16
May 2013

Buda

Escrito por: mariapaz29 el 16 May 2013 - URL Permanente

Me molestó que no tuviéramos luz y que el agua supiera a polvo. Con el último rayo de sol subrayé las primeras páginas de la guía: caminaríamos hasta esos fabulosos templos entre los pozos empantanados que habían dibujado los monzones.

Por fortuna, por si Amador terminaba resfriado, había guardado antigripales en la mochila. Era nuestro primer viaje y todo tenía el color de las historias nuevas. De las personas del hotel me atraía su protocolo, su forma ceremoniosa de saludar, su hospitalidad y esa sonrisa que hacía que se me olvidara nuestra falta de comodidad.

Habían invitado a cinco familias como nosotros y nos pareció fantástico, aunque Amador no entendía nada de lo que estábamos haciendo y tenía siempre el pico cerrado y las manos en los bolsillos. De repente vi el brillo fulminante de cuatro linternas.

Mis mantas de lana se agitaron. Sentí que una horda de hombres descalzos y gordos me pisó. Tenían prisa y lo tumbaron todo a su paso. Amador desapareció entre un imborrable olor a coco. Sé que no era él a quien buscaban. Nunca debí aceptar el cambio de habitación. Tendrán que hacerle unas gafas nuevas y lavarle bien las encías por la noche.

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22
Abr 2013

El final de Amores

Escrito por: mariapaz29 el 22 Abr 2013 - URL Permanente

Cada noche el librero se levantaba de su colchón con un crujido que despertaba a Pushkin, el maltés ciego. Con cautela se dirigía al estudio y encontraba el ordenador todavía caliente. Ahí estaba la última página escrita. No le sobraba una coma, y lo que resultaba más sorprendente: contaba algo que había aparecido en sus sueños.

Esa noche le habían dejado narrada la escalofriante escena de cuando tuvo que desenterrar a su mujer en medio de un torrencial verano. Nadie supo que aquel librero había querido ver por última vez el cuerpo de Silvia Amores, un cuerpo desmitificado cuando lo halló todo repleto de caracoles verdes. Después de esa escabrosa visión, el librero dejó de llorar por Amores y decidió comprarse un ordenador para dedicarse a escribir. Los primeros días fueron los mejores. Abría en ayunas la página de Word y embargado de emoción se arrancaba, como si fueran piojos, de la cabeza los renglones.

Escribió cuentos de amor fugaz y poemas sobre perros aburridos. Escribió microrrelatos de soledad manchada de vejez y horneó personajes que sufrían de pinchazos de artritis cada vez que tomaban un café sin azúcar.

El librero no conseguía escapar de sus propias experiencias como autor. Pasados tres meses se hartó de teclear sus carencias y sus hartazgos rancios y sintió que lo que había creado no le interesaba a nadie. Hasta esa noche en la que empezó a ocurrir el fenómeno del ordenador.

Hacía mucho tiempo que Pushkin percibía algo extraño con ese portátil. De noche la pantalla empezaba a colorearse de letras negras. Las primeras veces ladró de miedo al sentir que alguien distinto a su dueño se apoderaba de las teclas, pero terminó por acostumbrarse cuando el librero encontró esas páginas maravillosas, calcadas de una mente mágica, la que él ansiaba tener, la que no podría encontrar ni en cien años de oficio. Las fue imprimiendo, una a una, sin revelarle a nadie el milagro literario que ocurría en su estudio.

No quiso enfrentarse a explicaciones. A una cierta edad, a los hombres les importa bien poco lo que sucede con su cuerpo, y confían más en la imaginación, en lo que ocurre lejos de los índices, los músculos y los pinchazos; porque llega un día en que las respuestas son menos importantes que las preguntas. Y la muerte es lo más cotidiano y a la vez lo más inexplicable que le pasa a un hombre; por más que éste sea librero y viudo.

Sumó doscientas páginas que se leían como el diario escondido de una amante. Su clímax lo había hecho llorar, le había enseñado la condensación de su alma en papel. El libro estaba a punto de finalizar. Si él había soñado lo que ahí aparecía, la historia era suya. Tendría que pensar cómo podría publicarla. Vendería sus recuerdos a los lectores, viajaría en tren para firmar en librerías, saldría con Pushkin a pasear con otros escritores. Volvería a hablar con alguien.

Los sueños del librero empezaron a ser los mismos de día que de noche. En ellos cesó de aparecer Silvia y unas chicas de treinta le acariciaban la calva y el perro. Se veía cenando foie y brindando con hombres que llevarían un puro en la boca; y estos sueños empezaron a escribirse en las páginas de su libro hasta que estuvo concluido.

El editor que llamó a su casa celebraba las primeras doscientas páginas, pero le exigió revisar las siguientes para considerar su publicación.

Pero Pushkin no volvió a oler al invitado fantasma que escribió la novela del librero, y éste dejó de sentir caliente su ordenador de madrugada, dándose a la tarea de sumar tantos finales fatales como su cabeza le pudo prestar.

Su soledad empezó a hacerle tanta compañía que volvió a sentir que amaba a Silvia con todos sus huesos.

Una noche la soñó radiante, sonriendo como la última noche que la besó: anciana y hermosa.

El ordenador volvió a encenderse. Las últimas páginas tradujeron los sueños del librero, quien amaneció muerto con el manuscrito entre las manos.

Pushkin ladró tan fuerte que pronto los vecinos entraron. Uno de ellos no tardó en leer el libro y en enviarlo a otra editorial.

Y aunque muchos lectores lamentan no haberla conocido, el libro de Silvia Amores saldrá en verano, pero tiene más finales que páginas.

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14
Mar 2013

Carta para Ricardo Bada

Escrito por: mariapaz29 el 14 Mar 2013 - URL Permanente

Aquí tienes un texto que precede a las confesiones que te prometí y no te pasé porque no te había desvelado mis fantasmagorías.
Ahora sabes que llevas chateando con una madre bipolar convulsa. Viciosa y llena de resquicios.
Que estoy medio loca, como dice mi terapeuta. Que debo tomar estabilizadores para el ánimo, me ruega.
Pero el sueño de la euforia que me llega cada tercer día es mejor que la cocaína.
Te lo juro. Cualquier bipolar te lo dice, cuando estás arriba el mundo es enano y te lo devoras.
Y cada palabra es más, y cada gesto llega más lejos, y tú, jodida bipolar estás ahí para los cuerdos, para que vean que tu locura es tan cierta como el sol, y que estás dispuesta a todo, incluso a cometer lo que llamas locuras. Ellos nos temen, sobretodo porque no tienen ni idea de cómo podemos vivir así, saltando la ebriedad a la cordura, que eso no es otra cosa que la tristeza.
Para mí no hay cordura, es ese momento de echarme en la cama y dormir la mona de haberme merendado el mundo. Que a veces son libros, a veces canciones, y a veces, fueron hombres, normal y mortalmente deliciosos. Algunas veces también son enanos de un solo cojón, que también ponen cachondas a las escritoras borrachas por Madrid.
Escritoras con pinta de todo, menos de escritoras. (Eso creo que lo piensa tu amigo Santi, que yo tengo pinta de todo, menos de escribir lo que escribo). Y él se muere por hincar, que ya lo sé, pero se me sale la vena del Opus, y me corrijo ante sus ojos, y me ve como su hija, y se lo piensa, y me llama, y me dice: ¿Ricardo no te conoce? si te ve, se desmaya y no vive para contarlo.
Y como prefiero escribir a seguir leyendo banalidades de mis alumnos, me pongo una canción que pinta una parte de mí y arranco. Así sin pensar, sin revisar si tengo mis tildes y mis espacios bien puestos. Puede que ni siquiera los corrija cuando te lo envíe.
Me gusta escribirle a alguien, manías de niña.
Y pienso en que toda mi maldad no es más que un pretexto imaginario, y que mi imaginación es mi motor, y que por lo mismo a veces soy rápida, y me meriendo el mundo, y lo entiendo, y me reconozco como un trozo de ella, de él, de aquel y de aquella. Del que me quiso y del que me querrá, del que me dijo que me quería y del que jamás podrá quererme.
Corrijo, lo leo, y añado que a veces soy lenta. No tan lenta como los lentos, pero intento parecerme a ellos.
Sigo sin corregir:
Soy una estantería de recuerdos que me sirven de inspiración. Almaceno millones de datos y funciono como una cámara de fotos. Colecciono ojos. Adoro quedarme con las miradas más profundas. Tuve ojos claros por muchos años, ahora veo más unos marrones que no son muy grandes y que siempre llevan gafas.
Me enamoro de los ojos de los demás. Puedo ver en ellos películas que nunca terminan. Escribo párrafos en sus pupilas, me divierto mezclando sus iris con recuerdos ajenos, sobreescribo diálogos dentro de sus ojos según sus mareas dramáticas, sus dolores y todo eso que cuentan cuando se abren y se cierran. Un buen párrafo en un buen ojo. Ojo que se larga y no tiene ni idea quién le ha pintado ese grafiti tan raro.
Robé tiempo, a mi también me robaron años. Aprendí a reír antes que a escribir. Me río de mí casi en cada hora de mi vida desde entonces. Adoro que me hagan reír, que me hagan llorar de risa es una de las mejores sensaciones que guardo. También me gusta llorar por rabia o por placer. Puedo llorar encima de un postre de limón, encima de una pierna y mientras conduzco. Alguien me enseñó a llorar manejando y es otra sensación que repito para acordarme de él. Lloro y río por los que están y los que no están, pero siguen estando. Nadie se va del todo, nunca. Permanecen quietos en mi retina, en mis escritos, en mis metáforas como si me hablasen dentro de mi cabeza. Me gusta conocer gente, pero si entran en mi memoria me estarán hablando como muertos vivientes por siempre. Maldición.
Muertos y vivos conviven en lo que escribo y en lo que hago. Veo muertos desde que tengo uso de razón, lo que pasa es que antes no sabía que ellos estuvieran muertos.
Esferas volantes, trozos de energía, muñecos que hablan. Ya lo he visto todo, lo he oído todo, y sé que es más asustador ver a un ex novio de los tremendos que ver a un muerto. Al final el muerto no tiene nada por qué luchar, no es culpable, no enamora, no hace daño, no pide nada, no me invita a un cigarrillo ni me llama en mi cumpleaños, no se me aparece mientras duermo ni me ha escrito cartas con dudosa ortografía.
Me canso, me cansé, me cansaré de ciertas historias a las que ya estoy acostumbrada. Pienso en el estereotipo extraño y rayado que he hecho de mí misma.
De la inconsciencia más brutal pasé a la cueva cómoda en la que mi libertad estaba apuntada en una libreta con pocas líneas. Pero por eso me he salido tantas veces de mis márgenes, y escribo en otras libretas, y me leo en otros, y escribo para otros que me interpretan por párrafos, o se aprenden mi mejor canción. Con eso les basta, supongo, porque si me conocieran en realidad no me aguantarían ni tres noches seguidas.
Parecen desvaríos, y puede que lo sean. Es lo que tiene escribir sin pensar y sin corregir, sin saber si inmediatamente voy a hablarte del olor a zapatos viejos del despacho de mi abuelo o de la primera vez que tuve piojos en la cabeza. Todo sigue ahí, en la turbia necedad de mi memoria.

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20
Feb 2013

Melville en la 209

Escrito por: mariapaz29 el 20 Feb 2013 - URL Permanente

No consigo terminarla. Llegué hasta la página 209. Herman Melville le roza una rodilla a Summer, y ella empieza a evaporarse como la lluvia. Siempre quise escribir que él besaría sus talones tibios.

Pero Summer no pestañea. Ni abre la boca. Su paquete de tabaco lleva doce años sin abrirse. Herman Melville la abrazará con brazos crepitantes el mismo día que caiga nieve en Cuba. Ay condenado Herman, tenías que haber llegado antes, porque Summer está muerta, y tú también. Y yo, que sigo leyendo la página 209 una y otra vez sin poder levantar el lápiz para terminarla.

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11
Feb 2013

Lanzamiento de Pop Porn en Madrid

Escrito por: mariapaz29 el 11 Feb 2013 - URL Permanente

Llegó la hora de estrenar Pop Porn en Madrid. Que sí, que se trata de un libro clandestino, como le decía al autor Juan Pedro Aparicio hace unos días.


Pero incluso los libros clandestinos pueden tener un lanzamiento. Así que el 20 de febrero, miércoles, nos reuniremos en Diablos azules, bar literario de Madrid, para leer algunos de los microrrelatos y para hacer parte de la tradicional jam session de escritura organizada por Carlos Salem.

Leeré uno, pero mis amigos con voces para idiotizar a los ángeles también leerán. Le he pedido a la cantante Ana Cámara que venga, también al periodista David García Martín, y de postre quiero que el cantautor José María Alfaya nos deje trastornados leyendo el microrrelato más poético y borgiano de Pop Porn.

Hora: 21.30 Requisitos: un bolígrafo para participar en la jam de escritura. A ellas les exijo que vengan en tacones para que podamos hacer luego una foto de pies de lo más fetichista. ¡Larga vida a Pop Porn! a la ficción descarada, y a los que quieran venir a celebrarlo

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04
Feb 2013

La leyenda de Alba Morena

Escrito por: mariapaz29 el 04 Feb 2013 - URL Permanente

Empezó de hablarse de Alba Morena en un día de calor. Dicen que su piel cambió de color y pasó de ser de pálida almendra para convertirse en tostada y brillante. Sus ojos encandilaron a los primeros que la vieron, pues resplandecían con el contraste de su bronceado.

Y desde la playa, mientras nadaba, podían verse los destellos que generaba su pelo rubio. Toda ella era un canto a las propiedades de la luz solar.

Disfrutaba desde el instante en que empezaba a calentar el primer rayo, porque ella era como una pila, y celebraba que todo su cuerpo sonriera mientras se recargaba. Un día de verano, Alba Morena empezó a enamorar en la distancia y a calentar corazones sin proponérselo, o eso dice la leyenda, pues ella conseguía dejar sin habla a los que se acercaban a admirar su placidez y el tono de su piel de caramelo.

Muchos soñaron con tocarla o ver sus ojos mientras leía tendida en la arena. Pero nadie se atrevió a molestarla. No se sabe cuánto tiempo ha pasado desde que Alba Morena tomó el sol en la costa por primera vez, pero sigue conquistando pretendientes. Alba Morena: tórrida y silenciosa, lectora voraz de piel brillante, muchos en la Costa del Sol la siguen yendo a buscar y de vez en cuando alguno dice que la vio, solitaria y hermosa, recargando sus baterías bajo el sol.

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16
Ene 2013

Este año prefiero que me llamen Pía Maraz

Escrito por: mariapaz29 el 16 Ene 2013 - URL Permanente

Quizá lo que busco en un momento como este es una paz empacada en silencio

Quizá lo que necesito es que me sueñe con los versos de un libro y me despierte con buena memoria

Quizá lo que necesito en este momento es un correo de Ricardo Bada

Quizá lo que necesito en este momento es que me dejes escribir, d e s p a c i o

Que me dejes entrar en tus ojos, las autopistas de tu mente que ya no es tabloide

Que me permitas coger tus 2013 neuronas para pintar grafittis en tu cerebro de pancake y miel

Quizá lo que necesite en este momento es conocer por qué me pusieron este nombre

¿A alguien le gustaría llamarse María Paz?

Si existe, le regalo mi nombre: ocho letras con una tilde sobre una i, y el mundo de significados que trae dentro.

Cierro los ojos y con dos dedos empieza a pintarse esto:

Escribiré sobre un fantasma que se coma la página, entero y blanco roto. Un fantasma que se ríe de mí, y de lo extraña que resulta mi vida entre ocho mundos diferentes.

Él me conoce y me hace confesar: “Soy mujer anfibia”

Con mis dedos dibujo mi literatura, que no es otra que la vida envuelta en palabras.

Y describir un cuartel de muchachitos desquiciados. Frenéticos, selváticos, adinerados, aguardientosos, pagadores de impuestos, compradores de libros y usuarios de Skype para escaparse a otra ciudad. Chicos malos incapaces de meditar, hijos de un país sin reglas, bebés de la violencia; niños de la guerra, jóvenes con el eco de una bomba entre sinapsis caníbales. Monstruos desgarrados por una felicidad que se confunde con su propia muerte. Nada como intuir el fin de la vida para sentirse eufórico.

Mi literatura propone un estado maravilla, un diario anti dogmas, una red social sin dioses ni promesas. Un cielo sin tetas, un álbum sin caras guapas, sin caras, todavía mejor.

Un tiempo que corra d e s p a c i o

Una letra que todo lo contenga, un ________________ como lo quiera el __________________

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17
Dic 2012

Lanzamiento de Pop Porn en Bogotá

Escrito por: mariapaz29 el 17 Dic 2012 - URL Permanente

Se publica en Colombia Pop Porn, el primer libro de microrrelatos eróticos ilustrados, escritos por María Paz Ruiz Gil (autora de “Soledad, una colombiana en Madrid” de Ediciones B) y dibujados por el maestro Fernando Maldonado.

Gracias al Museo Arte Erótico Americano (MaRea) este 21 de diciembre de 2012 será lanzado Pop Porn, un libro que responde a un sentir artístico transgresor y sensible a la vez, punzante y desgarrado; que resulta tan poético y tan humano que duele y huele.

Cada uno de estos microrrelatos, va ilustrado. Y al final, gracias al trazo del maestro Fernando Maldonado se ha figurado una puesta en página cercana al cómic.

En cuanto a los textos, se trata de una colección de relatos muy cortos y potentes que han sido definidos por algunos críticos como exponentes de un erotismo mágico.

En suma, Pop Porn es un libro tan artístico como literario, actual, sin barreras en su lenguaje, sin dramas y lejos de clichés.

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07
Dic 2012

Del inconveniente de haber nacido con un monstruo

Escrito por: mariapaz29 el 07 Dic 2012 - URL Permanente

Y el cuerpo se me rompe, y se estría con dolores que cantan. ¡Que sí, que se viene arriba! Esa adrenalina que bulle maléfica y casi divertida, por la que corro por valles de una locura plena y larga como un discurso teleférico de Fidel.

Aquí va mi carro, mi cuerpo, como un estallido, como una fiera me rompo en mis propios desequilibrios. Porque es maravilloso caerse, dice mi amiga Natalia. ¿Y te digo por qué? Porque luego viene la euforia y te tragas de nuevo el mundo (sin tenedor ni palillos chinos), y creas sin pensar en el sueño, y es tan cierto como que el tiempo se borra en las teclas. Y hasta termino diciendo que la mejor hora del día son las 9:60 de la noche.

Es que no avisa, solo se enciende el motor, que viene a ser un mundo de neuronas que ordenan que debo salir, que mi gran garganta blanca tiene que chillar. Y si hay hambre se espanta. Y si hay sed se calma con todo lo que no se bebe. Una vez tuve un cuerpo callado y flaco de impulsos. Luego se despertó un pequeño monstruo al que no le encontré la cabeza, pero mugía como un ternero desollado. Aterrador para el que lo vio por primera vez.

Ahora convivo con él, crece sin estar preguntando, me devora y me pone los zapatos y los audífonos para romperme a cachitos los oídos. Qué bien sienta esa batería, porque me mata este cansancio de estar subiendo y bajando de mi propio motor que no lleva gasolina ni sangre, sino música, renglones y toneladas de seres imaginarios.

Con letra o sin letra me pasa las canciones para que yo baile por las calles, para que hable sin que tenga ganas, para que tenga amigos íntimos en minutos. Y toda mi humanidad se desparrama herida, y creo que hay sangre en este proceso, pero no es sangre roja, eso sería demasiado clásico y pegajoso para mis neuronas. Cuántas veces he querido corregirme para no ver esa sangre. Infinitas. Y luego vienen las promesas, y hasta las oraciones que no se me olvidan, porque las llevo como piercings en el alma. Demasiadas horas intentando hablar con Dios en capillas blancas llenas de niñas ricas. Demasiados días comulgando por pasillos oscuros con hostias retenidas por un cura que nunca tuvo que haberlo sido.

Ya sé cómo va, pero no lo veo venir. Se instala mi monstruo, cual tipo maleducado que no puede echarse de la fiesta por mal comportamiento. Y lo llevo dentro, intentando que esté callado, como esos niños tristes de las fotos que se disparan por las desgracias mundiales. Pero al cabrón le da por hablar y por dejarme como un cuero. Le entran ganas de reírse y de desnudarse, de ponerse a boxear en los bares y de pedirse copas que luego a mí me salen caras.

Me hace sacar la tarjeta de crédito y por lo pronto celebro que le guste ir empeloto porque no me hace gastar euros comprándole ropa. No es tan feo como para asustar a nadie, pero hace poco se puso de frente, cobró su forma más animal y por poco mata de miedo a un amigo que intentaba preguntarme qué me pasaba. Creyó que podía atarlo o darle un cojín en el suelo, pero es que en esas ocasiones él no se doblega, y se ríe de los demás, que lo intentan aplacar como un animal sin patas que puede morder y amordazar. Duerme cuando yo me levanto, está quieto pensando si es mejor encender mi ordenador o poner un mensaje irónico por el teléfono. Aparte mi monstruo odia a mis padres y jamás los llama, ni siquiera los domingos.

No puedo matarlo de hambre, no necesita dormir, de vez en cuando fuma porque detesta la televisión. A él le encantan unas canciones que a mí ya me cansan, y unas películas belicosas en las que explotan miembros y botellas. Ama la música balcánica y el rock inglés de vinilo.

Pocos pueden hablar con él, solo los que llevan monstruos dentro, como mi amiga Natalia, que tiene uno anciano y nudista, uno que adoraba las sustancias y los amantes prohibidos. El monstruo de Natalia a veces se disfraza de mujer y le echa los perros a mi monstruo, y ambos se ríen porque van fumando empelotos y descalzos, contándose las batallitas insufribles que nos han hecho pasar. Y nosotras, casi avergonzadas, nos reímos de ellos al tiempo que colgamos por teléfono.

Otro día con él. Otro día intentando hablar en francés, o leyendo en rumano renglones descalabrados de un Cioran que a mí me mata porque descubro que el tal Cioran me fusiló las ideas antes de que yo naciera. Me plagió y escribió por mí, pero ya no puedo decirle por mail que eso no se hace, y que, por más que mi amiga Juliana sea abogada y que yo la quiera más que a mi propia vida, jamás podría denunciarlo o llevarlo a un tribunal para conjurados muertos.

Quizá mi muerto se reencarne en otro escritor con ganas de comer sin palillos el sushi, o de algún idiota que beba Coca Cola Light para mantenerse despierto al tiempo que se rompe los dedos delante de un ordenador.

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18
Nov 2012

Proverbio dominado

Escrito por: mariapaz29 el 18 Nov 2012 - URL Permanente

Él besa mis pies porque yo se lo ordeno. Le exijo que se tienda como si fuera una alfombra de piel que palpita inhumanamente por mí. Ordeno a sus manos para que se esté quieto, para que soporte mi peso, para que me haga grande a la vez que él se hace diminuto. Lo ordeno sin piedad porque a mí me ordenaron hasta el desencanto.

Sin pedirlo me enseñaron a mandar. Me convirtieron en dominante sin preguntarme si eso me gustaría. No tengo biblias, ni tampoco me interesan, pero en mi alma llevo grabado en sangre el proverbio: “El que trabaja, dominará; el perezoso será dominado.” Y lo repito para quedarme dormida, para encontrar paz en mi juego eterno.

Ahora hacerlo es mi vicio. Él se somete a mi voluntad, vuelve a mí porque está encadenado a mis caprichos, a mis insolentes palabras, y todo ese dolor destilado le da sentido a su injusta vida. Juego con su cuerpo, lo ato y lo desato a mi conveniencia, lo piso creyendo que jamás se rompe. Sin atender a sus límites, porque no atendieron a los míos. Ignoro si me quiere, porque mi trabajo es dominarlo, manipularlo es mi veneno y mi remedio. Este es mi juego. No pedí entrar en él, me dieron cuerdas, me dieron nudos y los uso. Tal vez nunca me dé cuenta de que permanezco atada a él, pero lo cierto es que cuando él se mueve, yo me muevo.

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Diario de una cronopia es un blog de microrrelatos Pop.

Encuentra más relatos en Twitter @mariapazruiz

María Paz Ruiz Gil es bogotana, vive en Madrid desde el año 2000 y se dedica a la enseñanza de microrrelatos. En 2011 fue declarada ganadora del X Premio Internacional de Relato Corto Encarna León. Publicó "Micronopia", un libro ilustrado de microrrelatos con la editorial Meninas Cartoneras.
Su primera novela, "Soledad, una colombiana en Madrid", fue publicada por Ediciones B y lanzada en la FILBO de Bogotá.
Su libro Pop Porn fue publicado por el Museo de Arte Erótico Americano en Colombia y por Ediciones Universidad Veracruzana en México.
Soy cronopia de nacimiento, aunque nadie nunca me lo dijo. Cronopia porque ni puede buscarse la palabra, cronopia porque así está bien, porque no le sobran letras a algo que no existe y que es a su vez mucho más fuerte que yo.

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2. Grandes exponentes del microrrelato en español
3. Lectura comparada de textos elegidos, con lo que se busca una visión crítica de las piezas presentadas.
4. Cómo crear un personaje al que le ocurre una historia, se hará un ejercicio para poner en práctica la capacidad de brevedad de los alumnos
5. Elaboración colectiva de un cadáver exquisito virtual entre los alumnos y la profesora, con el fin de trabajar el elemento sorpresa en la literatura.
6. Creación de dos piezas personales.
7. Crítica y corrección de las obras por parte de los autores. Se busca que la crítica se haga dentro del proceso colectivo, todos los participantes están en derecho de opinar sobre las piezas enviadas y de aportar sus comentarios.
8. Corrección y revisión de las piezas.
9. Normalmente busco que los alumnos puedan exponer sus trabajos en un blog de microficción.

Al finalizar el curso el alumno estará en capacidad de escribir piezas de ficción breve más potentes y conocerá mejor las herramientas de creación y engranaje de la ficción más corta y sorpresiva que existe: el microrrelato.