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25 Sep 2009

Lanzarote, impresiones de un Pais. Arrecife y Timanfaya

Escrito por: j-enrique el 25 Sep 2009 - URL Permanente

Lanzarote, impresiones de un País. Arrecife y Timanfaya

La propiedad intelectual, tanto de los textos como de las fotos, pertenecen al autor, por lo que está prohibida la reproducción total o parcial sin expresa autorización

AUTOR: José Enrique González Palma (www.JoseEnriqueGonzalez.com)

Agosto 2.009

Haz clic en una imagen para ampliarla.


La ida:

El Hotel:

El hotel es un alarde de diseño y de ecología, todos los detalles están enfocados al ahorro de energía y de hacer uso de las

nuevas tecnologías "limpias". El vestíbulo, de unos 100 x 40 metros, está acristalado hasta la planta quinta, lo que produce

un gran invernadero climatizado, ajardinado, con fuentes, pequeños lagos y jardineras colgantes desde las plantas superiores,

creando un ambiente limpio, fresco y relajante.

En la zona de bar, se encuentra un espacio circular equipado con diversos

sofas y mesitas que giran lentamente permitiendo la contemplación del gran espacio, así como de la parte de

actuaciones que amenizan la estancia y la hace muy agradable.

Las instalaciones se completan con grandes piscinas, zonas para tomar el sol y con acceso a la playa que, prácticamente, es privada.

Arrecife:

Arrecife, capital de Lanzarote desde mediados del siglo XIX, es una pequeña y bella ciudad portuaria, con agradables calles

peatonales, comercios y todo tipo de servicios.

Los comienzos de Lanzarote se debieron a los asentamientos de los marineros que faenaban por la cercana costa

de Africa, asi como de mercaderes que encontraron un cómodo y bello lugar para establecerse.

En la ciudad viven alrededor de la mitad de la población de toda la isla y, muy próximos a ella, están los núcleos turísticos

mas destacados, como son el de Puerto del Carmen a un lado, y el de Teguise al otro.

En nuestra búsqueda de un restaurante donde degustar la cocina oriunda del lugar, nos encontramos con el

llamado “Charco de San Gines” que es un lago de agua de mar usado para tener las pequeñas embarcaciones

de los pescadores, cuyas casas se sitúan alrededor del lago, constituyendo las primeras edificaciones de

Arrecife, y donde se construyó la primera ermita que se transformó en la actual Iglesia de San Ginés.

Parque Nacional de Timanfaya:

Lanzarote fue la primera isla, de las canarias, que se formó debido a fuertes erupciones volcánicas, las

cuales sucedieron hacen 18 millones de años. Posteriormente, en los años 1730 y después en 1824 se

produjeron nuevas erupciones que cambiaron la configuración física de la isla, y estructuraron el único

y espectacular paisaje que hoy podemos contemplar, especialmente en el Parque Nacional Timanfaya, donde

la temperatura es muy elevada a muy poca profundidad, a tal punto que hay zonas donde no es posible retener

en la mano, un poco de picó cogido del suelo.

En pequeñas perforaciones naturales, la temperatura es tan elevada que introduciendo ramas secas, arden a viva llama

en pocos segundos, y en otras zonas, se ha introducido unos tubos en los que, si se les hecha un cubo de agua, en unos

segundos sale disparada en forma de vapor, formando geiser de una decena de metros de altos.

En otras aberturas naturales, es tan fuerte el calor que asciende, que es aprovechado

en el restaurante “El Diablo” para usarlo como barbacoa.

La excursión:

En este Parque Nacional, es posible rememorar el medio de transporte de los antiguos habitantes de la isla, realizando

un paseo en camello por un itinerario trazado por el Parque.

Así sentí Lanzarote.

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AUTOR: José Enrique González Palma

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12 Abr 2009

Italia, impresiones de un Pais. Roma y Vaticano

Escrito por: j-enrique el 12 Abr 2009 - URL Permanente

Italia, impresiones de un País. Roma y El Vaticano

La propiedad intelectual, tanto de los textos como de las fotos, pertenecen al autor, por lo que está prohibida la reproducción total o parcial sin expresa autorización

AUTOR: José Enrique González Palma (www.JoseEnriqueGonzalez.com)

Hacer clic sobre una foto para ver de mayor tamaño.

SOBRE ROMA. Diario:

Nuestro viaje a Roma fue inesperado, por lo que con tan solo 4 días antes de salir, iniciamos las reservas, y por lo que las opciones fueron algo limitadas.

De los hoteles que eran posible, escogimos el Diana, situado próximo a la famosa estación Termini, relativamente céntrico y que, según las informaciones, parecía normal.

Es conveniente llevar contratados los traslados, pues el aeropuerto está a unos 26 Km. y, aunque está comunicado mediante el tren-metro, si no se sabe exactamente llegar al hotel elegido, es preferible la seguridad de que te estén esperando y te dejen en recepción.

Nos recogieron a la llegada en un flamante Chrysler con apertura de maletero a distancia y todo lujo de detalles y para nosotros solos.

Tras recorrer Roma, nos acomodamos en el hotel, pero en una habitación minúscula, con un baño de despreocupada apariencia y terminación, y con vistas a un pequeño patio mugriento de grasas en paredes y tuberías.

Pasamos la noche y, al bajar al restaurante para el desayuno, reclamamos en recepción y, tras disculparse porque por la noche estaba lleno, nos indican que es posible un cambio a una habitación de reciente reconstrucción, la que vemos y se trata de la que llaman allí suitte, con un baño precioso, paredes enteladas, flamante parquet y amplio espacio.

Así el viaje empieza bien.

En Roma, debido a la concurrencia de obras de arte, es conveniente andar y andar, por lo que hay que llevar calzado cómodo y ropa preferente de algodón, ya que la temperatura es alta y algo húmeda por la proximidad al mar.

El primer día, plano en mano, comenzamos a andar y andar, lo que nos permitió contemplar en las 10 horas siguientes El Teatro de la Opera, La maravillosa iglesia Sta. Mª la Mayor, impresionante, S. Pietro in Vincoli, Los exteriores de El Coliseo, pues las colas para entrar eran muy largas, El Arco de Constantino, majestuoso y muy esculpido, El Arco de Tito, El Palatino, El Circo Maximo, El Arco de Giano, todo el recinto de El Foro Romano, El Campidoglio donde visitamos el Musei Capitolini compuesto por dos espectaculares palacios museos (pintura y escultura, con algo de arqueología, visitamos el espectacular, artistico e impresionante monumento a Victorio Emmanuelle II, admiramos la grandiosa columna Traiana, el Foro Traiano, el Mercati Traianei y el Palacio de la Exposición, actualmente en restauración por lo que se contempla por el exterior.

El almuerzo a base de ensaladas muy ricamente condimentada, pasta fresca con un sabor distinto al habitual nuestro, postres y expreso (exquisito), está alrededor de unos 20 € por persona, y la clavada está en las cervezas, que te suelen cobrar sobre unos 3 € por una copa normal, y en el café que ronda el mismo precio si te tomas un delicioso capuchino.

Hay otros restaurantes que, aunque cobren igual precio por la cerveza, te las ponen de hasta 660 cl. lo que compensa el precio.

La cena, de parecidas características al almuerzo, la hicimos en una Trattoria cercana al hotel por el agotamiento acumulado de las visitas del día.

Roma tiene un incipiente trazado de metro, con dos líneas a tres niveles de profundidad. El precio es de 1 € por billete y los hay para el día completo, por semanas, etc. Pero para visitar esta Ciudad, no es rentable coger frecuentemente el metro por la proximidad de los lugares interesantes.

Al día siguiente nos propusimos visitar la Pza. de S. Pedro utilizando la línea A del metro y, guardando una espectacular cola, la Basílica de El Vaticano.

La cola era prácticamente andando todo el tiempo, por lo que accedimos al enorme recinto en unos 20 minutos.

El Vaticano es de unas dimensiones extraordinarias, no pareciendo tan desproporcionado por la relación de todos los elementos que lo componen e integran que están dimensionados todos en proporción, lo que da un aspecto homogéneo y armónico.

Espectaculares son las esculturas en mármol de Carrara, La Piedad del famoso Miguel Angel, las columnas salomónicas o los mosaicos a título de cuadros, cuya perfección y variedad de tonos, los hacen difíciles de diferenciar de cuadros ejecutados al óleo con las mas bellas tonalidades.

Proseguimos a pié nuestro itinerario, hasta el castillo de Sant´Angelo y, a continuación, cruzando el río Tevere por el puente de Sant´Angelo, ricamente adornado con perfectas esculturas a ambos lados del mismo, dirección a la conocida Pza. Navona, no sin antes hacer una parada para reparar nuestras fuerzas con un suculento almuerzo que como plato principal pedimos un buen trozo de cordero al horno, aderezado con romero y otras hierbas aromáticas. El resto igual, ensaladas con mozarella, algo de pasta, tiramisú, bebidas y café. El precio el mismo, unos 40 € los dos.

Pasamos por muchas calles de las autenticas calles vivideras de la Roma de siempre, hasta llegar a la concurrida Pza. Navona, llena de malabaristas, pintores, mimos, cafeterías y curiosos.

Una grandiosa escultura central preside la plaza y, dos artísticas fuentes, ricas en esculturas, se sitúan en ambos extremos.

En la zona media de uno de los laterales, se encuentra una magnifica iglesia con una enorme cúpula, y con una rica y exquisita decoración interior.

Continuando por las calles interiores a las nuevas avenidas, accedemos al Palacio Montecitorio, después a la Piazza Colonna, para llegar de repente y a la vuelta de una esquina, a una pequeña plaza, llena de gentes y con un fuerte murmullo entorno a un espectacular y único grupo escultórico, la Fontana de Trevi.

Inevitable es el sentarse a su borde y dejar la mente en blanco para que absorba todo el encanto y embrujo de esta fuente, cargada de historia y de peticiones.

El agua al caer acompaña con su sonido el romanticismo del entorno, las máquinas de fotos no cesan de disparar y, entre tanta belleza y arte, tiramos otra vez unas monedas al agua, vueltos de espaldas, mientras formulamos un deseo que, con ilusión y esperanza queremos alcanzar.

Otro de los días de estancia en esta vieja y eterna ciudad, lo empleamos para ver el Quirinale y el Palacio de la Opera, así como vagar por las calles llenas de encanto y de bonitas vistas, y también para visitar la Plaza de España,

en cuyas proximidades se encuentra una gran zona peatonal, llena de tiendas de las más conocidas marcas exclusivas a niveles mundiales, con el atractivo de que se puede entrar en ellas sin ningún problema, curiosear y no te cobran como hacen en otras ciudades.

Obligado es degustar los conocidos helados, de muy suave textura y los más variados sabores y colores. Únicos, exquisitos y vistosísimos.

Muy interesante de visitar, aparte de los jardines que se pueden recorrer en un trenecito por 2,50 € por persona, es la exposición de esculturas de Bernini, y de pintura que alberga el Palacio que está en Villa Borghese, para llegar y debido a que está algo apartada del centro, es conveniente acercarse mediante la linea A del metro, aunque la vuelta la hicimos andando disfrutando del ambiente de la calle y admirando los numerosos Ferraris y otros coches de delicado y deportivos aspectos.

Debido a la gran afluencia que existe de entendidos en arte y admiradores a este recinto, es muy difícil de obtener las entradas que, siempre están agotadas o son para horas menos apetecibles, por lo que, de tener interés por la visita, es posible adquirirlas por Internet en www.ticketeria.it

Como el primer día que visitamos el Vaticano, no nos decidimos de acceder a los museos del mismo, por las interminables colas de unos 2 Km., volvimos otro día y a las 11 de la mañana tomamos nuestro puesto en la cola, con resignación y los chaquetones en los brazos por el calor, para ir caminando hacia la entrada. Para nuestra sorpresa, en una hora llegamos al acceso y entramos en un mundo de arte inigualable, donde se combina la arqueología, con la escultura, la arquitectura o la pintura.

La descripción se hace imposible y sólo se puede tener una noción, viendo fotos de algunas salas, sus suelos, sus techos y los contenidos incalculables de su interior.

Hacemos un descanso en la Capilla Sixtina, (1.471 – 1484 por el Papa Sixto IV), en la actualidad acabada de restaurar y radiante de esplendor y belleza. Se pide constantemente que no se hable para evitar exceso de vibraciones, y se impide que se hagan fotos.

Sentados dejamos que los sentidos se empapen de tanto arte y tan exclusivo, de tanto sacrificio y de tanta inspiración del Maestro Michelangelo di Lodovico Buonarroti Simoni, conocido por Miguel Angel.

La gran sala rectangular, repleta de pinturas, presenta en su parte central el conocido cuadro de La Creación, y uno de los laterales está ocupado por el gran mural de El Juicio Final.

Cada uno de los frescos, cada figura, cada pincelada transmite las vibraciones de su creador y nos deja sin límite para la admiración de este entorno único en el Mundo.

Los minutos pasan sin sentir y, después de casi una hora, nos obligamos a seguir nuestro recorrido, no sin esfuerzo por abandonar la Capilla mas bella del mundo.

Hasta el mes de Abril el horario de visitas termina a las 2 de la tarde, por lo que al salir compramos unos libros y exploramos la zona en busca de un restaurante para el almuerzo. Localizamos uno cuyo aspecto nos pareció bien, y degustamos las viandas entre las que pedimos pizzas que, tanto por su soporte, como por su contenido y sabor, las recordaremos durante mucho tiempo.

Proseguimos el camino dirección de nuevo al gran Coliseo para visitarlo en su interior. El gran edificio de mármol es impresionante por su tamaño, las columnas, los capiteles, las esculturas y la altura de sus plantas. La cola para la entrada es relativamente pequeña y, en poco tiempo, entramos por las galerías que lo bordean y que dejan ver las estancias con diferentes objetivos, hasta que por medio de un moderno ascensor de acero y cristal, subimos al nivel mas superior para recorrer todo el perímetro y gozar de todas las vistas desde tan privilegiado lugar.

Recordamos de nuestro anterior viaje que había gradas y que en la actualidad no están, sólo hay un pequeño tramo de muestra y acotado.

La Ciudad Eterna nos ha proporcionado unos días de encanto, descubriendo cientos de lugares, de grandiosos edificios, de obras de arte únicas e irrepetibles, y recordando otros aspectos vividos en otra ocasión, de trato con el pueblo amable y comprensivo, de emociones y de diversión. Roma siempre nos esperará y nuestros deseos es preparar la nueva visita a esta acogedora Ciudad.

Así sentí Roma y El Vaticano

Autor: José Enrique González Palma

www.estadisticas-gratis.com

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16 Jul 2008

Alemania, impresiones de un País. Berlin. Potsdam

Escrito por: j-enrique el 16 Jul 2008 - URL Permanente

Alemania, impresiones de un País. Berlin

Potsdam

La propiedad intelectual, tanto de los textos como de las fotos, pertenecen al autor, por lo que está prohibida la reproducción total o parcial sin expresa autorización

AUTOR: José Enrique González Palma (www.JoseEnriqueGonzalez.com)

Agosto 2.007

La ciudad de Potsdam se encuentra en las proximidades de Berlín, y era la residencia de verano de los reyes prusianos, y así lo fue por más de 300 años, y hoy es una conjunción de arte y naturaleza.

Entre los palacios que hay en ella, destaca el conocido Sanssouci, que significa “Sin preocupaciones”, y que no

tiene grandes dimensiones, ni una decoración interior excesivamente rica, pues fue mandado a construir para su

uso y disfrute inmediato.

Su construcción comenzó en 1744 bajo el reinado de Federico II de Prusia. En 1990, la UNESCO declaró al palacio y sus jardines patrimonio de la humanidad.

Los jardines son de una extensión considerable y forman un maravilloso conjunto con los demás existentes en

la ciudad, con la características de tener en sus trazados, grandes avenidas, así como invernaderos para el

disfrute real .

En la parte central de Potsdam se encuentra el pintoresco barrio holandés y la colonia rusa Alexandrowka

Así sentí Berlín.

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14 Jul 2008

Alemania, impresiones de un País. Berlín. Palacio de Charlottenburg

Escrito por: j-enrique el 14 Jul 2008 - URL Permanente

Alemania, impresiones de un País. Berlín

Palacio de Charlottenburg

La propiedad intelectual, tanto de los textos como de las fotos, pertenecen al autor, por lo que está prohibida la reproducción total o parcial sin expresa autorización

AUTOR: José Enrique González Palma (www.JoseEnriqueGonzalez.com)

Agosto 2.007

El Castillo de Charlottenburg fue construido en el año de 1.705 por la familia Hohenzollern, es de estilo prusiano y posee unos esplendidos y extensos jardines, donde se incorporan macetones de cerámica, fuentes, esculturas y riachuelos, teniendo zonas de tipo boscoso, y otras ajardinadas con plantas floridas y dibujos en los parterres, en las proximidades al palacio.


Es muy interesante la visita a la parte central del palacio, donde se encuentran las habitaciones de Sofía Carlota y de Federico I.

Así sentí Berlín

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12 Jul 2008

Alemania, impresiones de un País. Berlín. Museo de Pérgamo

Escrito por: j-enrique el 12 Jul 2008 - URL Permanente

Alemania, impresiones de un País. Berlín

Museo de Pérgamo

La propiedad intelectual, tanto de los textos como de las fotos, pertenecen al autor, por lo que está prohibida la reproducción total o parcial sin expresa autorización

AUTOR: José Enrique González Palma (www.JoseEnriqueGonzalez.com)

Agosto 2.007

Berlín tiene 153 museos de gran importancia, uno de ellos es el Museo de Pérgamo, inaugurado en 1.930 y que recibe 850.000 visitas anuales, está situado en la llamada Isla de los Museos, llamada así por la confluencia de cinco fantásticos museos que forman un armónico conjunto a orillas del río Spree.

En este impresionante museo se pueden apreciar diferentes colecciones, entre las que está la Antigua, en la que se integra el famoso Altar de Pérgamo, que da nombre a la institución, perteneciente al siglo II aC. Y dedicado a Zeus o a Atenea. En el basamento se aprecia un gran friso, obra maestra del arte helenístico, con unas dimensiones de 2,30 m. de alto por 120 m. de largo, representando una batalla entre los Dioses y los gigantes.

Sobresale por su grandiosidad en el apartado del Próximo Oriente, La Puerta de Ishtar, así como las obras expuestas de las regiones sumerias, babilónicas, asirias Irak, Siria y Turquía.

La impresionante Puerta de Ishtar es una de las que daban acceso a la ciudad de Babilonia, y fue construida en el año 575 aC. Por Nabuconodosor II. Su nombre es debido a que estaba dedicada a la diosa Ishtar.

Su aspecto es impresionante, al igual que sus dimensiones que alcanzan los 14 m. de altura, y unos 10 m. de ancho, resaltando su intenso color azul que es de las losetas vidriadas de las que está compuesta, y que se encuentran decoradas con bajorrelieves representando distintos animales: toros, leones, dragones, etc.

En el apartado Islámico, tenemos la fachada “Mschatta”, del s VIII Jordania, así como los elementos constitutivos del arte y la artesanía del mundo islámico entre los siglos VIII al XIX.

Destacable es la exposición de la Puerta del Mercado de Mileto, que es un ejemplo de arquitectura romana, datada en el siglo II aC. Y que tiene unas dimensiones de 29 m. de largo por 17 m. de alto.

Constituyó el acceso a un mercado, el de Mileto, pero Justiniano, en el siglo VI, fortificó la ciudad quedando la citada puerta integrada en la muralla.

Los arqueólogos alemanes la rescataron a principios del siglo XX, y se reconstruyó totalmente dentro del museo donde hoy se alberga.

Destacable por lo original y artístico, es el techo que se expone, perteneciente a la Torre de las Damas, de la Alhambra de Granada.

El descanso del medio día para reponer fuerzas

La colección de antigüedades la forman una extensa colección de joyas y de objetos de la antigua Grecia, esculturas, mosaicos y otras obras de la época Romana, y lo constitutivo a las colecciones del museo Egipcio.

Así sentí Berlín.

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06 Jul 2008

Egipto, impresiones de un País. 1ª Parte

Escrito por: j-enrique el 06 Jul 2008 - URL Permanente


Egipto, impresiones de un País.

1ª Parte

AUTOR: José Enrique González Palma (www.JoseEnriqueGonzalez.com)

La propiedad intelectual, tanto de los textos como de las fotos, pertenecen al autor, por lo que está prohibida la reproducción total o parcial sin expresa autorización.

Desde pequeños soñábamos con un país lleno de sorpresas, grandes descubrimientos, enigmas, construcciones monumentales con coincidencias matemáticas y astronómicas, lleno de misterios y exotismo, tanto en sus costumbres como en su gastronomía, en sus olores, en su luz.

Con una cultura milenaria y situado en la cuna de la civilización, Egipto, con sus 55 millones de habitantes, es África, es un sueño que ahora podemos sentir y vivir como en un cuento de las mil y una noche.

Nuestro vuelo nos llevó a Luxor, cuyo aeropuerto se cobija bajo una gran carpa en la que miles de personas intentan ordenar sus trámites, sin conseguirlo, dentro de un caos en el que es imposible moverse. La confusión es general e impide el traslado de los equipajes y la obtención de los correspondientes visados. A duras penas, sobre las maletas, rellenamos unos formularios que nos sirven para pasar por la inspección de aduanas, no estando correctos por faltarle unos pequeños sellos pegados en los pasaportes.

Solucionado el trámite, repetimos el paso aduanero y ya podemos salir del aeropuerto

Nos esperan con un microbús en cuyo techo ponen el equipaje que, antes, unos árabes intentaron coger para trasladarlo unos metros a cambio de una propina (un euro) por la gestión.

Bajo un cielo luminoso y radiante, y mientras gozamos con la vista de las siluetas de palmeras recortándose en el horizonte, nos trasladan directamente a nuestro barco en el que realizaremos un crucero por el Nilo, el mayor río del mundo, con mas de 6.600 Km., representando la mayor vía de comunicaciones de Egipto.

Nos recibe nuestro guía, hablando bastante bien nuestro idioma, y entre vasitos de cárcade (licor refrescante de color rojo intenso y perfumado paladar), y de té con menta, nos explica los planes próximos, las costumbres locales y las recomendaciones básicas para los siguientes días.

Nuestro camarote es de tamaño normal, tiene un baño completo, Tv., frigorífico, caja fuerte, aire acondicionado y, sobre todo, un balcón al exterior que nos ilusionó mucho.

La cena bien, evitando las verduras sin cocer, los cubitos de hielo y las botellas abiertas por miedo a la gastroenteritis

Nuestro primer día en Luxor transcurre levantándonos bien temprano y, tras un abundante desayuno que incluye frutas, frutos secos, tostadas, bacón, etc. comenzamos con la visita al templo de Karnak, llamada Tebas por los griegos, impresionándonos la majestuosidad y el tamaño de su acceso (Pilón) y, tras el que se encuentra la sala hipóstila, con una dimensión de 104 x 52 metros que alberga un bosque de 134 robustas columnas de 24 metros de altas, profusamente decoradas y con artísticos capiteles papiriformes que soportan pesados techos de piedra.

Aún es de noche pero pronto empieza a aclarar el día hasta presentar un cielo limpio e intenso. El primer rayo de sol nos sorprende penetrando exactamente por el vértice de la puerta, iluminando el templo en toda su extensión, es algo misterioso, tal vez místico, que nos descubre los innumerables mensajes esculpidos en la piedra representando escenas, tanto cuotidianas como divinas o de iniciación, así como escrituras en jeroglíficos (utilizada desde hace unos 5.000 años), y aquellas que quedan enmarcadas en una especie de lazo rectangular denominadas cartuchos y que, atendiendo a las explicaciones, podemos interpretar en algunos casos.

En su esplendor, todo el recinto llegó a tener una extensión de 1.230.000 metros cuadrados, estando protegido y aislado por altos muros de adobe, pudiéndose acceder por nueve puertas, dos de ellas, las principales, definiendo el eje Este – Oeste. La construcción de todo el complejo se llevó a cabo a lo largo de 2.000 años, llegando a albergar en su interior hasta 20.000 personas.

En realidad, todo el conjunto está constituido por tres recintos – templos que se encontraban unidos por avenidas de hasta cuatro kilómetros, flanqueadas de esfinges, bien con cabeza de carneros o humanas, conservándose algunos tramos.

También quedamos admirados por la grandiosidad del templo de Luxor, constitutivo del conjunto anterior, cuya configuración corresponde a la estándar con la zona de acceso, poseyendo una colosal puerta con una estatua y un obelisco a cada lado, uno de los cuales se encuentra hoy en la pza. de la Concordia de Paris, la zona para el culto y la magnificencia del bosque de grandes y gruesas columnas. Ambos templos se encontraban unidos por la avenida de esfinges sentadas antes referida, de las que quedan una representativa muestra que da una idea de la configuración original.

Gran admiración nos produjo la contemplación de los famosos Colosos de Meno, mandados a construir por Amenofis III, solitarios en medio del campo, parecen contemplar el paso de las personas que admiran su gran tamaño y majestuosidad.

Las esculturas son muy altas y, al parecer, custodiaban la entrada a un templo que, con el paso del tiempo, desapareció.

Cuentan que uno de ellos, al amanecer emitía sonidos parecidos a lamentos que, incluso provocó que se nombrara una comisión de traductores para interpretar los extraños sonidos por los que se tomaron muchas decisiones basándose en las interpretaciones que se les daba. Posteriormente se comprobó que, al estar esculpidos en dos tipos distintos de piedras (gres y granito), las dilataciones por diferencia de temperaturas al recibir los primeros rayos de sol, eran las responsables de los enigmáticos sonidos que habían sido interpretados como el pronunciamiento de un oráculo.

Impresionante y sobrecogedora fue la visita al Valle de los Reyes. El sol radiante agotaba nuestras fuerzas que nos impulsaban a contemplar tan maravillosas obras realizadas tantos siglos atrás, y que perduran debido al clima tan extremadamente seco, pudiéndose apreciar perfectamente la policromía original.

De las tumbas conocidas nos recomiendas ver tres de ellas, las “más vistosas”, siendo común a la mayoría su configuración básica, consistente en un pequeño acceso a una galería que, en las que visitamos, estaba ricamente adornada con figuras y cartuchos esculpidos en la piedra y policromados, con algunos cámaras laterales, en rampa descendiente hasta llegar al recinto funerario donde se suele conservar el sarcófago más externo, que suele ser de un gran bloque granítico donde se esculpió el hueco y la tapa, y destinado a albergar los siguientes, hasta el que contenía la momia. Normalmente, tanto esta como los sarcófagos más ricos, se encuentran en los museos, muchos fuera de Egipto.

El acceso al corazón de la montaña es cómodo, mediante pasillos con tarimas de madera que permiten observar las bellas decoraciones laterales, mientras la temperatura sube por la gran cantidad de personas que hacen la visita.

La tumba de Tutankhamon, descubierta por Carter en 1.922, no es la más rica en decoración.

Las actividades en el barco no dejan apenas tiempo libre. Al anochecer se realiza el intento de salvar el desnivel del agua mediante el acceso a la esclusa de Esna, pero debido al elevado número de barcos, tenemos que esperar hasta media noche, contemplando mientras, desde nuestro balcón, un cielo concurrido por miles de estrellas centelleantes y una gran luna que empieza a elevarse sobre el horizonte, reflejándose vivamente sobre la superficie del Nilo.

En el primer instante del amanecer, nos requieren para visitar en Edfú el templo dedicado al dios Horus, igualmente grandioso y con grandes esculturas a las que no nos resistimos fotografiar situándonos junto a ellas para referenciar su tamaño y el material en el que fueron esculpidas (granito).

En este templo, la conservación es perfecta, apreciándose incluso la policromía original, y los cartuchos y escenas son de extrema claridad, enturbiada solamente por las zonas picadas por otras religiones que se ensañaron especialmente con los rostros y las divinidades.

El gran barco hace una parada en Kom Ombo para visitar el templo dedicado a los dioses Sobek y Haroeris. Mas modesto que los anteriores, se encuentran decorados con enigmáticos jeroglíficos y poseen robustas columnas para soportar pesados techos de piedra.

Cuando descendimos a tierra, nos recibió un enjambre de coches de caballos (calesas), en los que, entre gritos y discusiones entre los cocheros y con los guías, y entre la confusión, nos fueron situando en las calesas que se encontraban como entrelazadas las unas con las otras en una maraña de la que parecía imposible salir. Entre voces y carreras empezaron a circular como en un frenético recorrido hacia el templo. Nuestras manos se aferraron a algún hierro del coche y, como si de un milagro se tratara, llegamos sanos y salvos a las puertas del templo, rodeadas de innumerables tenderetes multicolores que pretendían vendérnoslo todo, quisiéramos o no.

Igualmente de insistentes eran los vendedores que se aproximaron al barco en precarias lanchas, y que lanzaban el género hacia nosotros para que les pagáramos introduciendo el dinero en los botes de los carretes fotográficos, y se los lanzáramos a sus barcas.

Tras unas horas de plácida noche, nos desplazamos en autocar para conocer otra faraónica obra, la presa de Aswan, realizada con tecnología y mano de obra rusa y que constituye un elemento fundamental para la producción de energía y para el almacenamiento de una inmensa cantidad de agua en el mayor lago artificial, que es el lago Nasser con sus 540 Km. de longitud, y cuyas compuertas regulan las crecidas del río Nilo que tanta fertilidad suministraron a todo Egipto.

Por motivo de seguridad, toda la presa y sus alrededores están “tomados” por el ejercito que intimidan al verlos con las metralletas en mano, o apareciendo bajo las chaquetas de algunos de paisano.

Posteriormente nos dirigimos a una cantera de granito donde se puede ver un gran obelisco inacabado y que nunca abandonó su lecho, no se sabe muy bien porqué, tal vez se rompió antes de ser trasladado, pero no deja de ser impresionante por su tamaño y la fineza de su talla.

Tras un abundante y especial almuerzo en la cubierta, en la que instalaron una barbacoa que invadió de buenos olores todo el entorno, a carbón y a carnes ricamente especiadas, nos trasladamos a una motora que se deslizó por el Nilo entre grandes rocas graníticas, zonas de abundante vegetación y otras de homogéneas dunas que nos recordaban que pasábamos por pleno desierto. El extraño paisaje nos absorbía y nos tenían que llamar la atención para que tomáramos frutas de una gran cesta que nos obsequiaron situándola en el centro de la embarcación.

En el río observamos pequeños puntos obscuros que, al aproximarnos, identificamos como niños nadando o en cajas con forma de barcas que, incomprensiblemente, se aproximaban a nuestra motora, asaltándola en marcha y quedando enganchados a los neumáticos laterales de la embarcación y con voz alegre y ante nuestro asombro, cantaban desafinados: Poron pon pón...

Sin salir del asombro, se les dio algunos euros y caramelos, y así se desprendieron de la motora mientras nos ofrecían las mejores de sus sonrisas.

Al atardecer pasamos junto al hotel en cuyo café escribió Agata Cristi su famosa obra “Muerte en el Nilo”. ¡Todo es historia!

Llegamos a nuestro punto de destino. La motora se aproxima lo máximo posible a la orilla y, para salvar los 4 o 5 metros que nos separan de la tierra firme, se coloca una estrecha tabla con algunos travesaños para que, haciendo equilibrio, llegásemos sin mojarnos. Para ayudarnos a no caer, un hombre en la motora se apoya en el hombro un largo rollizo y que sustenta otro hombre en tierra, creándose una improvisada baranda por la que deslizamos nuestras manos, dándonos seguridad en el descenso.

Nos reciben, como siempre, cientos de vendedores que nos quieren vender desde estatuillas hasta cocodrilos embalsamados, a toda costa. Los esquivamos mientras hacíamos un gran esfuerzo para subir la gran duna hasta un punto donde había un buen rebaño de camellos esperando, entre los gritos y discusiones de sus cuidadores con los guías, los posibles clientes para trasladarse hasta un pueblo Nubio, para conocer sus costumbres y hábitos.

Algunos optan por rodear la gran duna por agua, con la motora, y encontrarse con los jinetes en una casa determinada del poblado.

A la vivienda se accede por un patio de entrada, en él nos reciben ofreciéndonos diferentes bebidas locales, frías y calientes, y otras multinacionales.

Son muy amables, nos ofrecen asiento y queso con miel de elaboración propia, mientras contemplamos un recipiente con varias crías de cocodrilos que después nos dejan tocar y coger con cuidado, (tienen afilados dientes, mucho nervio y mal carácter), y con los que nos hacemos algunas fotos.

A las mujeres nubias, les llamó mucho la atención las joyas, interesándose por las pulseras y los anillos de tan distinto diseño. Amablemente, una de ellas, se ofreció a dibujarnos unos tatuajes (gena, especie de tinta china hábilmente usada con una punta de madera)que suelen durar unas tres semanas sin borrarse. Con gran habilidad dibujó diferentes motivos a todo el que se lo requirió, entre los que había escorpiones, cobras o pulseras y brazaletes florales, y también los nombres personales escritos en árabe.

A continuación nos ofrecen visitar su casa, compuesta por habitaciones techadas con grandes bóvedas de las que cuelgan recipientes, tal vez de adorno o como despensa inaccesibles a los animales. La cocina es pequeña y los dormitorios muy precarios. A pocos metros, curioseando, encontramos otra parte de la vivienda con habitaciones con solerías de terrazo, enfoscadas, pintadas y con un gran “mamotreto” de aire acondicionado aún sin desembalar. ¡Ah! Y una gran antena parabólica en la azotea.

También visitamos la escuela local, haciendo el camino paseando por la aldea, llena de niñas y niños preciosos, con grandes ojos y bellas facciones y con unas caras de agradecimiento y alegría difíciles de olvidar cuando se les regalaba algunos bolígrafos o bolsitas de caramelos.

En el camino, algunos puestos de especies nos deslumbran con sus ricos coloridos y olores. Nos interesamos por la utilidad de una cantarera de madera, con tres grandes cantaras de barro que observamos en la calle (o mejor, campo) y nos explican que se trata de agua para beber, para lo que, amarado con una larga cadena, un jarrillo de lata sirve de vaso común para los viandantes. Un grupo de mujeres seleccionan hierba buena sentadas en la calle. La escuela es un edificio de una planta, con un alto minarete, un gran patio y clases pequeñas.

Como recibimiento nos sientan en una de las clases y una bella y enérgica profesoras nos da una lección sobre el alfabeto Nubio, vara en mano y repetitivo soniquete. El humor se hace contagioso y pasamos unos momentos muy agradables riendo con las ocurrencias de los adultos pidiendo ir al servicio nada mas empezar la clase, mochila en hombro, y los castigos cara a la pared por no saberse la lección. Nos agradecen mucho la entrega de material escolar para la escuela y la profe posa con nosotros para hacerse algunas fotos para recordar aquellos momentos.

Cansados, ya de noche a las 17,30, regresamos en la motora deslizándose lentamente entre falucas de blancas velas y las luces de las edificaciones próximas, bordeando el extraño aspecto granítico de la isla Elefantina, hacia nuestro barco para prepararnos para la cena de gala anunciada como despedida de este crucero.

Sólo nos da tiempo de una ligera ducha y vestirnos con lucida ropa, mucha de ellas de diseño local ricamente adornadas, y la cena empieza. Servida con la amabilidad habitual, se nos completa con carnes a la barbacoa y grandes pescados al horno.

Un espectáculo con la danza del vientre y el baile de los derviches, nos amenizan la velada que se acaba con la admiración y sorpresa al ver las esculturas realizadas con las colchas y las toallas, en nuestros camarotes.

El transcurrir de nuestro barco a lo largo del río Nilo ha sido, en estos días, lento y relajado, dándonos la oportunidad de contemplar es sus orillas, pequeños poblados, animales, palmerales, algunas barcas pescando con artes tradicionales, y alguna que otra faluca dibujando su forma sobre el rojizo sol del atardecer.

Las noches son propicias para admirar el blanquecino cielo desde la cubierta, echados en las tumbonas hasta que, el pensamiento en la hora de levantarnos, nos hace razonables y descendemos a los camarotes, no para descansar, sino para hacer los equipajes para partir a las pocas horas. Quedamos admirados al abrir las puertas de nuestro camarote y contemplar las esculturas realizadas con las colchas y toallas : cisnes, cobras, flor de loto, etc. adornadas con nuestras gafas y algún que otro pañuelo. Una cesta con frutas variadas y dátiles nos tentaba desde la mesa del escritorio y una de las camas estaba adornada con el año nuevo realizado con pétalos de rosas.

Nuestro agradecimiento se hizo manifiesto mediante la entrega de unos bolígrafos, caramelos y algunas monedas a los responsables de los camarotes, que tan gratamente nos sorprendieron.

La partida no se hace esperar, y a las 2,15 de la noche, nos dirigimos hacia el punto de encuentro de los autocares que tienen que desplazarse por el país, pues tienen que ser escoltados por un convoy militar obligatoriamente.

Tras esperar que todo se organice, nos ponemos en marcha y el sueño nos vence mientras circulamos en caravana la mayor parte del tiempo, pues en ocasiones se interrumpe por vehículos que adelantan, a veces por la derecha, otras por la izquierda, dependiendo por el carril que nuestro autobús ocupe.

Frecuentemente abrimos los ojos al interrumpirse la marcha y comprobamos que se tratan de paradas por controles policiales situados cada cierta distancia y que hacen circular a los vehículos en zigzag entre vallas, para reducir la velocidad y controlar la circulación. Estos puestos de control, poseen incluso garitas en alto, donde se resguardan militares armados. En tierra la protección está constituida por robustas planchas de acero, con ruedas, que protege al militar que se oculta tras la negra y robusta protección.

En alguna ocasión, al abrir los ojos y mirar a través del parabrisas delantero, no podíamos contener una exclamación al observar la circulación que, lo mismo se desarrolla por un carril, como por el otro, dando igual que venga otro vehiculo de frente o no, que se esté adelantando o que se cruce alguno proveniente de algún camino lateral.

En los poblados que atravesamos, las personas, literalmente, se metían debajo del autocar, siendo frecuente las exclamaciones involuntarias de los que veíamos la situación y que nos temíamos atropellos y accidentes , cosa que no vimos ni uno, y ni un solo embotellamiento de importancia.

El amanecer en el desierto, fue un espectáculo sublime. Un sol inmenso y rojizo empezó a aparecer tras las doradas dunas, segundo a segundo, hasta que iluminó con luz y sombras, la inmensidad del mar de arena por el que nos encontrábamos.

A primera hora de la mañana llegamos a Abu Simbel, nos dirigimos hacia nuestro nuevo barco, el segundo crucero de este viaje, que nos esperaba atracado en el Lago Nasser.

Mayor que el anterior, y de mejor aspecto, nos acoge en sus camarotes que nos gustan y están muy limpios. Minutos más tarde, una motora nos trae al barco los equipajes que, rápidamente, son distribuidos a cada pasajero.

La decoración interior es mas agradable que la del camarote anterior, y la calidad y limpieza del baño también nos satisface, sólo el color grisáceo de las toallas nos disgusta pero, tras comunicarlo, nos ponen a diario toallas sin estrenar.

Repetimos la potabilización del agua en una botella de litro y medio, para la higiene bucal, y nos proveemos de agua embotellada para nuestro consumo.

Aprovechamos para descansar y ordenar las maletas y, a la 1 del mediodía, acudimos a la cita en el restaurante que nos sorprende con un esplendido buffet, bastante abundante y de mayor calidad que los anteriores.

Algo más descansados, nos proponen visitar los grandes templos de Abu Simbel, a lo que no nos podemos negar por la importancia de los templos y nuestros deseos por visitar esas maravillosas obras realizadas hace unos 3.300 años, rescatadas de ser inundadas por las aguas del nuevo lago, para lo que fueron desplazados, piedra a piedra, a otro nivel superior, a solo unas decenas de metros de su ubicación primitiva.

El camino desde el barco hasta unas escalinatas es primario, en realidad es una pequeña senda en la montaña, llena de piedras, por las que casi hay que escalar, con mucho polvo y dificultades.

Subimos los 280 escalones hasta alcanzar el nivel superior, no sin hacer pausas intermedias y, bordeando la montaña, fuimos paseando hasta que nuestros ojos empezaron a ver, de perfil, la majestuosa obra. Pronto aparecieron ante nosotros los cuatro colosos que flanquean el primer templo. A sus pies, otras estatuas mas pequeñas representan a las esposas e hijos.

El templo de Ramses II construido en el siglo XIII aC. es sobrecogedor. Su altura nos empequeñece y quedamos admirados al encontrarnos ante tan soñado monumento. Casi con temor a cometer un sacrilegio o, al menos, una violación de los sentimientos de sus constructores, nos dirigimos hacia la entrada, despacio, sin poder intercambiar palabra alguna, mirando fijamente a su guardián, con turbante y chilaba blanca inmaculada, y con una gran “llave de la vida” de bronce en la mano. Nos mira sonriente y nos demuestra que la gran llave es la utilizada para la cerradura de las puestas del templo, ofreciéndose a continuación a hacerse fotos con nosotros.

Penetramos lentamente por una galería central, ricamente decorada con enigmáticos jeroglíficos, con grandes columnas y esculturas grandiosas en los laterales que hacen guardia en el recorrido hacia el altar. Distintos recintos laterales se nos muestran perfectamente conservados y profundamente decorados con las escenas de la vida y el transito hacia la muerte.

Tenemos el privilegio, creemos que irrepetible, de acceder al templo sin persona alguna en el interior, lo que nos sobrecoge aún más en el silencio y tenue luz de tan famosa catedral.

Vagamos por el interior sintiendo el paso de los siglos y queriendo diluirnos en tanta historia y majestuosidad, y pareciendo sentir las vibraciones que emitían las milenarias piedras.

No muy lejos, entramos en el templo de Nefertari, algo menor en sus dimensiones, presenta las mismas características, riquezas y grandiosidad.

Nuestro asombro de poder ver estos templos prácticamente solos no nos abandona y queremos llevarnos esta sensación en todos nuestros sentidos.

Pasamos de un templo al otro mirando cada pequeño rincón y cada piedra de cada uno, absorbiendo tanta riqueza y tanto arte que nos rodea.

De regreso al barco, unas tiendas ocupan nuestro tiempo y unos pequeños jardines atraen nuestra atención con flores de colores no habituales en nuestras latitudes. El paseo se hace corto y llegamos justo para descansar breves momentos y tomar un té y pastas en la cubierta, mientras algunos aprovechan para tomar un baño en la piscina.

Al oscurecer, nos apresuramos a asistir a la cita con los componentes del grupo para obtener las entradas de acceso que nos permitirán ver el espectáculo de luz y sonido que, a las 19,30, se exhibirá sobre los templos.

Puntualmente comienza el programa en la oscuridad de la noche en el desierto mayor del mundo, el Sahara, y como un manto brillante, luce el cielo luciendo miles de estrellas, destacándose la Vía Láctea en su centro, haciendo un espectáculo difícil de olvidar.

El sonido, fuerte y nítido, comienza, creando un ambiente relajante con un susurro de viento en el desierto, como preámbulo de las proyecciones que iluminaran los templos. El sonido de agua, viento y una grave voz escenificando la de Ramses II, majestuosa y en Español, dan comienzo a la narración de la historia de los templos que se alzan ante nosotros, así como las costumbres en el Egipto faraónico y los pensamientos dialogados con Nefertari.

La conjunción del ambiente natural con el espléndido sonido, las proyecciones y el contenido, absorben nuestros sentidos y nos transportan en el tiempo a remotas épocas.

Los efectos son espectaculares. Las proyecciones sobre los templos los convierten en medios de tele transportación hacia el pasado, conducidos por filosóficas conversaciones entre humanos y dioses.

Los 45 minutos pasan en un instante. Las luces de ambiente se encienden e iluminan el camino de salida y todo el mundo queda deseoso de que continuara más tiempo el espectacular acontecimiento.

Iniciamos el regreso comentando lo impresionante de la escenificación y, a la llegada, sólo nos queda tiempo para cambiarnos nuevamente, ahora con trajes, corbatas, vestidos de fiesta, etc. Para la cena fin de año.

A la hora anunciada acudimos al restaurante que se encontraba adornado de fiesta: velas en las mesas, bonitas composiciones con los alimentos, guirnaldas colgando del techo, y unos papiros enrollados y atados con un lazo rojo en cada sitio de la mesa de cada comensal, con el menú para esta celebración, escrito en él.

Abundante y muy vistosos fueron las bandejas y platos que nos sirvieron y nos llamó especialmente la atención, una composición que incluía un tomate ahuecado, o un pimiento, rojo, amarillo o verde, cortado en sus extremos, o una cebolla hueca, dentro de los cuales lucía una vela que resaltaba, por transparencia, el color de su contenedor, lo que resultaba un plato muy original, además de sabroso.

Los postres fueron amenizados con cantes y sonidos de timbales y panderetas, todas piezas típicas locales, interpretados por los operarios de la cocina. Le siguió la famosa danza del vientre y los bailes repetitivos de Los Derviches.

Próxima la media noche, nuestro guía nos comunica que el capitán del barco desea darnos una sorpresa, realizando algo por primera vez, para el paso de año, para lo que se nos pide que subamos a la cubierta. Así lo hacemos y observamos que el barco empieza a moverse de su punto de atraque, en el silencio y oscuridad de la noche, desplazándose suavemente y, con hábil maniobra, se pone en ruta bordeando algunas pequeñas islas, hasta situar su proa frente al lugar donde se encuentran los templos de Ramses II y Nefertari.

Se aproxima lentamente hasta situarse delante de ellos, como en una reverencia respetuosa de admiración que se ve potenciada al iluminarse las enormes fachadas en las que se encuentran las grandes esculturas, y empezar a escucharse una música de fondo que enfatiza la emoción del momento.

Con las uvas rescatadas de los postres en las manos, seleccionadas y cuidadosamente lavadas, esperamos el paso de la media noche para tomarlas al son de las campanadas, con cierto cuidado de no romper lo que podría ser un sueño del que no queríamos despertar, y que no teníamos seguridad de que fuera realidad. La música de fondo, triunfalista, hace de fondo a la imagen de los templos iluminados, en una noche en el desierto con un cielo concurrido por miles de estrellas mostrando su máximo esplendor.

Habiendo transcurrido el paso del año al nuevo, la euforia se apodera de todos y, con champagne unos, y con baños en la piscina otros, se celebra el nuevo año con alegría y con la seguridad de que este momento será imborrable en nuestras vidas.

El barco vuelve a su punto de amarre y los bailes, al son de canciones árabes y otras españolas, se prolongan hasta bien entrada la madrugada.

A primera hora de la mañana nos avisan para que, desde la cubierta y con los primeros rayos de sol, despidamos nuestra estancia en los templos de Abu Simbel, mientras nos deslizamos lentamente por las tranquilas aguas, y la imagen de la colosal obra se hace cada vez más pequeña, mientras un nutrido grupo de ánsares vuelan rasante sobre la superficie del lago.

Al menos, hoy tenemos la oportunidad de tomar el desayuno sin prisas y, tras organizar un poco nuestras pertenencias, acudimos a las tumbonas de cubierta para relajarnos y tomar el sol, comentando las maravillas visitadas con los componentes del grupo.

A media mañana embarcamos en motoras para llevarnos hasta la orilla y, andando por la fina arena del desierto, llegar a Kasr Ibrim. Observamos que, hasta en aquel remoto y solitario lugar, tiene presencia el ejercito que, bien armado, vela por la seguridad de los turistas.

Mas tarde nos desplazamos hasta Amada, terminando el día visitando el Hemispeos de Derr y la tumba de Penut.

A la hora del almuerzo, instalan una barbacoa en la cubierta de nuestro barco que impregna todo de un agradable olor a carbón y a carnes ricamente especiadas.

En los camarotes y en los pasillos, vuelven a aparecer las ingeniosas esculturas realizadas con colchas y toallas.

Pasamos la noche navegando y, al amanecer, embarcamos nuevamente en las motoras para acercarnos a las orillas con el objeto de visitar El Seboua, templo dedicado a Amon Ra por Ramses II, el templo de Dekka, así como el de Maharraka, cuyo significado actual se refiere a mujer de dudosa reputación.

En poco tiempo empieza a ponerse el sol inundando todo el paisaje de rayos anaranjados que se reflejan en las calmas aguas del sosegado Nilo.

Volvemos a vestirnos “de gala” para la última noche en el crucero y tomar una cena muy especial para celebrarlo. La presentación de los alimentos es esmerada, así como la de los platos en los que se tiene en cuenta tanto los colores, como las formas. A los postres, volvemos a divertirnos con la famosa danza del vientre y los bailes de los derviches, con faldas de vivos colores que lucen al son de repetitivas vueltas sobre sí mismo.

El crucero sigue su curso hacia Aswan y, mientras contemplamos el lento pasar de poblados, campesinos, niños cuidando animales en el campo, ect. damos un paseo hacia la proa donde nos llaman la atención haciéndonos señales desde detrás de un gran ventanal, indicándonos que pasáramos al interior. Era el capitán en su puesto de mando que, amablemente, nos saluda interesándose por nuestra procedencia y, tras nuestra respuesta, señala una foto fijada en la parte frontal indicándonos que está junto a un español.

El capitán se ofrece para que nos hagamos fotos con él, a lo que accedemos y prometemos enviarle copias de las mismas. Nos explica, más bien nos muestra, los instrumentos de navegación, emisora de radio, los mandos para los tres potentes motores y el instrumento de dirección ¡ una simple y pequeña palanca multidireccional ¡ Mientras lentamente nos escribe su dirección, tenemos que indicarle que la aguja indicadora del rumbo correcto, se desplaza fuera de él, a lo que con un simple toque en el “joystick”, corrige la trayectoria.

La amabilidad y simpatía del capitán llegan hasta para contarnos cosas de su familia, de donde vive, de sus horas de trabajo. Fue una experiencia muy agradable.

El trayecto desde Aswan hasta el aeropuerto de Luxor lo hacemos en autobús, lo que aprovechamos para descansar del intenso visitar y de las temperaturas próximas a los 35 º C. A medio camino nos comunican que el vuelo se retrasa 2 horas, lo que nos desagrada en un principio, pero nos sirve para visitar un poco Luxor y así programar la cena antes del vuelo.

En el camino hicimos algunas paradas con objeto de caminar y adquirir algunas bebidas o tomar algún té, de camino visitamos algunas tiendas de especias de penetrantes olores exóticos y brillantes colores. También tenían canastas llenas de dátiles secos de numerosas variedades y tamaño.

En una antigua tienda de ultramarinos adquirimos varios artículos que, al pagar, nos sorprendieron por el bajo costo. En un café, sentados en el porche, tomamos unas bebidas refrescantes, mientras otros probaban el tabaco en pipa de agua, mediante unas boquillas individuales que anteriormente ofrecieron, desprendiéndose un olor afrutado procedente del tabaco aromatizado.

En el camino miramos la franja cultivada a las orillas del río, con grandes palmerales y cultivos de coles de gran tamaño. La circulación es caótica para nosotros, y nos cruzamos con varias furgonetas, que hacen de taxis y que, además de las personas que van dentro, llevan otras que se sujetan en la parte trasera en el exterior, al aire libre.

Sigue en la 2ª Parte

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