19 Abr 2008

EL ARTE DE LEER POR UNA LECTORA

Escrito por: GEMMA RIVERO BRAVO el 19 Abr 2008 - URL Permanente

Todo se remonta a cuando yo llevaba dos coletas y tenía bigote. Todas mis amigas tenían un noviete en clase, pero yo era feita y rara y como es obvio, para los chicos, invisible. Un día, leyendo un cuento de príncipes y princesas se abrió una puerta en mi imaginación y creé, lo que se puede denominar, un mundo paralelo: lleno de hadas, duendes, princesas y príncipes que hacían que me olvidara por unas horas que tenía pelillos en el bigote, que era negra como un conguito, y que mis dientes eran los de un conejo.

En mi mundo particular no existía el tan odiado colegio, ni las asquerosas y repelentes niñas rubias y preciosas que coqueteaban con todo bicho viviente. Vamos: que no era una marginada. Allí yo era una princesa bella y feliz, asediada por un montón de príncipes azules a la espera de mi decisión. Si dijera que el patito feo se convirtió en cisne, no sería del todo sincera, más bien me convertí en una chica normal (por supuesto sin bigote) y con una pareja normal que no tiene nada de perfecto. Los libros y todas aquellas aventuras me ayudaron a superar crisis, angustias, recelos, celos y extraños del corazón. Supe que la imaginación es una arritmia del pensamiento y con ella se puede viajar y aventajar a una realidad que a veces nos atrapa en la rutina, la monotonía y el poco sobresalto de los días. Adentrarse en mundos paralelos, en palabras recién bautizadas, en pensamientos ajenos y en historias corpulentas llenas de personajes, era lo mejor que el ser humano podía ofrecer a otro: La forma de ser feliz. Quizá la gente que no lea no pueda entender lo que estoy diciendo (de lo más respetable) pero los ávidos lectores podrán mecerse en estas humildes letras que una servidora muestra. Acunándose en días de lluvia, manta caliente, café y un buen libro.

De mis días de coleta y bigote me queda mis largas noches de flexo y ojos cansados, de autores y de espinas sacadas a base de inventos que los libros me proporcionaban, y una pícara sonrisa al ir al colegio y mirar a aquellos crueles chicos que me miraban de soslayo; sabiéndome la niña más feliz del mundo por haber conquistado a un bello príncipe, por haber matado a un dragón, por haber tenido como amigo a un duende que me cantaba canciones y por haber sido la protagonista de un cuento cubierto de chocolate y caramelo.

De mis años vividos me quedo con aquel descubrimiento, con aquellos relatos que me hicieron volar y tener una infancia feliz, aunque fuera al llegar la noche. Relatos que ahora, siendo ya adulta me siguen haciendo disfrutar tanto como el primer día.

Lo moraleja de esta historia es que el arte de leer siempre, siempre tiene un comienzo, eso sí, hecho a la medida de cada uno, pero lo mágico, lo que es verdaderamente maravilloso, es que no existe final.

Una lectora.

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¿Qué explique quién soy? bueno, pues... nací con dos antenas verdes y cuando mi madre las vio y antes de las que viese el médico me las cortó. Desde entonces vivo sin orientación, asi que escribo para ver si me oriento. En fin...

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