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20
Mar 2012

Prohibido tocar

Escrito por: mariapaz29 el 20 Mar 2012 - URL Permanente


¿Estás preparada?

Claro que sí, llevo toda mi vida esperando por esto.

Sabes que será un poco impactante, que no debes decirle a nadie lo que vamos a hacer.

Ya, ya lo sé.

Lo mejor es que abramos la puerta rápido, no quiero que nos vean.

¡Eso sería lo peor! –susurra ella confirmando que nadie los sigue.

La puerta roja cruje con un ruido insoportable, los dos entran al cuarto columpiándose entre el terror y la dicha. Ella lleva un zapato sin amarrar y sabe que debe tener un cuidado extremo para no caerse. Él tiene la cara sudorosa, se muere de ganas por hacerlo y se culpa por no haberla traído antes; pero sabe que si los ven los van a castigar. Y no se trata de cualquier castigo, sino del peor que habrán podido conocer: que los separen por las tardes y no los dejen verse más que por una reja oxidada que hay en la cocina de la casa. Porque sus papás tienen esa horrible manía de encerrarlos, como si con eso pudieran censurar sus fantasías, como si con eso resolvieran los problemas de la imaginación, los calores impertinentes de la adolescencia, los deseos furtivos que laten en los que se hacen hombres y mujeres casi sin darse cuenta.

Él se mira la barriga, se da cuenta que ha engordado un poco desde la última vez que intentaron hacerlo. Ella se desamarra el otro zapato y tiene una risa nerviosa que se torna incontenible cuando se quiere quitar la camisa del colegio.

Los pantalones de él caen al suelo, sus calzoncillos dejan ver que tiene frío. Toda su piel tiene los poros puntiagudos como si más que un hombre fuera un trozo de pollo desplumado y a medio cocinar.

Ella, semidesnuda, acerca la mecedora para treparse al armario. Parece absurdo que después de tanto tiempo planeando esta travesura tenga que subirse a un asiento conocido por su inestabilidad. Su pierna flaquita se balancea, sube los brazos estirando las yemas de los dedos, ya casi llega a tocar la caja. Caen copos de polvo sobre sus ojos y cadáveres de moscas aniquiladas por el calor. El polvo se introduce en sus bocas y en sus narices, pero se aguantan el estornudo el uno al otro.

Ella le pasa la caja sin perder el equilibrio. Él sonríe encantado de poder tocarla de nuevo.

La abren al tiempo, sacan las bolsas de plástico que han añorado estos meses. Él se equivoca y coge la que a ella le corresponde; bolsa que lleva treinta años esperando por sus manos. Ahí está, es blanco y produce un sonido inolvidable cuando roza el suelo. Ella no sabe cuánto pudo haber costado ese vestido, pero lo que sí sabe es que se muere por ponérselo, y que es de su talla.

Introduce sus brazos en el vestido acampanado, las mangas tienen rastros de haber sido mordisqueadas por las polillas. Su piel morena resalta con el blanco insuperable. Va descalza y nada más al verla dentro de ese vestido, él la quiere hacer bailar piruetas, hacerla cantar, hacerla chillar de felicidad. Pero no pueden. Les toca resistirse, porque es posible que la abuela los escuche y los regañe, aunque de lo vieja que está ya se hace la sorda, la ciega y la indiferente.

Los pantalones, en cambio, a él no le quedan bien, se le ven los tobillos y parece disfrazado. Pero eso no importa, porque debe terminar de vestirse, de encajarse la chaqueta negra sobre esa camisa de volantes que ya huele a mil demonios en feria.

Uno a otro se ajustan cremalleras, botones e hilos. Se miran con frenesí, se tocan la cintura, los hombros vestidos con prohibición, se acarician el pelo y la espalda, se abrazan y en décimas de recuerdo sienten el deseo de darse un beso.

Han cumplido la promesa. El día que pudieran ponerse el traje de novios de sus padres, iban a desprenderse de su virginidad. Se han visto desnudos tantas veces que ya sus cuerpos no resultan novedad. Han nadado en el río que está detrás del colegio, y se han percatado de lo grandes o pequeñas que tienen las zonas genitales. Todo lo han vivido con tal normalidad que han perdido los nervios de verse la piel morena expuesta.

Ahora, vestidos, oliendo a polilla y a prohibición empiezan a amarse sobre la mecedora de la abuela que ambos comparten. Ella gime enamorada, él se pregunta si no terminarán manchando de sangre el vestido de su madre con el ritmo de su cuerpo.

Suena la puerta, saben que han despertado a la abuela, y que no descansará hasta que los encuentre. Pero la abuela sabe más que ellos de amores furtivos, y riéndose por el pasillo, mientras los deja a solas, piensa que eso de desear a un primo es más antiguo que amamantar a los humanos.

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14
Mar 2012

El backstage de Chimbote

Escrito por: mariapaz29 el 14 Mar 2012 - URL Permanente

Las tardes pensando en él se sucedieron como pisos de una tarta de un sabor extraño. Ella se ilusionó con sus frases calientes, sus brazos sin pelos, sus ojos degolladores, sus pestañas de vaivén, sus lentos y tímidos bostezos que precedían a esas noches en las que la amaba de la forma en que jamás pensó que la amarían. Con toda su pasión cremosa, que parecía enorme, blanca, mantequillosa y tan hostigante que resultó necesario beber cava para cambiar su sabor.

Un lunes saboreó sus besos babosos como merengues, sus abrazos ácidos de tarta de queso, sus mensajes empalagosos que le dejaban el móvil pringoso de muaks y caritas amarillas que sonreían en un rotundo y eterno estado de idiotez.

Se negó en domingo a tener sexo con él, aquel hombre encarnado en el macho del dulce de leche. Lo despidió sin olerlo en una esquina fétida, y envuelta en los vapores de las cañerías rotas de la calle Argentino Roca, se trepó en el primer auto que se detuvo. El taxista sigue contando la historia de cómo se merendó a una clienta sin nombre, una trigueña que ya es famosa en su pueblo porque en el instante en que quiso llegar al orgasmo empezó a transformarse en una criatura líquida, lechosa y azucarada.

Cuesta decir aquí que cuatro hombres la cargaron en cántaros de barro y la cocieron en el fuego; y ella, reproduciéndose con cada sorbo o bocado que le dan, sigue apareciendo untada en galletas y alfajores, morena y densa.


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13
Feb 2012

Trauma atízame

Escrito por: mariapaz29 el 13 Feb 2012 - URL Permanente

Te amo por milésimas.

Y tú callas, pero yo te escucho en los silencios blancos que dejan las palabras.

No quiero saber de tu pasado. Cargas demasiadas heridas. ¿Quién te ha hecho tanto daño? ¿A quién le parece divertido romperte los músculos con los que hoy me quieres?

No comprendes por qué te dejo, y luego, con el correr de los días, te vuelvo a buscar como si fueras la última botella de aire, como si solo contigo mi cuerpo se rellenara, como si en esas manos hubiese escondido mis mejores historias, y los papeles olvidados de Dios.

Te veo venir y te huelo. Hueles a sal y a espliego. A metodologías revisadas, a cuerpos en movimiento. Ya ni sé si es el sudor de nuestro ayer el que me resulta más asqueroso o esa forma agitada que tienes de aparecer cuando te llamo. Me vives y me deseas, con esa piel caliente que te deja tu insólito trabajo.

Parece increíble que pueda amarte. Pero te amo. Parece increíble que te bese después de tantos meses haciéndolo.

Tus babas ya son las mismas mías. Tu aliento viene a morir en mí. Tu pelo y el mío se abrazan cuando dormimos.

Cuéntame cómo ocurrió.

Por qué te enamoraste de mí.

Por qué insistes en quererme si soy tan cruel, tan pecadora y tan insensible cuando no estás.

Lo hago porque si me vieses congelarías tu adoración. Romperías el altar que empezaste a construir el siglo pasado, lleno de mis fotos y de mis innumerables objetos de dama caótica, de papeles y ropas tiradas por el suelo, de libros y latas de refrescos, de cigarrillos y guantes de boxeo.

Romperías tu altar a patadas. Como lo rompió el personaje de mi última novela. Ese que, si mal no recuerdo, casi termina muerto.

Pero yo no deseo que mueras, y si has de morir, quédate conmigo. Agárrate a mi alma que, aunque estemos bajo tierra, vivirá siempre más joven que la tuya.

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01
Dic 2011

Violencia en la sangre

Escrito por: mariapaz29 el 01 Dic 2011 - URL Permanente

¿Qué es lo que me da el kickboxing? Mi entrenador grita que hay que hacer estallar el saco en treinta segundos, y nada duele, y aquello solo es un saco, no es mi primer novio, ni el jefe que no me pagó, ni el profesor de Empresa informativa, ni Pol Pot, ni Tirofijo, ni Strauss-Kahn, ni ese millar de hijueputas que se merecen un buen puñetazo seguido un patadón en los huevos. Porque sí, me imagino sus huevos saltando por los aires como bolitas rosadas de ping pong. Y entonces me ponen a Vito de frente y sucede lo más extraño, recibo un golpe en la cara, y me pregunto si me va a dejar más idiota de lo que soy, y mi adrenalina se dispara. Y me gusta.

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04
Jul 2011

Isa Ali, ganadora del Primer concurso de microrrelatos Diario de una cronopia.

Escrito por: mariapaz29 el 04 Jul 2011 - URL Permanente

El relato El sermón de papá resultó el ganador del primer concurso de microficción propuesto por el Diario de una cronopia.

Agradezco a todos los participantes que enviaron relatos desde todas las esquinas donde se escribe el castellano.

¡Felicidades a la argentina Isa Ali!

EL SERMÓN DE PAPÁ

Otra cantinela. Ni intentar explicarle, mucho menos contradecirle. ¿Con qué objeto? No entenderá. No abrirá una mínima hendija en su cerebro petrificado ni me creerá un cuarto de lo que le diga, tal y como ocurre siempre.

Ya le he dicho que lo he perdido a los dados. Pero no le entra en la sesera. Es que confunde las cosas: perder ropa no es lo mismo que perder la virginidad. Eso vino después y ni siquiera se lo he contado. Imagino el escándalo que armaría si se lo dijese. Por eso mejor me lo callo.

Cierto es que Ernesto no debió ir tan lejos colgando mi sostén en la antena del Bugatti y, menos que menos, flamearlo por toda la ciudad como si fuese una bandera. Pero un juego es un juego y las deudas son deudas y, como ganador, estaba en su derecho. Mi padre tendría que comprender algo tan básico.

Hoy jugamos por la ropa y la perdí. Ernesto me dio el desquite, aposté mi cuerpo y también lo perdí. Pero no estoy molesta, al contrario, estoy feliz, casi siento que he ganado. Y me prometió que pronto volveremos a jugar y que entonces irá a por mi corazón. ¿No es maravilloso? Poco me importa el sermón de mi señor padre. Puede gritar y gesticular todo lo que le dé la gana, no va a malograr ni un poquito la gran felicidad que me embarga esta mañana ni logrará convencerme de que esos son juegos peligrosos.


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05
Abr 2011

Estimulación sexual

Escrito por: mariapaz29 el 05 Abr 2011 - URL Permanente

Su hermano se levantó de la cama y lo encontró amasando el vientre de su cuñada, gorda ella, una preciosa cascada de carnes negras sobre unas bragas beige con encajes de oferta.
Frenaron los besos en seco, aunque una baba que colgaba entre sus labios decía lo contrario.
No se escuchó un grito, ni una mala palabra, solo la sonrisa de la negra revolviéndose de éxtasis en un placer delirante. El cornudo sacó una cerveza de la nevera, y se la bebió entre bostezos.
Se acercó a su hermano, le dio una palmada en el hombro para decirle ¡Siempre hemos tenido los mismos gustos!, y el chico, controlando la cocción hormonal de sus quince años, se fue al baño. Los esposos reavivaron su amor carnal, y rieron como niños para celebrar su estrategia de estimulación sexual.

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21
Mar 2011

A Salinger también lo leen pendejos

Escrito por: mariapaz29 el 21 Mar 2011 - URL Permanente

Se citaron en un café sin tiempo ni memoria. El no llevó el libro de Salinger bajo el brazo, ella se vistió con la falda veneciana que la hacía parecer recatada. A ella le maravilló su voz de declamador de bautizos, él quedó asombrado con el tamaño de sus tetas. No tomaron café ni té; pidieron whisky para que todo lo que iba a ocurrir pasara más deprisa. El reía exhalando un tufo de seductor, ella fumaba para atontar a sus nervios, y tiraba de la manga de su chaqueta con una frecuencia incómoda. El pidió la cuenta y pensó que llegarían antes en taxi; pero al darse cuenta de su mano ortopédica cayó sentado en la mesa. Horrorizada por el efecto de su prótesis, ella se la arrancó y le mostró un muñón asimétrico remendado por una cegueante cicatriz. El corrió a la barra a pagar. Ella estalló de rabia. Y como el hombre estaba escapando por la puerta, lanzó su mano con toda la fuerza de su brazo plenipotenciario para abofetearlo.

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Diario de una cronopia es un blog de microrrelatos Pop.

Encuentra más relatos en Twitter @mariapazruiz

María Paz Ruiz Gil es bogotana, vive en Madrid desde el año 2000 y se dedica a la enseñanza de microrrelatos. En 2011 fue declarada ganadora del X Premio Internacional de Relato Corto Encarna León. Publicó "Micronopia", un libro ilustrado de microrrelatos con la editorial Meninas Cartoneras.
Su primera novela, "Soledad, una colombiana en Madrid", fue publicada por Ediciones B y lanzada en la FILBO de Bogotá.
Su libro Pop Porn fue publicado por el Museo de Arte Erótico Americano en Colombia y por Ediciones Universidad Veracruzana en México.
Soy cronopia de nacimiento, aunque nadie nunca me lo dijo. Cronopia porque ni puede buscarse la palabra, cronopia porque así está bien, porque no le sobran letras a algo que no existe y que es a su vez mucho más fuerte que yo.

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Curso virtual de microrrelato

Si te interesa cursar mi taller online, te adelanto las unidades del programa.

1. Origen del microrrelato
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7. Crítica y corrección de las obras por parte de los autores. Se busca que la crítica se haga dentro del proceso colectivo, todos los participantes están en derecho de opinar sobre las piezas enviadas y de aportar sus comentarios.
8. Corrección y revisión de las piezas.
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Al finalizar el curso el alumno estará en capacidad de escribir piezas de ficción breve más potentes y conocerá mejor las herramientas de creación y engranaje de la ficción más corta y sorpresiva que existe: el microrrelato.