16 May 2011

Bryant Austin: fotógrafo de las ballenas.

Escrito por: grey-photographer el 16 May 2011 - URL Permanente

"Un golpecito en el hombro". Ese simple, pero único gesto selló para siempre el vínculo entre Bryant Austin (42) y lo que se convertiría desde entonces en su obsesión. Buceaba en medio del océano de Tonga, una pequeña isla del Pacífico sur, cuando sintió un leve roce en el hombro que lo obligó a girarse: frente a él, una ballena jorobada de dos toneladas nadaba serena y lucía ante sus ojos la aleta pectoral, de cuatro metros, con la que acababa de rozarlo. "Ella se acercó para tocarme con su aleta y hacerme saber que estaba detrás de mí. Me impresioné. Tenía el tamaño de un bus escolar. La miré a los ojos y ella se transformó ante mi mirada. Ya no era una ballena. Me asombró cómo algo tan grande podía ser tan inofensivo. En ese instante vi claramente lo que había perdido la historia de la fotografía de ballenas al no retratar ese tipo de encuentros tan íntimos y lo que yo podía aportar".

No perdería nuevamente esa oportunidad. En ese momento decidió que ese sería su oficio a tiempo completo y que volvería a Tonga por esas imágenes. Vendió su auto, su casa rodante y otras posesiones, y en 2005 estuvo 125 días en la isla caribeña retratando ballenas a menos de dos metros. Supo que no había vuelta atrás.

En 2005 creó Conservación de Mamíferos Marinos a través del Arte (MMCTA, según sus siglas en inglés), entidad sin fines de lucro que promueve medidas de protección contra la caza comercial de ballenas, y aunque en dos años no aparecieron mecenas ni ayudas suficientes para concretar su travesía marina, no se rindió. Sus ganas dieron frutos. En 2008 logró que la Comisión Ballenera Internacional lo invitara a su reunión anual en Chile para exponer las mejores fotografías. Como el golpe de la jorobada, ese viaje cambiaría su vida.

Aprendiendo a nadar

La primera vez que Austin intentó fotografiar a una ballena fue en las islas Azores, ubicadas al norte de Africa, cuando apenas tenía 25 años. Llegó allí para cumplir un sueño de niño: nadar y retratar a estos gigantes marinos. Fue un desastre. "Al principio estaba aterrado cuando llegaron cerca mío. Tenía la esperanza de poder hacer fotografías de tamaño natural a tres metros de distancia, pero resultó ser demasiado lejos y todos los detalles, el color y los tonos comenzaron a perderse", recuerda. Se dio cuenta de que había muchos otros fotógrafos que hacían un trabajo mejor que el de él y que no estaba preparado para superarlos ni mostrar algo nuevo. "Decidí que debía aprender y me pasé los siguientes 10 años realizando esto como un hobby y trabajando en el Instituto de Ciencias Marinas de la U. de California, donde hacía trabajos administrativos y fotografiaba nutrias marinas en su hábitat. Sentí que podía ayudar a las ballenas de otras formas, hasta 2004, cuando esa ballena me mostró que la fotografía era el camino" y un viaje a Chile le confirmaría que no estaba equivocado. "Fue en 2008 cuando viajé a Santiago para realizar mi primera exposición importante, en la reunión anual de la Comisión Ballenera Internacional que se realizaba en Chile", recuerda. Llevaba dos años reuniendo dinero para realizar sus expediciones. En todo ese tiempo no había tocado el mar ni visto ni la cola de un cetáceo. Todo cambiaría cuando en medio del salón del hotel, donde se exponían sus fotografías, apareció el empresario australiano Peter Hall, invitado al evento ballenero. Quedó cautivado con el talento de Austin al punto de que ofreció financiar su carrera. "No esperaba una respuesta tan abrumadora. Ese viaje a Chile condujo al financiamiento de mi regreso al campo de la fotografía de ballenas, después de una ausencia de 24 meses. Por eso siento mucha gratitud y tengo los mejores recuerdos de mi estadía en Santiago", recuerda.

Hall cumplió. Tras su paso por Chile, Austin realizó dos nuevas exposiciones financiadas por él -en Noruega y Japón- y en enero de 2009 viajó a la isla de Dominica, en el Caribe, para fotografiar cachalotes. Tras cinco semanas de búsqueda consiguió pasar más de una hora en el agua junto a una familia de estos cetáceos de 20 metros. Estaba de vuelta.

Hoy, su fama le permite autofinanciarse. Está trabajando en un libro de gran formato, que piensa publicar en 2012 y cuyas ganancias buscan apoyar su trabajo de campo con ballenas en los próximos años. "Pasaremos con mi equipo 18 meses recaudando fondos para nuestra próxima misión: fotografiar ballenas azules y de aleta, los cetáceos más grandes y tímidos del planeta. Mi idea es probar en esa misión nuevas tecnologías de imágenes experimentales, para lograr una resolución aún mayor", dice.

¿Sus claves para quienes empiezan en esta área? Ir la primera vez a la Gran Barrera de Coral, en Australia. "Desde junio llegan las ballenas minke enanas, que pueden llegar a ser muy curiosas y que se acercan solas a los observadores en el agua. Es un excelente comienzo", dice.

Dos: tener paciencia. "Hay que estar unos tres meses con un grupo específico de ballenas para llegar a una inspección de menos de dos metros con alguno de ellos", dice. Tres: permanecer inmóvil dentro del mar. "Eso les permite a las ballenas moverse en torno a una persona con una precisión tremenda y evitar contactos peligrosos", dice. Pero lo más importante, sostiene, es lograr un contacto especial con las ballenas, que permita capturar y transmitir toda su magnífica belleza en una instantánea. "Lo que me obliga ahora son las reacciones de las personas cuando tienen la oportunidad de ver una fotografía de tamaño natural del cuerpo de una ballena. Me impresiona su reacción, sobre todo cuando ven sus ojos. En las exposiciones que he realizado en todo el mundo, las respuestas de las personas han sido las mismas. Eso es lo que me inspira a continuar".

Fuente: La Tercera

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Erwan Grey Photographer

Me gusta la fotografía desde siempre, autodidacta en lo que a técnica y composición se refiere. Mi pasión por la fotografia va unida a la de viajar; de hecho, esta segunda es la que me empujó a usar la cámara para "congelar" las vivencias en imagenes y así inmortalizarlas no solo en mi memoria, sino el darlas a conocer.

Ahora, la fotógrafía se ha convertido en mi expresión, mi pasión y mi delirio.

Muchas veces ya no hablo; sino que muestro mis fotografías; es como mirar dentro de mi... y descubrir qué soy y qué siento..

...y en este blog vais a ver mucho de eso...

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