15
May 2012

Mina Tauro

Escrito por: mariapaz29 el 15 May 2012 - URL Permanente


He sentido los cambios. Son dolorosos. Mi nariz se ha ampliado hasta convertirse en dos agujeros tan grandes que aspiran cucarrones sin avisar. Ya no tengo pies, ahora me ha salido unas pezuñas para cuatro patas que no sé como van a resistir mi peso, porque mi piel se ensancha hasta romperse en carnes horriblemente negras y peludas, me redondeo por completo hasta cobrar una figura torpe e inabarcable. De mi frente despuntan unos dolorosos cuernos que crecen firmes como sables de color hueso.

Cambio de sexo y unas bolas grandes se asoman por debajo de mi vientre bamboleándose incómodas mientras intento correr. Llega mi hombre, pero esta vez sin corbata ni zapatos. Aparece vestido con unas medias rosas y un traje que emite unos espantosos destellos que casi me dejan ciego. Se acerca a mí con esos ojos que me gritan que quiere acabar conmigo con una espada afilada, una espada que brilla como su chaqueta roja. Me hundo en sus ojos y siento su terror por poseerme.

Los agujeros de mi nariz se expanden, levanto tierra entre mis patas y nos lanzamos a penetrarnos hasta la extenuación. Mi peso contra su agilidad. Mi cabeza enorme contra su frágil humanidad de macho diminuto. Me clava su espada al mismo tiempo que le clavo mi cuerno izquierdo en el hombro. Él sangra a borbotones; mi lomo escurre una sangre tibia que cae sobre la arena.

Sus padres aplauden mientras me tambaleo con la vista borrosa. Pero su espada cae al suelo y deja de brillar. Mi sangre brota incansable pero resisto el dolor. Lo he agujereado sin perdón y siento que su vida estaba entre mis cuernos sucios. Su muerte insulsa sale en los periódicos, a mí, entretanto, me llevan a un antro infecto maldiciendo mi nombre. - Hay que deshacerse de esta mala bestia -refunfuña un veterinario, sin atender a esa mirada ultrajada, a esos ojos de mujer que ha estado a punto de ser asesinada por su esposo.

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02
May 2012

Ariel y Fernanda. Manual de casualidad y olvido (parte uno)

Escrito por: mariapaz29 el 02 May 2012 - URL Permanente


Los hombres y las mujeres nacieron para reventarse con un sentimiento de cuatro letras, porque hay otro sentimiento que sacude tanto al alma como el amor, y es la misma muerte.

Se conocieron en una discoteca gay.

Él soñaba de vez en cuando con irse a la cama con otro hombre. Ella tenía claro que el mejor sitio para no sentirse acosada o acariciada por miradas lascivas era un bar homosexual.



Pero aquel hombre brotó de una esquina como el agua que cae perdida de una cañería: alto, bañado de fuerte oscuridad y de humo de cigarrillo.


Hay momentos en los que el tiempo se detiene entre las manos. Cuando Fernanda se estrelló contra sus ojos azules, dos esferas que traducían idiomas y que decían lo que las palabras no entienden; el tiempo se congeló.

Él era un trozo de identidad que se le había escapado. Por eso Fernanda lo abrazó mediante siete vueltas que le dio con sus ojos, y lo quiso desde el minuto cero.

Supo que ese hombre le pertenecía, aunque la sola frase pareciera una locura. Supo que se iba a parecer a él, porque eran espejos de la misma criatura.

Sufrió algo parecido al amor, al enamoramiento, a la adoración, porque los humanos viven en constante deseo por amar algo que los complete y les dé forma. Y el amor es un misterio que surge como el agua, sin avisar.


Para querer se necesita a otro sujeto, alguien que recuerde lo que se lleva dentro, alguien que haga reír a la piel, que mueva las neuronas, las cambie de puesto, alguien que pellizque el alma y que la retuerza hasta hacerla sangrar. Porque el amor duele.

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28
Abr 2012

Extracto de mi cuento Ariel y Fernanda. Manual de casualidad y olvido

Escrito por: mariapaz29 el 28 Abr 2012 - URL Permanente

Es curioso que más de la mitad de los amantes espontáneos tengan un contacto más largo de lo normal en su primer encuentro, pero es lógico si se tiene en cuenta que en esas horas es cuando más arden las capas de la soledad, y el corazón late con más fuerza, y la memoria quiere abarcarlo todo: el olor del cuerpo, el tacto de la piel, el sonido de los besos, las miradas curiosas abriéndose ante una barriga nunca vista, unos pechos preciosos, una cicatriz en el esternón, un lunar entre la nalga y la espalda, o esa cantidad imposible de calcular de pelos de diferentes colores naciendo del pubis, de las piernas y de la rasposa cara.

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12
Abr 2012

Dentro de nueve copas

Escrito por: mariapaz29 el 12 Abr 2012 - URL Permanente

Me vestí de tu religión, con más alcohol del que puedo aguantar. Debería abandonar el vicio. ¿Cuántos pensamientos pueden vivir en mí? Tantos como dioses, noches, comidas y rones.

Van dentro tantas copas como planetas definidos en los libros. Pero me canso de hacer tonterías, y de buscar en el fondo de un vaso tu pelo rozando una espalda de S.

Aquí me tienes, imaginándote mientras tú no me ves. Andando voy con la incertidumbre de saber si me golpeo o me golpean. Con resaca por un cura invisible.

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28
Mar 2012

La última cena (versión 3.0)

Escrito por: mariapaz29 el 28 Mar 2012 - URL Permanente

En una mesa alargada, bajo la promesa de un asado de tira, cayeron ruidosamente los doce apóstoles del amor. Un matemático, un actor de Bollywood, una madre de octillizos, un pintor escatológico, una joven poeta, dos neurocientíficos siameses, un meditador publicado en Boosks4pocket, dos indígenas que vinieran de lugares antipódicos, un músico electrónico, y por último, el cadáver incorrupto de una niña; codo a codo reunidos con la idea peregrina de redactar la definición para esa manida palabra a la que debían su apostolado.

Abrieron la noche los dos científicos que estaban unidos por las nalgas, y escribieron en la pizarra que el amor era un milagro neuronal. ¿O dos?

Acto seguido, el compositor electrónico encendió el reproductor de música y entre atronadoras baterías y teclados furiosos cantó a los apóstoles que no, que el amor era un tripi infinito. El actor de Bollywood empezó a moverse como solía hacerlo, con esa plasticidad ridícula que usaba para volverse famoso, y sentenció que el amor era una coreografía millonaria.

La madre se levantó, y en un instante los dejó atónitos con eso de que el amor era más hermoso que un parto múltiple. El matemático, que no había tenido hijos ni pensaba tenerlos, habló entre dientes para intentar convencerlos de que el amor era más misterioso que un número complejo. La poeta, cansada de escuchar ese alud palabras sin ritmo decidió proclamar que el amor era un verso mortal.

Las indígenas, haciendo uso de un traductor telefónico, escribieron con mala ortografía que el amor era una invención occidental, una palabra sin traducción para los de su tribu descalza y práctica.

El pintor escatológico, que no estaba sentado en la mesa sino jugando con caracoles muertos en el suelo, gritó que el amor era una mierda divina.

Por último, el meditador publicado en Books4pocket los convenció a casi todos para que repitieran de que el amor es el mantra peor aprendido.

El cadáver no habló, pero los siameses tradujeron sus extraños cambios de olor. Primero a excremento de burro, seguido por un tufo a setas con canela y pepperoni. Esa era la ecuación buscada, la esencia nueva del amor, así que entre todos la olieron hasta embriagarse. El músico sacó su portátil y detonó una canción brutal que inmediatamente compró el agente de la mismísima Stefani Joanne Angelina Germanotta (quien aparece con otro nombre mejor en Google), el meditador entró en trance y comenzó a brillar como un buda en ascenso, la poeta recitaba A Ballad Of The Mulberry Road con los ojos volados, y el actor intentó dominar su instintivo cuerpo frente al pintor escatológico, quien corría desnudo con un trozo de hígado de la niña muerta. La madre octilliza empezó a cocinarla en ocho sartenes, el matemático la partió en doce platos. Estaba exquisita, y entre todos descubrieron que la jodida niña tenía un sabor diferente en cada plato.

Las indias, tanto la Nimkish canadiense como la de Madagascar, salieron gritando con los ojos descompuestos corriendo de aquel carnaval funerario. Fueron las únicas supervivientes de aquella cena caníbal. Ahora son buscadas por la policía, y decenas de viajeros con dinero han llegado a sus poblaciones a preguntar a qué sabía la niña incorrupta que resolvió, sin abrir la boca, la ecuación más complicada del mundo.

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20
Mar 2012

Prohibido tocar

Escrito por: mariapaz29 el 20 Mar 2012 - URL Permanente


¿Estás preparada?

Claro que sí, llevo toda mi vida esperando por esto.

Sabes que será un poco impactante, que no debes decirle a nadie lo que vamos a hacer.

Ya, ya lo sé.

Lo mejor es que abramos la puerta rápido, no quiero que nos vean.

¡Eso sería lo peor! –susurra ella confirmando que nadie los sigue.

La puerta roja cruje con un ruido insoportable, los dos entran al cuarto columpiándose entre el terror y la dicha. Ella lleva un zapato sin amarrar y sabe que debe tener un cuidado extremo para no caerse. Él tiene la cara sudorosa, se muere de ganas por hacerlo y se culpa por no haberla traído antes; pero sabe que si los ven los van a castigar. Y no se trata de cualquier castigo, sino del peor que habrán podido conocer: que los separen por las tardes y no los dejen verse más que por una reja oxidada que hay en la cocina de la casa. Porque sus papás tienen esa horrible manía de encerrarlos, como si con eso pudieran censurar sus fantasías, como si con eso resolvieran los problemas de la imaginación, los calores impertinentes de la adolescencia, los deseos furtivos que laten en los que se hacen hombres y mujeres casi sin darse cuenta.

Él se mira la barriga, se da cuenta que ha engordado un poco desde la última vez que intentaron hacerlo. Ella se desamarra el otro zapato y tiene una risa nerviosa que se torna incontenible cuando se quiere quitar la camisa del colegio.

Los pantalones de él caen al suelo, sus calzoncillos dejan ver que tiene frío. Toda su piel tiene los poros puntiagudos como si más que un hombre fuera un trozo de pollo desplumado y a medio cocinar.

Ella, semidesnuda, acerca la mecedora para treparse al armario. Parece absurdo que después de tanto tiempo planeando esta travesura tenga que subirse a un asiento conocido por su inestabilidad. Su pierna flaquita se balancea, sube los brazos estirando las yemas de los dedos, ya casi llega a tocar la caja. Caen copos de polvo sobre sus ojos y cadáveres de moscas aniquiladas por el calor. El polvo se introduce en sus bocas y en sus narices, pero se aguantan el estornudo el uno al otro.

Ella le pasa la caja sin perder el equilibrio. Él sonríe encantado de poder tocarla de nuevo.

La abren al tiempo, sacan las bolsas de plástico que han añorado estos meses. Él se equivoca y coge la que a ella le corresponde; bolsa que lleva treinta años esperando por sus manos. Ahí está, es blanco y produce un sonido inolvidable cuando roza el suelo. Ella no sabe cuánto pudo haber costado ese vestido, pero lo que sí sabe es que se muere por ponérselo, y que es de su talla.

Introduce sus brazos en el vestido acampanado, las mangas tienen rastros de haber sido mordisqueadas por las polillas. Su piel morena resalta con el blanco insuperable. Va descalza y nada más al verla dentro de ese vestido, él la quiere hacer bailar piruetas, hacerla cantar, hacerla chillar de felicidad. Pero no pueden. Les toca resistirse, porque es posible que la abuela los escuche y los regañe, aunque de lo vieja que está ya se hace la sorda, la ciega y la indiferente.

Los pantalones, en cambio, a él no le quedan bien, se le ven los tobillos y parece disfrazado. Pero eso no importa, porque debe terminar de vestirse, de encajarse la chaqueta negra sobre esa camisa de volantes que ya huele a mil demonios en feria.

Uno a otro se ajustan cremalleras, botones e hilos. Se miran con frenesí, se tocan la cintura, los hombros vestidos con prohibición, se acarician el pelo y la espalda, se abrazan y en décimas de recuerdo sienten el deseo de darse un beso.

Han cumplido la promesa. El día que pudieran ponerse el traje de novios de sus padres, iban a desprenderse de su virginidad. Se han visto desnudos tantas veces que ya sus cuerpos no resultan novedad. Han nadado en el río que está detrás del colegio, y se han percatado de lo grandes o pequeñas que tienen las zonas genitales. Todo lo han vivido con tal normalidad que han perdido los nervios de verse la piel morena expuesta.

Ahora, vestidos, oliendo a polilla y a prohibición empiezan a amarse sobre la mecedora de la abuela que ambos comparten. Ella gime enamorada, él se pregunta si no terminarán manchando de sangre el vestido de su madre con el ritmo de su cuerpo.

Suena la puerta, saben que han despertado a la abuela, y que no descansará hasta que los encuentre. Pero la abuela sabe más que ellos de amores furtivos, y riéndose por el pasillo, mientras los deja a solas, piensa que eso de desear a un primo es más antiguo que amamantar a los humanos.

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14
Mar 2012

El backstage de Chimbote

Escrito por: mariapaz29 el 14 Mar 2012 - URL Permanente

Las tardes pensando en él se sucedieron como pisos de una tarta de un sabor extraño. Ella se ilusionó con sus frases calientes, sus brazos sin pelos, sus ojos degolladores, sus pestañas de vaivén, sus lentos y tímidos bostezos que precedían a esas noches en las que la amaba de la forma en que jamás pensó que la amarían. Con toda su pasión cremosa, que parecía enorme, blanca, mantequillosa y tan hostigante que resultó necesario beber cava para cambiar su sabor.

Un lunes saboreó sus besos babosos como merengues, sus abrazos ácidos de tarta de queso, sus mensajes empalagosos que le dejaban el móvil pringoso de muaks y caritas amarillas que sonreían en un rotundo y eterno estado de idiotez.

Se negó en domingo a tener sexo con él, aquel hombre encarnado en el macho del dulce de leche. Lo despidió sin olerlo en una esquina fétida, y envuelta en los vapores de las cañerías rotas de la calle Argentino Roca, se trepó en el primer auto que se detuvo. El taxista sigue contando la historia de cómo se merendó a una clienta sin nombre, una trigueña que ya es famosa en su pueblo porque en el instante en que quiso llegar al orgasmo empezó a transformarse en una criatura líquida, lechosa y azucarada.

Cuesta decir aquí que cuatro hombres la cargaron en cántaros de barro y la cocieron en el fuego; y ella, reproduciéndose con cada sorbo o bocado que le dan, sigue apareciendo untada en galletas y alfajores, morena y densa.


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04
Mar 2012

Eye catcher

Escrito por: mariapaz29 el 04 Mar 2012 - URL Permanente

Colecciono ojos. Adoro quedarme con las miradas más profundas. Tuve ojos claros por muchos años, ahora veo más unos marrones que no son muy grandes y que siempre llevan gafas. Me enamoro de los ojos de los demás. Puedo ver en ellos películas que nunca terminan. Escribo párrafos en sus pupilas, me divierto mezclando sus iris con recuerdos ajenos, sobreescribo diálogos dentro de sus ojos según sus mareas dramáticas, sus dolores y todo eso que cuentan cuando se abren y se cierran.

Un buen párrafo en un buen ojo. Ojo que se larga y no tiene ni idea quién le ha pintado ese grafiti tan raro. Robé tiempo, a mí también me robaron años. Aprendí a reír antes que a escribir. Me río de mí casi en cada hora de mi vida desde entonces. Adoro que me hagan reír, que me hagan llorar de risa es una de las mejores sensaciones que guardo. También me gusta llorar por rabia o por placer. Puedo llorar encima de un postre de limón, encima de una pierna y mientras conduzco. Alguien me enseñó a llorar manejando y es otra sensación que repito para acordarme de él.

Lloro y río por los que están y los que no están, pero siguen estando. Nadie se va del todo, nunca. Permanecen quietos en mi retina, en mis escritos, en mis metáforas como si me hablasen dentro de mi cabeza. Me gusta conocer gente, pero si entran en mi memoria me estarán hablando como muertos vivientes por siempre. Maldición.

Muertos y vivos conviven en lo que escribo y en lo que hago. Veo muertos desde que tengo uso de razón, lo que pasa es que antes no sabía que ellos estuvieran muertos. Son como muñecos que hablan. Ya lo he visto todo, lo he oído todo, y sé que es más asustador ver a un ex novio de los tremendos que ver a un muerto. Al final el muerto no tiene nada por qué luchar, no es culpable, no enamora, no hace daño, no pide nada, no me invita a un cigarrillo ni me llama en mi cumpleaños, no se me aparece mientras duermo ni me ha escrito cartas con dudosa ortografía.

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01
Mar 2012

Et in Arcadia ego

Escrito por: mariapaz29 el 01 Mar 2012 - URL Permanente

No creo en fantasmas, pero me dan miedo.

Es martes y ya he tomado cereales con Perry, me he duchado con Jason, le he preparado una tortilla a Carl y he besado a Dean en la oreja derecha. Los cuatro me persiguen por la Facultad y se dan codazos entre ellos para acompañarme a devorar mi tostada mientras termino de leer a Faulkner; quien todavía no me habla al oído ni me eriza los poros del cuello susurrando su frase mítica: “Se puede confiar en las malas personas, no cambian jamás”.

Pero yo sigo enamorándome por horas de mis fantasmas, consintiéndoles su carita casi invisible, temiendo que algún día quieran asesinarme. Está prohibido que se casen conmigo hasta que esté muerta.

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18
Feb 2012

Lapsus calami

Escrito por: mariapaz29 el 18 Feb 2012 - URL Permanente

Se trastocaron todas las teclas de mi MacBook Air y ahora escribe versos para pendejos. En realidad, lo que quería decir es que Ezra Pound me pone a mil, aunque aquí aparezca escrito que Vladimir Putin es un zorro de la KGB. ¿Dije KGB?, pues quería escribir Burguer King, pero al final no se ve y sale KFC, que es un pollo pastoso e insípido como un ex novio viejo. ¿Dije ex novio viejo? Quería decir su nombre pero mi portátil no me deja, porque a él siempre le ha encantado Jorge, aunque fuera gay además de bipolar, y estuviera enamorado de mi hermano. ¿He dicho Jorge? Le siento, quise decir Pablo, pero en realidad mi Mac se emperra en escribir Gerardo cuando lo que quiero decir es que fue maravilloso haber dejado de escribirle novelas y haber roto con Andrés, y con Guille, y con Alonso, y con Eduardo, y con este maldito MacBook Air que no es más que un Ipad con personalidad múltiple.

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Diario de una cronopia es un blog de microrrelatos Pop.

Encuentra más relatos en Twitter @mariapazruiz

María Paz Ruiz Gil es bogotana, vive en Madrid desde el año 2000 y se dedica a la enseñanza de microrrelatos. En 2011 fue declarada ganadora del X Premio Internacional de Relato Corto Encarna León. Publicó Micronopia, un libro ilustrado de microrrelatos con la editorial Meninas Cartoneras.
Su primera novela, Soledad, una colombiana en Madrid ha sido por Ediciones B en la primavera de 2012 y lanzada en la FILBO de Bogotá. Y la verdad, es que la novela ha recorrido un camino más largo de lo que su autora jamás pensó. Gracias por leer, por comentar, por estremecerse y sentir conmigo.

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