26 Abr 2008
LA VIEJECITA DE MOZAMBIQUE
llegué a Mozambique buscando una flor,
al caer la tarde detuve el camino,
con chapela vasca y con mi acordeón.
En la misma puerta de aquella hostería
una viejecita me identificó:
“¡los siete puñales de Santa María!
¡Usted es de España, lo mismo que yo!
En tus ojos claros de almendro florido
veo la Cibeles, manantial de amor,
y en tu risa alegre, loca algarabía,
la gente que corre en la plaza mayor”.
Y yo, Victoriano, trotamundo vasco,
sorbía una copa de añejo jerez,
un llanto cuajado de melancolía
surcó la mejilla de aquella mujer.
“Cuéntame de España, ‘mutil’ aguerrido,
¿qué es de tu Bilbao? ¿qué es de mi Madrid?
Yo vine a esta tierra hace ya tantos años,
me empujó a esta suerte la guerra civil.
Dime si aún alumbran los viejos faroles
en la Cava Baja del Madrid de ayer,
¿todavía fluyen las aguas humildes
en el Manzanares que me vio nacer?
Si algún día vuelves por esos caminos,
un favor del alma te quiero pedir:
tráeme un puñado de esa santa tierra,
que quiero besarla para bien morir”.
- Quiero decirles, amigos míos,
que al volver a la patria tomé
un puñado de tierra española
para llevarlo a la viejecita de Mozambique.
Yo soy Victoriano, trotamundo vasco,
volví a Mozambique buscando una flor,
al caer la tarde detuve el camino,
con chapela vasca y con mi acordeón.
Lo que contemplaron mis ojos absortos
no cabe en los versos, ni en una canción:
yacía postrada, gravemente enferma,
la viejita al punto me reconoció.
Sin decirme entonces ni media palabra,
bajo la luz tenue de un viejo quinqué,
tomó aquel puñado de tierra española
que mientras besaba musitó a la vez:
“Gracias, joven vasco, que Dios te bendiga,
ahora me muero dichosa y en paz,
porque he comulgado con la tierra mía,
pensando en mi pueblo y en su libertad”.
- Quiero decirles amigos míos,
que yo me alejé llorando con mi chapela
vasca y mi acordeón peregrino,
y un solo pensamiento taladró mis sentidos:
que tan importante es aquel que muere
con un fusil en la mano defendiendo
la libertad de su tierra,
como el que muere en el exilio,
soñando volver a ella-.
Sobre este blog
CIERTAS EXTRAÑAS COSAS
deralte
Un blog que pretendía presentar ciertas extrañas cosas que pasan en el mundo tal como yo las veo y otras no tan extrañas, con matices irónicos para reflexionar y que las circunstancias han hecho que varíe a blog literario musical.
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4 comentarios Escribe tu comentario
jpolinya dijo
En Octubre del 78, viajando en tren de Avignon a Sait Jean du Gard, tuve la fortuna de coincidir con una viejecita, pied noir, que medio en francés, medio en español, medio en catalán, me contó que había nacido en Agost (un pueblecito de las montañas de Alacant) y que su deseo era volver a morir al pueblo. Pero sus hijos, nacidos en Argelia y ya totalmente franceses, no tenían la más mínima intención de regresar a España. Acabamos los dos con lágrimas en los ojos.
Esta canción es muy real, amigo Deralte. Lo que cuenta es absolutamente cierto, aunque no hubiera pasado.
deralte dijo
Es una canción que he querido poner, porque las divisiones entre españoles solo son aqui dentro, cuando estan fuera un catalán y un vasco se reconocen en un madrileño o un andaluz como parte de un todo.
Pero si, la emigración es muy dura y más cuando es huyendo de una guerra. El tiempo pasa pero uno sigue con los mismos recuerdos.
Saludos
Anónimo dijo
Conocia la canción, cuando vi el titulo del post ya la identifique, gracias por recordarla, y lo que dices es ciertos todos somos mas españoles de lo que creemos, pero que no nos impongan nada, eso va el el alma del español aunque sea una incongruencia.
Un abrazo, amigo.
deralte dijo
Por eso la puse, al margen de por los 65 de Mejia Godoy.
Saludos dominicales