20 Abr 2014

Qué lugar ocupamos.

Escrito por: franciscosanz el 20 Abr 2014 - URL Permanente

Ocupar un lugar no es lo mismo que ocuparse de un lugar. Ocupar el lugar es llenar su espacio interior, considerarlo como libre, a nuestra disposición. Ocuparse del lugar es consagrarle tiempo, preocuparse de él, es ser de alguna manera “parte tomante” de él, de sus movimientos interiores y también de sus asperezas, de sus cualidades y ritmos propios: como dice Jean-Marc Besse, de quién he tomado prestadas esas palabras, c’est le ménager. Ocuparse de su manejo. Ser amos de casa. Del lugar que ocupamos.

Si escribiendo hacemos cartografía viviendo lo que hacemos es geografiar, tener ocupaciones, ocuparnos de las cosas como si fueran lugares. El nuevo localismo, el volvernos más locales para ser buenos como globales aspira a eso. El tiempo que tenemos para pasar en esta tierra no es lo suficientemente largo como para ocuparnos en otra cosa que no sea nosotros mismos. La cuestión de qué lugar ocupamos en el cosmos, en el mapa de la ciudad, en la sociedad, en la familia, en la conciencia ha sido siempre clave.

Cómo ocupar las casas, las riquezas vacías es la asignatura que siempre estamos dejando para septiembre. En ecología hemos visto cómo las especies fugitivas tienden a ser las primeras en ocupar los espacios vacíos; se establecen en ellos y se reproducen, se las llama pioneras, de izquierdas. Otras especie suelen ser más lentas en invadir esos lugares, son las sedentarias, los conservadores, los de derechas; pero una vez han empezado a hacerlo, compiten y finalmente excluyen a las especies fugitivas de la zona en cuestión. Estas tendrán que largarse a otros lugares. Es su sino.

Basta prestar atención a una cosa para que se vuelva fascinante. La atención consiste en la apropiación por parte de la mente, en forma nítida y vívida, de uno solo ente todos los aparentes y diversos objetos o hilos de pensamiento posibles y simultáneos. La focalización, la concentración de la conciencia, forma parte de su esencia. Atender implica sustraerse de algunas cosas para ocuparse de otras. Algunos para atender cómo Dios manda tenemos que estar en peligro, intelectus apretatus discurret que rabiat, otros tenemos que envejecer. Borges: “... tantas cosas./Ahora puedo olvidarlas./ Llego a mi centro,/ a mi Álgebra y mi clave./A mi espejo./ Pronto sabré quién soy”.

"Por fortuna no soy propietario de ninguna casa" escribía ya Nietzsche en la Gaya Ciencia. A lo que habría que añadir hoy: es un principio moral no hacer de uno mismo su propia casa si no vamos a poder ocuparnos de ella. En los sin techo puede observarse como la necesidad de espacio para dormir se acerca al mínimo; una caja de cartón sobre la cabeza puede valer para señalar la demanda de espacio del durmiente. Del más famoso de los sin techo se ha transmitido ese dicho: “Los zorros tienen cuevas y los pájaros del cielo tienen nidos: pero el hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza”. ¿Qué significa esto? Que somos sostenidos por una hiperinmunidad esférica (et non sum solus, quia pater mecum est) no estoy solo porque mi Padre está conmigo, que a la hora de dormir se puede reiniciar incluso el confort mínimo de los hijos de este mundo; no exigimos un lecho propio, pero sí un cobertor paradisíaco.

Los impotentes vivimos en hipérboles, los fuertes ocupan territorios y los vuelven a abandonar. Toda vivienda, como punto de apoyo de un poder finito, genera exclusividad: toda autoafirmación puntual produce interrupciones de comunicación y negación del entorno. Esta es su virtud afirmativa, su egoísmo (su ego-manía) y su diagnóstico normal a a la vez. La crisis del alma del mundo pasa a través de las viviendas.

Pero a las viviendas, además de ocuparlas, de ocuparnos de ellas hay que entenderlas. Pero pasa con lo de “entender de viviendas” lo mismo que sucede con lo de “entender de flautas”, que hay dos maneras de interpretar ese saber, pues tanto el lutier como el flautista saben de flautas, pero lo que cada uno entiende de ellas es muy distinto. Eso se repite en la naturaleza, con la humanidad. Lo natural es entender cómo funcionan pero puede considerarse también natural humanizarlas, intentar cambiarlas. Y como con respecto a los caballos, el mucho andar a caballo a unos hace jinetes, a otros caballeros y a otros caballerizos.

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19 Abr 2014

En términos de franco chantaje.

Escrito por: franciscosanz el 19 Abr 2014 - URL Permanente

Se nos lleva a producir más de lo que necesitamos. ¿Para qué? Para producir plusvalía con la que alimentar la obscenidad, la obesidad del capitalismo. Si consumiéramos menos, si produjéramos menos, el frágil equilibrio que nos mantiene todavía rodando desaparecería y eso haría que a los que les está yendo tan mal, peor les fuera. Hoy se nos gobierna en términos de franco chantaje. El prototipo fue aquel famoso banquero con cara de vampiro que decía: "Su dinero me interesa". Hace ya diez años que la obscenidad entraba en las costumbres como estrategia de gobierno. Nos dijimos: es una publicidad muy mala por su agresiva indiscriminación. Muy al contrario era una publicidad profética, cargada de todo el futuro de las relaciones sociales... Hoy cedemos a este chantaje colectivo, a esa inyección sutil de mala conciencia.

En qué momento cedimos a la obscenidad es cosa que ya investigarán los genealogistas. Los historiadores recuerdan que en la época de Napoleón III ganar dinero se convierte en una pasión casi sensual, y el amor en una cuestión monetaria. Antes, para el romanticismo francés, el ideal erótico era la modistilla (grisette) que se entrega; ahora es la cortesana (lorette) que se vende. En el primer caso pagabas porque se había entregado, en el segundo pagas para que se entregue. Ya no se intercambian regalos, se compra y se vende y el fair-play desaparece. Y la jerarquía se vuelve obscena. La mercancía se hizo carne, y habitó entre nosotros. Ya podemos producir y consumir mucho más de lo que necesitamos.

Para que sigamos trabajando demasiado, cobrando demasiado poco, se generaliza el terror a todas las escalas. Desde el individuo a los grupos y desde los grupos a las empresas y a las naciones mismas. Por ejemplo bajo el señuelo del trabajo en equipo, se implanta en los pelotones de trabajo que son el corazón de la producción, el terror sutil, la represión suave, aceptada sin rechistar por los trabajadores pues saben que en el océano que les rodea se instaura el paro los bajos salarios, la precarización y la inseguridad a todos los niveles. ¿Qué sentido le queda al absentismo y al enfrentamiento con los cuadros directivos?

La clase dominante repite que hay que competir, recortar, que no podemos quedarnos parados, que hay que seguir generando empleo, creciendo. Para evitar que sean cada vez más los rentistas mantenidos a costa del Estado, mientras en la política exterior perdura la competencia, es decir, la carrera de competición entre los diferentes Estados. Por esa brecha es por donde penetra el terror. Sin duda son otras circunstancias las que lo provocan: en esto queda al descubierto uno de los motivos que hacen que subsista el terror. La velocidad generada por la carrera competitiva de los Estados entre sí causa ahora necesariamente miedo. En un caso el nivel depende de las altas presiones; en el otro, del vacío. En el primer caso quien marca el ritmo es el ganador; en el segundo, aquél a quien cada vez le van peor las cosas. Con esto se halla relacionado el hecho de que el Estado se ve forzado en el segundo caso a someter permanentemente una parte de su población a unas intromisiones horrorosas. Vienen días de grandes operaciones, Lenin decía que el Terror del Estado constituye el equivalente a la anestesia general cuando de grandes operaciones sobre grandes colectivos se trata.

Nos causan terror. La cuestión es que sepamos qué, quiénes, nos aterrorizan. El terror está siempre vinculado a una actividad que tiene que ver con la capacidad productiva de la conciencia, de las manos, de los pies. Muchos desastres y males pueden inspirar horror, espanto, pavor y temor; pero no producir terror. Todos ellos pertenecen más bien al miedo; la inquietud, la ansiedad, la melancolía, más bien a la angustia. El primero lleva hacia lo conocido; la segunda hacia lo desconocido. Si perdemos de vista qué, quiénes, nos aterrorizan no podremos hacer nada por evitarlo. En la sociedad conformista, la ansiedad causada por el “terror suave”, es como el autoincriminarse de quienes viven bajo el terror sanguinario, es decir en las dictaduras totalitarias. Porque no nos rodea simplemente el terror organizado, sino un enemigo mucho más peligroso: la estupidez. ¿Qué ocurriría si alguien dijera de repente que todo lo que se estaba realizando no solamente es mezquino y cruel, sino también profunda y desesperadamente superfluo y estúpido?: Nada. ¿Nada?

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18 Abr 2014

La ignorancia es atrevida y al saber le llama suerte.

Escrito por: franciscosanz el 18 Abr 2014 - URL Permanente

“No basta que veas en qué ignorancia viven el hombre y el animal; debes también tener la voluntad de la ignorancia y aprenderla. Te es necesario comprender que, sin esta suerte de ignorancia, la vida misma sería imposible, que es una condición merced a la cual prospera y se conserva lo que vive… Hoy se intenta por todas partes extender el saber, ¿quién sabe si dentro de unos siglos no existirán universidades para restablecer la antigua ignorancia?”

Si Nietzsche despertara vería cómo su profecía se está cumpliendo, ya que como cada década el número de conocimientos se dobla, los individuos cada vez disponemos de mayor información. Sin embargo si entendemos como ignorancia el no saber de las cosas que nos afectan entonces cada vez somos más ignorantes. Algunos universitarios que de algo sabemos mucho y de lo demás menos que nadie somos conscientes de ello.

Está demostrado que más información no conduce de manera necesaria a más libertad o a mejores decisiones. La profunda inmunidad de un ser reside en su no-transitividad, en su no conductividad a los flujos múltiples que le rodean, en su secreto y en la ignorancia que vive respecto a su propio secreto. Atrévete a no saber, decía Tertuliano, sabía que la ignorancia no sólo engendra fe, sino que las lagunas de información pueden ser fuente de felicidad. Tanto el pensamiento como la inspiración necesitan un vacío. Sin vacíos de información el pensamiento degenera para convertirse en cálculo, el erotismo en pornografía. Schmitt pide a la política “valor para el secreto”.

De política en particular sabemos con una especie de ignorancia que nos disuade sin aclararnos. “La virtud es conocimiento; todos los pecados se cometen por ignorancia; sólo es feliz el virtuoso” estas tres formulaciones del optimismo -dijo Nietzsche - representan la muerte de la tragedia”. Y no sólo eso sino que descarriaron el optimismo de los modernos. Lograron que estos se desviaran de su propio interés -la política utópica - y se centraran en la posibilidad de rehuir la política abandonando la práctica por la teoría.

Al multiplicar nuestros conocimientos nuestra ignorancia parece incrementarse a nivel exponencial. En biología no ha habido indicador más convincente de nuestra ignorancia del universo microbiano que el descubrimiento tardío del género microbiano Prochlorococus, cuyas células planctónicas realizan fotosíntesis mientras flotan en el mar abierto. No menos de doscientas mil de ellas pueden vivir en un nada de agua marina, pudiéndose afirmar que se trata de la especie más abundante del planeta, y desde luego, responsable en buena medida de la contribución del océano a la cadena alimentaria global y quién sabe si un factor clave en la homeostasis que la vida realiza sobre la temperatura de la biosfera. Y sin embargo el Prochlorococus nos fue desconocido hasta 1988.

Se ha dicho que la ignorancia es atrevida. Muchos científicos ya no difunden lo que saben, ya no investigan, porque saben de la avidez del Mercado y de sus Estados Unidos Cómplices. No están por ignorar los riesgos, saben que en nombre de los beneficios que se esperan, seguirá fluyendo el dinero, que se aplicarán los resultados, que la sociedad los seguirá la senda de las nuevas posibilidades como al cordero de Panurgo

Un momento estelar del atrevimiento de la ignorancia en la historia de la humanidad, sucedió en 1942, un tal Teller metido en el proyecto de la bomba atómica de fisión, expone que a ella se seguirá la de fusión y que hay un factor de riesgo en la de fisión que implica la posibilidad e incendiar la atmósfera entera. Se para el proyecto. El supervisor del proyecto, un tal Crompton, llama a otro físico, un tal Bethe, que estima la posibilidad de que el asunto (el factor del calor absorbido, pudiera acabar con el incendio de la atmósfera entera) en un 3 por millón. Sin embargo deciden seguir adelante.

¿Ignorantes? De acuerdo. Pero hay que saber qué tipo de ignorancia hay que propiciar y cuál defender. ¿Llamar las cosas por su nombre? Vale. Pero aunque no sabemos si toda la vida es sueño, al menos pensamos que si el que está soñando se levanta es clave saber si anda hacia el abismo o por la arista. En el primer caso el sonámbulo al oír su nombre se caerá al suelo y se salvará del abismo, en el segundo al caerse se precipitará en él.

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17 Abr 2014

¿Cuándo partimos hacia la felicidad?

Escrito por: franciscosanz el 17 Abr 2014 - URL Permanente

Todos esos barcos oscilando en el puerto, todos esos coches aguardando en la calle parecen estar diciendo: “¿Cuándo partimos hacia la felicidad?” Nos dicen que los coches cada vez se van a conducir más solos, que va a pasar como con los ordenadores, que la interfaz de usuario va a ser cada vez más para tontos, que va a ser más fácil manejarlos.

Recuerdo cuando la segunda no estaba sincronizada y el freno no era de disco, cuando las carreteras no estaban señalizadas y conducir de noche significaba adivinar la curva. Cuando llevábamos una correa de recambio en el coche y en las gasolineras los automovilistas mirábamos el aceite. Ahora al teclado ha sucedido el ratón y a este la pantalla interactiva. Ahora los coches que ayer mantenían la velocidad mantienen la distancia con el que va delante, te avisan si te distraes o cambias de carril. Incluso no hay que girar la cabeza para aparcar, se ve en la pantalla o, ya puestos, que aparquen solos.

La tecnología facilita los cómos y nosotros fascinados por la facilidad permitimos que los dóndes y los qués sigan en sus puestos de costumbre: ¿Dónde queremos ir? ¿Qué queremos ordenar? Algo parece fallar con ellas cuando seguimos perdiendo tanto tiempo, viajando y administrando tan mal. Como si la magia de la tecnología nos hubiera infantilizado nos da simplemente por estar más tiempo jugando.

En 1865, W.S. Jevons, en The Coal Question, observaba cómo al mejorar la eficiencia de un sistema de entrada disminuye la necesidad de un recurso energético, pero fomenta su consumo y pronto se vuelve a necesitar igual o más que antes. La paradoja de Jevons: Con coches que gastan menos podemos ir más lejos, con mejores carreteras hay más coches en ellas, acabamos estando el mismo tiempo en el coche y seguramente pagando más por ello.

Escribía Simone Weil cuando empezaban a ir mal las cosas de la revolución rusa que “lo difícil es observar que una revolución se equivoca y seguir sin perder la fe en su necesidad. Que ese era precisamente el dilema”. Seguir manteniendo la fe en que los progresos tecnológicos impliquen progresos sociales aunque no los veamos, sería es el nuestro.

Todos esos ordenadores y coches de camino hacia sus cementerios, ¿nos han proporcionado más felicidad?, ¿hubiéramos administrado, hubiéramos habitado la tierra, peor sin ellos? Eso son pajas contrafactuales. Dedicar la mejor parte de la vida a conectarnos a máquinas es como lo de hacerlo a ganar más dinero del que necesitamos para ir tirando con el fin de disfrutar de una dudosa libertad durante la peor parte de ella, recuerda a aquel señor inglés que fue a la India para ganar una fortuna, para luego poder volver a Inglaterra y vivir la vida de un poeta. Debería haberse subido a la buhardilla enseguida.

Cuando Thoreau plantea eso dice haber oído a un millón de irlandeses saliendo apresuradamente de sus casillas: ¿Acaso no es una buena cosa este ferrocarril que hemos construido?. "Sí -contesto- relativamente buena porque podríais haberla hecho peor; pero hermanos míos como sois preferiría que hubierais dedicado vuestro tiempo a algo mejor que cavar en ese lodo".

Métro, boulot, bistro, mégots, dodo, zéro. Ya no hay pasta para ir al bar, ni permiso para ir dejando colillas dentro de él. Por otro lado dormimos fatal. Así que el asunto se ha quedado en: Métro, boulot, dodo. Es decir en ir a trabajar, generalmente en una máquina con ruedas, trabajar en un entorno eléctrico y una vez en casa encender alguna pantalla para que nos acune.

A la tortura del travel: ¡Estoy harto de conducir en estos atascos de los cojones! Pero necesito el coche para llegar a mi trabajo. Añadir la del travail: ¡Estoy harto de aguantar este trabajo de mierda! Pero necesito trabajar para pagar las letras del coche y la factura de la luz. Y una vez en casa preparar el tercero de los palos del tripalium, tres palos de los que se colgaba al condenado, palabra de la que deriva trabajo y que ahora se consiste en acabar el día viendo en la televisión, unos programas que ya no nos dejan en un duermevela reparador como antes porque al mismo tiempo jugamos con el móvil o la tableta. Al final del día, por fin dispuestos para partir hacia la felicidad, nos quedamos dormidos.

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16 Abr 2014

El escandaloso silencio de las buenas personas.

Escrito por: franciscosanz el 16 Abr 2014 - URL Permanente

No nos gusta hablar las cosas con los que tienen otros gustos, otros valores, por mucho que podamos compartir buena voluntad o buena educación con ellos. Del silencio de las buenas personas acerca de los abusos de los que no lo son tanto, de que consideren de buen gusto cambiar de tema cuando surgen en la conversación me he sentido siempre particularmente avergonzado, porque aunque en eso a las buenas personas no las admire en absoluto se hacen querer por todo lo demás.

El que aceptemos la monarquía española, las ínfulas de los independen y españolistas, la corrupción de los mandamases, la violencia de los poderosos… mirando hacia otro lado es de vergüenza. Las palabras de Martin Luther King no puedo cansarme de reescribirlas: “Cuando reflexionemos sobre nuestro siglo, lo que nos parecerá más grave no serán las fechorías de los malvados, sino el escandaloso silencio de las buenas personas”.

Para no escandalizarme una vez más por la liturgia de estos días, para si consigo que no me parezcan más tontos los del capirote que los del furbo, he vuelto a ver “El Gran Silencio”, aquel documental sobre la Gran Chartreuse, que va sobre las condiciones de vida de esos tíos que se atreven a acercarse al Pavoroso Silencio de Dios. También ellos se callan, desde luego, pero hacerlo así parece algo menos ruin. Nosotros con lo de “besar la mano que no podemos morder” tenemos el Estado, el Mercado, las p. cabras y los hijos de p. que nos merecemos.

Si dices que todo va mal eres una persona normal, avispada incluso si afirmas que unas cosas van peor que otras. Si haces algo por remediar casos concretos eres una buena persona, si haces mucho, incluso un santo. Si dices que las cosas van mal por culpa de unos u otros eres un resentido, un indignado o puede que incluso un comunista. Si te da por hacer algo por remediarlas se te confirma que el manicomio en el que crees vivir es real, se pasa a pensar que quizás sería bueno algo de terapia a tu respecto y se te recomienda que te lo hagas mirar mientras que de momento, y por tu bien, se empieza a pensar que quizás no sería malo limitar tu influencia, incluso tu capacidad de movimientos. Las buenas personas empiezan a evitarte.

Hay una tendencia intuitiva a creer que las características positivas (o negativas) se dan asociadas entre sí, lo que hace que a menudo creamos que la gente atractiva debe ser también buena, y que los feos son naturalmente malos. Los listos, buenas personas o que no haya tonto bueno. No solamente hay muchas buenas personas que no se atreven a pedir educación también en castellano para sus hijos en Cataluña, hay buenas personas que a continuación después de haber tomado esa decisión dicen a los demás que sería malo hacerlo.

Llevar la contraria es un atentado contra el confort. El llevar la contraria como cualquier otro éxtasis prefiere finalmente la vía de la renuncia antes que pecar contra su propio concepto realizándose. ¿No es posible admitir que eso también es cierto respecto a lo social - una especie de complicidad colectiva que pone en juego toda su energía para derrotar la realización de lo social por miedo a alterar su concepto y a destruir para siempre su esperanza? Así acabaría conviniendo a fin de cuentas congratularnos por esta pasividad, esta inercia, esta ceguera, que derrota solapada, irónica, triunfalmente los proyectos de las buenas personas en el poder y de los paraísos en la tierra.

Hay momentos en los que se trata de no ser cínico. Cuando uno anda rodeado de gente tan amable por ejemplo. Es como aquel viejo conflicto entre el orgullo y la memoria. “¡Eso hiciste! Dice tu memoria. ¡No lo hice! Replica el orgullo inexorable. Finalmente la memoria cede”. Y qué dice mi memoria, qué me repite antes de que me vuelva a dar por elaborar mis recuerdos, por preparar el caldo del agradecimiento que hace posible digerir los malos rollos, recordar como Dios manda. Que en los momentos difíciles las buenas personas no tienen escrúpulos.

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15 Abr 2014

Nos falta geografía.

Escrito por: franciscosanz el 15 Abr 2014 - URL Permanente

Nos falta geografía. Al escribir cartografiamos interminablemente porque al vivir la descuidamos. Pretendemos cartografiarlo todo. Gepesearlo todo. Sabiendo de la resonancia del espín nuclear de la hemoglobina oxigenada y suponiendo que las zonas mejor perfundidas son las más activas en un momento dado incluso pretendemos cartografiar el cerebro funcionando mediante la resonancia magnética. Decía Deleuze: Écrire c'est lutter, résister: écrire c'est devenir; écrire c'est cartographier, "je suis un cartographe…” Repitió hasta cansarse que pensar es crear, crear es resistir. Y en sus Cartografías Esquizoanalíticas insistía en los territorios, los flujos, las máquinas y los universos. Deleuze, que en el 96, harto ya de su insuficiencia respiratoria un mal día acabaría arrojándose por una ventana.

Se ha dicho que el papel de los humanismos ha sido el de “domesticar” a los seres humanos mediante la lectura haciendo que dominen sus instintos “bestiales”, pero creando unos privilegiados que se escriben unos a otros extensas cartas bajo la forma de libros. Están desapareciendo las enciclopedias de las bibliotecas porque nadie tiene tiempo para ellas en la sociedad de la transparencia digital. Del mismo modo que ha dejado de interesar lo que tenían que decir las personas mayores, que eran las enciclopedias y bibliotecas de las sociedades sin libros. Cuidar a los ancianos entonces podría ser una cuestión de vida o muerte similar al cuidado que un marino debe tener por sus cartas náuticas.

En Ucrania la geopolítica vuelve por sus fueros. El nacionalismo, la identidad nacionalista le puede al sentido común. El nacionalismo que en definición de Santayana es "la indignidad de tener un alma controlada por la geografía”. Luego añadía que el feminismo, en su formulación más identitaria, consistiría en tenerla dominada por el sexo. El intelectualismo, si algo así todavía existe, sería tenerla por las palabras. Y todos los ismos por sus prefijos.

Puede que nos falte sentido común, el seny de los catalanes, que parece ser, incluso entre ellos, el menos común de los sentidos. Pero a algunos nos sobra geografía. Nos sobra velocidad. La velocidad absoluta es la velocidad de los nómadas incluso cuando se desplazan lentamente. Los nómadas siempre están en medio. La estepa crece por el medio, está entre los grandes bosques y en los grandes imperios. La estepa, la hierba y los nómadas son la misma cosa. Los nómadas no tienen ni pasado ni futuro, sólo tienen devenires, devenir-mujer, devenir-animal, devenir-caballo: su extraordinario arte animalista. Las malas y las buenas hierbas siempre vuelven en primavera, siempre vuelven a empezar, incluso en las grietas del asfalto, son toda una lección de moral.

Los nómadas no tienen historia: solo tienen geografía. Nietzsche "Llegan como el destino, sin causa, sin razón, sin miramientos, sin pretextos..." Kafka "Imposible comprender como han penetrado hasta la capital, sin embargo , allí están y cada mañana da la impresión que su número crece" Kleist "Cuando llegan las amazonas, los griegos y los troyanos, los dos gérmenes de Estado, creen que vienen como aliadas, pero no, pasan entre ellos y a lo largo de su recorrido los tumban a los dos sobre su línea de fuga”.

Los vemos llegar en pateras, escalar las vallas, traspasar las fronteras. Son como el místico en busca del Amado: “Buscando mis amores/ iré por esos montes y riberas/ ni cogeré las flores/ ni temeré las fieras/ y pasaré los fuertes y fronteras/ Oh bosques y espesuras/ plantados por la mano del Amado!/ ¡Oh prados de verduras/ de flores esmaltado!/ Decid si por vosotros ha pasado”.

Hasta qué punto la crisis energética y la falta de hogar, la falta de geografía, de las cartas del sentido están emparentados nos recuerda que la expresión “crisis energética” debería ser reservada para situaciones en las cuales hay seres humanos incapaces de obtener las 2000 o 2500 Kcal. diarias que se necesitan para la subsistencia, y que la causa de la crisis energética no está, en última instancia en la avaricia de la naturaleza sino en la organización social y sobre todo en las restricciones a la movilidad geográfica (a las fronteras pasaportes y visados). Nos falta geografía, geopolítica, geohumanidad.

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14 Abr 2014

El turismo interior aumenta.

Escrito por: franciscosanz el 14 Abr 2014 - URL Permanente

“Si vino la primavera, volad a las flores, como las abejas; volad a las flores, niños, no chupéis la cera”. Machado recuerda así el despertar de los sentimientos felices por encontrase de nuevo en el campo, como en la Pastoral de Beethoven. Nos dicen que el turismo interior aumenta. ¡El turismo interior!, el turismo interior debería emprenderse hacia dentro. Intra in cubiculun mentis tue. Pero encontrar allí la música, el color de la primavera, es mucho encontrar. Incluso a los católicos que asisten a la muerte y resurrección del Hijo de Dios les cuesta.

¿Cuánto de lo que hacemos lo hacemos por hacerlo y cuánto para recordarlo, fotografiarlo, contarlo? ¿Cuánto de auténtico viaje hay en nuestra vida y cuánto de turismo? Los desiertos curadores, los caminos metamorfoseadores se llenan estos días. Se vuelven a llenar de curiosos los pueblos, los monasterios. Cada uno vuelve a buscar como puede la iluminación camino de Damasco. Los turistas ocupan el lugar de los monjes en los centros de retiro, en los que los entretenedores ejercen de maestros espirituales. Cuando uno deja por fin su trabajo se da cuenta cuánto tenía de terapia.

En pos de la autorrealización, los seres humanos hacemos turismo por todos lo rincones de la tierra, rompemos los mejores matrimonios y entramos rápidamente en nuevas relaciones, nos hacemos reciclar, ayunamos, corremos, pasamos de un grupo de terapia a otro. Poseídos por el fin de la autorrealización, nos arrancamos a nosotros mismos de la tierra para averiguar si nuestras raíces están sanas.

La turistización es el intento de extraerle aleatoriedad a la vida. Es el viaje, la estancia en el hotel, en el crucero, en la casa del pueblo… programadas. Lo contrario sería el flaneur racional, el que como los verdaderos viajeros parten por partir, porque las flores aguardan. A los que hacíamos dedo, a los autoestopistas, hoy han sucedido los que deciden a última hora cual es su viento favorable; como se dice en el mar: “Sólo el que sabe dónde va conoce su viento favorable”. Para los de ¡carretera y manta! cualquiera es bueno.

Hace poco, subiendo a la montaña en coche, adelanté a un tipo que tiraba de un pequeño carro al que iba atado un perro. Al día siguiente, de vuelta a casa, me crucé con él no sé cuantos kilómetros más allá. Su paso era alegre, llevaba la mirada alta, había en su manera de moverse por el arcén una innegable determinación. Supongo que había pasado la noche no lejos de la carretera.

El viejo, hermoso Walt Whitman conocía al tipo: Alone far in the wild and mountains I hunt,/Wandering amazed at my own lightness and glee./ In the late afternoon choosing a safe spot to pass the night/ Kindling a fire and boiling the fresh-kill'd game./Falling asleep on the gatherd leaves with my dog and my gun by my side.

Supongo que esperaba llegar despacio. Estaba dibujando el camino, como los filósofos desconfiaba de todo lugar al que podía llegarse rápido. El que se dirige demasiado deprisa a cualquier lugar no está en ningún lugar, en ninguna parte. Se cuenta de los primitivos habitantes de Australia que, si han tenido que viajar haciendo largas marchas a pie, antes de entrar en el lugar de destino se sientan algunas horas, para que el alma tenga tiempo de llegar. Antaño viajar era una experiencia, y por eso el viajero llegaba transformado. Hoy, por el contrario, el que llega siendo el mismo querrá también hacer iguales los lugares adonde llega. La movilidad global uniformiza los espacios.

Salimos de viaje para descansar del que somos, de la identidad que nos atribuyen otros. No es una opción, sino un destino. Al encierro en la identidad nos conducen los otros. Los hijos que no dejan a sus padres cambiar de pareja nos lo recuerdan. El turista quiere olvidarse temporalmente de su identidad, quiere descansar de ella. Tener aventuras en un entorno en el que no le conoce nadie. Huir del que ha venido siendo hasta ahora. Pero… como cantaba Gardel: “¡Pero en viajero que huye/ tarde o temprano detiene su andar!”

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13 Abr 2014

La transparencia nos desnuda.

Escrito por: franciscosanz el 13 Abr 2014 - URL Permanente

Somos demasiado transparentes. No hay posibilidad de mantener las distancias sin puntos de referencia, la transparencia nos desnuda. Andar siempre desnudos, ver desnudos siempre a los demás no es siempre agradable, no anima a amar. El valor para el secreto y el amor a la verdad se encuentran en aquello de Nietzsche de que ninguna verdad subsistiría si se le arrancara el último velo.

Queremos saber cada vez más del gobierno con el mismo movimiento que permitimos que el gobierno sepa cada vez más cosas de nosotros. Los encantados de haberse conocido creen que los demás también lo estarán. Cuando muchos de nosotros lo que esperamos de los demás es que no nos cuenten sus secretos, no tener que decirles los que ellos mismos se ocultan. ¿Sabes guardar un secreto? Yo también. Preguntaba el rey Lisímaco a Filípides: “¿Qué parte de mis bienes quieres que te transmita?” A lo cual respondió Filípides, a mi parecer, con discreción: “Dame la que quieras con tal que no sean tus secretos”.

Demasiado Google, demasiadas gafas, parabrisas, pantallas. Demasiado cristal en las ventanas. ¿Desde cuándo hemos permitido que las transparencias de los cristales a nuestro alrededor nos separen así la vida? Una ventana nos aleja esencialmente más del mundo que el muro de una prisión. Con el mucho observar a los demás acabamos por saber demasiado de los demás, por considerarlos transparentes, por olvidar el secreto que todos somos, por olvidar las caricias.

Tenemos miedo de que la gestión del gobierno no sea transparente, que pueda corromperse, que sea ineficaz sin que podamos hacer nada por evitarlo. Pero más miedo tienen los que mandan de que nosotros no lo seamos. Si fuéramos tan transparentes como ellos quieren, si nuestros átomos estuvieran tan orientados en una misma dirección como para que cualquier muestra al azar fuera representativa, entonces se precisaría una cantidad de policía no mayor que el número de canes que necesita el pastor para cuidar de su rebaño. Sin embargo; pues en el seno del gris rebaño se esconden lobos, es decir, personas que continúan sabiendo lo que es, lo que debe seguir siendo secreto.

Y esos lobos no son sólo fuertes en sí mismos; también existe el peligro de que contagien sus atributos a la masa, cuando amanezca un mal día, de modo que el rebaño se convierta en horda. Tal es la pesadilla que no deja dormir tranquilos a los que tienen el poder. Una y otra vez se comprobará que bastan dos o tres "apaches" para alborotar barrios enteros de una gran ciudad y obligar a dificultosos asedios.

“Vivo de aquello que los otros no saben de mí”, dice Handke. Debemos defender nuestra intimidad si pretendemos defendernos de los que pueden saber tanto sobre nosotros. Debemos hacerlo sobre todo pretendemos hacer transacciones anónimas. Hace siglos que las personas defendemos nuestra intimidad con susurros, oscuridad, sobres, puertas cerradas, secretos apretones de manos y mensajeros. Ahora defendemos nuestra intimidad con criptografía, correo anónimo, firmas digitales, códigos electrónicos.

Los secretos de los gobiernos a veces también son secretos para el propio gobierno. Dicen los historiadores que “hasta para los egipcios eran secretos los secretos de los egipcios”. Kafka hace decir burlonamente a los guardianes de la ley que detienen a un pobre paria. “Mira, no conoce la ley y dice que es inocente”. Hoy “hasta lo que es secreto es secreto en China”. Si no sabes lo que está prohibido divulgar ni siquiera puedes saber cuando transgredes una prohibición, lo que hace que seas siempre potencialmente culpable.

Esto es, está siempre siendo usado contra nosotros por parte de unos gobiernos democráticos que sólo creen en la transparencia del panóptico, de esa prisión que desde el centro se ve todo lo que hacen los presos y ellos no ven qué hacen o si están mirando o siquiera si están en su puesto los guardianes, y que recuerda a todas esas cámaras que permiten ver qué estamos haciendo, a esas grabadoras que guardan memoria de qué hicimos. En el otro sentido la revelación dramática del odio de los gobiernos democráticos a la democracia es su apoyo a los secretos gubernamentales entendidos, como medidas de protección al gobierno de los posibles ataques por parte de su propia población.

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12 Abr 2014

Ayudar, prestar y encontrar ayuda una y otra vez.

Escrito por: franciscosanz el 12 Abr 2014 - URL Permanente

Revolución desde arriba o desde abajo. O bien desde arriba pero diciendo que es desde abajo o desde abajo diciendo que es desde abajo. Aunque todos sepamos que si no es desde arriba no se puede. Al menos en democracia, y mientras la mayoría de las personas no estemos por la revolución. Que es el caso. Las guerras, en la era de la información, las gana el que mejor sabe contarlas.

Los maestros pensadores nos dijeron que para ser realista hay que pedir lo imposible, que si no hacemos lo imposible nos veremos confrontados con lo impensable. Sin embrago la manera más corriente de no enfrentarse con lo impensable es pedir lo imposible, sabiendo que esto ayuda a trepar, que eso es ser realista. Nos quita toda responsabilidad que nos cupiera por pretender lo imposible, así que lo que obtenemos, la realidad de lo que obtenemos, nos libra de lo impensable.

Hasta entonces, mientras tanto, ayudar, ayudar a vivir mejor, ayudar a entender, ayudar a cambiar, a probar, a no desfallecer al fallar. A uno mismo a través de los demás y a los demás a través de uno mismo. Al entrar a formar parte de colectivos políticos hay que preguntarse siempre si eso no es como el entrar a formar parte de un colectivo religioso, si eso no es algo así como permiso para pecar para justificar los sufrimientos de Cristo. Un vale para abstenerse de intentar aquel viejo milagro cotidiano: ayudar realmente a algún prójimo. Ayudar, prestar y encontrar ayuda una y otra vez. There is only the fight to recover what has been lost/ And found and lost again and again: and now, under conditions/ That seem unpropitious. But perhaps neither gain nor loss./ For us, there is only the trying. The rest is not our business. Por ir de Eliot a Quevedo: “Has ayudado a alguien, alguien ha recibido ayuda, ¿qué tercera cosa esperas, como los necios?”

¿Se puede hablar de la colonia de hormigas como de un individuo porque no sólo nace, se reproduce y muere, sino porque muestra conductas más complejas, más “finas”, inteligentes que la hormiga en particular? Buscar totalidades ¿es una proyección similar a ver directores, héroes, marcapasos, reinas…? Si consideramos vital la información, semioquímicas a las ferormonas ¿es porque comunican individuos o porque conforman la totalidad? ¿El incremento de intercambio de información local ayuda a la conformación de una identidad y comportamiento global más sabio? ¿Cuál es la escala temporal y espacial adecuada? ¿Adecuada para comprender? ¿Para hacer predicciones fiables? ¿Qué significa control sobre el entorno? ¿Qué relaciones emergen por lo ascendente de la complejidad con el intorno y en el contorno?

El azar y la inercia mueven el mundo, y particularmente el mundo vivo, la sociedad. Suponemos intención porque ayuda a recordar y a hacer predicciones, con la ficción de introducir sentido. Otra cosa es creérselo. Uno cae en la ecolatría, en el naturalismo, en el antropocentrismo. Poder hacer predicciones es mejor que entender cuando se trata de conseguir resultados, de orientar la dirección del esfuerzo, del trabajo. ¿Un ejemplo? La mecánica cuántica. Casi nadie la entiende, pero lo microscópico de nuestra tecnología está regido por ella.

Si obedecemos a las causas no somos libres, si obedecemos a las circunstancias tampoco. No que no seamos más que zombies del cerebro o muñecos tirados por hilos neuronales, no la pérdida de la libertad, sino el abismo que provoca su posible pérdida, deja entrar a la angustia que acaba paralizándonos. Para poder defendernos de ella inventamos la Ética, con su ayuda diferenciamos entre causas, circunstancias, motivos... nos sentimos responsables porque así toleramos la libertad, la angustia puede convertirse con su ayuda en mero miedo. Sabemos a qué atenernos. Las cosas hubieran podido ser de otro modo.

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10 Abr 2014

El terror a la inmanencia

Escrito por: franciscosanz el 10 Abr 2014 - URL Permanente

A pesar del manifiesto miedo a la pandemia gripal de ayer, al virus del Ébola de estos días, actualmente no vivimos en una época viral. La hemos dejado atrás gracias a la técnica inmunológica. La resistencia contra el mundo está tomando otras formas. Que no parten de lo otro inmunológico, sino que son inmanentes al sistema mismo. Precisamente en la medida que son más nuestros que nosotros mismos no suscitan la resistencia inmunológica. El origen del ictus y ulcus psíquicos hay que buscarlos en nuestro terror a la inmanencia. Se trata de lo amistoso o peligroso, de lo preferible o lo detestable, no de lo propio o lo extraño. La inmunología no funciona más que entre nacionalistas.

No es la pérdida del centro lo que constituye la catástrofe inmunológica de este siglo, sino la pérdida de la periferia. La mala nueva de estos tiempos es la des-ontologización de los márgenes firmes. La denuncia de las últimas fronteras tal como se habían venido aceptando como una ilusión. Los que trazan nuevas no se han enterado.

Del final de lo in-mune al principio de lo co-mune supongo que queda un techo. Co-munidad significa compartir el munus (carga o débito que debe intercambiarse entre individuos) haciéndolo circular. Lo opuesto a la comunidad es la inmunidad, atributo de alguien que se sustrae a la la comunidad, interrumpe la donación recíproca y es, en consecuencia, “ingrato”. Incluso si entendemos el comunismo de entrada como un conglomerado de alguna idea justa y muchas falsas, su parte racional, la idea de que los intereses vitales necesita cooperación, acabará encontrando su validez. Llevará hacia el final de las inmunizaciones forzadas.

En el ser humano se superponen tres inmunidades: La biológica, el cuerpo y la mente; la social, jurídica y solidaria; y la simbólica, la religión y los mitos. Hay quequ resistir, hay que defenderse, ese es el verdadero sentimiento inmunológico, y como dijo EL ROTO el otro día: ¿Qué importa que la historia sea falsa si el sentimiento que produce es verdadero?

Entre todas las inmunizaciones que hay que dejar atrás ninguna como la que nos permite que no nos afecten los sufrimientos de los que sufren de verdad. Es seguramente nuestra adicción a la violencia televisiva la que nos ha inmunizado contra el sufrimiento de los demás. Supongo que es lo mejor que se nos ocurre para no acabar sufriendo nosotros. No queremos saber nada de los demás. “Deseos inmunitarios”: una tendencia a preservarse de cualquier exposición a la alteridad. La inmunización consiste en reconfigurar el mundo o un mundo ambiente, es decir, reducir la inquietud ligada a lo posible llevándola al orden de lo previsible.

Antes creíamos estar alienados porque otros tenían demasiada información sobre nosotros. Hoy las cosas han tomado otro cariz. Hoy se vislumbra esta verdad: el individuo nunca se sentirá tan alienado por el hecho de que se sepa todo sobre él como por el hecho de que él se vea obligado a saber demasiado sobre sí mismo. Es el terror a la inmanencia, al cortocircuito, a la electrocución. Byung-Chul Han diría al infarto psíquico, a la violencia neuronal. Las estrategias terapéuticas futuras podrían basarse en la comprensión de que las enfermedades reflejan un fallo en la operación cognitiva de la red comunológica, es posible que pudiéramos reforzar la salud estimulando su conectividad.

Hay que salir de la casa en la que nos hemos convertido, desde la que nos sentimos inmunes. Porque el enemigo está dentro. El pánico consiste en eso, el pánico se siente dentro del estadio, de la sala de fiestas, de la casa, de uno mismo, cuando lo inmanente que somos muestra su verdadero rostro. Quien, apoyado por los medios ha sustituido los vagos sistemas de inmunidad psicosemántica de la metafísica mítica por sus propias células habitáculo, altamente aisladas desde el punto de vista jurídico y climático. Quien permite que la vivienda se vaya consolidando como máquina de ignorancia o como mecanismo integral de defensa. Para el que en ella encuentra apoyo arquitectónico el derecho fundamental a no-prestar-atención al mundo exterior, tengo una mala noticia. El carcelero en el que te has convertido está dentro de tu celda, ha empezado a devorarte.


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