20 Nov 2009
A LA CARTA
Amor solo
Amor con leche
Amor cortado
Amor largo de amor
Amor descafeinado de sobra
Amor descafeinado en beso
Amor express
Amor con sacarina
Amor con hielo
Amor americano
Amor de puchero
Amor carajillo
Amor doble
Amor caliente
Amor especial de la casa
Amor con nata
Amor ecológico
Amor para llevar
14 Nov 2009
Tila
Que el amor no tiene que ver con el sexo, me lo descubrió Aute demasiado tarde…
Cuando llegué a la parada 66 del metropolitano para volver a casa, donde me esperaban mi mujer y los niños, fue imposible no fijarse en su cara llena de tristeza. Era tal el dolor que reflejaba que no pude evitar rodearle con mis brazos, como queriendo asegurarle que “todo está bien”. Lejos de rechazar mi gesto, me apretó muy fuerte y comenzó a llorar amargamente. Hipaba, gemía e iba dejando mi camisa empapada sin que yo aflojase el abrazo.
Tras quince minutos de llanto y tres autobuses perdidos, cogí su mano hasta una cafetería cercana. Sin preguntar nada, pedí una tila (he escuchado que es buena para calmar a las personas) y para mi, un café. Le indiqué al camarero que en ambas tazas echara un buen chorro de cognac.
Busqué una mesa en el rincón. Nos sentamos. Nos miramos por primera vez a los ojos. Una lánguida mueca apareció en su rostro. Acaricie su mano con dulzura, con mucha calma. Me estremecí. Al sentirme, una especie de sonrisa desdibujo el rigor de sus labios.
Encendí un cigarrillo que coloqué suavemente entre sus dedos. Todo fue instinto: yo ignoraba si bebía o fumaba; si deseaba infusiones o más abrazos; si quería hablar o seguir llorando, pero seguí haciendo con la certeza de que a nada dijo que no.
Durante una eternidad, nos estudiamos en silencio. Las tazas quedaron vacías.
Entre el sexto cigarrillo y un suspiro irremediablemente enamorado, susurré:
— Me llamo Luis y ¿tú?
— Eduardo...
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(Me va la vida en ello, LUis Eduardo Aute)
03 Nov 2009
Te quiero conocer...
Me han dicho que no te busque, que tropezarás conmigo. Pero es que a veces, sólo casi siempre, necesito que me tengas.
Entonces, salgo a la calle deseando que me encuentres. Entro en la pastelería; voy a la carnicería; me meto a la farmacia, a un museo, a un café… pero no me ves.
Hay momentos, fugaces, en que creo que me has encontrado.
Espejismos a los que me he abrazado buscando tu calor. Besos en los que he creído que estabas tú. Ilusiones que he construido para cobijarte, pero apenas calentaban.
Hoy te necesito: tengo frío…
¿Amor, dónde estás?... Te quiero conocer...
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02 Nov 2009
De Cuento Presente

I
Tus ojos son un buen sitio para morir.
II
Te preguntas qué si me amas o me matas. No te preocupes, ambas cosas son lo mismo.
III
Desde que te olvidé, no hago más que pensar en ti.
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01 Nov 2009
El Fantasma Lector
De las cuatro paredes, tres tienen estanterías de piso a techo. La cuarta es la que da a la ventana. Como todo sitio que se usa a menudo, tiene su muy peculiar orden caótico, es decir: la poesía está en su sección; la narrativa en la propia; la ciencia ficción, el ensayo, etc.... cada género en su sitio, lo que no quiere decir que los propios libros estén perfectamente ordenados... Pues bien, recién terminé de instalar mi desorden, estaba yo una noche en el salón (queda justo debajo de la torre) cuando escuché claramente un libro caer. Pensé que lo había colocado mal y por eso había caído. La historia se volvió a repetir, un día y otro más. Así que, curiosa, subí a ver que pasaba. Había tres libros en el suelo:
— El Código da Vinci — Un mundo feliz — Cocina afrodisíaca Me quedé un tanto sorprendida porque en aquellos tres libros no había razón suficiente para que terminaran en mitad de la habitación. El primero, el de Dan Brown estaba en la parte más alta de la sección de “me lo han regalado de cumpleaños y ya lo leeré” y de ninguna forma peligraba su equilibrio, pues se hallaba arropado por varios regalitos más. Con respecto al de Aldous Huxley se trata de una vieja edición, bastante desgastada, pues para mi es una lectura recurrente además de haberla prestado en varias ocasiones. Está colocado entre la ciencia ficción y el hiperrealismo. Tampoco había razón alguna para que ese pequeño ejemplar saliera volando. La edición de cocina afrodisíaca no me vino mal. Es un libro que tenía olvidado desde hace mucho tiempo y que espero que en su relectura se me ocurra alguna mala idea. Aunque cierto es que, aquella noche, se cayeron dos cacerolas del escurre platos, provocando tal ruido, que hasta mis perros salieron huyendo. Regresé los libros a su sitio, asegurándome de que, en general, todos los tesoros de la biblioteca estaban bien colocados y volví a mis quehaceres. Seis días después se volvió a repetir la misma situación. Esta vez estaba el diccionario panhispánico de dudas, editado por la RAE, justo debajo de la ventana. Era un sitio demasiado lejano para haber llegado hasta ahí sin ningún tipo de ayuda. Cerca de él, más bien debajo del sofá, me encontré con “Laura Díaz” de Carlos Fuentes. El caso es que así se llama mi hermana que, curiosamente, me llamó de México en ese momento. Al escuchar su voz, un violento escalofrío me recorrió la espalda. En cuanto colgué el teléfono, rápidamente volví a poner todo en su sitio, apagué la luz y bajé corriendo, no sin antes haberme asegurado de cerrar muy bien la puerta. Tres días más tarde, otra vez, libros al suelo. Para entonces, ya estaba muerta de miedo. A la mañana siguiente, con la luz del sol en pleno, subí a la torre. No recuerdo los títulos que encontré, pero eran seis libros esparcidos por el suelo y la colección de Falhamos Poesía, una revista conjunta que hacían editores españoles y portugueses. Recordé que, apenas dos días antes, me había enterado de la muerte del poeta Ángel Campos, colaborador activo de dicha publicación. Me estremecí. Encendí un cigarrillo. Me senté en el sofá. Suspiré profundamente. Tranquila, comencé a hablar: — Mira, querido espectro, me encanta que compartamos el vicio de la lectura. Es más, que coincidamos en gustos literarios. Puedes leer cuanto libro hay aquí o, incluso, pedirme algún título que te interese. Hasta podríamos idear un sistema para intercambiar opiniones… Pero, por favor, deja ya de asustarme, pedazo de alma, que cada que oigo el ruido al caer en el suelo, se me encoge el corazón… ¡Ah! Y otra cosa: no soy tu chacha, así que no me dejes los libros tirados de cualquier forma: libro que leas, libro que dejas en su sitio. Verás que así nos vamos a llevar muy bien. ¿Estamos? Desde entonces, los libros han dejado de asustarme. De hecho, lleva algunos días reordenando las estanterías, pues se ha ido encontrando algunos títulos colocados en un género literario equivocado, cosa que pone muy nervioso a mi adorable fantasma lector.
Mi casa (que es la vuestra) tiene una torre en la que está instalada la biblioteca. Es la parte más bonita de mi hogar, pues tiene una vista hermosa del pueblo, mucha luz y ahí te puedes aislar cuando te da un ataque de autismo.
25 Oct 2009
Fantasma
Esta noche te tuve entre mis brazos, pero no estabas.
Cantabas una dulce melodía, pero eras mudo.
Tus caricias me quemaban, pero no tenías manos.
Acicalé tus negros rizos, pero estabas calvo.
Veneré de cada uno de tus íntimos secretos, pero no tenías piel.
Quise mirarme en tus ojos, pero estabas ciego.
Murmuré, entre el deseo y el silencio: “Te quiero amar”.
Pero tampoco tenías corazón.
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13 Oct 2009
ABeceDAriO
Amantes que se
buscan con la
certeza de una inexorable
despedida.
Encuentros furtivos.
Fantasmas que exorcizan los
gemidos del reencuentro.
Heridas que se gangrenan
incapaces de renunciar a cien
kilómetros de
locura, ida y vuelta.
Miradas sin promesas:
nada.
Oscuridad en la ausencia.
Pacto de silencio. Porque
quizá en otra vida, el
reencuentro sea imposible,
sucumben a las
trampas de la piel.
Una y otra y otra
vez regresan a sus ajenas vidas, como
Valkirias extraviadas.
Xerografías de si mismos,
yacen tras el secreto,
zaheridos de pasión.
12 Oct 2009
(En)sueños
I
Ven, bájame el corazón y enrédame con tu alma.
II
Sé que anoche soñé contigo: mis ganas despertaron húmedas.
III
Era inútil esconderse: él siempre estaba en el silencio.
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"Ya no persigo sueños rotos..."
11 Oct 2009
Hoja de vida: Esta soy yo... (A petición popular, desvelo el secreto)
1.- El abuelo Leonel y el primo Jaime.
2.- La abuela Alicia.
3.- La mamá Margarita, o sea, mi madre haciendo la revolución.
4.- Mi papá Jorge. De ahí heredé el gusto por la música y por las letras.
5.- Ya nací coqueta.
6.- Mis hermanas Laura y Livia.
7.- Por supuesto, haciendo la revolución que me heredaron mis padres.
8.- A los quince días de haber parido a la pequeña Daniela, con mi hermana Lena y la feliz abuela. (¡uf! que jovencita era yo...)
9.- En lo que me he convertido...
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