21 Abr 2009
Barack Habana
Parece que el tema de moda en los telediarios de este fin de semana está relacionado con Cuba, la gran ausente a la Cumbre de las Américas, encuentro en el que todos los presidentes invitados saltaban: uno, dos, tres, para que Obama los viera. Pero no, “la prosperidad humana, la seguridad energética y la sostenibilidad ambiental” quedaron marginadas ante los encantos del President y la ausencia de los hombres de La Habana, por lo menos del menor de los hermanos Castro: el compañero Raúl.
Todo parece indicar que se están dando las condiciones materiales e ideológicas para que se produzca un cambio político en la relación de Washington y el Comité Central del Partido Comunista de Cuba; un trato de odio amor que no ha estado exento de guiños y afectos entre Fidel y Carter u odio irreconciliable con Kennedy tras Bahía de Cochinos, Ronald Reagan o los Bush, padre e hijo. Sin embargo, ha llegado Obama, un nuevo presidente que razona a partir de la lógica pragmática, por lo menos así se deja ver en sus discursos y acciones, tendiendo más a la solución de conflictos que a la construcción de nuevos escenarios bélicos.
Ahora bien, creo que a pesar de las buenas intenciones de los presidentes Lula de Brasil y Chávez de Venezuela o el cruce de palabras y notas diplomáticas entre Cuba y EE.UU en las que se comunican un desafiante deseo de diálogo, el resultado final no va a ir más allá de un simple intercambio cultural con cuatro o cinco conciertos en la Tribuna Antimperialista o un tope bilateral de béisbol en el estadio Latinoamericano. Desde ahora lo digo, no se va a levantar el embargo y en Cuba no va a ver transición de ningún tipo, por lo menos bajo la dirección actual del país. Mis razones tengo y las explico a continuación.
De inicio podemos apreciar que Barack Obama tiene todas las intenciones de acabar con una absurda política que ha demostrado ser completamente ineficaz, primero porque en Cuba el proceso revolucionario ha sido capaz de soportar los peores momentos de crisis, no sólo con la desaparición del antiguo Campo Socialista, sino también los embates naturales que han ido desde una sequía extrema hasta el paso de más de tres ciclones por temporada.
Además, el gobierno de La Habana se las ha ingeniado para continuar comerciando con el exterior inventando miles de fórmulas y adaptando sus características productivas a las exigencias de sus socios de turno: la antigua Unión Soviética, luego China y ahora Venezuela, esto sin contar con las relaciones mercantiles con los países europeos y España como socio operativo de importancia estratégica.
Por lo tanto, a pesar de las restricciones que impone la ley Helms-Burton y sus homólogas anteriores, ha quedado demostrado que el comercio exterior en la isla siempre ha existido, no importa el precio que haya tenido que pagar el gobierno cubano por lo que compra a otros países y que a su vez haya visto con resignación, cómo le cuesta vender sus mercancías y materias primas en el exterior, dominado por un mercado internacional más competitivo; quedando así demostrado la incapacidad disuasoria del embargo aplicado por más de cuarenta años.
Hasta aquí quedan señaladas las buenas intenciones del presidente Obama; sin embargo, éste se equivoca en pretender condicionar la normalización de las relaciones con Cuba a la presencia de cambios políticos dentro de la isla, intentando de este modo importar el modelo de democracia aplicado en Occidente y que ha demostrado ser ineficaz en algunos países con hambre como Afganistán o Iraq.
Este cambio nunca va a ocurrir en la isla, por lo menos por ahora. En Cuba el modelo social existente se sustenta en un sistema político radicalmente opuesto al que representa Obama, el cual tiene a la propiedad social como paradigma obligado, luego la labor ideológica queda en manos del Partido Comunista, el cual tiene la tarea de controlar el resto del aparato institucional y a sus ciudadanos. En Cuba no hay economía de mercado. Estamos hablando de dos modelos diferentes de organización de la sociedad, no olvidemos este detalle.
Asimismo, en la isla caribeña es imposible, por lo menos bajo la mentalidad del actual gobierno, la existencia de más de una fuerza política organizada que no sean las instituciones aprobadas por la Asamblea Nacional del Poder Popular, ya que la existencia de un partido o grupo de oposición formalizado, tal como se concibe en Occidente, tendría en la mísera vida actual suficientes argumentos sociales para desgastar al actual gobierno y proponer la implantación de un modelo de propiedad privada que tanto es perseguido, ya sea a pequeña o mediana escala. Es importante también tener presente que la mentalidad de la clase dirigente está afianzada en un sistema de valores que en los años sesenta tenían un sentido pero que cometió muchos errores, por lo que en la actualidad resulta imposible de sostener al menos utilizando los viejos métodos represivos de disuasión política.
Para una persona que no esté familiarizada con el lenguaje oficial de La Habana, le resulta imprescindible aprender a leer lo que se dice entre líneas. Raúl Castro responde a Obama que pudiera estar dispuesto a dialogar sobre cualquier tema, ya sea sobre los presos políticos, los derechos humanos o la libertad de prensa, hasta ahí lo legible. Sin embargo, me imagino ese momento de discusión en el cual Obama le reclama a Raúl por los presos políticos y éste le responde por los cinco cubanos detenidos en territorio estadounidense, proponiéndole como solución, el intercambio de prisioneros.
Evidentemente una vez más quedamos atrapados en la lógica de la postura cubana: el que haga oposición en la isla es un traidor y se encarcela o se le obliga a emigrar como una lacra social. Ya ocurrió en los años sesenta con los barbudos desertores del socialismo o los prisioneros de Playa Girón que se canjearon por latas de conservas, luego vivimos esa misma táctica aplicada cuando el Mariel, momento en el que se sacaban a los reclusos directamente de sus celdas y los montaban en las lanchas que los llevarían a Miami. Era la escoria que el país no quería.
Otro detalle, bajo este método de gobierno en Cuba no puede existir la libertad de prensa ya que la labor ideológica del Partido se materializa en cada palabra, cada noticia o cada idea que se transmite por los medios de comunicación, sea la radio, la televisión o la poca prensa escrita que circula por las provincias. Aún en mi cabeza retumban las palabras de Fidel hace unos años atrás en las que decía más o menos así refiriéndose a los pedidos de aperturas después del derrumbe del socialismo en la antigua Unión Soviética: …a los americanos no se les puede dar ni un tantico así, primero te piden el dedo y después te piden la mano.
Evidentemente las enseñanzas de lo que pasó con el extinto Campo Socialista continúan en la memoria: la libertad de prensa conduce inevitablemente hacia el camino de una posible Perestroika, además el uso libre de la expresión política facilita la formación de sindicatos como el de Solidaridad con Lech Walesa, lo que hace impensable en estos momentos cualquier intento de apertura solicitada por Obama, máxime cuando la economía está tan deteriorada y la gente anda loca buscando una fe por cualquier lugar.
Hace unos días leí unas declaraciones de Armando Hart, uno de los antiguos líderes comunistas que aunque hoy en día está apartado del Gobierno Central, refleja en sus ideas por dónde se mueve la lógica de los miembros de la antigua guardia. Decía Hart en una reunión del Movimiento Juvenil Martiano, que Cuba y los cubanos debían prepararse para una nueva forma de lucha ideológica con el imperio, machacando una vez más el pensamiento decimonónico de José Martí, afincado en la idea del gran monstro perverso y sin tener en cuenta cuánto ha evolucionado el mundo desde aquellos años de lucha independentista hasta hoy.
Pues bien, así es como se aprecian los nuevos cambios de escenario por parte del Gobierno de La Habana: a través de una forma nueva de lucha contra el imperio, porque en esencia para esta generación de “mártires y elegidos” en Latinoamérica no ha cambiado nada. Fidel Castro lo dijo bien claro, “Cuba no acepta limosnas”, con lo cual su postura radical reaparece nuevamente ante cualquier reacción del Gobierno de su hermano Raúl. Los Estados Unidos continúan siendo un imperio y una amenaza aunque su discurso se ablande con la nueva presidencia.
Pese a ello, a esta obsoleta clase dirigente le es más favorable un cambio en las relaciones diplomáticas y comerciales con los Estados Unidos ahora que están vivos y no después de muertos. De este modo es posible controlar cualquier tendencia social de cambio o determinadas desviaciones ideológicas de sus máximos dirigentes políticos tal como ha ocurrido con Roberto Robaina, Carlos Lage o Pérez Roque, entre otros.
Si Barack Obama realmente quisiera ayudar al pueblo de Cuba debería levantar el bloqueo o embargo, como más guste, sin pensar en una respuesta cubana a cambio. Aunque muchos sectores ideológicos digan que con ello se beneficiaría al Gobierno de La Habana y a su clase dirigente, esta tesis se va por tierra a lo largo del tiempo. Es verdad que con una medida así la industria y el mercado estatal cubano vivirían momentos de recuperación económica, de eso no hay la menor duda; pero también debemos pensar cuáles serían los efectos a largo plazo.
Miremos más adelante, pensemos en las generaciones futuras que no hicieron Revolución y en el cómo éstas se integrarían a un mundo cada día más integrado social y tecnológicamente; pensemos además en la cultura, pero no en el cultivo de las artes y las letras, sino en el proceso de construcción de la nacionalidad cubana. A diferencia de China u otros estados tradicionalistas, la cultura cubana es más abierta, más cosmopolita y más mutante.
Cuba vivió bajo las influencias del antiguo imperio español, luego la del imperio norteamericano, para pasar después por la experiencia soviética y llegar a sentir incluso, en lo peor de su crisis, las oleadas de los productos chinos que permitieron sobrevivir el largo Período Especial. La gente se ha sabido adaptar con gran sentido creativo a los diferentes cambios experimentados en nuestra Historia.
Cuba no es una metáfora y mucho menos un juego de letras en la ideología de una clase política que hace lo imposible por sobrevivir amargamente. Cuba es una nación con millones de personas que viven y sienten dentro y fuera de ella. Es hora ya de dejar el radicalismo absurdo de las doctrinas patrióticas y asumir una postura más coherente con el devenir humano que, al decir del difunto Juan Pablo, le permitiría abrirse al mundo como el mundo se debería abrir a ella. Ojalá, y en todo lo que he dicho, esté equivocado.
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Juan Carlos Garrido CurbeiraLa intención es gritar, hablar de más, dar voces al viento como alguien que ha querido dejar de ser sólo un lector para convertirse en un desesperado comentarista de la vida misma. La fuente, o las fuentes, están en cada lectura de los noticiarios, la celle, el metro, las revistas del moda, internet, mis dolores de tripas, la quiebra de la bolsa o simplemente mis contactos con el banco para que me rebajen la hipoteca.
Una mirada desprejuiciada desde alguien que ha dejado de creer en los ismos, en la política, las religiones y las promesas de un mañana mejor, sobre todo, en el más allá. Total, ya lo dijo el viejo Galileo: Eppur si muove...
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4 comentarios · Escribe aquí tu comentario
VISITADOR dijo
Cuanta verdad hay en lo que dices, ahora resulta que Castro dice que Obama interpretó mal las palabras de su hermano. Les dejo el link de la noticia:
http://about.reuters.com/dynamic/countrypages/mexico_es/1240427332nMAE53L17O.ASP
Juan Carlos Garrido Curbeira dijo
...desgraciadamente no me he equivocado, como podemos apreciar en Cuba se mira con muchos recelos las relaciones directas con los EE.UU, por lo que un proceso de normalización será muy lento. Por lo menos ahora estamos asistiendo a un deshielo en la forma de presentar el tema, ya no es pecado predicar la obsolencia de la medida. Aunque en La Habana no lo quieran reconocer, la pieda está en su techo, ya que una vez que se levante el embargo ¿quién será el culpable de la mala administración y el desastre económico en la isla, los uracanes?
Juan Carlos Garrido Curbeira dijo
Cuba reitera su política. Raúl Castro dice que podrán hablar, más allá de las correcciones de su hermano, pero sin negociar la "soberanía” ni el “sistema político y social". Acomodaos en sus asientos, queridos lectores, que tras los muros del malecón habanero hay conversaciones, aunque la retórica se llene de versos agresivos ya hay indicios de diálogo. El cambio no es fácil y no lo va a hacer, no obstante en la Isla comienzan a parecer voces "comprometidas" con la Revolución que piden la lógica de un cambio más allá de las declaraciones de Washington, todos están convencidos de que el modelo no funciona, haya o no bloqueo, lo que aún son pocos los que se atreven a alzar la voz. Tiempo al tiempo…
MANUEL dijo
LOS AMERICANOS, SI SON INTELIGENTES, DEBERÍAN QUITAR EL BLOQUEO. YA VERÍAMOS QUE DICEN EN LA HABANA. BUEN ANÁLISIS EL QUE HACES.
SALUDOS
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