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    <message>Leo y es casi inevitable recordar, al ritmo de estas oraciones, aquellos ranchitos del Vallecito de Huaco. Y a sus habitantes, con su mirada detenida en los instantes del vac&#237;o, pero llenas de sue&#241;os, de cansancio, de resignaci&#243;n. Leo y me acuerdo de las casitas a medio constru&#237;r, y c&#243;mo contaban satisfechos que casi terminaban de levantar el cuartito de las 'necesidades'. La vacilaci&#243;n y la fragilidad de las paredes, igual que sus ganas, como la abuela que llora. 
Tambi&#233;n me vienen a la mente las piedritas de la famosa 'payana', por todo el patio del colegio, en casi todas las manitos... o los juegos en ronda, o la simpleza de un trazo de crayon en un rollo gigante de papel. Y me hace pensar, que ya no quedan juegos para nuestros chicos, en la ciudad. Las piedritas se han transformado en teclas de una computadora...
Y es que ac&#225; la oposici&#243;n del pueblo ya no se opone a lo que nos invade, de a poco, y tan sigilosamente que abruma.
Al barro lo sec&#243; el Sol, para que se lo lleve el agua. Y los ladrillos se construyeron sobre el barro aguado, para ser f&#225;cilmente derrumbados...
Somos todos, en alg&#250;n sitio, una frontera. S&#243;lo espero que &#233;sta no lleve una r&#237;gida bandera, un muro inderrumbable. Porque justamente las fronteras est&#225;n hechas para cruzarlas.
Gabi, gracias. Un beso y un abrazo, gigante!!</message>
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