06 Abr 2009

Liberales: vulgo liberales o conservadores

Escrito por: Jorge Gómez Arismendi el 06 Abr 2009 - URL Permanente

Lejos una de las palabras más manoseadas en el ideario colectivo actual es la palabra liberal. Todos quieren ser liberales, todos se dicen liberales. Sin embargo, la mayoría no sabe explicar qué entienden realmente por libertad*.

El Liberalismo, como filosofía política, nunca se constituyó como un corpus de ideas establecido de forma concreta y delimitada, sino más bien como un proceso de desarrollo constante de ideas diversas, que iban a la par de los hechos que terminan por estructurar la Modernidad a partir del siglo XVIII.

Lo cierto es que en este sentido, el Liberalismo, desde sus inicios se ha expandido por diversas vertientes y corrientes, que trataremos de explicar brevemente, y que muchas veces parecen colisionar, generando claras contradicciones y pugnas entre quienes se hacen llamar liberales.

En esta reflexión, no se pretende criticar las posiciones que defienden estos diversos sujetos, sino más bien el hecho de que las blinden, protejan o disfracen con la insignia de liberal, para establecer a priori su infalibilidad, simplemente diciendo que ellos son liberales y por lo tanto todo lo que proponen también lo es –aunque sea una patraña antiliberal- y peor aún, sin manejar un concepto específico de lo que es la libertad, ni de los fundamentos filosóficos que usan para tales efectos.

Se podría decir que es una crítica de un escéptico, no del Liberalismo y sus principios generales, sino de su real objetivación en la praxis de los individuos en cuanto doctrina política. En otras palabras, cuando alguien se dice liberal, ya hay que desconfiar. Veremos porque.

Lo concreto es que muchos de los actuales autodenominados liberales (ciertamente vulgo o falsos liberales e incluso conservadores), desconocen estas sutiles -aunque importantísimas- diferencias a la hora de enarbolar ciertos preceptos, defender ciertas ideas políticas o simplemente definirse como liberales de forma clara y diferenciada.

Las reacciones que se podrían generar por parte de algunos son entendibles hasta cierto punto, puesto que nadie quiere que lo despojen de sus discursos y paradigmas –por errados que estén en cuanto al uso que hacen de éstos- ni tampoco nadie quiere quedar como autoritario.

Lo cierto es que muchos de estos vulgo liberales, en cuanto a lo que plantean, son en la mayoría de los casos todo lo contrario a lo que podría ser un liberal en varios sentidos –si es que realmente podemos hablar de la existencia de liberales verdaderos y concretos-.

Esto, debido a que mezclan en diversos debates y discusiones –sin saberlo o cínicamente, pero siempre groseramente- planteamientos y lineamientos que teóricamente son contrapuestos. Es decir, y en palabras muy sencillas, son liberales para algunas cosas y para otras no, incluso en una misma discusión.

Y vaya que esto es complejo porque en definitiva no se puede ser y no ser liberal a la vez. Sin embargo, la mayoría de los autodenominados liberales (vulgo liberal) cumplen a cabalidad con esta dialéctica, sobre todo en términos discursivos y prácticos.

Existen diversas dimensiones en las cuales podemos detectar y desenmascarar un discurso vulgo liberal de este tipo: en cuanto a la defensa de la libertad política; en cuanto a la neutralidad de valores, tanto del Estado como de los individuos; y en cuanto a los límites e idoneidades de la racionalidad.

En cuanto a la defensa de la libertad política
El liberalismo clásico establece que debe existir la máxima libertad política para los sujetos en cuanto al Estado y sus acciones coactivas. Es decir, que deben existir límites a la acción de los gobiernos, los cuales no pueden actuar arbitrariamente en los asuntos privados de los sujetos.

Lo clave en este sentido, es que el Estado y sus agentes no deben actuar autoritaria y despóticamente, y sólo deben limitarse a garantizar los derechos de sus ciudadanos.

Esto sin embargo, como veremos, varía según el concepto de libertad que se defiende y se maneja en ciertos momentos.

Como la mayoría de los vulgo liberales desconocen tales conceptos de libertad a cabalidad, podemos tener vulgo liberales que en términos simples, defienden o toleran la falta de libertad política, es decir justifican la acción arbitraria del Estado sobre los individuos, simplemente porque garantiza la libertad económica -aunque sea para algunos-. Es decir, pueden llegar a defender regímenes autoritarios, por el simple hecho de que existe libertad económica.

En otros casos, algunos pueden llegar a defender “defensas preventivas” o “defensivas” –que sin embargo son claras acciones coactivas y arbitrarias llevadas a cabo por el Estado y sus organismos- ante riesgos posibles o remotos, aún cuando los criterios para ello sean del todo subjetivos.

En ambos casos, sus posturas son claramente cercanas a posiciones conservadoras, en ningún caso emancipadoras.

En cuanto a la neutralidad de valores
El ideal de tolerancia del liberalismo clásico surge en el contexto de los conflictos originados por la Reforma, con el propósito de generar coexistencia pacífica entre comunidades de creencias religiosas irreconciliables.

Pero dentro de las vertientes del Liberalismo que se desarrollan posteriormente existen planteamientos que difieren en cuanto la existencia de valores superiores y la promoción de una ideal de vida o del bien. Esto también depende del concepto de libertad y tolerancia que se adopte y la lectura que se haga de éstos.

Desde la posición neutralista en cuanto a valores, muchos vulgo liberales promueven un liberalismo utilitarista, que confunden con una mal entendida idea de libertad negativa.

Así, erróneamente y veremos contradictoriamente, creen que la libertad negativa –como no interferencia- implica libertad de cualquier restricción y su concepción de tolerancia en realidad es extraña, pues sólo toleran lo que les es agradable.

Otros vulgo liberales, desde un punto de vista perfeccionista, intentan imponer y establecer la legitimidad y superioridad de ciertos modos de vida por sobre otros.

En ambos casos, se pasa a llevar la autonomía del individuo, y contradicen la lógica de la tolerancia, que reside precisamente en que sea practicada con respecto a lo nos parece pernicioso.

A partir de eso, generan discursos contradictorios como defender una cierta neutralidad de valores en cuanto a ciertas decisiones individuales en ciertos temas, pero simultáneamente asumen otras posiciones no-neutrales en torno a otras áreas donde la autonomía también es clave, como los sistemas de creencia o las ideas.

Esto aún cuando cualquiera que maneja un leve conocimiento acerca del liberalismo clásico, sabe que la libertad religiosa es un elemento constitutivo del ámbito privado de los sujetos y por lo tanto también se le debería aplicar la neutralidad de valores.

Debido a esta falta de rigor, tenemos vulgo liberales que defienden el evolucionismo racionalista, pero simultáneamente acusan de imbéciles a todos los creyentes de diversos credos, debido a un mal entendido ateísmo militante, que raya en los límites del fundamentalismo religioso más virulento.

Es decir, aún cuando hablan de neutralidad de valores, asumen una posición de no neutralidad ante otros sistemas de valores, y asumen que los propios son superiores al resto por lo tanto tratan de imponerlos.

Por lo mismo, proclaman la no interferencia del Estado en ciertos asuntos privados, pero simultáneamente promueven –aunque solapadamente- su intervención en cuanto a otros, por considerarla un modus vivendi inferior, por ejemplo.

En ambos casos, las posturas son claramente intolerantes y no neutrales.

En cuanto a los límites de la racionalidad
Este es quizás el tema que más complejidades genera. ¿Cuáles son los límites y espacios de la racionalidad? ¿Dónde quedan las subjetividades más profundas de los sujetos? ¿Qué papel juega la experiencia?

Aquí se aprecia con más claridad las diferencias entre los diversos “liberales”. La diferencias en cuanto al valor y la utilidad de los procesos sociales espontáneos o no planeados frente a los procesos diseñados y planeados es clave.

Mientras unos asumen una idea totalizante de la racionalidad en cuanto a las relaciones entre los individuos, sobre todo en cuanto a la racionalidad económica; otros valoran la experiencia y plantean la necesidad de tomar en cuenta las subjetividades de los sujetos.

Así, muchos de los actuales vulgo liberales, sin saberlo, están en posiciones cercanas al racionalismo constructivista –el marxismo y otras vertientes ideológicas también tienen de aquello- y que deben sus bases a planteamientos originados en la ilustración francesa, que tienen una clara posición liberal de carácter teleológico.

Aquellos que asumen una idea totalizante de la racionalidad, tienen la concepción de que el orden social puede ser pensado y constituido racionalmente en un período determinado a partir de una racionalidad superior. Por lo tanto, tampoco es extraño que asuman una posición de superioridad y constantemente hablen de los “elegidos”, de iluminar las mentes de los ignorantes y los creyentes, defendiendo la legitimidad de las mentes superiores, con capacidad y formación a decidir en nombre de y para toda la sociedad. O sea, son caudillistas.

Esto claramente los lleva a plantear lógicas que corresponden a métodos de clara planificación aunque simultáneamente hablan de defender las lógicas de ensayo-error.

Así, los mismos critican la idea de orden espontáneo por considerarlo una idea irracional en cierto modo, pero contradictoriamente defienden la idea de mano invisible de Adam Smith. Lo cierto es que Smith basa su idea de mano invisible en dicho paradigma.

No es extraño entonces que al desconfigurar el discurso de los vulgo liberales, nos encontremos con que algunos –y esto sin juicio de valor- son claramente cercanos a posiciones socialdemócratas, otros en algunos casos incluso están en el límite del totalitarismo intolerante (ya sea de izquierdas o derecha), y otros son claramente conservadores en cuanto a la contraposición entre modernidad y tradición, modos de vida y sistemas de valores –cuestión compleja por lo demás en algunos aspectos-. Todo esto, claramente va variando según los temas que aborden.

Lo único que podemos concluir es que no existe el verdadero liberal. Cuando alguien se dice liberal, ya hay que empezar a desconfiar.

*Los diversos conceptos de libertad no serán explicados para hacer más interesante el debate y reflejar lo explicado en el artículo.

31 Mar 2009

La Democracia idiota y la Utopía irrenunciable

Escrito por: Jorge Gómez Arismendi el 31 Mar 2009 - URL Permanente

La democracia instrumental sin un sustento práctico tiene el riesgo de constituirse como una democracia idiota –usando el término griego- donde el único interés en lo público, de una gran parte de los individuos, es acudir casi por inercia a las urnas cada cuatro años.

Las últimas elecciones –y probablemente también las presidenciales de este año- han demostrado que no sólo los ciudadanos más jóvenes en edad de votar, sino también una fracción importante de los más adultos, parecen no interesarse en lo más mínimo en los asuntos públicos, en las decisiones que los gobernantes toman o en quienes gobiernan.

Las diversas causas y efectos de ésta notoria desafección ya han sido mencionados en diversos artículos: creciente distanciamiento entre las bases partidarias y las elites dirigentes, disminución de la representatividad política del sistema electoral, falta de competencia política, disminución de la participación ciudadana, reducción y cooptación del campo político por parte de sectores reducidos, y perdida de legitimidad de los gobiernos y del régimen político.

Pero existen otros dos factores, tanto o más importantes que los anteriores, que juegan un rol esencial en cuanto al desarrollo de este fenómeno:

La despolitización de la política -en sentido de Hannah Arendt- y la apolitización de los individuos como una forma de ideología política.

La despolitización de la Política implica la supresión de la deliberación, del ágora, como aspecto esencial y constitutivo de ésta, lo que da paso a su negación, a una política sin contenido, donde los individuos -otrora ciudadanos (entendidos como aquellos miembros de una comunidad política, que cuentan con el derecho y la disposición de participar inclusiva, pacífica y responsablemente, con el objetivo de optimizar el bienestar público)- se convierten en receptores pasivos de productos políticos vacíos.

Así entonces, se produce la apolitización de los sujetos, que consiste en su irracionalidad en cuanto zoon politikon. Sus decisiones –reducidas y parcializadas a decisiones electorales- pierden todo carácter racional y se tornan viscerales.

Eso se ve reflejado en que a nivel de oferta política, el “mercado” de ideas y proyectos políticos se empobrece, se reduce y simplifica al máximo, mientras las alusiones a la imagen y simpatía del candidato –que se tornan tránsfugas- se vuelven la clave de la decisión política de los votantes.

La apolitización se ha sustentado en base a los medios de comunicación masiva y a un sistema de educación –público y privado- que ha eliminado la función de la educación como institución clave para el sustento de una democracia saludable y de cualquier proyecto político.

Los primeros se han convertido en un instrumento de subinformación y desinformación (Sartori) a base de un manejo de la información a favor de lo escandaloso o sensacionalista (Bourdieu), despolitizando el contenido de la información y con ello a los sujetos, eliminando la reflexión de éstos acerca de la sociedad.

Lo anterior ha contribuido a la eliminación de cualquier noción de conflicto o polémica en cuanto relaciones sociales, en desmedro de cualquier intento de análisis de la realidad social compleja.
El sistema educacional por otro lado, ha sido desligado casi totalmente de su función de formar ciudadanos, y se ha centrado exclusivamente -en base a las lógicas de la división del trabajo- en formar sujetos aptos para responder a las demandas del aparato productivo. Sin embargo, esto ha implicado su reducción y aislamiento a dichas funciones específicas, atomizándolos y alienándolos en tanto miembros de una comunidad política.

Se constituye así una neutralidad política mal entendida que se traduce en apatía política y en la reducción de la política a procedimientos como el voto o las encuestas de opinión.

El “ex ciudadano” entonces se vuelve un idiota, que sin ideología, ni una base ni preferencia política, ni con la capacidad de debatir e intercambiar ideas, decide los asuntos públicos simplemente en base a cuánto se estimulan sus sentidos más inmediatos por medio del marketing.

Lo cierto es que la democracia no se compone sólo de procedimientos e instituciones sino que su base esencial se constituye en torno a individuos dialogantes, interesados y participes de los asuntos públicos.

Cualquier sistema jurídico, político y económico, y en definitiva social, depende de sus componentes particulares, implicados en su funcionamiento y preservación. “No habrá constitución ni instituciones públicas, por justas que sean, capaces de ejercer eficientemente el control social y de mantener el Estado de derecho sin la voluntaria cooperación de una ciudadanía consciente” (Salmerón, 2006; 60).

En otras palabras, y considerando los índices de desafección, la democracia chilena estaría sustentándose en un futuro no muy lejano en nada más ni nada menos que en idiotas, en el sentido estrictamente griego.

La democracia chilena se está enfermando paulatina y solapadamente ante la vista y paciencia de parte importante de las clases políticas, sobre todo sus elites, que parecen no notarlo o hacer vista gorda a fenómenos que denotan los inicios de una crisis de representatividad futura.

La utopía irrenunciable es cambiar todo lo anterior y lograr que los ciudadanos se vuelvan parte de la polis, que el ágora se reconstituya como un espacio público abierto para todos, y no cooptado sólo por algunos.

Que la democracia sea tal, y no una ilusión donde se esconde su paulatina desaparición.

27 Feb 2009

La imposibilidad política del Liberalismo desde el punto de vista comunitarista

Escrito por: Jorge Gómez Arismendi el 27 Feb 2009 - URL Permanente

En su obra A Theory of Justice (1971), Rawls definió la Justicia con el nombre más preciso de "justice as fairness" (justicia como imparcialidad), donde entre otras cosas plantea que la única misión del Estado es resguardar la convivencia, mediante la neutralidad de éste en cuanto a los valores o nociones del buen vivir. Es decir, el Estado no debe promover una noción del bien o un bien, sino sólo garantizar los intercambios libres entre los sujetos.

La concepción liberal del individuo que sigue Rawls, implica a un sujeto dotado de derechos naturales anteriores a la sociedad (Un yo anterior a sus fines). Es decir, la persona no se define ni constituye en cuanto participante de alguna relación económica, religiosa, política o sexual previa. Un yo desvinculado de cualquier tipo de lazo comunitario.

Esa idea central en cuanto al sujeto, es la que más contradicciones y dualidades parece generar entre la amplia gama de sujetos que se consideran liberales, sobre todo en cuanto a temas morales y éticos complejos como el aborto, la eutanasia, el fin último del matrimonio o la existencia de una noción de bien común y universal.

Lo anterior se acentúa aún más cuando lecturas vulgares del liberalismo[1] plantean y propugnan –aunque inconscientemente- la validez de unas nociones del bien por sobre otras a partir del juicio a priori de “iluminar la experiencia moral a partir del sólo uso de la razón” (Navarrete, 73: 2006). En base al concepto kantiano de razón puramente formal, considerándola como única y principal forma ética, terminan por contradecir la idea liberal de neutralidad y de la imposibilidad de establecer una noción monolítica del bien o un punto de vista universal.

Es a partir de lo anterior, que el comunitarismo establece una crítica central a la fundamentación individualista de la sociedad en cuanto paradigma moral y político.

Desde esta perspectiva se plantea que: “Ni la existencia individual ni la libertad individual pueden mantenerse por mucho tiempo fuera de las interdependientes y solapadas comunidades a las que pertenecen. Tampoco puede sobrevivir durante mucho tiempo una comunidad sin que sus miembros le dediquen algo de su atención, energía y recursos para los proyectos compartidos”. A. Etzioni, “The Responsive Communitarian Platform: Rights and Responsabilities”, The Responsive Community, 4, Winter 1991/1992, Nota 1.

En el planteamiento de Rawls, el velo de la ignorancia permitiría establecer principios de Justicia imparciales, sin interferencia de los intereses particulares de los sujetos que acuerdan el pacto social. Sin embargo, para los comunitaristas, desde el individualismo liberal extremo no puede constituirse lo político y menos un tratado político, pues no es posible concebir el aspecto colectivo de los sujetos en cuanto a la vida social o un bien colectivo universal. Esta imposibilidad se debería a que se olvida que los sujetos también construyen sus preferencias e identidades políticas en base a sus orientaciones morales y sus concepciones del bien.

En este sentido, “la neutralidad liberal respecto de ideales de excelencia humana se logra sólo a costa de una concepción de los agentes morales como entes noumenales, que no sólo carecen de un telos distintivo, sino que su identidad es independiente aún de sus deseos e intereses subjetivos y de sus relaciones con otros individuos y con el medio social” (Nino; 1988).

Ante la crítica comunitaria, Rawls está obligado a aceptar, como Charles Taylor indica, que la comunidad proporciona al individuo los recursos conceptuales en cuyos términos llega a concebirse a sí misma, su identidad y sus valores (Benedicto; 2005). La moral no es rígida en este sentido, puesto que vendría a designar el grado de acatamiento que los individuos dispensan a las normas éticas imperantes en un grupo social determinado en cuanto conjunto de normas sugeridas.

Con esto se reconoce por parte de Rawls que por ejemplo “los derechos individuales, no se pueden sustentar sin una concepción del bien, como se muestra en el caso de conflictos de derechos que sólo pueden ser resueltos recurriendo a una tal concepción, o, sino, de introducir de contra-bando una cierta concepción del bien desmintiendo su pretendida neu-tralidad” (Nino; 1988).

Si consideramos que para Rawls el individuo sólo está obligado a cooperar si es beneficiado directamente (Benedicto; 2005) entonces nos encontramos con “la incapacidad del liberalismo (en plural) de pensar y concebir lo político” (Navarrete, 80: 2006).

Para los comunitaristas, la idea de Rawls se vuelve imposible al constituirse en base a una idea instrumental y atomizada de la sociedad, donde “ningún fin puede ser esencial para la persona ni tampoco puede ella identificarse de modo profundo con aquellos que compartan sus fines, lo cual conduce a la desintegración de la comunidad política” (Manuel García de Madariaga en El individuo frente a la comunidad. El debate entre liberales y comunitaristas).

Lo anterior se debería a que Rawls basa sus propuestas en los principios del liberalismo kantiano, cuya concepción del bien “es la misma que la utilitaria en su versión más dominante, o sea, la satisfacción de deseos o preferencias subjetivas del individuo, cualquiera que sea su contenido (Nino; 1988). Pero, incluso esto genera críticas desde el propio liberalismo, como las que hace Rothbard al utilitarismo de Stuart Mill.

Así por ejemplo, Maclntyre, plantea que el discurso moral liberal ha entrado en una grave disrupción, al estar falto de un elemento que haga aplicable sus postulados éticos, al hacerse profundamente difícil ligar éstos con proposiciones universales acerca del comportamiento humano en concreto.

Ocurre entonces que “la política se desentiende de los valores, en una buscada neutralidad. El gobierno tiende a convertirse en mero gestor del bienestar privado de individuos individualistas. Y entre la burocracia anónima del Estado-Providencia y el individuo aislado queda un vacío. La reclusión en la vida privada abre la puerta a un peligro, señala Taylor: el "despotismo blando", como lo llamaba Tocqueville. Cuando disminuye la participación -advierte Taylor- (...) el ciudadano individual se queda solo frente al vasto Estado burocrático y se siente, con razón, impotente. Con ello, el ciudadano se desmotiva aún más, y se cierra el círculo vicioso del despotismo blando" (Rafael Serrano, en Más Allá Del Estado Y Del Mercado. Comunitarismo: Un Pensamiento Político Posmoderno).

Desde el comunitarismo se apunta esencialmente a reconstituir una colectividad donde realmente sea posible ejercer la libertad política individualmente, pero sin ese vacío que conlleva irremediablemente el riesgo del despotismo blando, lo que liga al comunitarismo directamente con la idea de democracia como poliarquía en cuanto algo mejorable como modo de gobierno.

Lo anterior, porque si se considera perfectible a la democracia (no sólo como un medio no-violento de transferencia del poder, que sería entonces favorecer cualquier statu quo), la concepción liberal del sujeto -que lo desliga de sus lazos comunitarios- impediría llegar a consensos en cuanto a cómo perfeccionarla, pues no habría atisbos de una noción común del bien colectivo. A priori ni siquiera habría espacio para el debate político como posibilidad para un acuerdo.

Según MacIntyre, esa imposibilidad política se debería a que sólo a partir de una mínima base común, el individuo puede empezar a pensar por sí mismo y en conjunto perfeccionar el orden vigente, porque “la democracia no nació del vacío moral. Al contrario, surgió merced a unos presupuestos y valores determinados: la igual dignidad de todos los hombres, el derecho natural como límite del poder, la libertad innata de la persona...” (Rafael Serrano, en Más Allá Del Estado Y Del Mercado. Comunitarismo: Un Pensamiento Político Posmoderno).

NOTAS
[1] Que entre otras cosas desconocen que a partir del comienzo de los años setenta, el liberalismo teleológico, inspirado en Bentham y Mill, se vio desplazado por el liberalismo deontológico, de origen kantiano.

24 Ene 2009

Gaza y los contornos de la violencia

Escrito por: Jorge Gómez Arismendi el 24 Ene 2009 - URL Permanente

Lo acontecido en la Franja de Gaza lejos de significar el término de las hostilidades históricas entre palestinos e israelitas, probablemente dará inicio a nuevas oleadas de violencia irregular, con varias generaciones de duración.

El conflicto entre Israel y Palestina bajo ningún punto de vista es una guerra convencional como muchos han tratado de argumentar soterradamente para así justificar lo injustificable, no sólo porque las asimetrías técnicas y logísticas entre los adversarios son notorias, sino también porque las últimas acciones efectuadas en Gaza han derribado por completo los límites legales al uso de la violencia en el tiempo y en el espacio que establecen (o establecían) el convenio de La Haya sobre las leyes y costumbres de la guerra terrestre de 1899 y 1907, y el Convenio de Ginebra de 1864.

En este sentido, la acción discrecional e indiscriminada por parte de Israel, contrario a lo que se piensa, no impondrá la ley y el orden en la región sino que ha aumentado el carácter asimétrico e irregular del conflicto, eliminando los marcos éticos, legales o técnicos en los que se podía intentar circunscribir éste.

En primer lugar, no hubo ninguna intención de distinguir entre combatientes y no combatientes, o entre objetivos militares o civiles al momento de atacar. Como sabemos, el costo humano fue altísimo, 1.300, un tercio de los cuales son niños y un trabajador de la ONU.

En este sentido, es claro que los objetivos militares fueron sustituidos por objetivos civiles, no sólo desde el punto de vista de los combatientes irregulares palestinos, sino que ahora también desde el propio ejército estatal israelí. Erróneamente, el fin -que difícilmente se logrará- se justificó con varios civiles no-combatientes muertos, que son considerados "daños colaterales".

Esto claramente implica que la desmilitarización de la violencia aumentará, haciendo que su control se pierda irremediablemente.

En segundo lugar, la acción "defensiva" de Israel se volvió paulatinamente ilegítima en cuanto a su desproporción en relación al ataque recibido. Es decir, pasó que “las acciones de guerra se convierten en crímenes cuando la balanza se inclina” (Rubenstein, 1988, p. 54).

Aún cuando los cohetes desde Palestina se sucedían casi diariamente, la efectividad de dichos ataques era bastante bajo en comparación a la aplicación de la violencia que se dio posteriormente en Gaza. En este sentido, claramente se aplicó la lógica preventiva de eliminar al "enemigo" incluso antes que ataque.

Sin embargo, lo anterior no evita futuros ataques sino que irremediablemente hace que los distintos actores entren en una lógica de destrucción ilimitada y total mutua, lo que ya se vio reflejado en que el Estado de Israel no se impuso como prioridad -y como deber ético y legal- el distinguir a los miembros de Hamas del resto del pueblo palestino en su totalidad.

Lo anterior, aún considerando que Hamas es una organización político-militar que no representa al Estado Palestino. La falacia es comparar al ejército israelí con Hamas, para así poder hablar de una guerra y simultáneamente considerar a los últimos un grupo terrorista.

Tercero, la legalidad se vio sobrepasada por las lógicas de la violencia en Gaza y el Estado israelí no sólo comenzó a allanar casas palestinas pasando a llevar la propiedad y los derechos básicos de esos ciudadanos, sino que comenzó a ejercer la guerra sucia, es decir el Terrorismo de Estado, en otro territorio, al impedir el ingreso de los observadores internacionales y la ayuda humanitaria. Con ello se suspendió totalmente cualquier dimensión ética, moral y legal del conflicto.

Occidente hace vista gorda a la limpieza étnica en Gaza

02 Sep 2008

Rescatando las causas perdidas

Escrito por: Jorge Gómez Arismendi el 02 Sep 2008 - URL Permanente

La utopía en estos tiempos ha sido relegada al espacio de la irracionalidad, de la fantasía extrema, donde entonces cualquier atisbo de pensamiento ideal o hacia el futuro -en cualquiera de sus vertientes- queda catalogado de causa perdida. Entonces, la resignación con el presente se sedimenta como lo verdaderamente racional, inteligente y bueno.

Las luchas por libertad, igualdad o bienestar, durante siglos constituyeron la objetivación de ideales con miras hacia el futuro, que planteaban cambiar las sociedades desde un punto de vista utópico, considerando el avance hacia una sociedad mejor, más justa, y en definitiva más feliz para todos.

Hoy sin embargo, para muchos esas reivindicaciones se han convertido en causas perdidas, en tabúes discursivos, en signos de absurdo intelectual y falta de pragmatismo. Como si se tratara de una herejía contra la razón y la modernidad, al pensamiento utópico y al idealismo en general, se les acusa de falta de rigor positivista, de escasez de realismo político, y de exacerbar las ansías “irracionales” de las masas. Por lo mismo, se le ha tratado de abolir de los sistemas de pensamiento actuales.

Hoy muchos reniegan de las causas perdidas, ya sea por vergüenza, o conveniencia política y académica. Otros tantos, las atacan despiadadamente, aunque sin decirlo, esencialmente por llevar consigo una visión revolucionaria constante, que plantea ver siempre más allá del orden vigente, y en definitiva de considerar la ruptura constante contra cualquier statu quo imperante y desigualdad en el tiempo.

En definitiva, en tiempos en que la resignación se expande a todos los ámbitos sociales y a todas las dimensiones de los sujetos, y se objetiva en el anquilosamiento electoral, económico, legal y político, las causas perdidas se han vuelto sumamente peligrosas para todos aquellos que desean constituir y mantener intacta la sociedad en base al creciente conformismo, sedimentándolo como el máximo símbolo de consenso, racionalidad y civilización.

Por eso, Slavoj Zizek, en su nuevo libro En Defensa de las Causas Perdidas, aborda la conservación del pensamiento utópico, como la necesidad de revitalizar un sentido de proyección hacia el futuro, como la búsqueda incansable de un propósito humanista perfectible. De ahí que Zizek critique el Fin de la Historia (Fukuyama) y el solapado, aunque a veces estrepitoso discurso de la resignación. ¡El mundo es así!

Zizek reivindica las visiones utópicas de la revolución francesa, bolchevique y cultural sosteniendo que, si acabaron en otras tantas monstruosidades, no fue porque los ideales estuvieran errados, sino más bien porque sus protagonistas no lograron llevarlos a cabo o tomaron vías incorrectas para hacerlo, llegando al terror físico y los totalitarismos conocidos. Es decir, dichos ideales fueron incompletos e incumplidos, pues de no ser así, nadie se habría negado a ser feliz y vivir mejor.

Lo esencial del planteamiento de Zizek, tiene relación con que las causas perdidas, es decir esos ideales máximos de humanismo, como la libertad, igualdad, fraternidad, bienestar social y en definitiva felicidad de los sujetos y la comunidad, aún prevalecen en el mundo de las ideas -si parafraseamos a Popper- y en cada sujeto, y por lo tanto no han sido abolidas del todo, por lo que aún siguen constituyendo potencialmente “un sueño que espera su eventual realización”.

Es decir, aún siguen disponibles para que otras generaciones, los acojan como ideales verdaderos y universales –no sólo significantes vacíos en pro de intereses particulares- y los conviertan en parte constituyente de su ser como sujetos y como miembros de una comunidad, que mira hacia el futuro con optimismo y no sólo con conformidad.

Lo más importante, es que esas causas perdidas, esas utopías, son hoy más que nunca imperiosas para evitar caer en la utopía de creer que el orden vigente, muchas veces desigual e injusto, es lo máximo alcanzado, que es inconmensurable o inalterable en pro de algo mejor.

Seamos realistas, soñemos lo imposible.

20 Abr 2008

¿Qué tipo de valores comparten el Papa y Bush?

Escrito por: Jorge Gómez Arismendi el 20 Abr 2008 - URL Permanente

La visita de Benedicto XVI a los Estados Unidos es quizás una de las visitas papales con más aspectos político-ideológicos que religiosos del último tiempo. No sólo por los escándalos que envuelven a sacerdotes, y la cercanía de las elecciones en dicha nación, sin también por la clara promoción de un discurso religioso anti-secular y etnocéntrico común, al mismo tiempo que se crítica el fundamentalismo en Medio Oriente.

Apenas el Papa piso suelo estadounidense, George W. Bush declaró sin ningún resquemor, que entre él y Benedicto XVI existe la misma idea con respecto una política inspirada en valores.

Pero ¿Qué tipo de política inspirada en valores? Más aún ¿Qué valores comunes son esos?

Es claro que la referencia a una política inspirada en valores, hace alusión a una idea no secular del Estado y una concepción religiosa etnocéntrica, muy arraigada en el discurso del actual presidente estadounidense.

Es decir, George y Benedicto comparten un discurso anti-secular de la Política, y además una visión etnocéntrica de la religión a nivel mundial.

De esa base discursiva se desprende muchos de los preceptos desarrollados por la administración Bush, en cuanto al Derecho Internacional, la Guerra al Terrorismo, hasta las políticas de seguridad, medioambientales, de inmigración y de ayuda internacional.

Por esa misma idea no secular del Estado, la mayor parte de la ayuda que Washington entregó en el último tiempo a otros países para la lucha contra el SIDA, dependía de que la promoción de la abstención, sin permitir el uso de fondos para la compra de condones.

Por lo mismo, la visita del Papa a USA, a sólo meses de las próximas elecciones en los Estados Unidos, se ha convertido en una jugada política de proporciones, considerando que los dos precandidatos demócratas con más posibilidades de vencer en éstas, Barack Obama y Hillary Clinton, están a favor del aborto.

Lo anterior, sobre todo considerando que Ratinzger, siendo obispo, dijo que los políticos a favor de leyes pro aborto o pro eutanasia, no deberían recibir la comunión.

Sin embargo, ese discurso no secular y etnocéntrico, que también se autodenomina en muchos casos provida o conservador, en muchos casos, presenta claros indicios de contradicción y dualidad, en torno a diversos temas, como la libertad religiosa, personal, la vida y los derechos.

La dualidad del discurso anti-secular y etnocéntrico-religioso, es apreciable en dos dimensiones principalmente: en cuanto a la protección de la vida y en cuanto a la libertad religiosa.

En cuanto a la protección de la vida, el discurso se centra esencialmente en aspectos relacionados con los que Freud llamaría el patrimonio lujurioso de los sujetos, la sexualidad. Es a partir de esto, que desarrolla sus modos de control. En ningún caso, se centra en la protección de la vida de refugiados, prisioneros y víctimas de guerra, secuestrados, etc.

En cuanto a la libertad religiosa, el discurso anti-secular y etnocéntrico-religioso en forma coherente a su etnocentrismo, apela constantemente a la protección contra el secularismo occidental y las mayorías religiosas, pero sólo en cuanto a su caso particular, pues simultáneamente promueve la secularización en diversos otros lugares, con el propósito de descomponer y en definitiva eliminar cualquier otro discurso religioso-ideológico que le haga contrapeso.

Es decir, a través de un discurso contra las mayorías religiosas, pretende posicionarse como la única mayoría religiosa, capaz de discriminara a los sectores minoritarios, y también de incidir en la Política.

01 Abr 2008

Un verdadero Liberal es como un Grunge

Escrito por: Jorge Gómez Arismendi el 01 Abr 2008 - URL Permanente

La postura grunge, contrariamente a la idea habitual con que se relaciona el movimiento –de simple inconformismo y nihilismo reflejado en sus letras de apatía y desencanto- tiene una fuerte impronta comunitarista, cercana a lo que podría considerarse una izquierda liberal.

El origen de algunos de sus exponentes, provenientes de las clases medias bajas trabajadoras de los Estados Unidos, los posicionó como opuestos y contrarios al discurso del American Dream, que se pretendía difundir a través del cine, la televisión y la música, con imágenes de suburbios atestados de adolescentes al estilo del video Baby, One more time de Britney Spears.

El carácter contestatario y descontento de su música, originado a partir de las reminiscencias del hardrock, el folk y sobre todo el punk, se plantea con una fuerte crítica social, que aborda en forma global la problemática de una sociedad que parece cada vez más desigual, estratificada, segregada, clasista, en exceso individualista, y a la vez pacata, a la que consideran alienada.

Lo esencial del Grunge, es que como contracultura, se plantea con una postura que considera que la libertad del sujeto no puede ser ejercida realmente, si existe la coerción psicológica, política, racial, económica o religiosa.

La idea central es que la libertad individual se compone de dos dimensiones; una física y material, y otra psicológica y metafísica, que operan en conjunto y no separadamente como elementos constitutivos de la verdadera libertad.

El mismo nombre Nirvana simboliza está visión, donde ante el dominio del mundo material, el único refugio parece ser el mundo metafísico a través de la libertad espiritual. Pero también simboliza la libertad religiosa, no sólo en cuanto a creer, sino también en relación a doctrina, donde el Budismo es quizás la más liberal de las religiones.

De esto se desprende el discurso anti clasista y anti homofóbico que primaba en Nirvana.

La misma idea parece primar en el concepto de Alice in Chains, aunque en un sentido pesimista, donde una clara alusión a Alicia en el país de las Maravillas, muestra la existencia entre un mundo de ensueños y una realidad algo más ingrata, que mediados por las drogas, terminan convirtiendo a algunos en esclavos físicos y espirituales.

Si bien el nivel introspectivo de la paradoja libertad-esclavitud parece primar en algunos grupos, como los casos de Alice in Chains y Nirvana, haciendo que parezcan bandas sin discurso político y cuya opción es más bien alienarse, éste no es hegemónico como podemos ver al considerar otras bandas como Pearl Jam o Soundgarden.

Ambas agrupaciones han estado frecuentemente involucradas en campañas a favor de la libertad de expresión, la sociedad civil, la profundización de la democracia, y en contra del abuso empresarial o corporativo y las políticas del gobierno en diversos ámbitos como el ambiental, el político, el internacional.

En este sentido, la banda que mejor refleja la postura Liberal Comunitaria es la que lidera Eddie Vedder, la cual no sólo logra armonizar ambos aspectos de la libertad –material y espiritual- sino que los sintetiza a través de sus canciones, en un claro discurso político, ambientalista, antirracista, anticonsumista, democrático y social.

Pearl Jam constante y simultáneamente nos habla de libertad espiritual y material, y como la sociedad actual opera en desmedro de una o de la otra, donde por ejemplo, el mendigo de Even Flow, que prisionero de sus condiciones materiales debe usar la vereda como almohada, pronto será libre al morir congelado.

O el caso de Jeremy, en su mundo material saturado pero a la vez vacío es prisionero de las estructuras familiares falsas y desechas, y en su mundo interno trata de ser libre en sus colinas donde es el rey. La falta de equilibrio termina por acabar con el muchacho. Es la misma crítica que posteriormente hace Moore en Bowling for Columbine.

Actualmente el discurso Liberal Comunitario de Pearl Jam es más claro aún y cada vez va más allá de sus canciones. Lo que se inició en una batalla contra el monopolio de las ventas de entradas, derivo en una cruzada contra los monopolios empresariales en general, la guerra y actualmente los tiene enfrascados en una campaña contra la ley -propuesta por las grandes empresas estadounidenses- que busca poner fina a net neutrality, que es la que garantiza que todos los contenidos de Internet tengan el mismo tratamiento.

La propuesta quiere establecer un sistema de pagos donde se tasen los sitios para determinar su presencia y velocidad on line, lo que iría en desmedro de los sitios pequeños creados por ciudadanos, pero sobre todo en contra de la libertad de expresión.

18 Mar 2008

La ética actual es la no-ética

Escrito por: Jorge Gómez Arismendi el 18 Mar 2008 - URL Permanente

La ética, como razonamiento del actuar y lo moral, paulatinamente ha ido siendo abandonada en la formación y construcción de los sujetos, en la constitución de las prácticas sociales, y en la sedimentación de las estructuras de relaciones humanas.

Para dar cuenta de este fenómeno, podemos analizar diversos aspectos y dimensiones de la vida social actual.

No es el objeto de esto, hacer un tratado de ética, sino más bien deconstruir la actual ética que se naturaliza desde los primeros años de educación, para finalmente constituir profesional que funcionan en total anomia.

Al modo weberiano del estudio de la ética protestante y la ética capitalista, hablaremos del paso de la ética productiva a la no-ética consumista.

Se produce el fin de la conjunción entre la ética de principios y la de resultados; y el inicio de la hegemonía de la última como única, totalizante y absolutamente excluyente de la otra.

Lo anterior, porque de la producción para la sobrevivencia, se pasa a la producción por la complacencia, marcada por una división del trabajo más bien atomizante, que determina la transformación de las nociones éticas de las formas y modos de producción, que se vuelven basales de la sociedad actual.

Este cambio es apreciable a nivel de la formación de los profesionales, cuya formación es cada vez más reducida -aunque llamada especializada- menos integral y por ende menos ética, en base a las nuevas lógicas de división del trabajo.

Los profesionales saben muy bien, o relativamente bien acerca de sus prácticas y procedimientos específicos, sobre todo aquellos aspectos técnicos que les competen, pero carecen de toda noción ética en cuanto a éstos, sus efectos y resultados, y su rol social propio, como sujetos sociales y políticos.

Carecen entonces de la capacidad de discernir racionalmente –y por ende éticamente- cuándo la aplicación de su conocimiento específico puede ser contrario a una ética o bien común determinado.

La mayor "especialización" ha reducido al profesional -que ya no es íntegro- a un ejecutor de técnicas específicas e irracionales, en términos de reflexión sobre su propia actividad.

Entonces, la irracionalidad reflexiva –pero traducida en eficiencia sistemática-marca la pauta para la construcción de una ética sin ésta, basada en resultados y no principios de acción.

El habitus de algunas profesiones como ingenieros, abogados, médicos y periodistas, operan bajo la ética no ética, pues su actuar profesional ha sido sistematizado, al modo de una línea de producción industrial, y donde han sido eliminadas la capacidad de decisión, discernimiento, actitud crítica y acción colectiva.

Se produce, a nivel de praxis, la anomia individual, que es sometida a la norma técnico-productiva, como norma grupal e individual. La libertad del sujeto de discernir su propio actuar en base a sus acciones y las del resto, se ve suprimida en su actuar profesional.

28 Feb 2008

La necesidad de un Liberalismo Liberal e Igualitario

Escrito por: Jorge Gómez Arismendi el 28 Feb 2008 - URL Permanente

El Liberalismo como concepto, como corpus de ideas, como doctrina política, social y económica, como paradigma y como modelo, ha sido reducido y acomodado en favor de nuevas formas de dominación y control de los sujetos, en una clara postura anti-liberal.
El principio básico y esencial del Liberalismo (s) sin ser explícito, se centraba en la premisa de que ningún sujeto -como igual y libre- debía ser sometido a alguna intervención ilegitima, proveniente de cualquier tipo de poder. Es decir, plantea la protección de los sujetos ante el despotismo y el autoritarismo. Para ello, se establece como mejor y más adecuado instrumento, el Derecho, a través de leyes universales, generales y aplicadas a todos por igual.

El contexto histórico en que surge tal concepción, marcada por el creciente aumento del absolutismo monárquico en Europa, determina que las ideas liberales se centren en establecer límites al actuar del gobierno del rey y el Estado que lo sustenta.

Lo central -más allá de los contextos- es hacer legitima la posibilidad de oposición de los gobernandos ante cualquier poder que los someta y ante cualquier institucionalidad que sustente dicho dominio.

Por lo mismo, John Locke establecía que era necesario el establecimiento de un gobierno que administre la Justicia, protegiendo derechos y libertades de los sujetos, ante toda agresión ilegítima, y simultáneamente indicaba que el límite para dicho gobierno era el cumplimiento de dichas funciones, protegiendo la vida, libertad y las posesiones.

Como primera aclaración, dichas posesiones no eran exclusivamente de orden material como actualmente el discurso imperante trata de imponer -al reducirlas a la propiedad privada económica como se concibe hoy- sino más bien corresponden a todo los ámbitos no políticos donde los sujetos tienen derecho a la interacción, la privacidad e independencia, como la religión, las relaciones amorosas, la vida sexual, la economía o la cultura, los gustos, las preferencias, etc.

Por lo tanto, debe quedar claro que Locke establece el concepto más allá de la propiedad material -que sería una parte y no el total de ésta- donde se incluyen también expectativas personales, educacionales, económicas, sociales, culturales, creencias, etc. Tocqueville planteaba una idea similar al referirse a las libertades cotidianas como la libertad de expresión o de asociación.

Hasta este punto, podemos decir que el Liberalismo en términos generales, pero a la vez puntuales establece el ámbito de la Libertad -a nivel de relaciones de poder entre los sujetos- planteando que ningún sujeto debe ser sometido ilegitimamente a cualquier tipo poder o dominación, lo que se constituye simultáneamente en base de la idea de Igualdad. Más importante aún, se plantea una distribución del poder a todo nivel.

Sin embargo, de lo anterior se desprenden dos dilemas:

  1. Qué define la legitimadad de la intervención.
  2. Qué tipo de poder somete a los sujetos en un contexto histórico determinado.

A partir de estos dos problemas no resueltos, surgen los argumentos que han convertido y reducido al Liberalismo a lo largo del tiempo, en un "credo económico", cuyo único discurso se centra en la supremacía de la propiedad individual -reducida a maximización de capital monetario- por sobre el bien colectivo y social, envolviendo todo tipo de bienes y valores bajo el concepto de mercancía, bajo un orden totalizante basado en la propiedad privada.

En base a esto, se ha desvirtuado la idea base de la Libertad que planteaba el Liberalismo en sus orígenes, la que ha sido reducida a las nociones económicas del laizzes faire, reflejada en la pretensión de establecer una anarquía económica, que se traduce en la praxis, en una creciente falta de Responsabilidad Social de los sujetos con mayor poder, ya sea político o económico; la concentración del poder político y económico; y la consecuente atomización del sujeto como ente activo en lo Político y Social.

Se produce entonces, la negación de la libertad y la igualdad esencialmente política, económica en la Sociedad, estableciendo con ello la falsa incompatibilidad entre Liberalismo y Justicia Social e inclusión económica y política, debido a que en el discurso imperante, el ámbito privado y protegido, sólo se tiende a relacionar con la propiedad de los medios de producción de los más poderosos.

Del despotismo político se pasa irremediablemente al Despotismo económico, que en forma totalizante ha envuelto todos los ámbitos privados de los sujetos, haciendo a los más débiles política y económicamente, menos libres y más sometidos al dominio de los intereses de grupos corporativos, de poder político y económico, cada vez más imbricados.

Entonces, se produce la negación sistemática de diversos derechos como la libertad de asociación (con la prohibición de sindicalizarse), la igualdad ante la ley (el tema Medioambiental es buen ejemplo) o la libertad de expresión (con la concentración de los medios de comunicación y la censura en diversas formas).

Se rompe en definitiva "el derecho de la gente ordinaria de encontrar un espacio para sus aspiraciones y un refugio ante la presuntuosa embestida de los que se sienten sus mayores" (Sowell).

Desarrollaré más las ideas en todo caso. Esto es sólo un paso.

20 Feb 2008

La Sociedad del Espectáculo

Escrito por: Jorge Gómez Arismendi el 20 Feb 2008 - URL Permanente

La Televisión es reduccionista, deforma la realidad y desalienta el ejercicio de pensar. En definitiva es cada vez una caja más idiota.
En sus orígenes, la Televisión fue concebida en términos positivos, como un instrumento de socialización y educación eficaz, que elevaría el nivel cultural de todos los telespectadores.

En la actualidad, parece ser que esa nivelación se produce en sentido negativo, pues la Televisión parece estar desculturizando y atomizando a los sujetos, y sobre todo anulando su capacidad de reflexión, alienándolos.
Lejos de ser un medio cultural y de información, se ha convertido en un instrumento de subinformación y desinformación (Sartori) a base de un manejo de la información a favor de lo escandaloso o sensacionalista (Bourdieu).

La televisión, impulsada por la competitividad, simplifica el contexto y la realidad sociales, con el único fin de acrecentar sus audiencias, a base de la eliminación de cualquier noción de conflicto o polémica en cuanto relaciones sociales, en desmedro de cualquier intento de análisis de la realidad social compleja. Es decir, despolitiza el contenido de la información y con ello a los sujetos, eliminando la reflexión de éstos acerca de la sociedad.

Se genera entonces una parcialización de la realidad, donde sólo es objeto de interés de los medios, aquello que resulta promisorio en cuanto a obtener altos niveles de audiencia.
Entonces, se eliminan, censuran o tergiversan de la emisión, la información y de la mente del espectador, partes importantes de la realidad social.
Por lo mismo, Sartori y Bourdieu coinciden en que la televisión actual se caracteriza por anular la capacidad de reflexión del ser humano y desalentar el ejercicio de pensar, debido a que simplifica la realidad, privilegiando la imagen sobre el contenido y la emoción sobre el raciocinio.
La Televisión entonces, entra en la lógica que señaló McLuhan, en la que los medios de comunicación, buscarían lo trivial como forma "neutral" para poder ampliar sus audiencias.

Es decir, la televisión se convertiría en una poderosa maquinaria de banalizar la realidad para poder ponerla al alcance de todos, a base del atontamiento de los sujetos.

Actualmente, se ha constituido claramente como un medio de desinformación, que deforma la realidad social, simplificándola, deformándola y reduciéndola, en pro de las modelos que son convenientes para generar audiencias masivas y crearles nuevas necesidades rentables.

Bienvenidos a la Sociedad del Espectáculo.

Sobre este blog

Avatar de Jorge Gómez Arismendi

Bienvenidos al Desierto de lo Real

Lo social debe ser analizado bajo una sola premisa: no hay una verdad profunda ni última. Este espacio es de comprensión, a veces de reflexión o crítica, el resto queda a criterio del lector.

ver perfil »

Amigos

Fans

  • dejan-lopez
  • errorcaotico
  • rusbel
  • tnsalvador
  • unadaga
  • proparoxitono
  • rusbe22222
  • tmh5050

Ídolos

Suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):