15 Ene 2008

Mario Camus, director de cine: "Tengo la sensación de vivir en un mundo estúpido"

Escrito por: horasur el 15 Ene 2008 - URL Permanente

Mario Camus, director de cine: "Tengo la sensación de vivir en un mundo estúpido" (Ima Sanchís - lavanguardia.es)

En abril cumplo 73 años. Nací y vivo en un pueblo de Cantabria. Estoy casado y tengo 8 hijos y muchos nietos, no me haga echar la cuenta. Perros, tres. La política me puede aburrir y producir indignación. Siempre hay un poso espiritual. Estreno El prado de las estrellas

¿Con qué escena iniciaría la película de su vida?

Con la de un niño gordo al que dejaban en un rincón sobre una manta rodeado de tebeos y que era absolutamente feliz. Crecí en un mundo de mujeres, rodeado por mis tres hermanas, mis numerosísimas tías, mi abuela y mi madre.

¿Cómo era su padre?

Un trabajador. Era sastre, ejerció su profesión desde aprendiz. Mientras estudiaba el bachillerato, viví solo con él en Santander.

¿Y qué tal?

Comíamos y cenábamos en un bar. De hecho, frecuentábamos bastantes bares y se apuntaba un grupo de amigos. Jugaban al mus, contaban historias y bebían vino. Y cuando se cansaban de las historias, cantaban a varias voces en la barra.

Usted en su infancia fue un observador, y su cine tiene que ver con eso.

Yo siempre he practicado el realismo a ultranza, la fantasía me aburre. En la escuela había un profesor empeñado en que nuestra observancia fuera exhaustiva, continuamente te preguntaba: "¿Ha venido usted en el metro?, ¿cuántas personas había?, ¿cómo era el tipo que estaba a su lado?, ¿de qué color llevaba los calcetines...?". Acabé caminando por la vida haciendo inventario.

¿Hay en usted cierto pesimismo?

Por supuesto. No soy propenso a la euforia, más bien a la quietud y a no tener demasiadas ilusiones. Con este mundo que vivimos no se puede ser optimista, es un auténtico latazo que has de pasar como puedas.

Se puede intentar participar o recluirse.

Yo tiendo a la reclusión, aunque siempre hay motivos para cabrearse, hace cuatro días, en un diario serio,una de las noticias que ocupaban la contraportada era que una tal Britney Spears pasaba de ver a sus hijos dos veces a la semana a una.

Entiendo.

¡Una estupidez...!, y tengo esa sensación, la de estar viviendo en un mundo estúpido donde lo único que se espera de ti es que compres muchas cosas y tengas nietos que compren muchas cosas.

Hay otras opciones...

El poder económico, empresarial y mediático es apabullante, no da motivos para el optimismo; no me divierte nada, es un rollo soberano. Que los telediarios abran hablando de la bolsa me parece superaburrido.

En El prado de las estrellas,¿habla usted de sentimientos?

¡Ah!, ¿pero la ha visto?, me lo podía haber dicho al principio! Pero sí, hablo de sentimientos. ¿Por qué lo pregunta...?

Los personajes son muy contenidos.

Yo no soy frío, lo que pasa es que me horroriza perfumar la rosa, me parece horripilante añadir al sentimiento más sentimiento.

Es usted muy cántabro.

Sí, claro.

... Prefiere los silencios a las palabras.

Exactamente, pero no sé si tiene que ver con ser del norte o del sur.

Sus personajes no ríen.

Ya. En Sigüenza la gente se ríe cuando en una cuesta que se hiela desfilan los turistas, pero en la película no se dan esos casos.

Hay un momento alegre en que uno prefiere celebrarlo solo emborrachándose.

Sí, je, je…, es un viejo. ¿Qué tiene usted contra los sentimientos contenidos?

Nada, sólo pregunto por qué.

Nunca lo había pensado. Cierto que la única celebración es el alcohol y que en el mundo en el que yo he vivido el sentimiento siempre se controla, no estaba bien visto llorar.

¿Qué defecto le señala su mujer?

Con 73 años se tienen ciertas ventajas y ciertos inconvenientes monstruosos, yo tengo hipertensión, un oído al que le falta no sé qué, un ojo que amanece lloroso… La cantidad de roturas que hay en el barco cuando se llega a puerto son considerables, sobre todo para mí, que hacía mucho deporte… Todo eso se ha ido a la mierda. Pero con la pareja se da una tregua.

¿?

Mi mujer y yo compartimos un montón de DVD, cierta aversión a la televisión y tenemos suficiente relectura para el tiempo que nos queda; por tanto, recriminaciones, pocas.

¿Dónde ha encontrado la alegría?

En los rodajes. En la profesión tenía como una segunda familia. Recuerdo que hicimos una serie que se llamaba Los camioneros, cinco meses infernales dando vuelas por las carreteras españolas. Terminamos el rodaje en Salamanca a las dos de la madrugada. Me fui a la plaza Mayor, pedí una botella de whisky, me senté y bebí.

¿Y se sintió el más feliz del mundo?

Sí, allí sentado, con el trabajo terminado. Cuando ya sólo quedaba el culo de la botella vino Adolfo, que me había visto malhumorado casi todo el tiempo, y me preguntó: "¿Qué te pasa, que estás alegre?". Tiene gracia...

¿El qué?

La coincidencia, es la misma reacción que la del tipo de la película. Ha significado mucho para mí la profesión. Y recuerdo otro momento feliz al término de un rodaje. Hans Burman y yo, tras atravesar La Mancha y Despeñaperros, sentados bajo un árbol, con los pies en una acequia, comiéndonos un melón con una navaja. Era tan maravilloso, que Hans dijo: "Habrá que confesarse".

- El peso del paisaje.

Cultiva un pesimismo que no llega a ser atroz, es bebedor, fumador y apostaría a que también es jugador de mus. A la una de la tarde frente a un whisky y castigados sin fumar, Camus más que contarme se divierte defendiéndose de mis preguntas. "Yo fui observador durante un tiempo y eso me valió para ejercer mi profesión, pero en este momento tiendo a la reclusión. Que me dejen tranquilo hasta que desaparezca". El prado de las estrellas, nominada para dos Goya, ha tenido excelentes criticas; según él, es una película que habla de sentimientos, pero yo añadiría que de sentimientos contenidos y lento paisaje, esa línea que el premio Nacional de Cinematografía nunca abandonó.

(fuente: http://www.lavanguardia.es/lacontra/lacontra.html)

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Basilio Pozo-Durán

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