Ocurrió el año pasado. En noviembre María Silvia Álvarez y Walter Vergara viajaron hacia Barcelona con la ilusión de acompañar al hermano de Walter durante su casamiento. Nunca pudieron hacerlo. Las autoridades de Migraciones y la Policía los detuvieron y estuvieron 36 horas "en condiciones inhumanas, sin beber y sin comer".
Hoy los bailarines cordobeses que regresaron al país bajo vigilancia, están demandando –por un millón y medio de pesos-, ante la Justicia Federal, al Reino de España. En la presentación judicial indican que el motivo esgrimido por las autoridades españolas para no dejarlos ingresar al país fue pertenecer a: “ciertas etnias, en el caso, latinoamericanos que respondan a ciertas características fisonómicas ingresen a Europa".
Este tipo de hechos, no sólo sucede en España. En aeropuertos de los Estados Unidos también es frecuente que pase. Especialmente con ciudadanos centroamericanos y mexicanos. Alguna vez presencié la terrible situación de que separen de la fila de migración a un par de jóvenes. La desesperación por explicar que sólo querían pasar unos días en los Cayos de La Florida no alcanzó para que los guardias implacables se los llevaran detrás de los vidrios espejados.

