29 May 2008
Esquizofrenia virtual
No es que uno tenga personalidades ocultas; que de día sea, por ejemplo, un abnegado padre de familia y de noche un pedófilo que navega compulsivamente por sitios ilegales. Hay de esos en la red, ya sabemos, pero no me refiero a ellos. Hablo de cualquiera de ustedes, que quizás todavía recuerden la época en que tenían un solo nombre, una sola dirección, un solo número telefónico y en apenas diez años –o menos- se acostumbraron a convivir con diversas identidades virtuales, claves, alias o nicknames, números, dominios y un sinfín de aplicaciones que produjo Internet.
Nunca me voy a olvidar del día en que abrí mi primera cuenta de correo electrónico. Tenía una amiga del secundario que había emigrado de Buenos Aires a New York con quien nos escribimos regularmente durante varios años, hasta que llegó un momento en que ella me dijo: “mejor usemos e-mail, ¿no?”. “Claro, es lo mejor”, le contesté en mi última carta de papel, sin decirle que no sabía bien de qué me estaba hablando. Yo ni siquiera tenía Internet en casa, y en mi trabajo había pero nadie tenía demasiado interés ni demasiada paciencia como para investigar de qué se trataba. Había que ocupar la línea telefónica –cuya función principal entonces era permitir hablar con otra persona en tiempo real, ¿recuerdan?- y escuchar el odioso chirrido del discado, esperar unos minutos, navegar lentamente, todo lo cual parecía una pérdida de tiempo. Y conste que estoy hablando de la división de noticias de un canal de televisión. Pero estábamos a mediados de los 90 y en Argentina.
Una noche, después de mi jornada laboral, me quedé un rato más y registré mi primera dirección de e-mail en Latinmail, el único sitio que conocía hasta el momento. Fue como un juego: inventé un nombre ininteligible combinando letras de mi apellido y no ingresé ningún dato verdadero. Esto último fue una precaución que mantuve durante bastante tiempo, creía que con eso reducía la posibilidad de que mi vida fuera parte de enormes bases de datos utilizadas por empresas, hackers y quién sabe cuántos más.
Hoy mi información personal real está en mi blog, en mi currículum online, en mis álbums de fotos online, en sitios de redes sociales como Facebook o Linkedin y en cualquier registro con mi nombre susceptible de ser googleado. Hubo un punto donde decidí, como todos o como muchos, ser parte del sistema y hacer uso de él para llevar adelante mis diversos intereses.
Que conste: celebro la llegada de Internet a mi vida y aprovecho cada una de las numerosas posibilidades de comunicación que la tecnología digital me da. Pero hay días en que no puedo con mis múltiples identidades virtuales. Me olvido los passwords, el usuario que corresponde a esa aplicación, no alcanzo a responder todos los e-mails, a actualizar lo que necesita ser actualizado, a revisar las configuraciones y los filtros de seguridad (no todos los espacios merecen el mismo nivel de acceso público, eso está claro), a leer todos los feeds, blogs, newsletters, a comentar todos los posts que me gustaron… La enumeración nomás ya me abruma.
Es verdad que nadie nos obliga a incorporar tantos servicios, como hacemos en general los que nos desempeñamos en el área de la comunicación social o la tecnología. Pero aún el usuario promedio de Internet suele tener más de una cuenta de e-mail, otra para mensajería instantánea, otra para el banco o el cajero automático, otra para el servicio de televisión por cable o satélite y otra para ingresar en la red laboral, por ejemplo.
¿Cómo será la evolución de Internet capaz de devolvernos una única identidad virtual? ¿De qué manera confluirán factores como la tecnología, el mercado y los usos sociales para ello? La tecnología es la que pronto hará que tipear un password se convierta en una antigüedad, al permitir que una computadora personal nos reconozca al apoyar la yema del dedo sobre un lector de huellas digitales, por ejemplo, o que un cajero automático no nos deje operar con nuestro banco si no puede leer nuestras pupilas. Los movimientos en el mercado están dando como resultado que casi todos los servicios de la red queden en manos de unos pocos gigantes, lo cual tiende a unificar las aplicaciones que usamos a diario bajo un mismo proveedor (ejemplo: con una misma cuenta de Gmail tienes acceso a tu correo, álbum de fotos, cuenta de Youtube, bitácora en Blogger, etc). ¿Y los usuarios qué, mientras tanto?
Un programador, un experto en IT (tecnología de la información) me pediría que tenga paciencia, seguramente. Me responderían que gurúes como Steve Jobs, el creador y dueño de Apple, entre otros, ya están procurando nuevos sistemas con una interfaz más intuitiva, más simple, menos alienante, más “humana”. Ojalá que todo eso llegue pronto y sea accesible para muchos y no para unos pocos. Porque yo quiero juntar todos los pedacitos de mí desparramados por la web en un solo lugar. Quiero volver a ser una. Con diferentes facetas, diversos intereses y ámbitos de acción, pero una sola persona. Así en Internet, como en la vida.
Sobre este blog
Hilo Mental
Carmen Ercegovich
¿Qué es un hilo mental? ¿El curso de los pensamientos? ¿Una finísima línea que ingresa por los recovecos de la razón?
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4 comentarios Escribe tu comentario
bandama4 dijo
Querida amiga Carmen me ha gustado este post,muy interesante el tema que tratas y en cuanto al comentario que me has mandado con respecto al Relato que he hecho es ficticio,es algo que hacemos muchos de los que estamos dentro de la Comunidad,en la que hacemos o escribimos pequeños relatos,como hay un grupo que se denominan el Club de los jueves que escriben relatos de toda índole,la mayoría muy buenos o por ejemplo el de mi amiga Nicky,entre mis amigos conocida como Nekane y cuando entres en su blog pica en cada uno de los que allí le hacemos sus comentarios.
Me gusta que te haya encantado mi relato pero no soy fotografo sino historiador y fotografo como afición.
Perdón si te he confundido no ha sido mi intención hacerlo,ya que respeto bastante tus comentarios y quiero que cuando puedas me los sigas mandado.
Cuidate,bsss.
bandama4 dijo
Entres los que te recomiendo para que veas los relatos que hay entre los amigos de mi casa te recomiendo :Crguarddon;José Ignacio Izquierdo Gallardo;Rosa Rosae; y JPolinya.
De nuevo te pido disculpas si te he llevado a confusión.
Cuidate,bsss.
emilio dijo
Pues a mí no me sucede lo que cuentas, Carmen. Debe se porque soy un poco simple, pero casi siempre que entro en una página pongo la misma clave y la misma contraseña. Sólo cuando en la web ya está 'ocupada' la clave o contraseña, me veo obligado a variarla. pero claro mi uso de internet es más limitado: No estoy en Facebook ni Linkedin, etc. Ah! y le pido a los 'gurus' que nos dejen descansar un ratito: cuando estamos comenzando a usar (no diría dominar) un gadget ya están sacando el siguiente...
emilio dijo
Para bandama: ¿otro historiador? Pues estamos apañaos...