Ayer Ivis nos envió esta nota por email,

Quería compartir con ustedes algo que he escrito en mi blog sobre mi generación.
Si alguno de los que aparece en las fotos no está de acuerdo en aparecer, que me lo diga e ipso facto la bajo del blog. Para verlo, deben ir a este link.
Luego de leer el post en su blog, el argumento del mismo nos hizo debatir y terminamos escribiendo entre todos esta nota que reflexiona sobre quienes somos y adonde vamos.
¿Quién nos devuelve ahora esas palabras?
(carta abierta de GeNeRaCiOn AsErE)
Si hay algún cobarde es aquel grupo de ortodoxo que hace de la isla un lugar cerrado y sin oportunidades... un espacio donde cada ciudadano está forzado a callar por miedo o para poder sobrevivir. Cobardes también son aquellos que huyeron antes de Cuba y hoy enarbolan su liderazgo ‘intransigente’ conque desprecian en lugar de abrazar a los nuevos exiliados como a iguales, esa ‘elite’de miopes que intenta imponernos su verdad a puro diálogo de machetazo.
¿Qué puede hacer aquel que nació en un pueblo donde sus habitantes se pelearon a muerte... donde décadas atrás, el odio barrió de cuajo a los puentes y a las tribunas del consenso? 
Luego de 50 años estos ‘lideres’ ya abuelos, continúan pidiéndose la cabeza en una diatriba sorda (a lo Montecchi y Capuleti) que como antípoda de la patria se enorgullece de permanecer en pie, aun a costa del sufrimiento de su propio pueblo.
Comencemos por dejar claro que a toda aquella generación de niños que supuestamente nos convertiríamos en el ‘hombre nuevo’ nos engañaron con la esperanza de un ‘futuro mejor’ que nunca llegó.
Ah, que egoístas los que aun sabiendo que mentían nos pidieron que fuésemos como el Che’ sin albergar para sí cargos de conciencia... claro, que con los años nos pasó lo mismo que a los muchachos cuando se enteran de que no existen los Reyes Magos, la gran diferencia es que en el contexto moral, ese tipo de escarnio es imperdonable.
¿Quién nos dice hoy que el sueño que nos inculcaron en la escuela, no era mas que una estrategia política para ganar la guerra fría?
No hay dinero en el mundo capaz de reconciliar el vacío que nos queda luego de desmoronarse la utopía con que crecimos.
El joven que escapó del terruño y continua preso de una tragedia legada por la enemistad de sus antepasados, es ahora responsable de terminar de una vez y por todas con la pesadilla que le legaron sus padres, para construir en paz la felicidad de sus hijos y para que ellos sean libres sin tener que huir.

Si es cierto que antes huimos de un sueño convertido en pesadilla, también cabe decir que lo hicimos para no tener que renunciar a lo mejor de nosotros mismos. Somos hijos de nuestro tiempo y no podemos abochornarnos de lo vivido... en todo caso, vale la pena salvar nuestros recuerdos, porque... si es importante saber de donde venimos, también lo será saber hacia donde vamos.
¿Quién nos quita el desengaño de ver a nuestros padres marchitos?
Es duro mirar como nuestros viejos envejecen allá, desgastados por la tragedia de guapear el tubo de pasta y el litro de aceite, o como aquí se mueren, pensando que a lo mejor para el año que viene podrán regresar de su exilio. ¿Acaso luego de medio siglo su intransigencia les ha devuelto algo?
El hueco que deja un ideal traicionado es tan hondo, que desde hace tiempo miles de muchachos de mi generación decidimos salir de la isla para escapar de los héroes y de los símbolos vituperados, de aquellos charlatanes que intentaron domesticarnos la conciencia.
¿Por qué ahora nos acusan de que tenemos lavado el cerebro? No se dan cuenta que es prácticamente imposible creer en algo o alguien que a cada segundo se apodera de tu derecho hablar... que poco a poco quitó el lustre a la palabra patria, bandera, revolución.
¿Quién nos devuelve ahora esas palabras?
Ahora que somos adultos y tenemos la obligación de preguntar o responderlo todo, solo nos queda aquello de ‘apretar el culo y darle a los pedales’ para encontrar una voz propia, para dejar bien claro que la identidad de nuestra generación no se circunscribe a un accidente geográfico (La Habana, Miami, Madrid) que los valores que nos inculcó nuestra familia son irreversibles y prevalecen por encima de los intereses o los colores de un partido político. Lo cierto, lo innegable es que a pesar de todo ‘somos cubanos’ y ya nadie nos puede enseñar a serlo.
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GeNeRaCiOn AsErE/