15 Ago 2012

Van Gogh Museum, Amsterdam.

Escrito por: Germán el 15 Ago 2012 - URL Permanente

Vincent Van Gogh llegó a París en Marzo de 1.886. La oscuridad principal de sus primeras obras holandesas dio paso entonces a una claridad general. Los cuadros se le volvieron mucho más livianos y luminosos, y tuvo que delimitar la silueta de los objetos con líneas para armar y sujetar de alguna manera esta nueva ligereza de todas las cosas. Allí aprendió a sustituir el contraste de valores, claro y oscuro, por el contraste cromático, de colores, y desde entonces utilizó los primarios (rojo, azul y amarillo) junto a sus complementarios respectivos (verde, naranja y violeta) como estructura básica del color.

Van Gogh llegó a la pintura a la edad de 27 años o por ahí, y puede decirse que la pintura le estaba esperando. Hasta entonces no había logrado encajar en ningún oficio, ni siquiera predicando el evangelio entre los mineros de Borinage. Sin embargo debió ser entonces cuando Van Gogh se dio cuenta de una idea que estoy seguro que con el tiempo se fue desarrollando en su interior hasta desembocar en la pintura, y su comprensión de lo que es la luz y el color. Observó que a los mineros, sumidos en un mundo oscuro, les gustaban los pasajes de la Biblia en que además de la luz metafórica aparecía la luz natural.

Los dos años que pasó en París pintó más de 200 cuadros y entonces decidió irse más al Sur, a la Provenza, donde profundizaría en el color en el par de años que allí pasó con sus girasoles y el mundo que supo recrear. Y después y finalmente se fue a Auvers-sur-Oise, en las afueras de París, donde pintaría sus últimos y sorprendentes campos de trigo.

El museo Van Gogh de Amsterdam tiene una muy buena selección de obras de todas sus etapas. Está lleno de gente y resulta un poco complicado ponerse delante del cuadro como me gusta hacer examinándolo todo: acercándome más allá de lo permitido para poder apreciar la pincelada, a media distancia para mirar parcialmente ciertas zonas o echando un par de pasos atrás para poder ver el cuadro un poco desde fuera, más objetivamente. Además necesito a mi mujer al lado para cambiar impresiones. Había tanta gente que apenas he podido centrarme en unos pocos cuadros. Tendré que volver cuando esté más tranquilo.

A veces me he preguntado por qué despiertan tanto interés los cuadros de Van Gogh. No fue un gran dibujante, como por ejemplo su amigo Toulouse-Lautrec; a sus composiciones a veces les falla esto o lo otro; su técnica del color no es la de Gaugin, Matisse, por no decir ya Bonnard. Lo que le distingue e incluso distancia de los demás es el apasionamiento en su trabajo en esos 10 años que vivió la pintura: se metió en cada pincelada, en cada dibujo, en cada cuadro y cada color con todo el alma, y se proyectó en sus cuadros como ningún otro pintor de su tiempo.

Éste de aquí me gusta por lo que tiene de atípico. Son unas barcas de pescadores en un pueblo que conozco bastante bien en el sur de Francia, Les Saintes Maries de la Mer, cerca de Arles en La Camarga. Los grises y azules del mar y el cielo, y el amarillo de la arena lo pintó con tranquilidad y oficio. Un detalle que me gusta mucho es que el color vivo de las barcas de pesca no procede de una licencia pictórica del pintor, sino de la propia pintura sobre la madera de la barca. Los palos y cuerdas de las barcas varadas crean una complejidad estupenda en el aire, y más allá lo complementa con esas otras barcas navegando en una misma línea compositiva. Tiene algo de pintura japonesa que tanto le gustaba, sobre todo por la contraposición entre lo lejano y lo cercano y la cosa acuática. He encontrado el siguiente comentario en una de sus cartas:

“He pasado una semana en Saintes-Maries. En la playa de arena había pequeñas barcas verdes, rojas y azules, de formas y colores tan bellos que hacían pensar en flores. Son tan pequeñas que casi nunca van a alta mar. Salen cuando no hace viento y vuelven a tierra cuando sopla con demasiada fuerza.”

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1 comentario · Escribe aquí tu comentario

dezabaleta dijo

Un gran museo que recoge "esa" peculiar evolución en su pintura...

Un cordial saludo
Mark de Zabaleta

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