Eso ya lo pedíamos en las calles en el 68: Imaginación al poder. O sea se trata de montar un engaño que se pueda creer, ¿no? Para resolver el problema catalán, el de la corrupción, el paro, la deuda o la crisis mediante la razón, convoquemos a la imaginación. En plan Virgilio: "Flectere si nequeo superos, Acheronta movebo." Traducción: "Si no puedo persuadir a los dioses del cielo, moveré a los de los infiernos."

Tenemos tendencia a rechazar el valor de la razón frente a la imaginación cuando con la razón no nos basta para estar a la altura de la imagen que habíamos trazado en nuestra fantasía. Entonces se trata de imaginar otra cosa. A ver si así las cosas mejoran. A ver si así por fin salimos de la caverna de los sueños con un cierto honor.

La motivación para salir de la caverna decrece en proporción a lo favorable de la situación, cuando nos dicen que se puede salir de la crisis, que Cataluña puede ser independiente, que basta echarle imaginación, insistir en que es posible, en que lo estamos consiguiendo. Esa disposición a exponerse a los rigores de la realidad y “sacrificarle” las delicias de la imaginación retorna a lo largo de la historia humana, es el patrón de todas las decisiones ante un umbral.

La falta de claridad de las líneas a atravesar para ganar espacio hace más difícil cada vez advertir de qué se trata: aun así, el componente de más amplia vigencia entre todos los del mito es que los espacios cerrados casi nunca pueden abandonarse a resultas de un ánimo exultante, sino que la presión ha de venir desde el interior. Incluso en su sentido restringido de declaraciones y confirmaciones comprobables, es parte constituyente de la historia el que la curiosidad impulse antes de que la curiosidad atraiga. Es lo que podría llamarse echarle imaginación a la cosa.

La razón se interesa por las diferencias entre las cosas, la imaginación por sus semejanzas. El orden es el placer de la razón, el desorden la delicia de la imaginación. Hay que combinarlas. Recuerdo que a mi hija le dijeron una vez en la escuela primaria que era muy creativa. Menos mal, le dije a su madre, que no le han dicho que es muy inteligente. La niña estaba oyendo desde la otra habitación. ¿Por qué? me pregunta la madre. Porque cuando los maestros dicen de un niño que es muy inteligente le están diciendo a sus padres que a ver si le hacen más caso. Además, a fin de cuentas en clase sólo hay dos clases de niños, los inteligentes y los creativos. La niña entró en la habitación rápidamente a por aclaraciones. Nosotros también, prestando tanta atención a nuestros políticos les estamos precipitando hacia la creatividad, hacia la tontería.

Es el ejercicio de la libertad, de la democracia, el que nos lleva a hacerlo. Ningún gobierno puede ser beneficioso cuando pregona que su actitud es la de preocuparse por la gente. La libertad y la democracia existe cuando es la gente la que nos preocupamos por el gobierno. El pedir imaginación al poder no es lo mismo que pedir imaginación desde el poder, eso sería pedir una nueva forma de poder, pedir la revolución. Supongo que eso no es lo que pide Rajoy a Mas cuando le pide más imaginación. Le está pidiendo a ver si inventa algo con lo que salir del lío. ¡Vamos! Un cuento, que es el día del libro.

Las limitaciones de nuestra imaginación se traducen en los modelos con que nos hacemos, cuando tenemos que describir algo que no se parece a nada que hayamos experimentado con nuestros sentidos. Imaginar como la luz puede ser a la vez onda y partícula nos cuesta porque nos cuesta reprimir “un vano e incontrolado deseo de verlo en términos de algo familiar”.

Los médicos de esto sabemos un huevo. Sabemos lo importante que es tranquilizar la imaginación del enfermo para que las cavilaciones sobre su enfermedad no le hagan padecer más que la enfermedad misma. Creo que es algo. ¡Y no poco! ¿Comprendéis ahora para qué estamos los inteligentes, para qué están los políticos? Para tranquilizar la imaginación del pueblo. Y mientras nosotros no podamos cambiar de gobierno que al menos el gobierno le eche imaginación a la cosa, que cambie de pueblo.

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22 Abr 2014

En tiempos de desolación no hacer mudanza.

Escrito por: franciscosanz el 22 Abr 2014 - URL Permanente

En tiempos de desolación no hacer mudanza, dice un viejo libro. ¿Vivimos en tiempos de desolación? ¿Quieres poner un paréntesis, una nueva línea de salida en tu vida? Haz mudanza. Quiero decir vete con tus cosas a otra parte. Cambia tu hogar de sitio. Mudarse es romper un conjunto de lazos, renunciar a un horizonte familiar para usar otro, necesariamente desconocido. En el curso de la mudanza tus cosas van a perder no sólo su lugar, su función y su uso habituales, sino incluso su significado.

Ramón decía no poner cosas en su casa sino su casa en las cosas. Mientras te estés mudando vas a estar sin casa al cuadrado. Para que la mudanza sea un éxito la des-semantización de los objetos es inevitable. Van a ser desprovistos de las cualidades, de las relaciones que habían tenido con los lugares de ese hogar que estás dejando atrás. Se van a convertir en simples bloques de materia a desplazar. Ahora vas a considerar su peso, su fragilidad eventual, el volumen que van a ocupar en el camión que va desplazarlos.

En esta puesta entre paréntesis hay algo bastante deprimente, necesariamente deprimente. Pero hay que saber abandonar los lugares y el sentido de tus cosas a la vez, hacer con ellos un trabajo de duelo similar al que se hace al dejar atrás a los muertos. Para no ser invadido por fantasmas, para poder volver a empezar otra historia. El trabajo de duelo, el Trauerarbeit lo aplican los psicoanalistas sobre todo a los malos rollos que deben enterrarse en el fondo del corazón. Para devolver vida a la líbido en la medida en la que todavía podemos reemplazar los objetos, lugares y sentimientos perdidos por otros nuevos, tan preciosos como los que hemos perdido o incluso mejores que ellos.

Habitamos un lugar cuando nuestra manera de ser está muy influida por haberlo frecuentado. Hábito y habitar son palabras que guardan estrecha relación... aunque en vez de habitar somos simplemente alojados en nuestras costumbres. A veces la mejor manera que tenemos de acabar con la peor tiranía, la del habitus, la de la costumbre, es largarse con tus cosas, tus recuerdos y tus compañeros a habitar a otra parte. Para habitar otro orden de cosas podemos empezar por hacer mudanza. Tempora mutandur, et nos et mutamur in illis. Mudan los tiempos y nosotros mudamos con ellos.

Las leyes de la conciencia que decimos nacer de la naturaleza, nacen de la costumbre. Cada uno tiene en interna veneración las opiniones y costumbres aprobadas y aceptadas en torno suyo, y no puede desprenderse de ellas sin remordimiento ni ejecutarlas sin aplauso. Antaño, cuando los cretenses querían maldecir a alguno de los suyos, pedían a los dioses que les enviaran alguna costumbre. Pues el principal efecto del hábito es apresarnos de tal modo, que no nos deja apenas lugar para razonar y discurrir sobre sus ordenanzas.

Decía Bourdieu que los condicionamientos asociados a una clase particular de existencia producen habitus, los entendía como sistemas de disposiciones duraderas y transferibles, estructuras estructuradas predispuestas para funcionar como estructuras estructurantes, es decir como principios generadores y organizadores de prácticas y representaciones que pueden estar objetivamente adaptadas a su fin sin suponer la búsqueda consciente de fines y el dominio expreso de las operaciones necesarias para alcanzarlos, objetivamente "reguladas" y "regulares" sin ser el producto de obediencia a reglas, y a la vez que todo esto colectivamente orquestadas sin ser el producto de la acción organizada de un director de orquesta. El hecho que los dominados no tengamos otras herramientas que las producidas por la dominación a la hora de comprender nuestra situación es lo que induce en nosotros esa complicidad, ese reconocimiento práctico y no discursivo, arraigado en las oscuras profundidades del "habitus" y no en las claridades emergentes de la conciencia.

Las condiciones de vida de las que se nutre el habitus tienden a fomentar una sobreestima de nuestra propia libertad. En habitar estriba la esencia del ser del hombre, pensaba Heidegger, aunque hoy habitar ya no significa dejar una huella de nuestra vida en el paisaje. Habitar equivale a inscribirse es el censo de consumidores de alojamientos y tener derecho a un alquiler o un crédito vivienda. En estas condiciones, es decir en tiempos de desolación, mejor no hacer mudanza. ¿Para qué? En otro sitio las cosas seguirían igual.

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21 Abr 2014

Las palabras de los otros.

Escrito por: franciscosanz el 21 Abr 2014 - URL Permanente

Si casi toda nuestra actividad cerebral fuera inconsciente podríamos entender tener consciencia como un intento de salir de nuestro propio cerebro subordinándonos con ella a un orden más grande de cosas, que la consciencia lo fuera de un todo exterior a nosotros mismos, que la consciencia naciera como una función de esa totalidad en nuestra cabeza, una relación, un medio de incorporarnos a ella.

Sin necesidad de ponerse spinozista por muy tentador que resulte y antes de recurrir a las palabras “para darnos cuenta”, la consciencia es el reducto de dos ilusiones. La ilusión psicológica de libertad y la teológica de finalidad. Por la primera, al no retener sino efectos de los que ignoramos causa, la consciencia puede creerse libre y prestar al espíritu un imaginario poder sobre el cuerpo cuando ni siquiera sabe lo que “puede” el cuerpo en función de las causas que lo hacen obrar realmente. Por la segunda nuestro apetito de sentido, de objetivos, de destino trazado desde fuera por algo que no entendemos nos hace necesario convocar rápidamente a los fines, a los objetivos, a lo que nos sobrepasa; y damos entrada a las palabras tan deprisa que hemos llegado a pensar que sin ellas no seríamos conscientes de nada.

Las palabras se hacen presentes en la consciencia. Siempre expresamos nuestros pensamientos con las palabras que tenemos a mano. O para expresar toda mi sospecha: en cada momento tenemos tan sólo el pensamiento consciente para el que disponemos de palabras capaces de expresarlo aproximadamente. La consciencia que nos es verdaderamente propia está en nosotros, pero tan escondida que resulta difícil traducirla al lenguaje. Los hombres tenemos tanta necesidad de palabras que puede ser imposible llevar a la práctica un pensamiento que no se exprese con ellas.

Las palabras que la ciencia rigurosa toma del lenguaje normal cobran todo su sentido desde el sistema construido; y el hecho (a menudo inevitable) de recurrir a una palabra común antes que a un neologismo o a un puro signo arbitrario, desde un punto de vista metodológico correcto, sólo puede inspirarse en el deseo de utilizar la capacidad de manifestar relaciones insospechadas que a veces posee el lenguaje en tanto que depositario de un trabajo colectivo.

Dicho de otro modo, la consciencia no pertenece propiamente a la existencia individual del hombre, sino más bien a lo que en él es de naturaleza comunitaria y gregaria; la consciencia, en consecuencia, solo está desarrollada sutilmente en relación con las utilidades comunitaria y gregaria, y cada uno de nosotros, a pesar de la mejor voluntad puesta en comprenderse lo más individualmente que sea posible, para "conocerse a si mismo", no hará sin embargo más que llevar a la consciencia lo no individual, lo que es su "promedio"; que nuestro pensamiento mismo se ve, por así decirlo promediado por el carácter de la consciencia, por el "genio de la especie" que reina en ella y retraducido a perspectiva colectiva. Nuestros actos, en el fondo, todos ellos son incomparablemente personales, únicos, individuales en un sentido ilimitado, esto está fuera de duda; pero en la medida en que los traducimos a la consciencia: dejan de parecerlo.

Pues sólo hace falta querer “hablarlos” para que sean más de todos. Entonces os puede pasar como a mí que no teniendo nada que decir, no tengo para hablar mas que las palabras de los otros. Es el viejo juego benjaminiano de escribir un texto propio sólo con escritura ajena. Supongo que el procurar autoridad a la consciencia dentro de mi mente está basado en la creencia en la autoridad es la fuente de la consciencia; aunque esta pudiera no ser la voz de Dios, de totalidades exteriores a mí en lo que soy capaz de sentir o pensar, sino el eco de la voz de algunos hombres que me precedieron dentro o fuera de mí en un pasado en cierto modo común. Algunos eso nos lleva creer que devolver un poco de autoridad al sentido común, a lo que podemos compartir, que si fuéramos un poco más conscientes de lo que hacemos lo haríamos mejor.

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20 Abr 2014

Qué lugar ocupamos.

Escrito por: franciscosanz el 20 Abr 2014 - URL Permanente

Ocupar un lugar no es lo mismo que ocuparse de un lugar. Ocupar el lugar es llenar su espacio interior, considerarlo como libre, a nuestra disposición. Ocuparse del lugar es consagrarle tiempo, preocuparse de él, es ser de alguna manera “parte tomante” de él, de sus movimientos interiores y también de sus asperezas, de sus cualidades y ritmos propios: como dice Jean-Marc Besse, de quién he tomado prestadas esas palabras, c’est le ménager. Ocuparse de su manejo. Ser amos de casa. Del lugar que ocupamos.

Si escribiendo hacemos cartografía viviendo lo que hacemos es geografiar, tener ocupaciones, ocuparnos de las cosas como si fueran lugares. El nuevo localismo, el volvernos más locales para ser buenos como globales aspira a eso. El tiempo que tenemos para pasar en esta tierra no es lo suficientemente largo como para ocuparnos en otra cosa que no sea nosotros mismos. La cuestión de qué lugar ocupamos en el cosmos, en el mapa de la ciudad, en la sociedad, en la familia, en la conciencia ha sido siempre clave.

Cómo ocupar las casas, las riquezas vacías es la asignatura que siempre estamos dejando para septiembre. En ecología hemos visto cómo las especies fugitivas tienden a ser las primeras en ocupar los espacios vacíos; se establecen en ellos y se reproducen, se las llama pioneras, de izquierdas. Otras especie suelen ser más lentas en invadir esos lugares, son las sedentarias, los conservadores, los de derechas; pero una vez han empezado a hacerlo, compiten y finalmente excluyen a las especies fugitivas de la zona en cuestión. Estas tendrán que largarse a otros lugares. Es su sino.

Basta prestar atención a una cosa para que se vuelva fascinante. La atención consiste en la apropiación por parte de la mente, en forma nítida y vívida, de uno solo ente todos los aparentes y diversos objetos o hilos de pensamiento posibles y simultáneos. La focalización, la concentración de la conciencia, forma parte de su esencia. Atender implica sustraerse de algunas cosas para ocuparse de otras. Algunos para atender cómo Dios manda tenemos que estar en peligro, intelectus apretatus discurret que rabiat, otros tenemos que envejecer. Borges: “... tantas cosas./Ahora puedo olvidarlas./ Llego a mi centro,/ a mi Álgebra y mi clave./A mi espejo./ Pronto sabré quién soy”.

"Por fortuna no soy propietario de ninguna casa" escribía ya Nietzsche en la Gaya Ciencia. A lo que habría que añadir hoy: es un principio moral no hacer de uno mismo su propia casa si no vamos a poder ocuparnos de ella. En los sin techo puede observarse como la necesidad de espacio para dormir se acerca al mínimo; una caja de cartón sobre la cabeza puede valer para señalar la demanda de espacio del durmiente. Del más famoso de los sin techo se ha transmitido ese dicho: “Los zorros tienen cuevas y los pájaros del cielo tienen nidos: pero el hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza”. ¿Qué significa esto? Que somos sostenidos por una hiperinmunidad esférica (et non sum solus, quia pater mecum est) no estoy solo porque mi Padre está conmigo, que a la hora de dormir se puede reiniciar incluso el confort mínimo de los hijos de este mundo; no exigimos un lecho propio, pero sí un cobertor paradisíaco.

Los impotentes vivimos en hipérboles, los fuertes ocupan territorios y los vuelven a abandonar. Toda vivienda, como punto de apoyo de un poder finito, genera exclusividad: toda autoafirmación puntual produce interrupciones de comunicación y negación del entorno. Esta es su virtud afirmativa, su egoísmo (su ego-manía) y su diagnóstico normal a a la vez. La crisis del alma del mundo pasa a través de las viviendas.

Pero a las viviendas, además de ocuparlas, de ocuparnos de ellas hay que entenderlas. Pero pasa con lo de “entender de viviendas” lo mismo que sucede con lo de “entender de flautas”, que hay dos maneras de interpretar ese saber, pues tanto el lutier como el flautista saben de flautas, pero lo que cada uno entiende de ellas es muy distinto. Eso se repite en la naturaleza, con la humanidad. Lo natural es entender cómo funcionan pero puede considerarse también natural humanizarlas, intentar cambiarlas. Y como con respecto a los caballos, el mucho andar a caballo a unos hace jinetes, a otros caballeros y a otros caballerizos.

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19 Abr 2014

En términos de franco chantaje.

Escrito por: franciscosanz el 19 Abr 2014 - URL Permanente

Se nos lleva a producir más de lo que necesitamos. ¿Para qué? Para producir plusvalía con la que alimentar la obscenidad, la obesidad del capitalismo. Si consumiéramos menos, si produjéramos menos, el frágil equilibrio que nos mantiene todavía rodando desaparecería y eso haría que a los que les está yendo tan mal, peor les fuera. Hoy se nos gobierna en términos de franco chantaje. El prototipo fue aquel famoso banquero con cara de vampiro que decía: "Su dinero me interesa". Hace ya diez años que la obscenidad entraba en las costumbres como estrategia de gobierno. Nos dijimos: es una publicidad muy mala por su agresiva indiscriminación. Muy al contrario era una publicidad profética, cargada de todo el futuro de las relaciones sociales... Hoy cedemos a este chantaje colectivo, a esa inyección sutil de mala conciencia.

En qué momento cedimos a la obscenidad es cosa que ya investigarán los genealogistas. Los historiadores recuerdan que en la época de Napoleón III ganar dinero se convierte en una pasión casi sensual, y el amor en una cuestión monetaria. Antes, para el romanticismo francés, el ideal erótico era la modistilla (grisette) que se entrega; ahora es la cortesana (lorette) que se vende. En el primer caso pagabas porque se había entregado, en el segundo pagas para que se entregue. Ya no se intercambian regalos, se compra y se vende y el fair-play desaparece. Y la jerarquía se vuelve obscena. La mercancía se hizo carne, y habitó entre nosotros. Ya podemos producir y consumir mucho más de lo que necesitamos.

Para que sigamos trabajando demasiado, cobrando demasiado poco, se generaliza el terror a todas las escalas. Desde el individuo a los grupos y desde los grupos a las empresas y a las naciones mismas. Por ejemplo bajo el señuelo del trabajo en equipo, se implanta en los pelotones de trabajo que son el corazón de la producción, el terror sutil, la represión suave, aceptada sin rechistar por los trabajadores pues saben que en el océano que les rodea se instaura el paro los bajos salarios, la precarización y la inseguridad a todos los niveles. ¿Qué sentido le queda al absentismo y al enfrentamiento con los cuadros directivos?

La clase dominante repite que hay que competir, recortar, que no podemos quedarnos parados, que hay que seguir generando empleo, creciendo. Para evitar que sean cada vez más los rentistas mantenidos a costa del Estado, mientras en la política exterior perdura la competencia, es decir, la carrera de competición entre los diferentes Estados. Por esa brecha es por donde penetra el terror. Sin duda son otras circunstancias las que lo provocan: en esto queda al descubierto uno de los motivos que hacen que subsista el terror. La velocidad generada por la carrera competitiva de los Estados entre sí causa ahora necesariamente miedo. En un caso el nivel depende de las altas presiones; en el otro, del vacío. En el primer caso quien marca el ritmo es el ganador; en el segundo, aquél a quien cada vez le van peor las cosas. Con esto se halla relacionado el hecho de que el Estado se ve forzado en el segundo caso a someter permanentemente una parte de su población a unas intromisiones horrorosas. Vienen días de grandes operaciones, Lenin decía que el Terror del Estado constituye el equivalente a la anestesia general cuando de grandes operaciones sobre grandes colectivos se trata.

Nos causan terror. La cuestión es que sepamos qué, quiénes, nos aterrorizan. El terror está siempre vinculado a una actividad que tiene que ver con la capacidad productiva de la conciencia, de las manos, de los pies. Muchos desastres y males pueden inspirar horror, espanto, pavor y temor; pero no producir terror. Todos ellos pertenecen más bien al miedo; la inquietud, la ansiedad, la melancolía, más bien a la angustia. El primero lleva hacia lo conocido; la segunda hacia lo desconocido. Si perdemos de vista qué, quiénes, nos aterrorizan no podremos hacer nada por evitarlo. En la sociedad conformista, la ansiedad causada por el “terror suave”, es como el autoincriminarse de quienes viven bajo el terror sanguinario, es decir en las dictaduras totalitarias. Porque no nos rodea simplemente el terror organizado, sino un enemigo mucho más peligroso: la estupidez. ¿Qué ocurriría si alguien dijera de repente que todo lo que se estaba realizando no solamente es mezquino y cruel, sino también profunda y desesperadamente superfluo y estúpido?: Nada. ¿Nada?

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18 Abr 2014

La ignorancia es atrevida y al saber le llama suerte.

Escrito por: franciscosanz el 18 Abr 2014 - URL Permanente

“No basta que veas en qué ignorancia viven el hombre y el animal; debes también tener la voluntad de la ignorancia y aprenderla. Te es necesario comprender que, sin esta suerte de ignorancia, la vida misma sería imposible, que es una condición merced a la cual prospera y se conserva lo que vive… Hoy se intenta por todas partes extender el saber, ¿quién sabe si dentro de unos siglos no existirán universidades para restablecer la antigua ignorancia?”

Si Nietzsche despertara vería cómo su profecía se está cumpliendo, ya que como cada década el número de conocimientos se dobla, los individuos cada vez disponemos de mayor información. Sin embargo si entendemos como ignorancia el no saber de las cosas que nos afectan entonces cada vez somos más ignorantes. Algunos universitarios que de algo sabemos mucho y de lo demás menos que nadie somos conscientes de ello.

Está demostrado que más información no conduce de manera necesaria a más libertad o a mejores decisiones. La profunda inmunidad de un ser reside en su no-transitividad, en su no conductividad a los flujos múltiples que le rodean, en su secreto y en la ignorancia que vive respecto a su propio secreto. Atrévete a no saber, decía Tertuliano, sabía que la ignorancia no sólo engendra fe, sino que las lagunas de información pueden ser fuente de felicidad. Tanto el pensamiento como la inspiración necesitan un vacío. Sin vacíos de información el pensamiento degenera para convertirse en cálculo, el erotismo en pornografía. Schmitt pide a la política “valor para el secreto”.

De política en particular sabemos con una especie de ignorancia que nos disuade sin aclararnos. “La virtud es conocimiento; todos los pecados se cometen por ignorancia; sólo es feliz el virtuoso” estas tres formulaciones del optimismo -dijo Nietzsche - representan la muerte de la tragedia”. Y no sólo eso sino que descarriaron el optimismo de los modernos. Lograron que estos se desviaran de su propio interés -la política utópica - y se centraran en la posibilidad de rehuir la política abandonando la práctica por la teoría.

Al multiplicar nuestros conocimientos nuestra ignorancia parece incrementarse a nivel exponencial. En biología no ha habido indicador más convincente de nuestra ignorancia del universo microbiano que el descubrimiento tardío del género microbiano Prochlorococus, cuyas células planctónicas realizan fotosíntesis mientras flotan en el mar abierto. No menos de doscientas mil de ellas pueden vivir en un nada de agua marina, pudiéndose afirmar que se trata de la especie más abundante del planeta, y desde luego, responsable en buena medida de la contribución del océano a la cadena alimentaria global y quién sabe si un factor clave en la homeostasis que la vida realiza sobre la temperatura de la biosfera. Y sin embargo el Prochlorococus nos fue desconocido hasta 1988.

Se ha dicho que la ignorancia es atrevida. Muchos científicos ya no difunden lo que saben, ya no investigan, porque saben de la avidez del Mercado y de sus Estados Unidos Cómplices. No están por ignorar los riesgos, saben que en nombre de los beneficios que se esperan, seguirá fluyendo el dinero, que se aplicarán los resultados, que la sociedad los seguirá la senda de las nuevas posibilidades como al cordero de Panurgo

Un momento estelar del atrevimiento de la ignorancia en la historia de la humanidad, sucedió en 1942, un tal Teller metido en el proyecto de la bomba atómica de fisión, expone que a ella se seguirá la de fusión y que hay un factor de riesgo en la de fisión que implica la posibilidad e incendiar la atmósfera entera. Se para el proyecto. El supervisor del proyecto, un tal Crompton, llama a otro físico, un tal Bethe, que estima la posibilidad de que el asunto (el factor del calor absorbido, pudiera acabar con el incendio de la atmósfera entera) en un 3 por millón. Sin embargo deciden seguir adelante.

¿Ignorantes? De acuerdo. Pero hay que saber qué tipo de ignorancia hay que propiciar y cuál defender. ¿Llamar las cosas por su nombre? Vale. Pero aunque no sabemos si toda la vida es sueño, al menos pensamos que si el que está soñando se levanta es clave saber si anda hacia el abismo o por la arista. En el primer caso el sonámbulo al oír su nombre se caerá al suelo y se salvará del abismo, en el segundo al caerse se precipitará en él.

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17 Abr 2014

¿Cuándo partimos hacia la felicidad?

Escrito por: franciscosanz el 17 Abr 2014 - URL Permanente

Todos esos barcos oscilando en el puerto, todos esos coches aguardando en la calle parecen estar diciendo: “¿Cuándo partimos hacia la felicidad?” Nos dicen que los coches cada vez se van a conducir más solos, que va a pasar como con los ordenadores, que la interfaz de usuario va a ser cada vez más para tontos, que va a ser más fácil manejarlos.

Recuerdo cuando la segunda no estaba sincronizada y el freno no era de disco, cuando las carreteras no estaban señalizadas y conducir de noche significaba adivinar la curva. Cuando llevábamos una correa de recambio en el coche y en las gasolineras los automovilistas mirábamos el aceite. Ahora al teclado ha sucedido el ratón y a este la pantalla interactiva. Ahora los coches que ayer mantenían la velocidad mantienen la distancia con el que va delante, te avisan si te distraes o cambias de carril. Incluso no hay que girar la cabeza para aparcar, se ve en la pantalla o, ya puestos, que aparquen solos.

La tecnología facilita los cómos y nosotros fascinados por la facilidad permitimos que los dóndes y los qués sigan en sus puestos de costumbre: ¿Dónde queremos ir? ¿Qué queremos ordenar? Algo parece fallar con ellas cuando seguimos perdiendo tanto tiempo, viajando y administrando tan mal. Como si la magia de la tecnología nos hubiera infantilizado nos da simplemente por estar más tiempo jugando.

En 1865, W.S. Jevons, en The Coal Question, observaba cómo al mejorar la eficiencia de un sistema de entrada disminuye la necesidad de un recurso energético, pero fomenta su consumo y pronto se vuelve a necesitar igual o más que antes. La paradoja de Jevons: Con coches que gastan menos podemos ir más lejos, con mejores carreteras hay más coches en ellas, acabamos estando el mismo tiempo en el coche y seguramente pagando más por ello.

Escribía Simone Weil cuando empezaban a ir mal las cosas de la revolución rusa que “lo difícil es observar que una revolución se equivoca y seguir sin perder la fe en su necesidad. Que ese era precisamente el dilema”. Seguir manteniendo la fe en que los progresos tecnológicos impliquen progresos sociales aunque no los veamos, sería es el nuestro.

Todos esos ordenadores y coches de camino hacia sus cementerios, ¿nos han proporcionado más felicidad?, ¿hubiéramos administrado, hubiéramos habitado la tierra, peor sin ellos? Eso son pajas contrafactuales. Dedicar la mejor parte de la vida a conectarnos a máquinas es como lo de hacerlo a ganar más dinero del que necesitamos para ir tirando con el fin de disfrutar de una dudosa libertad durante la peor parte de ella, recuerda a aquel señor inglés que fue a la India para ganar una fortuna, para luego poder volver a Inglaterra y vivir la vida de un poeta. Debería haberse subido a la buhardilla enseguida.

Cuando Thoreau plantea eso dice haber oído a un millón de irlandeses saliendo apresuradamente de sus casillas: ¿Acaso no es una buena cosa este ferrocarril que hemos construido?. "Sí -contesto- relativamente buena porque podríais haberla hecho peor; pero hermanos míos como sois preferiría que hubierais dedicado vuestro tiempo a algo mejor que cavar en ese lodo".

Métro, boulot, bistro, mégots, dodo, zéro. Ya no hay pasta para ir al bar, ni permiso para ir dejando colillas dentro de él. Por otro lado dormimos fatal. Así que el asunto se ha quedado en: Métro, boulot, dodo. Es decir en ir a trabajar, generalmente en una máquina con ruedas, trabajar en un entorno eléctrico y una vez en casa encender alguna pantalla para que nos acune.

A la tortura del travel: ¡Estoy harto de conducir en estos atascos de los cojones! Pero necesito el coche para llegar a mi trabajo. Añadir la del travail: ¡Estoy harto de aguantar este trabajo de mierda! Pero necesito trabajar para pagar las letras del coche y la factura de la luz. Y una vez en casa preparar el tercero de los palos del tripalium, tres palos de los que se colgaba al condenado, palabra de la que deriva trabajo y que ahora se consiste en acabar el día viendo en la televisión, unos programas que ya no nos dejan en un duermevela reparador como antes porque al mismo tiempo jugamos con el móvil o la tableta. Al final del día, por fin dispuestos para partir hacia la felicidad, nos quedamos dormidos.

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16 Abr 2014

El escandaloso silencio de las buenas personas.

Escrito por: franciscosanz el 16 Abr 2014 - URL Permanente

No nos gusta hablar las cosas con los que tienen otros gustos, otros valores, por mucho que podamos compartir buena voluntad o buena educación con ellos. Del silencio de las buenas personas acerca de los abusos de los que no lo son tanto, de que consideren de buen gusto cambiar de tema cuando surgen en la conversación me he sentido siempre particularmente avergonzado, porque aunque en eso a las buenas personas no las admire en absoluto se hacen querer por todo lo demás.

El que aceptemos la monarquía española, las ínfulas de los independen y españolistas, la corrupción de los mandamases, la violencia de los poderosos… mirando hacia otro lado es de vergüenza. Las palabras de Martin Luther King no puedo cansarme de reescribirlas: “Cuando reflexionemos sobre nuestro siglo, lo que nos parecerá más grave no serán las fechorías de los malvados, sino el escandaloso silencio de las buenas personas”.

Para no escandalizarme una vez más por la liturgia de estos días, para si consigo que no me parezcan más tontos los del capirote que los del furbo, he vuelto a ver “El Gran Silencio”, aquel documental sobre la Gran Chartreuse, que va sobre las condiciones de vida de esos tíos que se atreven a acercarse al Pavoroso Silencio de Dios. También ellos se callan, desde luego, pero hacerlo así parece algo menos ruin. Nosotros con lo de “besar la mano que no podemos morder” tenemos el Estado, el Mercado, las p. cabras y los hijos de p. que nos merecemos.

Si dices que todo va mal eres una persona normal, avispada incluso si afirmas que unas cosas van peor que otras. Si haces algo por remediar casos concretos eres una buena persona, si haces mucho, incluso un santo. Si dices que las cosas van mal por culpa de unos u otros eres un resentido, un indignado o puede que incluso un comunista. Si te da por hacer algo por remediarlas se te confirma que el manicomio en el que crees vivir es real, se pasa a pensar que quizás sería bueno algo de terapia a tu respecto y se te recomienda que te lo hagas mirar mientras que de momento, y por tu bien, se empieza a pensar que quizás no sería malo limitar tu influencia, incluso tu capacidad de movimientos. Las buenas personas empiezan a evitarte.

Hay una tendencia intuitiva a creer que las características positivas (o negativas) se dan asociadas entre sí, lo que hace que a menudo creamos que la gente atractiva debe ser también buena, y que los feos son naturalmente malos. Los listos, buenas personas o que no haya tonto bueno. No solamente hay muchas buenas personas que no se atreven a pedir educación también en castellano para sus hijos en Cataluña, hay buenas personas que a continuación después de haber tomado esa decisión dicen a los demás que sería malo hacerlo.

Llevar la contraria es un atentado contra el confort. El llevar la contraria como cualquier otro éxtasis prefiere finalmente la vía de la renuncia antes que pecar contra su propio concepto realizándose. ¿No es posible admitir que eso también es cierto respecto a lo social - una especie de complicidad colectiva que pone en juego toda su energía para derrotar la realización de lo social por miedo a alterar su concepto y a destruir para siempre su esperanza? Así acabaría conviniendo a fin de cuentas congratularnos por esta pasividad, esta inercia, esta ceguera, que derrota solapada, irónica, triunfalmente los proyectos de las buenas personas en el poder y de los paraísos en la tierra.

Hay momentos en los que se trata de no ser cínico. Cuando uno anda rodeado de gente tan amable por ejemplo. Es como aquel viejo conflicto entre el orgullo y la memoria. “¡Eso hiciste! Dice tu memoria. ¡No lo hice! Replica el orgullo inexorable. Finalmente la memoria cede”. Y qué dice mi memoria, qué me repite antes de que me vuelva a dar por elaborar mis recuerdos, por preparar el caldo del agradecimiento que hace posible digerir los malos rollos, recordar como Dios manda. Que en los momentos difíciles las buenas personas no tienen escrúpulos.

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15 Abr 2014

Nos falta geografía.

Escrito por: franciscosanz el 15 Abr 2014 - URL Permanente

Nos falta geografía. Al escribir cartografiamos interminablemente porque al vivir la descuidamos. Pretendemos cartografiarlo todo. Gepesearlo todo. Sabiendo de la resonancia del espín nuclear de la hemoglobina oxigenada y suponiendo que las zonas mejor perfundidas son las más activas en un momento dado incluso pretendemos cartografiar el cerebro funcionando mediante la resonancia magnética. Decía Deleuze: Écrire c'est lutter, résister: écrire c'est devenir; écrire c'est cartographier, "je suis un cartographe…” Repitió hasta cansarse que pensar es crear, crear es resistir. Y en sus Cartografías Esquizoanalíticas insistía en los territorios, los flujos, las máquinas y los universos. Deleuze, que en el 96, harto ya de su insuficiencia respiratoria un mal día acabaría arrojándose por una ventana.

Se ha dicho que el papel de los humanismos ha sido el de “domesticar” a los seres humanos mediante la lectura haciendo que dominen sus instintos “bestiales”, pero creando unos privilegiados que se escriben unos a otros extensas cartas bajo la forma de libros. Están desapareciendo las enciclopedias de las bibliotecas porque nadie tiene tiempo para ellas en la sociedad de la transparencia digital. Del mismo modo que ha dejado de interesar lo que tenían que decir las personas mayores, que eran las enciclopedias y bibliotecas de las sociedades sin libros. Cuidar a los ancianos entonces podría ser una cuestión de vida o muerte similar al cuidado que un marino debe tener por sus cartas náuticas.

En Ucrania la geopolítica vuelve por sus fueros. El nacionalismo, la identidad nacionalista le puede al sentido común. El nacionalismo que en definición de Santayana es "la indignidad de tener un alma controlada por la geografía”. Luego añadía que el feminismo, en su formulación más identitaria, consistiría en tenerla dominada por el sexo. El intelectualismo, si algo así todavía existe, sería tenerla por las palabras. Y todos los ismos por sus prefijos.

Puede que nos falte sentido común, el seny de los catalanes, que parece ser, incluso entre ellos, el menos común de los sentidos. Pero a algunos nos sobra geografía. Nos sobra velocidad. La velocidad absoluta es la velocidad de los nómadas incluso cuando se desplazan lentamente. Los nómadas siempre están en medio. La estepa crece por el medio, está entre los grandes bosques y en los grandes imperios. La estepa, la hierba y los nómadas son la misma cosa. Los nómadas no tienen ni pasado ni futuro, sólo tienen devenires, devenir-mujer, devenir-animal, devenir-caballo: su extraordinario arte animalista. Las malas y las buenas hierbas siempre vuelven en primavera, siempre vuelven a empezar, incluso en las grietas del asfalto, son toda una lección de moral.

Los nómadas no tienen historia: solo tienen geografía. Nietzsche "Llegan como el destino, sin causa, sin razón, sin miramientos, sin pretextos..." Kafka "Imposible comprender como han penetrado hasta la capital, sin embargo , allí están y cada mañana da la impresión que su número crece" Kleist "Cuando llegan las amazonas, los griegos y los troyanos, los dos gérmenes de Estado, creen que vienen como aliadas, pero no, pasan entre ellos y a lo largo de su recorrido los tumban a los dos sobre su línea de fuga”.

Los vemos llegar en pateras, escalar las vallas, traspasar las fronteras. Son como el místico en busca del Amado: “Buscando mis amores/ iré por esos montes y riberas/ ni cogeré las flores/ ni temeré las fieras/ y pasaré los fuertes y fronteras/ Oh bosques y espesuras/ plantados por la mano del Amado!/ ¡Oh prados de verduras/ de flores esmaltado!/ Decid si por vosotros ha pasado”.

Hasta qué punto la crisis energética y la falta de hogar, la falta de geografía, de las cartas del sentido están emparentados nos recuerda que la expresión “crisis energética” debería ser reservada para situaciones en las cuales hay seres humanos incapaces de obtener las 2000 o 2500 Kcal. diarias que se necesitan para la subsistencia, y que la causa de la crisis energética no está, en última instancia en la avaricia de la naturaleza sino en la organización social y sobre todo en las restricciones a la movilidad geográfica (a las fronteras pasaportes y visados). Nos falta geografía, geopolítica, geohumanidad.

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14 Abr 2014

El turismo interior aumenta.

Escrito por: franciscosanz el 14 Abr 2014 - URL Permanente

“Si vino la primavera, volad a las flores, como las abejas; volad a las flores, niños, no chupéis la cera”. Machado recuerda así el despertar de los sentimientos felices por encontrase de nuevo en el campo, como en la Pastoral de Beethoven. Nos dicen que el turismo interior aumenta. ¡El turismo interior!, el turismo interior debería emprenderse hacia dentro. Intra in cubiculun mentis tue. Pero encontrar allí la música, el color de la primavera, es mucho encontrar. Incluso a los católicos que asisten a la muerte y resurrección del Hijo de Dios les cuesta.

¿Cuánto de lo que hacemos lo hacemos por hacerlo y cuánto para recordarlo, fotografiarlo, contarlo? ¿Cuánto de auténtico viaje hay en nuestra vida y cuánto de turismo? Los desiertos curadores, los caminos metamorfoseadores se llenan estos días. Se vuelven a llenar de curiosos los pueblos, los monasterios. Cada uno vuelve a buscar como puede la iluminación camino de Damasco. Los turistas ocupan el lugar de los monjes en los centros de retiro, en los que los entretenedores ejercen de maestros espirituales. Cuando uno deja por fin su trabajo se da cuenta cuánto tenía de terapia.

En pos de la autorrealización, los seres humanos hacemos turismo por todos lo rincones de la tierra, rompemos los mejores matrimonios y entramos rápidamente en nuevas relaciones, nos hacemos reciclar, ayunamos, corremos, pasamos de un grupo de terapia a otro. Poseídos por el fin de la autorrealización, nos arrancamos a nosotros mismos de la tierra para averiguar si nuestras raíces están sanas.

La turistización es el intento de extraerle aleatoriedad a la vida. Es el viaje, la estancia en el hotel, en el crucero, en la casa del pueblo… programadas. Lo contrario sería el flaneur racional, el que como los verdaderos viajeros parten por partir, porque las flores aguardan. A los que hacíamos dedo, a los autoestopistas, hoy han sucedido los que deciden a última hora cual es su viento favorable; como se dice en el mar: “Sólo el que sabe dónde va conoce su viento favorable”. Para los de ¡carretera y manta! cualquiera es bueno.

Hace poco, subiendo a la montaña en coche, adelanté a un tipo que tiraba de un pequeño carro al que iba atado un perro. Al día siguiente, de vuelta a casa, me crucé con él no sé cuantos kilómetros más allá. Su paso era alegre, llevaba la mirada alta, había en su manera de moverse por el arcén una innegable determinación. Supongo que había pasado la noche no lejos de la carretera.

El viejo, hermoso Walt Whitman conocía al tipo: Alone far in the wild and mountains I hunt,/Wandering amazed at my own lightness and glee./ In the late afternoon choosing a safe spot to pass the night/ Kindling a fire and boiling the fresh-kill'd game./Falling asleep on the gatherd leaves with my dog and my gun by my side.

Supongo que esperaba llegar despacio. Estaba dibujando el camino, como los filósofos desconfiaba de todo lugar al que podía llegarse rápido. El que se dirige demasiado deprisa a cualquier lugar no está en ningún lugar, en ninguna parte. Se cuenta de los primitivos habitantes de Australia que, si han tenido que viajar haciendo largas marchas a pie, antes de entrar en el lugar de destino se sientan algunas horas, para que el alma tenga tiempo de llegar. Antaño viajar era una experiencia, y por eso el viajero llegaba transformado. Hoy, por el contrario, el que llega siendo el mismo querrá también hacer iguales los lugares adonde llega. La movilidad global uniformiza los espacios.

Salimos de viaje para descansar del que somos, de la identidad que nos atribuyen otros. No es una opción, sino un destino. Al encierro en la identidad nos conducen los otros. Los hijos que no dejan a sus padres cambiar de pareja nos lo recuerdan. El turista quiere olvidarse temporalmente de su identidad, quiere descansar de ella. Tener aventuras en un entorno en el que no le conoce nadie. Huir del que ha venido siendo hasta ahora. Pero… como cantaba Gardel: “¡Pero en viajero que huye/ tarde o temprano detiene su andar!”

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