24 Nov 2010

THAILANDIA (II): UNA PLAYA SIN AMOR

Escrito por: igoarinon2n el 24 Nov 2010 - URL Permanente

Jajaja! Me he confundido... Pero no es divina? Asi se empieza.

...Hasta por las escaleras de SKAYTRAIN, tan airosas!

Ya estaba “shoppingacomplejada”, ya se sentía culpabilizada a la vista de tanta sílfide cabalgando plataformas vertiginosas. Ya ni comía. Las escaleras del skaytrain y los cálculos mentales del precio del billete de metro habían secado la poesía de su cerebro. No miraba los árboles. No hablaba con las flores. Esperaba el milagro.

“Allá por el sur, sur…no Puhket, ¡eso no! Más al sur… por Krabi. Ahora no es la temporada y las playas estarán semivacías, lo que a ti te gusta. Tienes tres días.”

A mí lo de Krabi evocaba cangrejo, carramarro que decimos en Bilbao, y me imaginaba yo metida en otra experiencia de desove cangrejística como en la isla de Providencia. Me vendría bien reposar los ojos de tanta “dorificación budística”. ¡En marcha!

¿Doce horas de autobús nocturno? Esa penitencia para la próxima (pienso), con un mes en el bolsillo. Opto por un vuelo de Air Asia a mi alcance. Y llegamos a una especie de “aterrizador” reducido a la mínima expresión, gris, impoluto, carcelario, pero con kiosko de turismo operativo al anuncio de la noche, y taxis y buses y “facilitadores de imaginación desbordada”. ¡Os conozco!

¿Krabi? Hay taxis a la ciudad y un bus. De repente me entran ganas de dormir en AO NANG y no esperar la mañana como aconsejan los sabios “guieros”. Me voy en el autobús con una sarta de jovencísimos mochileros aplastados bajo el peso de sus sueños que desaparecen por el camino plano en ristre.

“Y usted, ¿dónde? No sé. En el centro (ilusa de mí). ¿Qué centro? Pues en la playa (ignorante de mí).”

Me deja en una carretera al lado de un gran centro de masaje, al lado de la playa, dice. Veo dos o tres hoteles y después de mucho regatear invocando la crisis, la hora y mi intención de honrarles con mi presencia tres noches, ¡milagro milagro! Consigo la última habitación… super-delux (según ellos), a pie de piscina (según ella), y con desayuno incluido (a coro). En mi habitación me digo que en varias vidas mías anteriores debí ser la reina de los sacrificios y penitencia, que los dioses me recompensaban por ello ahora…!Jajaja! Mientras saltaba en el super-colchón mandando por los aires el cisne de toalla. ¿La piscina? ¡Es verdad! De la terracita de mi territorio se salía directamente a la pisci. Eso para mañana.

Un enorme paraguas del hotel me cobija hasta la calle principal de AO NANG que asciende perezosamente animada por luces y colores. Llueve de arriba debajo de abajo arriba y de todos los lados y llego ensopada con hambre de lobo a un resto-buffet llenito de ensaladas, frutas, helados y comida thai: Bernie’s, 250 Bts todo incluído sin ++ como acostumbran. ¿Será verdad? Esa sería mi casa por tres días a la vuelta de las expediciones, es un decir. Delicioso, fresco y variado. Un día descubrí al dueño, un danés de buena tripa que se desvivía por satisfacer a sus clientes. No logre descifrar su fórmula.

Por la mañana hice acto de contrición e hice una genuflexión en desgravio, estaba al ladito mismo de la playa NOPPARAT THARA que me propuse recorrer hasta el embarcadero de Parque Nacional para llegar a Ko Phi Phi, unos tres kilómetros de arena blanquísima que descubre sus encantos ante la rápida bajada de la marea. Al principio, pegado al farallón lujurioso el “embarcadero” de los LONG TAIL BOATS de la cooperativa, seguido de un restaurante-chiringuito descansando, las sillas patas arriba. Me adentro en el sendero que bordea la playa entre árboles corpulentos que parecen primos hermanos de los ficus, del peepal, del baniano, con sus raíces como cabelleras de sirenas.

El sol apunta entre la bruma y emergen los pitones esmeralda rutilantes como guardianes de la felicidad. Eso pensé mientras aspiraba con ansia con el propósito de hacer mía tanta belleza.

Y bajó y bajó la marea y ya cerca del embarcadero pude alcanzar las islitas vecinas por una lengua de arena movediza. ¿Se puede uno emborrachar de tanta belleza? ¿Puede uno sucumbir al hechizo y querer quedarse allí para siempre? Reino de conchas, mangles y cavernas. Azul el cielo, el agua azul. Verde, que te quiero verde… resuena en mis oídos.

Volveré por la arena, pies en lastre de la pena, rebozo blanco. Canto.

No es esta la playa del amor dolarizado.

FOTOS: Cortesia de GOOGLE

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