04 Ene 2014

¡Cambie su dinámica de oración!

Escrito por: fjimenez el 04 Ene 2014 - URL Permanente

¡Cambie su dinámica de oración!

Fernando Alexis Jiménez

Se averió el auto. Justo cuando Jairo atravesaba una avenida transitada de la ciudad. Los otros autos pasaban raudos y hacían sonar la bocina. No faltó quien le llamara “aprendiz”, y la señora malhumorada que le hizo una seña grosera con la mano. El hombre estaba furioso. Si no fuera porque le veían, de buena gana habría agarrado los neumáticos del carro a puntapiés.

¿Qué hacer? Se formuló la pregunta una y otra vez. No encontraba aparente salida al laberinto. Miró dentro. La Biblia estaba abierta en el evangelio de Marcos, que leía por pequeñas porciones mientras el semáforo hacía el cambio de luces de rojo a verde. ¡Claro! Buscar a Dios… Como si un bombillo se iluminara. Inmediatamente pensó: “Dios debe estar bastante ocupado resolviendo problemas del mundo, como para ayudarme con un neumático ponchado”. Y desistió por algunos minutos.

El sol canicular, el calor insoportable y el ruido de autos, le llevó a reanudar su pensamiento centrado en Dios. Y oró: “Señor, ayúdame. Tengo un problema con un neumático, no tengo herramienta y necesito ayuda”.

Tres minutos después una camioneta se orilló, se bajó un hombre entrado en años, sonriente, como quien descubre una botella con agua abandonada en el desierto. “Veo que se varó. Soy mecánico. ¿En qué puedo ayudarlo?”. Y no solo hizo el trabajo, sino que además se despidió: “No le cobraré nada. Quizá otra vez si volvemos a encontrarnos”.

Se alejó hasta perderse en la distancia en su camioneta color rojo granate. Y Jairo no pudo menos que agradecer a Dios. ¡El Padre celestial se ocupaba de los pequeños detalles, como comprobó ese día!

Una escena reveladora sobre la oración

Dios responde a nuestras oraciones con poder. Lo tenemos claro pero, con frecuencia, lo olvidamos. Pareciera que concebimos en nuestra mente a un Dios que sólo se ocupa de asuntos de alto nivel, y que desconoce nuestras pequeñas necesidades. Estamos equivocados.

La autora y conferencista, Catherine Marshall, llama la atención al respecto cuando escribe: “Dios insiste en que le pidamos, no porque Él necesite saber nuestra condición, sino porque nosotros necesitamos la disciplina espiritual de pedir. De manera similar, el hecho de presentarle peticiones específicas nos obliga a dar un paso adelante en la fe. La razón por la cual la mayoría de nosotros no hace peticiones que consideramos pequeñas, es porque creemos que si oramos por algo definido, y nuestra oración no tiene respuesta, entonces perderemos la poca fe que nos queda.”(Catherine Marshall. “Aventuras a través de la oración”. Editorial Betania. EE.UU. 1975. Pg. 16)

Le invito a que considere, cuidadosamente, cuántas veces pudo haber pedido al Padre celestial algo en apariencia sencillo, pero no lo hizo. Es una forma de medir nuestra fe, de levantar barreras que impiden que nos movamos en la dimensión de los milagros, y además, que disfrutemos al máximo del poder que se desprende de la mano de Dios en respuesta a nuestro clamor.

En alguna ocasión mientras el Señor Jesús recorría territorios predicando la Palabra, dos hombres invidentes oyeron del Maestro. No lo conocían. Lo no habían visto obrar milagros. Desconocían su origen. Simplemente sabían que era alguien venido de Dios. Probablemente lo pensaron dos veces antes de pedirle un milagro, pero después de dar vueltas sobre el asunto. Y se decidieron.

El Evangelio describe la escena de la siguiente manera: “Mientras Jesús y sus discípulos salían de la ciudad de Jericó, una gran multitud los seguía. Dos hombres ciegos estaban sentados junto al camino. Cuando oyeron que Jesús venía en dirección a ellos, comenzaron a gritar: «¡Señor, Hijo de David, ten compasión de nosotros!». «¡Cállense!», les gritó la multitud. Sin embargo, los dos ciegos gritaban aún más fuerte: «¡Señor, Hijo de David, ten compasión de nosotros!». Cuando Jesús los oyó, se detuvo y los llamó: —¿Qué quieren que haga por ustedes? —Señor —dijeron—, ¡queremos ver! Jesús se compadeció de ellos y les tocó los ojos. ¡Al instante pudieron ver! Luego lo siguieron.”(Mateo 20:29-34. NTV)

Le invito a considerar varios aspectos de manera que no pasen desapercibidos en el texto:

1. Los dos hombres ciegos no habían visto al Señor Jesús, no le habían visto obrar milagros, pero habían escuchado que venía de parte de Dios.

2. Los dos hombres ciegos quizá pensaron que su necesidad era pequeña pero clamaron al Señor Jesús.

3. Los dos hombres ciegos no se dejaron arrastrar por los incrédulos que les instaban a callar.

4. Los dos hombres ciegos perseveraron en medio de las dificultades, pidiendo por su milagro.

5. Los dos hombres ciegos fueron específicos en cuanto a qué necesitaban de Dios.

6. Dios honró la fe de los dos hombres y les concedió el milagro de ver, a través de la ministración del Señor Jesús.

El mayor problema es que no sabemos pedir, si lo hacemos no es conforme debiera, y si realmente eso que pedimos honra y glorifica a Dios cuando ocurre el milagro, ocurre que no perseveramos.

El apóstol Santiago escribió: Desean lo que no tienen, entonces traman y hasta matan para conseguirlo. Envidian lo que otros tienen, pero no pueden obtenerlo, por eso luchan y les hacen la guerra para quitárselo. Sin embargo, no tienen lo que desean porque no se lo piden a Dios.”(Santiago 4:2. NTV)

Estos pasaje que hemos visto hasta ahora, deben llevarnos a reflexionar sobre el tipo de oraciones que elevamos a Dios, el por qué oramos y, finalmente, el grado de respuesta que obtenemos cuando oramos. Si tomamos tiempo para hacer una evaluación juiciosa, sin duda nuestra vida espiritual será revolucionada; experimentará un giro de 180 grados.

Aprenda a pedir también las cosas pequeñas

Si usted analiza cuidadosamente una pared, encontrará que salvo una estructura completa de hormigón, los muros están compuestos de ladrillos. Muchos. Decenas. Centenas. Y la sumatoria de estos bloques forma las paredes.

Igual nuestra vida espiritual, más cuando caminamos en la dimensión de los milagros de Dios: Constituyen la concatenación de un milagro más otro milagro más otro… Hasta conformar un conjunto. Es allí cuando podemos decir: “Estoy caminando en la dimensión de los milagros.”

El Dios en el que usted y yo hemos creído, es un Dios que siempre, en todo momento, está con nosotros. Por eso, la sumatoria de pequeños milagros imprime una nueva dimensión a nuestra vida espiritual. Es confiar en Él, incluso para lo que consideramos intrascendente.

El autor y conferencista, Bill MacKartney, escribe: “Dios no es un Dios a tiempo parcial. Él está allí para cualquiera que le busque de todo corazón, mente y alma. Nada nos hará profundizar más en nuestra relación con Dios que la oración ferviente. La oración es el regalo de Dios para nosotros. Es el espacio donde Él nos revela una porción de su corazón. Pero sorprendentemente, la oración es la disciplina más descuidada en la Iglesia hoy.”(Bill MacKartney. “Siga hasta la meta”. Editorial Unilitt. EE.UU. 1996. Pg. 23)

Dios está allí a su lado. Conoce sus necesidades. Está atento. Espera que usted le pida lo que necesita. Basta que usted lo haga. Es cierto, Él conoce de qué necesita, pero espera que usted se lo diga en su propia voz, como enseñó nuestro amado Salvador Jesucristo: Sigue pidiendo y recibirás lo que pides; sigue buscando y encontrarás; sigue llamando, y la puerta se te abrirá. Pues todo el que pide, recibe; todo el que busca, encuentra; y a todo el que llama, se le abrirá la puerta.”(Mateo 7:7, 8. NTV)

Perseverancia. Esa es la clave. Insistir. No darse por vencido. Pedir, pedir, pedir. Así sean cosas en apariencia pequeñas. Pedir. Dios desea concedernos, pero si lo pedimos, responde. Pedir y perseverar son esenciales (Cf. Lucas 18:1) Es nuestra manifestación de dependencia de Dios, del Padre celestial.

Cito nuevamente a la autora y conferencista, Catherine Marshall, llama la atención al respecto cuando escribe: “Cuando nos vemos confrontados con una necesidad o un problema, ya se trate de una crisis grande o pequeña, si confiamos implícitamente en que Dios es nuestro Padre, entonces acudimos a Él como niños, contándole de la manera más sencilla y directa nuestra necesidad, pidiéndole que nos ayude.”(Catherine Marshall. “Aventuras a través de la oración”. Editorial Betania. EE.UU. 1975. Pg. 13)

Cambie la dinámica de orar

Si quizá se ha medido para pedirle a Dios algo, como por ejemplo que le ayude a través de alguien con una reparación o tal vez que le provea para algo tan elemental como pagar los servicios básicos, desde hoy va a confiar plenamente en Él y sencillamente va a hacerlo. Pedir, perseverar y esperar. ¡Dios hará el resto!

Nuestro amado Salvador Jesucristo enseñó a sus discípulos y a nosotros hoy, poco antes de ascender al cielo: Así que ahora ustedes tienen tristeza, pero volveré a verlos; entonces se alegrarán, y nadie podrá robarles esa alegría. Ese día, no necesitarán pedirme nada. Les digo la verdad, le pedirán directamente al Padre, y él les concederá la petición, porque piden en mi nombre. No lo han hecho antes. Pidan en mi nombre y recibirán y tendrán alegría en abundancia.”(Juan 16: 22-24. NTV)

Una promesa que se hace realidad cuando pedimos: Dios desea responder a nuestras oraciones con milagros. No es para mañana, es para ahora, si nos atravemos a creer. El Dios en el que hemos depositado nuestra confianza—téngalo siempre presente—es un Dios de poder. Desde hoy: ¡Cambie su dinámica de oración!

Si tiene alguna inquietud, por favor, no dude en escribirnos a webestudiosbiblicos@gmail.com o llamarnos al (0057)317-4913705

© Fernando Alexis Jiménez

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14 Nov 2013

Oraciones elevadas, respuestas recibidas

Escrito por: fjimenez el 14 Nov 2013 - URL Permanente

Oraciones elevadas, respuestas recibidas

Fernando Alexis Jiménez

Cuando oramos a Dios, sin duda lo hacemos porque deseamos que algo ocurra. Esa motivación que nace en lo íntimo de nuestro ser es la razón por la cual millares de hombres y mujeres se acercan al Señor. Quieren que se produzca –en la dimensión física—un cambio que puede ser llevar a la dimensión de lo posible, aquello que humanamente resulta imposible.

Ahora, una pregunta que sin duda se formula es: ¿por qué hay algunas oraciones que no reciben respuesta?

Para despejar ese interrogante es esencial tener en cuenta que cuando nos movemos y obramos en fe, honramos a Dios. Si deseamos ver milagros, es necesario que en nuestro ser haya fe. Creer, romper toda lógica humana, ver posible lo que el mundo considera imposible.

El escritor bíblico lo expresa de la siguiente manera: “De hecho, sin fe es imposible agradar a Dios. Todo el que desee acercarse a Dios debe creer que él existe y que él recompensa a los que lo buscan con sinceridad.” (Hebreos 11:6)

Por favor, observe que si procuramos que algo ocurra, debemos estar afincados en la fe, la convicción de que para nuestro amado Creador no hay límites.

No obstante, hay quienes todavía no tienen claro que la oración puede desencadenar cambios, como explica el afamado autor y conferencista, John Maxwell: “Creo que las personas no dedican mucho tiempo a la oración porque tienen una falsa actitud en cuanto a ella. Algunos piensan que esto es algo que solo hacen las abuelas; o piensan en las sencillas oraciones que decían en su infancia, tales como: «Dios es grande. Dios es bueno. Demos gracias por nuestros alimentos. Amén», o «Ahora me acuesto a dormir…» Sin embargo, aun personas que tienen el genuino deseo de orar y han tratado de desarrollar una vida de oración, algunas veces tienen una idea equivocada en cuanto a ella. Piensan que para hacerlo tienen que aislarse por completo, arrodillarse, cerrar los ojos, juntar sus manos, etc. Toman consigo una lista de cosas por las cuales orar y la revisan metódicamente. Nada de eso es malo ni indebido, pero esa clase de vida de oración mecánica puede llegar a ser muy tediosa. Para la mayoría de las personas después de orar durante cinco minutos, no tienen más nada que decir, se frustran y entonces se sienten culpables por no tener una mejor vida de oración. Por eso no nos extraña que hayan tantos cristianos remisos a orar. Convirtieron la oración en algo formal, inflexible y muerto, lo que nunca fue la intención de ser. Cada vez que el mecanismo de la oración se interpone en interpone en nuestro amor hacia Dios, se convierte en un impedimento y no en una ayuda”(John Maxwell. “Compañeros de oración”. Editorial Caribe. EE.UU. 1998. Pg. 18)

Haga un alto en el camino y pregúntese: Cuando oramos, ¿estamos convencidos de que Dios responderá? Si es así, ¿qué impide que los milagros ocurran y que lo imposible se haga posible?¿Acaso todavía no hemos aprendido a orar apropiadamente? Estos cuestionamientos son muy importantes, y a partir de un análisis honesto, nos arrojarán respuestas que nos permitirán aplicar correctivos a la apreciación que tenemos de la fe, o crecer en esa certeza de que al orar, algo ocurrirá.

Tenga claro que no siempre nuestras oraciones reciben respuesta, y ese hecho tiene una clara explicación, y está relacionada con la forma como pedimos. El apóstol Santiago explica que al orar al Señor “Aun cuando se lo piden, tampoco lo reciben porque lo piden con malas intenciones: desean solamente lo que les dará placer.” (Santiago 4:2, 3)

¿Comprende la magnitud del asunto? Probablemente estamos pidiendo un auto último modelo, no porque lo necesitamos, sino porque deseamos lucirnos ante las amistades. Por favor, no me malentienda: No está mal pedir cosas mejores a nuestro Padre celestial, no que no está bien es que lo hagamos para satisfacer nuestro ego.

Sobre esta base podemos concluir que Dios no responde a nuestras oraciones en parte, porque pedimos lo que no nos conviene.

Recuerdo la historia de un hermano en la fe que le pedía a Dios una moto de alto cilindraje para ir al trabajo. Oró por mucho tiempo, hasta que el Señor le proveyó el vehículo. Esa fue la última vez que lo vimos en la iglesia. La pregunta es: ¿Acaso pidió lo que no le convenía? Lo más probable es que sí. Y nuestro Supremo Hacedor, en su infinita sabiduría, sabe cuándo concedernos las cosas.

Demos mirar entonces la oración no como la varita mágica para que lo que deseamos ocurra, sino como el camino de acercamiento a Dios y, si en ese proceso de ir a Su presencia, pedimos algo, tener la certeza de que Él en su voluntad nos responderá con aquello que nos conviene.

Es esencial, entonces, re-definir el concepto de oración, como recomienda el autor y conferencista, John Maxwell: “Si podemos cambiar nuestras actitudes hacia la oración, es decir, pensar en ella como un proceso que edifica nuestras relaciones con Dios, y cultivamos un período diario de oración, podemos llegar a ser personas fuertes en ella. Y la vida de oración que desarrollemos tiene el potencial de transformar completamente nuestras vidas.”(John Maxwell. “Compañeros de oración”. Editorial Caribe. EE.UU. 1998. Pg. 19)

El asunto no es buscar a Dios para exigirle sino para pedirle y disponernos a recibir lo que Él, en su infinito amor y sabiduría, quiera darnos. No exigir, insisto, sino pedir. Reconocer que Él en su infinito poder, sabrá cuando darnos o no darnos lo que pedimos. Recuérdelo siempre: Algunas veces Dios no responde a nuestras oraciones porque desea darnos algo mejor.

Esperar en Dios nos ayuda a desarrollar la fe

La moratoria en la respuesta a nuestras oraciones nos ofrece dos caminos: el primero, darnos por vencidos y no seguir intentándolo; y el segundo: perseverar en clamor hasta que las respuestas se produzcan.

El apóstol Santiago nos enseña que las pruebas, antes que afectarnos, nos ayudan a crecer en la fe y en la esperanza. En su carta universal enseña: Amados hermanos, cuando tengan que enfrentar cualquier tipo de problemas, considérenlo como un tiempo para alegrarse mucho porque ustedes saben que, siempre que se pone a prueba la fe, la constancia tiene una oportunidad para desarrollarse.”(Santiago 1:2, 3. NTV)

Si leemos cuidadosamente el texto, entramos también a reconsiderar la perspectiva que podamos tener hoy sobre el por qué no responde Dios a nuestras oraciones. Podemos reflexionar en la forma cómo pedimos y para qué pedimos, pero al mismo tiempo, considerar que a través de esa aparente tardanza, podemos experimentar crecimiento en la fe.

¿Qué recomienda la Biblia para recibir respuestas?

Tal vez se estará preguntando: ¿Qué recomienda la Biblia en camino a recibir respuestas a las oraciones? Además de que es un muy buen interrogante, debemos comenzar la respuesta con la necesidad de desarrollar una vida de oración constante, totalmente dependiendo de Dios.

Tenga en cuenta que nadie nos enseñará a orar. Aprendemos a orar, orando, como escribe el evangelista, Luis Palau: “…uno de los conceptos que solemos olvidar es que nadie puede enseñar a orar a otra persona. La oración es algo que yo tuve que aprender por mi mismo y que cada creyente tiene que aprender y practicar por sí mismo. Puedo compartir con usted promesas bíblicas, algunas de mis propias experiencias o experiencias de mis amigos, pero realmente no le puedo enseñar a orar. La oración es como la natación. Rs algo que se hace en forma individual. Usted puede leer manuales sobre la oración, puede orar a otras personas y oír lo que que esas personas dicen sobre las respuestas a sus oraciones, pero hasta que usted no empiece a orar no sabrá lo que en verdad es la oración. Para aprender a orar usted necesita empezar a orar. No demore un minuto más, si la oración todavía no es algo diario y emocionante en su vida. Se lo digo por experiencia.”(Luis Palau. “Cristo a las Naciones”. Editorial Unilit. EE.UU. 1988. Pgs. 198, 199)

Ahora, recordemos algunas pautas escriturales que nos llevan a recibir respuestas cuando oramos:

1. Buenas relaciones familiares. Cuando hay conflictos con nuestro círculo familiar, pareciera que se levanta una enorme barrera, como podemos inferirlo de la enseñanza del apóstol Pedro: De la misma manera, ustedes maridos, tienen que honrar a sus esposas. Cada uno viva con su esposa y trátela con entendimiento. Ella podrá ser más débil, pero participa por igual del regalo de la nueva vida que Dios les ha dado. Trátenla como es debido, para que nada estorbe las oraciones de ustedes.”(1 Pedro 3:7. NTV)

Estar en conflicto puede desencadenar estorbo al clamor, aspecto sobre el que debemos meditar para aplicar correctivos de ser necesario.

2. Perdonar a quienes nos causan daño. Mantener un corazón lleno de rencor constituye otra barrera para que nuestra relación con Dios, con nosotros mismos y con las demás personas sea plena. El Señor Jesús enfatizó en la necesidad de perdonar: Si perdonas a los que pecan contra ti, tu Padre celestial te perdonará a ti; pero si te niegas a perdonar a los demás, tu Padre no perdonará tus pecados.”(Mateo 6:14, 15) Imagínese a alguien clamando a Dios mientras que odia a su cónyuge, a alguien en su familia o a una persona cercana.

3. Nuestras peticiones deben glorificar a Dios. Todo cuanto pedía nuestro amado Salvador Jesucristo, procuraba que Dios fuera exaltado, como lo enseñó en su oración magistral en el Getsemaní: Yo te di la gloria aquí en la tierra, al terminar la obra que me encargaste.”(Juan 17:4)

Esta pauta le llevará a reflexionar que quizá cuando usted ora por que algo ocurra, tal vez está buscando su propia gloria, que todos alrededor sepan que es súper-espiritual.

4. Alejar toda sombra de duda. No podemos estar pidiendo a Dios un milagro y, por otra parte, estar gobernados por la duda, como enseñan las Escrituras: Cuando se la pidan, asegúrense de que su fe sea solamente en Dios, y no duden, porque una persona que duda tiene la lealtad dividida y es tan inestable como una ola del mar que el viento arrastra y empuja de un lado a otro. Esas personas no deberían esperar nada del Señor; su lealtad está dividida entre Dios y el mundo, y son inestables en todo lo que hacen.” (Santiago 1:6-8)

La Palabra de Dios es muy clara cuando señala que tales personas, las que se dejan arrastrar por la incredulidad, deben esperar que se produzca un hecho portentoso. Sencillamente la duda levanta una enorme barrera en su vida espiritual.

5. Confiar en las promesas de Dios. Si algo tenemos claro es que lo que anuncia nuestro amado Señor, lo cumple. Sobre ese fundamento, es necesario que aprendamos a desarrollar confianza en sus promesas. Son como una Escritura firmada en Notaría. Tienen toda la validez legal para que, posteriormente, hagamos las reclamaciones. Confiar en las promesas de Dios, he ahí el secreto.

6. Dejar de lado toda motivación egoísta. Es fundamental que haya sensibilidad espiritual. Si alguien necesita algo, antes que cerrar los ojos a su realidad, debemos ayudarle en el proceso de clamar. Acompañarlo en esa labor. El libro de los proverbios es claro cuando enseña: “Los que tapan sus oídos al clamor del pobre tampoco recibirán ayuda cuando pasen necesidad.” (Proverbios 21:13)

Concluimos con algunos fundamentos: Es necesario desarrollar intimidad con Dios en oración. A orar, aprendemos orando, y si procuramos que lo imposible se haga posible, debemos perseverar. Ese tiempo de espera nos ayuda a desarrollar la fe.

Le animamos a permanecer, como hasta hoy, afincados en la fe de que la oración transforma las circunstancias y es la puerta para que los milagros ocurran.

Si tiene alguna inquietud, no dude en escribirnos a webestudiosbiblicos@gmail.com o llamarnos al (0057)317-4913705

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12 Sep 2013

Oración y milagros van de la mano

Escrito por: fjimenez el 12 Sep 2013 - URL Permanente

Oración y milagros van de la mano

Fernando Alexis Jiménez

Su historia era demasiado simple; tanto que nadie medía el dolor que había arrastrado desde niño. Reía, lloraba y canturreaba. Todo de acuerdo con su estado de ánimo. Una persona normal, en circunstancias normales, en una ciudad normal. Sin embargo no era feliz.

Se cansó de recorrer las mismas distancias entre la cama, la mesita de la habitación y una estancia más grande, de barro apretado y cal, que hacía las veces la sala de estar. Parecía estar condenado a lo mismo. Era ciego.

De niño su madre le describía el hermoso mundo que le rodeaba. Anhelaba poder apreciarlo, pero debía resignarse a imaginar el rostro de chicos que—igual que él—reían mientras jugaban en la calle polvorienta del abigarrado conjunto de casas donde vivía.

Las sombras se convirtieron en su vida diaria. Nunca sabia cuando la luz del sol bañaba con intensidad el caserío ni el momento en que las sombras de la noche cobijaban todo alrededor.

El curso de su historia cambió. Fue el día menos previsto. Le hablaron del Señor Jesús. Todos hablaban maravillas de él. Unos decían que era profeta, otros que Elías y muy pocos se atrevían a insinuar que era el Hijo de Dios. Salió a la calle. El murmullo de los curiosos lo atraía. Y aunque no pudiera verlo, aguzó su oído para percatarse de todo cuanto ocurría. “Ahí viene... ahí viene”, gritaron unas mujeres.

“A su paso, Jesús vio a un hombre que era ciego de nacimiento. Y sus discípulos le preguntaron:--Rabí, para que este hombre haya nacido ciego, ¿quién pecó, él o sus padres?--. —Ni él pecó, ni sus padres—respondió Jesús--, sino que esto sucedió para que la obra de Dios se hiciera evidente en su vida. Dicho esto escupió en el suelo, hizo barro con la saliva y se lo untó en los ojos al ciego, diciéndole:--Ve y lávate en el estanque de Siloé (que significa: Enviado). El ciego fue se lavó, y al volver ya veía” (Juan 9:1-8. Nueva Versión Internacional).

El Maestro, aquél de quien tanto hablaban, hizo algo que él mismo no esperaba. Pero fue grandioso. Lo más grande que jamás le pudo ocurrir. Dios hizo un milagro. Lo sanó. Le permitió emprender una nueva vida…

¿Por qué un milagro?

Dios obra milagros en aquellos que lo piden. El ciego anhelaba en su corazón ver. El amado Señor lo sabía. Él conoce nuestros pensamientos. Cuando le vio junto al camino, obró en su ser. Hizo aquello que para los médicos de la época y aún en nuestro tiempo es imposible: devolver la vista.

Cuando ocurre algo trágico en la vida de alguien, el camino que muchos toman se orienta en dos direcciones: la primera, culpar a Dios, la segunda, atribuir a un pecado las situaciones fortuitas que le acontecen.

El Señor Jesús fue claro al señalar que muchos incidentes, sin aparente explicación, conducen es a que Dios sea glorificado: “—Ni él pecó, ni sus padres—respondió Jesús--, sino que esto sucedió para que la obra de Dios se hiciera evidente en su vida”.

¿Enfrenta una situación difícil?¿Alguna enfermedad considerada por la ciencia como incurable golpea su cuerpo?¿Considera que no hay salida a su problema? Permítame decirle algo: Está diametralmente equivocado. El Dios en el que usted y yo hemos creído es un Dios de milagros. Él quiere manifestarse en su existencia.

En dónde comienza un milagro

Los seres humanos estamos acostumbrados a explicarlo todo a la luz de la lógica. Si algo no encaja en nuestro presupuesto mental, sencillamente no lo aceptamos. Levantamos alrededor una enorme barrera que impide el mover del Señor.

--Hasta no ve, no creer--, solía repetir una mujer que—tiempo después--, debió rendirse a Dios--: Su hija estaba sumida en las drogas. En medio de la desesperación entregó el problema en manos de Dios. “No sabía qué más hacer, pero encontré que Dios podía ofrecerme una salida. Clamé a Él y Él me escuchó.—

Sus oraciones se hicieron intensas, perseverantes. Y el Señor honró su fe. Antes de tres meses la chica abandonó sus antiguas amistades y decidió emprender una nueva vida. Estuvo varias semanas en un Centro de Rehabilitación para Adictos, pero sin duda lo que más ayudó, fue su dependencia del Señor Jesús.

¿Dónde comienza un milagro? Un milagro comienza con la fe y se alimenta con las oraciones de quienes creen que el Señor puede cambiar las circunstancias. Allí es donde comienza el milagro.

Dios se glorifica con los milagros

Cuando algo literalmente “imposible” se produce en la vida de alguien, Dios es glorificado. Volvamos al caso del invidente sanado por el Señor Jesús. “Sus vecinos y los que lo habían visto pedir limosna decían:>>No es éste el que se sienta a mendigar?>> Unos aseguraban:<<Si, es él>>. Otros decían:>>No es él, sino que se le parece>>. Pero él insistía: <<Soy yo>>.--¿Cómo entonces se te han abierto los ojos?—le preguntaron. –Ese hombre que se llama Jesús hizo un poco de barro, me lo untó en los ojos y me dijo:”Ve y lávate en Siloé”. Así que fui, me lavé, y entonces pude ver.”(Juan 9: 8-11. Nueva Versión Internacional).

Si me lo permite, podría graficarlo de la siguiente manera: nuestro amado Padre se complace obrando milagros. Sí, aunque suene muy “novelesco”. Es un Dios de amor, que sabe de nuestro sufrimiento y que libera su poder cuando lo pedimos en oración.

El Señor Jesús pudo seguir de largo, sin embargo no lo hizo; se detuvo, llamó al ciego y lo sanó. Él sabía el profundo anhelo que tenía de su obrar milagroso. Y lo hizo.

Para usted también son los milagros

A diferencia de quienes consideran que el tiempo de los milagros ya pasó, estoy convencido por las Escrituras, que “Jesucristo es el mismo ayer y hoy y por los siglos”(Hebreos 13:8).

Él desea manifestarse con poder en su vida. Hoy mismo. Ahora. ¿Qué hacer? Ir al padre en oración. Pídale aquello que necesita. Deseche toda duda y afírmese en el convencimiento de que si está en la voluntad de Dios, aquella petición será atendida. ¡El Todopoderoso responderá!.

No olvide que los milagros comienzan con la fe y se alimentan con la oración. Si creemos aquello en lo que creemos, ocurrirá. Pero es necesario perseverar en oración. Los milagros ocurrirán. Dios manifestará su poder.

Si no ha recibido al Señor Jesús, hoy es el día para que lo haga. Ábrale las puertas de su corazón. Le aseguro que no se arrepentirá. Si tiene inquietudes, escríbanos por favor a webestudiosbiblicos@gmail.com o llámenos al (0057)317-4913705

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13 Ago 2013

¿Destruye o edifica a las personas con sus palabras?

Escrito por: fjimenez el 13 Ago 2013 - URL Permanente

¿Destruye o edifica a las personas con sus palabras?

Fernando Alexis Jiménez

Lo dijo sin pensarlo. Rápido. Apenas despuntaba el día. Incluso reconoce que estaba recién levantado. Desde el cuarto de baño, mientras se afeitaba, le dijo a su esposa: “Mira donde dejas tus cosas, y no embolates las mías”. Se quejaba porque ella había colocado en otro sitio su crema de rasurar. Y esas ocho palabras desencadenaron una tormenta. Pasados seis meses, ella aún recordaba el incidente.

Igual ocurrió con Antonio. Se consideraba un fracasado desde el nacimiento. Y cuando procuramos descubrir de dónde provenía esa equívoca convicción, me relató una escena de su adolescencia. Echó a perder un trabajo de dibujo cuando derramó un vinilo. Imprudencia. Un accidente. A todos nos puede ocurrir. El padre, sin embargo, se percató del error y le dijo: “No servirás nunca para nada”. Y esa frase, que lo hirió en lo más profundo, lo acompañó por años, hasta su juventud, cuando hablamos…

Las palabras edifican o destruyen. A través de lo que decimos, sentamos las bases para unas buenas relaciones, para estimular a otras personas a obrar bien, a seguir su proceso de cambio o modificar comportamientos, pero también por medio de lo que decimos se genera desaliento.

¿Mide usted el alcance de sus palabras con su cónyuge o con sus hijos? Probablemente les haya herido sin proponérselo. Reaccionan con rebeldía o tal vez con resentimiento. El factor determinante para ese comportamiento han sido sus palabras. Tal vez causó profundas heridas que han dejado huellas imborrables.

¿Ya evaluó cómo andan sus relaciones interpersonales? Hoy es esencial que haga un alto en el camino con el fin de determinar si ha provocado daños emocionales y de qué manera puede aplicar correctivos, con ayuda de Dios. Recuerde siempre que cambiamos la forma de hablar, cambia nuestra vida y mejora el trato con nuestro cónyuge y los hijos.

¿Dónde comienza todo?

Quizá en su familia ha experimentado lo doloroso que es convivir con un cónyuge agresivo, que no sabe expresarse y causa daño con sus palabras. Su condición violenta que se manifiesta con lo que dice, tiene varios factores de origen.

Los especialistas coinciden en asegurar que puede originarse en la infancia y proceso de adolescencia. Termina replicando el comportamiento que aprendió de sus padres, entre ellos, los vocablos vulgares. Un segundo elemento, lo constituyen las amistades. Terminan ejerciendo una influencia negativa en su forma de pensar y de actuar. Le sigue la influencia de los medios de comunicación y se continúa con el entorno social. Aprendemos de manera inconsciente de cuanto vemos y oímos alrededor.

La cultura es otro factor determinante. Quizá nos criaron con la convicción de que en una selva de cemento sobreviven los más agresivos, agresividad que se manifiesta con palabras soeces.

Sus palabras revelan lo que guarda el corazón

Los seres humanos somos reactivos por naturaleza. Terminamos obrando a partir de estímulos, y si sentimos que alguien nos agrede, respondemos con la misma intensidad o aún con una intensidad mayor a la que nos provocó. El Señor Jesús advirtió: Una persona buena produce cosas buenas del tesoro de su buen corazón, y una persona mala produce cosas malas del tesoro de su mal corazón. Lo que uno dice brota de lo que hay en el corazón.”(Lucas 6:45. NTV)

Sobre esa base, si no hay una renovación de nuestro mundo interior, nuestras reacciones pondrán de manifiesto la amargura, odio, resentimiento, dolor y todos los sentimientos negativos que anidamos.

Dios desea ayudarnos en el proceso de transformación, para que no sigamos destruyendo a la familia a partir de palabras hirientes; sin embargo, el Señor no nos obliga. Es una decisión nuestra y nada más que nuestra, como escribe el apóstol Pablo: “Líbrense de toda amargura, furia, enojo, palabras ásperas, calumnias y toda clase de mala conducta.”(Efesios 4:31.NTV)

Si disponemos el corazón, nuestro amado Padre celestial nos ayuda en el proceso de cambio y crecimiento—tanto personal como espiritual—que terminará ejerciendo una influencia positiva y transformadora en el hogar.

No se deje provocar de los demás

Cuando tenemos alguna diferencia con nuestro cónyuge, lo primero que saltan son las palabras agresivas. Cargamos nuestras expresiones de rabia, y cada frase termina siendo demoledora. El problema es que—generalmente—hieren los sentimientos del otro. Somos reactivos y no medimos el alcance de cuanto decimos.

El rey Salomón aconsejó que no nos dejemos provocar, y sugiere que si nos ofenden, lo apropiado no es responder con el mismo tono: La respuesta apacible desvía el enojo, pero las palabras ásperas encienden los ánimos.”(Proverbios 15:1. NTV) Cuando usted responde apaciblemente, lo más probable es que su cónyuge reconozca que está actuando de forma equivocada. Si no es así, igual, siga guardando la compostura con ayuda de Dios.

El apóstol Pablo insiste que nuestra forma de expresarnos debe ser mesurada siempre y bajo toda circunstancia: Que sus conversaciones sean cordiales y agradables, a fin de que ustedes tengan la respuesta adecuada para cada persona.”(Colosenses 4:6. NTV)

Ser cuidadosos al expresarnos y responder a cuanto nos dicen, no solamente llevará a que mantengamos unas buenas relaciones interpersonales, sino además, a evitar causarle dolor a nuestra familia por hablar sin pensar.

Ofrezca ejemplo con palabras y acciones

Como padres de familia, ejercemos una poderosa influencia en nuestros hijos. Ese es el motivo por el cual debemos ser cuidadosos cuando hablamos. No podemos desmedirnos al decir las cosas, causando daño con nuestras expresiones.

La importancia de brindar ejemplo la brindó el propio apóstol Pablo cuando escribió: Amados hermanos, tomen mi vida como modelo y aprendan de los que siguen nuestro ejemplo.”(Filipenses 3:17. NTV)

¿Y cómo brindamos ejemplo? Cuando somos muy cuidadosos al responder a una eventual provocación de nuestro cónyuge. Recuerde que para reñir hacen falta dos personas, pero si usted elude la confrontación, sin duda el altercado no irá más allá, como escribe el proverbista: Comenzar una pelea es como abrir las compuertas de una represa, así que detente antes de que estalle la disputa.” (Proverbios 17:14. NTV)

No olvide jamás que por grave que haya sido el incidente, usted y yo debemos respeto al cónyuge, tal como enseñan las Escrituras: “De la misma manera, el marido debe amar a su esposa como ama a su propio cuerpo. Pues un hombre que ama a su esposa en realidad demuestra que se ama a sí mismo… Por eso les repito: cada hombre debe amar a su esposa como se ama a sí mismo, y la esposa debe respetar a su marido..”(Efesios 5:28, 33. NTV)

Si disponemos nuestro corazón para ser transformados por el Señor, Él nos permitirá imprimir cambios en nuestra forma de pensar y de actuar, y por supuesto, en la forma como nos expresamos. Recuerde siempre—que no se le olvide jamás—que a través de las palabras edificamos o destruimos.

Si tiene alguna inquietud, escríbanos a webestudiosbiblicos@gmail.com o llámenos al (0057)317-4913705

© Fernando Alexis Jiménez

Léanos en www.selecciondeestudiosbiblicos.org y www.bosquejosparasermones.com

¿Está dispuesto a que su familia siga así, estancada, sin cambiar? http://altarfamiliar.wordpress.com/2013/08/13/piensa-su-familia-seguir-en-el-mismo-letargo-de-siempre/

¿Desea cambiar? Haga un alto en el camino y examine su vida http://devocionalesdiarios.wordpress.com/2013/08/13/es-necesario-hacer-un-alto-en-el-camino/

¿En qué se parecen los valientes del rey David y quienes sirven a Dios hoy? http://www.bosquejosparasermones.com/2013/02/los-valientes-de-david-y-quienes-sirven.html

¿Cómo ejercemos la mayordomía que nos obliga la Biblia sobre nuestros hijos? http://bosquejosparasermones.wordpress.com/2013/08/04/la-mayordomia-de-los-padres-en-la-vida-de-los-hijos/

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25 Mar 2013

Perseverar en oración para que los milagros ocurran

Escrito por: fjimenez el 25 Mar 2013 - URL Permanente

Perseverar en oración para que los milagros ocurran

Fernando Alexis Jiménez

C

on frecuencia me escriben con un interrogante: ¿Hasta cuándo debo orar por un milagro? Y la respuesta invariable, como se lo escribí a Nancy Antoy, de ciudad de México, es “Hasta que el milagro ocurra”.

Ella tiene una hija de veintidós años, con cáncer. Pasa días y noches enteras en el hospital donde la chica recibe tratamiento. En alguna oportunidad los especialistas le dijeron que no siguiera anidando esperanzas, que la enfermedad había causado daños irreversibles. Ella seguía clamando…

La joven experimentó mejoría y no murió el día que dijeron los médicos. Por el contrario, inexplicablemente para la ciencia, recobró fuerzas. Todos sabemos que no es otra cosa que la respuesta de Dios al clamor de una mujer que confía que algo ilógico—proveniente de Dios—romperá la lógica que manejan los facultativos.

Nancy encarna a infinidad de hombres y mujeres en todo el mundo que están clamando por un milagro y, por momentos, se sienten desanimados. ¿Deberían renunciar? Por supuesto que no. Orar con insistencia toca las fibras más sensibles de nuestro amado Dios. Claro, Él desea lo mejor para nosotros, pero es cuando perseveramos que probamos la clase de fe que nos asiste, si es real o sólo motivada por una necesidad.

Comparto con usted tres ejemplos específicos de personas reales que perseveraron hasta el final, hasta que el milagro se produjo:

Hacer un esfuerzo por el milagro

La mujer estaba desesperada. La ciencia no había podido resolver su problema. La hemorragia aumentaba a pesar de los pronósticos de que disminuiría. Se miraba al espejo y su rostro se veía cada vez más demacrado. En muchas ocasiones sentía que, como consecuencia de la dolencia, las fuerzas la abandonaban. Es más, quiso morir muchas veces, para no seguir sufriendo.

Sin embargo oyó que por el lugar pasaba Jesús de Nazaret. Había oído que obraba milagros. Los enfermos eran sanados y los cautivos recibían libertad. “¿Qué puedo perder si tan solo me acerco para pedirle mi sanidad?”, razonó ella. Y se dio a la tarea de acercarse lo más posible cuando pasaba la multitud.

El problema era cómo acercarse. Decenas de personas estaban alrededor del Maestro. No iba a ser fácil ganar su atención y decirle sáname. Por eso se fijó una meta, y con esfuerzo y sobreponiéndose a los obstáculos, se acercó para tocar su manto porque, sabía, algo iba a ocurrir.

La escena fue dramática y conmovedora porque ella recibió la sanidad que anhelaba: “Una mujer de la multitud hacía doce años que sufría una hemorragia continua y no encontraba ninguna cura. Acercándose a Jesús por detrás, le tocó el fleco de la túnica. Al instante, la hemorragia se detuvo. «¿Quién me tocó?», preguntó Jesús. Todos negaron, y Pedro dijo: —Maestro, la multitud entera se apretuja contra ti. Pero Jesús dijo: —Alguien me tocó a propósito, porque yo sentí que salió poder sanador de mí. Cuando la mujer se dio cuenta de que no podía permanecer oculta, comenzó a temblar y cayó de rodillas frente a Jesús. A oídos de toda la multitud, ella le explicó por qué lo había tocado y cómo había sido sanada al instante. «Hija —le dijo Jesús—, tu fe te ha sanado. Ve en paz».”(Lucas 8: 43-48. Nueva Traducción Viviente)

Pregúntese por un minuto, ¿cuántas veces renunció usted a un milagro? Se dio por vencido fácilmente. Y si algo quiere Dios de cada uno de nosotros es que perseveremos hasta el fin (Cf. Lucas 18:1)

Perseverar aunque los demás se opongan

Cuando usted está clamando por un milagro, invariablemente siempre encontrará personas alrededor que desean desanimarlo o los que se especializan en apagar el mover divino en nuestra existencia. Son los hombres y mujeres que le dirán: “Ese milagro es imposible”. Y cabe preguntarse: ¿Está bien dejarse arrastrar por ese escepticismo?

Al respecto el autor y conferencista, Wesley L. Duewel escribió: “La oración que prevalece es aquella que obtiene la respuesta que buscaba. Se sobrepone a la demora, a la oposición y a las circunstancias desfavorables. Con frecuencia incluye la dirección del Espíritu en la forma en que se debe orar y la profundización que Él obra en el deseo que usted tiene de recibir respuesta a la oración. Incluye la acción del Espíritu de otorgarle poder a su oración y de fortalecer su fe hasta que usted reciba la respuesta de Dios”( Weslet L. Duewel. “La oración poderosa que prevalece”. Editorial Unilit. EE.UU. 1995. Pg. 9)

Perseverar fue lo que identificó al ciego Bartimeo, el hombre que menospreciaban por que estaba siempre junto al camino, viviendo de la caridad de los demás. Lo único que poseía era una capa para cobijarse. Era su bien más preciado. Y anhelaba un milagro. Por ese motivo cuando se enteró que Jesús el Señor pasaba por el lugar, pidió que le sanara.

Las personas cercanas le instaban para que callara “…pero él gritó aún más fuerte: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!». Cuando Jesús lo oyó, se detuvo y dijo: «Díganle que se acerque». Así que llamaron al ciego. «Anímate —le dijeron—. ¡Vamos, él te llama!». Bartimeo echó a un lado su abrigo, se levantó de un salto y se acercó a Jesús. —¿Qué quieres que haga por ti? —preguntó Jesús. —Mi Rabí —dijo el hombre ciego—, ¡quiero ver! Y Jesús le dijo: —Puedes irte, pues tu fe te ha sanado. Al instante el hombre pudo ver y siguió a Jesús por el camino. “(Marcos 10:48-52. Nueva Traducción Viviente)

¿Imagina usted qué había ocurrido si él desiste?¿ Si tan solo se deja arrastrar por los que pretendían callarle o minar su fe? Sin duda, nada habría ocurrido. El milagro no se hubiese producido. Pero Él fue persistente, como debemos serlo usted y yo. No dejar de perseverar ante Dios hasta que el milagro se produzca.

Dios honra nuestra fe y hace milagros de manera sorprendente. Ése es el Dios en el que hemos creído: un Dios de milagros y de poder sin límites, que valora la perseverancia en la oración.

No renuncie hasta que no alcance su objetivo

Nadie podía imaginar la terrible situación de aquella mujer con su hijita. La joven llevaba varios años poseída por un demonio. No permitía siquiera que conciliaran el sueño porque sus gritos, que podían escucharse a varias casas de distancia y que provocaban angustia por lo desgarradores. ¡Deseaba tanto ser libre!

Jesús iba de camino, por la región de Tiro. Y como es natural, cuando la madre oyó que pasaba por el lugar, hizo lo que cualquier madre por un hijo: se esforzó hasta el final, sin importarle las consecuencias. Incluso, se arrojó a los pies del Maestro.

Las Escrituras relatan que … ella le suplicó que expulsara al demonio de su hija. Como la mujer era una gentil, nacida en la región de Fenicia que está en Siria, Jesús le dijo: —Primero debo alimentar a los hijos, a mi propia familia, los judíos. No está bien tomar la comida de los hijos y arrojársela a los perros. —Es verdad, Señor —respondió ella—, pero hasta a los perros que están debajo de la mesa se les permite comer las sobras del plato de los hijos. —¡Buena respuesta! —le dijo Jesús. Ahora vete a tu casa, porque el demonio ha salido de tu hija. Cuando ella llegó a su casa, encontró a su hijita tranquila recostada en la cama, y el demonio se había ido”(Marcos 7:26-30. Nueva Traducción Viviente)

Permítame aquí hacer un énfasis: No importan las circunstancias y que todo parezca estar en contra. Es necesario perseverar hasta que el milagro ocurra. Dios no se molesta porque usted y yo somos perseverantes en lo mismo. Tenga claro que, si es la voluntad del Señor, ese milagro ocurrirá. Nada impedirá que vea la respuesta poderosa del amado Señor.

El autor y conferencista, Wesley L. Duewel enseñó: “La oración que prevaece es tan sencilla, que hasta un niño puede obtener poderosas respuestas –con frecuencia en un sorprendente corto tiempo--. Aún los nuevos cvreyentes oran a veces con tanta fe y con tal ayuda del Espíritu, que los maduros santos de Dios se maravillan y no pueden menos que alabar a Dios por las respuestas obtenidas”( Weslet L. Duewel. “La oración poderosa que prevalece”. Editorial Unilit. EE.UU. 1995. Pg. 10)

No podemos dejar de orar. Perseverar, esa es la clave. Si estamos firmes, siempre en clamor por el milagro, sin duda se producirá. Dios responde con poder a nuestras oraciones, pero en ese proceso, Él valora que no nos demos por vencidos sino que perseveremos. Ese tipo de oraciones tienen eco en el corazón de Dios.

Sin duda usted está necesitando un milagro y hoy es el día para que comience a pedirlo delante de Dios.

Y a propósito de Dios, ¿Ya le abrió las puertas de su corazón al Señor Jesús? Hoy es el día para que lo haga. Él desea entrar en su vida y obrar de manera especial. Basta que usted se rinda en Su Presencia y le permita que haga de usted una persona nueva. Decídase hoy por Cristo. Ábrale las puertas de su corazón.

Si tiene alguna inquietud, por favor no dude en escribirme a webestudiosbiblicos@gmail.com o llámenos al (0057) 317-4913705

© Fernando Alexis Jiménez

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17 Feb 2013

Buscar a Dios, el secreto del éxito

Escrito por: fjimenez el 17 Feb 2013 - URL Permanente

Buscar a Dios, el secreto del éxito

Fernando Alexis Jiménez

S

ólo hasta que Verónica comprendió que la bruja del pueblo la estaba dejando sin un peso, tomó la determinación de no seguir consultándola cada semana ni seguir endeudándose con la promesa de que pronto “ganaría el sorteo de la Lotería”. Le refirió a la pitonisa la decisión de no regresar y ella la amenazó. Comprenderá ahora por qué razón Verónica llevaba varios noches sin dormir.

En el supermercado, mientras escogía unas verduras, una vecina se le acercó. Pronto entablaron una conversación en la que ella le habló de Jesucristo. “Soy de una sola religión y no voy a cambiar de allí donde me encuentro”, le argumentó.

--Discúlpeme si la incomodé; no era mi intención. Lo que quería decirle es que, si tiene problemas, vaya al Señor Jesús. Él le ayudará--, dijo la vecina y se alejó con algo de reticencia, porque no había pretendido molestarla.

Verónica llegó a casa con el asunto dándole vueltas en la cabeza. Y al mediodía, tras terminar sus quehaceres, se fue a la habitación y le pidió ayuda. Recuerda que lloró. Luego, una paz enorme invadió su corazón.

Y siguió orando. Ese fue el comienzo de los cambios en cada. No solamente su esposo consiguió un buen empleo sino que ella dejó sus temores inexplicables. Había paz en su vida. Y sin que nadie la presionara, le pidió a su vecina información sobre la iglesia:

--Creo que algo especial ha ocurrido con mi vida y deseo ir--, le dijo.

El hogar de Verónica hoy es diferente. El comienzo de la transformación fue entregarle a Dios absolutamente su vida, sus planes y sus sueños…

Es un principio de victoria

Si deseamos salir del pozo en el que nos encontramos inmersos, es necesario volver nuestra mirada al Señor. Dejar de confiar en nuestras fuerzas, capacidad, posición social o conocimientos. Simplemente rendirnos a Señor y permitirle que ocupe el primer lugar. Él sabe cómo hacerlo.

Un rey que llegó a altos niveles de éxito, lo comprobó. Me refiero al rey Ezequías, que marcó toda una generación y hoy es uno de los monarcas más recordados por los israelitas. Su secreto fue confiar en Dios. Simplemente eso: confiar.

Las Escrituras dicen que: “…Ezequías manejó la distribución en todo Judá, haciendo lo agradable y bueno a los ojos del Señor su Dios.”(2 Crónicas 31:20. Nueva Traducción Viviente)

Hacer lo bueno demanda compromiso nuestro. Revisar cómo anda nuestra vida, identificar errores y modificar esos parámetros de pensamiento y de conducta, con fundamento en lo que enseña el Señor en el libro de los triunfadores que es la Biblia.

Disposición de corazón

Si nos disponemos para el Señor, Él transforma todo lo que somos y nos lleva a la victoria. No importa cuántos errores hayamos cometido; Dios es quien opera los cambios en nuestro ser.

El rey Ezequías dispuso su corazón para el Señor, buscó Su Rostro y el Dios de poder le aseguró la victoria en todo cuanto emprendió: “En todo lo que hizo para el servicio del templo de Dios y en sus esfuerzos por seguir las leyes y los mandatos de Dios, Ezequías buscó a su Dios de todo corazón; y como resultado, tuvo mucho éxito.”(2 Crónicas 31:21. Nueva Traducción Viviente)

Todo le salía bien. Es cierto, surgieron al paso dificultades, pero en todo momento el Señor le concedió vencer.

Igual puede ocurrir con su vida. Basta que le conceda a Dios el primer lugar. Le puedo asegurar que Él tomará el control y le llevará al éxito. Él es la verdadera fuente de éxito, el que nos hace triunfadores: en la familia, en el trabajo, en nuestro desenvolvimiento social y en la iglesia.

Ríndase hoy al Señor. Él desea hacer algo especial con su vida. Si entrega todo su ser, planes y proyectos en Sus manos, Él le mostrará el camino para salir airoso y en victoria en todo cuanto emprenda.

Si todavía no lo ha hecho, hoy es el día para que entregue su corazón en manos del Señor Jesús. Permítale que resida en su vida. De su mano emprenderá el maravilloso camino al crecimiento personal y espiritual que tanto ha anhelado.

Si tiene alguna inquietud, no dude en escribirme a webestudiosbiblicos@gmail.com o llámenos al (0057) 317-4913705

© Fernando Alexis Jiménez

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08 Feb 2013

Orar es para valientes, no es asunto de cobardes

Escrito por: fjimenez el 08 Feb 2013 - URL Permanente

Orar es para valientes, no es asunto de cobardes

Fernando Alexis Jiménez

P

erdió la capacidad de ver y una pierna cuando prestaba servicio militar. En un abrir y cerrar de ojos, las hermosas imágenes que le encantaban se convirtieron en una cortina oscura que jamás le ha robado el entusiasmo y los deseos de seguir adelante, en victoria, aunque los demás digan que es imposible. Reinaldo Torres se convirtió en un ejemplo de supervivencia en Colombia.

Esa disposición de avanzar hasta la meta fue la que le llevó a abrirse paso entre las más de 50.000 personas que participaron en la maratón de Nueva York y a ser uno de los primeros en enlistarse en el primer equipo de alpinistas con discapacidad en el mundo.

Perseverancia, la palabra que se constituyo en su distintivo. Después de varios meses de entrenamiento en el gimnasio y simulacros cerca de Bogotá, Reinaldo llegó a la cima del Ritacuba blanco, el pico más alto de la Sierra Nevada del Cocuy, con 5.330 metros sobre el nivel del mar.

Aunque no pudo disfrutar del paisaje como el resto de sus compañeros, sintió la inmensidad de la montaña y se dio cuenta de que ese era apenas el comienzo de muchas aventuras.

NatGeo lo llevó al volcán Cotopaxi, en Ecuador, pero las malas condiciones meteorológicas les impidieron “hacer cumbre” a 5.897 metros.


El joven de 30 años ya tiene claro que su próxima parada es el monte Kilimanjaro, en África, pues el objetivo de Huella es conquistar las siete cumbres más altas de cada continente…

La perseverancia, el distintivo de los triunfadores

La perseverancia es una característica en la vida de este joven invidente que ha subido hasta las cumbres, pero también, es la impronta de quienes logran metas… ¿Y en el ámbito espiritual? La perseverancia es la marca indeleble de los hombres y mujeres que persisten hasta que lo imposible se hace posible. Por eso insisto: la oración no es asunto de cobardes sino de valientes, los que siguen adelante hasta que el entorno a su alrededor se transforma y los milagros ocurren…

Ante varios de sus discípulos y sin duda decenas de personas que no perdían detalle a sus palabras, el Señor Jesús resaltó la especial significación que tiene la perseverancia si deseamos movernos en la dimensión sobrenatural de Dios: Así que les digo, sigan pidiendo y recibirán lo que piden; sigan buscando y encontrarán; sigan llamando, y la puerta se les abrirá. ”(Lucas 11:9. Nueva Traducción Viviente)

Seguir pidiendo es eso: no dar vuelta atrás, avanzar, persistir, llegar al final. Como el competidor que, a pesar de sus limitaciones físicas y lo adverso de las circunstancias, se decidió llegar a la cima. Disposición, fe, perseverancia. No hay otra opción.

Dios responde con poder a nuestras oraciones pero, sin duda, espera que seamos perseverantes.

Quien persevera, alcanza

Nuestro amado Salvador Jesucristo enseñó que aquél que persevera, alcanza. Una oración persistente derriba los obstáculos: Pues todo el que pide, recibe; todo el que busca, encuentra; y a todo el que llama, se le abrirá la puerta.”(Lucas 11:10. Nueva Traducción Viviente)

¿Desea que ocurran los milagros? Persevere. ¿Anhela que cambien las circunstancias que enfrenta hoy? Persevere. ¿Desea que Dios imprima cambios en la vida de alguien? Persevera. ¿Desea crecimiento personal y espiritual? Persevere. Si todo lo regamos con oración y, perseveramos, tenemos asegurada la victoria.

Llegan a la meta quienes perseveran y más cuando nos movemos en la dimensión espiritual, como enseñó el Señor Jesús: Cierto día, Jesús les contó una historia a sus discípulos para mostrarles que siempre debían orar y nunca darse por vencidos.”(Lucas 18:1. Nueva Traducción Viviente)

Puedo asegurarle que, si dispone su corazón para persistir sobre aquello que ha pedido a Dios en oración, verá los resultados. ¡Hoy es el día para remprender el clamor hasta que el milagro ocurra!

Y si todavía no ha recibido a Jesús como Señor y Salvador, hoy es el día oportuno para que le abra las puertas de su corazón. Le aseguro que no se arrepentirá.

Si tiene alguna inquietud, no dude en escribirme a webestudiosbiblicos@gmail.com o llamarnos al (0057)317-4913705

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05 Feb 2013

El Devocional: alimento para una vida de oración eficaz

Escrito por: fjimenez el 05 Feb 2013 - URL Permanente

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19 Dic 2012

Guerra Espiritual de Alto Nivel (Videoconferencia)

Escrito por: fjimenez el 19 Dic 2012 - URL Permanente

Guerra Espiritual de Alto Nivel (Videoconferencia)

H

oy día cuando infinidad de personas posan de ser doctas en el tema de Guerra Espiritual, y hasta pontifican—de lo que se comprueba no saben o saben muy poco--, es importante profundizar más en el tema y, que todo cuanto aprendemos, tenga fundamento en la Biblia.

En esa dirección, le recomendamos la enseñanza Guerra Espiritual de Alto Nivel , de la conferencista, Ana Méndez Ferrell, compartida en la Iglesia Rey Jesús que pastorea en Miami el apóstol Guillermo Maldonado. Esperamos tomen atenta nota de esta conferencia que enriqucerá sus conocimientos sobre Guerra Espiritual. Si desea ver el video, haga CLIC AQUÍ o en el siguiente enlace http://lameditaciondiaria.blogspot.com/2012/12/guerra-espiritual-de-alto-nivel-por-ana.html

Síganos en www.guerraespiritual.org y www.estudiosbiblicos.jimdo.com Escúchenos en www.triunfandostereo.org Redes Sociales htpp://facebook.com/fernandoalexis.jimenez y http://twitter.com/oraciondepoder

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25 Nov 2012

Confíe en Dios, Él no lo dejará avergonzado

Escrito por: fjimenez el 25 Nov 2012 - URL Permanente

Confíe en Dios, Él no lo dejará avergonzado

Fernando Alexis Jiménez



L

as cuerdas bocales estaban severamente lastimadas y unas pequeñas protuberancias hacían temer que jamás podría volver a cantar. Y Carlos no podía creerlo. Su esposa Laura lo acompañaba en aquél consultorio de la Clínica. Apretó fuertemente su mano cuando el médico le dio el diagnóstico. “Lo mejor es que se resigne”, le explico.

Cuatro palabras que lo marcaron. Él mismo no se explicaba cómo sostendría a su familia. El canto era su mayor pasión, además, de esa actividad derivaba sus ingresos.

--Lamento tener que decírselo yo, pero creo que es mejor andar con la verdad—concluyó el facultativo.

De regreso a casa no quiso hablar con Laura. Se limitó a mirarla, sonreír y retirar, discretamente, las lágrimas que surcaban su rostro, inquietas, como compartiendo su desgracia.

--¿Y crees que todo está dicho, Carlos?—le dijo ella apenas cruzaron la puerta de su apartamento--. ¿Acaso no hemos creído en Dios?¿Dónde está la fe de la que nos hablan en la iglesia cada domingo?—

Él la miraba sorprendida, y aun cuando no dijo nada, reconoció que desde ese momento, tenían el enorme reto de orar por un milagro…

Dios responderá, tenga confianza

Alrededor suyo hay infinidad de historias como la de Carlos. La diferencia, en muchos casos, es que las personas se dejan arrastrar por la desesperanza. Carlos, por el contrario, no hizo más que confiar en Dios. Depositó su confianza—toda su confianza—en Él. Creyó en el Señor del Universo, aquél que “…llama las cosas que no son, como si fuesen.(Romanos 4:17 b)

Es cierto, al comienzo no fue fácil porque alrededor tenía personas gobernadas por la incredulidad que pretendían apagar la débil llamita de su fe. “Ya te dejaste lavar el cerebro por los evangélicos”, le dijo uno, y otro más osado: “Yo en tu caso, disfrutaría cada instante, ya que no podrás volver a vivirlo”.

Laura lo animaba y los dos compartieron la buena noticia, cuando el especialista lo llamó a nuevos exámenes antes de operarlo:

--No sé qué ha ocurrido, pero ya no hay vestigios de ninguna enfermedad. ¡Usted está sano!--, concluyó el médico.

Hoy es su día para un milagro

Dios obra milagros en aquellos que se atreven a creer. Basta que vuelvan su mirada a Él, y confíen plenamente, como enseña la Biblia en boca del rey David: “Oh Señor, te entrego mi vida… Nadie que confíe en ti será jamás avergonzado…”(Salmo 25:1, 3. Nueva Traducción Viviente)

El nuestro es un Dios de milagros. ¡Nada ni nadie pueden detener Su poder! No existe nada imposible para Él. Basta que deposite su fe en Su poder ilimitado, y los milagros ocurrirán. ¡Hoy es su día para un milagro!

¿Desea algo extraordinario en su vida? Ese mover sobrenatural comienza cuando recibimos a Jesucristo como nuestro único y suficiente Salvador. Él transforma todo nuestro ser. No deje pasar esa oportunidad…

Si tiene alguna inquietud, por favor, no dude en escribirnos a pastorfernandoalexis@gmail.com o llamarnos al (0057) 317-4913705

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Satanás y sus huestes podrán general maldad en el mundo, pero nuestro amado Señor Jesucristo trae libertad a las almas. ¡Recíbalo hoy en su corazón! Es la mejor decisión que podrá tomar y que le asegura un presente de victoria y vida por la eternidad.