16 Jun 2009

Teniente Antonio Velázquez, un ceutí en la guerra del Vietnam

Escrito por: fsanchezmontoya el 16 Jun 2009 - URL Permanente




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Francisco Sánchez Montoya

http://www.edicioneslibrosdeceuta.es/

“¿Cuántos sois, doce? Pues volveréis con vida a España tres o cuatro”. Con éstas palabras recibió en Saigón un sargento del Ejercito estadounidense a los españoles entre ellos dos ceutíes el Subteniente Sanjosé y el teniente Antonio Velázquez Rivera (hoy retirado, General de Brigada de Sanidad).
Este último de la mano del programa “Dutifrí” de Sardá, ha vuelto a esas tierras, el próximo domingo día 25 de mayo en Telecinco al filo de la media noche, podremos ver a este ceutí volviendo al Vietnam cuarenta años después, al lugar donde estuvo enviado por el Gobierno Español como médico. Este ceutí reconoce que la primera sensación que tuvo al pisar tierra vietnamita en 1968 “se le hizo un nudo en el estomago”. No era para menos. Cuando el helicóptero americano que le trasladaba desde Saigón a la población donde se encontraba la misión española tomaba tierra, los morterazos caían por todos los lados. “Aquí nos cortan el cuello fijo”, pensó Velázquez al llegar a su destino. Eso era lo habitual en aquella zona.
El hoy general de Sanidad Antonio Velázquez formaba parte del equipo médico español que llegó a Go Cong, en el delta del Mekong, en marzo de 1969, dos años y medio después del inicio de la misión española en Vietnam. Desde el primer día, el trabajo era “tremendo” en el hospital que, desde septiembre de 1966, atendían los sanitarios españoles. Los heridos de guerra se multiplicaban, entre ellos, guerrilleros del Vietcong cuya presencia provocaba situaciones tensas con los militares estadounidenses. “Atendimos a un prisionero del Vietcong que estaba muy grave y los americanos lo tenían esposado a la cama”, explica el hoy general ceutí. “Como médico era una situación muy incomoda para mí, que no podía ver así a un paciente, pero para ellos también era difícil, porque cumplían órdenes”. Esas órdenes hicieron también que Velázquez no pudiera evitar la muerte de dos niños con difteria. Quería que un helicóptero trajera medicación o evacuara a los niños a Saigón, pero la respuesta que obtuvo de los militares americanos fué que estaban rodeados por el Vietcong y necesitaban todos los helicópteros para combatir, no para misiones sanitarias.
Velázquez recuerda con cariño las buenas amistades que hizo en Go Cong. Las relaciones con los americanos las califica de “cordiales”, pero eran mejores con los vietnamitas. Una noche, que visitó a una familia amiga, le avisaron del peligro que corría al moverse por la población. “Doctor, qué hace aquí, márchate rápido, hay VC, VC (siglas de Vietcong)”. El ceutí hizo caso al aviso de sus amigos y salio corriendo hacia su alojamiento. A los pocos minutos se desencadenaba un ataque de los guerrilleros norvietnamitas.
Otro día que se desplazó a Saigón por carretera su vehiculo fué detenido por una patrulla de paramilitares. “No soy americano, soy un médico español”. Velázquez pronunció las primeras palabras que aprendió en vietnamita y logró pasar, aunque después tuvo conocimiento de un ataque en el que participó esa misma patrulla. “En Asia o en África decir que eres médico es algo sagrado, la gente te respeta y te quiere”, asegura. A pesar del peligro, Saigón le enamoró desde el primer día. “Era increíble la intensidad con la que se vivía allí. Aunque la guerra y la muerte estaban presentes las veinticuatro horas del día, Saigón era una ciudad llena de vida. El bullicio era tremendo, circulaba mucho dinero y por las calles podías encontrarte de todo. Las drogas y la prostitución marcaban el ritmo diario”.
Un problema físico obligó a Antonio Velázquez a ser ingresado en un hospital americano. Allí tuvo ocasión de conocer la nueva especie de fatiga de combate descubierta en abril de 1968 por dos especialistas de Estados Unidos en Salud. El teniente coronel meter y el capitán Jonson denominaban “neurosis de combate” a los síntomas que presentaban numerosos combatientes estadounidenses que, en Vietnam, a diferencia de la Segunda Guerra Mundial, se estaban enfrentando a un ser “indefinidido y desconocido”. “En el hospital me encontré con un soldado estadounidense de origen italiano, de 19 años, que había estado vagando durante seis días por la selva, completamente enloquecido, porque habían aniquilado a toda su patrulla. Él era el único superviviente y estaba destrozado”, cuenta Velázquez. En la cama situada junto a la suya estaba un chicano, veterano de Corea, que había estado horas y horas en el agua, en la frontera con Camboya, esperando la incierta hora de combatir. “A esta guerra no se puede venir voluntario”, le dijo al médico español al conocer su presencia en Vietnam. “Esto es demasiado duro”, sentenció.
Las posibilidades de que tropas españolas entraran en combate eran muy elevadas después de que el 26 de julio de 1965 el presidente de Estados Unidos, Lindon B. Johnson, se dirigiera por carta al jefe del Estado español, Francisco Franco, pidiéndole que España se implicara en esa guerra. En su carta, Johnson expresaba a Franco su más “profunda convicción personal” de que las perspectivas de paz en Vietnam aumentarían “grandemente” en la medida en que los esfuerzos de Estados Unidos fueran apoyados y compartidos por otras naciones que “comparten nuestros propósitos y nuestras preocupaciones”. No era la primera vez que Estados Unidos intentaba implicar a España directamente en Vietnam. Todo formaba parte de una cuidada estrategia de los americanos para contar con el apoyo del mayor número de países y demostrar a la opinión publica internacional que no estaban aislados diplomáticamente en su intervención en el país asiático.

El periodista ceutí, Alejandro Ramírez, escribió su historia

El conocido periodista Alejandro Ramírez, (Ceuta, 1963), escribió en el 2005 su exitoso libro ¿Por qué no combatimos en Vietnam?, fué su tercer libro, de donde hemos extraídos todos los datos para este reportaje. Nuestro paisano escribió: “Desde que en marzo de 2003, el entonces presidente del Gobierno español, José Maria Aznar, sellara en la famosa Cumbre de las Azores su total respaldo al presidente de Estados Unidos, Georges Bush, en su anunciada invasión de Irak, los diarios españoles dedicaron cientos de artículos analizando este apoyo de Aznar a una guerra rechazada por una abrumadora mayoría de la sociedad española. En estos análisis, sin embargo, me sorprendió la ausencia de referencias al papel desempeñado por España, cuarenta años atrás, en otra guerra muy similar a la iraquí: Vietnam. Entonces, Estados Unidos también pidió a España que se implicara directamente en ese impopular y devastador conflicto. ¿Cuál fué la respuesta del Gobierno español? ¿Qué opinaba la sociedad española de una hipotética entrada en combate de militares españoles? ¿Cómo participó España en esa guerra?”
Son muchas las preguntas que se hace Alejandro Ramírez en la introducción de su libro, que desarrolla en 140 páginas y logra dejar muy claro. Donde cabe destacar las siguientes apreciaciones… “Treinta años después de que las fuerzas norvietnamitas entraran en Saigón y los últimos americanos abandonaran la capital de Vietnam del Sur, es el momento de desvelar, asevera Ramírez, el contenido de los “papeles” españoles de la guerra de Vietnam. Como periodista, me hubiese gustado estar en la piel de Luis Maria Anson, en febrero de 1967, APRA haber escrito sobre el terreno de la misión española en Vietnam. Afortunadamente parte de mis deseos se han podido cumplir ahora, gracias a que los protagonistas de esta historia han querido compartir conmigo todas sus vivencias”.
Y en el último capitulo de su libro “La retirada”, Alejandro Ramírez concluyó… “En octubre de 1971, las tropas americanas, que llegaron a ser en Vietnam de 550.000 hombres, pasaba a 200.000. La retirada supone una gran carga no sólo para el millón de survietnamitas que defienden su país, sino también para la economía de Vietnam del Sur, aumenta el paro y la perdida de ingresos en moneda extranjera. La inflación se dispara. Un mes después, Nixon comunica la repatriación de unos 45.000 hombres, dejando en 139.000 los militares americanos en Vietnam. En medio de este proceso de vietnamización de la guerra, la misión sanitaria española es retirada. Los americanos querían que los equipos médicos de los países aliados salieran antes del repliegue definitivo, porque temían represalias del Vietcong. De hecho, en Go Cong, hasta finales de 1971 que salieron los españoles, siempre estuvieron presentes fuerzas estadounidenses para darles protección en caso de ser necesario. Tenían la sensación de dejar abandonados a los vietnamitas cuando más les necesitaban. Fué muy triste recordaban los españoles al marchar, dejar atrás el hospital de Go Cong. En ese último revelo estuvieron conocidos militares españoles, como el doctor Gil Lagares. Los españoles regresaron después de cinco años en Vietnam sin sufrir una sola baja. Algo increíble. Los vietnamitas, en agradecimiento a la labor de la misión española, pusieron a un puente el nombre de España. El Gobierno de Estados Unidos envió una nota verbal a la embajada de España en Washington en la que agradecía “Muy sinceramente” los servicios prestados por la misión española en Vietnam. Con unos 50.000 hombres muertos en combate y una opinión publica cansada de esa larga guerra, para los americanos llegaba el momento de poner fin al conflicto. Los acuerdos firmados en Paris el 27 de enero de 1973 recogían un alto el fuego, la retirada de las últimas tropas estadounidenses y la liberación de sus prisioneros. Luego llegarían las negociones entre Saigon y Hanoi para crear un consejo de reconciliación. Pero éstas conversaciones fracasaron. Los combates y la inestabilidad siguieron hasta que el 30 de abril de 1975 las fuerzas survietnamitas tomaron Saigón.

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