12 Mar 2008
Un año sin Yeremí Vargas
El pasado 10 de marzo se cumplieron 365 días de la Desaparición de Yeremí Vargas en la localidad canaria de Vecindario, y todavía no se atisba un final a esta incertidumbre que va corroyendo a una familia, y que ha convertido en presos de su misma calle a unos niños, cuya libertad de juegos inocentes al aire libre se ha visto menguada hasta el extremo de la extinción, por miedo a incrementar la lista de Desaparecidos en las Islas Canarias Menores de Edad, una lista que a todos nos preocupa y asusta.
Cuando el niño que aquí ven, desapareció como si la tierra se lo hubiese tragado, sentí miedo por él y por lo que le estuviese pasando o le pudiese suceder, porque aunque nos asuste reconocerlo el mundo en el que vivimos está lleno de bestias de mirada tierna pero corazón helado, y estos jamás sienten remordimientos, salvo si se les apunta con una pistola porque entonces se cagan. Pero no antes, y más si tienen una vida indefensa entre sus manos, situación ésta que los hace sentir poderosos porque su enferme¡dad, sin cura porque a ellos mismos les gusta padecerla, los ciega salvándoles de su misma conciencia, aquella que nos daría libertad, si ellos mismos terminasen con su mal, su vida entera.
Por ello, y por otras razones -cada día me veo más radical en estos temas- ojalá, cuando se dé con el culpable o los culpables de esta agónica situación, sin justificación, aún que Yeremí este con vida, que ojalá así sea y pronto, el peso de la Justicia caiga fuerte y de lleno contra lo(s) desalmado(s) que ese 10 de marzo mutilaron a un niño inocente de su más preciado tesoro: la inocencia, borrándole de un plumazo sus posibilidades de futuro, que son su derecho, y que nadie debería tomarse el derecho de manipular y más sin consecuencias. Por ello y por todo lo demás Vecindario necesita Justicia.
Y a mi, y sin restar seriedad a este texto, que nunca hubiese querido escribir, si me [i] hubiese gustado (sé que no es la expresión correcta, pero no sé me ocurre otra) estar allí investigando, metiendo las narices en los estercoleros, colaborando en definitiva, en vez de ser testigo de unos rastreos, concienzudos, siempre, todo hay que decirlo, mediante la televisión, porque si yo hubiese estado, o quizás Basilio Correa, no me hubiese importado usar la violencia, aún a sabiendas de que no es lo correcto. No obstante, y sin llamar o clamar a la odiosa venganza, tampoco es correcto secuestrar aún niño, pero como ya habrán comprobado, estos temas me exaltan. [/i]
Luego para acabar, disculpen si mis dos últimos textos y el del 26 de febrero emanan odio, pero la vida no es un juego y el perdón se debe ganar en situaciones extremas.
Un fuerte abrazo, y como recompensa si cabe, ya actualizaré con más de Correa ahora que empezaron las vacaciones. Cuídense, y no dejen pese a todo, de alimentar al niño/a que llevan dentro porque eso significará que jamás nos terminamos de acostumbrar a lo inacostumbrable (si no existiese tal palabra, díganme la correcta, aunque ya en su día me licencié en inventar términos, allá en segundo de bachiller cuando creía en la redención sin evaluarla constantemente)….
Sin más, chao.
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