Hay 8 artículos con el tag tiempo en el blog Diario de una cronopia. Otros artículos en Comunidad El Pais clasificados con tiempo

04
Ene 2011

Desaprender a caminar

Escrito por: mariapaz29 el 04 Ene 2011 - URL Permanente

Primero puso un pie, cree recordar que fue sobre el asfalto, pero en realidad era gravilla fina. Se agrarró fuerte de la pared, su padre sacó la cámara de fotos, su hermano le aplaudió y de bebé, con solo nueve meses, supo lo que era caminar.
Ese aprendizaje le sirvió toda la vida, o casi toda, porque un sábado después de ver el mismo telediario infecto, se tuvo que apoyar en la pared. A los noventa años dejó de saberlo todo, ya no recordaba ni su nombre, ni su edad, ni su sexo, ni dónde estaba la puerta, ni cómo se cogía un teléfono, ni cómo podía quitarse el pañal, o lo más difícil: cómo debía poner los pies para caminar.

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16
Dic 2010

Cola para el abrigo

Escrito por: mariapaz29 el 16 Dic 2010 - URL Permanente

En una cola de forma inconsciente pica la impaciencia. Nos gusta ser los primeros, si no lo somos, pedimos para que el de delante no pregunte lo mismo más veces, que pague rápido, que la cajera encuentre de una vez el código que se le ha escondido. Todos sufrimos por salir de la cola, cuando estamos en la cola todo el tiempo. Hay cola para que nos llamen, otra cola para que nos vean, una cola para tener hijos, y otra cola para hacernos viejos, cola para ir muriendo de uno en uno y terminar con el terrorífico abrigo de madera. ¿Por qué correr tanto?

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17
Nov 2010

Gafas prestadas

Escrito por: mariapaz29 el 17 Nov 2010 - URL Permanente

A Hilda le da igual que la bese como si tuviera que extraerle el colon por la garganta, que no acierte con los libros que le compra, o que no la deje usar su lado de la cama.

Hace mucho que sabe el color que tiene Sergio de ombligo para abajo, le ha esculcado su piel, y hasta reconoce de lejos sus olores, los buenos, y los no tan buenos. Y aún así le gusta.

Una tonelada de días los ha dejado pegados, y con ellos un diccionario de intuiciones, de miradas que van saliéndoseles como si ambos las llevaran escritas por dentro.

A Sergio no le preocupa que su mujer haya cambiado, que lo terso se le haya descolgado, lo recto ahora parezca abultado, que se le arruguen las manos o el pelo se le haya pintado de blanco. Pero agradece que sus ojos negros sean los mismos.

A Hilda le gusta la piel de Sergio, que sigue cambiando y que ya no le recuerda a un trozo de queso fresco sino a una natilla de canela.

Ella me cuenta que Sergio no tarda en dormirse, que ronca por rachas como un volcán aburrido y que cuando se acuerda de lo que ha soñado, se lo relata mientras va a la ducha, pero sólo le dedica una frase: soñé que defendía una ciudad vestido de cura, y corta el tema para no perderse en fantasías.

Se mueven en cuerpos viejos. El cuerpo es un capricho de vicio que muestra lo que antes había, lo que debajo esconde, y lo que ocurre en una masa orgánica con fecha de vencimiento. Su voz es casi la misma, me dice Sergio, porque la voz camina más lenta que el cuerpo, pero ahora tiembla más, como la carne cuando levantan los brazos.

Lo curioso es que los dos se prestan las gafas. Hilda explica que en eso consiste esto de andar en pareja, en ponerse las gafas del otro. A ella las de Sergio le quedaban grandes, las veía pesadas; pero era cuestión de amoldar la vista y de esperar a ver lo pequeño mucho más grande.

Cuando él se puso las de Hilda se sorprendió. Supuso un reto tener que abandonar su mirada para introducirse en un mundo que juzgaba absurdo y convulso.

Y ahora cuando se calza las gafas de Hilda estalla a reír de lo diferente que ve ella las mismas cosas. Termina un cigarrillo y me dice que aunque lleven las gafas prestadas, es más difícil que dos se equivoquen al tiempo.

Vaya par de adolescentes de setenta años.

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05
Nov 2010

No se puede matar al tiempo

Escrito por: mariapaz29 el 05 Nov 2010 - URL Permanente

Es fascinante darse cuenta que lo único que muere y no muere es el tiempo. He descubierto que ahora puedo doblar el tiempo y hacer un montón de cosas en cinco minutos.

Cuando pienso en lo que son cinco minutos siempre se me viene a la cabeza que es lo que tardaba a mis doce años en correr 1000 metros. Pero cinco minutos es una medida polivalente, larga o corta según se quiera. Cinco minutos es lo máximo que aguanto el llanto de un bebé, es lo que dura en morir un cigarrillo.

El tiempo es consciente, está vivo, endemoniadamente vivo. No uso reloj pero me gusta apostar en qué hora me tiene viviendo el tiempo, si alguno de los dos se equivoca, entonces soy yo.

Pero el incorregible tiempo es exacto. Sólo que a veces corre y a veces parece que no quiere arrancar. Un ataque de pánico no supera los quince minutos de tiempo, pero es infinito para quien lo sufre.

Perder el tiempo es un arte que a muchos enfurece. Es encantador hacer cosas que a los demás les parece que no sirven sino para perderlo: como estudiar idiomas extintos, cursar un doctorado insufrible, hablar solo, comprarse un acuario, o escribir novelas, que entre todos quitan un arrume de tiempo.

Lo cierto es que la gente cada vez es más impuntual y tiene mil formas de disculparse, perdiendo aún más tiempo. Ahora se usa eso de no prever el trancón, de meterse en un concierto sin saber cuánto dura, o de perderse. ¿Qué es eso de perderse?

Me río cuando saltan las excusas por haber llegado tarde, porque el tiempo es igual para todos, pero unos se hacen viejos antes, y esto es medio misterioso, pero es real. El tiempo se va, con unos más que con otros, hay que jugarlo bien y confiar para que se porte bien con uno, porque es tremendo el daño que hace. El tiempo pasado se convierte en esas fotos desactualizadas, por las que uno debe quedarse con la misma talla, la misma expresión ingenua, el mismo pelo de hace décadas, y esa forma de hablar que va más pegada que el apellido.

Después de un montón de tiempo ya puedo decir que si un libro no me gusta, no tengo que terminarlo porque hay más esperando su tiempo. Cada beso tiene su tiempo. Cada respuesta lo tuvo. Pero los que han vivido más que yo dicen que el mundo es redondo, que el tiempo es circular, como los relojes, y yo no lo termino de ver así, porque no he vivido suficiente – ¿algún sinónimo para tiempo?- mejor lo dejamos otra vez: tiempo. Que la vida se encoge, y nosotros también, pero el único que se encoge y no muere es él, repitiéndose como una palabra sin sinónimos capaz de congelarla.

Mueren aquí las nueve y cuarenta y cuatro de la mañana, pero mañana a esta hora volverán a existir, iguales, con sus tres números divorciados por dos puntos inmóviles, dos ojos que nunca se han cerrado, qué espanto.

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15
Sep 2010

Sobre las sorpesas de Internet

Escrito por: mariapaz29 el 15 Sep 2010 - URL Permanente

Lo bueno de lo original es que debe sorprender.
Lo que sorprende es lo que no se conoce.
Y a mí cada día me sorprenden menos cosas.
Me curé de sorpresas.
Ahora soporto a Internet, lo quiero, lo uso, lo desecho, pero a veces pienso que ha acabado con mi tiempo, pero luego sé que he sido yo la que ha roto su tiempo usando Internet.
¿Qué diablos hago aquí?

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15
Abr 2010

¿Por qué cocino?

Escrito por: mariapaz29 el 15 Abr 2010 - URL Permanente

Si a las seis de la tarde me tortura esa sensación de que el día se pasó de largo y no hubo nada que me haga recordarlo, arranco a cocinar.

La cocina después de los treinta empezó a interesarme. Comencé a abrir libros de recetas, a buscar ideas por Internet, a pasearme por los mercados para ver qué tenían, y a buscar ingredientes chinos, latas tailandesas, chiles mexicanos y verduritas de Japón.

Ante todo la cocina es una búsqueda- empezando por los ingredientes y los sabores- con el tiempo a cuestas. Mientras uno cocina muchas cosas están ocurriendo. El calor transforma, el agua aclara, la sal obra algunas gracias y otras desgracias, y botellas como la miel y la nata siempre sacan de apuros y disfrazan todo lo que tocan.

Me hubiera encantado inventar el polvo de hornear, o haber descubierto el secreto de porqué la salsa Kikoman está mucho más rica que la soja. Pero para descubrir algo así hay que invertir días enteros. Días que ya no tengo.

Cuando viví en Pamplona me aficioné a los pimientos del piquillo, cuando estuve en California tenía mi día a la semana dedicado al sushi, y aprendí que una buena forma de alimentar a mi hijo era a través de una quesadilla. Mi reto del futuro está en preparar un pulpo, voy a dejar que me llegue el día, o el pulpo.

Me dio esta semana por hacer tartas y me encantó hacer el glaseado de chocolate. Antes las que dedicaban su vida a hacer tartas me parecían insufribles, gente detestable que no encontraba nada que hacer, pero empiezo a ver las cosas de otro modo.

Hay momentos que no admiten trabajos intelectuales ( digan si no los que son padres), hay momentos que requieren algo de distracción en silencio, de ensimismamiento culinario, de meditación sobre una sartén con champiñones. Y en muchos de esos momentos vuelan ideas distintas, se aclaran pensamientos, se hace un poco de telepatía con la sal, se piensa en alguien que quizá llama, y puede que toque cambiar de receta porque la cosa se frustra, o funciona tan bien que hay que ponerla mejor y más grande. La cocina da creatividad.

Y de repente, cuando la cosa empieza a oler, a inundar la casa, a tomar la cara que uno estuvo pensando, el día empieza a parecer distinto.

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19
Nov 2009

37 ideas para sentirse vivo

Escrito por: mariapaz29 el 19 Nov 2009 - URL Permanente

1. Comprarse un libro de oferta o leerse uno conmovedor

2. Tirar esa pobre media que lleva sin pareja once años

3. Preparar un curry al estilo tailandés

4. Hablar por teléfono con la íntima que todavía vive en Colombia

5. Desocupar el trastero, volverlo a llenar después de tirar apuntes de la U.

6. Quitar las telarañas de la casa, trasladar las arañas al patio

7. Poner a Mahalia Jackson, Olga Guillot, y si la cosa mejora, Raphael

8. Ponerse a ver fotos, cuanto más viejas, mejor

9. Hacer yoga en el cuarto

10. Borrar los mails viejos de la bandeja de Hotmail

11. Llamar a la madrina, si no se acuerda quién es, preguntarle a la mamá.

12 Limpiar la ducha

13. Mirar el mapamundi hasta aprenderse un buen pedazo

14. Dormirse en la tina oyendo a Radio Gladys Palmera

15. Cambiar la hora de los relojes de la casa

16. Buscar una empresa de taxi que llegue a la casa

17. Corregir la novela, si ya aburre, leerla simplemente

18. Hacer un cacho del Camino de Santiago sin llegar a Santiago

19. Ir a Casa Eusebio

20. Hacer ejercicios de memoria con los teléfonos de la infancia

21. Preguntarles a los mismos si están muertos o que por qué diablos no escriben

22. Despedirse de las camisas sin usar en los últimos dos años

23. Embolar los zapatos

24. Ir a comprar betún

25. Repetir el pedazo que se memorizó del mapamundi

26. Oír un grupo que gustaba en la adolescencia, Caifanes, Soda Stereo, The Cure, y si se degrada mucho la cosa, terminar con Gipsy Kings

27. Leerse el himno nacional de corrido para provocarse un ataque de risa

28. Devorarse Amazing Race y creer que a uno le iría mejor

29. Ver videos de cuando nacieron los hijos, si no hay hijos, fabricarlos.

30. Volver a oír a Manu Chao, el mejor fondo de armario musical

31. Tener una buena amiga palestina, una judía, una negra, una blanca, una boricua, una gringa, una argentina, una mexicana.
32. Intentar tener una amiga china y así entender mejor lo que nos espera

33. Volver a hacer una medialuna y rezar para no sufrir de lumbago

34. Hacerse pasar por la empleada del servicio cuando lo llaman a uno

35. Rellenar el diario aunque ya se tengan más de 30 años

36. Asar manzanas

37. Escribir un blog, si parece inútil, empezar una novela.

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14
Oct 2009

Y que me lleve el tiempo

Escrito por: mariapaz29 el 14 Oct 2009 - URL Permanente

Empiezo a creer que el tiempo es una figurita de papel, de esas que se recortan y que luego se extienden, repitiéndose con la misma forma.

Es fascinante darse cuenta que lo único que no muere es el tiempo. He descubierto que ahora puedo doblar el tiempo y hacer un montón de cosas en cinco minutos.

Cuando pienso en lo que son cinco minutos siempre se me viene a la cabeza que es lo que tardaba a mis doce años en correr 1000 metros.

Pero hoy cinco minutos es una medida polivalente, larga o corta según se quiera. Cinco minutos es lo máximo que aguanto el llanto de mi nuevo bebé, es lo que dura en morir un cigarrillo.

Me he vuelto más consciente del tiempo. No llevo reloj pero juego a diario apostando con el que está colgado en la cocina para ver si ambos decimos la misma hora, él con cronómetro y yo con imaginación.

Contar mentalmente, eso es lo que hago muchas veces. Todavía me equivoco, y no sé si algún día perfeccione mi uso mental del tiempo. Tampoco sé si sirve de algo, pero me encanta hacer cosas que a los demás les parece que no sirven, como estudiar italiano, meterme en un doctorado de creatividad, hacer un diario para mis hijos, hablar sola, buscar fantasmas o escribir novelas, que entre todos quitan un arrume de tiempo.

Lo cierto es que la gente cada vez es más impuntual y tiene mil formas de disculparse, perdiendo aún más tiempo. Ahora se usa eso de estar hiperocupado, de no prever el trancón, de montarse en un metro que se queda parado, o de perderse. ¿Qué es eso de perderse? ¿Acaso les da pena preguntar?

Yo no me creo nada de eso, y me río cuando me dan excusas. En los años que llevo a cuestas (otra medida temporal) no me he perdido más que dos veces, y una de ellas llegué a tiempo. Creo que ser puntual es una forma de decir que hay un respeto por el tiempo ajeno. Soy consciente del tiempo porque soy consciente de la muerte. Y soy consciente de la muerte porque he visto cómo sale la vida. Y ahora sí, confieso que tengo miedo de tener que ver cómo se va. Los que son papás sabrán de lo que hablo. El tiempo se va todo el tiempo, hay que saberlo invertir. Por eso me gusta dedicárselo a unas cuantas personas, a unos cuantos lugares y a unos cuantos libros. Después de un montón de tiempo ya puedo decir que si un libro no me gusta, no tengo que terminarlo porque hay más esperando su tiempo. Cada beso tiene su tiempo. Cada etapa lo tuvo. Pero los que han vivido más que yo dicen que el mundo es redondo, que el tiempo es circular, y yo no lo termino de ver así, pero dejo que los que me llevan más tiempo me cuenten lo que va a pasar. Que la vida se encoge, que nosotros también, que todo crece hasta que le llega su tiempo, y entonces todo vuelve al comienzo, a su figurita de papel.

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mariapaz29

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Diario de una cronopia es un blog de microrrelatos Pop.

Encuentra más relatos en Twitter @mariapazruiz

María Paz Ruiz Gil es bogotana, vive en Madrid desde el año 2000 y se dedica a la enseñanza de microrrelatos. En 2011 fue declarada ganadora del X Premio Internacional de Relato Corto Encarna León. Publicó "Micronopia", un libro ilustrado de microrrelatos con la editorial Meninas Cartoneras.
Su primera novela, "Soledad, una colombiana en Madrid", fue publicada por Ediciones B y lanzada en la FILBO de Bogotá.
Su libro Pop Porn fue publicado por el Museo de Arte Erótico Americano en Colombia y por Ediciones Universidad Veracruzana en México.
Soy cronopia de nacimiento, aunque nadie nunca me lo dijo. Cronopia porque ni puede buscarse la palabra, cronopia porque así está bien, porque no le sobran letras a algo que no existe y que es a su vez mucho más fuerte que yo.

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2. Elementos del microrrelato
2. Grandes exponentes del microrrelato en español
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4. Cómo crear un personaje al que le ocurre una historia, se hará un ejercicio para poner en práctica la capacidad de brevedad de los alumnos
5. Elaboración colectiva de un cadáver exquisito virtual entre los alumnos y la profesora, con el fin de trabajar el elemento sorpresa en la literatura.
6. Creación de dos piezas personales.
7. Crítica y corrección de las obras por parte de los autores. Se busca que la crítica se haga dentro del proceso colectivo, todos los participantes están en derecho de opinar sobre las piezas enviadas y de aportar sus comentarios.
8. Corrección y revisión de las piezas.
9. Normalmente busco que los alumnos puedan exponer sus trabajos en un blog de microficción.

Al finalizar el curso el alumno estará en capacidad de escribir piezas de ficción breve más potentes y conocerá mejor las herramientas de creación y engranaje de la ficción más corta y sorpresiva que existe: el microrrelato.