18 Jul 2008

Olor a vagina [Relato erótico]

Escrito por: elena el 18 Jul 2008 - URL Permanente

Hoy De Lope se encuentra triste, tiene De Lope la cara languida y la espada caída, incluso su verga se encuentra apatica y con nadie desea hablar. De Lope ha sido atacado por el fragor del recuerdo y añora al excelente dramaturgo y actor Don Fernando Fernán-Gomez, le horripila a nuestro amigo Felix pensar que pueda pasar a la historia por tener un pene parlante, de la misma manera que Don Fernando pasará a la historia del vulgo como un viejo cascarrabias y mucho más si en los corrales de pativo visión española no hacen más que reponer obras de tipo menor.

!UN MOMENTO! Algo ha llegado como una exhalación (en este momento la verga se levanta con tanto impetú que empuja a la espada, y ésta hace lo propio con la jarra que se encuentra sobre la mesa y media onza de cariñena cae sobre el vestido de una doncella). Os pido mil disculpas, bella dama, ha sido mi espada..(En ese momento la verga de De Lope se pone a cantar FIEL ESPADA TRIUNFADORA, modificando la letra a su antojo para enojo de nuestro amigo).

El acompañante, un tal Ariel Von Ajax, de tan bella doncella se relame al pensar como podrá limpiar vestido, enaguas y demás paños menores...La doncella está empapada e intenta limpiarse en vano mientras escucha pasmada a la verga parlante.....Vino de Cariñena sobre tu tallo, oh! tus pechos también están mojados y más tus ropajes....¿quizás tus nalgas? y Von Ajax, capitán de los tercios de Flandes, coloca presto su mano bajo las enaguas de nuestra bella doncella y acaricia con avaricia la vulva empapada de vino y nectar apocríno.

Tiene la verga de De Lope miedo. La verga no embiste aquella vulva, no hace petición de llave..Aunque nuestro amigo Felíx se acerca a la doncella que espera con gusto la suerte de varas. A los primeros capotazos la verga desaparece con media verónica. Todos en la taberna enmudecen, ¿está la verga parlanchina enferma?.

Han pasado las horas y atardece, De Lope acaricia a su bastón que yace lánguido en forma de trabuco. Amiga,¿qué sucede?. Entonces el glande se achichona y como tomando aire: Exclama, !pardiez no huelo! y en semejante corrida he sido capaz de dar dos buenos pases. Me he perdido entre los efluvios universales del sexo y lo que vosotros llamabais vino. Verás amo y señor, yo nunca he distinguido entre efluvios y malos olores, simplemente mi cabeza metía por donde yo más caldo veía. ¿Cual es el olor de una vagina? ¿Jamás podré saberlo?.

De Lope acaricia su trabuco que reposa enorme sobre sus muslo derecho y con estas palabras le consuela: Mira, Parte de mi Arte, la vagina huele a recién nacido, a mar intenso y revoltoso pero también oscuro y profundo.

La vagina amigo mío huele a polla tiesa, pues jamás ha visto una vagina un pene no tieso; no quiere la vagina sable morcillón pues aunque sable es de condición endeble y no cumple su función.

Además amiga mía, no desesperes pues aquestos: !Pollones Todos! acudirán gustosos para cantarte el sabor de vulvas, vaginas y algunas formones.

12 Abr 2008

Biciosos [Relato erótico]

Escrito por: elena el 12 Abr 2008 - URL Permanente

No hace mucho, paseando por la ciudad, me topé con un anuncio pegado en la pared de un portal. En grandes letras titulaba Biciosos y un poco más abajo: Ven con nosotros, lo pasarás bien. Finalmente un número de móvil.

Me hizo gracia la doble intención del nombre y pensé que algo divertido se avecinaba en caso de ponerme en contacto con ellos. La misma tarde, después de ducharme, les llamé. Al otro lado del aparato contestó una voz masculina, agradable, algo formal y con un punto de seducción que me atrajo ligeramente. Era un servicio de paseo en bicicleta, eran amantes pero de la bicicleta. Me sentí decepcionada y quise despedirme lo más rápidamente posible. El muchacho (ahora era más jovial) me rogó que probase con un "No te arrepentirás" que se me clavó en el chichi. -Pasaremos a buscarte a las nueve, una chica y yo- me dijo, y nuevamente pensé que me estaba equivocando y lo mejor era ir al cine o quedarme con mi amiga Consuelo.

Andaba yo pensando como darles largas a Sergio y Estibaliz montados en bicicleta, cuando sonó el timbre. Era el pesado del vecino de abajo que venia a verme las tetas. ¿Un poco de aceite para cocinar? Claro, espera que te lo traigo ahora mismo, pasa, pasa...no te quedes ahí. Y ahí se queda mi vecinito, pasmadito, no es capaz de dejar de mirarme las tetas ni de pasar de medio pasillo. Un día me lo tiro, pero me sabe mal quitarle al hombre sus fantasías: Seguro que sueña en follarme de forma descomunal pero el pobre no creo que fuera capaz ni de aguantar un polvillo.

Tanto aceite y tanta leche y al final me llaman nuevamente al timbre y me pillan en bragas (literalmente hablando). Por el interfono dije que no tardaba más de dos minutos en bajar (estuve tentada de de ponerles una excusa para no ir, pero pensé que un paseo con bicio podía sentarme bien).

Lo dicho, no tardé más de dos minutos en bajar las escaleras y veinte en terminar de vestirme. Me puse algo comodo, pero nada deportivo. Al salir del portal me topé con ellos dos, sobre una bicicleta de tres plazas. Aquella imagen me dió algo de risa, estaban perfectamente equipados, iban vestidos completamente de ciclistas. Ropajes que no les sentaban nada mal. El chico estaba muy fibrado, me llamaron la atención dos cosas: Sus esculturales piernas (señal de que no mentian, lo cual me jodió pues me ví dando 300 vueltas a la manzana con esos dos plomazos) y la ausencia de vello en brazos y piernas. El bello es algo imprescindible en un hombre que pretenda recibir de mi la más mínima atención sexual. La chica era un chico, me explico: Pelo corto, algo pecosa, ojos verdes y cuerpecito de junco japonés. Se notaba que estaba cachas, no tenía ni una sola curva.

Con un: HOY NO FOLLAMOS interior, suspiré y después de las presentaciones de rigor monté en el sillín del medio. Y nada, se pusieron a pedalear y a joderme las espinillas. Me costó un coño aprender a sincronizarme con Sergio y Estibaliz, vaya panda de....

La del medio de los chichos no se dió por vencida y cuando llegamos a un repecho y aquel culo se puso en pie y aquellas piernazas se encogieron para luego estirarse con fuerza hacia arriba dando un arreón de muerte. Mi chichi que también notó aquellos arreones perfectamente sincronizados me dijo: Hoy follamos Elenita. El culo del tio era algo puntiagudo y pequeño pero era el principio de un hermoso y musculado recorrido. Agarré semejantes columnas con mis manos y sin recato busqué el paquete de Indurain. Vaya pedazo.

Vaya pedazo ostia me soltó la Estibaliz. La madre qué...la tía tenia fuerza, me sujetó por el brazo y dijo al oído. Yo también quiero ¿eh? Y después de soltarme el brazo metió la mano sin pudor bajo mi asiento. Aquello no eran dedos, eran cinco pollas hurgando en todas mis interioridades. Me puso a cien. Era increíble la fuerza y habilidad que tenía. Mientras tanto, comencé a masajear el pollón de el Rey de la montaña. Le dije que fuera más despacio que ya habíamos pasado la meta volante. Nos reímos los tres.

A la tía la calé desde el principio, estaba buscando que me corriese, seguramente no le gustaba del todo que metiese mano a su chico. Dejé de pedalear y me puse en faena. Mano izquierda sobre los pechos de mi retaguardia, mano derecha (la más fuerte) sobre la bomba de inflar de Indurain. Quien nos viera por la ciudad debió pensar que eramos una atracción de circo haciendo acrobacias.

Finalmente paramos, la bici cayó al suelo pero mis manos seguian manejando la situación. Sujetando sus genitales los acerqué a mí. Me agaché y bajé el mallot amarillo a Sergio, morado se estaba poniendo viendo a su chica pajeada vilmente por mí. Se besaron en la boca. Chupé polla cuanto pude pues la vuelta ciclista estaba a punto de finalizar. El chico se corrió sobre la hierba del parque. En aquel momento me fijé en la Luna y en los ojos de la chica, la ví un punto de tristeza o quizás estaba a punto de correrse. Me incoporé y cambiando de mano (la más fuerte) la besé suavemente. ¿Has visto la Luna? Ella miró la Luna. Indurain me penetró y me dijo algo al oido, quizás también me habló de la Luna pero yo ya estaba en ella o quizás estaba a punto de tener mi primer orgasmo.

Las dos chicas nos besamos, ella sonrió al verme estremecer, yo también la sonreí. Nos abrazamos mientras el cliclista me penetraba y empujandome a mí la empujaba a ella.

Después de magrearnos bien, después de un par de orgasmos y unos besos deliciosos, bajamos por la pendiente con el viento acariciando nuestras caras. Bebimos agua fresca y me dejaron en casa.

Por la noche, me llamó Consuelo pero la metí en el segundo cajón.

09 Feb 2008

La novia de la suerte [Relato]

Escrito por: elena el 09 Feb 2008 - URL Permanente

Me apellido Salvaje y soy detective privado, el detective Salvaje y así echas las presentaciones diré que no trabajo o mejor dicho; que no suelo trabajar mucho. Y será por falta de clientes que desean conocer qué hace su mujer por las mañanas después de llevar los niños al colegio. Simplemente me gusta trabajar poco. Cosa muy distinta es mi pasión por la investigación, aunque nuevamente investigar, investigo poco; me explico: los clientes no quieren que yo investigue, lo que pretenden de mí es que yo descubra a su pareja haciendo algo que ellos piensan que ellos harían. Estaremos de acuerdo que investigar y descubrir no son la misma cosa.
Para colmo de males añadiré que los seres humanos somos generalmente descubridores y no investigadores. Al encontramos algo completamente nuevo automáticamente adoptamos la postura del descubridor (erguidos y estupidamente inmoviles, señalando hacia algún lugar con el brazo en alto mientras las palomas nos llenan de mierda).

Un buen día descubrí los cuentos de alguien que firmaba sus relatos como La novia de la suerte, escribía en PajeARTE, un portal de artistas que te masturbaban con sus obras, la autora, La novia de la suerte, tenia una veintena de cuentos y puedo asegurarles que todos ellos cumplian con creces su cometido. En una sola noche leí todos sus cuentos, a la mañana siguiente tambien lo hice, los dias siguientes los agrupé por tematicas y en una sola noche los lei de nuevo. Finalmente me enarbolé de ella, necesitaba conocerla.

La autora de Amor en el primer piso del paraiso no daba ningún tipo de seña para poder contactar con ella. Afortunadamente el medio en el que escribía dejaba tantas huellas que que permitia encontrarla con la misma rapidez en el que esas mismas huellas digitales tardaban en desaparecer. Era necesario contactar con un experto en la materia informática y mi amigo y anitguo socio Azorín era la persona adeacuada.

Azorin era un experto en nuevas tecnologias y aunque tenia un negocio que le habia procurado una pequeña fortuna continuaba realizando tareas de investigación para sus amigos y mucho más cuanto más complicado fuera el caso. La principal diferencia entre él y yo era que Azorín investigaba y llegaba a alguna conclusión, yo nunca concluí nada.

Azorín tenia una emprea que montaba espacios virtuales para amantes, por una pequeña cantidad al mes, creaba un espacio privado en Internet con todo lo necesario para que una pareja de amantes pudiera llevar a cabo su relación amorosa. Su empresa daba servicio a cientos de miles de clientes, era un meuble internacional. Con sólo seis meses de antiguedad el sitio contaba con más de diez mil clientes en su mayoría hombres que una vez dados de alta y debidamente registrados invitaban a su pareja o a quienes quisieran que fuera su pareja. Más por un asunto de fiscalidad que por amor al arte, Azorín creó una fundación artisitca llamada PajeARTE, pero como Azorín tenia mala suerte, todo lo que creaba se convertia en oro y PajeARTE era uno de los sitios menos conocidos pero más visitados de la red. Allí conocí las obras de mi heroina y allí estaban escondidas bajo complejos sistemas de cifrado los datos personales que me permitirian dar con ella y finalmente quizaás conocerla.

Yo no era ningún experto en informática y convencer a Azorín de que reventase las medidas de seguirdad de su propio sistema informático era descabellado. Decidí hacer lo que mejor se hacer: rendirme. Rendido me dirigí a las oficinas de Azorín dispuesto a contarle mi historia y pedirle su ayuda.

LA NOVIA DE LA SUERTE.
No me andé con rodeos, mostré los relatos a mi amigo y sin dejar tiempo para que terminará de leer el primero de los relatos (creo que era, Amo a todos mis hombres) le dije que necesitaba conocerla en persona, y dada nuestra amistad confesé todo lo que sentia por ella.

-Todavia recuerdo la ultima vez que te enarbolaste de alguien- dijo Azorin
-Más bien, tremolé por ella y son cosas muy distintas- respondí al instante.

Mi amigo intentó recordarme viejos tiempos, parecía que supiese lo que yo iba a pedirle e intentaba amedrantarme para quitarme aquella idea de la cabeza.

-Necesito hablar con ella, con la autora o quien quiera que sea- dije yo, mientras me levantaba nerviosamente del sillón.

-Es militar, capitán para más señas. Una capitana de la Legión ¿Qué te parece?. Una autentica dama del sado-maso. No me extraña que quieras conocerla sus relatos levantan pasiones en mucha gente....Debo reconocer que yo leo sus relatos de forma asidua, me ponen muy berraco..- Azorín soltó todo eso de un tirón, no parecía estar sorprendido por mi petición.

-Lo harás, ¿Me darás sus datos?- Dije sentándome nuevamente, aunque debo reconocer que estaba dispuesto a ponerme de rodillas allí mismo.

-Estás como una cabra Salvaje- y entonces Azorín apuntó como quien firma un talón que firma muchos talones la dirección de ella. Solo te daré su cuenta de e-mail, utiliza el truco de la botella y el naufrago..., no sé, búscate la vida, pero no dejaré que me jodas el negocio por una nueva locura tuya.

- !Gracias!- dije sin ningún disimulo.....No te preocupes, con la cuenta de correo tendré suficiente para contactar con ella. Además el sistema del naufrago nunca falla.

No sabía a dónde me llevaba todo esto, ni tan siquiera sabía la forma en la que yo deseaba que terminase todo. Me sentía como un escritor que no sabe a dónde le llevan sus personajes. Azorín me estaba dando un talón hacia la aventura, hacia lo desconocido. Leí aquel papel una y otra vez.

Al llegar a casa, y después de masturbarme me di cuenta que algo no estaba funcionando bien. O eran mis mareos (los curas tienen razón, masturbarse provoca ceguera y mareos) o era mi instinto que me decía que Azorín estaba muy equivocado. No conseguia imaginarmela follando con legionarios barbudos y con negros musculosos, guapos latinos, bebiendo copas de rón con cabos gastadores y haciendo juegos lascivos con la cabra de la legión.

-Es la novia de la suerte y no la novia de la muerte- Dijo mi instinto.

Busqué entre sus relatos, y efectivamente, tuve una revelación, ELLA amaba el AMOR, no es una AMA dominante, ella AMA EL AMOR. Lei toda la noche, mi instinto me dijo que quizás hubiera un relato que permitiese encontrarla.

-Dejame leer todos los relatos otra vez- Dijo mi instinto.

Aquí está, señor Salvaje, aquí es donde ella se encuentra, lee. Se trata de un relato no erótico y no debería estar aquí, pero es el relato que te dirá el lugar donde se cuentra.

LAS FABULAS DE LA AMANTE PASAJERA.

La mañana estaba naciendo en la isla de Wight. Desde mi camarote podía verse el resplandor gris en aumento que flotaba sobre el pequeño puerto. Apuré mi café para prepararme otro y miré al cielo espiando a la lluvia. A pesar de estar amaneciendo, las nubes parecían huir del mar para refugiarse en la costa. El sentimiento de estupor de la mañana fue cediendo a un sentimiento de inminencia que, felizmente y como siempre, no apuntaba a nada en concreto.

Decidí ir caminando desde el puerto hasta la estación de ferrocarril. Cuanto más caminaba más gente encontraba por las calles. Comenzó a llover. Me refugié en unas galerías con olor a manzanilla. En la calle, la gente continuaba caminando con toda normalidad, bien abrigados y provistos de paraguas, y ahí me quede, ensimismada, con las gentes, sus caras y la lluvia.

Oí cantar a Jevetta Steele y su Bagdad Café. Buscando los altavoces, caminé por el interior de la galería dejándome guiar por la música. El bullicio y mi pésimo oído me despistaron varias veces. Cuando llegué a la altura de los altavoces, Jevetta se había marchado del café y en su lugar sonaba otra canción. Imaginé que esa otra canción llamaría ahora la atención de alguien que, sin duda, se podría sentir atraída igual que yo y, más tarde o más temprano, terminaría en ese mismo lugar.

Esperé de pie, bajo los altavoces, el final de la canción. Llegaron dos señoras cargadas de bolsas y una invitó a otra a tomar un café. Llegáis tarde, pensé, esa ya la han puesto, aunque en realidad sabía que no estaban buscando canciones para evocar sentimientos, esas cosas no suelen funcionar nunca, al menos a mí nunca me han funcionado. La mayor de ellas me miró fijamente, con un aire entre familiar y rutinario. Extrañada, le aguanté la mirada y, después de unos instantes, me dijo: Te esperan dentro, señalando las puertas de un cine que hasta el momento no había visto.

Entré en el cine sin más pausa que la necesaria para dar las gracias a una señora con pinta o mirada de portera. No había abierto todavía las puertas de la sala cuando una mano encima de mi hombro hizo que me girara. Era la taquillera. En el cine podía estar esperándome el mayor de los misterios, pero debía pagar la entrada antes de descubrirlo. Mientras pagaba en taquilla cerré los ojos disimuladamente para no ver el cartel de la pelicula.

Finalmente, me encontraba dentro. En la sala había mucha gente, demasiada. Recordé que era sábado, pero las once de la mañana era muy pronto para ir al cine. Caminé por el pasillo, se apagaron las luces y se hizo un gran silencio. Instintivamente me dirigí a las filas del principio, donde siempre suelo sentarme, de tal manera que la película más que verla se me cae encima. Recordé que alguien me estaba esperando, que me habían citado aquí, en un cine de isla de Wight. Me dejé caer en el primer sitio que encontré. A mi derecha tenía dos asientos libres y el resto ocupados, a mi izquierda el pasillo.

La gente miraba atentamente la pantalla, pero algo me decía que yo no debía hacerlo. Intenté mantener la cabeza al frente, pero al verme en la pantalla volví a girarla de nuevo. De repente la gente comenzó a reírse, oí mi voz saliendo de los altavoces, recordé la escena, pero ¿qué hacía yo allí? No soy actriz, profesional quiero decir, tengo mi máscara y esas cosas, pero ¿en un cine? ¿qué hace mi vida en un cine? ¿Qué hacía yo en un cine? Comencé a meterme en la película observando las reacciones de la gente. No todos se sonreían, detecté gestos de desaprobación, me pregunté el motivo. Dudé si mirar a la pantalla o no, finalmente no lo hice y me concentré en los diálogos. Me eran familiares pero apenas podía situarlas en el tiempo, sabía que era yo, pero no cuando ni donde. ¿Era la película de mi vida? ¿De toda? ¿Si me quedaba y miraba, podría ver mi futuro? O ¿simplemente era mi pasado y la película acabaría con un grupo de gente saliendo de la sala de cine donde nos encontrábamos?

Me esforcé por ignorar las reacciones del público. Si algo no les gustaba que se fastidiasen, así era yo y, a fin de cuentas, era mi película y yo no les había invitado a verla. Miré el reloj, llevaba cerca de cinco horas en la ciudad. Un tiempo excesivo, me dije. Ya debía estar en la estación, haciendo tiempo, simplemente, esperando para coger mi tren y nada más.

No tengo ganas de ver mi vida, mejor dicho, no tengo ganas de que los demás vean mi vida, mejor aún, estoy harta de que la gente vea la vida como si de una pelicula se tratase. Decidí levantarme y, al hacerlo, la sala se inundó de un tono azulado mientras se oía el murmullo del mar. Miré para asegurarme, efectivamente las nubes parecían huir de algo... Volví a sentarme, esta vez muy atenta a la pantalla.

Me quedé esperando, escena tras escena, por fin me vi montando en el tren hacia Francia cruzando el canal de la Mancha. La isla de Wight quedaba atrás. En la siguiente escena ya era medio día, no había ni rastro de las nubes y tú apareciste en el segundo vagón, dos asientos más adelante. Me fijé en ti en seguida, eras justo lo que necesitaba.

Todavía quedaban dos horas de viaje hasta llegar al final de la parada, tiempo suficiente para poder conocerte y contarte cosas como este pequeño cuento que ahora te estoy contando. Me levanté de la sala y corrí hacia la estación. Me sentia afortunada.

FIN.

Ahora sabia donde encontrar a La Novia de la Suerte: En mi imaginación.

FIN

20 Dic 2007

kisu [Relato]

Escrito por: elena el 20 Dic 2007 - URL Permanente

Desde mi mesa pude ver como, en la barra del restaurante, un joven ejecutivo sin americana le dice al camarero que le sirve la copa <<he cumplido 58 de los 80 objetivos que tenia asignados para este mes>>. <<Y estamos a día diez>> -dijimos los dos al unísono-, lo llevas muy bien pringao- pensé. El restaurante era agradable aunque demasiado extraño para mí, no parecía estar en mi ciudad, demasiado lujo y demasiada luz.

Acabábamos de sentarnos y Aki, mi acompañante, ya se había marchado al tocador de señoras. Unas mesas detrás de la nuestra, un hombre con pinta de viejo profesor de filosofía parecía esconderse tras el humo de su pipa. Tenía un libro encima de su mesa, Joyce, colocado en el extremo más alejado, como si estuviera decidiendo comenzar su lectura o aplazarla definitivamente. Por imitarle, encendí un cigarrillo mientras me decía e imaginaba qué tipo de conversación tendría con Aki, una mujer a la que apenas había visto una sola vez en una estancia relámpago de Roberto y ella en Barcelona. Simplemente les llevé al aeropuerto camino de ¿Malasia? Soy incapaz de recordar, Roberto no para de viajar. Apagué el cigarrillo cuando Aki volvió a la mesa. Al escuchar su pregunta caí en la cuenta de que no había pensado nada para entablar una conversación con mi acompañante y sin darme cuenta me había dejado llevar por el recuerdo de aquella primera visita y la gran impresión que Aki causó en mí.

- ¿Conoces mucho a Roberto? -dijo Aki. No pude dejar de mostrar sorpresa, una de las preguntas que estaba barajando antes de que se sentara, y antes de Joyce, era algo así como ¿Qué sabrá ella de mí? En ningún momento imaginé semejante desconocimiento. -!Somos amigos de la infancia!- dije, intentando no gritar, mientras encendía otro cigarrillo y buscaba mi copa.

Mi bella y oriental acompañante no pareció violentarse con mi respuesta. Contestó, en un perfecto castellano, -¿ah, sí? ¿Y cómo es?- y lanzó una sonrisa de complicidad. -¿Muy introvertido verdad? - dijo uno de los dos mientras el otro asentía con cabeza y mano. Nos servían el helado cuando finalmente le mostré un libro -toma, te he comprado un libro para el viaje de mañana. ¿Cuántas horas de vuelo tienes hasta Japón?- Dije, por no piropear sus ojos negros.

¡Uf!, ¿tantas? Ya, claro, estás acostumbrada, viajas mucho, ya. ¿Conoces al autor? Bueno, creo que te gustará. ¿De qué trata? Pues de una mujer exiliada y viuda que lucha por no olvidar el recuerdo de su marido y su patria. No, no, no es un drama, incluso es algo erótico, muy ambiguo, eso sí. Este escritor es muy filosófico. Te gustará. ¿Dedicatoria? Espera, veamos que te pongo, sí, firmaré con mi nombre de guerra, -pero terminé mi dedicatoria con un Tasogare Seibei (El Ocaso del Samurai)-. No, no lo soy, pero sí estoy en mi ocaso.

Me sinceré, aunque creo que lo llevaba haciendo toda la noche y le dije que todo lo que olía a Roberto me producía una enorme tristeza y, en el mejor de los casos, melancolía. No, tú no, pero además tú no hueles a Roberto. ¿A qué? Hueles a Daka (desnudez).
-No, no sé hablar japonés, unas pocas palabras nada más- Dije en tono de disculpa.
Le hablé de las cartas escritas por Roberto. -Claro, Roberto y sus cartas, otra cosa no, pero escribe de maravilla, es una delicia leerle, ¿verdad? - Dijo ella.

-Y esas cosas que me has contado de Roberto, ¿se las contaste a él, de samurai a samurai?-....- Ya. ¿Y qué contestaba? ....Nada, claro- Y Aki me miró con una bonita cara de complicidad pero como diciendo...bueno sí yo te contara.

Después de estas preguntas la expresión de Aki cambió ligeramente. Por primera vez su mirada fue esquiva, quizás estaba pensando en sincerarse también y no lo hizo por intuir que seguramente yo lo sabría todo de ella.

-Venga, qué más palabras conoces, - Dijo ella, en forma tan desafiante como desenfadada.

-No sé, déjame pensar: Bonita, no sé decirlo y ¿me das la mano? tampoco- y suspiré (en broma, claro).

Entonces colocó su mano sobre la mía y dijo de forma muy delicada Kisu. Me incorporé levemente, coloqué el codo sobre la mesa y, rozando levemente mis nudillos sobre su mejilla, llevé mi cara hacia ella y lo hice, muy suavemente.

16 Dic 2007

Ama Amor. [Relato no erótico :) ]

Escrito por: elena el 16 Dic 2007 - URL Permanente

Me apellido Salvaje y soy detective privado, el detective Salvaje y así echas las presentaciones diré que no trabajo o mejor dicho; que no suelo trabajar mucho aunque no es por falta de clientes que quieran saber qué hace su mujer por las mañanas después de llevar los niños al colegio. Simplemente me gusta trabajar poco. Cosa muy distinta es mi pasión por la investigación, aunque nuevamente investigar investigo poco; me explico: los clientes no quieren que yo investigue lo que quieren de mí es que yo descubra a su pareja haciendo algo que ellos piensan que ellos harían. Estaremos de acuerdo que investigar y descubrir no son la misma cosa. Para colmo de males añadiré que los seres humanos somos generalmente descubridores y no investigadores. Al encontramos algo completamente nuevo automáticamente adoptamos la postura del descubridor (erguidos y estupidamente inmoviles, señalando hacia algún lugar con el brazo en alto mientras las palomas nos llenan de mierda).

LA HISTORIA DE AMA-AMOR.
Un buen día descubrí los cuentos de alguien llamada Ama-Amor, escribía en PajeARTE, un portal de artistas que te masturbaban con sus obras, la autora, Ama-Amor, tenia una veintena de cuentos y puedo asegurarles que todos ellos cumplian con creces su cometido. En una sola noche leí todos sus cuentos, a la mañana siguiente tambien lo hice, los dias siguientes los agrupé por tematica y en una sola noche los lei de nuevo. Finalmente me enarbolé de ella, y necesitba conocerla. La autora de Amor en el primer piso del paraiso no daba ningún tipo de seña para poder contactar con ella. Afortunadamente el medio en el que escribía dejaba tantas huellas que que permitia encontrarla con la misma rapidez en el que esas mismas huellas digitales pudieran desaparecer. Era necesario contactar con un experto en la materia informática y mi amigo y anitguo socio Azorín era la persona adeacuada.

Azorin era un experto en nuevas tecnologias y aunque tenia un negocio que le habia procurado una pequeña fortuna continuaba realizando tareas de investigación para sus amigos y mucho más cuanto más complicado fuera el caso. La principal diferencia entre él y yo era que Azorín investigaba y llegaba a alguna conclusión, yo nunca concluí nada.

Azorín tenia una emprea que montaba espacios virtuales para amantes, por una pequeña cantidad, creaba un espacio privado con todo lo necesario para que una pareja de amantes pudiera llevar a cabo su relación amorosa. Su empresa daba servicio a cientos de miles de clientes, era un meuble internacional. Con sólo seis meses de antiguedad el sitio contaba con más de diez mil clientes en su mayoría hombres que una vez dados de alta y debidamente registrados invitaban a su pareja o a quienes quisieran que fuera su pareja. Mas por un asunto de fiscalidad que por amor al arte, Azorín creó una fundación artísitica llamada PajeARTE, pero como Azorín tenia mala suerte, todo lo que creaba se convertía en oro y PajeARTE era uno de los sitios menos conocidos pero más visitiados de la red. Allí conocí las obras de mi heroina y allí estaban escondidas bajo complejos sistemas de cifrado los datos personales que me permitirian dar con ella.

Yo no era ningún experto en informática y convencer a Azorín de que reventase las medidas de seguirdad de su propio sistema informático era descabellado. Decidí hacer lo que mejor se hacer: rendirme. Rendido me dirigí a las oficinas de Azorín dispuesto a contarle mi historia y pedirle su ayuda.

LA NOVIA DE LA SUERTE.
No me andé con rodeos, mostré los relatos a mi amigo y sin dejar tiempo para que terminará de leer el primero de los relatos (creo que era, Amo a todos mis hombres) le dije que necesitaba conocerla en persona, y dada nuestra amistad confesé lo que sentia por ella.

-Todavia recuerdo la ultima vez que te enarbolaste de alguien- dijo Azorin
-Más bien, tremolé por ella. Son cosas muy distintas- respondí al instante.

Mi amigo intentó recordarme viejos tiempos, parecía que supiese lo que yo iba a pedirle e intentaba amedrantarme para quitarme aquella idea de la cabeza.

-Necesito hablar con ella, con la autora o quien quiera que sea- dije yo, mientras me levantaba nerviosamente del sillón.

-Es militar, capitán para más señas. Una capitana de la Legión ¿Qué te parece?. Una autentica dama del sado-maso. No me extraña que quieras conocerla sus relatos levantan pasiones en mucha gente....Debo reconocer que yo leo sus relatos de forma asidua, me ponen muy berraco..- Azorín soltó todo eso de un tirón, no parecía estar sorprendido por mi petición.

-Lo harás, ¿Me darás sus datos?- Dije sentándome nuevamente, aunque debo reconocer que estaba dispuesto a ponerme de rodillas allí mismo.

-Estás como una cabra Salvaje- y entonces Azorín apuntó como quien firma un talón que firma muchos talones la dirección de Ama-Amor. Solo te daré su cuenta de e-mail, utiliza el truco de la botella y el naufrago..., no sé, búscate la vida, pero no dejaré que me jodas el negocio por una nueva locura tuya.

- !Gracias!- dije sin ningún disimulo.....No te preocupes, con la cuenta de correo tendré suficiente para contactar con ella. Además el sistema del naufrago nunca falla.

No sabía a dónde me llevaba todo esto, ni tan siquiera sabía la forma en la que yo deseaba que terminase todo. Me sentía como un escritor que no sabe a dónde le llevan sus personajes. Azorín me estaba dando un talón hacia la aventura, hacia lo desconocido. Leí aquel papel una y otra vez.

Al llegar a casa, y después de masturbarme me di cuenta que algo no estaba funcionando bien. O eran mis mareos (los curas tienen razón, masturbarse provoca ceguera y mareos) o era mi instinto que me decía que Azorín estaba muy equivocado. No conseguia imaginarme a Ama-Amor follando con legionarios barbudos y con negros musculosos, guapos latinos, bebiendo copas de rón con cabos gastadores y haciendo juegos lascivos con la cabra de la legión.

-Es la novia de la suerte y no la novia de la muerte- Dijo mi instinto.

Busqué entre sus relatos, y efectivamente, aquella mujer no haría daño ni a una mosca, tuve una revelación, ELLA amaba el AMOR, no es una AMA dominante, ella AMA EL AMOR. Lei toda la noche, mi instinto me dijo que quizás hubiera un relato que permitiese encontrarla.

-Dejame leer todos los relatos otra vez- Dijo mi instinto.

Aquí está, señor Salvaje, aquí es donde ella se encuentra, lee. Se trata de un relato no erótico y no debería estar aquí, pero es el relato que te dirá el lugar donde se cuentra.

LAS FABULAS DE LA AMANTE PASAJERA.
La mañana estaba naciendo en la isla de Wight. Desde mi camarote podía verse el resplandor gris en aumento que flotaba sobre el pequeño puerto. Apuré mi café para prepararme otro y miré al cielo espiando a la lluvia. A pesar de estar amaneciendo, las nubes parecían huir del mar para refugiarse en la costa.El sentimiento de estupor de la mañana fue cediendo a un sentimiento de inminencia que, felizmente y como siempre, no apuntaba a nada en concreto. Decidí ir caminando desde el puerto hasta la estación de ferrocarril. Cuanto más caminaba más gente encontraba por las calles. Comenzó a llover. Me refugié en unas galerías con olor a manzanilla.En la calle, la gente continuaba caminando con toda normalidad, bien abrigados y provistos de paraguas, y ahí me quede, ensimismada, con las gentes, sus caras y la lluvia. Oí cantar a Jevetta Steele y su Bagdad Café. Buscando los altavoces, caminé por el interior de la galería dejándome guiar por la música. El bullicio y mi pésimo oído me despistaron varias veces. Cuando llegué a la altura de los altavoces, Jevetta se había marchado del café y en su lugar sonaba otra canción. Imaginé que esa otra canción llamaría ahora la atención de alguien que, sin duda, se podría sentir atraída igual que yo y, más tarde o más temprano, terminaría en ese mismo lugar. Esperé de pie, bajo los altavoces, el final de la canción.Llegaron dos señoras cargadas de bolsas y una invitó a otra a tomar un café. Llegáis tarde, pensé, esa ya la han puesto, aunque en realidad sabía que no estaban buscando canciones para evocar sentimientos, esas cosas no suelen funcionar nunca, al menos a mí nunca me han funcionado. La mayor de ellas me miró fijamente, con un aire entre familiar y rutinario. Extrañado, le aguanté la mirada y, después de unos instantes, me dijo: Te esperan dentro, señalando las puertas de un cine que hasta el momento no había visto. Entré en el cine sin más pausa que la necesaria para dar las gracias a una señora con pinta o mirada de portera. No había abierto todavía las puertas de la sala cuando una mano encima de mi hombro hizo que me girara. Era la taquillera. En el cine podía estar esperándome el mayor de los misterios, pero debía pagar la entrada antes de descubrirlo. Mientras pagaba en taquilla cerré los ojos disimuladamente para no ver el cartel de la pelicula. Finalmente, me encontraba dentro.En la sala había mucha gente, demasiada. Recordé que era sábado, pero las once de la mañana era muy pronto para ir al cine. Caminé por el pasillo, se apagaron las luces y se hizo un gran silencio. Instintivamente me dirigí a las filas del principio, donde siempre suelo sentarme, de tal manera que la película más que verla se me cae encima. Recordé que alguien me estaba esperando, que me habían citado aquí, en un cine de isla de Wight. Me dejé caer en el primer sitio que encontré. A mi derecha tenía dos asientos libres y el resto ocupados, a mi izquierda el pasillo. La gente miraba atentamente la pantalla, pero algo me decía que yo no debía hacerlo. Intenté mantener la cabeza al frente, pero al verme en la pantalla volví a girarla de nuevo. De repente la gente comenzó a reírse, oí mi voz saliendo de los altavoces, recordé la escena, pero ¿qué hacía yo allí? No soy actriz, profesional quiero decir, tengo mi máscara y esas cosas, pero ¿en un cine? ¿qué hace mi vida en un cine?¿Qué hacía yo en un cine? Comencé a meterme en la película observando las reacciones de la gente. No todos se sonreían, detecté gestos de desaprobación, me pregunté el motivo. Dudé si mirar a la pantalla o no, finalmente no lo hice y me concentré en los diálogos. Me eran familiares pero apenas podía situarlas en el tiempo, sabía que era yo, pero no cuando ni donde. ¿Era la película de mi vida? ¿De toda? ¿Si me quedaba y miraba, podría ver mi futuro? O ¿simplemente era mi pasado y la película acabaría con un grupo de gente saliendo de la sala de cine donde nos encontrábamos? Me esforcé por ignorar las reacciones del público. Si algo no les gustaba que se fastidiasen, así era yo y, a fin de cuentas, era mi película y yo no les había invitado a verla. Miré el reloj, llevaba cerca de cinco horas en la ciudad. Un tiempo excesivo, me dije. Ya debía estar en la estación, haciendo tiempo, simplemente, esperando para coger mi tren y nada más. No tengo ganas de ver mi vida, mejor dicho, no tengo ganas de que los demás vean mi vida, mejor aún, estoy harta de que la gente vea la vida como si de una pelicula se tratase.Decidí levantarme y, al hacerlo, la sala se inundó de un tono azulado mientras se oía el murmullo del mar. Miré para asegurarme, efectivamente las nubes parecían huir de algo... Volví a sentarme, esta vez muy atenta a la pantalla.Me quedé esperando, escena tras escena, por fin me vi montando en el tren hacia Francia cruzando el canal de la Mancha. La isla de Wight quedaba atrás. En la siguiente escena ya era medio día, no había ni rastro de las nubes y tú apareciste en el segundo vagón, dos asientos más adelante. Me fijé en ti en seguida eras justo lo que necesitaba. Todavía quedaban dos horas de viaje hasta llegar al final de la parada, tiempo suficiente para poder conocerte y contarte cosas como este pequeño cuento que ahora te estoy contando.Me levanté de la sala y corrí hacia la estación
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Ahora sabia donde encontrarla: En mi imaginación.

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Historias de Elena

Blog sobre erotismo, utilizando la literatura como medio y especialmente los relatos, pretendo ocuparme de todo lo relacionado con las relaciones sexuales y no simplemente con el acto físico sino también con todas sus proyecciones.
No veas mi cuaderno como una provocación, intento liberarme de ciertos perjuicios y aunque no es sencillo, siento gran placer al hacerlo.

No es un blog pornográfico en el sentido estricto de la palabra (La real academia española define a la pornografía como "el carácter obsceno de las obras literarias o artísticas") aunque ciertos relatos puedan utilizar un lenguaje explícito. Me queda un punto cardinal que recorrer en el mundo de la literatura y no es otro que éste. Pretendo liberarme de la vergüenza, el miedo al que dirán y un largo y etc..y sentirme libre al escribir.

La calidad literaria es responsabilidad mía y respondo por ella. Intentaré mejorar día a día.

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