08 Jun 2008

Cristina Fernández de Kirchner: el cambio que no fue

Escrito por: horasur el 08 Jun 2008 - URL Permanente

Cristina Kirchner: el cambio que no fue (Carlos Pagni - lanacion.com.ar)

Política.

A seis meses de inaugurado el nuevo gobierno, si algo caracterizó la gestión de la Presidenta es su dificultad para definir un perfil propio, el prometido golpe de timón que marcaría la diferencia con el mandato de su marido.

Salvador Dalí afirmaba que, "de profesar alguna idea política, sería monárquico, ya que la monarquía resuelve el problema más complejo que ofrece la política: la sucesión". La experiencia de Cristina Kirchner podría ilustrar aquella exageración de Dalí. La dificultad para consumar la transmisión del mando entre ella y su esposo representa la dificultad más delicada del gobierno que comenzó hace seis meses. Más aún: la simbiosis de la actual administración con la de Néstor Kirchner es tan intensa que plantea dudas acerca de que el último 10 de diciembre en la Argentina se haya inaugurado, en verdad, una nueva gestión.

El resultado más inquietante de cualquier balance sobre el desempeño de la administración es la imposibilidad de encontrarle rasgos propios. Para decirlo de otro modo: su nota central es que no ha logrado todavía constituirse a sí misma. Cuesta imaginar cómo cicatrizará, si es que alguna vez lo hace, esa herida en la autoridad presidencial. Si se indaga en esta rareza, tal vez se encuentren las razones de una segunda peculiaridad del Gobierno: desde su nacimiento no protagonizó nada que no fuera una crisis.

Cristina Kirchner había prometido, con gestos y palabras, ensayar un giro respecto del desempeño de su esposo. Se inauguraría "un tiempo de diálogo, donde hay que escuchar más que hablar", adelantaba él a interlocutores de confianza. Se pondría énfasis en las reformas institucionales pendientes. Se regresaría de posiciones internacionales en las que Kirchner había llegado demasiado lejos. Se extendería una mano amigable hacia el mercado para que la iniciativa privada fuera sustituyendo en su rol preponderante a un superávit fiscal con signos de agotamiento. En síntesis, se emprendería el regreso del populismo al progresismo, para recuperar el impulso originario de una regeneración política.

El jefe de Gabinete, Alberto Fernández, fue el mentor de esta reorientación. Con la señora de Kirchner llegaría al poder la versión más lograda de la transversalidad, entendida como una fuerza de centro izquierda a la que el PJ sólo aportaría "los fierros" de la "gobernanza". Las víctimas que debían ser sacrificadas en el altar de esta reconversión eran, para esa visión, Julio De Vido, Ricardo Jaime y, sobre todo, Guillermo Moreno.

Lo que viene ocurriendo hasta ahora es la negación de todo cambio. Es curioso, pero el orden político-institucional es el que menos novedades alumbró. Al contrario, la administración de Cristina Kirchner superó a la de su esposo para empeorarla. Produjo una foto de la que cualquier administración pluralista debería avergonzarse: un par de dirigentes políticas con los dedos pintados por la policía por haberse sumado al conflicto rural en contra del gobierno.

El Congreso está sumido en el letargo de un oficialismo tan extenso como gris, garantizado por la delegación de facultades de una Ley de Emergencia Económica que la senadora Kirchner se negaba a votar pero que la presidenta Kirchner utiliza para sí. Las Cámaras ya no cuentan siquiera con aquella animación que la Presidenta les imprimía cuando ocupaba una banca.

La única iniciativa parlamentaria nacida en el Ejecutivo que alcanzó, en lo que va del mandato, alguna resonancia, fue el proyecto de Ley de Radiodifusión. Pero se trató de un arma apuntada hacia la prensa para forzar una negociación. No de un impulso de reforma.

- El mundo exterior.

En la orientación externa las innovaciones profundizan la tendencia preexistente. El gobierno de la señora de Kirchner vio la luz en medio de una crisis con los Estados Unidos, originada en las investigaciones del caso Antonini Wilson. De la irritación inicial se llegó, mediante trabajosas gestiones diplomáticas, a una entrevista de Cristina Kirchner con el número tres del Departamento de Estado, Thomas Shannon, presentada como el encuentro de Napoleón y Wellington. Pero Condoleezza Rice, que visitó el Cono Sur en marzo, no pasó por Buenos Aires.

La relación con el gobierno de Hugo Chávez se ha vuelto incondicional. Venezuela es la costosa salida a cualquier atolladero, financiero o energético. Esa dependencia obligó al gobierno argentino a morderse la lengua antes de protestar por la estatización de Sidor, una empresa de capitales nacionales (Techint).

Con España, en cambio, el trato empeoró. José Luis Rodríguez Zapatero manifestó durante su última entrevista con la Presidenta, en Lima, la incomodidad de su gobierno por las presiones sobre empresas españolas para "argentinizarlas", siempre a favor de amigos del gobierno. La prensa madrileña criticó a la señora de Kirchner con creciente rigor. Cuando el canciller Jorge Taiana le pidió una explicación del fenómeno al hombre más idóneo para ofrecérsela, escuchó desde el otro lado del Atlántico: "Lo que dicen los diarios es la posición del PSOE y del empresariado español y sería bueno que se lo transmitas a Cristina".

En la relación con Uruguay se pasó de la gresca a la indiferencia, lo que no deja de ser una evolución.

Sin embargo es en el terreno de la economía y la infraestructura donde más evidente resulta la dificultad de la gestión actual para encontrar un perfil propio. Es lógico: en esos dos campos la continuidad con la administración anterior es literal. Allí sigue administrando Néstor Kirchner.

La expansión irracional de la demanda, que acelera la inflación y vuelve cada día más onerosa la aplicación de subsidios, se sacralizó del mismo modo en que, durante los años 90, se rindió culto a la convertibilidad. Tampoco sobre la política energética hubo corrección alguna. El programa es cada vez menos financiable y, por eso, los Kirchner vienen descargando sobre la sociedad un impuestazo progresivo que terminó con las retenciones móviles a la exportación de granos. El conflicto agropecuario fue la demostración dramática de que el consenso social del que había disfrutado el modelo económico se agotó. De paso, impidió que la Presidenta realizara el sueño de encabezar un pacto económico-social al que le dedicó varios discursos.

El mismo conservadurismo dominó la política de personal. Aquel cambio de gabinete que prometía Alberto Fernández no llegó nunca. En lugar de De Vido, Moreno o Jaime, se fueron Alberto Abad de la AFIP y Martín Lousteau del Ministerio de Economía. Dos aliados de Fernández en la lucha por provocar aquel quimérico giro.

La rigidez de esta administración tiene raíces más profundas que la mera tozudez. Es la respuesta de los Kirchner al resultado de las elecciones presidenciales del 28 de octubre. Ese día los sectores medios urbanos rechazaron en las urnas la propuesta que el gobierno había elaborado para ellos. La clase media de las grandes ciudades votó en contra de la Presidenta. En cambio, ella obtuvo un caudal más voluminoso de adhesiones allí donde más agudas son las necesidades básicas insatisfechas. A la señora de Kirchner, que concurrió a los comicios con el talante de una Ségolène Royal -hasta convocó a Ségolène Royal para festejar la victoria-, el espejo electoral le devolvió el rostro de "Chiche" Duhalde. El nuevo gobierno anclaría, en adelante, en los segmentos más arcaicos del peronismo. Sobre todo en el segundo cordón del conurbano y en las provincias del Norte. Dos geografías subsidio-intensivas. En otras palabras: Julio De Vido se impuso, en silencio, sobre Alberto Fernández.

Néstor Kirchner leyó este fenómeno con perspicacia y se lanzó a organizar al PJ, cuya dirigencia sería la organizadora de aquellos votos. La transversalidad fue sepultada y dos de sus sumos sacerdotes, Carlos "Chacho" Alvarez y Aníbal Ibarra, le rezaron el responso en sendos reportajes. Fieles a la tradición progresista, se despidieron de los Kirchner por los diarios.

¿Por qué, en vez de ensayar una operación de reconquista de los sectores que se alejaron el 28 de octubre, el matrimonio presidencial optó por replegarse en su base electoral más primigenia? Después de todo, ¿no era para producir esa recuperación que se postuló a Cristina en vez de Néstor Kirchner?

Al cabo de seis meses de gestión, podría esbozarse una respuesta: el cambio de orientación que se auspiciaba en la campaña y que, acaso, reclamaron las urnas, cobijaba una disidencia frente a Kirchner. Y el ex presidente no estaba dispuesto a tolerarla. En pleno proselitismo, Alberto Fernández, confesó: "Vamos con Cristina y no con Néstor porque, de lo contrario, nuestro proyecto enfrentaría zozobras". Acaso la demolición a la que el jefe de Gabinete está siendo sometido durante todo el conflicto con el campo sea la contestación tardía a esa involuntaria irreverencia.

Desde que su esposa llegó al poder, Néstor Kirchner viene haciendo un esfuerzo metódico para demostrar que es el verdadero titular del poder. Es decir, el garante de un orden político para el cual el rol de su sucesora debe reducirse a una operaciones retóricas, protocolares, a lo sumo administrativa. Nada ilustra mejor esta situación que la frase pronunciada por Kirchner en medio del conflicto con Estados Unidos: "Que esté tranquila Cristina porque los argentinos no queremos retroceder". Esa admonición fue el lapsus público de una reiterativa instrucción privada: "No le lleven problemas a Cristina".

El conflicto con el campo sinceró de manera definitiva esta distribución matrimonial del poder. Desde la jefatura del PJ, convertido en el politburó del oficialismo, el ex Presidente comanda una batalla interminable para resistir lo que él interpreta no como una revuelta de contribuyentes indignados sino como el golpe político de la oligarquía contra un gobierno popular.

Esa estrategia tuvo un efecto paradójico: da la impresión de que el único boicot del que hasta ahora fue víctima la Presidenta es el de su esposo. En el conflicto agropecuario el oficialismo comenzó a socavar su base electoral, basada sobre todo en las localidades rurales del interior. La popularidad de la señora de Kirchner se derrumbó con una velocidad inédita en la experiencia democrática reciente. Y el PJ, que iba a ser la viga maestra del nuevo gobierno, comenzó a elaborar proyectos presidenciales alternativos a partir de la hipótesis de que la vitalidad del actual proyecto político está agotada.

- Sin cambios a la vista.

¿Está en condiciones Cristina Kirchner de sacudirse el yugo de quien la llevó al gobierno, como su esposo se emancipó de Eduardo Duhalde en 2005? El nepotismo complica la intelección de este problema al contaminar el orden público con factores emocionales que, por definición, son privados. La pregunta podría ser otra: ¿Está en condiciones Cristina Kirchner de poner en tela de juicio la autoridad de su esposo hasta removerlo del lugar imaginario que ocupa en su ecuación psíquica? Como es obvio, este interrogante excede las posibilidades del análisis político.

Conviene no atravesar esa frontera. Basta con advertir que, salvo un giro que no está a la vista, la experiencia del gobierno actual se parece cada vez menos a ese vuelo hacia la calidad institucional que se había prometido. Al contrario, luce como la remoción del último límite para que en la Argentina el poder omnímodo de un Presidente sea reemplazado por la voluntad de un sujeto privado, un caudillo, Néstor Kirchner.

(fuente: http://www.lanacion.com.ar/edicionimpresa/suplementos/enfoques/nota.asp?nota_id=1019320&origen=premium)

La gestión económica: oportunidades perdidas (Néstor O. Scibona - lanacion.com.ar)

Política.

En sólo seis meses, el péndulo de las expectativas económicas se movió casi sin escalas de un optimismo apoyado en los índices alentadores a un enrarecido clima de crisis. ¿Las razones? La inflación, el asalto al Indec, el déficit energético y el conflicto con el campo.

Los primeros seis meses de gestión, de los cuales tres estuvieron signados por la parálisis que causó el conflicto con el campo, arrojan un saldo desalentador para el gobierno de Cristina Kirchner en materia económica.

Este período será recordado por su abrupto cambio de expectativas: del espectacular crecimiento a "tasas chinas", difícilmente sostenible por la mayor inflación, el péndulo se movió sin escalas hacia un clima de crisis, aunque no hubiera causas macroeconómicas que la justificaran.

El paro agropecuario de marzo, y la seguidilla de actitudes del kirchnerismo que ideologizaron al extremo lo que en esencia era una protesta sectorial, fueron sin duda el detonante de este drástico cambio de humor social. Sin embargo, el origen hay que buscarlo mucho antes y en razones más complejas.

Fue el semestre de las oportunidades perdidas. Cristina recibió de Néstor Kirchner una herencia económica sin precedente (alto crecimiento del PBI, caída del desempleo, superávit gemelos, reservas récord en el Banco Central), reforzada por una formidable suba de precios internacionales. Pero también heredó una serie de problemas que habían sido desprolijamente barridos debajo de la alfombra durante los dos años anteriores (inflación en alza, desmantelamiento del Indec, repunte de la pobreza, desborde de gasto público, precios relativos distorsionados, déficit energético cubierto por crecientes subsidios estatales, carencias de infraestructura, financiación externa clausurada, etc).

- Cintas y buenas noticias.

Cualquier otro presidente hubiera aprovechado el capital político inicial de toda nueva gestión para corregir estas distorsiones, adjudicándolas a la herencia recibida. Pero en una sucesión político-matrimonial eso es mucho más difícil. De ahí que Cristina se dedicara exclusivamente a los cortes de cintas y al atril presidencial para propalar buenas noticias y dejara de lado la solución de los problemas, como si éstos fueran un invento del periodismo o de la oposición.

Quienes la votaron creyendo que el cambio iba a comenzar o que mejoraría la calidad institucional, pronto se decepcionaron. La Presidenta tardó más de tres meses en pronunciar públicamente la palabra inflación y cuando lo hizo fue para atribuirla exclusivamente al sector agropecuario. Nadie puede resolver un problema si no empieza por reconocerlo; y más en un país con la historia inflacionaria de la Argentina. Su primer ministro de Economía (Martín Lousteau) debió hacer malabarismos para decir que el problema lo ocupaba pero no lo preocupaba, al sólo efecto de no contrariar a los Kirchner. Al final, con un pie fuera del Gobierno, propuso una serie de medidas razonables que ya habían sido rechazadas de antemano. Su sucesor (Carlos Fernández) ni siquiera acusó recibo en el mes y medio que lleva de gestión, como si la política oficial no tuviera que ver con la inflación de dos dígitos anuales.

Cristina Kirchner también perdió, apenas asumió, la oportunidad de normalizar el Indec y de sincerar el controvertido IPC, en el que nadie cree. La mejor prueba es que la expectativa inflacionaria era de 13% anual hace un año y de 36% en la actualidad (según la Universidad Di Tella), contra el inverosímil 8,8% oficial. En cambio, prefirió avalar su reemplazo por otro engendro estadístico que hará su debut en los próximos días, para reemplazar el termómetro de los precios y la medición de la pobreza, que sólo en las estadísticas oficiales no suben.

Otro tanto ocurre con el déficit energético, donde el tardío crecimiento de la oferta corre detrás de la demanda y para cubrirlo hacen falta inversiones por 4500 millones de dólares anuales que nadie sabe de dónde provendrán, con precios domésticos alejados del mundo. Nunca hasta ahora hubo una conferencia de prensa oficial que pusiera cifras en perspectiva. Distribuir lámparas de bajo consumo es apenas una aspirina para este desequilibrio estructural, mientras se queman miles de millones de dólares en subsidiar la importación de hidrocarburos cada vez más caros en el mundo y más escasos en la Argentina.

En el ambiente empresario, quienes deben decidir inversiones toman en cuenta otros datos. CFK mantuvo en vigencia la Ley de Emergencia Económica y en sus cargos a los ministros y secretarios de la gestión anterior que contribuyeron a provocar muchos de los problemas heredados. Julio de Vido, Guillermo Moreno, Ricardo Jaime no sólo tuvieron continuidad sino más poder como soldados K. Hugo Moyano no cruzó de vereda (como había amenazado públicamente en diciembre) y terminó como vicepresidente del PJ en reconocimiento a los servicios prestados desde la CGT. También reapareció Luis D Elía en los palcos oficiales.

Pero más allá de los nombres, la desconfianza se acentuó con otras señales. Las polémicas retenciones móviles a los granos para aumentar la caja fiscal mostraron a un gobierno dispuesto a penalizar las ganancias del propio "modelo productivo y exportador", casi al mismo tiempo en que adjudicaba el tren bala a Rosario y Córdoba sin ninguna justificación de prioridad. La imprevista reacción del campo puso al descubierto no sólo la falta de políticas para el sector, sino la discrecionalidad con que se manejan recursos y gastos desde la Casa Rosada. Dos problemas que hasta el año pasado sólo estaban en boca de los especialistas y que ya será difícil barrer debajo de la alfombra.

Mientras tanto, la inflación y el cambio de expectativas frenan inversiones, amenazan enfriar el consumo y desperdiciar la oportunidad que el mundo le sigue dando a la Argentina para mantener el crecimiento a más largo plazo.

(fuente: http://www.lanacion.com.ar/edicionimpresa/suplementos/enfoques/nota.asp?nota_id=1019306&origen=premium)

El mismo poder, de otra manera (Joaquín Morales Solá - lanacion.com.ar)

Política.

Quizás nunca se sabrá lo que hubiera sido un gobierno de Cristina Kirchner. Marcada por la impronta del ex presidente Néstor Kirchner, la administración de la actual mandataria no tuvo el derecho a hacer el balance de lo que recibió ni se desprendió de la herencia de funcionarios que le legó su esposo. Por eso, para vastos sectores sociales el país no está gobernado por los seis meses de la Presidenta, sino por los cinco años del matrimonio Kirchner. Néstor Kirchner no tuvo, a su vez, los beneficios de la reelección (a la que la Constitución lo habilitaba), pero sobrelleva los perjuicios de una reelección implícita.

¿Qué significa, en última instancia, que Cristina Kirchner no haya podido hacer ningún balance? Significa, en primer lugar, que está pagando los costos políticos de las cosas que su esposo no hizo o fue postergando y que carga, encima, con los mismos funcionarios que, por su propia historia, están obligados a defender y conservar las viejas políticas. Los primeros datos preocupantes de la inflación, por ejemplo, aparecieron mucho antes de que Néstor Kirchner se fuera del despacho presidencial. Pero el ex presidente tuvo el suficiente margen político y económico como para sentar a Guillermo Moreno sobre los precios. Moreno se sentó luego sobre el Indec, mientras los precios andan por las nubes. Ni Néstor ni Cristina Kirchner se notificaron todavía de la inflación.

Eduardo Duhalde dijo hace poco que el más grande error de Néstor Kirchner fue haber depositado la presidencia en manos de su esposa, porque ésta no tenía experiencia ejecutiva. La historia lo contradice a Duhalde. Arturo Frondizi llegó a la presidencia con la única experiencia de legislador nacional. El único cargo público que tuvo Raúl Alfonsín antes de ser presidente fue el de diputado nacional en los primeros años de la década del 60.

Si las cosas se miran con objetividad, el más grande error de Néstor Kirchner fue haber hecho el sacrificio político de dar un paso al costado y no haber sido coherente con esa decisión. Los primeros seis meses de Cristina Kirchner se pueden juzgar también como el tiempo en el que el ex presidente ejerció el mismo poder que tenía antes, pero de otra manera. En conclusión, terminó borroneando la figura de la Presidenta, eclipsando su rol como la última instancia política de la Nación y condenándola, ante muchos sectores sociales, a cumplir un papel protocolar en la conducción del Estado.

Ninguno de los preceptos electorales de la Presidenta se ha puesto en marcha aún. La política exterior es, por caso, el asunto que más la apasionó en sus tiempos de primera dama; fue casi una canciller paralela de su esposo. La comunidad política -y no pocos sectores de la vida internacional-esperaban que Cristina Kirchner pusiera un fuerte énfasis en las relaciones internacionales. Pero la Argentina sigue siendo en el mundo, en rigor, tan irrelevante como en tiempos de Néstor Kirchner.

La Presidenta debutó con el estallido del caso Antonini Wilson en los Estados Unidos. Y para enfrentarlo siguió los pasos de su esposo: tomó el atril y zamarreó al gobierno de Washington como si fuera el culpable de una megaoperación para desestabilizar a su Gobierno. Luego se arrepintió, pero ya era tarde. Aún hoy, y a pesar de algunas visitas que se intercambiaron entre Washington y Buenos Aires, lo cierto es que el gobierno norteamericano –y la dirigencia política washingtoniana en general– le perdió la confianza al nuevo gobierno argentino. La política exterior sigue en estado de parálisis.

Los escándalos de corrupción durante el gobierno de Néstor Kirchner, ya que estamos en tema, no pueden ser revisados por el gobierno de Cristina Kirchner. Una reciente investigación de LA NACION confirmó que Claudio Uberti, el embajador virtual de Kirchner ante Caracas y pasajero en el mismo avión que Antonini Wilson y su valija, había llamado por teléfono al entonces presidente desde el mismo aeroparque. Uberti lo visitó a Kirchner en Olivos pocas horas después. Guste o no, Cristina Kirchner también vivía entonces en Olivos, aunque desconociera las visitas y las conversaciones de su esposo.

¿Cómo explicarle a la sociedad que esas deudas políticas son de Néstor Kirchner y no de la Presidenta cuando ésta conservó casi intacto el gabinete de su esposo? Imposible. La única designación iridiscente que hizo Cristina Kirchner fue la de Martín Lousteau como ministro de Economía, pero debió devolverlo a su casa apenas cuatro meses después. El relevo de Lousteau puso en evidencia otra realidad del poder: el verdadero y único ministro de Economía de Cristina Kirchner es Néstor Kirchner. Una de las causas del relevo de Lousteau fue precisamente que el ex ministro tuvo siempre un diálogo sólo social y distante con el ex presidente.

El atril es otra herencia innecesaria. Cristina Kirchner siguió con la costumbre política de su esposo de retar y elogiar, o comentar las cosas del país, desde un solitario atril en la Casa Rosada. También acude, como Néstor Kirchner, a las tribunas en el interior de la Argentina. El método ya era malo con Kirchner, porque de esa manera evitó cualquier relación civilizada con la prensa independiente. Pero, además, las copias son siempre peores que el original. Al revés de su esposo, Cristina Kirchner tuvo la experiencia de relacionarse con el periodismo cuando fue diputada y senadora nacional. La copia de ese estilo fue uno de sus gestos menos justificables.

La crisis por la que todavía atraviesa el país (el conflicto con el sector agropecuario, la inflación, la escasez energética, la inseguridad) señalan la imperiosa necesidad de un cambio. Cambios de personas en el gobierno y cambios que incluyan, necesariamente, las políticas vigentes, algunas tan viejas que nacieron con la llegada del kirchnerismo al poder. Sin embargo, Cristina Kirchner pertenece a una cultura política que la obliga a la concentración del poder en muy pocas manos y a una lealtad inquebrantable con quien es, todavía, el jefe político del país. Por eso, es casi imposible imaginar cómo hubiera sido un auténtico gobierno de Cristina Kirchner.

(fuente: http://www.lanacion.com.ar/edicionimpresa/suplementos/enfoques/nota.asp?nota_id=1019319&origen=premium)

Comienzos distintos (José Ignacio Sbrocco - lanacion.com.ar)

Política.

Cómo fueron los primeros seis meses de las otras gestiones democráticas.

Desde el retorno de la democracia en 1983, los distintos gobiernos debieron enfrentarse a situaciones complicadas. Pero ningún presidente -desde Raúl Alfonsín hasta Néstor Kirchner- tuvieron, en los primeros seis meses de gestión, una sucesión de conflictos semejantes a los que mantiene actualmente el Gobierno, especialmente con el campo.

Alfonsín heredó una crítica situación económica, las graves secuelas de la lucha contra la subversión y la derrota en Malvinas.

Una de sus primeras jugadas fuertes fue impulsar el juicio a los jefes militares y los grupos guerrilleros por los delitos cometidos durante la última dictadura.

Alfonsín también dispuso la reorganización de los partidos y sindicatos, que habían sido disueltos por la Junta Militar. Los sindicatos ejercieron una fuerte presión para modificar la ley propuesta por Alfonsín y amenazaron con un paro general, casi tres meses después de la asunción. El 3 de septiembre de 1984 soportó el primer paro sindical-por un día-, que precedió los 13 realizados durante su mandato.

Carlos Menem asumió el 8 de julio de 1989 su primer mandato. Fue la primera vez en 50 años que se sucedían dos gobiernos constitucionales. Las medidas económicas más trascendentales de los primeros meses fueron combatir la hiperinflación y dar impulso a la privatización de empresas públicas (YPF, Entel, ferrocarriles, Aerolíneas Argentinas y los canales de televisión).

El 12 de agosto de 1989 anunció la reducción de retenciones a la exportaciones, que eran del 30 por ciento en ese momento. "No son una herramienta justa", había dicho Menem.

El 10 de diciembre de 1999 volvía el radicalismo al Gobierno, aliado con el Frente País Solidario (Frepaso). Fernando de la Rúa tuvo una fuerte oposición del bloque del PJ en el Congreso.

Las medidas económicas adoptadas por la Alianza pretendían reducir el gasto público y aumentar la recaudación. Las entidades rurales le plantearon al entonces presidente la necesidad de tomar medidas para el sector debido "a los bajos precios y a la caída de la demanda". Lo opuesto de lo que pasa actualmente.

El 17 de enero impulsó la ley de reforma laboral, resistida por los gremios, por la que años después sería procesado en lo que se conoció como la causa por coimas en el Senado, cuando se trató esa ley. El sindicalista Hugo Moyano -ahora ultraoficialista- organizó el primer paro contra De la Rúa: fue el 5 de mayo de 2000, en protesta contra "el modelo económico vigente y la reforma laboral".

Néstor Kirchner asumió el 25 de mayo de 2003 y su primera medida fue remover la cúpula de las Fuerzas Armadas, un preludio de su política de derechos humanos. El Congreso eliminó las leyes del perdón y se reabrieron las causas judiciales por los delitos cometidos durante la última dictadura. También desmembró parte de la Corte Suprema heredada del menemismo.

La primera protesta que afrontó fue en 2006, iniciada por tres de las cuatro entidades rurales. Sólo Coninagro, la más cercana al Gobierno, no participó.

(fuente: http://www.lanacion.com.ar/edicionimpresa/suplementos/enfoques/nota.asp?nota_id=1019304&origen=premium)

La moda K (Flavia Fernández - lanacion.com.ar)

Desde el traje de encaje blanco inspiración Leticia Ortiz con el que inauguró su título de presidenta, CFK pasó por diferentes etapas, algunas menos acertadas, como la sucesión de vestidos veraniegos evasé-cinturón ancho (en versión lisa o floreada) que usó sin cesar durante los últimos meses de 2007.

La falda con vuelo y la mini chaqueta rígida en colores shocking fue otro clásico que siempre acompañó con stiletos de Claude Benard y carteritas de Fahoma, Peter Kent o Ricky Sarkany. Las de marca internacional (Louis Vuitton, Hermès o Chanel) las lució en el exterior y en contadas oportunidades.

Aunque sigue siendo fiel a su estilo y se mantiene firme en eso de no casarse con ningún diseñador ni tener asesor de imagen, en los últimos meses hubo algunos cambios. En sintonía con su actitud firme con el campo y los primeros fríos de otoño, Cristina oscureció aún más sus párpados, poniéndole más dramatismo a su mirada. Acertadamente, bajó unos tonos el rouge, se recogió el pelo en un par de oportunidades y sacó a relucir el collar de perlas, un detalle muy Hillary que le aportó estilo a los equipos grises y negros que lució en los últimos eventos.

No hay dudas de que tenemos una Presidenta muy preocupada por su aspecto. De hecho, ella misma confesó risueña que desde los 15 se "pinta como una puerta". Pero lo que no le hace ninguna gracia es que se hable de sus refrescadas, ácidos y toxinas botulínicas, aunque es evidente que algo sucedió en su rostro, que luce más voluminoso, sin secuelas del estrés del poder.

Sin diseñador de cabecera (Susana Ortiz es quien más la viste, pero también lo hizo Marcelo Senra), con extensiones de Alberto Sanders, con los baños faciales de leche para combatir la rosácea, con las corridas en patines por los jardines de Olivos, las clases de pilates y el make-up a toda hora, así cuida su imagen Cristina Kirchner, la primera presidenta electa de la Argentina.

- Las diez claves.

A seis meses de su asunción, ya se puede hablar de tips e incluso intentar un top ten del look de Cristina Fernández de Kirchner.

1. Melena con extensiones y brushing.

2. Cintura marcada con cinturones anchos.

3. Maquillaje intenso con acento en los ojos.

4. Faldas evasé a la rodilla.

5. Sacos cortos y entallados.

6. Bijouterie y carteritas bordadas para la noche.

7. El rolex presidente con brillantes.

8. Uñas esculpidas; anillo en el meñique.

9. Boina chavista.

10. Look estanciero para los week-ends patagónicos.

(fuente: http://www.lanacion.com.ar/edicionimpresa/suplementos/enfoques/nota.asp?nota_id=1019303&origen=premium)

¿Qué opinan las mujeres? (Laura Capriata - lanacion.com.ar)

Política.

Las argentinas tuvieron que esperar 32 años para tener otra vez una presidenta mujer, y toda su historia para elegirla en las urnas. A lo mejor por eso quieren que Cristina Kirchner le dé lugar a algunas cualidades asociadas al género femenino: diálogo, conciencia de los matices, sensibilidad social y "blandura", según sus propias palabras. LA NACION consultó a siete mujeres reconocidas en sus áreas para que evaluaran los primeros seis meses de gobierno. Ninguna de ellas logró sustraerse del conflicto con el campo que divide al país, todas insistieron en que convocar al diálogo no sería una muestra de debilidad, sino de fortaleza, y le pidieron a la Presidenta que se aleje de la influencia de su esposo, Néstor Kirchner.

"Estos primeros meses son desconcertantes. Se ha instaurado un doble comando con Néstor Kirchner que no tiene antecedentes y en este grave momento nacional observamos la postura presidencial de no intervenir personalmente en un conflicto como el del campo, que tiene en vilo a la Nación", opinó la periodista Magdalena Ruiz Guiñazú . "Concertar no tiene por qué ser una derrota", consideró.

Como socióloga y analista de opinión, Graciela Römer está acostumbrada a opinar sobre los presidentes de turno, pero por regla general son hombres. "Para quienes defendemos la igualdad de género tener una Presidenta es un dato importante, porque además tiene merecido ese lugar", observó. Sin embargo, añadió, "es una asignatura pendiente que el gobierno de Cristina tenga su propio perfil", por ahora "muy condicionado por su esposo".

La politóloga Ana María Mustapic coincidió. "Sus cualidades parlamentarias no parecen ser funcionales a su rol presidencial, que por otra parte no desarrolló completamente, pues lo comparte con el ex presidente", señaló.

Argentina por opción, la actriz China Zorrilla cree que Cristina Kirchner es una persona inteligente, informada y "muy digna de ocupar el sillón de Rivadavia", pero no pudo dejar de mencionar el conflicto con el campo: "Estoy asombrada del lugar al que se llegó", dijo.

La historiadora y escritora María Sáenz Quesada se acuerda bien de las promesas de campaña de la entonces senadora: "Convocar a todos, sin rencores ni odios, para reconstruir el tejido social". Pero cree que los problemas heredados y los propios conspiraron en su contra. "La convocatoria no se tradujo en hechos", opinó. Ahora, para cumplir con su promesa inicial, le pidió a la Presidenta "cambiar de actitud", porque "no sería un signo de debilidad sino de seriedad, inteligencia y fortaleza".

Adriana Costantini , creadora de la empresa de modas que lleva su nombre, votó a Cristina Kirchner. "Creí que iba a tener una visión más social desde su identidad de mujer, pero eso no pasó", dijo. "Ejercer el poder debe de ser muy difícil, pero para eso hay que ver los grises. Lo único que pido es un poco de blandura para ejercer el poder, y un lugar para el Congreso y el federalismo", resumió.

Hace 12 años que Margarita Barrientos abrió el comedor Los Piletones, en Villa Soldati, donde hoy le da de comer a 1350 personas, casi todos chicos. "Me gusta su elegancia, y la respeto, aunque no la voté", señaló. Barrientos explicó que su comedor funciona gracias a la ayuda de la Nación y la Ciudad, pero también cree que si cayó el número de muertes por desnutrición en los últimos años fue gracias al trabajo conjunto del Gobierno y el campo, por eso se anima a pedirle a la Presidenta: "Siéntese a dialogar, eso no es rebajarse".

(fuente: http://www.lanacion.com.ar/edicionimpresa/suplementos/enfoques/nota.asp?nota_id=1019305&origen=premium)

3 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Matías

Matías dijo

Que increible esta gente de La Nación (siempre contra la voluntad popular); es el mismo diario que en el 2003 dijo que Kirchner iba a durar un año............¿Cuántos van? y el mismo diario que entre sus principales columnistas tiene a gente que formó parte de los gobiernos militares genocidas.

marcelo

marcelo dijo

matias, no se si la nacion dijo que iba a durar un año en 2003. lo que si te digo es que la korrupta de kristina estoy seguro que no dura ni dos semanas mas. te juego un asado

Gustavo

Gustavo dijo

Totalmente de acuerdo con tus opiniones respecto al desempeño de la Presidenta Fernández.El noble y trabajador pueblo argentino debe estar en ascuas dobre el rumbo de su pais.Se esperaría que alguno, de los cercanos colaboradores de esta Dama conociera la verdad de las demandas populares y le dijera verdades,no mentiras que ella quiere escuchar.Actuan como un coro de aduladores .El pueblo tiene la palabra,dentro de su Constitución.Nada de grupos violentos que secuestran en la pampa menos, la amenaza de piqueteros y agentes gubernamentales.Pienso.

Escribe tu comentario


Si prefieres firmar con tu avatar, haz login
Inserta un emoticono

Sobre este blog

Avatar de horasur

HoraSur

horasur@yahoo.com
(con moderación
de comentarios)

Basilio Pozo-Durán

Soy un chico de 23 años.
Vivo en La Plata
(Buenos Aires, República Argentina).
Estudio Filología Hispánica.
Me gusta escribir, la literatura,
la música (flamenco y cantautores),
el cine (español y latino), el teatro.
Soy de izquierdas, ateo
y me considero solidario y concienciado,
parte de un todo.
Mi compromiso eres tú.

ver perfil »

noticias actualizadas