21 Mar 2008
Colombia vs. Venezuela. ¿Una crisis fantasma?
Recientemente el ejército colombiano acabó con la vida de Raúl Reyes, figura importante dentro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia. Como resultado de un fuerte trabajo de inteligencia, los mandos militares subordinados a Álvaro Uribe fueron capaces de localizar a este grupo guerrillero, se dice que con ayuda de la CIA, para luego proceder a su exterminio. No sé por qué, pero la táctica me recuerda a los métodos selectivos utilizados por Israel contra los líderes palestinos; pero, esto ahora no viene al caso.
Desde hace un tiempo, el gobierno de Colombia y la comunidad internacional liderada por Venezuela y Francia, se han enfrascado en la liberación de los rehenes que están en territorios selváticos controlados por las FARC. Hasta ahora, las gestiones han fructificado con la entrega de dos grupos de retenidos que sirvió para alentar las esperanzas de un canje mayor que debe concluir, si así se da, con el duro cautiverio de las diferentes personas detenidas, muchas de ellas viviendo en condiciones deplorables.
Ahora bien, dentro de este escenario de intercambios e intentos de diálogos que en primer lugar compete al pueblo y al gobierno de Colombia, incluso en contra de la voluntad del propio Uribe que había prometido mano dura con la guerrilla, han comenzado a emerger otras voces que, a mi entender, intentan robar parte del protagonismo. En tal sentido, el actual presidente de Venezuela ha querido convertir esta historia en una cruzada personal en la que aprecio muchos matices oscuros. Hugo Chávez se presentó primero ante la opinión pública mundial como el gran salvador, personaje capaz de mediar con la insurgencia colombiana y el gobierno de Uribe, así fue capaz de orquestar una primera entrega que parecía una verdadera campaña de marketing para lanzar al mercado (político) un nuevo producto (las FARC). Desgraciadamente dicho plan mediático terminó en un gran fiasco y muchas dudas sobre la credibilidad de sus protagonistas.
Después de un segundo intento, en el que se pudieron conseguir las primeras liberaciones oficiales acompañadas de un despliegue mediático más modesto -tal vez el fracaso del primero llamó a la cordura-, el presidente de Venezuela se ha lanzado en una campaña de inserción política a las fuerzas insurgentes que ha sido bloqueada por el fuerte rechazo internacional, tanto por parte de los gobiernos del resto de América y Europa que no han querido aceptar la redención política de las FARC, o sea, cambiar su mirada de terroristas por ángeles revolucionarios, como por la gran masa humana que se movilizó no sólo en territorio colombiano, sino también en las principales ciudades del planeta para dejar constancia de su rechazo a las políticas de secuestro puestas en práctica durante décadas.
La guerrilla de Colombia ha sido acusada de múltiples delitos; pero de ellos, el peor es el de pretender convertir a los secuestrados en moneda de canje para cualquier tipo de diálogo, y esto Chávez lo sabe muy bien, no por gusto frenó a tiempo su campaña que pretendía convertir a esta fuerza militar en una fuerza política, preparando el terreno y las condiciones subjetivas de los colombianos para facilitar la entrada de la dirección de las FARC en unas venideras elecciones; no obstante, ahora ha encontrado una oportunidad para reivindicar sus principios y, creo, no la va a dejar perder.
La muerte de Raúl Reyes es la excusa perfecta para desembocar su plan. Cuando Uribe decidió apartar a Hugo Chávez del proceso negociador motivado por su incapacidad de moderar sus expresiones en público, se estaba produciendo el inicio del deterioro diplomático que hoy se viene a consolidar con el cierre de la embajada de Bogotá. En aquél entonces ya Chávez había amenazado con tomar serias medidas que pudieran dañar las relaciones entre los dos gobiernos, no sin antes haber dejado escapar toda su arenga patriotera de la que no escapaba el gobierno de George Busch. Hoy, con una acción muy controvertida dadas las circunstancias en que se venían produciendo en el campo diplomático, el gobierno colombiano ha facilitado la ficha que necesitaba Chávez para poner en marcha su circo, he aquí su reacción al más puro estilo Castrista: “Señor ministro de la Defensa, movilice de inmediato diez batallones de tanques hacia la frontera con Colombia y ordene que se despliegue la aviación militar”.
Todo indica que están dadas las condiciones para que se genere un conflicto bélico de baja intensidad, Uribe alega legítima defensa ante la pasividad con que el gobierno de Ecuador actúa, permitiendo este último la entrada y salida de los grupos insurgentes en su territorio, versión que quedó demostrada con el campamento que se había improvisado a sólo dos kilómetros de la frontera colombiana; mientras que Chávez, arma en mano, busca el mínimo pretexto para extender su ejército por las tierras de América, dígase colombianas, como si fuera el nuevo Bolívar que tanto quiere imitar.
Desgraciadamente en Latinoamérica se vive una situación que me recuerda la época de la Guerra Fría, o sea, los años ochenta. A la sombra de los Estados Unidos y su interesadas ayudas económicas, un grupo de países ha instaurado gobiernos de centro y derecha que, siguiendo el mismo guión de la época Reagan, sirven de muro de contención a las banderas de izquierda y populismo que se alzan desde el eje Venezuela-Bolivia-Ecuador-Nicaragua, téngase en cuenta que ya Cuba aparece como el viejo fósil con muy poco que aportar, a no ser propaganda y médicos. Bajo la visión de estos dos polos, la anacrónica guerrilla colombiana trata de insertarse buscando la ayuda del eje izquierdista, acción que parece confirmarse con las revelaciones de ayudas denunciadas por el director de la policía colombiana a nombre de su gobierno.
Analicemos algunos puntos oscuros. No voy a decir que uno u otro presidente tenga o no la razón. Eso no lo sé, en materia política hay mucha manipulación; sin embargo, las evidencias sirven para crearnos una imagen particular del conflicto. Por tanto, vale la pena preguntarse qué hacía ese pequeño grupo insurgente acampado en territorio ecuatoriano. He aquí el pretexto de Colombia y su fundamento de que el gobierno de Rafael Correa tiene conocimiento de la presencia de las FARC y, por tanto, admite el libre trasiego de personas, dinero armas y municiones, por no decir la coca, en estos pasos fronterizos; téngase en cuenta que la franja territorial dominada por las FARC se encuentra justo colindando con esta zona, por lo que este ciclo de entrada-salida se asemeja al modelo de las tropas talibanes y sus relaciones con los países periféricos o al movimiento insurgente iraquí que de igual modo se sustenta por tierra desde el exterior, modelo típico de grupos militares que se mantiene con éxito gracias a las ayudas que reciben del exterior, incluso creando bases en los mismos.
¿Por qué si el suceso tuvo lugar en Ecuador tiene que estallar la crisis en el polo opuesto, justamente en Venezuela? ¿Por qué si la acción militar emprendida por las tropas colombianas se realizó de modo selectivo, con el desplazamiento de unos pocos militares, tiene el presidente Chávez que movilizar diez batallones hacia la frontera de su vecino país si hacia él no existe ninguna amenaza? Tomando en cuenta esta desmesurada reacción cabe sospechar: ¿qué relaciones ocultas tiene el gobierno de Venezuela con la dirección política de las FARC? Peor aún, ¿qué beneficios políticos quiere sacar Chávez ante este conflicto, sobre todo si su popularidad se ha visto reducida casi un 44 por ciento dentro de su país? De un modo o del otro aterran las respuestas.
Siguiendo la lógica de los sucesos, Oscar Naranjo a nombre del gobierno de Uribe ha querido dejar entrever que los gobiernos de Venezuela y Ecuador tienen negociación con las FARC. El disco duro del portátil de Reyes ha revelado las supuestas actas de reuniones que testifican los contactos entre estas tres partes. Si es verdad o no, es imposible demostrarlo, no obstante, salta la duda al ver la desproporcionada reacción con que el gobierno venezolano ha respondido y, como eco lejano y tardío, la del presidente Correa. Vuelven otra vez las preguntas, ¿por qué gobiernos como Brasil y Panamá no se han sentido amenazados si Colombia también los pudiera invadir? Evidentemente algo raro pasa, sobre todo si observamos ese empeño de Chávez en aparecer como líder negociador y portavoz de las FARC, promoviendo su redención internacional, y lo más preocupante ¿Por qué el ex presidente de Cuba Fidel Castro hace mayor énfasis en los gritos de guerra que en las bondades de la paz? ¿Qué está pasando con los grupos de izquierda en América Latina? ¿Qué se está cocinando en el continente?
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Juan Carlos Garrido CurbeiraLa intención es gritar, hablar de más, dar voces al viento como alguien que ha querido dejar de ser sólo un lector para convertirse en un desesperado comentarista de la vida misma. La fuente, o las fuentes, están en cada lectura de los noticiarios, la celle, el metro, las revistas del moda, internet, mis dolores de tripas, la quiebra de la bolsa o simplemente mis contactos con el banco para que me rebajen la hipoteca.
Una mirada desprejuiciada desde alguien que ha dejado de creer en los ismos, en la política, las religiones y las promesas de un mañana mejor, sobre todo, en el más allá. Total, ya lo dijo el viejo Galileo: Eppur si muove...
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Gustavo dijo
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